ESPÍRITUS AGRADECIDOS

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Espíritus agradecidos

Espíritus agradecidos

Desde que comencé a relatar mis experiencias, he comentado que todas ellas fueron auténticas lecciones para nosotros, pues de cada una sacamos conocimientos del mundo de los espíritus a través de las manifestaciones mediúmnicas; consejos, orientaciones, mensajes que los propios hermanos desencarnados nos hicieron la caridad de ofrecernos.

Sabemos que hay una verdad evidente, nunca dejar de instruirnos; a veces induciéndonos a reflexionar acerca de cualquier tema que se suscitara. Muchas ocasiones, y sin que nos demos cuenta, influyen en nosotros a la hora de tomar decisiones, siempre justas, aunque no siempre les hagamos caso, porque aún no hemos aprendido a escucharles. Y a veces, tal es desde hace algún tiempo mi caso, extrayendo de mi memoria los recuerdos y experiencias que he venido contando, alguno de ellos totalmente olvidados. Hoy me dispongo a relatar una de estas anécdotas en la que los espíritus nos volvieron a sorprender.

Contar esta anécdota da al traste con mi decisión de no seguir escribiendo, lo que me lleva a una reflexión: Mientras permanecemos ocupando el cuerpo que se nos dio para nuestro crecimiento espiritual, es señal inequívoca de que todavía nos queda algo por hacer.

(*)Esta anécdota constituyó un nuevo aprendizaje:

Estábamos, como siempre, reunidos, y acabado el trabajo, nos dispusimos a tomar nuestro cafetito y pastas caseras. La conversación se fue generalizando, y cada uno de los compañeros fueron contando recuerdos de juventud, chistes, chascarrillos, que dieron lugar a momentos de gran jolgorio y sana alegría; así fue transcurriendo la tarde hasta que alguien se dio cuenta de la hora, y advirtió:  ̶ Creo que es el momento de marcharnos; no olvidéis de dispersaros al salir a la calle.

Cuando estábamos a punto de abandonar la casa de Isabel, nos dimos cuenta de que esta se había quedado quieta y callada, tal y como ocurría cuando entraba en trance; nos sentamos de nuevo y, en efecto, transcurridos unos segundos se manifestó el hermano guía de nuestro grupo, que dijo:

 ̶ Queridos hermanos. He solicitado permiso para venir de nuevo a daros las gracias…  ̶ Ante nuestra sorpresa, agregó ̶ : Sí, daros las gracias por el buen rato que nos habéis hecho pasar con vuestras anécdotas, chistes y chascarrillos; nos hemos reído de lo lindo. De nuevo, gracias. Adiós.

He dicho que toda manifestación e intervención de los espíritus encerraban lecciones, enseñanzas… Con esta última, yo personalmente aprendí que tristeza, beatitud, misticismo, actitud contemplativa, no forman parte de la doctrina de los espíritus, lo que supuso un auténtico descubrimiento, el cual arraigó en mí de tal manera que, desde aquel día, ha sido como un lema, mi lema:

El Espiritismo es serio, pero no es triste.

 Queridos amigos, acabo de compartir con vosotros el último recuerdo arrancado de mi memoria por los hermanos de la otra orilla. ¿Quedarán más?

Espíritus agradecidos por: María Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

(*) Esta anécdota transcurre durante el periodo de postguerra en España, una época llena de restricciones y de represión; hablamos de los años 40 y 50 del siglo pasado.

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