Enfocando la actualidad

CONCIENCIA Y ESPÍRITU

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (5)

“La conciencia es el ansiado puente entre la ciencia y el espíritu” Peter Russell – Físico y Psicólogo Experimental

Como afirma en esta frase uno de los más destacados investigadores en este campo en su libro “Ciencia, Conciencia y Luz”, la conciencia es la gran clave de bóveda capaz de unir las dos grandes fuerzas de la historia: la ciencia y la religión.

A fecha de hoy, tal y como venimos anunciando en artículos anteriores, el paradigma científico está cambiando notablemente. Tanto es así que la conciencia humana, admitida ya por la ciencia como algo inmaterial que constituye nuestra realidad interior, supone un auténtico problema que no es capaz de resolver ninguna disciplina científica, ni la física, ni la biología, ni la psicología. 

“Los científicos se encuentran con el hecho indiscutible de su propia conciencia y sin embargo no tienen forma de explicarla”  Christian de Quincey – Filósofo

Todo parte de la certeza -imposible de negar- de la experiencia interior del hombre. Lejos de ser esta la única realidad, lo que sentimos o percibimos se ve influenciado por nuestro cerebro, pero la mente participa modelando y condicionando la experiencia, es decir, cada persona contempla la realidad que su mente construye. Así pues la mente y la conciencia no son materia ni dependen del cerebro, es justo al contrario, este último es una interfaz de la mente.

“La conciencia es independiente del cerebro” Dr. Eben Alexander – Neurocirujano

Cuando hablamos de la conciencia solemos confundir lo que son los diversos estados de conciencia y los distintos niveles de conciencia. Estos últimos son aquellos que cada persona ha ido adquiriendo mediante su proceso evolutivo.

Brevemente explicaremos que los estados de conciencia pueden ser denominados mentales, cerebrales o alterados. Ejemplos: un estado mental es la esquizofrenia, mientras que un estado cerebral es el alzheimer. En ambos casos son estados patológicos, pero cada uno responde por su origen: el primero es enfermedad mental y el segundo es propiciado por el deterioro y muerte de las células cerebrales. Un estado alterado de conciencia puede ser el éxtasis, el trance, la mediumnidad, etc. Y todos ellos afectan de forma singular a las personas que los poseen.

Tampoco podemos confundir los niveles de conciencia, que no son más que los estadios o modos de pensar que cada persona tiene sobre su yo, la realidad y la vida. Algunos de ellos son: 

“Conciencia dormida” (Vida Horizontal): Es la persona fisiológica, que únicamente atiende a sus sentidos y necesidades inmediatas y básicas (comer, dormir, reproducirse, etc.); no existe en ella vida interior de ningún tipo, vive para sí mismo y está ciega a cualquier aspiración de vida superior elevada.

“Momentos de conciencia” (Despierto sin control): Es la persona que se ha dado cuenta de que la “vida humana” es algo más que las funciones básicas de un primate. Intenta controlar sus emociones y actuaciones; se percata por momentos de la existencia de las cualidades superiores del hombre y desea incorporarlas a su vida, aunque no lo consigue del todo. Comienza a dar importancia a la vida interior, a vivir y pensar en los demás, a la espiritualidad.

“Conciencia despierta” (Autocontrol): Es aquella persona que vive consciente de su realidad inmortal, de la importancia de tener una vida que le permite realizarse; se auto-controla, se exige y se vuelca en el servicio altruista hacia su prójimo, de donde obtiene su felicidad, equilibrio y armonía interior.

“Conciencia Trascendental” (Plenitud del Ser): Es el estado superior de conciencia al que muy pocos llegan encarnados en la Tierra. Es la plenitud de aquellos que han alcanzado un total desprendimiento de la materia. Unificados con la Mente Divina, son auténticos paradigmas del Amor y de la Sabiduría Espiritual, interpretando fielmente los atributos de la divinidad en la tierra.

¿Qué es la conciencia y su relación con el espíritu? 

Atendiendo a su auténtica naturaleza y no a los estados de conciencia ni a los niveles de la misma, podemos afirmar que: “La fuerza más poderosa del espíritu, que administra, organiza y acumula todas las energías psíquicas depositadas en la mente”. 

Además de todo esto, si queremos comprender mejor la función principal de la conciencia podemos recurrir a algunos de los pensadores más importantes de la historia de la humanidad. Así René Descartes, el padre del racionalismo filosófico dice en sus obras al respecto:

“La idea de Dios está impresa en el hombre como la marca del obrero en su obra”

Sobre esto mismo, el Reino de Dios al que el Maestro Jesús se refiere numerosas veces es exactamente la Conciencia, la simiente eterna y chispa divina, la firma que el Creador esculpió en su obra.

Uno de los mayores pensadores de la historia de la humanidad Immanuel Kant se expresaba así:

“Dos cosas llenan mi ánimo de admiración y respeto: el cielo estrellado que hay sobre mí y la ley moral que habita en mi conciencia”

Por último, la filosofía espírita codificada por Allan Kardec en el siglo XIX mediante su trilogía del ser humano “Alma, Peri-espíritu y Cuerpo físico”, concede especial importancia a la conciencia, pues esta acompaña la evolución espiritual del ser desde los primeros estadios evolutivos, creciendo en inteligencia y moral, archivando todas las experiencias y percepciones a lo largo de las distintas vidas que la reencarnación permite al espíritu.

En este último caso la conciencia no actúa sólo como una fuerza o como un gran ordenador que graba en la memoria inconsciente del ser su trayectoria inmortal, sino que es fundamental su función como guía principal del progreso espiritual del hombre hacia la eternidad, ya que en ella se inscribe la huella que Dios dejó al hombre cuando lo creó: sus leyes.

  Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

“¿Dónde está escrita la Ley de Dios? En la conciencia.”

Allan Kardec – L.E. – Item 621

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