Trayectoria íntima del alma

HERENCIA INSTINTIVA

Desde estas etapas de intensas y rápidas vivencias que el alma experimenta casi de continuo, hay un factor que es importante detallar para el lector. Este hace referencia al tránsito entre la vida física y la vida espiritual. Solemos hablar de alma encarnada y de espíritu libre cuando ya hemos pasado al otro lado. 

Pues bien, en estas primeras reencarnaciones como “humanos”, aún muy alejados del concepto y el significado de “humanidad”, el espíritu apenas es capaz de percibir el tránsito y el transvase de una etapa a la otra. Siente los efectos intensos de la pérdida de la vida, a veces violentamente, pero su capacidad de comprensión de la realidad es todavía muy limitada, pues su raciocinio es débil, está escasamente desarrollado. 

Sus funciones cognitivas se parecen más a los animales -a los que imita en muchas ocasiones- y además, como ya explicamos en artículos anteriores, las emociones desordenadas y los instintos primarios son los que dirigen su vida en estos momentos. La herencia instintiva es la fuente más poderosa de su voluntad a la hora de tomar decisiones, pues todavía no ha desarrollado aspectos cognitivos como la reflexión, la evaluación y el análisis de las situaciones que le rodean, para tomar la mejor decisión al respecto.

Este instinto, que procede en su gran mayoría de la etapa pre-humana por la que el psiquismo transcurre en reinos inferiores de la naturaleza, va cimentándose en su conciencia, sedimentando actitudes, creando hábitos, forjando un carácter que a veces ni siquiera los milenios de progreso y vidas sucesivas logran eliminar del todo. 

Es la ley de la evolución del alma, a mayor conciencia, intelecto y desarrollo, el instinto se bate en retirada y otras cualidades del alma ocupan su lugar; estas son el raciocinio, la autoreflexión, el autocontrol emocional y mental, la maduración psicológica, etc.

El instinto nunca desaparece, es la base de la supervivencia inicial de los animales y el hombre; lo que ocurre es que con el desarrollo de las cualidades del alma mencionadas arriba, que son fruto del progreso y el adelanto del espíritu, estas últimas ocupan mayor espacio en su conciencia, y el instinto queda de forma residual en el hombre actual para -en determinadas situaciones de peligro- responder adecuadamente sin que intervenga la razón en el proceso.

Los psicólogos evolutivos hacen mención a este aspecto cuando nos hablan del “secuestro del cerebro racional por el cerebro emocional”. Muchas veces, ante los imprevistos reaccionamos instintivamente; nuestra emoción secuestra a la razón, pues la circunstancia nos obliga a dar una respuesta tan rápida que no podemos razonarla -no hay tiempo-, es preciso actuar inmediatamente. Aquí interviene el instinto, y lo vemos con frecuencia en situaciones límite donde se pone en juego la propia vida, y donde la reacción inmediata no proviene de una decisión razonada sino fundamentalmente guiada por el instinto o impulso emocional que la provoca.

Vemos, pues, que la herencia instintiva llega hasta hoy. En el propio comportamiento del ser humano actual, millones de años después de comenzar la evolución de su propia alma, todavía nos encontramos condicionados, no sólo por la razón o la emoción, sino también por el instinto que procede de nuestra ancestral herencia antropo-socio-psicológica.

El alma humana, por ser de naturaleza inmortal, guarda celosamente en su interior (inconsciente profundo) todas las experiencias vividas; y aunque muchos de los procesos instintivos se producen de forma automática, ello es debido a que, en circunstancias similares, nuestro yo inmortal ya desarrolló los automatismos necesarios para superar distintas situaciones que a veces se repiten en vidas posteriores.

Estos automatismos de la conciencia son el acervo, el arquetipo, el recipiente y la memoria que cada cual guarda en su inconsciente, y representan para el alma su mayor tesoro: la suma de las experiencias y vivencias llevadas a cabo durante milenios, animando diferentes cuerpos, en distintas épocas, ante pruebas y expiaciones diferentes que las leyes espirituales del progreso le presentan. La herencia instintiva no es más que el resumen de aquellas que fueron desarrollándose en las primeras etapas y que quedaron indeleblemente guardadas y memorizadas en el inconsciente para usarlas cuando le son necesarias.

El espíritu -principio inteligente- manipula, ordena y dirige todo el proceso, consciente, inconsciente, instintivo, racional o emocional, utilizando la mente como vehículo, la conciencia como archivo y el cerebro como instrumento. Cuando hablamos aquí de mente no nos referimos a la mente humana, sino a la mente espiritual; un concepto todavía desconocido para multitud de personas que no aceptan la vida del alma después de la muerte. 

Esta mente espiritual, de la que el espíritu se encuentra dotado desde su creación, es la base de los principios que ubican el alma humana en el espacio-tiempo, en las distintas etapas que ha de recorrer hasta alcanzar sus objetivos de perfección  y plenitud a la que está destinada.

En las primeras etapas, que son las que estamos analizando, la mente espiritual se encuentra todavía adormecida por la mente humana cuando el alma está encarnada, pues es bien sabido que el cerebro actúa como un reductor de vibraciones y energías puras (las del espíritu). Sin embargo, a medida que el  hombre se espiritualiza y se va desligando del materialismo y la animalidad, va encontrándose interiormente, se va realizando como ser inmortal, va creciendo y ampliando sus niveles de conciencia, hasta que llega un momento en que la Mente Espiritual pasa a dominar la voluntad del espíritu, se encuentre encarnado o desencarnado.

Es un momento sublime del que hablaremos en capítulos más adelante, pues comprobaremos cómo aquella alma sencilla, ignorante y sin experiencia que inició su trayectoria en los mundos primitivos, se convierte en un ser angélico, capaz de interpretar con excelsitud y perfección los planes divinos en su propia conciencia, experimentando así la plenitud del amor de forma continua, al vivir plenamente identificada con la Fuente Creadora Universal.

A este estado especial, del mayor nivel de conciencia que podamos suponer para el alma humana en un planeta como el nuestro, sólo han llegado unos pocos, ejemplos vivos de cuál es el camino a recorrer. Sin embargo, aunque a la mayoría nos queden todavía algunos siglos o milenios para alcanzar ese estado en nuestra alma, es el puerto inevitable al que todos, hasta el  ser más primitivo, está destinado a arribar. En ese punto de nuestra trayectoria evolutiva es cuando abandonamos los escasos residuos que la herencia instintiva todavía mantiene en nuestra alma inmortal, habiéndolos depurado por medio del esfuerzo en el progreso espiritual.

Herencia instintiva por: Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, paz y Caridad

Anteriores Artículos

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO

Siguientes Artículos

LA DEMOCRACIA

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.