Aspectos Mediúmnicos

AYUDA A LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES 1

Entre las múltiples tareas encomendadas al ejercicio de la mediumnidad se encuentra la ayuda a los espíritus sufrientes; aquellos que encontrándose en el mundo extra físico, por diversas causas, necesitan un auxilio que les saque de su situación espiritual de bloqueo, rebeldía o ignorancia.

No vamos a hacer en este artículo un análisis exhaustivo de las condiciones espirituales en las que se encuentran las almas de aquellos que abandonan el cuerpo físico, ni de los diferentes órdenes de espíritus. Existe bibliografía muy extensa al respecto, empezando por las obras de Allan Kardec; El Libro de los Espíritus, donde nos habla de la escala espiritista, o también El cielo y el infierno, donde en su segunda parte recoge testimonios de espíritus en diferentes condiciones espirituales, explicando su situación temporal; sus sensaciones, pensamientos, sentimientos, etc.

No obstante, vamos a reproducir algunas ideas básicas que expone el insigne codificador en otra de sus obras; ¿Qué es el espiritismo?; en el capítulo número III, respecto a la muerte y a la situación de las almas al dejar su cuerpo físico: “En el momento de la muerte al pronto todo está en confusión, necesita el alma algún tiempo para reconocerse; está como aturdida…la memoria de lo pasado le vuelven a medida que se borra la influencia de la materia…

El tiempo de turbación que sigue a la muerte es muy variable; puede ser de horas o incluso de años…

La sensación que el alma experimenta en aquel momento es también muy variable, depende de si ha sido una persona de bien o más bien materializada…”

En base a los conocimientos y a la experiencia acumulada podemos aportar algunas ideas respecto a este tema, dejando por sentado de antemano que, el verdadero trabajo de ayuda lo realizan los hermanos espirituales superiores.

Partiendo de ese punto, nos podemos dar cuenta fácilmente que, aquellos espíritus que son llevados a las reuniones mediúmnicas para su esclarecimiento, son seleccionados minuciosamente para tal fin; son espíritus que por sus características necesitan un contacto próximo con la materia y con los encarnados para su desbloqueo espiritual; al mismo tiempo, comprender su estado y prestarse a una nueva fase de recuperación en lugares adecuados, adaptados a sus necesidades más perentorias.

Por un lado están aquellas almas que despiertan a la vida espiritual en plenitud y llenos de felicidad, que son aquellos que han persistido en el bien y han controlado sus malas inclinaciones; para quienes el transito es como un ligero sueño, desembarazándose de un cuerpo pesado y molesto que ya no necesitan.  Y por otro, están aquellos que viven distintos procesos en donde pueden necesitar en algún momento de su transición, el esclarecimiento que les permita adquirir lucidez y de ese modo salir del bloqueo espiritual que les impedía avanzar. Esto significa que hay espíritus que encuentran la luz, la claridad a su situación con, simplemente, escuchar alguna conferencia de índole espiritual, a otros les es suficiente con acudir a una reunión mediúmnica y observar lo que allí acontece y se habla.

Muchos espíritus, con más dificultades que los anteriores, necesitan pasar por una materia, un cuerpo físico, para recibir un fogonazo de luz que les permita reconocerse, y sin necesidad de hablarles, comprender que durante un instante han estado en un cuerpo que no es el suyo, para, a partir de ahí, completar su esclarecimiento en el mundo espiritual por sus seres queridos ya desencarnados, o  por especialistas en estas funciones abnegadas.

Hay también un grupo muy numeroso de espíritus en condiciones lamentables, que necesitan un diálogo directo con el adoctrinador; aquella persona del equipo mediúmnico que desempeña esta labor, aprovechando la fuerza espiritual, las vibraciones y los pensamientos de sus compañeros de equipo, en sintonía con los trabajadores del otro lado.

Pueden ser espíritus que son recogidos en el instante de su muerte; desconcertados, aturdidos.

Algunos no comprenden que, de repente, nadie les haga caso, nadie de su familia les hable; vagando de un lugar a otro, o quedándose en sus lugares favoritos como si todavía estuvieran encarnados.

Muchos son recogidos del umbral, de las zonas purgatoriales donde permanecen durante mucho tiempo por afinidad vibratoria. Son aquellos que han vivido por y para la vida material; han podido hacer daño a sus semejantes o simplemente han vivido para sí mismos, sin aportar nada a los demás.

También están el caso de los obsesores, espíritus perversos, líderes de las sombras; o de aquellos que simplemente no han perdonado las afrentas del pasado y se creen con el derecho de cobrárselas indefinidamente, causando tormento a sus ahora, víctimas. En estos casos, es muy frecuente que sean obligados a acudir una o varias veces al trabajo mediúmnico, dependiendo de la situación de cada obsesor en particular, su grado de rebeldía, para ser poco a poco sensibilizados; respirando y viviendo, aunque sea momentáneamente, un ambiente armónico, equilibrado, que les ayude a recapacitar; y con la ayuda de seres amorosos, muchas veces los propios familiares del pasado, efectuar ese cambio fundamental en sus vidas.

Menos complicado resulta con aquellas almas de buena fe que esperan un cielo con sus ángeles, que no tienen conocimiento alguno del tránsito a la otra vida y las circunstancias que la envuelven; y puesto que tienen por educación y cultura religiosa otra visión del más allá, creen no estar muertos, sin embargo muchas piezas de la nueva realidad no les encajan y se quedan aturdidos, desorientados y hasta angustiados.

No podemos olvidar tampoco a los ateos, aquellos que a lo largo de su vida se mostraron escépticos, reacios a aceptar nada después de la vida. La sorpresa es mayúscula, necesitando en muchos casos, ayuda espiritual.

Por todo ello, ha de resultar lógica y razonable la idea de que, un conocimiento espiritual como el que nos aporta la doctrina espírita, puede ser de gran ayuda en el tránsito de la muerte a la nueva vida.

Sin embargo, es muy importante recalcar que, por encima de todo: “…La turbación que sigue a la muerte nada tiene de penoso para el hombre de bien; está en calma y es semejante, en un todo, a la que acompaña a un despertar apacible.” (¿Qué es el espiritismo? Allan Kardec.)

Lo que significa que, por encima de las creencias o de los conocimientos, están los hechos, los sentimientos, las buenas obras; el tipo de vida que la persona ha llevado a lo largo de su existencia física. Si realmente ha sabido aprovechar el tiempo en tareas edificantes, con sentido de la responsabilidad y del deber.

Al mismo tiempo, en todas las situaciones, la oración sentida les resulta muy útil a los desencarnados, sobre todo a  los sufrientes, pues dependiendo de su situación, les sirve de alivio, estímulo y de amparo para sobrellevar su carga mucho mejor.

Como nos indica en la misma obra de referencia, en el ítem 161: “La oración está recomendada por los buenos espíritus y además es solicitada por los que sufren… El alma por la cual se ora experimenta alivio… por la oración se le lleva al arrepentimiento y al deseo de hacer lo que le es necesario para ser feliz…”

En el próximo artículo continuaremos hablando sobre este tema, pero más concretamente sobre el tipo de diálogo recomendable para con los espíritus sufrientes, esperando aportar algunas ideas generales, sencillas que puedan ser útiles, pero sin ninguna pretensión, puesto que existen obras, como comentábamos al principio, que desarrollan con gran lucidez y maestría esta temática. Además de los mencionados El Libro de los Espíritus y El Cielo y el Infierno de Allan Kardec, podríamos citar, Diálogo con las sombras de Herminio de C. Miranda; Senderos de Liberación de M. Filomeno de Miranda; Trabajo Mediúmnico (Desafíos y Posibilidades) de Carlos y Vera Campetti, o La Obsesión-el Pase-el Adoctrinamiento de J. Herculano Pires, entre otros.

 

Ayuda a los espíritus sufrientes por:   José M. Meseguer

© 2017, Amor, Paz y Caridad

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