Aspectos Mediúmnicos

LA TERAPIA DE LA DESOBSESIÓN

 “Entre los escollos con que tropieza la práctica del espiritismo hay que incluir, en primera línea, a la obsesión, vale decir, el dominio que algunos espíritus suelen ejercer sobre ciertas personas… Y si logran dominar a alguien, se identifican con el espíritu de esa persona, conduciéndola como si se tratara realmente de un niño.”

(Libro de los médiums; Capítulo XXIII, 237).

Cuando hablamos de la desobsesión, pensamos en los casos motivados por enemigos del pasado, en pesadas deudas kármicas; sin embargo, la obsesión es un problema que abarca diferentes grados y matices.

Sin duda, todos estamos sometidos a influencias de todo tipo. Vivimos en una verdadera atmósfera psíquica, producto de la suma de todos los pensamientos que interactúan unos sobre otros; tanto de encarnados sobre encarnados como de espíritus desencarnados sobre quienes tenemos una materia física. Por ley de afinidad vamos atrayendo compañías espirituales sin darnos cuenta, en función a como pensamos y actuamos, incentivando y potenciando esas mismas ideas bien positivas o negativas; generándonos paz y armonía o, en los otros casos, desequilibrio y confusión.

Los más preocupantes son aquellos catalogados por Kardec como de fascinación, definiéndolo como “Una ilusión producida por la acción directa del espíritu sobre el pensamiento del médium, y que de algún modo paraliza su juicio…”. A veces, resulta complicado saber si nos encontramos ante un caso de obsesión; no obstante, existen indicios que nos pueden poner en alerta.

Es bastante común, cuando se organizan conferencias, charlas, reuniones, e incluso cuando acuden al centro espirita personas para resolver dudas o problemas, el encontrarse algunas de ellas con una desorientación y desequilibrio bastante claros. Son aquellas que exponen sus conflictos o dudas y preguntan pero, en algunos casos, apenas dejan hablar porque interrumpen las respuestas; que creen saber porque han oído o leído algo, pero mezclan fantasía con medias verdades. Todo ello puede ser un síntoma de las “malas compañías espirituales” que poseen sin darse cuenta.

Algunos de los síntomas que se pueden percibir al hablar con estas personas pueden ser los siguientes:

  • Ideas erróneas. Fantasía, medias verdades, mezcla de ideas inconexas.
  • Falta de atención. Dispersión mental.
  • Fijaciones mentales. Bucle de ideas repetitivas.
  • Autocompasión. Falta de confianza en uno mismo. Ideas negativas.
  • Rebeldía. La culpa de los otros. Injusticias. Resentimiento.

Otros directamente, cuando acuden buscando consejo y orientación, ya son conscientes de que algo no va bien, sienten la presencia y la influencia clara de seres invisibles que les inducen a transitar por caminos tortuosos, con entorpecimientos y dificultades en la vida que el afectado no considera normales. También con manifestaciones mediúmnicas espontáneas que dejan patente el problema sin ningún género de dudas.

La mejor psicoterapia para estos casos consiste en atender a estas personas fraternalmente, con bondad, con paciencia, pero con firmeza, indicando que la principal premisa para comenzar a resolver su conflicto consiste, una vez ha expuesto su problema, en escuchar atentamente las aclaraciones que se le van a dar y poner los medios necesarios para resolver su conflicto. Hacerle ver que su problema no se soluciona con fórmulas mágicas, ni con pases, ni con trabajos especiales o milagrosos. La llave y la puerta de salida la tiene el paciente. Nosotros podremos orientar, pero el esfuerzo le compete exclusivamente a él, salvo en los casos más graves.

Con las palabras del orientador inspiradas por los buenos espíritus, aclarando dudas y conceptos, ofreciéndole nuevas ideas que le den otra visión del problema, se busca modificar la estructura psíquica de la persona perturbada, siendo esto la mejor forma de iniciar su recuperación.

La clave se encuentra en las palabras de Joanna de Ângelis: “Todo empieza en el pensamiento. Toda vez que un pensamiento fuera perturbador, substitúyalo por otro que sea positivo”.

Si son capaces de salir de esa espiral negativa, sustituyendo los pensamientos perniciosos por otros más saludables y optimistas, el proceso de autocura, de desobsesión, estará en marcha favorablemente. Pero para ello se requiere constancia; esto se traduce, por ejemplo, en acudir regularmente al centro espírita para escuchar y participar de las actividades, aunque sea como oyente. Durante su estancia, el mundo espiritual aprovecha para trabajar la parte psíquica y espiritual del obsesado, así como también a los obsesores.

La oración juega un papel fundamental. Como reza el evangelio: “Pedid y se os dará”. De esta forma, se puede establecer un puente que rompa los lazos perniciosos con estas entidades malévolas, entrando en contacto con la fuente divina de amor a través de sus mensajeros; restableciendo poco a poco el equilibrio, adquiriendo fuerzas para rechazar sus embestidas, retomando el control sobre uno mismo amparado por la confianza absoluta en lo Alto.

Son variadas las tareas que realizan las entidades positivas, o equipo espiritual, sobre el recinto de reunión que es el centro espírita. También en los lugares en que ocasionalmente se pudiera celebrar una actividad doctrinaria y de estudio, esto es, acudiendo previamente al recinto, para higienizar psíquicamente y magnéticamente el lugar donde se va a celebrar. Allí se crea un “cordón de seguridad” que las entidades negativas y obsesoras no pueden traspasar. Al quedarse fuera, tratarán de controlar a distancia, mentalmente, a su víctima; y si no les es posible, entonces aguardan su salida para retomar la influencia nociva.

En lo que respecta sobre la terapia de desobsesión, se puede decir que existen dos procesos simultáneos muy importantes. Por un lado, el atendimiento fraterno, las palabras que se le puedan trasladar a la persona con problemas; y por otro, la gran labor por parte de las entidades benefactoras que estudian el caso, siendo ellos mismos generalmente los inductores de dicha visita para aportarle la solución adecuada. Toman nota de los perseguidores del paciente para que, cuando sea posible, recogerlos y llevarlos a trabajos específicos de desobsesión, sea en ese mismo centro o en otro que ellos consideren apto para dichas sesiones mediúmnicas.

Para conseguir el éxito en esta empresa, es imprescindible la implicación de todos los trabajadores espíritas; esto se traduce en un trabajo diario, tanto a nivel personal, de reforma intima, de la adquisición de los conocimientos básicos, como también de un esfuerzo común para convertir el centro espírita en un remanso de paz y de fraternidad mutua. El trabajo especializado de las entidades superiores, si se encuentra dinamitada por pensamientos desequilibrados de los propios componentes del grupo, si existen rencillas, rencores, resentimientos, desconfianza o incluso cualquier modalidad de fanatismo, complica sobremanera el trabajo de las entidades benefactoras. Podemos tener grandes proyectos para ayudar en las tareas de auxilio espiritual; sin embargo, la principal premisa, la más ingrata y que menos gusta por el sacrificio que representa, es la renuncia a los egos, a los personalismos; el esfuerzo por conseguir la unión de todos, trabajando para que se puedan dar las condiciones adecuadas para poder ayudar con eficacia a nuestros semejantes.

De esta manera, y sin apenas darse cuenta, los trabajadores espíritas pueden hacer una gran labor sin ningún tipo de protagonismo innecesario, puesto que al comprender la mecánica del trabajo que realiza el mundo espiritual con los problemas de obsesión, se despeja cualquier duda y traslada un mensaje de seguridad. Es decir, actuar con sencillez y deseos de ayudar al prójimo, además de una buena base de conocimientos, es más que suficiente para realizar un trabajo de desobsesión de calidad. La clave consiste en convertirse en instrumentos dóciles y sin afán de protagonismo, conscientes de que la verdadera labor, como ya hemos comentado en otras ocasiones, le pertenece a ellos, que son los que saben de la verdadera dimensión de los problemas actuales y pasados de las personas que acuden a nosotros pidiendo ayuda.

En resumen, el bien siempre sobrepuja al mal, pero hay que buscar los medios para conseguirlo. Alimentando la razón con el conocimiento espiritual, la unión y el trabajo interior de cada uno, se estará contribuyendo a que la parte espiritual positiva encuentre el marco ideal donde poder atraer a todas aquellas almas perdidas, desorientadas, que necesitan de la luz del amor y del conocimiento clarificador. Esta es la tarea importante que nos atañe y ese es el compromiso que firmamos antes de encarnar.

 

José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

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