El Amor

AMOR A LA FAMILIA

Como no tratar en esta sección el amor a la familia, a pesar de haber contemplado ya el amor hacia los hijos, el amor conyugal, y el amor a los padres, no obstante, también debemos tener en cuenta, el amor a la familia de una manera global.

Desde luego, si como aspirantes al progreso moral nos debemos a todos los seres, siendo que debemos tratar a todos nuestros semejantes con el mayor respeto y tolerancia, y hasta con amor, ¿cómo debemos manifestarnos en nuestra familia? Pues todavía con mayor grado de todos estos elementos, porque sino seríamos hipócritas, y falsos aspirantes al desarrollo moral y del amor.

La familia, o más propiamente dicho el hogar, es el lugar donde convergen todas las actitudes, situaciones y diferentes características de todos sus miembros. En él es donde más cómodos nos sentimos, es como si fuese nuestro cuartel general, ese campamento en donde todos se conocen, conviven y se manifiestan con total libertad y naturalidad, y es por tanto donde sacamos tanto lo bueno como lo malo que llevamos en el seno de nuestra intimidad.

El hogar de la familia, en realidad deberíamos concebirlo como el campo de entrenamiento del espíritu en donde debemos llegar a conocernos mejor que en ningún otro terreno, y en donde debemos ejercer de espíritu puro, limpio, sano, transparente, amoroso, etc. para luego volcar toda esa amalgama de valores en el campo de batalla que es la vida y la sociedad.

Puede haber quien no lo vea así, quienes opinen que al llegar a su casa pueden relajarse, olvidarse de sus obligaciones, y hacer lo que quieran dicho de un modo coloquial, no obstante, estamos equivocados, y esta puede ser una de las razones por la cual quizás en muchos hogares no reine la paz, el amor, la concordia, la armonía  en una palabra.

Usando el sentido común y la sabiduría popular, en la familia es en donde mejor hemos de comportarnos, especialmente por los hijos, pues depende del ejemplo que les demos así se forjará su carácter y su modus operandi allá donde vayan. Asimismo a nuestro cónyuge o pareja, le debemos el mejor de los tratos, además de considerar que esa unión, debe estar basada en la ayuda mutua y en el darse el uno al otro, para llevar mejor las adversidades, dificultades y pruebas que la vida por sí sola nos presenta en el día a día.

El hogar es en realidad un santuario para la familia, sin lugar a dudas, pero es también una micro escuela en donde tenemos muchas lecciones que aprender. No debemos pasar por alto que en la familia se concretizan muchos y muy importantes objetivos que nos trazamos antes de encarnar, y en la familia hay ocultas muchas alianzas y retazos de otras existencias anteriores que venimos a pulir y perfeccionar. Por esta razón, no debemos considerar el núcleo familiar como  algo secundario, sino todo lo contrario, en muchas ocasiones, las mayores pruebas y expiaciones que venimos a experimentar se encuentran ahí mismo, por eso surgen roces, rebeldías, desencuentros, pero no son casualidad, es justo lo que más necesitamos a nivel espiritual para adelantar y dejar atrás deudas y errores, los cuales nos mantienen estancados.

Dicho esto, debemos señalar que hay personas que debido a sus imperfecciones, pretenden pasar por la sociedad como seres casi perfectos, son muy amigos de sus amigos, muy profesionales en el ejercicio de su actividad, muy sociales, muy de todo, pero luego, cuando llegan a casa, y nadie les ve, se portan de manera muy diferente con su propia familia, a la que nada o muy poco aportan, y además piensan que su familia está ahí para servirle.

Se quitan la careta, y se comportan del modo y manera realmente como son; han dejado el pabellón bien alto fuera, pero en casa dejan mucho que desear. Con esa actitud generan e irradian infelicidad, inseguridad, creando dolor y sufrimiento a los suyos, con quienes se ha comprometido de verás a progresar y a entregarse, lo más probable como fruto, insisto de deudas y faltas cometidas anteriormente. Cuanto error, y cuanta deuda para el futuro, cuanta mentira y cuanto despropósito, cuanto trabajo para la ley de causa y efecto que tendrá que reajustarnos debidamente en próximas existencias.

Es por ello, que debemos darle a la familia toda la importancia y el interés que tiene, que es mucho y de una alta responsabilidad. Es como estamos tratando de explicar en donde hemos de sacarnos la mayor nota posible, aprender a tratar a nuestros familiares con el máximo amor y compañerismo, porque ciertamente somos compañeros de viaje, de ese viaje hasta ahora interminable por la senda de la evolución, en ese vagón de ese viaje y es con ella con quienes debemos manifestarnos mejor que con nadie, y nos debe de servir como ensayo en la vida social.

La confianza mata al hombre, y a veces nos confiamos, pensamos que en la familia, no tienen importancia los errores, como si todo estuviera permitido, como si allí no tuviera importancia nuestro comportamiento. Craso error, definitivamente no es así, debe ser muy al contrario, debemos empezar, a ensayar la vida en un mundo de regeneración por la familia, para salir catapultados, llenos de orgullo, de entusiasmo, de fuerza y de luz, al ver que es en nuestra casa donde conseguimos la limpieza de espíritu y la ilusión que después podemos transmitir afuera.

Nos es muy necesario potenciar el concepto del hogar, viendo en él, el lugar en donde la Providencia nos va a presentar muchísimas oportunidades de progreso y evolución, y en donde se nos ponen a prueba muchísimos valores. Si no somos capaces de convertir nuestro pequeño hogar en un remanso de paz, en un recinto de luz y de armonía, ¿Qué podemos predicar? ¿Qué podemos presentar a nuestros hijos? ¿Qué podemos pedir al Padre celestial cuando dejemos la envoltura corporal?

Aunque no sepamos a ciencia cierta todo lo que nos puede deparar la vida en la familia, con toda seguridad no es casualidad la que nos ha tocado, por lo tanto, empecemos hoy y ahora a construir esa familia ideal que todos llevamos en nuestro pensamiento y que es fruto siempre del esfuerzo que realizamos por estar bien con nosotros mismos y en todo tipo de relaciones. Si deseamos un hogar feliz y dichoso, ese lugar anhelado en donde seremos comprendidos, respetados y  amados; ¿Qué es lo que estamos haciendo por conseguirlo? Hagamos todo lo que esté en nuestras manos, tratemos a nuestros seres queridos con la mayor delicadeza y comprensión, cariño y dulzura, y nos veremos mil veces recompensados.

Amor a la familia por:    Fermín Hernández Hernández

© 2016, Amor Paz y caridad

 

Si el Espírita debe ser prudente, virtuoso, tolerante, humilde abnegado y caritativo, entre sus hermanos de ideal y en el seno de la Humanidad, ¡cuánto más lo debe ser en la familia!

 El Tesoro de los Espiritas, Cap. V; El Espírita En La Familia. MIGUEL VIVES

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