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FIDELIDAD

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Fidelidad

Fidelidad tiene que ver con todo lo que signifique lealtad, confianza, fe, estamos hablando al mismo tiempo de compromiso, de obligación, de someternos al cumplimiento de aquello que por propia voluntad hemos aceptado.

La fidelidad es propia de las personas nobles, de aquellos que tienen un control sobre su voluntad y saben cumplir con los compromisos adquiridos, sin importarles el esfuerzo que deben realizar para tal fin, o los sacrificios que tengan que hacer. Una promesa hecha a un amigo, una palabra dada en un negocio, un ofrecimiento de ayuda a quien quiera que sea es lo suficientemente transcendente para no olvidarlo y mantenerse fiel, aun pese a las dificultades para no errar o fallar ante dicho compromiso y cumplirlo.

No nos comprometemos por aquello que carece de valor, sino que damos nuestra palabra o hacemos algún tipo de voto por algo que consideramos importante. Si tenemos un amigo al que nos une una gran amistad somos capaces de adquirir compromisos serios con él porque tenemos confianza en su persona, conocemos su valía, estamos seguros de lo que él haría por nosotros y en esa misma medida también hacemos lo mismo por él, es por ello que cuando se contrae un compromiso, una responsabilidad hemos de saber cumplirla. De esa forma, entre amigos por ejemplo se va ampliando y robusteciendo la confianza mutua y creando vínculos cada vez de mayor rango.

El grado de lealtad que sepamos demostrar marcará sin duda el concepto que se formen de nosotros todos aquellos con quienes nos relacionemos. Depende de nosotros el que nuestros amigos, familiares o conocidos nos tengan una mayor o menor confianza, respeto o estima y el que cuenten con nosotros para llevar algo a cabo.

Mantenerse fiel a una idea o principios supone un gran esfuerzo, hemos mantenernos sólidos y razonables y dejar de obrar por impulsos o por lo primero que nos venga a la cabeza, nos debemos a una causa y puesto que formamos parte de algo hemos de ser consecuentes con ello y luchar por responder al compromiso que supone la aceptación de una idea.

No valen las excusas o justificaciones en este terreno, no vale el «donde dije digo, digo Diego», no, precisamente fidelidad implica superar las barreras u obstáculos que puedan surgir para cumplir los compromisos asumidos. Es preciso tener autoestima, respetarse, voluntad y honestidad para mantenerse firme ante la palabra dada. Si todo nos da igual, si no tenemos una meta trazada, algo por lo que luchar, cualquier impedimento que nos asalte bastará para dar marcha atrás y no cumplir el compromiso. Esto sólo va en detrimento de nosotros mismos.

Sin embargo si nos importa no el quedar bien únicamente, sino nuestra valía personal, si nos importan nuestros propios valores, haremos lo imposible para alcanzar el logro de nuestros objetivos. La fidelidad es algo que arranca de lo más profundo de nuestro ser espiritual, es en muchas ocasiones algo que no se puede explicar exactamente con palabras pero que tiene que ver con la fe en Dios y con la capacidad de renuncia y sacrifico en aras de una causa justa y noble.

Lealtad, fidelidad, confianza y todos sus derivados son un sentimiento espiritual que moviliza todas nuestras energías y que difícilmente pueden entender todos aquellos que sólo persiguen en sus vidas proyectos materiales, que no confían más que en sí mismos y que sólo ven a su alrededor adversarios o enemigos. Los egoístas, los ambiciosos, los envidiosos, los que no creen en nada, no pueden ser leales. Si hacen algo es por su bien, porque persiguen su propia satisfacción. En estos no se puede confiar plenamente. Para ser fiel o leal hace falta creer en algo, sentirse comprometido con un ideal, o estar imbuido de un sentimiento de que estamos aquí por y para algo y de que nos debemos hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes el mayor respeto y consideración, para que no seamos capaces de faltar a nuestra esencia espiritual que es lo que nos da la fuerza y la vida.

Por medio de la fidelidad se forjan los vínculos más fuertes y solidarios entre todos aquellos que participan de un mismo proyecto, pues llega un momento en que se ponen a prueba nuestras cualidades o verdaderas intenciones a través de situaciones inesperadas, es entonces cuando demostramos si nuestra fe es fuerte y estamos dispuestos a seguir adelante, aun a pesar de renunciar a algo o tener que hacer un nuevo esfuerzo. La fidelidad une por medio del amor y de la entrega que se ofrece de uno mismo a los demás. Sin embargo cuando las personas se unen por intereses particulares se crean cadenas con las cuales los más fuertes dominan a los más débiles. Es la diferencia entre la unión espiritual por medio de la lealtad y el estar dispuesto a cumplir con los compromisos y obligaciones que a cada cual le toca, y la unión material que permanecerá mientras exista la posibilidad del beneficio particular y egoísta.

Para poder ser fieles o leales a algo, como estamos viendo, es necesario sentirse parte de un todo, una pieza dentro de una gran maquinaria, y como tal aceptar que es más importante ese todo que el «yo» de cada individuo. Es entonces cuando de forma natural y espontánea comprendemos y aceptamos que nos debemos a ese todo con todas nuestras fuerzas. Expresándolo como lo hizo un gran maestro espiritual, con toda nuestra mente, con toda nuestra alma y con todo el corazón.

Si estamos inmersos en una actividad en la que participamos junto a otras personas y además ésta es de naturaleza espiritual, tenemos que aprender a dejar a un lado nuestro yo humano, y comenzar a poner en práctica la virtud de saber confiar en los demás, poniendo como premisa que en nosotros es en quien primero se puede confiar por la lealtad que demostramos.

Fermín Hernández Hernández

© 1998 Amor, paz y caridad

AMOR A LA NATURALEZA

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Amor a la naturaleza

El amor tiene infinidad de manifestaciones, una de ellas es el amor a la naturaleza; amar el medio ambiente que nos rodea, los animales, las plantas, todos los seres vivos. No debemos pasar por alto los momentos reconfortantes que podemos pasar en medio de la naturaleza.

La naturaleza nos ofrece todo, es una manifestación de Dios, es la obra de Dios. Estar conectado con la naturaleza nos ofrece multitud de beneficios, la luz, el sol, el aire puro, las corrientes de energía, la serenidad, la contemplación de las bellezas que encierran sus paisajes, sus formas, la vida que encierra por doquier. Es todo un esplendor, es una obra perfecta, que se nos ha dado para nuestro disfrute y bienestar, y por consiguiente, hemos de aprender a experimentarla, y debemos tenerle todo el respeto, por su grandiosidad, por su generosidad. Por todos los bienes que nos concede debemos amarla, cuidarla y preservarla.

Estamos muy acostumbrados a vivir en la cuidad, siempre bajo techo, bajo un entorno urbano, y en muchos casos nos hemos olvidado de que existe esa naturaleza a nuestro alrededor, que no la disfrutamos, no la valoramos  y por ello dejamos de obtener sus beneficios, los que podemos gozar con el solo hecho de dar una paseo por un bosque, una montaña, un valle, una playa, etc. Nos estamos olvidando de que vivimos gracias a la naturaleza, al campo, sin ellos no habría aire que respirar, se perdería el equilibrio necesario para que fuese posible la vida del ser humano en la tierra, al menos por los medios naturales.

La naturaleza es inagotablemente sostenible si cuidamos de ella. Es nuestra responsabilidad universal pasar una tierra sana a nuestras generaciones.

(Dennis Gabor)

No nos damos cuenta de que nos es preciso salir a los espacios abiertos, donde la providencia nos habla por medio de la naturaleza, donde se respira otro tipo de vida, donde es más fácil pensar con profundidad, meditar, sentir que somos uno con la propia naturaleza, y que ésta nos conecta y nos eleva a estadios de conciencia más puros, nobles y sencillos.

Las comodidades de la vida en las ciudades nos sumergen en mundos cada día más artificiales, nos conducen a sentirnos como una especie de seres aparte en la Creación, y nos creemos con derecho a todo, superiores a todo, y en muchas ocasiones incluso nos creemos dueños de la propia Naturaleza, no nos importa destruirla.

Unido esto a los intereses materiales, procedemos a talar hectáreas y hectáreas de bosque, destruyendo el medio ambiente en donde viven infinidad de especies de animales y plantas, abusamos de la explotación de los mares, contaminamos las tierras con fertilizantes y venenos, que a largo plazo dejan si vida a la tierra; contaminamos los ríos, los mares, todo tipo de aguas, matamos a los animales, por deporte, por placer, por dinero, sin respetar las especies. En fin, todo un extenso catálogo de barbaridades y despropósitos que han dejado muy mermado y trastocado nuestro planeta. Aquel que debíamos cuidar y respetar, lo estamos destruyendo y reduciéndolo a la más mínima expresión.

Prefiero rosas en mi mesa, que diamantes en mi cuello.

(Emma Goldman)

Todo ello por no comprender que todos somos UNO, que somos parte integrante de la naturaleza, y que debido a nuestra superioridad con el resto de las especies tenemos una responsabilidad sobre la misma, y debemos asumir el deber de cuidarla y respetarla, haciendo que no se pierda el equilibrio y la perfección del que Dios la ha dotado.

Esto es cosa de todos y cada uno de nosotros, no es responsabilidad de los gobiernos solamente. Los gobiernos si no se sienten presionados por la sociedad en general, acaban descuidándose, haciendo la vista ciega y permitiendo que las industrias y todo tipo de empresas, para sacar beneficio, hagan lo que están haciendo hasta ahora. Debemos ser partícipes todos en hacer cumplir las leyes, que están creadas, para cuidar el medio ambiente y restablecerlo de los errores y los abusos que se han cometido durante décadas.

No hay mayor beneficio que el de poder disfrutar de un planeta limpio, sano, en armonía con las leyes naturales, un planeta vivo, en donde convivan todos los seres vivos aportando cada uno sus cualidades y bellezas. Un planeta al que si se le respeta y se le mima, da ciento por uno, un planeta al que por el contrario, podemos estar condenando a la esterilidad, la destrucción y la fealdad.

¿Quién puede asegurar que algunos fenómenos que se producen como la sequía, los desajustes climatológicos, por ejemplo no son consecuencia de la falta de respeto y los abusos que estamos cometiendo con nuestro entorno?

En la naturaleza no hay recompensas ni castigos, hay consecuencias.

(Robert Green Ingersoll)

Aprendamos a vivir en armonía con la naturaleza, disfrutemos de las maravillas que nos ofrece, salgamos a la naturaleza a pasear, meditar, a sentirnos unidos a ella como parte de Dios mismo. Recordemos que amar a Dios es amar su obra. Cuando amamos a una persona respetamos lo que ella hace, la protegemos; igualmente debemos respetar y proteger a la naturaleza porque es parte de Dios mismo.

El amor es un sentimiento, una actitud, una forma de vivir, el amor no se limita a una persona, familia u otras cosas que forman de la vida de uno, es algo más grande y conceptual. El amor va creciendo vida tras vida, a medida que el ser espiritual que está dentro de cada uno de nosotros se va sensibilizando, va de menos a más. El amor hacia los seres más queridos, es solo un ensayo para ir aprendiendo y creciendo cada vez más. Como un sentimiento, una emoción y una manera de vivir, el amor no se limita, ni se encoge, se expande y se abre cada vez más hacia  todo y hacia todos.

Cuando dañamos la naturaleza y no le guardamos el debido respeto, nos estamos dañando  a nosotros mismos.

Amor a la naturaleza por:   Fermín Hernández Hernández

©2016, Amor, Paz y Caridad

Mira profundamente en la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor.

Albert Einstein.

DESPERTAR FELIZ

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El despertar feliz

Una vez hemos asumido que el desprendimiento del cuerpo físico es diferente en cada persona, en función de sus propios actos, realizaciones, creencias e ideas, (Obras y méritos alcanzados en la vida en la Tierra) pasamos a profundizar sobre cómo será el despertar en ese Más Allá que nos aguarda. Entonces puede ser un despertar  feliz y afortunado o desdichado y doloroso.

En este primer artículo veremos la opción despertar feliz.

¿A dónde vamos en un primer momento? ¿Con quién nos encontraremos? ¿Habrá alguien esperándonos al otro lado? ¿Recibimos ayuda inmediatamente? ¿Qué es la turbación del espíritu? ¿Tenemos la posibilidad de entrar en contacto con nuestros seres queridos ya fallecidos? ¿De ser así, podremos hacerlo directamente o a través del alguien?

Existen muchos y variados interrogantes a los que intentaremos responder.

Al producirse la separación entre el cuerpo y el espíritu dejamos de pertenecer a la esfera social humana. A partir de ese momento, el espíritu se sumerge en un estado de turbación en el que pierde el conocimiento y las facultades. Ese estado de turbación guarda muchas similitudes con las sensaciones que el espíritu sintió al encarnar. Su duración puede variar, siendo muy corta para los espíritus más adelantados y, muy larga y dolorosa, para los espíritus más materializados, que no llegan a comprender lo que están experimentando. No asimilan el hecho de haber abandonado la vida física y rehuyen los cambios a realizar. Desean «La vida que habían llevado anteriormente» y por descontado, no quieren reconocer los errores que cometieron en esa vida recién concluida. Esta actitud es un grave error que será comprendido y asimilado más pronto o más tarde.

Para unas personas es como un sueño ligero del que despiertan con un sentimiento de plena felicidad y con predisposición a continuar progresando, comprobando que se adaptan fácilmente a esa nueva situación. Y es simplemente… que ya no tienen nada que temer.

Para las personas materializadas y recalcitrantes, aceptar la nueva situación se convierte en una auténtica pesadilla de la que difícilmente pueden librarse pues, con sus pensamientos y actitudes retrasan su propio adelanto espiritual. Entienden la muerte como la destrucción total de la vida que mantenían pero, como perciben que continúan completamente vivos, este sentimiento les mantiene sumergidos en una total confusión y se rebelan contra la nueva situación.

Indicaba Jesús de Nazareth: «La casa de mi padre tiene muchas moradas». Moradas que existen tanto en el plano material como en el espiritual y cada persona accede a aquella que le corresponde en función de sus virtudes y defectos, es decir, en función de su quantum vibratorio. En el plano espiritual existen numerosos niveles de conciencia distribuidos en diferentes «Planos astrales» a los que denominaremos: Astral superior, astral inferior y umbral. Este último es la faja vibratoria más cercana a la Tierra. Básicamente, ésta es una descripción muy genérica pues realmente existen tantos planos de vida como niveles de conciencia. Los espíritus se reúnen en función de su sintonía o quantum vibratorio en: Ciudades, regiones, etc., que les albergan en función de su grado de evolución o lo que es lo mismo, de su similar faja vibratoria.

Por Ley Cósmica de Afinidad, cada espíritu accede exclusivamente allí donde le corresponda en función de la mencionada frecuencia vibratoria. En el Mundo Espiritual existen incontables niveles espirituales (Es lo que conocemos como Ley de Jerarquía Espiritual). Desde el ser más primitivo hasta los seres de mayor elevación existe una escala casi infinita. Hay igualmente un grupo de espíritus cuya misión específica es la ayuda a los recién desencarnados.

Aquellas personas fallecidas con espíritus elevados y nobles sentimientos son acogidos por estas entidades espirituales, que los reciben amorosamente y les trasladan al hogar que les corresponde según su nivel de adelanto. Del mismo, aquellos que necesitan reposo por sus circunstancias particulares, atenciones médicas, o cuidados consecuencia de largas enfermedades, incapacidades, etc., son conducidos a hospitales y clínicas para su rehabilitación. Una vez recuperados, podrán emprender trabajos que les permitan continuar con su progreso.

En los planos de luz y armonía no existe la obligación del trabajo, se trabaja única y exclusivamente por propio deseo, dedicándose cada cual a aquellas tareas que vocacionalmente puede ejercer y que le aporten los valores y cualidades necesarios para su desarrollo espiritual.

Es el despertar feliz y venturoso del espíritu que comienza a recoger los frutos, los resultados de sus buenas obras en la Tierra. El recién desencarnado recibe, sin haber esperado nada a cambio, la conveniente y necesaria ayuda espiritual para su rescate y auxilio. Esas entidades se vuelcan en su ayuda para esclarecer sus pensamientos lo antes posible y que llegue a comprender su nueva situación y lo mucho que le espera en esa nueva vida del espacio. Una vez liberadas las ataduras de la vida corporal, el ser puede así reincorporase de la forma más natural a una existencia plena en el plano espiritual (Existencia que es la única y auténtica y a la que todos pertenecemos).

Es un despertar feliz cuando recobramos todas nuestras facultades, cuando volvemos a ser conscientes del paso realizado, cuando recordamos nuestra vida en la materia como una lección que necesitábamos aprender y estamos dispuestos a seguir trabajando en las obras que el futuro nos tiene reservadas. Resulta imposible describir con nuestras limitadas palabras la dicha inenarrable que siente el espíritu cuando ve ante sí el premio que Dios le reserva por haber superado las pruebas y experiencias vividas en el planeta. Es inmensa la dicha que reina en esas ciudades de armonía, luz y amor, en las que todos los seres colaboran en pos del bien común. Por decirlo de algún modo, recibimos el ciento por uno.

Llega entonces el reencuentro con los seres queridos que nos antecedieron en la vuelta a la vida espiritual. Allí tenemos reservados un hogar, una estancia y una vida plena rodeada de espíritus afines que vibran en una sintonía semejante a la nuestra y, dónde sobre todo, reina el respeto a Dios, a su Obra y el íntimo deseo de continuar progresando.

Hasta llegar hasta aquí, habremos pasado por una pequeña turbación, sí… pero, gracias a la preparación espiritual adquirida con nuestro comportamiento en la Tierra, gracias a nuestra buena predisposición, y a la fe en la continuidad de la vida, nos hemos ganado la ayuda de los colaboradores en el proceso desencarnatorio descrito en los párrafos anteriores. Así, despertaremos rápidamente a la vida espiritual y viviremos la felicidad del reencuentro con nuestros seres queridos y recuperaremos nuestra verdadera identidad, preparados para continuar con nuestra evolución.

Comprender las Leyes Universales, tener la claridad de ideas necesaria y estar en las condiciones íntimas adecuadas no significa que tengamos carta blanca para poder visitar a los seres queridos que hemos dejado atrás en la Tierra. Esta decisión es atributo exclusivo de seres de mayor elevación, quienes dirigen esas visitas y son conocedores de las características y necesidades particulares de cada persona.

Y es que cada espíritu ocupa el lugar que le corresponde, tanto en la tierra como en el espacio. Cada persona debe ocuparse de su propio trabajo y progreso y ajustarse a la planificación y cumplimiento de los objetivos que se ha marcado para su proceso evolutivo.

Al contrario de lo que muchos pudieran creer, no pensemos que nuestros seres queridos, ya desencarnados, tienen la posibilidad de estar a nuestro lado cuando lo desean para ayudarnos en nuestra existencia. Pueden visitarnos en momentos muy puntuales, por breve espacio de tiempo y, siempre con la debida autorización. Esto es debido, por un lado, al hecho de que no estarían cumpliendo su misión en el plano espiritual como deben, y por otro, al hecho de que resulta difícil mantenerse dentro de la esfera terrestre, al no ser este su hábitat natural. Los encarnados a su vez, tenemos también una misión que cumplir (Nuestro propio camino)  y debemos dejar que ellos sigan el suyo propio.

Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia labor a realizar y únicamente nos reencontraremos con nuestros seres queridos cuando la Providencia lo estime oportuno. Siempre podemos evocarles o pedirles ayuda. Desde el espacio, ellos siempre nos escucharán pero, deben seguir necesariamente con su trabajo y línea evolutiva. Por Ley de Jerarquía Espiritual, vendrán a ayudarnos únicamente aquellos espíritus destinados al auxilio, socorro, protección y amparo a los recién desencarnados. Nuestros familiares y amigos solo podrán hacerlo muy puntualmente, siempre que su fortaleza, medios y grado de adelanto se lo permita y, contando siempre con el beneplácito de los espíritus responsables.

Sucede exactamente lo mismo cuando pretendemos que acudan inmediatamente a comunicarse con nosotros a través de un médium. Una cosa son nuestros deseos y otra muy diferente, que ese acto se pueda realizar. Podría darse esta posibilidad para un espíritu que se encontrase muy esclarecido y con bastante elevación pero… francamente, resulta muy difícil que esta circunstancia pueda llegar a producirse. Sin mencionar otro problema, tendría que contar con el médium adecuado.

El desconocimiento de las Leyes Espirituales en relación al proceso que sigue todo espíritu una vez desencarnado y, nuestro deseo de querer saber de él, del lugar en que se encuentra, situación, etc., nos lleva en muchas ocasiones a pedir imposibles. Debemos tener paciencia, dejar que los espíritus sigan su propia trayectoria en el plano espiritual y dedicarnos a nuestro propio camino. De este modo no les perturbaremos y podremos centrarnos mejor en nuestra propia evolución.

Igual que nosotros deseamos conocer su estado y condiciones, ellos a su vez, también desean tener noticias nuestras: Si estamos bien, si superamos las dificultades, si logramos nuestros propósitos, etc., por ello, debemos dejar que resuelvan sus propias tareas y que se dediquen al desarrollo de sus labores en el espacio, para qué, llegado el momento, cuenten con los suficientes méritos, fortaleza y preparación para venir a vernos o comunicar con nosotros. No dudemos de que ese momento llegará, eso sí, una vez cuenten con la necesaria autorización. Es entonces cuando nos levantaremos una mañana con el sentimiento de haber soñado con nuestros seres queridos. Posiblemente han «bajado» a vernos y están a nuestro lado por unos días.

Mientras tanto, pidamos siempre por ellos, para que tengan la luz y fuerza espiritual necesarias para dedicarse íntegramente a sus funciones en el plano espiritual. Ellos, a su vez, también pedirán por nosotros, por nuestro bienestar y para que tengamos la claridad espiritual adecuada en todas las decisiones que debamos tomar. Cumpliendo estos requisitos y con buena voluntad y predisposición, también podemos aprovechar las horas del sueño para re-encontrarnos con nuestros familiares y amigos.

Debemos tener presente que lo que más influye al espíritu, tanto encarnado como desencarnado, es su grado de adelanto espiritual. Esto le puede permitir que pueda realizar, o no, una determinada serie de trabajos. Los espíritus, una vez inmersos en la vida espiritual y en los esfuerzos necesarios para seguir evolucionando, dejan de interesarles las motivaciones de la vida terrestre. Tienen todo el Universo por delante, y saben que todo llega a su debido momento.

Despertar Feliz por:    Fermín Hernández Hernández

© 2016 Amor, paz y caridad

 

AUTOESTIMA

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Autoestima

Autoestima es el concepto que tenemos de nuestra valía personal y de nuestra capacidad ¡Qué importante es la autoestima en la vida de una persona! Más aún lo es cuando dicha autoestima está exenta de egoísmo y la persona no enfoca sus capacidades hacia sí mismo, sino que las pone en práctica para desenvolverse positivamente y servir de ayuda a todos aquellos que tienen la oportunidad de relacionarse con él.

Se puede decir que el sentimiento de autoestima que nos profesamos es una especie de conducto que nos ayuda a amar y a servir a los demás. Si no somos capaces de sentirnos bien con nosotros mismos es difícil que podamos sentirnos bien con los demás. Es por tanto necesario que nos tracemos una meta constante que consiste en ser fuertes para superar día a día las dificultades que se nos presenten, no permitiendo que éstas amilanen nuestro carácter o nos hagan hundirnos por los fracasos o tropiezos que podamos sufrir.

Es importante en este sentido tomar las cosas con la debida serenidad, adoptando una actitud positiva en nuestra vida diaria, dejando que las situaciones que vivamos nos ayuden a aprender un poco más de nosotros mismos y vayan moldeando nuestro carácter. Estamos construyendo nuestra personalidad día a día, hasta el mismo día que dejemos este mundo debemos aprender de las experiencias. El estar dispuestos a aprender forma parte también de la autoestima que hemos de profesarnos, así no estaremos estancados y nuestro talante estará siempre dispuesto a admitir nuevas cosas y a adoptar nuevas iniciativas.

Hemos de hacer hincapié en adoptar cada día y a cada momento una actitud positiva hacia nuestra vida, sin permitir que los errores y tropiezos nos estanquen en nuestro desarrollo personal. El temor, el miedo al fracaso, desconfiar tanto de uno mismo como de los demás y todos esos escollos que forman parte de las actitudes pesimistas y negativas hemos de dejarlos aparte, afrontando nuestras experiencias con valentía, con fe y optimismo para que nos resulte lo más fácil posible adoptar el curso de nuestra vida con entereza, con firmeza, deseando obtener logros y éxitos en vez de rehuir los fracasos. Para alcanzar cualquier meta debemos afrontar la realidad y ser conscientes de los pasos que hemos de dar sin miedo al fracaso.

En principio son los padres quienes deben ir aumentando el caudal de autoestima en sus hijos, animándoles en todo momento, los padres deben ir día a día alimentando en sus hijos un sentimiento de auto estima, haciéndoles sentirse queridos, amados, de forma incondicional sea cual fuere el momento que estos estén atravesando. Este sentimiento de cariño y amor por los hijos hace que estos se sientan importantes, seguros, tranquilos, siendo éste el mejor clima para que los hijos se suelten y comiencen a exteriorizar sus sentimientos, se sientan queridos y respetados y tengan la base que les impulse a ofrecer esas mismas pautas de conducta como su comportamiento normal.

La práctica de ser amables, considerados, serviciales, cariñosos con nuestros semejantes debería ser algo común y normal. Las personas de elevada autoestima van por la calle con la sonrisa siempre dispuesta, con el deseo de agradar, regalando buen humor, irradiando delicadeza y sentimientos positivos hacia sí mismos y hacia sus semejantes. Su forma de ser nos invita a estar a su lado, nos hace olvidar los malos ratos y nos predispone para aceptar la vida con más garantías de éxito. Su sola presencia es una ayuda para nosotros, ¿por qué entonces no nos proponemos adoptar también esa actitud?

Por muy autosuficientes que seamos, capaces de todo,autoconfíados, seguros, etc…, si nos falta el amor y la estima de los demás, nos falta lo más importante y difícilmente llegaremos a sentirnos satisfechos. Todo lo contrario nos volvemos egoístas, disciplinados pero severos, intolerantes, intransigentes, etc…; es por ello que la base de la autoestima podríamos considerarla dentro de estas dos creencias que de forma tan clara nos define Bernabé Tierno:

  1. Soy una persona amada incondicionalmente y soy digno del amor que recibo.
  2. Soy competente, inteligente, válido y capaz. Soy alguien, tengo peso específico, puedo valerme por mí mismo y me encuentro integrado en mi entorno, dueño de mí mismo y de las circunstancias que estoy viviendo.

Con nuestro buen hacer, y dedicación iremos ganándonos el apoyo, la simpatía, el respeto y el cariño de nuestros semejantes, en la misma medida en que nos volquemos en distintas realizaciones haciendo algo a favor de la sociedad, ayudando a un amigo y de un sinfín de formas, iremos alcanzando niveles de aceptación por parte de los demás, que nos ayudarán a mantenernos firmes en la vida, con la mente clara de lo que queremos y con fuerza para sortear los obstáculos que se interpongan en nuestro camino.

Como vemos todo requiere un trabajo, tampoco se nos regala la autoestima, pues por mucho que nos quieran, si por nuestra parte no devolvemos todo ese amor y entrega a la sociedad, nos convertimos en algo estéril. Como un objeto lleno de amor propio pero carente de valor para los demás. Por lo cual no puede haber verdadera autoestima en nosotros si no somos conscientes y reflexivos sabiendo la importancia que tiene nuestra persona en la vida y lo que se espera de nosotros, aquello en lo que nos ha tocado participar y que tenemos que cristalizar con nuestras obras. Cuando estemos en nuestro sitio y sepamos lo que tengamos que hacer y así lo llevemos a la práctica estaremos en perfectas condiciones para desarrollar nuestra personalidad, respirar con sabor cada minuto y sentirnos útiles, dichosos y con deseos de vivir.

Fermín Hernández

© 1998 Amor, paz y caridad

AMOR A LA VIDA

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Amor a la vida

AMOR A LA VIDA

La vida es la mayor oportunidad que se nos puede brindar, es un regalo inapreciable de nuestro Hacedor. Pero… ¿Somos realmente conscientes del Tesoro que se nos entrega con una nueva existencia, con una nueva VIDA y las inmensas opciones y posibilidades que representa? ¿Somos conscientes de la responsabilidad que conlleva aceptar esta nueva posibilidad de progreso?

Conocer los Principios Espirituales y muy especialmente la Ley de la Reencarnación, nos permitirá aprovechar esa valiosísima dádiva.

Es muy conveniente adquirir los conocimientos espirituales necesarios, pues nos  arrojarán la luz y claridad precisas para llegar a conocer el porqué y para qué de nuestra presencia en la Tierra. Con estos conocimientos obtendremos la posibilidad de desarrollarnos en la Vida, en todos aquellos cometidos para los que, (como espíritus) hemos encarnado.

Debemos saber que todas las personas (sin excepciones), “Bajamos” al plano físico y nos envolvemos de un cuerpo material con el fin de llevar a cabo un programa de realizaciones y así, conseguir un grado más en nuestra superación y progreso, (objeto primordial y único de nuestra existencia). Ningún ser humano encarna sin un fin concreto, ningún espíritu recibe un nuevo cuerpo físico para desperdiciarlo perdiendo el tiempo. Nada más lejos de la realidad: Encarnar supone para el Ser Espiritual (Nuestra auténtica realidad) una oportunidad de oro para corregir imperfecciones, errores y malos hábitos del pasado, adquiriendo en paralelo, un grado superior de conciencia y progreso, merced a las experiencias que la vida nos presenta.

Krishnamurti, en su primera obra, “A los pies del Maestro”, decía lo siguiente (Resumido): Hay dos clases de personas en el mundo, los sabios y los ignorantes. Reconoceremos como sabios a los hombres que conocen el Plan Divino de la Evolución. Plan que radica en asumir que somos espíritus en proceso de evolución y, que la vida humana es una experiencia necesaria para despertar y desarrollar las facultades qué, como Seres Espirituales, todos tenemos latentes. Somos Hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza, no en cuanto a las formas, sino en sus atributos.

Así, la vida en la Tierra, la entendemos como una mera etapa en nuestro ciclo evolutivo, como una herramienta de progreso, imprescindible para caminar más rápidamente y disponer de incontables y diferentes experiencias en cada nueva vida. Sin la Reencarnación no existiría progreso, por eso, nuestro Padre nos envía a la Tierra tantas veces sea necesario para experimentar e ir desarrollando los atributos que como Espíritus poseemos en estado latente. Cada Encarnación nos ayuda un poco más a conocernos mejor y nos permite trazar metas a corto plazo que nos ayuden a alcanzar los objetivos planificados.

El espíritu carece de sexo, por ello, dependiendo de las necesidades evolutivas de cada persona, elige venir como hombre o mujer, pues cada rol presenta unas experiencias y dificultades diferentes y, cada una de estas opciones nos permiten desarrollar unas u otras cualidades con mayor facilidad.

Elegimos venir a la tierra con más o menos riquezas, o vivir una existencia de pobreza sumidos en miseria y calamidades. Cada una de estas experiencias concede al Ser Espiritual escenarios muy distintos y en consecuencia pruebas y esfuerzos muy diferentes qué, de ser superados con éxito confieren al espíritu un grado de adelanto muy importante.

El poderoso que abusare de su poder y riqueza, y el pobre de recursos que se rebelase a Dios por las dificultades que encierra su vida de penurias (Vidas, experiencias, previamente escogidas y planificadas), pueden incurrir en decisiones equivocadas que repercutirán en su futuro, fruto de la Ley de Consecuencias o Ley de Acción y Reacción, más usualmente conocida como Ley del Karma.

El rico de ayer podrá ser el mendigo del mañana si fue incapaz de aprovechar los bienes que el Padre y su generosa Ley de Evolución le deparó, usandolos  de forma egoísta y únicamente para sí mismo. Mientras que el mendigo que supo llevar su vida con humildad, que fue capaz de superar la prueba de la envidia, amoldándose a lo que el destino le presentó, puede cambiar su situación futura, pasando por una nueva experiencia y nuevas pruebas.

Tenemos la capacidad de elegir una vida con menos comodidades, más dura, con graves enfermedades, que nos afectarán individualmente junto a los seres más cercanos; en suma, una vida repleta de privaciones, sacrificios y renuncias, con el único fin de forjarnos como el acero. Podemos elegir una vida dedicada a la ciencia, al arte, al estudio o investigación. Una vida dentro de un entorno y familia que nos brinde las experiencias adecuadas para conseguir aquellos valores de los que carecemos. En suma, cada vida representa una oportunidad de oro que pone a prueba nuestros valores y nos permite conseguir nuevas metas y conocimientos.

Las Leyes Universales son perfectas y están creadas como ayuda a nuestra evolución, para canalizar nuestro progreso. La Ley primordial, la que prima por encima de cualquier otra, es la Ley del Amor, mediante la cual nuestro Padre, siempre nos brinda la mejor opción que nos encamine hacia la adquisición de los preciados valores morales. Cada cual por Ley, tiene aquello que “necesita” antes de encarnar, puesto que nuestro Padre, en función del grado de evolución adquirido, nos atiende a través de espíritus de gran elevación, encargados de nuestra ayuda y consejo aquello que más nos conviene y necesitamos para cada nueva existencia. Estos espíritus elevados, dentro de su margen de actuación, nos pueden facilitar ciertas orientaciones que ayuden en nuestro progreso.

No podemos dejar de lado la influencia de nuestro karma acumulado, que tiene peso cada nueva encarnación, de ahí que cada uno por Ley tenga lo que se merece. Es el resultado de la siembra realizada en anteriores existencias.

En cada nueva existencia influyen infinidad de variantes y aspectos que se conjugan de manera sabia, merced a la perfección inmanente en las Leyes constituidas por el Creador, para que todo el Universo guarde el Equilibrio y la Justicia perfectos.

Habituados a pensar en terminos materiales y por tanto olvidando y descuidando la parte espiritual (La que más necesitamos), acumulamos pequeños valores materiales que hemos ido atesorando y que nos sirven de escaso equipaje. Así partimos hacia la Patria Espiritual, con las maletas vacías de lo único que podemos transportar: Los bienes espirituales (El bien, ayuda y apoyo al resto de nuestros hermanos y compañeros de viaje). Y es que… todos nuestros esfuerzos buscaron la vida material más placentera posible, aún a costa de abusos, daños y dolor en nuestro circulo de relaciones.

El desconocimiento de aquello aprovechable y que da valor a LA EXISTENCIA, sumerge constantemente a millones de seres humanos en la monotonía, en la disconformidad, materialismo y vacuidad. No sabemos qué hacer con nuestra vida, no entendemos el porqué de los problemas, el porqué del sufrimiento, no creemos en Dios como un Ser Creador justo y sabio que nos ama por encima de todo y que ha creado el espíritu como la obra más perfecta de su Creación.

Por ello muchas personas sucumben ante las adversidades. Desean ser felices, pero… sin haberse sabido ganar dicho estado de conciencia. Nadie es feliz gratuitamente, la felicidad es el resultado de innumerables experiencias ganadas en la lucha y la superación personal, en el camino de la entrega a los demás, sabiendo compartir las dádivas que el Creador nos ofrece.

El sufrimiento y los diferentes grados de apatía del ser espiritual son consecuencia de su andadura por la vida con los brazos caídos, con miedo a errores y equivocaciones, de caminar por la vida con los puños en alto, tratando a los demás con despotismo, violencia e intolerancia, sembrado el crimen, la traición y cualquier otras forma de bajeza  y ruindad moral.

Que la vida continúa es una verdad irrefutable, no podemos evitarlo… no podemos dejar de vivirla. Querámoslo o no, entendámoslo o no, finalmente, el espíritu sediento busca el agua. Del mismo modo, el ignorante busca la fuente del conocimiento y la comprensión.

La vida es lo más sagrado que poseemos, es un don divino, pero nosotros somos los únicos artifices de nuestro destino. No podemos acusar a los demás de nuestras desgracias, ni atribuir a la suerte la buena estrella de los demás, porque tenemos libre albedrío y las Leyes Universales son nuestro respaldo, poniendo justicia, orden y concierto en nuestras existencias.

No debemos retrasar nuestra felicidad, aprovechemos pues la vida, seamos útiles a nuestros hermanos y compañeros de viaje, esforcémonos en entender a Dios y sus Leyes Eternas e Inmutables y ocupemos el justo lugar que nos corresponde en el Concierto Universal, el de Seres Libres y Grandiosos, creados para la perfección absoluta conseguida vida a vida con tesón, extrayendo el máximo jugo a cada existencia.

El recorrido podrá haber sido más o menos llevadero, más o menos difícil. En cualquier caso, habrá sido el necesario para extraer los quilates al diamante en bruto que somos cada uno de nosotros. Por tanto, amemos la vida con todas nuestras fuerzas. La actual, la que estamos experimentando es sólo un pequeño capítulo de la Vida Espiritual, un eslabón más en la larga cadena de la Evolución.

Tal y como indicaba Pitágoras a sus discípulos: «Una vida en la carne no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma». No la despreciemos, no la dejemos pasar sin más, porque de lo contrario necesitaremos pruebas más duras que despierten las cualidades que anidan en lo más profundo del alma.

Cuidemos la Vida, al cuerpo físico que es el templo e instrumento que lo anida, cuidemos nuestro carácter, la naturaleza, a los niños, a los mayores, a los enfermos y débiles, a los pobres, cuidemos de todos para qué, cuando Dios nos dé una existencia difícil y dura, tengamos siempre cerca una mano amiga que nos ayude a continuar.

Amor a la vida por:  Fermín Hernández Hernández

© 2016, Amor, Paz y Caridad

EL DESPRENDIMIENTO

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Uno de los grandes enigmas que en todo momento ha sido motivo de enorme preocupación y que ha venido embargando constantemente a la Humanidad es el desconocimiento de las motivaciones existenciales del hombre en la Tierra. El momento y, el por qué y para qué de su venida al Planeta. Esa incógnita nos lleva a otra similar ¿Qué vendrá después?

Estas dudas sobre el destino presente y futuro del hombre son las causantes de innumerables conflictos existenciales en las personas que conforman el vasto conglomerado humano de este Planeta. A ello añadiremos las incertidumbres y miedos sobre el modo en que cada uno concluirá su existencia, si apaciblemente, dolorosamente, con enfermedades más o menos largas, etc. Y la duda que será posiblemente la mayor de todas ¿Que encontraremos en el otro lado…, si acaso lo hay?

El Espiritismo, con el respaldo de la ciencia ha venido a aportar luz y esclarecimiento a estas cuestiones y muchísimas otras más relacionadas con el tránsito del hombre sobre los mundos. El Codificador Allan Kardec en su obra “El Cielo y El Infierno” aportó clara, amplia y profunda información sobre estos asuntos. Para quienes desean superar sus miedos e incertidumbres y conseguir así tranquilidad sobre su futuro, les recomendamos muy especialmente, acudan a su lectura con mente abierta y capacidad de análisis.

No obstante, desde aquí queremos también aportar un granito de arena, desarrollando un poco más (si cabe), las dudas que puedan surgir al respecto.

Una de ellas sin duda será la siguiente: ¿Es el tránsito igual para todas las personas?

Esta es una pregunta muy habitual, a la que responderemos con absoluta rotundidad: NO.

Deseamos hacer hincapié en dos grandes condicionantes en la vida de las personas: 1) ¿Cómo hemos vivido nuestra existencia? y 2) ¿Qué deudas venimos arrastrando de vidas anteriores?

Si hemos llegado al final de nuestro recorrido convencidos del futuro, fe y esperanza, con la conciencia serena, los deberes cumplidos y la lección asumida, nuestro tránsito será muy leve, cual el vuelo de un ave. Pero si por el contrario, hemos dejado un rastro de penurias y dolor a nuestros semejantes, (que acrecentarán nuestras deudas, nuestro karma); los padecimientos y las largas y penosas enfermedades serán sin duda nuestros compañeros en el viaje.

El desarrollo moral de una vida dedicada al bien, una buena actitud en el tránsito por la esfera humana y la convicción de que más pronto o más tarde habrá de llegar la hora de la partida y, que en ese momento habremos de rendir cuentas por el uso dado a nuestro quehacer en la Tierra, nos serán de inestimable ayuda en el paso al plano espiritual. Cada vida, cada existencia, es un regalo que se nos concede y del que inevitablemente habremos de rendir cuentas a las leyes divinas. Nuestro bagaje de vivencias, hechos y actuaciones son factores que condicionan nuestro tránsito al plano astral, es decir en el momento de nuestra desencarnación.

El apego y la atracción hacia las cosas mundanas y materiales que consideramos “nuestras” y de las que no queremos desprendernos, nos imantan al plano terrenal impidiendo el proceso natural de separación entre el espíritu y el cuerpo físico cuando este cesa en sus funciones orgánicas. Es muy habitual que personas, después del fallecimiento, queden ligadas, imantado su periespíritu al cuerpo físico por lazos fluídicos, por falta de conocimientos espirituales y la más básica e indispensable preparación, amén de su rechazo a admitir la extinción de su vida y elevado grado de materialismo y apego a las posesiones materiales. Estas personas quedan adheridas a su materia física, llegando inclusive a experimentar la completa descomposición del organismo.

En muchos casos, el espíritu puede quedar imantado al cuerpo físico durante dias, semanas, meses ó incluso más. Hasta tanto este espíritu cambie su predisposición y con humildad pida ayuda, o bien sus espíritus amigos y afines intercedan por él al Creador. Entonces será recogido del Plano dónde permanece (El infierno de algunas creencias) y podrá comenzar su proceso de esclarecimiento y regeneración.

Esta experiencia supone un auténtico suplicio para el espíritu, pero le sirve de prueba y expiación y así quedar grabada en su conciencia para, de ese modo, en el futuro, ser más consciente de los motivos por los que se nos concede la dádiva de una existencia.

Las imperfecciones morales, las malas acciones, la ignorancia espiritual y sobre todo, el hecho de albergar sentimientos de odio, rencor o malos deseos hacia nuestros semejantes, actúan como un enorme lastre que impide que el alma se eleve hacia las zonas de Luz y Paz, Amor y de Progreso, lugar en dónde sólo tienen cabida aquellos que vibran en dicha sintonía.

La Leyes de Vibración y Afinidad actúan aquí de manera inflexible, situando a cada cual en la esfera vibratoria que le corresponde, en base a sus méritos o deméritos, su forma de ser y su carácter. No existen las injusticias ni los privilegios, cada cual se encuentra dónde por ley le corresponde, y debe hacer el esfuerzo y el trabajo necesarios para abandonar sus tendencias y actitudes negativas, para poder tener así la oportunidad de ser rescatado de dichos lugares y comenzar su regeneración.

No siendo conscientes de haber abandonado su cuerpo físico y de que ya no pertenecen al mundo material, muchas personas quedan en un estado constante de turbación y confusión, que les mantiene angustiados y desesperados, quedando a merced de sufrir experiencias dolorosas propias de los ambientes que les corresponde, según la antes mencionada ley de Vibración y Afinidad.  Quedando bajo el influjo de entidades malévolas que desean dominarles y tenerlos bajo su control. Son las escenas de pánico, terror, miedo y sufrimientos que nos narran en multitud de leyendas y libros de historia, intentando darle vida y expresión a ese “Infierno”.

Únicamente un adecuado grado de moralidad, conseguido en el transcurso de la existencia humana, nos permitirá el paso a la otra vida, la vida del espíritu; en dónde comenzaremos a recoger los frutos sembrados.

Hay personas que dejan la existencia sin apenas darse cuenta de ello, los hilos que les unen al cuerpo físico se van desprendiendo paulatinamente, tienen la conciencia tranquila y se convierte en un pesado fardo que se hunde en la tierra, mientras que su alma, se va desprendiendo con suma facilidad y elevándose a las regiones elevadas que por sus propios méritos le corresponden. Nada le ata ya a la Tierra y comprende que ha llegado el momento de la partida para continuar su proceso de evolución.

En esos momentos es asistido por espíritus afines, familiares y especialistas, que han estado guiándole y ayudándole en el transcurso de su vida en la materia física. Comprende que somos espíritus en estado de evolución y que esta evolución es siempre íntima y personal. Siente entonces amor y nostalgia por los seres amados, por su familia y amigos más queridos, pero asume que debe seguir su propio camino. Una vez preparado y fortalecido, recibirá una nueva oportunidad para volver a la Tierra, y podrá visitarles y ayudarles en la medida de lo posible.

En esos momentos siguientes al desprendimiento, el espíritu que con sus obras y comportamiento ha sido fiel a los principios espirituales y cumplido su misión, comienza entonces a recibir la luz, claridad y amor que reinan en los Planos Superiores. Comienza a recibir los frutos y la merecida recompensa, contando además con el amparo, protección y auxilio de los hermanos espirituales. Ya nada le sujeta al plano material, nada le impide el vuelo hacia las regiones de Paz y Amor y del siempre presente trabajo regenerador y evolutivo.

Habrá dejado la Tierra como quién ha concluido un penoso trabajo, pero satisfecho por la labor realizada. Sus preocupaciones y objetivos comienzan a ser otros muy distintos, porque en el espacio y en los mundos superiores no existe ni la pereza ni la inactividad.

Fermín Hernández Hernández

©2016, Amor, Paz y Caridad

LA HONRADEZ

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La honradez

Honradez: “Que es incapaz de engañar, robar o estafar. De proceder recto, decente, recatado.”

Estas son las definiciones que la Real Academia de La Lengua Española hace de la persona que es honrada. Si queremos profundizar más podríamos hacerlo cuanto quisiéramos, pues sólo el término “de proceder recto” nos puede dar mucho de sí.

Así pues, para llegar a ser honrados hemos de tener un control absoluto sobre nuestras inclinaciones, y un equilibrio espiritual importante que nos permita actuar libres de egoísmo, sin aparentar, sin dobleces, sin intereses ocultos, etc…

Ser honrado es todo lo contrario de lo que representa la hipocresía y el aparentar, facetas que en el mundo material en el que nos desenvolvemos cuentan mucho, y con las cuales se puede llegar a muchos sitios, ya que contamos con que las personas con quienes podemos tener relación no nos conocen bien, y mucho menos conocen nuestros pensamientos e intenciones.

Los que tenemos conocimiento del mundo espiritual sabemos que, cuando tratamos de engañar a los demás en realidad nos engañamos a nosotros mismos, ya que los trapos sucios tarde o temprano suelen salir, y es entonces cuando se descubren nuestros verdaderos deseos e intenciones y fracasamos rotundamente. En ese momento pocas explicaciones podemos dar y sólo nos queda el remedio de reconocer los errores cometidos y enmendarlos, si ello es posible.

Pero la persona que carece de esta virtud, de la honradez, carece también de humildad y le es costoso enmendar los errores ¿por qué? Porque para ello debe cambiar su conducta, sus hábitos. Para esto es necesario estar henchido de un sentimiento verdadero de cambio y de valorar a las personas a las que hemos engañado, demostrándoles que estamos arrepentidos con un cambio auténtico. No basta sólo con cambiar la cara, con cambiar la estrategia, porque volvemos a cometer los mismos errores, y así lo que  hacemos es agotar el plazo y la oportunidad que se nos había dado para entablar una relación sincera y dar un paso en favor de nuestro progreso.

Lo que ocurre en realidad, es que las personas que carecen de honradez, que son capaces de engañar, de dar otra cara distinta de lo que llevan en su interior, es porque se creen más listos que los demás, creen que pueden conseguir lo que se propongan, con sus artimañas y estrategias. Eso pueden lograrlo en la vida material, de hecho así es en muchos casos, pero en un grupo espiritual sincero, con deseos de progreso, en el que las personas que lo componen se han propuesto una relación limpia, honesta, de trabajo espiritual hacia sus imperfecciones, en un grupo así no se está dispuesto a tener esas manchitas por siempre, por llamarlo de un modo indulgente, ni lo permiten los integrantes de un grupo llamado al progreso espiritual de todos sus componentes, por el mucho daño que una persona así puede hacer, ni lo permiten tampoco los guías espirituales que acompañan al mismo, los cuales, después de un tiempo prudencial saben como sacar a relucir las acciones e intenciones que no responden a las pautas de comportamiento que todo grupo se debe exigir, con lo cual se descubren a las personas que como estamos diciendo no están actuando correctamente, y minando en muchas ocasiones las buenas intenciones y los esfuerzos que los demás sí están realizando.

La honradez, la limpieza de intenciones, es uno de los estandartes que soportan la estructura de un grupo espiritual, si no empezamos por ahí poco o nada se llegará a realizar.

Para que se pueda trabajar con éxito en cualquier empresa han de ir todos a una, unidos por el mismo afán, construyendo todos en la misma dirección y armonizados por las pautas de comportamiento basadas en el progreso espiritual que son el eje central que marca el camino a seguir.

La persona honrada es incapaz de llegar a engañar a sus semejantes, mucho menos a sus amigos. Quien es honrado, al preocuparse de comportarse rectamente, lo que está haciendo es un ejercicio continuo de voluntad y de limpieza interior, quitándose de encima la comodidad, el egoísmo, la malicia, todo aquello que va en detrimento en primer lugar de su propia personalidad, y después de una verdadera y sana relación con los demás. Cuando buscamos sólo nuestro propio beneficio y faltamos a la verdad, faltamos al respeto de las personas o abusamos de ellas, estamos creándonos una verdadera trampa mortal, que tarde o temprano caerá sobre nosotros mismos.

De una persona honrada nada se puede temer, pues si en algo se equivocara o algún daño cometiese lo repararía con creces tan pronto fuera consciente. Sin embargo, de una persona hipócrita, se puede temer todo, pues no sabes cuándo te está diciendo la verdad, ni cuáles son sus verdaderas intenciones. Es una lástima que existan personas de dichas características, que no trabajan por su perfeccionamiento espiritual, sino por su interés personal, pues es muy doloroso y desagradable no poder confiar en una persona, pero en su propio beneficio y para que no se estropee más aún no hay más remedio que hacerle constar que una cosa es ser buenos y otra muy distinta el dejarse avasallar y engañar por un exceso de confianza.

Ser honrado no consiste, como tratamos de explicar, solamente en no aparentar lo que no se es, ya que eso nos hundiría en la comodidad y en el estancamiento, sino en ser capaz de realizar los esfuerzos necesarios para actuar con honestidad, en beneficio de los demás. No se puede progresar espiritualmente sin hacer algo que sólo redunde en nuestro interés, ese es el verdadero mérito, exigirnos cada día un poco más a nosotros mismos con el debido respeto a nuestros semejantes.

Fermín Hernández Hernández

© 1998 Amor, paz y caridad

VIDA EN EL MUNDO ESPIRITUAL

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Vida en el mundo espiritual
Fotograma de la película "Astral city".

INTRODUCCIÓN

Iniciamos desde este número de la revista Amor, Paz y Caridad una nueva sección donde trataremos una sugestiva y esclarecedora temática: «LA VIDA EN EL MUNDO ESPIRITUAL». Como es habitual, abordaremos el asunto con la mayor sencillez y honestidad, procurando resaltar los temas más importantes, en especial aquellos que más nos interesa conocer, y siempre desde el punto de vista de seres encarnados en proceso de evolución, cuál es la situación de esta humanidad.

Existe un enorme desconocimiento de la Vida en el Mundo Espiritual. Si el ser humano fuese mínimamente consciente de la importancia de su misión y de los trabajos que debe realizar en la Tierra; de lo mucho que influye en su andadura el estilo de vida y realizaciones; sin duda su manera de actuar, de vivir, sería muy… muy diferente. Y es que la suma de todos estos factores (resultado de nuestro tránsito y actividades en este planeta y vida actual) determinará en gran medida como será nuestra llegada al plano espiritual y las futuras existencias. Conocer estas repercusiones sin duda cambiaría nuestro comportamiento, decisiones y actos cotidianos.

Con el cese de nuestra existencia en la Tierra, comenzamos una nueva andadura en el plano espiritual, aunque lógicamente sin un cuerpo físico. Nuevas experiencias… felices para unos, dolorosas o muy dolorosas para otros; según hayan sido sus actos, modo de vida, grado de materialismo, etc. con el que hayan llegado al final de su existencia. Se cierra el telón y se abre el escenario para una nueva experiencia. El hecho de que creamos o no en la realidad de ese tránsito no cambia su resultado. Finalmente las Leyes Universales fijadas por Dios se cumplen inexorablemente. Lamentablemente, la mayor parte de las personas no somos conscientes de que con la muerte, acaba tan solo uno de los eslabones de la larga cadena de existencias necesarias para el progreso del ser espiritual: -La Chispa Divina-.

La muerte del cuerpo físico representa la separación del espíritu de la materia. Materia que le servía de instrumento de manifestación en el plano físico. Pero una vez el cuerpo físico pierde la unión con la matriz espiritual que le cohesionaba, se descompone, volviendo el cuerpo físico a su origen, la tierra. Mientras tanto, el espíritu, libre ya de ataduras, retorna a su hogar espiritual donde continúa el proceso evolutivo, incorporando a su acervo de conocimientos y experiencias todo lo vivido y aprendido en esa anterior existencia.

Por desconocimiento de esta Ley Universal, la Ley de Evolución, la muerte física produce un miedo cerval en la mayoría de las personas; pues desconocemos lo que nos espera. No obstante, nuestro fuero interno nos dice que no es el fin. Esos estados de tensión e incertidumbre se desvanecen cuando se tiene un conocimiento claro, y especialmente, cuando hemos vivido con honradez y dentro del camino recto.

De ahí que sea preciso dar a conocer esta Ley Universal e ir dando respuestas a la infinidad de preguntas, incógnitas y dudas que surgirán:

¿El despertar a la vida espiritual es igual en todas las personas?

¿Qué es la turbación que sufre el espíritu al desencarnar?

¿Qué nos espera en el Más Allá?

¿Supone algún cambio la muerte para nuestra personalidad?

¿Qué nos llevamos al Más Allá?

¿Realizamos correctamente el velatorio?

¿Alguien nos espera allí?

Los seres queridos que partieron antes que nosotros, ¿Vienen a recibirnos?

¿Hay diferentes planos de vida?

¿Tenemos algún lugar reservado donde seguir progresando?

¿Qué nos ocupa en el mundo espiritual?

¿Nos dan alguna misión o trabajo a realizar?

¿Podemos comunicar con los seres que están encarnados?

¿Influye nuestra vida en la tierra el mundo espiritual?

¿Existe el cielo, el infierno o el purgatorio; o algo parecido a esos estados que nos enseñó la religión?

¿Qué ocurre cuando se fallece a causa de un accidente?

¿A dónde van los niños que fallecen a corta edad?

Podríamos seguir aportando muchísimos más interrogantes y dudas. Para todas esas incertidumbres trataremos de dar cumplida respuesta en todo momento, siempre desde el punto de vista del Espiritismo, fuente inagotable de conocimientos.

Vivimos un diario quehacer centrado exclusivamente en aspectos materiales, trabajo y obligaciones. Dedicación que nos priva del tiempo que deberíamos dedicarle al estudio de la vida espiritual. Habitualmente, el poco tiempo que nos sobra lo dedicamos a los asuntos materiales relegando los conocimientos espirituales a un segundo, tercer o cuarto plano. En modo alguno nos planteamos analizar qué ocurrirá después de cumplido nuestro plazo en la Tierra, ni consideramos la posibilidad de otro mundo paralelo donde recogeremos lo que aquí sembramos.

Somos meros usufructuarios temporales de este Planeta, en el que estamos solo de paso. Nuestra permanencia en el mismo es corta, muy corta, apenas unos cuantos años, y suelen pasar muy rápido, ¡Cuánto dejamos sin hacer! ¡Cuantos errores de los que arrepentirse! Y Muchos de ellos sin la posibilidad de volver atrás para corregirlos.

Cuando somos jóvenes creemos dominar el mundo, nos vemos con fuerzas y frecuentemente desdeñamos la sabiduría de los adultos, vivimos en un mundo aparte creyendo que vamos a vivir para siempre. Más la vida pasa como un soplo. Llegamos rápidamente a la madurez, en ocasiones vacíos, infelices, con sabor agridulce y, con la sensación de haber sacado poco jugo a la existencia. Hemos buscado la felicidad en todas partes, a través del sexo, del dinero, del éxito, buscando el halago y el aplauso de los demás y seguimos sin encontrarla. En fugaces instantes hemos creído encontrarla y desaparece en un momento. Nos hemos olvidado que únicamente podemos encontrarla dentro de nosotros mismos ¡Nos llama desde nuestro interior!

Finalmente alcanzamos la vejez, -etapa de la vida tan distinta a la de la juventud-, y muchas personas consideran que su vida está llegando a su final. Únicamente les cabe esperar que llegue la muerte y con ella el descanso eterno. Craso error, cuando habiendo abandonado el cuerpo físico, comprueban que siguen viviendo aunque sin la atadura del vestido corporal. Nada más ha cambiado, la vida continua, se ha cerrado un capítulo, mejor o peor interpretado y, se abre un nuevo escenario, donde interpretaremos un nuevo guión y enfrentaremos la realidad tal como es.

Gran sorpresa para muchas personas, pues les costará reconocer que ya no están en la tierra, que han fallecido y carecen de un cuerpo físico. Al poseer un cuerpo periespiritual idéntico al material, les cuesta admitir esa idea. Idea reforzada por el hecho de no haber encontrado allí todo lo prometido por la religión o la idea de eternidad asumida educacional o culturalmente.

Es importante estar preparados para nuestro retorno al mundo espiritual que es la auténtica patria del espíritu. Hemos de comprender que la vida del espíritu es una sola y que si bien el espíritu encarna con frecuencia, la mayoría del tiempo lo pasa en el espacio, en el plano espiritual. Al principio cuando el espíritu está poco evolucionado necesita encarnar con frecuencia para adquirir experiencia y, en la medida que va progresando su necesidad de tomar cuerpo físico se va reduciendo.

Debemos asumir que nuestros intereses son principalmente espirituales, tomamos un cuerpo físico para servirnos de la materia como herramienta de trabajo. Debemos dominar la materia física y no permitir que sea ella quien controle y dirija nuestros pasos.

Tenemos la obligación de hacer un uso justo y equilibrado de la materia y del mundo físico en el que nos encontramos, es un préstamo que se nos ha concedido de manera temporal para adquirir fortaleza y aprovechar bien las experiencias. Procuremos vivir con dignidad, con amor, ayudando a nuestro prójimo siempre que lo necesite, erradiquemos la maldad y hagamos un esfuerzo para corregir las imperfecciones que aniden en nuestro interior.

Vigilemos el espejismo de las cosas materiales. Tengamos siempre presentes las Leyes Universales y  Espirituales. Aceptémoslas como son y evitemos la rebeldía ante los numerosos reveses de la Vida. La búsqueda del trasfondo espiritual del mundo que nos rodea y de las circunstancias con las que convivimos nos ayudará a prepararnos para el retorno al plano espiritual y, el tránsito será tan leve como el vuelo de un pájaro.

Recordemos estas palabras del poeta, escritor y dramaturgo francés Víctor Hugo:

«Siento en mí toda una vida futura. Soy como un bosque podado que retorna en brotes más fuertes  cada vez. Subo hacia el Infinito»

«Y si la Tierra me da su savia para sustentarme en lo material, el Cielo me ilumina con el reflejo de los Mundos entrevistos»

«Hay quien dice que el alma es solamente la expresión de fuerzas corporales y yo pregunto:

¿Porque la mía es más luminosa ahora cuando mi vida declina y esas fuerzas corporales me abandonan?»

«Sobre mí se cierne el invierno y en mi alma florece una primavera eterna: Las lilas, las violetas y las rosas perfuman y se abren como cuando tenía veinte años. Cuanto más me aproximo a la meta, oigo más claramente las sinfonías de los mundos que me llaman…».

Viviré mil vidas futuras, continuaré mi obra, escalaré de siglo en siglo todas las rocas, todos los peligros, todos los amores, todas las pasiones, todas las angustias y, después de miles de ascensiones, liberado, transformado, mi espíritu volverá a su fuente, fundiéndose en la Realidad Absoluta, como el rayo se los vuelve al sol».

 

La vida en el mundo espiritual por:   Fermín Hernández Hernández

©2016, Amor, Paz y Caridad

AMOR A UN IDEAL

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Amor a un ideal

Amor a un ideal, parte del amor que anida en nosotros sale hacia afuera en forma de arraigo hacia algún tipo de cosas, por ejemplo, nos gusta un deporte,  la música, participamos de un ideal en el que buscamos llenar algo más nuestra vida, en definitiva somos aficionados hacia algo y en eso volcamos nuestro sentimiento, fuerza e ilusión.

Si tenemos aspiraciones de lograr alguna meta u objetivo, esto es también una manera de amar, porque los seres humanos necesitamos amar, no solo a las personas, también podemos amar otras cosas, incluso las ideas. Así como necesitamos que nos amen, sentir el cariño y que no estamos solos en el mundo sino que alguien cercano nos quiere, nos comprende y siente en cierto modo lo mismo que nosotros, en este sentido cobran mucha importancia los ideales y deseos de mejorar en la medida que podamos, no solo nuestra vida, sino también la de los demás.

El amor es una expresión del espíritu, y éste a medida que va elevándose, a medida que va sutilizándose, va sintiendo cada vez un amor más grande hacia  todos los aspectos de la vida así como hacia todas las expresiones de la naturaleza.

Una de las mayores expresiones del amor es la autorrealización, la libertad, sentirse dueño de sí mismo y experimentar la grandeza de poder ser partícipe de algo, de compartir con el resto de la humanidad la propia cooperación, contribuyendo así al beneficio y bienestar de la sociedad.

El espíritu humano poco a poco va rompiendo ese cascarón de egoísmo y de enclaustramiento en el que se ha sumergido por las propias imperfecciones y va descubriendo la grandeza del universo, de ser uno con el todo, y siente el deseo de servir, de ser útil, tiene ansiedad por saber cuánto vale, hasta dónde puede llegar y de qué forma puede contribuir en la escala de valores de la sociedad, que es la suma de todos nosotros.

Así muchos espíritus piden desde el espacio venir a la tierra en su próxima encarnación como parte de un conjunto de personas comprometidas a dar un impulso a la sociedad de la que forman parte, en cualquiera de las facetas que se necesita en ese momento.

Para el propio espíritu es una misión que se le encomienda con un doble objetivo, primero y principal su propio progreso, pues el ser partícipe de un grupo de personas con una meta común; sin duda le obliga al desarrollo de la fuerza de voluntad, de la responsabilidad y de otros valores sin los cuales no se puede mantener dentro de dichas agrupaciones.  En segundo lugar, es una prueba para sí mismo que le va a servir para que pueda medir su propia escala de valores y hasta qué punto es capaz de sacrificarse y darse a los demás, método infalible para adquirir un grado más de progreso dentro de lo mucho que nos queda por alcanzar.

Así muchos espíritus se han probado a lo largo de la historia, encarnando a personajes que han tenido una relevancia histórica, habiendo pasado a la posteridad como grandes hacedores en muchos de los campos del saber y de la ciencia. Muchos de ellos tuvieron que sufrir la incomprensión de la mayoría, porque venían adelantados a su tiempo, pero tenía que ser así, eran la punta de lanza que constituía el futuro del progreso. Junto a la incomprensión también sufrieron la persecución y la desaprobación total de sus teorías y nuevas enseñanzas, hasta incluso llegaron a ganarse la muerte por no renunciar a sus postulados; más tarde la historia les ha dado la razón.

Otros, sin embargo, no tuvieron la entereza y fuerza de voluntad necesarias, para poder afrontar todas las pruebas y vicisitudes que hay que superar para poder llegar al fin de las promesas hechas en el plano espiritual, porque nada se nos regala, y porque la materia, los prejuicios, el qué dirán y otras muchas circunstancias nos impiden vencer los obstáculos y declinamos el esfuerzo, en pos de la comodidad, y el miedo a equivocarnos o a ir contracorriente.

En este sentido son las propias debilidades los mayores enemigos, los que están dentro de nosotros, no los que nos acechan desde el exterior, estos nos pueden contrariar, nos pueden entorpecer, pero la decisión de abandonar la obra y dedicarnos a otra cosa, es una decisión interna y de cada uno de nosotros, no podemos achacar la responsabilidad a los demás.

Los ideales representan una experiencia extraordinaria para el espíritu encarnado, además de ser la manifestación de algo superior, empujan al espíritu a dar lo mejor de sí mismo, no para sí, sino para el conjunto de la humanidad, por medio de la renuncia a su propio yo, el trabajo tenaz, el sacrifico y la dedicación. Dedicarse a un ideal noble, con verdadera vocación, de manera altruista, no pensando en uno mismo, sino en el beneficio del conjunto, contribuye a que el espíritu desarrolle unos valores que le catapultan para adquirir una fuerza espiritual especial, y un grado de lucidez extraordinario, que de otra manera necesitaría de otras muchas encarnaciones para llegar al mismo extremo.

Para mantenerse firme ante un ideal se necesita de una serie de cualidades que no es fácil de obtener. Para los espíritus muy adelantados la prueba es más fácil de superar, puesto que ya tienen asimilados los valores y virtudes que tienen que poner en práctica, sin importarles la opinión y el juicio de la mayoría, y los tropiezos que pudieran cometer, saben dónde tienen que llegar, tienen claro el objetivo y es difícil que se les aparte del camino, pero junto a esos espíritus fuertes y muy adelantados en el camino del progreso, vienen otros muchos a su lado, que están apostando por adquirir ese grado de sacrifico y de constancia en la tarea comprometida, y logrando así un grado de preparación espiritual que les ayude a conseguir que sus vidas futuras sean más provechosas.

Han venido a la Tierra a superar el amor propio, la pereza, la comodidad, y una serie de malas inclinaciones que son un freno para su evolución. Han venido a la Tierra a desarrollar la amistad, la solidaridad, a aprender a compartir, a formar parte de un equipo. Son tantos los valores y cualidades que se pueden adquirir en el desarrollo de un ideal, si este se acoge con auténtica fe y entrega, con verdadero espíritu de renuncia que basta solo con estudiar alguna de las biografías de los grandes hombres que han pasado por la Tierra y nos dejaron su legado.

No obstante, no son espíritus perfectos pero sí que se halla su personalidad engalanada de una serie de valores que muchos podemos envidiar de manera sana al comprobar que es mucho lo que nos falta para llegar a donde ellos han llegado.

Nos pueden servir de modelo personajes muy cercanos en el tiempo, como Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, seres que todos conocemos y que dieron su vida por un ideal, a los que no les importó incluso pagar con su vida o con su libertad, porque lo importante no eran ellos, sino la necesidad de cambio de la sociedad y para poder conseguirlo, el ideal estaba por encima de sus propias necesidades.

Estas personas, fueron seres humanos como nosotros, que han podido llegar a conseguir grandes realizaciones para toda la sociedad; han sido capaces además de movilizar masas de gente, porque se comprendía la justicia de sus aspiraciones y la necesidad común de conseguir aquello que perseguían.

¿Cuál es el coste que estamos dispuestos a pagar nosotros? Ese coste nos da la medida de lo imbuidos que estamos de ese ideal que abrazamos. Porque hemos de saber, que en el espacio, fuera de la materia antes de encarnar se ven las cosas con mucha claridad, pero una vez en la materia lo debemos demostrar. La materia y la sociedad en general, son un factor muy importante, del que hemos de saber elevarnos y estar por encima de las limitaciones que nos van a poner, que no van a ser pocas.

Nuestro grado de preparación, el espíritu de entrega y sacrificio se ponen a prueba y es donde demostramos de lo que somos capaces, y el amor que estamos dispuestos a ofrecer por el ideal que hasta entonces está en nuestra mente y corazón, pero que todavía no hemos consumado.

Son muchos los llamados, dice el Señor, pero pocos los escogidos, una vez más el plano espiritual nos pone sobre aviso, y nos toca revelar lo que llevamos dentro.

Muchos llegamos a descubrir el ideal que nos ha traído a la Tierra, y comenzamos a formar parte de un conjunto de personas afines, comprometidas igualmente a llevarlo a cabo. Entonces llega la hora de poner el trabajo, codo a codo, nos toca eliminar el personalismo, renunciar a tendencias individuales, nos toca ceder, en otras palabras, tenemos que sumar para llevar el barco a buen puerto, esto no todos lo consiguen. Sencillamente las pruebas les superan, o no quieren ser uno más, les falta capacidad de adaptación y de sacrificio.

Les falta el amor por ese ideal, un ideal que aún no llevan grabado en su fuero interno.

La actividad, el deseo de emprender, el querer hacer cosas, aportar ideas; es en este sentido una de las facetas que nos muestran a cada uno lo que estamos dispuestos a dar, y lo que amamos al ideal que está en nuestra mente, pero que debemos llevarlo a la práctica.

Estamos en el sitio que queremos estar, y … ¿ahora qué? ¿Qué hacemos?

Porque no se trata sólo de pensar igual, o casi igual, se trata sobre todo de transformar nuestro espíritu; para eso Dios nos ha dado la herramienta de los ideales. Los ideales nos ayudan a modelar nuestro espíritu, pensémoslo así.

Hay quienes saltan de un ideal a otro y no cumplen con ninguno ¿Por qué? siempre tienen excusas y justificaciones para argumentarlo, son como las abejas que van volando de flor en flor. No es el ideal el que falla, sino la persona.

Mejor pensemos que somos nosotros quienes necesitamos de los ideales para nuestro progreso, y no que los ideales necesitan de nosotros.

Amor a un ideal por: Fermín Hernández Hernández

©2016, Amor, Paz y Caridad

 

“El ideal está en ti; el obstáculo para su cumplimiento también.”

Thomas Carlyle (1795-1881) Historiador, pensador y ensayista inglés.

VALENTIA

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Valentia

Para llegar a realizar algo en esta vida, es preciso armarse de valentía. Llevar a la práctica los conocimientos espirituales requiere también que seamos valientes, ya que son muchos los obstáculos y entorpecimientos que podemos encontrar, empezando por nuestras propias carencias e imperfecciones, que en muchas ocasiones nos juegan una mala pasada y nos apartan del ideal, que en teoría parecía que teníamos claro.

Para comenzar a hacer algo inusual, algo que no lo hace el común de las gentes hace falta, aparte de estar convencido de ello ser valiente para tomar la decisión de emprender esa empresa con el ánimo de una vez emprendida no hacerse atrás. Son muchas las personas que dicen yo no valgo para eso, sí eso está muy bien pero quién es el valiente de hacerlo, etc. Para esto vale un viejo proverbio chino: «el camino más largo se comienza con el primer paso”.

La valentía trae consigo otras cualidades como son el coraje, que es necesario para enfrentarse a situaciones y pruebas que requieren fuerza, animosidad, la valentía de que imbuidos de fe, arropados de la solidaridad de quienes cuentan con nosotros, fortalecidos por el sentimiento de que es justo aquello por lo que se va a luchar y se van a poner todos los medios, es posible hallar la solución a los problemas y alcanzar las cimas más insospechadas.

La confianza en sí mismo, el valor y la generosidad que ponemos cuando tratamos de realizar el bien hacia una causa, hacia los demás, atrae fuerzas, energías y recursos que desconocemos y que nos van abriendo el camino y proyectándonos la luz que necesitamos para encaminar nuestros pasos hacia la feliz consecución de nuestro ideal.

El ideal que sostenemos es como una antorcha que ha de estar siempre encendida y que nos marca las pautas a seguir. Nos hace sentirnos responsables, es el norte que nunca hemos de perder. Pero esa antorcha necesita combustible para que no se apague, para que no palidezca y deje de alumbrarnos la existencia. Son los hechos de nuestra vida los que dan valor a nuestros días en la tierra y los que mantienen encendida la llama de la esperanza y nos impulsan a seguir hacia delante.

La vida no nos la dan toda hecha. Puede que tengamos un destino cada uno de nosotros, pero somos nosotros quienes hemos de moldearlo. Ese destino puede pesarnos como una losa y parecernos que no somos capaces de afrontarlo, que nos hemos engañado pensando que podíamos llevarlo con soltura, o por el contrario, ese destino puede convertirse en una especie de alas que nos va planificando la existencia en la misma medida en que nosotros lejos de rehusarlo lo vamos comprendiendo, admitiendo, y con coraje y vigor lo domamos, consiguiendo que se convierta en nuestro aliado, poniendo nuestra alma en realizar aquello para lo que estamos llamados.

Pensemos en una persona que haya venido a la tierra a realizar investigaciones en el campo de la ciencia para contribuir al bien de la humanidad, digamos que ese es su destino, sabemos bien que esto no es casualidad. Si esa persona que viene con ese propósito rechaza esa labor y piensa que es una carga, que por qué dedicar tantas horas de estudio y sacrificio, sería el caso de aquél que su destino se convierte en una losa.

Sin embargo si acepta dicha misión con firmeza y voluntad, pese a los esfuerzos que tenga que realizar no le parecerán de ese modo, sino que será algo sin lo cual no se sentirá útil y realizado, algo que no puede olvidar, y pronto comenzarán a venir los resultados, los cuales le darán más fuerza para continuar, más confianza y así todo serán ventajas y facilidades. Luego podemos moldear el destino, hacerlo que parezca una cosa u otra depende sólo de nosotros.

La alegría es el triunfo de la vida. El pesimismo es el destino de los cómodos, los débiles y los cobardes. Y la cobardía es un pozo del que cuesta mucho salir, es una cadena que trae tras de sí el miedo, la oscuridad y todo aquello que nos lleva al fracaso.

Ser valiente requiere enfrentarse con riesgos a situaciones desagradables, a compromisos, incluso, a posibles fracasos, pero puede traer en cambio grandes satisfacciones. Y cuando utilizamos las virtudes como el valor, el coraje, la solidaridad, no en beneficio propio, sino para empresas de carácter humano y social, entonces tenemos dos satisfacciones que no se pueden comparar con nada, la satisfacción personal de haber conseguido lo propuesto, la tarea difícil en la que habían más obstáculos y dificultades que las normales, y la dicha espiritual que emana de haber ensanchado nuestro corazón, habiéndonos desprendido de un trozo de egoísmo, el cual no nos impedirá más el llevar a la práctica la solidaridad y la generosidad hacia los demás.

Tener valor implica además vivir fielmente los ideales, nuestros principios. No se puede actuar con hipocresía si estamos henchidos de valor, y convencidos de hacia dónde queremos dirigirnos, es algo que está reñido. La persona que tiene valentía atesora también voluntad para defender la justicia, la verdad, la paz, todos los valores por los que los hombres honrados y nobles han luchado desde el principio de los tiempos, los débiles miran sólo para sí mismos y no les importa lo que pueda sucederles a los demás mientras ellos estén tranquilos.

Como es lógico, mucho se puede hablar de la valentía y de las virtudes que la acompañan, pero hemos querido dar a entender que no hace falta ser un super hombre para hacerse adelante a la hora de emprender tareas arduas y difíciles, sino remarcar que el camino se hace andando, y que los ideales e inquietudes que tenemos nos ha de mover para que consigamos aquello que añoramos, que no es otra cosa que el ir mejorándonos poco a poco, y para eso es menester dejarse a un lado la teoría y convertir ésta en obras y en buenas acciones, en definitiva, que si hemos asimilado los conocimientos, han de servirnos de trampolín para que veamos qué es aquello que podemos hacer para conseguir esas dos metas: «ayudar a los demás» y al mismo tiempo «ayudarnos a nosotros mismos».

Valentia por: Fermín Hernández

© 1998 Amor, paz y caridad

CONCLUSIÓN EXTRATERRESTRES

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Conclusión Extraterrestres

Conclusión Extraterrestres

A lo largo de este último año, hemos plasmado desde estas páginas, una serie de reflexiones y conceptos sobre diversas ideas e interrogantes que se suscitan acerca de la existencia y presencia del fenómeno ovni-extraterrestres en nuestro planeta. Siempre desde un punto de vista  espiritual, teniendo en cuenta las leyes universales y los principios filosóficos que nos amparan, y que están a nuestro alcance para extraer de los mismos el mayor jugo posible, las más amplias y variadas respuestas y con ello, ampliar nuestros conocimientos así como nuestra conciencia de las cosas que suceden en nuestro mundo y que ineludiblemente nos afectan.

Tratar este aspecto con naturalidad, sencillez y sin ánimo de convencer, sino de exponer ha sido nuestro método. Muchos interrogantes sin duda quedan en el aire, muchas respuestas y todo un nicho de argumentos por desvelar; esperamos que con nuestra aportación se haya abierto un poquito más el horizonte que tenemos a la vista dentro de esta interesantísima cuestión.

Sobre todo, hemos querido presentar todos nuestros argumentos con rigor y seriedad, alejándonos de la fantasía, la imaginación, el fanatismo y otros aspectos que en muchas ocasiones han presentado esta realidad con falta de respeto y sin tener en cuenta sobre todo, el principio de fraternidad universal, que rige la vida en el Cosmos Infinito.

La Fraternidad Universal, es precisamente el pilar sobre el que sustentamos primordialmente nuestros argumentos. Sobre la base del Amor es con la que trabajan los espíritus más adelantados. Acostumbrados estamos a referirnos siempre que hablamos de la ayuda que recibimos del plano espiritual, de los hermanos desencarnados; obviamente, dejando a un margen, por desconocimiento sin duda, a los hermanos extraterrestres, que no son sino hermanos mayores nuestros, con la diferencia de que vienen con materia, pero que pertenecen a mundos de regeneración, como mínimo, con un grado de adelanto tanto en tecnología, como sobre todo moral y espiritual que les permite venir y colaborar con el Cristo en la Misión fin de Ciclo que estamos atravesando.

Esta es la primera conclusión que debemos tener presente, los hermanos extraterrestres no nos visitan al azar, por casualidad, o por su libre albedrío, sino que vienen siguiendo instrucciones del espíritu más adelantado que ha venido a la tierra, Jesús de Nazaret, el mentor espiritual encargado de hacer progresar a esta humanidad hacia el mundo de regeneración, por tanto están aquí como fieles colaboradores y aliados en esta gigantesca empresa.

Con su presencia pacífica, durante siglos y con más notoriedad  en estas últimas décadas, evidencian la pluralidad de mundos habitados, dando plena autenticidad y corroborando las tesis de la doctrina espírita, que de manera valiente y audaz supo plasmar y dejar sentadas las bases de las distintas etapas y esferas que atraviesan los espíritus en su peregrinaje hacia la perfección.

Asimismo, ponen de manifiesto la justicia de la ley de reencarnación, que constituye la grandeza de las leyes del creador, dándonos a entender que, todos llegaremos, antes o después, según el esfuerzo individual de cada cual, a alcanzar etapas más elevadas, de mayor luz y progreso, a medida que vamos desarrollando los atributos con los que Dios nos ha dotado. Los extraterrestres con su presencia nos invitan a que hagamos un esfuerzo de limpieza y trabajo espiritual para poder alcanzar la posición en la que ellos se encuentran, a nadie se le regala nada, todo se consigue por el esfuerzo y el afán de superación.

No estamos solos en el universo, hay un universo material y otro espiritual. En todo hay vida, ambos están cohesionados, y el amor y la ayuda fluyen por doquier. La humanidad, nunca ha estado sola, desamparada u olvidada por su Creador. Siempre y en todo momento hemos tenido una ayuda extraordinaria, aquella que en cada etapa hemos necesitado, desde las primeras fases de la evolución, en la que los espíritus comienzan su etapa en las primeras encarnaciones, hasta la actualidad, con la diferencia de que ahora estamos más adelantados, hemos alcanzado cierto nivel de tecnología, comenzamos a descubrir las galaxias y la vida más allá de la tierra, y podemos aceptar que hay vida extraterrestre y que puede venir en nuestra ayuda.

Negar esta posibilidad es negar el progreso y la Ley de Fraternidad Universal, es ir en contra de los principios más elementales de la lógica y el sentido común, es algo parecido a negar hace 500 años que había un Nuevo Mundo, y sin embargo lo había. No podemos permanecer de ese mismo modo. En la actualidad son ya muy pocos los que se niegan a admitir la posibilidad de vida fuera de nuestro orbe; otra cosa es admitir que nos puedan visitar, ciertamente, para eso debemos utilizar la razón y el análisis: si hay vida por qué no nos pueden visitar.

Principalmente ponemos las dudas y los peros, porque todavía nos creemos los reyes de la creación, nos creemos el mundo más adelantado, el modelo de perfección, y todo lo comparamos con lo que conocemos, sin saber que nuestro mundo está muy lejos de la perfección y que los diferentes mundos habitados no tienen por qué seguir nuestro patrón, que puede haber vida en diferentes formas, especialmente según el grado de evolución alcanzado, tal y como Allan Kardec especifica en la escala de mundos habitados, desde los mundo primitivos hasta los mundos divinos hay una gran diferencia, debido a que gradualmente la parte espiritual va teniendo más preponderancia sobre la materia, se van sutilizando los cuerpos y todo lo material, hasta que esta progresivamente desaparece.

Las dudas y los interrogantes van desapareciendo a medida que nosotros mismos vamos adelantando y nos predisponemos de forma seria al razonamiento sincero y analítico. Qué pensar por ejemplo de los que todavía niegan la pluralidad de existencias, sin embargo no hay nada más justo y natural, son diferentes capítulos que vamos asimilando, gradualmente. No se puede forzar a nadie, ni obligar a creer, pero tampoco se puede obstaculizar ni menospreciar ningún género de ideas, hay que respetar y como mínimo intentar averiguar qué hay de cierto en cada una de ellas.

Tampoco vale creer por creer, porque esté de moda, porque es la tendencia; esto sirve de muy poco, hay que llegar al fondo de las cuestiones, y en este sentido, es importante hacer un esfuerzo por comprender cuál es la naturaleza de la presencia ovni-extraterrestre en nuestra humanidad en estos momentos tan cruciales, no puede ser casualidad que se estén dando estas dos circunstancias tan transcendentales: LA TRANSICION PLANETARIA Y LA PRESENCIA EXTRATERRESTRE.

Conclusión extraterrestres por: Fermín Hernández Hernández

©2016, Amor, paz y caridad

AMOR A LA FAMILIA

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Amor a la familia

Como no tratar en esta sección el amor a la familia, a pesar de haber contemplado ya el amor hacia los hijos, el amor conyugal, y el amor a los padres, no obstante, también debemos tener en cuenta, el amor a la familia de una manera global.

Desde luego, si como aspirantes al progreso moral nos debemos a todos los seres, siendo que debemos tratar a todos nuestros semejantes con el mayor respeto y tolerancia, y hasta con amor, ¿cómo debemos manifestarnos en nuestra familia? Pues todavía con mayor grado de todos estos elementos, porque sino seríamos hipócritas, y falsos aspirantes al desarrollo moral y del amor.

La familia, o más propiamente dicho el hogar, es el lugar donde convergen todas las actitudes, situaciones y diferentes características de todos sus miembros. En él es donde más cómodos nos sentimos, es como si fuese nuestro cuartel general, ese campamento en donde todos se conocen, conviven y se manifiestan con total libertad y naturalidad, y es por tanto donde sacamos tanto lo bueno como lo malo que llevamos en el seno de nuestra intimidad.

El hogar de la familia, en realidad deberíamos concebirlo como el campo de entrenamiento del espíritu en donde debemos llegar a conocernos mejor que en ningún otro terreno, y en donde debemos ejercer de espíritu puro, limpio, sano, transparente, amoroso, etc. para luego volcar toda esa amalgama de valores en el campo de batalla que es la vida y la sociedad.

Puede haber quien no lo vea así, quienes opinen que al llegar a su casa pueden relajarse, olvidarse de sus obligaciones, y hacer lo que quieran dicho de un modo coloquial, no obstante, estamos equivocados, y esta puede ser una de las razones por la cual quizás en muchos hogares no reine la paz, el amor, la concordia, la armonía  en una palabra.

Usando el sentido común y la sabiduría popular, en la familia es en donde mejor hemos de comportarnos, especialmente por los hijos, pues depende del ejemplo que les demos así se forjará su carácter y su modus operandi allá donde vayan. Asimismo a nuestro cónyuge o pareja, le debemos el mejor de los tratos, además de considerar que esa unión, debe estar basada en la ayuda mutua y en el darse el uno al otro, para llevar mejor las adversidades, dificultades y pruebas que la vida por sí sola nos presenta en el día a día.

El hogar es en realidad un santuario para la familia, sin lugar a dudas, pero es también una micro escuela en donde tenemos muchas lecciones que aprender. No debemos pasar por alto que en la familia se concretizan muchos y muy importantes objetivos que nos trazamos antes de encarnar, y en la familia hay ocultas muchas alianzas y retazos de otras existencias anteriores que venimos a pulir y perfeccionar. Por esta razón, no debemos considerar el núcleo familiar como  algo secundario, sino todo lo contrario, en muchas ocasiones, las mayores pruebas y expiaciones que venimos a experimentar se encuentran ahí mismo, por eso surgen roces, rebeldías, desencuentros, pero no son casualidad, es justo lo que más necesitamos a nivel espiritual para adelantar y dejar atrás deudas y errores, los cuales nos mantienen estancados.

Dicho esto, debemos señalar que hay personas que debido a sus imperfecciones, pretenden pasar por la sociedad como seres casi perfectos, son muy amigos de sus amigos, muy profesionales en el ejercicio de su actividad, muy sociales, muy de todo, pero luego, cuando llegan a casa, y nadie les ve, se portan de manera muy diferente con su propia familia, a la que nada o muy poco aportan, y además piensan que su familia está ahí para servirle.

Se quitan la careta, y se comportan del modo y manera realmente como son; han dejado el pabellón bien alto fuera, pero en casa dejan mucho que desear. Con esa actitud generan e irradian infelicidad, inseguridad, creando dolor y sufrimiento a los suyos, con quienes se ha comprometido de verás a progresar y a entregarse, lo más probable como fruto, insisto de deudas y faltas cometidas anteriormente. Cuanto error, y cuanta deuda para el futuro, cuanta mentira y cuanto despropósito, cuanto trabajo para la ley de causa y efecto que tendrá que reajustarnos debidamente en próximas existencias.

Es por ello, que debemos darle a la familia toda la importancia y el interés que tiene, que es mucho y de una alta responsabilidad. Es como estamos tratando de explicar en donde hemos de sacarnos la mayor nota posible, aprender a tratar a nuestros familiares con el máximo amor y compañerismo, porque ciertamente somos compañeros de viaje, de ese viaje hasta ahora interminable por la senda de la evolución, en ese vagón de ese viaje y es con ella con quienes debemos manifestarnos mejor que con nadie, y nos debe de servir como ensayo en la vida social.

La confianza mata al hombre, y a veces nos confiamos, pensamos que en la familia, no tienen importancia los errores, como si todo estuviera permitido, como si allí no tuviera importancia nuestro comportamiento. Craso error, definitivamente no es así, debe ser muy al contrario, debemos empezar, a ensayar la vida en un mundo de regeneración por la familia, para salir catapultados, llenos de orgullo, de entusiasmo, de fuerza y de luz, al ver que es en nuestra casa donde conseguimos la limpieza de espíritu y la ilusión que después podemos transmitir afuera.

Nos es muy necesario potenciar el concepto del hogar, viendo en él, el lugar en donde la Providencia nos va a presentar muchísimas oportunidades de progreso y evolución, y en donde se nos ponen a prueba muchísimos valores. Si no somos capaces de convertir nuestro pequeño hogar en un remanso de paz, en un recinto de luz y de armonía, ¿Qué podemos predicar? ¿Qué podemos presentar a nuestros hijos? ¿Qué podemos pedir al Padre celestial cuando dejemos la envoltura corporal?

Aunque no sepamos a ciencia cierta todo lo que nos puede deparar la vida en la familia, con toda seguridad no es casualidad la que nos ha tocado, por lo tanto, empecemos hoy y ahora a construir esa familia ideal que todos llevamos en nuestro pensamiento y que es fruto siempre del esfuerzo que realizamos por estar bien con nosotros mismos y en todo tipo de relaciones. Si deseamos un hogar feliz y dichoso, ese lugar anhelado en donde seremos comprendidos, respetados y  amados; ¿Qué es lo que estamos haciendo por conseguirlo? Hagamos todo lo que esté en nuestras manos, tratemos a nuestros seres queridos con la mayor delicadeza y comprensión, cariño y dulzura, y nos veremos mil veces recompensados.

Amor a la familia por:    Fermín Hernández Hernández

© 2016, Amor Paz y caridad

 

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Si el Espírita debe ser prudente, virtuoso, tolerante, humilde abnegado y caritativo, entre sus hermanos de ideal y en el seno de la Humanidad, ¡cuánto más lo debe ser en la familia!

 El Tesoro de los Espiritas, Cap. V; El Espírita En La Familia. MIGUEL VIVES

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