Aspectos Mediúmnicos

IDENTIDAD Y LENGUAJE DE LOS ESPÍRITUS

6. Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios. Porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.

(San Juan, epístola I, cap. IV, versículo 1). (“El Evangelio según el Espiritismo”)

Para poder comprobar la identidad de los espíritus y la naturaleza buena o mala de los comunicados que mediúmnicamente se puedan recibir, es imprescindible, en primer lugar, desarrollar el sentido analítico, la capacidad crítica que nace principalmente del sentido común, reforzado y argumentado por la experiencia y los conocimientos espirituales que a lo largo del tiempo vamos adquiriendo. Es concretamente durante el aprendizaje cuando hace falta desarrollar, si no se tiene conseguido ya, la capacidad analítica, para desmenuzar y razonar los postulados que vamos descubriendo y no caer en fanatismos ni en creencias vacías, evitando aprender de memoria o aceptar las ideas o conceptos sin más. Lo que significa que no podemos pretender aplicar, en los trabajos mediúmnicos, algo a lo que no estamos acostumbrados en el diario vivir, durante el proceso de aprendizaje y estudio de la doctrina espírita. Por lo tanto, es muy conveniente adquirir desde el principio buenos hábitos, una buena metodología de trabajo, aplicando para todo el buen sentido.

Esto se sustancia en la reflexión siguiente: Yo creo en ciertas ideas, no porque lo diga una personalidad dentro del espiritismo o porque lo digan los espíritus, o porque lo diga Allan Kardec, o Amalia Domingo Soler. Yo creo porque, cuando me planteo unas ideas, unos postulados, una vez analizados y estudiados los asimilo y hago propios, porque he sido capaz de llegar a las mismas conclusiones. Me puedo equivocar, pero siempre será una responsabilidad mía, no heredada de otros.

Al mismo tiempo, me apoyo y sirvo de las experiencias personales y colectivas; de la observación de las mismas, sacando sabrosas conclusiones que han de servir para evitar futuros errores y ajustar el rumbo por el cauce adecuado. Se trata de un binomio fundamental: conocimiento y experiencia, fruto del trabajo, del esfuerzo y de la constancia.

Los espíritus en general no lo saben todo, ni son infalibles; nosotros tampoco, ni tenemos la medida exacta de las cosas como para calibrar al cien por cien todas ellas. Estamos en el camino de la iluminación interior y nos falta todavía un trecho muy grande para alcanzar algo que se pueda asemejar a la sabiduría. Sin embargo, tenemos no solo el derecho, sino la obligación también, de someter al tamiz de la razón los mensajes que podamos ir recibiendo, con la debida prudencia y reserva.

No podemos aceptar todos los mensajes como buenos y profundos, como tampoco solemos considerar como excelente cualquier libro que llegue a nuestras manos que hable de un tema espiritual. De todos se puede aprender algo; no obstante, a los comunicados espirituales hay que darles el valor que merecen, aceptando aquellos que nos aporten algo positivo, y rechazando aquellos que puedan estar confusos, enrevesados, de carácter ampuloso o sin sustancia.

Respecto a la identidad de los espíritus, esto es algo casi imposible de comprobar. Normalmente, salvo excepciones puntuales, evitan dar su nombre para no estimular la vanidad ni el endiosamiento en el caso de que hayan sido personajes importantes del pasado. Para ellos, la identidad es irrelevante. Bien es cierto que lo que muchas veces se han considerado como santos por la historia de las religiones, en realidad no lo fueron tanto; pueden ser inexactitudes intencionadas, exageraciones, deformaciones de la realidad en un momento histórico puntual. Individuos que quizás, en algunos casos, llegaron a ser fanáticos de una causa, con sus pasiones y defectos como la mayoría de los mortales.

Además, como es obvio, existen en el mundo espiritual millares de espíritus que poseen una elevación y una sabiduría. Sin embargo, algunos de ellos han pasado por nuestro mundo sin quedar reflejados en la historia. Existencias oscuras, anónimas, de sacrificio, renuncia; olvidados por todos, exceptos por aquellos que recibieron el beneficio de sus cualidades, el fruto de su amor incondicional. Por lo tanto, a la hora de presentarse, lo que menos les preocupa es su nombre común, ya que a nosotros no nos puede aportar nada. Si eligen uno es para que podamos identificarlo y dirigirnos a él. Otros optan por decir: “Soy un hermano que viene a traeros un mensaje”. Lo verdaderamente importante es, como hemos dicho, aquello que inspiran y enseñan; sobre eso es donde hay que incidir.

A buen seguro la identidad es lo de menos, excepto cuando se trata de seres cercanos ya fallecidos, a los que el Padre concede y permite manifestarse por alguna razón de peso, como puede ser una prueba de la inmortalidad del alma, fortalecer la fe, la esperanza en el porvenir o levantar el ánimo en las aflicciones.

2º “Se juzga a los espíritus por su lenguaje y por sus acciones. Las acciones de los espíritus son los sentimientos que inspiran y los consejos que dan.” (Libro de los Médiums; 267)

Los espíritus muy elevados se expresan con enorme sencillez pero con profundidad. Nunca adulan para no estimular la vanidad; tampoco dan órdenes o tratan de imponerse. Dicen mucho en pocas palabras, nunca hacen ostentación de su saber o elevación, y cuando algo lo desconocen no tienen pudor en reconocerlo. En sus mensajes cada palabra, cada frase, merece un análisis concienzudo, y se alegran cuando así se hace.

Como ya hemos visto en otros artículos de esta sección, también las características del médium tienen mucho que ver con el resultado final de la comunicación. Depende de la sintonía y afinidad que sea capaz de establecer el espíritu con el médium. También  la tipología puede influir, aunque no necesariamente es determinante, a saber: si es consciente, semiconsciente o, en los casos más excepcionales, totalmente inconsciente.

En otras ocasiones, cuando se analiza detenidamente el mensaje, se puede comprobar la mezcla de ideas, es decir, una parte pertenece al espíritu comunicante y otra parte pertenece al subconsciente del médium. Por tanto, influyen y mucho las condiciones del médium, estado de ánimo, condición moral, el grado de equilibrio, etc., para facilitarle o no el trabajo a los espíritus superiores. Es sencillamente una cuestión de sintonía espiritual; a mayor elevación del espíritu más dificultades tienen para penetrar la franja vibratoria grosera, densa de la parte material, lo  cual complica más la fidelidad y utilidad del mensaje recibido. Muchas veces se ven abocados a renunciar a la posibilidad de transmitirnos preciosos consejos, por la sencilla razón de que los escollos son tan grandes que los resultados apenas van a poder ser apreciados.

Por el contrario, los espíritus engañosos, vulgares, hablan de todo con seguridad aunque sus ideas no valgan más que las nuestras. Suelen ser opiniones personales, intencionadas, que no aportan nada, aunque las revistan de palabras o ideas aparentemente trascendentes para ganarse la confianza de la gente.

Tampoco podemos admitir la idea de que “aportan poco pero tampoco dicen nada malo”. No se puede caer en el conformismo ni dar por bueno cualquier comunicado. El tiempo es un regalo divino que no se puede desperdiciar escuchando a espíritus con verborrea insulsa, con mensajes irrelevantes de aquellos que buscan llamar la atención, aunque lo puedan hacer de manera inconsciente y sin mala intención.

Para evitarlos, hay que trabajar y esforzarse para despertar el interés de los espíritus superiores. Ellos están siempre prestos a ayudar, a realizar un esfuerzo y un sacrificio, pero cuando viene secundado por la buena voluntad, por el sincero interés por aprender, por mejorar. Cuando advierten en algún grupo la falta de interés por superarse, la tendencia a la rutina, conformismo o comodidad, se apartan y dejan paso a esos espíritus ociosos que están dispuestos a llamar la atención; si es el caso, a distraer y entretener las reuniones banales.

También hay que ser muy cuidadosos con el uso de los mensajes recibidos. No es raro encontrar en las redes sociales algún mensaje mediúmnico de algún grupo espírita. Aquellos que los publican deben de apelar siempre a la prudencia. Por lo general, los comunicados de cada grupo son para estudio y análisis interno, ya que suelen tocar los aspectos más necesarios para la evolución del grupo espiritual, sus problemas y necesidades del momento. No es descartable que algún día sea conveniente hacer público algún mensaje que se pudiera recibir, en función del momento y las circunstancias. No obstante, existen muchas formas de hacer llegar a la gente las posibles enseñanzas recibidas de lo Alto.

Para finalizar, recordemos los consejos de San Luis en el Libro de los Médiums, nº 266, y que nos sirven de resumen de todo lo expuesto:

“Cualquiera que sea la confianza legítima que os inspiren los espíritus que presiden vuestros trabajos, la recomendación que no nos cansaríamos de repetir y que tendríais que tener siempre en la memoria cuando os entregáis a vuestros estudios, es que penséis y maduréis, que sometáis a la prueba de la razón más severa todas las comunicaciones que recibís; que no descuidéis, desde que un punto os parezca sospechoso, dudoso u obscuro, pedir las explicaciones necesarias para poderos fijar con precisión.”

 

Identidad y lenguaje de los espíritus por :  José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

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