SINCERIDAD Y AUTOCONOCIMIENTO

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Sinceridad y autoconocimiento

Sinceridad y autoconocimiento

«Los labios de la sabiduría están cerrados, excepto para los oídos capaces de comprender».

Esta frase del Kybalión me ha hecho reflexionar acerca de una de las cualidades que deberían adornar a todos los que formamos el llamado género humano y, a estas alturas de crecimiento espiritual, a todos los que nos denominamos espiritistas. Me refiero a la sinceridad que debe reinar entre los miembros de un grupo. Pero la sinceridad está basada en la confianza, y difícilmente puede abrirse nadie a los demás si no se está seguro de ser bien comprendido y no juzgado.

Con cada experiencia que la propia vida nos proporciona, ¿aprendemos algo? ¿Sabemos aprovechar esas lecciones que la propia Naturaleza ofrece? Durante todo este tiempo de confinamiento obligatorio a causa de esta crisis pandémica, desdichadamente aún presente entre nosotros, me he propuesto aprovechar la oportunidad para hacer una retrospectiva de mi existencia con valentía, sin esconder absolutamente nada; hurgando en lo más profundo de mi interior; sacando a la luz todo lo que he ido acumulando desde que tengo consciencia de quien soy…

El Espiritismo nos insta constantemente a conocernos a nosotros mismos; pero eso, a mi entender, quiere decir reconocerse, lo que equivale a la aceptación de nuestras debilidades; de nuestra inferioridad; el reconocimiento de nuestros errores.

Otro razonamiento basado en la sinceridad es aceptar de antemano la falta de comprensión, o mejor aún, la valoración siempre errónea que pueda hacerse de todo cuanto me he propuesto realizar conmigo misma, proyectando esa película de que nos habla la doctrina, y que se abre ante nosotros, mostrándonos todo el recorrido de nuestra existencia: todo lo que hemos hecho bien o mal; aquello que pudimos hacer y no hicimos; aquello que, voluntaria o involuntariamente, dimos al olvido; o lo que tratamos de ocultar, como si no hubiera ocurrido. En una palabra, la película que inexorablemente se proyecta ante nosotros cuando llega la desencarnación.

Así pues, he querido realizar mi película mostrándome a mí misma como soy, o más bien como creo que soy, porque nunca haremos una valoración justa, ya que somos imperfectos. Si algo he comprendido es que todo cuanto hacemos o pensamos, y que creemos bueno, a los ojos de Dios sea menor esa bondad (o incompleta), mientras que aquello que consideramos deplorable, a Sus ojos no lo sea tanto. ¿Cómo podemos, pues, realizar nuestra película?

Es simple: siendo honestos con nosotros mismos, analizando nuestros actos concienzudamente, y ver si cada uno de ellos ha obrado solo sobre nosotros o si ha sido causa de dolor o menoscabo para nuestros hermanos de camino; si ya son un obstáculo para la evolución del espíritu los errores que cometemos, cuando repercuten en los demás la carga es aún más pesada, así como la responsabilidad.

Con el espiritismo hemos aprendido que Dios no castiga; Él es todo Amor; que ni siquiera nos juzga: cuando nos dio la vida nos otorgó también todos los atributos necesarios para nuestra evolución espiritual y las herramientas necesarias para ella; nos dio a conocer el bien y el mal, y la responsabilidad de elegir. Siendo así, no es de extrañar que seamos nosotros mismos quienes nos juzguemos; pero es absolutamente necesario aceptar el principio de conócete a ti mismo: Sé honesto y valiente reconociendo tus errores; sé humilde y pide perdón cuando creas que has podido causar daño a otro, y muéstrate ante Dios dispuesto a la renovación.

En este tiempo de confinamiento he querido compendiar toda una vida, extrayendo de lo más íntimo todos los recuerdos, los gratos y los ingratos; mis acciones y reacciones ante los acontecimientos que tuvieron lugar a lo largo de mi existencia, y si fueron correctas y, en su caso, sinceras…

He puesto ante mi conciencia la sinceridad de los sentimientos de Amor y Fraternidad que he proclamado, y creo haberme dado una respuesta sincera a la pregunta de si aquellos actos altruistas que tuve la oportunidad de realizar partieron en verdad del corazón, olvidándolos después.

He puesto ante mis ojos todo cuanto recuerdo de mi larga existencia con honradez; me he juzgado con sinceridad y he querido analizar con valentía cómo he realizado el trabajo al que me comprometí antes de reencarnar.

Este confinamiento ha supuesto para mí una preciosa oportunidad para poner, en la medida de lo posible, orden en mi espíritu, y… sincera soy mientras escribo estas líneas, aun siendo consciente de no ser, del todo, bien comprendida.

Ha sido como un examen de fin de carrera sin saber si habré logrado aunque solo haya sido un simple aprobado. Porque el juicio es mío, pero… de Dios es la sentencia.

Sinceridad y autoconocimiento por: Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

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