Aspectos Mediúmnicos

AYUDA A LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES 2

Continuando el artículo anterior que trataba sobre el interesante tema: Ayuda a los espíritus sufrientes. Hablaremos ahora de algunas de las innumerables situaciones en las que se pueden encontrar las personas que abandonan su cuerpo físico, y en la misma línea, abordaremos también el capítulo relativo al contacto y diálogo que sería adecuado mantener con esos espíritus necesitados que acceden a los trabajos de ayuda.

Partimos de la base de que para poder ayudar, primero hay que escucharles, y determinar las características de su problema, para de ese modo, concretar el tipo de ayuda y orientación que necesitan. Esto no significa que se pudiera asemejar a una especie de interrogatorio por parte del adoctrinador, preguntando detalles del todo irrelevantes que no aportan nada positivo ni le ayuda en nada a la entidad perturbada. Hay que dejarles hablar pero con mesura, con equilibrio, siendo tratados con amor y comprensión, con delicadeza pero al mismo tiempo con firmeza cuando la ocasión lo requiera.

En líneas generales, resulta conveniente que lleguen a comprender su situación real, que perdieron su cuerpo físico y que se encuentran en una nueva fase de su camino evolutivo. Es habitual que los colaboradores espirituales aprovechen ese momento en que el orientador les informa sobre su separación del cuerpo físico para proyectar en su mente la imagen del cuerpo abandonado y en descomposición, lo que genera un fuerte choque emocional que les hace reaccionar y asumir la realidad del cambio.

Otros desencarnados, al comprender que ya no pertenecen al plano terrenal, se sienten fuertemente preocupados por la situación de los seres queridos que dejaron en la Tierra ¡¡Que va a ser de ellos!! Ante esta situación, les recordaremos que no estamos solos y que la misericordia del Padre ampara y alcanza a todas sus criaturas por igual, porque todos somos hijos suyos, creados por Él a su imagen y semejanza espiritual.

Durante esa transición, resulta muy necesario para los desencarnados desligarse psicológica y emocionalmente de los seres queridos y las cosas que dejaron atrás en la Tierra. Esta separación psicológica y emocional les facilita en gran medida su desprendimiento del cuerpo físico y una más rápida adaptación a la nueva realidad. Mientras tanto les están esperando los familiares y amigos que les antecedieron en el tránsito.

El sentimiento de culpa por los errores cometidos en la vida física, también es muy común para ciertos desencarnados. Muchos son rescatados de zonas del umbral donde han sido severamente castigados y sometidos. Es decir, organizaciones del mal que atrapan a ciertos incautos que por sintonía vibratoria no han sido capaces de salir del pozo que ellos mismos se han construido con sus graves faltas, viéndose obligados a someterse a estas entidades perversas, que se arrogan la autoridad ficticia de juzgar y condenar a los otros implacablemente. En esta ocasión, el adoctrinador con cierta bondad debe ayudarle a romper con el pasado, mirar hacia el futuro reparador con optimismo, haciéndole comprender que ha sido rescatado para no volver nunca más a esos lugares. Para ello, necesita revestirse de una actitud positiva, de fe y oración para fortalecer el espíritu.

Otro grupo de entidades muy necesitadas, suelen ser la de aquellos que han sido clérigos, sacerdotes, obispos, o cualquier otro tipo de autoridad eclesiástica. Muchos de ellos, dominados por sus férreas creencias y pensando en su posición religiosa destacada, esperan ansiosos la presencia de los ángeles guardianes o del mismísimo maestro Jesús para recibirlos en el cielo. Cuando su comportamiento a lo largo de su vida no ha sido acorde a lo que predicaban, se encuentran, al cruzar el umbral, con una realidad muy decepcionante; incluso algunos más rebeldes no están por la labor de admitirla. En estos casos, sin pretender entrar en discusiones espirituales o teológicas, el orientador debe recordarles la importancia de la humildad y la omnipresente bondad de Dios en el camino de la perfección; hacerles ver que los verdaderos méritos no se encuentran en los fastos mundanos, sino en el recto proceder, las buenas obras y el amor a los semejantes. Por lo general, la intervención de un ser muy querido que se encuentra en una buena posición espiritual, consigue sensibilizarlo, reduciendo su orgullo y la aceptación de su nuevo destino.

También resultan curiosos los casos de aquellos nobles del pasado, personas de una posición social destacada, que al ser conducidos al trabajo mediúmnico se sorprenden de que, a pesar de la cantidad de misas que tienen pagadas no hayan recibido lo que consideran que les corresponde. Al comentarles que no es eso importante sino las obras de bien, suelen argumentar las importantes cantidades de dinero que han donado a la iglesia para la construcción de iglesias, conventos o altares; creyendo de esa manera, que van a alcanzar de una manera fácil y rápida el cielo prometido. Su orgullo les ciega, para lo cual se requiere paciencia y comprensión, explicándoles la necesidad de la humildad para someterse a la voluntad de Dios; tomando conciencia de que todos somos hermanos, pero sin privilegios, y que las posesiones materiales así como los títulos son transitorios. Solo nos llevamos las buenas obras, ese es el verdadero tesoro. También resulta significativo, que al finalizar el dialogo, suelen percibir a espíritus que estuvieron con ellos en la tierra, generalmente súbditos que quizás menospreciaron, esperándoles sonrientes, llenos de bondad, con los brazos abiertos. Demostrando tanto a ellos como a nosotros, lo poco que significa la posición social o el tipo de trabajo desarrollado en el plano físico para el espíritu.

Queremos recalcar el papel que juegan siempre los seres queridos ya desencarnados, el hecho de que pasen por una materia los espíritus sufrientes, y puedan permanecer durante breves momentos en otro cuerpo físico que no es el suyo, además de las palabras amables y amorosas del adoctrinador, sirven de puente fundamental para superar las barreras que les separaba de sus afectos y/o familiares más queridos, ya desencarnados. En la inmensa mayoría de los casos, se produce la sensibilización necesaria que les permite captar su presencia, para ser reconducidos y llevados al lugar que les corresponde para su recuperación definitiva, ya lejos de la mesa mediúmnica y del plano físico.

Huelga decir, que la mayor parte del trabajo de ayuda está desarrollado por los componentes del equipo espiritual, sin menoscabo de la valiosa colaboración del equipo humano y la oración colectiva, imprescindible para alcanzar la inspiración, la claridad y la lucidez necesarias.

Existe otro tipo de entidades espirituales que disfrazándose de entidades sufrientes o espíritus elevados, algunos actuando sin mala fe, no aportan nada ni están por la labor de recibir algo positivo porque no les interesa. Se cuelan, o mejor dicho, las entidades espirituales superiores que dirigen al grupo mediúmnico lo permiten como experiencia, y para probar la capacidad de análisis o el grado de fanatismo en que ha podido incurrir un grupo de trabajo. Otra causa puede estar, en ciertas personas del mismo equipo, que por descuido, negligencia o falta de control, se han convertido en “puertas abiertas” a la parte negativa.

En cualquier caso, se necesita de una cierta honestidad, rigor y humildad por parte de los médiums y los asistentes para reconocer estas falencias. A dichas entidades se les debe de tratar con bondad pero con firmeza, haciéndoles comprender que el grupo está para otras necesidades más urgentes y no para pasar el tiempo inútilmente. Hay que tratar de que entren en razón o de lo contrario invitarles a que abandonen el trabajo. Muchas veces hace falta paciencia, constancia para persuadir a dichas entidades de que no se pueden sentir cómodas porque son descubiertas en cada ocasión que tratan de camuflarse en otras supuestas entidades sufrientes o elevadas.

Si la situación se prolonga en el tiempo y no se soluciona, es preferible, en muchas ocasiones, suspender temporalmente los trabajos y recurrir a la oración fervorosa por parte de todos los asistentes, haciendo un autoanálisis sincero de cada uno de los miembros del grupo, para corregir tendencias y actitudes que pudieran favorecer este tipo de manifestaciones improductivas.

No podemos dejar de lado a los espíritus obsesores, que no están dispuestos a perdonar y se empecinan en continuar vengándose y persiguiendo a sus víctimas. No olvidemos que ante sus ojos, la implacable persecución está más que justificada por los perjuicios recibidos. Como no les es posible acceder a la memoria de sus vidas pasadas, no tienen la capacidad para determinar la justicia de sus padecimientos pasados. Es necesario explicarles con cariño y firmeza que la única y verdadera justicia es la de Dios, que con su actitud de venganza no conseguirán nada y que muy al contrario, incrementarán sus deudas y serán más desgraciados. Hacerles ver la necesidad de salir de su espiral de odio y venganza, que es el único camino para aliviar su dolor; conseguir el perdón y el olvido de las ofensas. Deben saber que su permanencia en esta situación (que creen privilegiada) es limitada, y que su víctima dejará en algún momento de serlo, y que se verán solos ante su miseria moral. Por mucho que les pese, su insistencia en el mal será inútil y solo servirá para agravar su condición.

Por otra parte, debemos destacar que, por encima de las circunstancias de cada caso, la caridad es mutua; más de ellos hacia nosotros que viceversa, por la sencilla razón de que nos encontramos todavía en la retaguardia espiritual, llenos de defectos y debilidades. Por lo tanto, no poseemos autoridad moral para dar lecciones o adoctrinar sobre aspectos que ni tan siquiera tenemos superados. En realidad, escuchando sus experiencias, sus desgracias, estamos recogiendo una información valiosa que nos ha de servir para comprender que: “Si no variamos de rumbo o no estamos atentos a nuestro interior, dejándonos llevar por la comodidad o las tendencias materiales, nos puede pasar lo mismo que a ellos.”

Hasta aquí, hemos resumido algunos de los casos con los que nos podemos encontrar, existen muchos más, no obstante, por encima de todo, es necesario insistir en la necesidad de elevar nuestro patrón vibratorio, a través de una conducta moral recta, honesta, sin personalismos o vanidades estériles. Esta será la mejor garantía, junto al discernimiento, el análisis y el diálogo con nuestros compañeros, para mejorar día a día, e ir superando los obstáculos y las dificultades que la experiencia mediúmnica nos pueda presentar. No olvidemos que además de tratarse de una caridad hacia nuestros semejantes, es también un rescate necesario de nuestro pasado lleno de faltas y de un aprendizaje fundamental.

AYUDA A LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES 2 por: José M. Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

 

Transcribimos las palabras de Sebastián de Arauco en su libro “Tres Enfoques sobre la Rencarnación” cuando habla de los espíritus sufrientes:

“Estos, arrepentidos de sus graves errores y maldades y torturados por las acusaciones de su propia conciencia superior, que les presenta en cuadros fluídicos, visiones torturadoras de las maldades y sufrimientos que causaron, visiones de las que no pueden librarse (pues son proyectadas en su propia mente como si fuese una pantalla de cine) y que les llevan a un estado de desesperación tal que claman intensamente desde el astral inferior poder librarse de esa tortura. Son seres evolucionados intelectual y volitivamente pero que han vivido en el error y en la maldad. Y estos clamores (ondas pensamiento) son captados en las esferas superiores por los espíritus que las habitan y que vibran en amor fraterno. Al recibir la llamada, acuden en su auxilio y les hacen ver que su condición es consecuencia de sus propios actos pasados. Cuando estos seres llegan a asumir las consecuencias de sus errores, generalmente se arrepienten. Si este arrepentimiento es verdadero (a los seres superiores no se les puede engañar porque pueden leer en su mente como en un libro abierto) se comienzan entonces los preparativos de rescate de ese plano de sufrimiento (astral inferior).”

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