Aspectos Mediúmnicos

¿SE PUEDE PERDER LA MEDIUMNIDAD?

¿Las facultades son para toda la vida? ¿Se puede perder la mediumnidad? Vamos a profundizar en ello en las siguientes lineas. Espiritualmente sabemos lo que hemos firmado, a los compromisos que nos hemos atado para cumplir con cuerpo físico en una nueva experiencia terrenal; pactos que implican a seres espirituales que también se comprometieron a ayudarnos en el transcurso de la vida.

Sin embargo, una vez aquí olvidamos a nivel consciente dichos compromisos. Nos van surgiendo señales, evidencias a lo largo de la vida, aunque esto depende de cada caso. Despiertan de modo que seamos capaces de percibir que hay un camino a recorrer, una tarea a realizar. Buscamos respuestas a los síntomas, a los fenómenos mediúmnicos. Analizamos, estudiamos, dialogamos para comprender lo que nos está pasando, y de ese modo encontrar la forma más adecuada para llevar adelante esos compromisos. Existen elementos comunes a todas las facultades para su desenvolvimiento eficaz y adecuado, pautas a seguir de orden moral, de instrucción, de disciplina interna para encauzarse correctamente.

Posteriormente, la realidad y los hechos nos colocan a cada uno en su sitio. La mediumnidad, siendo para una inmensa mayoría una herramienta de rescate urgente de numerosos errores y equivocaciones del pasado, y sabiendo las imperfecciones que todavía nos dominan, supone para el espíritu encarnado uno de los desafíos más grandes con los que tiene que lidiar en esta decisiva etapa evolutiva, lo que se traduce en un número bastante significativo en caídas y ascensiones, éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, y también, en algunos casos, en perder la mediumnidad temporal o definitiva del ejercicio de la facultad mediúmnica.

Nos estamos refiriendo a la interrupción no voluntaria de un proceso mediúmnico desarrollado y consolidado. Pero ¿cuáles pueden ser las causas? ¿Esas interrupciones son temporales o para toda la vida?

Aunque pueden existir grandes similitudes, no existen dos casos iguales. La justicia y la sabiduría divina es infinita, hay que ser conscientes de que las casualidades o el azar, en lo que respecta a la mediumnidad, no existen. Nuestra visión es muy limitada, sobre todo con materia física; además, nuestras imperfecciones, debilidades o falta de conocimiento nos colocan muchas veces en una posición muy vulnerable. No obstante, nos encontramos al abrigo de la misericordia divina que jamás nos abandona; nos aporta en cada momento, no lo que consideramos que necesitamos, sino aquello que realmente nos conviene para el progreso y evolución.

La suspensión de la mediumnidad nos puede evitar grandes males, por cuanto, cuando no estamos lo suficientemente maduros, cuando nuestra inconsciencia nos lleva por malos derroteros, cuando las dinámicas de trabajo, consecuencia de los defectos y debilidades no son las correctas, las protecciones pueden considerar conveniente una interrupción temporal o definitiva, dependiendo de los casos y las circunstancias de cada médium.

Otras veces, es disminuido el desarrollo de cierta sensibilidad, cierta mediumnidad para potenciar otras que se ajustan mejor a las características del sensitivo. Es decir, en ocasiones se produce una manifestación de varios canales abiertos; no obstante, los buenos videntes, aquellos que están lo suficientemente experimentados, no se atreven a pronosticar cuál va a ser el tipo de mediumnidad que va a ejercer porque, aunque pueda tener avanzada una de ellas, puede ser paralizada en un momento dado para potenciar otra que estaba más rezagada.

Ahora bien, las causas, como planteábamos al principio, de la suspensión de la mediumnidad pueden ser muy variadas, dependiendo de los tipos y circunstancias. Por ejemplo, en el caso de la facultad de sanación puede ocurrir que el médium caiga en el mercantilismo, aceptando la voluntad o el cobro por sus servicios. En estos casos, los espíritus superiores, los amigos del otro plano que se comprometieron a realizar una tarea abnegada y sacrificial, no están por la labor de colaborar en acciones que fomentan el materialismo. Tras un periodo de tiempo prudencial en que las advertencias, toques de atención por parte de los protectores, y los propios entorpecimientos consecuencia del comportamiento del médium comienzan a aparecer, se retiran para dar paso a otras entidades inferiores, de carácter moral bajo, que les van a conducir hacia el descalabro total; en muchos casos, a la pérdida total de la facultad.

El endiosamiento también es otra lacra que conduce al fracaso a muchas facultades, ya no sólo de curación sino de cualquier otro tipo; y es la tentación de creer que es el médium el que posee las cualidades por méritos propios, atesorando un don divino que le permite realizar cosas extraordinarias donde otros, pobres mortales, no son capaces. En estos casos, la suspensión de la mediumnidad le recuerda al médium que no es él, sino los seres espirituales bienhechores, los que realizan la verdadera labor espiritual.

La pereza egoísta, o la falta de motivación, la falta de interés por el trabajo espiritual que pueda redundar en un beneficio para nuestro prójimo, también puede ser suficiente motivo para la suspensión de una facultad. Obviamente, los hermanos espirituales nobles no están para perder el tiempo con personas inconsecuentes e improductivas; si encuentran a otro médium con mejor predisposición se unen a él para llevar a cabo las tareas comprometidas entre ambos planos. No hay que olvidar que el progreso durante el proceso de intercambio mediúmnico es recíproco, es decir, progresa tanto el médium como la asistencia espiritual.

Otro escollo muy similar al anterior consiste en ciertas rutinas, o lo que es lo mismo, la falta de interés por estudiar, analizar y aplicar en la vida diaria los consejos que se esfuerzan por transmitirnos los hermanos espirituales, a través de, por ejemplo, las psicografías. Muchas veces, nuestras tendencias y preocupaciones materiales nos desvían del foco espiritual, del interés por aprender y por mejorar. Ellos, con mucha paciencia, tacto y prudencia, tratan de conducirnos para que atendamos las necesidades, los compromisos más urgentes a nivel espiritual. Sin embargo, cuando hacemos oídos sordos, cuando tras escuchar o leer sus mensajes rápidamente pasamos a otras cosas, para ellos es una desilusión. Y esa falta de interés también puede desembocar en una suspensión temporal para provocar una reflexión o, simplemente, para dar tiempo a asimilar todas las informaciones y consejos que hayamos podido recibir.

Las protecciones espirituales no están para pasar el rato ni para entretener; tampoco es una obligación en donde les podamos exigir, puesto que con sus mensajes atienden a los principales principios de solidaridad y de caridad, enseñando a quien no sabe, o recordándonos aquello que hemos olvidado o descuidado. Es un verdadero acto de amor por su parte, amor abnegado por cuanto para algunos de ellos supone un sacrificio grande descender hasta nuestro plano grosero para transmitir, con dificultad, un mensaje que puede llegar más o menos adulterado por el médium.

Al mismo tiempo, no todos los casos de suspensión de una facultad obedecen a posibles errores o conductas desviadas, ni muchísimo menos. Hay ocasiones en que es simplemente para otorgarle al médium un descanso material, bien debido a otros asuntos que la persona debe de resolver, o porque padece algún tipo de enfermedad que imposibilita el ejercicio natural y eficiente del intercambio mediúmnico. Esto es algo que debe juzgar la protección espiritual cuando lo considera necesario o conveniente.

Y por último, la suspensión de la facultad puede obedecer a algo tan necesario para nuestra evolución como es el ejercicio de la paciencia y la perseverancia. Paciencia para no perder la fe y confiar en unos resultados, y perseverancia para demostrar al mundo espiritual superior que nuestro compromiso con ellos es firme, a prueba de cualquier dificultad o duda que nos pudiera surgir. Ellos no pueden depositar su confianza para desarrollar un trabajo importante a personas inconsistentes, irresponsables, o que ante el primer escollo con que se encuentran se echan para atrás y se desaniman o abandonan.

Para finalizar, es importante recalcar que los motivos que llevan a las protecciones espirituales a suspender o retirar una facultad están siempre justificados. Si es así, e independientemente de las posibles causas, hay que seguir trabajando en mejorar, en superar las limitaciones que suponen nuestros defectos y debilidades; ser honestos, nobles, laboriosos, con buena predisposición para que, llegado el momento, se nos puedan volver a abrir las puertas a un trabajo que previamente firmamos, y para que la comunicación entre los dos planos, como simples intermediarios, sea lo más limpia y fructífera posible.

 

¿Se puede perder la mediumnidad? por:    José M. Meseguer

© 2018, Amor, Paz y Caridad

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