ADIÓS, 2020

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Adiós, 2020

Adiós, 2020

Ahora, recién acabado el año, en estos días en los que, por tradición, nos hemos deseado ¡muy feliz año nuevo!, he vuelto a reflexionar una vez más acerca de ello; porque, en efecto, es una tradición, no un deseo real, pues si así fuera, nosotros nos haríamos las preguntas clave: ¿Realmente deseo que esta persona, a la que solo conozco de vista, sea muy feliz?; y si sé que, en algún momento, es infeliz, ¿haría algo por ella?

Si miramos hacia atrás veríamos que, pasados apenas unos días del nuevo año, todo lo que eran sonrisas y parabienes se meten en el saco del olvido, y ya nadie se reconoce; nos cruzamos con los mismos con que nos cruzábamos sin siquiera mirarnos; en muchas casas, los vecinos se encuentran en el ascensor, escalera o portal sin dirigirse la palabra; a veces, ni los buenos días, o noches, o tardes. La humanidad ¿se ha deshumanizado? Creo que, en parte, sí. Como todos sabéis, mi edad es ya muy avanzada; sin embargo, guardo en mi memoria cómo era la relación que existía, no ya entre los miembros de una casa vecinal, sino de todo el barrio. Como ejemplo, os relataré un caso (uno entre otros).

Un día, una vecina del barrio, que no brillaba por su poder económico, dio la alarma acerca de otra vecina, viuda con tres hijos, que se encontraba enferma. No se había podido levantar de la cama para ir a trabajar; si no trabajaba, no había salario; si no había salario, los niños y ella no comían… ¡y el barrio se movilizó! Durante el tiempo que estuvo enferma, los niños fueron atendidos debidamente: se les aseaba, vestía, se les daba el desayuno y se les llevaba al colegio; se atendió a la enferma y a su humilde hogar. ¿Quién hacía todo esto? ¡Todos! Y todos los días del año, cada cual según sus posibilidades, que en general eran más bien escasas. Eran malos tiempos para todos; eran los años cuarenta, cincuenta, del siglo XX… pero en los corazones anidaba la solidaridad.

No voy a caer en el error de pensar que hoy no existan seres con espíritu altruista, no; los hay, y son muchos. Sin embargo, hoy las circunstancias son más positivas. Hay pensiones más o menos dignas (que todos deseamos); hay muchos parados, pero hay también muchos que tienen trabajo… En aquellos años había pocas pensiones y los trabajos eran mucho más precarios; había pocos recursos; había escasez de alimentos; había cartillas de racionamiento, y… aunque también existían los «listos» que se beneficiaban con el estraperlo, las gentes se preocupaban  y ocupaban de los demás…

Se ha ido el año 2020 y lo ha hecho de vacío, pues se ha marchado solo, dejándonos dolor y muerte; un año para olvidar, pero difícilmente olvidable; un año cruel que ha prohibido las expansiones de amor entre los seres queridos… Un año que ya se marchó.

Dios ha dispuesto que sea testigo de tu desaparición, y al mismo tiempo que se haya incrementado en mí la Fe, la Esperanza y la Confianza en Su misericordia. Así pues, quiero haceros llegar parte de un mensaje de esperanza que nos ha dejado nuestra querida Joanna de Ângelis en el libro Nuevos Tiempos. Más o menos, dice así:

(…) Reconocemos que a la madurez para el mundo regenerador, donde ya está, le queda mucho camino, y ese camino es ético y moral, sin excepciones a las peculiaridades de países y continentes, de hombres o mujeres, ricos y pobres. Por eso, este virus ha venido, no para quedarse, sino para modificar conductas sociales, sanitarias y emocionales que quemarían las energías del hombre viejo, y tendrá más fuerza para que surja el hombre nuevo.

Nada temáis, no decaigáis, la nueva era ha comenzado y con ella nuevas energías y ayudas vendrán de todo el planeta, de la galaxia e incluso del sistema solar que vibra y gira solo para estos nuevos acontecimientos del ser nuevo que genera su regeneración (…).

Hermoso mensaje. Ojalá que así sea en verdad; que haya un despertar de las conciencias, especialmente entre aquellos a los que les fue confiado el cuidado y bienestar de sus compañeros de viaje en este planeta Tierra; y tampoco debemos olvidarnos de la parte que a cada cual corresponde. El Trabajo es de todos.

¡Adiós, 2020!

Adiós, 2020 por: Mª Luisa Escrich

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