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LABORIOSIDAD

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Laboriosidad

Laboriosidad procede del termino latino labor (trabajo, tarea, fatiga). De ahí el adjetivo laborioso (difícil, esforzado, complejo), los verbos labrar (conseguir algo con esfuerzo), elaborar, colaborar.

Como podemos apreciar, el tema que nos ocupa, nos da una interpretación muy clara de lo que representa para todos nosotros el hecho de forjar nuestra personalidad dentro de los valores humanos. Es un trabajo laborioso, que hemos de llevar a cabo durante muchas vidas, hasta que hayamos arrancado de raíz nuestras imperfecciones, y sólo alberguemos en nuestro interior cualidades positivas.

Hemos mencionado antes «arrancar de raíz», siendo esta la expresión que más claridad arroja para comprender el trabajo que se debe realizar con nuestros defectos morales, ya que estos no dejarán de entorpecernos y llevarnos a caminos equivocados hasta que no los eliminemos del todo, y esto sólo se consigue con mucho esfuerzo y como fruto de un trabajo constante y sin tregua. Los defectos se pueden llegar a controlar, puesto que sabemos que los tenemos, y se pueden ir reduciendo trabajando en el sentido contrario, siempre y cuando estemos determinados a transformar nuestro estado íntimo en un estado de limpieza y sinceridad en todos nuestros actos, pero no hemos de confiarnos nunca pensando que hemos eliminado del todo un defecto que era significativo en nuestro comportamiento, porque siempre puede quedar parte de él camuflado y la raíz no haber sido arrancada.

Es muy atrevido confiarse creyendo que por el trabajo de unos meses o de años hemos conseguido eliminar un defecto, que quizás llevábamos arrastrando muchos siglos y existencias, por lo tanto, hemos de hacer lo contrario, no solamente dominarlo y controlarlo, sino estar siempre en guardia para que no nos juegue una mala pasada.

Para toda aquella persona implicada en un trabajo de índole espiritual, ésta es la tarea que nunca ha de descuidar, ya que a mayor control y esfuerzo por eliminar sus imperfecciones, mayores logros conseguirá en el campo espiritual, ya que sus objetivos no se verán manchados por sus intereses personales y tendrá en todo momento una ayuda espiritual positiva que le guiará sus pasos y le dará todo tipo de facilidades para culminar con éxito sus emprendimientos.

Muchas personas se olvidan quizás de lo laboriosa que es la vida espiritual, que recordamos que no es otra cosa que la mejora de uno mismo (eliminación de raíz de las imperfecciones), y la ayuda a sus semejantes (de forma altruista y desinteresada), y para llevar a cabo esto hace falta una buena dosis de entusiasmo, sin la cual con el tiempo no le vemos sentido a lo que estamos haciendo, nos aburrimos, nos cansamos, nos vuelven a salir las viejas tendencias del pasado, la comodidad, y con ello el ambiente material en el que vivimos nos arrastra de nuevo a vivir una vida normal, sin compromisos, y sin implicarnos. Con lo cual vemos lo importante que es mantenernos con ese entusiasmo y dinamismo que sólo viene como fruto del trabajo del día a día, que no nos deja dormirnos, sino tratar de alcanzar nuevas metas, aunque éstas sean pequeñas, pero nos permiten ver un nuevo horizonte y lo mucho que queda por hacer.

El hecho de conseguir algo bueno para nosotros mismos, e implicarnos en llevar a cabo nuestra vida dentro de unos parámetros espirituales requiere también estar convencido a fondo de que es eso lo que queremos. Hay que ser valiente en nuestra sociedad para nadar contra corriente, para creer en algo en lo que la mayoría no cree, o simplemente para plantearse vivir sin egoísmo y sin maldad, que son la base de casi todas las relaciones humanas y sociales, aunque esto no se reconozca abiertamente, todos sabemos que es así. Hace falta estar convencido, tener fe y sentirlo, porque si no, no podemos sacar la valentía que se requiere para dar ese primer paso y después comprometernos y responsabilizarnos de efectuar una serie de cambios en nosotros, cambios que son imprescindibles para acoplarnos a un grupo y colaborar con él en la ejecución de objetivos a conseguir.

Cuando sabemos que es lo que queremos hemos de prepararnos con las herramientas adecuadas para llegar a ese fin, y hemos también de descartar todo aquello que va a suponer un peso y un entorpecimiento en nuestro caminar, si no lo hacemos así sabemos que a la larga no vamos a poder resistir sucumbiendo por falta de capacidad y los buenos planteamientos no van a ser suficientes. La convicción nos va a dar la seguridad suficiente para quitarnos todo el lastre que pueda estancarnos en nuestro cometido, la valentía nos va a lanzar a ese trampolín y el coraje debe ir unido también a estas cualidades, para que seamos lo suficientemente fuertes a la hora de afrontar retos duros, o serios obstáculos que se puedan presentar. No todo está tan claro para saber qué tenemos que hacer, no siempre vemos los caminos que hemos de seguir señalados con una flecha, y nuestros defectos juegan siempre al acecho para llevarnos por el camino más fácil. Por experiencia sabemos que el camino más fácil no siempre es el mejor, sino todo lo contrario. No todo en la vida se nos da hecho, somos nosotros quienes hemos de recorrer el camino y superar mil y una dificultades. En muchas ocasiones, tanto en la vida material como en la espiritual, el mérito y el éxito vienen a consecuencia de haber sabido superar la dificultades con tesón, siendo constantes en el trabajo, no habiendo perdido nunca la fe y poniendo ese coraje que hace falta para conseguir algo que veíamos muy lejano y que a la mayoría de las personas, por no gustarles el trabajo fatigoso, enfrentarse a problemas, etc…, abandonan y no llegan a conseguir nunca nada.

La vida espiritual es de lo más laborioso que existe en la existencia humana, porque nunca termina, siempre hay algo que hacer, a cada momento se nos pueden presentar pruebas, actuaciones, pensamientos, etc…, y no podemos quedarnos parados, tenemos que reaccionar de la mejor forma posible y hoy mejor que ayer, si no es así no existe el progreso para nosotros. Es por ello que hemos de estar atentos a nuestra conducta y atentos a no quedarnos atrás en el camino de la superación personal, fijándonos en los avances que consiguen otros, en las nuevas ilusiones que se proyectan, en las posibles metas que podemos trazarnos. Debemos de hacerlo así porque si no hay un fin que alcanzar todos los buenos planteamientos se vienen abajo, el trabajo es el alimento del espíritu y el amor su objetivo final, y para ello hemos de estar en constante movimiento a fin de tener siempre algo por lo que luchar.

Laboriosidad por:  Fermín Hernández Hernández

© 1999 Amor, paz y caridad

AMOR A LA PATRIA

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Amor a la patria

 

Amor a la patria, vemos aquí otro aspecto del Amor, digno de tener su propio apartado.

Denominación de Patria según la R.A.E.:

  • Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
  • Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.

Mencionaremos que estas definiciones tienen únicamente el valor de su trasfondo material y, este está limitado al tiempo que permanecemos en una existencia física. Por ello, debemos aprender a diferenciar en estas definiciones entre; su significado material y su trasfondo espiritual. Ello gracias a los conocimientos que hemos venido incorporando a nuestro acerbo espiritual.

Siendo como realmente somos, seres espirituales, debemos insistir en ello una y otra vez. Nuestra percepción de las cosas cambia con el transcurso del tiempo y las experiencias. Con los años vamos sumando madurez y experiencia, aprendiendo a enfocar los asuntos con mayor precisión y conocimientos, usando el raciocinio y la lógica, la sensatez y el sentido común y no dejándonos influenciar por las pasiones y la impaciencia. En idéntico modo, vamos asumiendo nuestro rol espiritual, vamos ordenando ideas y dándoles su verdadero sentido y transcendencia.

Evidentemente, no podemos contemplar los problemas desde el mismo punto de vista estrictamente material qué, cuando conocemos y profundizamos los asuntos espirituales. Los planteamientos cambian y los resultados también.

En este asunto que estamos tratando, debemos ampliar la visión materialista de la palabra “Patria”. Una visión espiritual nos hace comprender que somos ciudadanos universales, participes de toda la Creación, o cuanto menos, como ciudadanos de este planeta al que pertenecemos. Unas veces encarnamos en un determinado país, en otras, en cualquiera de los demás que integran el planeta. Todo ello, siempre en virtud de los méritos y necesidades evolutivas de nuestro espíritu.

Nada más lejos de nuestra imaginación querer dar a entender que no debamos valorar y amar la tierra que nos ha dado cuna y cobijo. Pero este sentimiento no debe empujarnos a rechazar países o tierras vecinas con los que posiblemente mantengamos antiguas raíces que desconocemos. ¿Quién no guarda en la memoria algún déjà-vu visitando otros lugares? Hoy nacemos españoles, en el pasado, posiblemente romanos, franceses, ingleses, americanos…; dondequiera que nuestro camino espiritual nos llevase y, en el futuro seremos “ciudadanos” de otros planetas y mundos. La evolución nos lleva en multitud de vidas a lugares distintos, siempre en función de nuestras necesidades evolutivas. Bebemos de las fuentes que el destino nos aporta en cada momento.

El amor y el reconocimiento a la tierra que nos da cobijo llegan como un sentimiento natural originado por nuestras raíces humanas. Se incorpora a nuestro acervo espiritual, independientemente del lugar, región, país o continente dónde nos haya llevado nuestro devenir como entidades en evolución, necesitadas de experiencia y progreso.

Ahora bien, en determinados momentos transcendentales para un país o nación, es necesario, revestirse de un sentimiento patriótico de coraje y valentía, a fin de defender los valores y las propia patria, en defensa de los ataques e injusticias externas que puedan sobrevenir y que de hecho han acontecido en diversos momentos de la historia de la humanidad, como nos relata León Denis, en su obra “Después de la muerte”, y que dice así: ”Ningún testimonio de la intervención de los Espíritus en la vida de los pueblos es comparable a la historia conmovedora de la virgen de Domrémy. Al comienzo del siglo XV, Francia agonizaba bajo el pie de hierro de los ingleses. Con la ayuda de una joven, de una niña de dieciocho años, (Juana de Arco); las potencias invisibles reaniman a un pueblo desmoralizado, despiertan el patriotismo extinto, inflaman la resistencia y salvan a Francia de la muerte”.

No obstante, los conocimientos espirituales nos ayudan a descartar los fanatismos que pudiésemos sentir hacia cualquier país pues, nos insisten en la temporalidad de las existencias físicas. El sentimiento de gratitud debe permanecer siempre y nada debe arredrarnos cuando sentimos una deuda de gratitud con nuestro país, si con ello beneficiamos su desarrollo.

Cuando el espíritu se ve libre de materia, tiene una visión y un sentimiento de justicia mucho más amplios, deja de considerarse ciudadano de un lugar concreto para convertirse en ciudadano del Universo. Atrás quedan los fanatismos, pasiones y vínculos materiales que confunden nuestro caminar, generando deudas para futuras existencias.

Todo aquello que separa a los seres humanos suele ser fruto del egoísmo, del fanatismo y de pretensiones equivocadas; son los síntomas de la inferioridad moral de aquellos que enarbolan banderas para crear diferencias entre personas.

Hay que guardar serias reservas hacia estas tendencias pues, a consecuencia del apasionamiento y del fanatismo, caemos en la falta de respeto y en el desamor hacia otros pueblos, hace que nos creamos superiores, que les ataquemos y menospreciemos, que volquemos nuestros resentimientos hacia ellos, creyendo que al hacerlo estamos defendiendo lo nuestro. Olvidamos que el destino puede, perfectamente, hacernos encarnar en un futuro, en diferentes lugares para, de ese modo hacernos comprender que somos espíritus, hermanos universales, sin distinción de razas y credos.

Los ricos de hoy son los pobres del mañana, la bandera que hoy nos representa puede ser mañana la de nuestro adversario. Si sentimos aversión hacia una comunidad, mañana puede ser la nuestra. Seamos pues consecuentes y dejemos de lado los nacionalismos y todo aquello que por su temporalidad, es únicamente una herramienta de progreso que nos ha de servir para forjar interiormente la verdadera grandeza: “Servir con amor a nuestro prójimo” sea cual sea su origen.

De índole similar son los sentimientos entre razas. Existen personas que albergan sentimientos de odio hacia otras razas por el mero hecho de ser y pensar de diferente modo. Todos conocemos ejemplos de estos odios. El espíritu carece de raza, color y nacionalidad y, este es un conocimiento que esta Humanidad debe tener muy presente, especialmente cuando está en camino de una imparable transformación moral.

Afirmaban los religiosos de América del Norte, que los negros servían únicamente para ser esclavos porque no tenían alma. Que Dios no era negro, sino blanco y, con este obtuso argumento apoyaban la esclavitud. ¿Quizás ellos habían visto a Dios para afirmar que era blanco? (Extraído de la obra de Martin Luther King, La fuerza de Amar.)

Hoy viene sucediendo algo similar, la falta de conocimiento espiritual, junto con los defectos que llevamos impresos en nuestra personalidad nos llevan a apasionarnos, a fanatizarnos con la bandera de nuestra región o país, con nuestra religión, con la política, con el deporte… absolutamente con todo. Contaminamos el mundo con nuestros defectos morales y la ignorancia espiritual.

La vanidad y el orgullo mal entendidos nos impiden ver el lado bueno de las personas. Existen quiénes, teniendo algún tipo de conocimiento espiritual, por no ponerlo en práctica y no trabajar en su mejora interna, incurren en este tipo de errores. Su responsabilidad será aun mayor.

“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Esta sencilla frase del Maestro traza una clara línea para darnos a entender y distinguir entre; lo que es material y por ello temporal y, lo que es espiritual, eterno. Hay que defender y amar a nuestra tierra, pero esto no debe llevarnos a prácticas xenófobas, a la falta de respeto y consideración hacia todo aquel diferente a nosotros. Recapitulemos pues sobre las consecuencias que esto puede acarrear a nuestras próximas existencias. Aprendamos la lección.

La justicia es inmanente, tenemos libertad para actuar pero, esa misma Ley kármica pondrá en marcha  los ajustes  necesarios para conseguir que aprendamos a evitar a los demás aquello que no deseamos para nosotros.

 

Amor a la patria por:    Fermín Hernández Hernández

© 2017, Amor, Paz y Caridad

ASTRAL INFERIOR

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Astral inferior
Fotograma de la película, "Nosso Lar"

Del mismo modo que existen Planos Felices, -según citamos en el artículo del mes pasado- existen también Planos de Dolor; planos del Astral Inferior en los que reinan las penalidades y los sufrimientos, la oscuridad y la infelicidad. Llegan a ser tantos mundos inferiores como resultan necesarios para albergar la vida –Física y espiritual- de los diferentes estadios evolutivos del Ser.

Según nos indican las diferentes filosofías, se les denomina: Astral inferior, Umbral, Bajo astral, Plano causal, Plano de deseos, etc. Las religiones les denominan: Purgatorio, Limbo, Infierno, etc. Todas esas instituciones nos indican que efectivamente, existen varios niveles o planos al otro lado de la vida física.

Cada uno de estos planos se corresponde con los diferentes grados de conciencia y desarrollo espiritual alcanzado por el ser y, con las intenciones y deseos que mantienen los pobladores de estas oscuras regiones.

En función de sus necesidades evolutivas particulares, pueden permanecer allí por un plazo de tiempo indeterminado, hasta tanto depongan su actitud de rebeldía y acepten enfrentar las expiaciones y pruebas necesarias para su progreso a través de la reencarnación.

Aquí cobra gran relevancia la Ley de Afinidad y, por sus premisas, se agrupa en un mismo plano a los espíritus que mantienen una misma sintonía y similar desarrollo espiritual.

Se trata de una especie de filtro, por el que cada ser llega al lugar que le corresponde por su nivel vibratorio y, dónde tiene que reflexionar y asimilar sobre todo aquello que la Ley Universal del Amor le devuelve en justa correspondencia con sus actos; es el fruto de sus responsabilidades y méritos.

La Justicia Divina, efectivamente, no trata por igual a las personas que cometieron errores en su vida terrena y que actuaron sin maldad; a quienes se equivocaron por pura ignorancia y egoísmo y qué, constatando sus errores, se arrepienten y desean rectificar.

No son espíritus malos o perversos, pero todavía no están preparados para permanecer en el plano espiritual donde puedan gozar de una mínima y relativa felicidad.

Su nivel de conciencia es muy diferente a la de aquellos que obran con maldad consciente, sin importarles el daño que causan a sus semejantes y preocupándose  únicamente por sí mismos.

Estos últimos, comenten todo tipo de injusticias y daños sin remordimiento alguno, se rebelan contra toda norma y justifican siempre su mala conducta y acciones. No conformes con el destino que les marca la Ley, intentan además tomarse la justicia por su mano.

A estos espíritus resulta muy difícil ayudarles pues, sus defectos e imperfecciones se convierten en sus propias trabas. Será el tiempo y el sufrimiento quienes les vayan desgastando en su rebeldía hasta qué, desquiciados y arrepentidos, les llegue la oportunidad de comprender y rectificar.

Los espíritus egoístas, orgullosos, materialistas, cómodos, perezosos, malvados, ruines, sin corazón, vengativos, viciosos, avaros y con afán de dominio y poder, que no sienten ningún respeto hacia el dolor y las necesidades ajenas, todos y cada uno de ellos, tienen su lugar en las fangosas regiones de los planos inferiores, hasta tanto su conciencia se vaya sensibilizando y comiencen a sentir la necesidad de rectificar y buscar los planos de Luz y Felicidad.

Para llegar a cada plano espiritual resulta prioritario el grado de conciencia alcanzado: A mayor conciencia mayor responsabilidad. Todos aquellos que obraron contra su conciencia, siendo conscientes de sus errores y haciendo oídos sordos al daño causado, pensando que podían eludir a la justicia humana; todos ellos, sin excepción, encontrarán siempre el fruto de sus actos y, por magnetismo llegarán a esas regiones tenebrosas donde impera la maldad y donde habrán de convivir con entidades de su propia calaña.

Así, el Umbral –como su propio nombre indica-, sería una zona intermedia cercana al plano material, a la que se llega después de la desencarnación. Allí no moran espíritus malvados, sino aquellos que no aprovecharon adecuadamente su tiempo en la Tierra. Habrán de permanecer entre penumbras y dolor, hasta tanto su alma se sensibilice y su conciencia les permita ascender al plano donde comenzarán a progresar y descubrir conscientemente el nuevo mundo que les rodea. Entonces, comenzarán a preparar una nueva vida, encarnados, en la que poder ir rectificando los errores y posturas equivocadas, fruto de la ignorancia y los defectos adquiridos.

En esa zona denominada “El Umbral”, se siente la desesperación del destierro. El espíritu, desheredado, no comprende cómo, ni porqué, ha llegado allí, no sabe como salir y no entiende los procesos que le envuelven. Se encuentra sólo y siente más agudizadas las necesidades que tenía cuando poseía un cuerpo físico. Sí falleció enfermo, crecen sus dolores; percibe llantos, gritos y burlas y siente que le están persiguiendo en todo momento. Todo se convierte en una permanente pesadilla de la que le resulta imposible escapar. Ansía constantemente despertar hasta qué, finalmente, le llega el momento de proseguir con su evolución. Es a partir de ese momento, cuando aquellos que le estiman, acuden a su rescate.

Este sería el primer escenario que nos podremos encontrar una vez el espíritu abandona el cuerpo. Posiblemente sea el lugar más agradable del astral inferior, pues se trata de una zona de paso, en tanto la conciencia va despertando a la Vida Espiritual.

A medida que la conciencia se va enlodando, más y más, en estados profundos de maldad y rebeldía, el ser espiritual se va degradando moralmente hasta niveles insospechados de animalidad. Desciende a los planos de vida más oscuros y tenebrosos, en los que imperan el terror, el miedo y el despotismo, todo tipo de bajezas ligadas al mal, acrecentándose sus padecimientos y penurias.

Este plano es el fiel reflejo de los relatos y leyendas que nos han venido contando y que nos descubren los estados purgatoriales e infernales. El infierno, tal como nos lo describen las diferentes creencias, no existe, ni tiene un lugar concreto. Tampoco existe la figura del diablo creada por Dios. Son los propios espíritus quienes crean esos estados o planos de conciencia, verdadero infierno para quienes se instalan allí. Por el peso de su conciencia, magnetismo y situación moral, les resulta imposible escapar de esas zonas.

Es tal el grado de degradación alcanzado qué, como gárgolas, toman las formas grotescas de los animales a cuya condición se asemejan. De ahí esas monstruosas y demoníacas alegorías.

La vida y su manifestación en los planos astrales inferiores son: La fealdad, la repugnancia y el terror, consecuencia de los pensamientos, sentimientos y emociones que emanan de los seres que pueblan esas oscuras regiones.

En esos planos de oscuridad e infelicidad, todos los depravados que usaron la vida en beneficio propio, olvidando los deberes y obligaciones que como hijos del Creador compartían, se encontrarán con el dolor y el crujir de dientes. Son zonas abismales donde impera la ley del más fuerte, pero no la fuerza física, sino la mental e intelectual. Existen seres provistos de gran orgullo y egoísmo, auténticos dictadores que, dotados de un elevado grado de inteligencia y poder mental, los utilizan para dominar y esclavizar a los débiles que son atraídos a esas zonas y que caen en la red de esas organizaciones malignas que los utilizan para conseguir sus fines.

Se convierten en esclavos de esas entidades perversas, que los dominan, explotan y convierten en títeres de sus bajas intenciones; se encuentran inmersos en un plano de vida oscuro, sucio y desagradable. En ese plano de existencia, todo, incluida la vegetación y fauna, se ajusta a los bajos y deprimentes sentimientos de sus moradores. Recordemos las figuras gárgoleas, carentes de luz y belleza que nos muestra Dante Alighieri en su Divina Comedia.

También existen planos del bajo astral en los que se aglutinan espíritus trastornados y enloquecidos que desencarnaron presas del materialismo, avaricia y egoísmo sin límites; que se apartaron del camino del Amor y que ahora se encuentran en ese plano astral, vacíos y sin nada a que aferrarse, añorando sus antiguas posesiones. Como no pueden alcanzar nada de aquello que poseían en la materia, sufren constantemente.

Únicamente a través de una nueva reencarnación podrán encontrar el alivio; cuando, arrepentidos, regresen a la vida física para reparar el mal causado y corregir aquellas imperfecciones que propiciaron su caída.

También encontraréis a aquellos seres que ocuparon en su vida física cargos y puestos de relevancia, política, religiosa o militar; muchos de ellos convencidos de continuar en esos puestos honoríficos después de la tumba. Creían comprar una parcela de cielo donando sus bienes a la iglesia o comprando indulgencias pero, dejando de lado la caridad y la ayuda a los necesitados. Cuando abandonan el cuerpo físico no encuentran su cielo y el status que creían merecer. Comprueban la miserable situación que se han labrado y sufren. Entonces se rebelan, niegan a Dios, y pasan a engrosar las filas de los espíritus rebeldes que luchan contra las Leyes Divinas y todo lo que represente evolución espiritual y moral para los seres encarnados, convirtiéndose en los mayores opositores al progreso espiritual.

Todo en los planos inferiores es lúgubre, carente de luz y belleza.  No es por carencia de luz física, sino de luz espiritual. La luminosidad de cada plano está acorde a la vibración de sus propios habitantes. (Sebastián de Arauco).

No obstante, los espíritus elevados, seres de gran luz y amor, nunca les olvidan. Sienten hacia ellos gran ternura y amor y, por haberlo vivido antes, comprenden que el sufrimiento finalmente les rescatará de las zonas inferiores para conducirles a la senda de la regeneración.

Establecen programas y actuaciones para ellos, visitándoles con frecuencia en esas zonas tenebrosas, para dialogar y hacerles conscientes del largo y duro camino que les queda por recorrer.

Estos espíritus generosos se preparan metódicamente, pues saben que nunca son bien recibidos y que se enfrentan a hermanos dotados de gran inteligencia y poder mental, que se sienten dueños y señores de esas zonas inferiores y que están convencidos de que esos Hermanos de Luz son intrusos que nada tienen que ver, ni hacer, en lo que consideran sus dominios.

 

El astral inferior por: Fermín Hernández Hernández

©2017, Amor, Paz y Caridad

CARÁCTER

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Carácter

Carácter:-La raíz de este término parte del griego Xaracter y significa marca, sello, es por tanto el modo en el que cada individuo se manifiesta por su forma de ser, resultado de la suma de sus experiencias y de los valores que acumula en su interior.

El carácter es una parte importante en la formación de la personalidad humana. Aunque también es algo que se debe controlar, es decir, a veces en un sentido coloquial decimos, esta persona tiene mucho carácter, pero es conveniente saber qué hay en el fondo de ese carácter.

Se confunde en muchas ocasiones el carácter con el orgullo y el amor propio. La única forma de diferenciarlo considero que es remitirnos a la base espiritual que la constituye las cualidades de la persona. El carácter, si es positivo, distingue al individuo, por una estabilidad en su forma de ser, no va allí donde el viento sopla más fuerte, tiene su propio criterio que lo extrae de su análisis y razonamiento, aunque esto no le impide aparcar sus pensamientos y aceptar el análisis de otras ideas para quedarse con lo más apropiado antes de tomar una decisión. No se deja llevar por el qué dirán, ni por prejuicios o convencionalismos. Sabe mantenerse firme siempre que considere estar acertado, no cediendo a ninguna clase de presiones o amenazas. Respeta todos los puntos de vista y formas de proceder dejando a cada cual actuar según su libre albedrío. Tiene un grado de madurez que le da un equilibrio y paz interior. El resultado de todo esto es que se convierte en una persona sociable, agradable a los demás, seguro de sí mismo, y por tanto capaz de ayudar a sus semejantes en sus realizaciones y actividades cotidianas, ya que se hace digno de su confianza y de seguir sus pasos.

El carácter, bien entendido, no tiene nada que ver con la intransigencia, la tozudez, imponer el punto de vista particular sin respetar lo que opinen los demás, hacer siempre lo que uno quiere sin pensar si puede resultar molesto e incluso desagradable, ser violento y hasta a veces agresivo. Muchas de estas cuestiones salen a relucir cuando decimos, «tiene un carácter muy fuerte», más no le echemos la culpa al carácter. Cada persona es responsable de sus obras, pensamientos y sentimientos, y es nuestro deber saber controlar nuestro carácter, y si es «fuerte», no es algo que se nos deba pasar desapercibido y dejarlo salir sin más. Es algo que debemos controlar, e ir dominándolo poco a poco, cosa que no hemos hecho en existencias anteriores.

Tan malo es tener ese carácter fuerte y descontrolado, que el lado opuesto como es la debilidad de carácter, porque entonces somos veletas y nunca hacemos lo que nos dicta nuestra conciencia, sino lo que creemos que a los ojos de los demás será lo mejor, o esperamos que alguien nos diga “esto es lo que debes hacer”. Tenemos tal inseguridad, tal falta de carácter, que siempre necesitamos que alguien nos confirme los pasos que debemos dar. En estos casos si nos equivocamos no es por nosotros mismos, con lo cual sufrimos doblemente, y si acertamos el mérito tampoco es nuestro, con lo cual es difícil que podamos sentirnos satisfechos. En este sentido una lección que debemos aprender es a tomar nuestras propias decisiones y a equivocarnos por nosotros mismos, entonces nos resulta mucho más sencillo detectar los posibles errores y asumir el compromiso de rectificarlos.

Lo difícil es conseguir esa madurez y equilibrio espiritual que nos permita pensar y manifestarnos con libertad, pero con la base de los valores espirituales y el respeto al prójimo, dejando a un lado el egoísmo y los intereses particulares. Ser lo suficiente honesto para reconocer cuándo nos hemos equivocado, y dar la razón a los demás, sin ningún reparo en corregir nuestra postura y ceder a otras formas de actuar que antes no habíamos considerado. Así es como se forja el buen carácter, que es al que todos deberíamos aspirar, aprendiendo cada día y siendo conscientes de que no somos perfectos.

Carácter no implica rigidez, sino que sin perder nuestro sello, sepamos adaptarnos al entorno, sin complicarnos en actuaciones que están fuera de nuestro sentido moral y manteniéndonos firmes en lo transcendente, de esta forma nos haremos respetar al mismo tiempo que la amplitud de miras que ha de ser nuestra aliada, nos ayudará a seguir mejorando nuestro carácter, para no quedarnos estacionados y convertimos en fanáticos de nuestras propias ideas.

La mejor forma de conservar el carácter es actuar siempre con rectitud y con principios, a veces no resulta fácil, pero logramos no sólo mantener nuestra personalidad, sino que además la vamos fortaleciendo día a día, dando la imagen transparente de lo que somos y lo que pensamos, y sin darnos cuenta tendremos una coraza que nos protegerá de todas aquellas circunstancias que podrían llevarnos por otro sendero.

Fermín Hernández Hernández

© 1999 Amor, paz y caridad

LAS COMUNICACIONES MEDIUMNICAS

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Las comunicaciones mediumnicas

«No creáis a todo espíritu; probad antes si viene de Dios».

Jesús de Nazaret, Evangelio según San Juan.

Resulta habitual en los grupos espiritas llevar a cabo trabajos mediúmnicos sí disponen de los médiums apropiados. Dichos trabajos de mediumnidad tienen, por lo general, dos diferentes enfoques: El primero de ellos tiene por misión dar luz a espíritus sufrientes, haciéndoles comprender que ya abandonaron su cuerpo físico y que deben incorporarse a la vida espiritual para proseguir su camino de evolución en el plano que les corresponde.

La segunda y no menos importante es: Recibir las instrucciones y consejos necesarios para que el grupo de trabajo espírita no se estanque en su progreso y camine la senda correcta para la consecución de sus objetivos y compromisos espirituales.

Para ello, resulta conveniente poner en tela de juicio, siempre, las diferentes comunicaciones obtenidas, sometiéndolas al crisol de la razón y el sentido común, para así, no dar por válidos aquellos mensajes de aspecto frívolo o, meramente  formales, pero que carecen de enriquecimiento que nos sirva como futuras pautas de conducta para nuestro desarrollo como grupo. Ello, siempre en función de las circunstancias que esté atravesando el grupo en ese momento.

Los Espíritus formales no todos tienen igual ilustración. Hay muchas cosas que ellos ignoran y sobre las cuales pueden engañarse de buena fe; por eso los Espíritus verdaderamente superiores nos aconsejan, sin cesar, que sometamos todas las comunicaciones al examen de la razón y de la más severa lógica. (Allan Kardec, Libro de los Médiums, Cap. X, Naturaleza de las comunicaciones). 

Vemos cómo el codificador incide en este punto, resaltando en todo momento que los espíritus verdaderamente superiores: Aconsejan constantemente someter todas las comunicaciones recibidas al examen de la razón. Todas, sin excepción; dándonos a entender que no debemos bajar la guardia y aceptar por buenos los comunicados recibidos, sin más. Si de hecho resulta difícil juzgar las intenciones humanas, cuanto más las espirituales.

Dada la infinita escala de evolución de los espíritus, resulta normal y absolutamente lógico que desconozcamos el tipo de entidad de la que procede el mensaje, si previamente no sometemos su contenido al análisis de la razón y la lógica.

¿Qué está sucediendo constantemente en los grupos de trabajo? Simplemente que después de un mensaje se suele comentar lo indicado por las entidades espirituales,  dando por sentado que esa comunicación viene necesariamente de un espíritu superior, sea de un espíritu evolucionado, familiar, amigo o guía del grupo, pero damos siempre por sentado que la comunicación es válida y el comunicante digno de confianza.

¡¡Craso error!! Con ello estamos manifestando nuestra ignorancia sobre las pautas marcadas por las entidades superiores, que nos enseñan en todo momento y con todo lujo de detalles, cuál debe ser el modo de proceder en las comunicaciones, su desarrollo, los diferentes tipos de espíritus comunicantes, las variadas formas de calificar los mensajes, etc., Todo un tratado de sabiduría mediúmnica, que tristemente no empleamos ni en su más mínima expresión.

Se trata de un asunto de especial gravedad. No en balde Allan Kardec y un sinnúmero de espíritus superiores le conceden una importancia extrema al análisis y estudio de los comunicados para saber extraer de ellos, únicamente, las informaciones útiles.

¡¡Es mejor rechazar 99 verdades antes que aceptar una sola mentira!! (Allan Kardec)

Aseveraba el maestro de Lyon, dándonos a entender la acuciante necesidad de impedir que pasen por nuestros centros espíritus inferiores con la intención de hacernos perder el tiempo.

Este hecho, cobra especial relevancia cuando se ha perdido por completo la facultad de analizar al espíritu comunicante y su mensaje. Con ello estamos dejando las puertas abiertas para que espíritus de baja condición se hagan con el control del trabajo mediúmnico, e influyan en el comportamiento y actitudes futuras de sus componentes; quienes, de forma inconsciente estarán siguiendo sus pautas, que tienen como único fin desestabilizar y destruir el trabajo no sólo de mediumnidad,   sino también frenándoles, entorpeciéndoles, y desviando la atención de sus verdaderos objetivos y compromisos como grupo de índole espiritual.

Esta es la principal razón por la que muchos grupos espíritas se encuentran desorientados y confusos pues, al no descartar comunicaciones equívocas, están admitiendo como válido a cualquier comunicante. Finalmente lo que se consigue es poner al médium especialmente, y al grupo en general, bajo la tutela de espíritus mediocres y frívolos, falsos sabios que de manera muy inteligente van fijando sus ideas y falsos principios, alejándoles de su verdadera tarea, los compromisos espirituales adquiridos para la propagación del Espiritismo y la evolución personal y del grupo.

Un síntoma inequívoco de que se está produciendo un proceso de obsesión y de perturbación por parte de la parte espiritual negativa es cuando comienzan a producirse en los miembros del grupo divisiones y desencuentros que en otros momentos no se producían, es entonces cuando debemos observar la gravedad de la situación y tener la humildad suficiente para elevar nuestras oraciones y volver a la buena senda de la unión.

Debemos tener muy presente el grave peligro que para todos los grupos Espíritas supone esta circunstancia, pues, debido al acecho constante del plano inferior, con organizaciones destinadas a atacar y provocar la falta de unión y entendimiento en los grupos, se está poniendo en serio peligro su labor. Y suelen lograrlo con mucha facilidad si bajamos la guardia y no seguimos fielmente las pautas que los espíritus superiores nos marcan. De este modo conseguiremos estar bajo su amparo y protección y así, poder librarnos de los embates de estos hermanos oscurecidos que, en demasiadas ocasiones logran alcanzar sus propósitos.

Para los grupos, su prioridad será siempre cumplir las reglas que nos dejó el Maestro: La primera: “A mis discípulos se les reconocerá porque se aman” y, la segunda: “Convertirse en hombres de bien, alcanzando cada día un mayor grado de evolución espiritual”.

¡¡Sed pues perfectos como mi padre es perfecto!!

El Amor del que nos habla el Maestro trae consigo la armonía, la unión, el deseo de trabajar juntos, un ambiente de paz y confianza, serenidad y paz en el espíritu, haciendo que las críticas y las opiniones sean aceptadas de buen grado y con espíritu de análisis y reflexión. Y sobre todo alejan el personalismo y las pautas de comportamiento individualistas, que llevan a la creación en los grupos de diferentes facciones.

Muy lejos de estas premisas, entre muchos grupos espíritas se prioriza la notoriedad, la rivalidad, el egoísmo y todo tipo de iniciativas que impiden caminar todos juntos. Tal parece como si cada miembro del grupo tuviese su particular escuela. Al final, lo que se consigue es una falta de entendimiento y destrucción de los grupos, que es en definitiva, lo buscado por esos espíritus burlones y pseudo-sabios.

Este tipo de actitudes y comportamientos abren una profunda grieta en la formación y evolución de los grupos, propiciando que se infiltren esos espíritus embaucadores y malévolos, a quienes les abrimos las puertas y damos todo tipo de facilidades para conseguir sus propósitos.

¡Cuán pocas críticas se ven en los trabajos mediúmnicos! Qué poco se llevan a la práctica, el estudio y el análisis constructivo de los mensajes. Análisis que comienza por el propio médium, que debe ser el primero en realizar un examen íntimo: De las condiciones internas con las que llega al trabajo y finalmente, revisando el desarrollo de su trabajo en él. Él mejor que nadie, sabe cómo se siente y como ha llevado a término su labor. Debe poseer la suficiente humildad, educación moral y control de su facultad para impedir que cualquier espíritu burlón, engañoso y frívolo  pueda pasar por él y comunicarse.

Pero esto, no es únicamente tarea suya, también recae en el director del trabajo y del resto de los asistentes quienes, deben participar activamente y someter también al buen criterio y al análisis, los mensajes recibidos. Nadie se deberá molestar por ello, muy al contrario, es su deber y obligación hacerlo. Si algún médium se siente ofendido por ello, estará demostrando su sometimiento a la voluntad de los falsos espíritus. Esta actitud le descalificaría como médium espírita.

Debemos tener presente, que los médiums, generalmente denominados parlantes o de psicofonía, son completamente conscientes de los mensajes que transmiten y, al igual que el resto de intervinientes, oyen perfectamente sus propios comunicados. Por mucha buena voluntad que tengan y aun sin desearlo, acabarán interfiriendo  en mayor o menor medida en los comunicados.

En el caso de los médiums mecánicos, la situación es completamente diferente, ya que no son conscientes de sus comunicados, resultándoles por tanto imposible interferir en lo que transmiten. Estos médiums, son “rara avis” (más bien raros), y podemos confiar plenamente en sus mensajes.

Si tomamos en consideración todo lo anterior, debemos tener muy claro que no debemos creer todo aquello que se diga en los trabajos mediúmnicos y menos, cuando se reitera algo que ya sabemos de antemano.

Debemos pues, retomar los trabajos espirituales con la gravedad que merecen, acudir a ellos con la adecuada higiene psíquica, con deseos de aprender y de llevar a buen término los trabajos mediúmnicos y perder el temor a la hora de descartar aquellas comunicaciones que carezcan de transcendencia. Debemos tomarlas como una parte del desarrollo del médium y un aprendizaje para todos.

El desarrollo de un médium digno de confianza es un proceso largo, que requiere mucha educación y estabilidad por su parte y, de la buena escuela que tenga el grupo que le cobija. La experiencia es un grado y esto no se consigue a corto plazo, especialmente, si nunca se han sometido las comunicaciones a la metodología del Libro de los Médiums.

Tampoco debemos caer en el error de la rutina, considerando que, por el hecho de llevar mucho tiempo realizando trabajos espirituales, ya estamos en las manos correctas y que podemos prescindir del estudio y análisis de los comunicados. Los médiums, al igual que la mayoría de los espíritas, somos personas de grandes defectos, sometidos a todo tipo de influencias. Podemos estar pasando períodos de pruebas y crisis y, en cualquier momento, estar expuestos a la influencia y sometimiento de los espíritus inferiores. Por tanto, no debemos confiarnos y utilizar siempre el discernimiento y el espíritu crítico. (Único medio de evitar errores e influencias de los planos inferiores).

Es el precio a pagar si queremos tener unas adecuadas comunicaciones en nuestros centros. Debemos por tanto: Cultivar el análisis, la sana crítica y la ausencia de miedo a la hora de despreciar cualquier comunicación sospechosa o que carezca de interés. Tengamos muy claro que los espíritus inferiores saben meter un grano  en un montón de paja y no por ello la comunicación tiene validez.

A título de ejemplo, citar que el buen amigo Divaldo Pereira Franco, en una de sus conferencias durante un congreso en España, citó qué, después de 10 años de prácticas diarias en la facultad de psicografía y, habiendo guardado todas las comunicaciones recibidas en ese plazo de tiempo, le indicaron finalmente que las rompiera y tirara, que sólo habían sido parte de su desarrollo, siendo a partir de ese momento concreto que comenzaba su trabajo de médium de escritura.

Consideremos este ejemplo como modelo que nos permita valorar el tiempo necesario para el desarrollo y educación de una facultad de escritura, mucho más sencilla que la de psicofonía. 

“Traemos estas consideraciones para todos aquellos que desean servir como instrumentos del plano espiritual”.

 

                               Fermín Hernández Hernández

                                                                                   ©2016, Amor Paz y caridad

 

137/ Las comunicaciones instructivas son mensajes formales, que tienen por principal objeto alguna enseñanza dada por los Espíritus, sobre ciencias, moral, filosofía, etc. Son más o menos profundas, según el grado de elevación o de «desmaterialización» del Espíritu. Para obtener un fruto real de estas comunicaciones, es preciso que se regularicen y se continúen con perseverancia. Los Espíritus formales se interesan por aquellos que quieren instruirse y los secundan, mientras que dejan a Espíritus ligeros el cuidado de divertir a los que solo ven en estas manifestaciones una distracción pasajera. Por la regularidad y frecuencia de estas comunicaciones es como se puede apreciar el valor moral e intelectual de los Espíritus con los cuales uno se comunica, y el grado de confianza que merecen. Sí la experiencia es necesaria para juzgar a los hombres, mayor se necesita para juzgar a los Espíritus. (Allan Kardec, el libro de los médiums, CAP X, Naturaleza de las comunicaciones).

 

AMBIENTES FELICES

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Ambientes felices

Nos referiremos una vez más a la frase del Maestro: «EN LA CASA DE MI PADRE HAY MUCHAS MORADAS«. Esta frase nos permite abrir un amplísimo estudio e investigación de cara al futuro. Las palabras del Maestro hacen referencia, no sólo a las moradas materiales, es decir, los diversos planetas que conforman el Universo físico, sino también a los diferentes planos espirituales, que son eternos y, el verdadero hogar al que pertenecemos como espíritus.

La vida está presente por doquier, y nos toca a nosotros, con el tiempo y los avances de la ciencia y  filosofía, ir descubriendo este vastísimo e inmenso Universo Espiritual, oculto hasta ahora.

El hombre se ha resistido a aceptarlo, entenderlo y profundizar en él. La evolución, que es imparable, nos invita a abrir nuestra mente para desvelar todas las maravillas que encierra el plano espiritual.

Si a nivel físico la Ciencia ha ampliado nuestra visión del cosmos, en comparación con lo conocido hace tan solo unas décadas. ¿Cuanto más nos faltará por conocer del plano espiritual?.

Con otra mentalidad y una mayor predisposición hacia el estudio de la vida en ese mundo espiritual, conseguiríamos qué, en reciprocidad, sus moradores se volcasen hacia nosotros y nos diesen comunicaciones que ampliasen los detalles y características de la vida en ese plano, nuestro hogar eterno.

La filosofía, de nuevo, viene para  aclarar conceptos y, nos ofrece el axioma: «COMO ES ARRIBA ES ABAJO. Quizás pueda resultarnos incomprensible en estos momentos, sin el respaldo de las Leyes Universales que nos enseñan a desvelar los misterios que envuelven la vida y de la muerte.

Del mismo modo que en este planeta existen diferentes hábitats, adaptados a las condiciones climáticas de cada zona geográfica, su cultura, riqueza, pobreza, grado de civilización y diferentes factores medioambientales, en el plano espiritual también existen características y diferencias notables.

Por pura Ley de Afinidad, resulta inteligente admitir que cada esfera del mundo espiritual refleje el estado evolutivo de las entidades que lo habitan. Cada uno de nosotros transmite al exterior los valores que alberga en su interior.

De ese modo, nos encontramos planos de vida que varían desde zonas de sufrimiento hasta mundos felices. Las zonas de sufrimiento son planos de vida donde imperan el sufrimiento, el dolor y las duras condiciones, dónde el espíritu aprende de sus errores y sufre las consecuencias de los mismos. Y, en la medida que va ascendiendo en la escala evolutiva, paralelamente va ascendiendo en la escala de los planos espirituales.

En los planos superiores reina la felicidad, la paz y la armonía y sus habitantes trabajan todos en una misma dirección, progreso y constante superación.

Por esta Ley de Afinidad, los espíritus sólo pueden alcanzar aquellos planos acordes a su nivel de progreso. En los mundos superiores, los espíritus vibran con deseos de luz y amor, de ayuda al semejante y llevan ya impresas las Leyes de Dios. En ellos ya caló, de forma permanente, el mensaje del Maestro Jesús, la guía más práctica para alcanzar y ascender en la senda de la evolución”.

Son moradas en las que no caben la pereza, la ociosidad, la comodidad, el odio, el rencor, el orgullo y el egoísmo, cualquier manifestación de personalidad inferior, animal, que ya quedo atrás.

Son planos en los que reina la luz y el bien, atributos que ya fueron  adquiridos por los espíritus que las habitan.

Las penosas luchas, resultado del egoísmo, del orgullo, de la ignorancia espiritual, ya fueron vencidas y quedaron  atrás. Son planos de luz y de amor, dónde la superación constante es el fin perseguido. Son planos de conciencias elevadas en los que no existe ningún tipo de desarmonía y, la vibración de amor y humildad surge en sus habitantes de forma natural.

Es precisamente, el grado de amor adquirido, el que marca el nivel en el que cada uno se encuentra. Es el amor en acción a favor de los semejantes. Cuanto mayor es el grado de evolución de un espíritu, mayor es su grado de actividad y dinamismo; de compromiso en favor del bien y en aras de adquirir superiores cotas de elevación moral.

Ningún espíritu puede situarse por encima de sus posibilidades, ya que por Ley de Vibración y Afinidad no puede alcanzar una faja vibratoria que no haya alcanzado. En los reinos de la Luz no hay favoritismos ni privilegios, cada uno está situado en el lugar que le corresponde, en función de sus méritos de trabajo y el esfuerzo realizado. Sin esfuerzo y sacrificio nunca será posible el progreso espiritual.

Encarnados en el plano físico, podemos ostentar posiciones y cargos ganados por fuerza o influencias. Pero somos meros usufructuarios de los poderes terrenales, más, cualquier posición temporal se pierde automáticamente cuando volvemos al plano espiritual. Únicamente obtenemos el lugar ganado por la puesta en práctica del amor, del servicio al prójimo y, la superación de las imperfecciones. No podemos comprar una parcela de cielo. Cielo o Infierno son meros estados de conciencia y, nos acompañan allá donde vayamos. Encarnados, aquí en este mundo, podemos ocultar nuestra verdadera personalidad, podemos engañar, guardar apariencias pero, nunca podremos escondernos de las Leyes Divinas. Enormes desengaños reciben muchos al morir, cuando no obtienen aquello que esperaban ó creían que les correspondía, por el simple hecho de haber cumplido con los ritos y normas de su religión. Han fracasado porque no han interiorizado la práctica del bien. 

SOLO LA PRACTICA DEL AMOR SENTIDO NOS CAPACITA PARA ALCANZAR LAS MORADAS DE FELICIDAD; Sebastián de Arauco.

Existen ciudades en los planos espirituales marcadas por la dicha y la felicidad, dedicadas al estudio y al trabajo, en aras de acercarse cada día un poco más a Dios y vivir en comunión con los planos sublimes de Amor y de Sabiduría. Son planos de vida en los que el fin perseguido es rivalizar en armonía con las Leyes Universales y la colaboración con la Creación misma. Son moradas radiantes de vida, de belleza y luminosidad que aquí en la tierra, ni tan siquiera podemos imaginar. Son espíritus que buscan la armonía, el bienestar y la sabiduría. Todos se vuelcan en hacer de su morada un lugar cada día más elevado, cada día un poco mejor.

La Tierra es una burda copia de esos planos de luz. ¡¡Cuanta belleza esconde la propia Naturaleza en todas sus manifestaciones!!. Acaso podemos ignorar cuanta felicidad somos capaces de percibir cuando nos sentimos bien, cuando hacemos las cosas de corazón, cuando son reconocidos nuestro trabajo y esfuerzo, cuando estamos en paz y armonía con nuestra propia conciencia y con nuestros seres queridos. Cuando nos sentimos útiles y hacemos de la sociedad y entorno algo mejor.

Sí, con toda la infinidad de problemas que nos rodean, somos capaces de sentir la dicha y la felicidad qué, de largo en largo nos embarga cuando hacemos las cosas bien, cuanto más podremos sentir en los planos elevados, reinos de armonía y felicidad. Allí ya no existen las carencias ni las imperfecciones de los mundos atrasados como el nuestro.

A continuación, reflejamos la escala de Mundos que nos enseña el Libro de los Espíritus:

  • Mundos Divinos
  • Mundos Felices
  • Mundos de Regeneración
  • Mundos de Expiación y Prueba
  • Mundos Primitivos

¿Podemos imaginar el camino para transitar por esta ascensión de Mundos; las vidas y más vidas, las experiencias, errores y rectificaciones necesarios para ir ascendiendo en la escala evolutiva individual y de las humanidades que pueblan dichos mundos?.

En idéntica medida, citar que la escala ascensional del espíritu es amplísima y mucho mayor que la existente en los mundos físicos. Son las regiones celestiales y los planos angélicos ó nirvana, que nos han transmitido las diferentes religiones.

A medida que se evoluciona y asciende en la escala de los mundos, se adquiere una mayor capacidad de acción y amor y, crece aún más, la capacidad de trabajo y realizaciones que el ente en su proyección puede realizar.

No podemos imaginar cuantas ocupaciones y tareas realizan los espíritus superiores en el espacio, desde los ingenieros siderales a los ángeles de la guarda, por citar o denominar de alguna forma, pero son de una laboriosidad y dinamismo absolutos, se escapa a nuestro entendimiento, desde los que se encargan de velar por la humanidad, seres dotados de gran amor y luz hacia nosotros, los más pequeños que necesitamos que velen por nosotros y nos guíen y ayuden constantemente, hasta los encargados de sistemas solares y galaxias, algo que parece ciencia ficción pero nada más cerca de la realidad que comprender que el espíritu es pura energía, amor, sabiduría, voluntad en acción y que no puede sino mantenerse ocupado y contribuir plenamente en la obra de la creación.

Descartemos pues, la imagen que todavía guardamos de ese estado de beatitud contemplativa que nos han transmitido las organizaciones religiosas: “Los Angeles y Demonios no son sino la diferente posición que ocupa el espíritu a lo largo de su proceso evolutivo”. Mientras el ángel es el estado de pureza y sabiduría, el demonio es el hombre  atrasado en el camino de la evolución. La meta común es la perfección, a la que todos estamos destinados, y, más pronto o más tarde, terminaremos alcanzando. Pero, es muy importante comprender que Dios no crea Angeles ni Demonios, sino espíritus puros e inocentes que han de recorrer el largo camino en su peregrinación hacia la perfección.

Ambientes Felices por:  Fermin Hernández Hernández

©2016, Amor, Paz y Caridad

 

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¿Cómo podemos acercarnos más a nuestro estado espiritual genuino?: Manifestando amor y compasión. ¿Porqué?: Porque el amor y la compasión no son abstracciones. Son reales, concretas y,  conforman el mismo tejido del reino espiritual.

  Eben Alexander, La Prueba del Cielo.

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LA VOLUNTAD

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La voluntad

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La voluntad es la piedra angular del éxito en la vida y uno de los más excelentes rasgos de la personalidad: hace al hombre valioso y le permite lograr sus objetivos.

Enrique Rojas.

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Empiezo este artículo con la frase anteriormente citada por estar de pleno acuerdo con ella, recordándonos ese viejo y conocido refrán español «hace más el que quiere que el que puede». Tal y como lo han expresado diferentes corrientes ideológicas, la Voluntad, junto al Amor y la Sabiduría, forma parte de los atributos del espíritu, es uno de esos tres troncos de los cuales podríamos ir definiendo numerosas virtudes que tienen su raíz en los mismos.

La voluntad es un valor con el cual Dios nos dota desde el inicio de nuestra evolución para que vayamos dando esos primeros pasos y logremos caminar sin dar lugar al estancamiento espiritual. Todos los seres humanos tenemos fuerza de voluntad suficiente para sacar adelante aquellos proyectos y compromisos con los cuales hemos bajado a la Tierra. Dios como nuestro Creador nos dota de fuerza de voluntad para que una vez en la Tierra podamos afrontar nuestros objetivos y resultemos victoriosos de todos ellos.

Sin embargo, son muchas las personas que se ven incapaces para poder solucionar muchos de sus problemas, y no ven más que inconvenientes y dificultades de las que dicen ser incapaces de superar. Esto parece ser una contradicción según lo expuesto anteriormente. Nada más lejos de la realidad. Lo que sí ocurre en muchos casos, y lo diré según un consejo que me ayudó mucho, “tenemos fuerza de voluntad para hacer muchas cosas, lo que ocurre es que nos la guardamos en el bolsillo, y no la sacamos cuando la tenemos que utilizar”.

Estaremos de acuerdo en que es bien distinto el no tener fuerza de voluntad, a no querer sacarla y utilizarla cuando sea conveniente. Un argumento a nuestro favor en esto que decimos, pues para lo que queremos sí que tenemos fuerza de voluntad, para lo que nos interesa, para aquello que nos gusta y que queremos conseguir, etc. Es decir que cuando existe la motivación necesaria, la ambición o cualquier otro resorte, somos capaces de poner en marcha todos nuestros valores y la fuerza de voluntad para conseguirlo, sin embargo, cuando carecemos de esos resortes, de esa palanca poderosa que son nuestros deseos y aspiraciones, no damos un paso adelante.

En potencia tenemos muchas dosis de fuerza de voluntad, porque repito es un don con el que nuestro Creador nos ha dotado para recorrer el camino de la evolución al que estamos llamados, camino que no está exento de asperezas y de circunstancias en las que hemos de poner todo nuestro empeño y grandes dosis de esfuerzo para transitarlo, por lo que nuestro Creador en su Amor y Sabiduría nos dota de esa fuerza de voluntad, y no da a nadie una carga más pesada de la que pueda llevar, porque si fuera de otro modo podríamos decir que Dios es un ser malvado y cruel, que se satisface en nuestro sufrimiento y en ver como fracasamos, y Dios es todo lo contrario, como decimos es Amor y Sabiduría, por encima de todo, de lo cual se desprende ese otro elemento que forma parte de su esencia como lo es la Justicia.

Ahora bien, aunque poseamos esa fuerza de voluntad, que muchos hemos guardado en el bolsillo, y que no sacamos nada más que para lo que nos interesa, es necesario que eduquemos esa voluntad, que no la dejemos en el olvido, dejando que se apodere de nosotros defectos opuestos a esa virtud: la comodidad y la pereza.

Estos defectos empiezan a aparecer en nosotros cuando dejamos de practicar la voluntad, cuando nos abandonamos internamente y en nuestro egoísmo sólo pensamos en nosotros y en vivir la vida de la forma más cómoda y sencilla, sin realizar ningún tipo de trabajo que suponga un esfuerzo. Es entonces cuando nuestra voluntad, esa que tenemos porque Dios no la ha dado, se queda anquilosada.

En esas circunstancias, nuestra voluntad que ya va quedando sumamente debilitada, ante cualquier mínimo esfuerzo que debamos hacer nos supone una gran dificultad, y se nos presenta como un gran obstáculo, como algo que somos incapaces de lograr.

Pero insisto, no es que no podamos hacer muchas de las cosas que la vida en su transcurso nos presenta, es que no queremos realizarlas porque nos incomoda o nos asusta cualquier esfuerzo que debamos hacer.

Quiere esto decir que hemos de reciclarnos interiormente y recuperar el terreno que hemos perdido, puesto que muchas veces, aun existiendo motivaciones y deseos que nos gustaría llevar a cabo, por el debilitamiento de la voluntad somos también incapaces de realizarlas. Tenemos entonces que educar nuestra voluntad, ponerla a punto, lograr que no haya ningún impedimento que nos dificulte dar ese paso adelante, sacando esa energía que tenemos, toda la fuerza y la ilusión para ir de cara al logro de nuestros objetivos y aspiraciones.

Hemos de empezar por despejar nuestra mente de todo tipo de dudas, hemos de sacudirnos todos los fantasmas que en otros momentos nos han dejado derrotados y nos han hecho ver que somos tan poca cosa que no podríamos afrontar nuestra vida con un espíritu de lucha y de ilusión. Voluntad es resolución, determinación, es ser siempre positivos y no dejar cabida al pesimismo y la desilusión. Es ver que dentro de las dificultades o del esfuerzo que requiere todo en esta vida, si lo encaramos con buen humor, con buena disposición de ánimo, con energía, pronto veremos el modo de llegar a resolver nuestros problemas, y con la práctica y el estímulo que constantemente hemos de darnos nos daremos cuenta que basta con un cambio de mentalidad, con la esperanza en nosotros, y la fe en Dios para que dejemos de ver las dificultades y aprendamos a ver las muchas cosas positivas que le podemos sacar a la vida y a todas las experiencias que hemos venido a vivir en este mundo.

Fermín Hernández 

© 1999 Amor, paz y caridad

AMOR AL PRÓJIMO

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Amor al prójimo

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Dijo Jesús: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y más grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la Ley y los profetas.

Mateo 22:37-40:37)

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¡Amar al prójimo es un mandato divino! Esta referencia del apóstol Mateo carece de interpretaciones, no tiene discusión: Se entiende y se acepta, o no.

Es por tanto un mandato prioritario que se nos exige, es la Ley principal, la quintaesencia de toda Ley y Principio Espiritual. Es por ello que Jesús concluye diciendo: “De ello depende toda la Ley y los Profetas”. Porque es el fin único para el que nacemos y vivimos en esta senda de aprendizaje y progreso. Todo lo demás queda en segundo plano.

Debemos concienciarnos que este no es un mandamiento cualquiera es «El Mandamiento». Todo lo que cotidianamente vamos aprendiendo, los esfuerzos realizados para corregir defectos, el trabajo para mejorar y avanzar en todas y cada una de las disciplinas que el espíritu tiene ante sí, buscan prioritariamente conseguir esa meta. Se trata de ser capaces de «Amar al prójimo como a uno mismo».

Meta difícil, muy difícil, cierto, más por ello, debemos concienciarnos y comprometernos para qué, poco a poco, este mensaje vaya calando internamente y asimilar que todas las personas son parte de nuestro propio yo. Debemos tratarles con cariño y respeto, en definitiva, con Amor. Su bien es el nuestro propio. Tenemos la obligación de convertirnos en Seres que irradien Amor. Ese es nuestro destino y el único fin para el que hemos sido creados. “Amor con sabiduría”. De este binomio dimana todo lo demás.

Por eso hemos venido repasado en esta sección las diferentes formas que el Amor tiene para expresarse: Comienza en los seres más cercanos, en la familia, amigos y, en las personas con las que compartimos tiempo y experiencias, trabajo, estudio y, todas las numerosas actividades que realizamos a lo largo de nuestra vida. Todo este camino no es más que un ensayo para desarrollar esa cualidad: “Amor”, sentimiento y emoción que va desarrollándose en dos facetas:

         Primera: Con el esfuerzo que venimos realizando para erradicar las imperfecciones morales adquiridas en el pasado (El mayor impedimento para el progreso).

         Segunda: Con la predisposición para pensar en los demás y desearles la misma felicidad que deseamos para nosotros. En la medida que evolucionamos y dejamos de ser el propio centro de atención, nuestro ombligo, estamos viviendo para los demás.

El amor y desprendimiento de los padres y, muy especialmente de las madres para con sus hijos son un clarísimo ejemplo de esa entrega. Los hijos están siempre presentes, antes que ellas mismas. Un afán común entre los padres ha sido siempre que sus propios hijos alcancen objetivos que ellos no pudieron conseguir. Los protegerán siempre de aquello que ellos sufrieron y nunca ven sus imperfecciones y carencias. Los amarán y cuidarán siempre, sea cual sea su condición ante la Sociedad.

Para una madre un hijo es el fruto de sus propias entrañas, es una parte de sí misma y ese instinto le lleva a quererlo con más dedicación que a sí misma. Este y no otro es el mensaje que deseamos transmitir.

Sin “Amor de Madre”, con toda certeza, este mundo no sería el que experimentamos, no sería el que tenemos actualmente. La figura del padre, tiene otros valores y, trata de modelar al niño intentando hacerlo del mejor modo posible, mejorar lo que él mismo fue. Más ambos tienen idéntica misión: Convertir a su hijo en una persona respetada y apreciada por toda la sociedad, especialmente por sus valores. Desean en la medida de lo posible que sus todos desvelos y trabajo merezcan la pena.

Es esta la primera fase del amor: Volcarse sin egoísmo y sin ambiciones de ningún tipo hacia esas personas, espíritus, que han encarnado como “Nuestros hijos”. Así va naciendo y gestándose el Amor como virtud excelsa. Más adelante esta limitación quedará superada y se  expandirá hacia las demás personas, aunque estas no formen parte de la familia material. Es dentro de las familias dónde se ensayan múltiples propuestas (Que más tarde se irán ampliando) y, dónde penetran en el Ser: La sabiduría y el reconocimiento de que somos una Gran Familia Universal y nuestro Padre uno sólo, Dios.

Este es sin duda un hecho universal y trascendente. ¡¡Imaginemos por un instante en la posibilidad de tratar a todos los seres por igual, de tratar a nuestro prójimo como si fuésemos nosotros mismos, tal como ordena el mandato divino!! ¿Qué cualidades adornarían a esta Humanidad? Sería sin duda otro mundo; un mundo en el que no existirían la guerra, el hambre y las miserias humanas. Este bello planeta sería un auténtico vergel humano.

El egoísmo y su mayor causante; la ignorancia, son la causa primera de todos los males. El mayor daño que se le puede causar a esta Humanidad es la desconsideración hacia el prójimo. Esta es la asignatura que tenemos pendiente y que tan duro nos resulta asimilar: Tratar al resto de personas como nosotros quisiéramos ser tratados.

Estamos fragmentados, divididos; en credos, razas, fronteras, idiomas, clases sociales, ideas, política, religión, etc., pero todo son subterfugios que disfrazan el orgullo, el egoísmo y la ambición, los principales defectos que nos impiden tratarnos como iguales.

Mientras alimentemos estos defectos y también la carencia de valores humanos, ningún progreso se conseguirá en el Planeta de un modo estable. Existirá siempre el enfrentamiento: las guerras y sus consecuencias, el sufrimiento y, en definitiva, la falta de Amor.

Reflexionemos por un momento: ¿Pensamos en algún momento que esas personas que nos rodean son nuestro prójimo? Afirmo en voz alta y clara, en nombre propio y de muchos otros, que “Hemos olvidado a nuestro prójimo”. A pesar de ser este el primer mandamiento que se nos ha dado.

Cada uno arrastra su propia cruz y afirmamos que con llevar nuestra cruz nos sobra. Cierto, pero sería mucho más llevadera con la ayuda de los demás, y los demás también agradecerían nuestra colaboración: “Quid pro Quo”. Nuestra Cruz no es otra que las imperfecciones morales adquiridas en vidas pasadas, fruto del egoísmo, la falta de solidaridad y de fraternidad, es mirarnos el ombligo y no ser capaces de levantar la cabeza para mirar alrededor. Es la fuerza aislante que nos impide compartir y ayudar a los demás. El egoísmo es una lacra que se adueñó en este planeta hace milenios, y que creció con la Sociedad y, hasta tanto no seamos capaces de erradicarla, frenará el progreso espiritual de nuestra Civilización.

La clave para suprimir esta plaga se encuentra en asumir el mandato divino «AMAR AL PRÓJIMO COMO A UNO MISMO». Mientras no instauremos la práctica de esta máxima, no arrancará una nueva etapa para la Humanidad. Hasta tanto los poderes públicos y políticos, estamentos e instituciones reconozcan que todos los aspectos de la Vida deben estar bajo el amparo de esta premisa, jamás florecerá una “Nueva Humanidad” en el Planeta. Una sociedad basada en la fraternidad, caridad y solidaridad es el único camino posible para una evolución planetaria merecedora de una auténtica felicidad.

¿Y… cómo podemos poner en práctica este mandato? Para todos aquellos que aún no hayan despertado: «HACED A LOS DEMÁS LO QUE QUISIESEIS SE OS HICIERA A VOSOTROS».

 

Fermín Hernández Hernández

©2016, Amor, Paz y Caridad

LA CUARTA DIMENSIÓN

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La cuarta dimensión

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«En la casa de mi Padre hay muchas moradas.»

 (Jesús de Nazareth)

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¿Cuál es la casa del Padre?: Gracias a las explicaciones que nos facilita el Espiritismo y que está comenzando a refrendar la física cuántica, desaparece cualquier género de duda. Es todo el Universo pero, no sólo el Universo físico, sino también el Espiritual. Merced a los grandes avances de la Ciencia en el transcurso de estas últimas décadas en todas las áreas del conocimiento y, más especialmente en materia de física cuántica, genética y astronomía, nuestra Vía Láctea, nuestra galaxia, el lugar cósmico dónde se ubica nuestro diminuto planeta, se nos está quedando muy pequeño, al considerar las vastas proporciones del Universo.

Cuando decimos diferentes moradas, nos estamos refiriendo más explícitamente, a los innumerables y variados grados de adelanto del espíritu en su larguísima ascensión evolutiva. En paralelo, en cada planeta y en la Humanidad que lo habita, existen múltiples niveles evolutivos y estados de conciencia.

Allan Kardec, en el Libro de los Espíritus, establece una escala a nivel material entre los diferentes mundos físicos desde: Mundos Primitivos a Mundos Divinos. En idéntica medida, podemos establecer una similar escala de Mundos Espirituales, que iría desde: Los Mundos Inferiores a los Mundos Superiores. El infierno o purgatorio, el umbral, bajo astral, el cielo, los planos angélicos (El Nirvana de los budistas), etc., son algunas de las diferentes denominaciones que a lo largo del tiempo se les han venido asignando.

También resumiremos los diferentes grados de evolución de los espíritus fijando una escala que partiría de: Los espíritus imperfectos o impuros hasta llegar a los espíritus perfectos.  Con ello venimos a confirmar la gran diferencia existente desde el inicio de la evolución individual hasta la llegada a la anhelada meta de la perfección; desde el hombre primitivo hasta el espíritu angélico. Es un enorme camino que todos, sin excepción, estamos obligados a recorrer. El tiempo empleado depende tan sólo de nosotros mismos. Jesús el maestro, nos recuerda esta máxima suya: «Sed pues vosotros perfectos, como perfecto es mi Padre».

Sabemos que la vida del espíritu es únicamente de una sola y única vida y, cuando decimos que tenemos muchísimas vidas nos referimos siempre a las vidas en la materia física, es decir cuando estamos encarnados. El hecho de encarnar, (tomar cuerpo físico) y desencarnar, (abandonarlo), para el espíritu es sólo un estado circunstancial. Tomamos y dejamos el cuerpo físico, (encarnamos y desencarnamos) incesantemente, con el fin de adquirir experiencia, para que nuestro espíritu, vida tras vida, vaya labrándose un futuro y ascienda en la escala evolutiva de los mundos.

Lo cierto es que permanecemos más tiempo en el espacio sin un cuerpo físico, (desencarnados), que en la Tierra encarnados y, a medida que el espíritu crece y evoluciona, requiere menos experiencias en los mundos físicos, hasta que finalmente, llega un momento en su desarrollo espiritual que puede prescindir de usar nuevos cuerpos físicos. Únicamente reencarnará cuando se le requiera, en misiones especiales de ayuda, para servir de ejemplo y transmitir conocimientos a las sociedades de los Mundos Primitivos y de los Mundos de Expiación y Prueba.

Sabemos que pertenecemos a esa Cuarta Dimensión, que podríamos también enumerar como Mundo de los Espíritus, el Más Allá, Plano Astral, etc. Son todas ellas, diferentes denominaciones para un mismo concepto. Pero, realmente ¿Qué sabemos sobre esa Cuarta Dimensión?, ¿Qué misterio la envuelve?, ¿Tenemos remota idea de cómo se vive allí?, ¿Cómo funciona?, ¿Qué nos espera en ese Mundo?, ¿Con quién compartiremos el futuro?.

Merced a la filosofía espiritista, contamos con muchos más conocimientos y nociones de todo aquello que nos espera tras el fallecimiento, es decir, tras la muerte del cuerpo físico. Existen innumerables obras dedicadas a informar cómo se vive en ese otro mundo, ese «Mundo de los Espíritus». Sabemos que la vida en los planos más cercanos a la Tierra no es muy distinta a la nuestra. Y es que la evolución no avanza a saltos, sino que se mueve paulatinamente, paso a paso.

Por informaciones recibidas, sabemos que existen ciudades similares a las de la Tierra, pero mucho más adelantadas que nuestra civilización. Ciudades que sirven al espíritu de diferentes formas, como descanso, como continuidad en los estudios, para la investigación en numerosas áreas del conocimiento, de la cultura, de las artes, etc. Todo ello, siempre, con el fin primordial de aplicarlo posteriormente en los mundos físicos y alcanzar un mayor grado de adelanto para las Humanidades que los habitan, a la vez qué, como incentivo para el espíritu en el trabajo y la caridad.

Sin embargo en relación a los planos superiores, nuestra mente es incapaz de alcanzar a comprender su grado de actividad, belleza y amor. Imaginemos por un momento, cuan distante es nuestro modo de vida en relación a las tribus perdidas que aún subsisten y que han tenido muy escasos o nulos contactos con la civilización. De modo similar y aún a distancia muy superior, existe una gran diferencia evolutiva entre los habitantes de esta Humanidad y aquellos Seres Espirituales Superiores que cuentan con miles de años más de evolución. Ellos representan la pureza, el amor y la sabiduría.

Es necesario entender que en la vida del espacio, no existe la contemplación, el inmovilismo o la inactividad. La pereza es sólo propia de los espíritus atrasados que aún no han comprendido el Plan Divino de la Evolución. El espíritu, ya en su mundo de origen y libre de los lazos de la materia, se encuentra mucho más desenvuelto, recupera cualidades que tenía adormecidas en la vida física y siente en su interior impulsos de superación y progreso, de conquista de sus valores morales. Es la semilla que se siente empujada a crecer.

Esta cuarta dimensión es la morada del espíritu, nuestra casa espiritual. Los mundos físicos apenas llegan a convertirse en nuestro hogar, pero son indispensables en las primeras fases de evolución del espíritu, son la escuela, el gimnasio, dónde el espíritu realiza su duro esfuerzo para iniciar el camino de la evolución. Cual semilla, tiene que crecer desde las entrañas de la tierra y luchar contra la gravedad hasta alcanzar el aire, es decir, su elevación.

Mientras permanecemos en estas primeras fases de evolución, apenas somos conscientes de ello, creemos incluso que no hay más vidas y que al morir el cuerpo todo acaba con él. Muy al contrario, la vida física es un préstamo, es la herramienta imprescindible al ser espiritual para comenzar su larga carrera de evolución. Finalmente, con el paso del tiempo y el aprovechamiento de las experiencias, el espíritu ya suficientemente evolucionado, no necesitará un cuerpo físico.

«Como es arriba es abajo». Cuantas lecciones y conocimientos se desprenden de este axioma que nos llega del antiguo Egipto y que nos transmitió el sabio Hermes, “el tres veces grande”. En la cuarta dimensión hay tantos planos espirituales, como características de los espíritus y su grado de evolución, siempre en función de su desarrollo; que nunca es el mismo para cada uno de ellos, dado que no existen dos espíritus iguales en el vasto Universo.

Llegados al plano espiritual, con un despertar bien sufriente o feliz, el espíritu es arrastrado por una fuerza superior que le lleva al ambiente en el que debe desenvolverse. En muchos casos, será arropado, auxiliado y protegido para llegar al lugar que le corresponde por Ley de Afinidad para proseguir su trabajo y progreso. En otros casos, deberá pasar por una etapa de purgatorio en la que el dolor avivará su conciencia y, dónde comenzará a comprender el áspero camino que le aguarda para alcanzar unas mejores condiciones. Condiciones que habrá de ganarse con el fruto de su esfuerzo en la vida terrena.

En definitiva, cada espíritu llegará al lugar que le corresponda según su grado de adelanto y, allí vivirá en las condiciones más convenientes a sus necesidades espirituales. Serán sus propias características espirituales las que establecerán su estatus y, junto con su determinación y voluntad para progresar y obtener méritos, le permitirán encarnar lo antes posible y romper las ataduras que le impidieron llevar una vida más provechosa en la Tierra. Su deseo de mejora, el reconocimiento de los errores, su predisposición para aprender y finalmente, su actitud frente a los cambios, harán que su estancia en el plano espiritual sea la adecuada, estableciendo de ese modo límites a su desdicha.

Las Leyes Universales creadas por Dios para el adelanto y evolución de sus criaturas son justas y perfectas. A cada uno de nosotros se nos devuelve aquello que sembramos, ofreciéndonos a la vez expectativas que nos hagan proseguir el camino con las mejores garantías.

La cuarta dimensión por:  Fermín Hernández Hernández

                                                                         ©2016, Amor, Paz y Caridad

“La consecuencia de la vida futura es la resultante de la responsabilidad de nuestros actos. La razón y la justicia nos dicen que en el reparto de la felicidad a que todo hombre aspira, los buenos y los malos, no podrían hallarse mezclados. Dios no puede querer que algunos disfruten sin trabajo, de bienes que otros alcanzan sólo a costa de esfuerzos y de perseverancia.

 Allan Kardec, libro de los espíritus, “II.- Intuición de las penas y goces futuros

COMPASIÓN

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Compasión

Estamos viviendo unos momentos en todo el planeta en los que vemos cuán poco podemos hacer contra las catástrofes naturales que azotan, desgraciadamente, a los pueblos y regiones más débiles. A aquellos individuos de nuestro mundo que ya de por sí se encuentran más necesitados, que carecen en muchas de las ocasiones de lo más elemental para sobrevivir, y en donde los niños de corta edad tienen que apañárselas como pueden para ganarse el sustento diario.

Cuando se conoce la noticia todo el mundo parece sensibilizarse horrorizándose de todo aquello que la catástrofe ha producido y conociendo por la televisión u otros medios de información lo sucedido, muchos se vuelcan con sus donativos y otras formas de colaboración, siendo todo ello de mucho agradecer, pero pocos días o semanas después ya no nos acordamos de lo ocurrido, volvemos a la vida normal y nos olvidamos de que millones de personas subsisten con lo más mínimo, que no poseen los medios más adecuados para realizar su trabajo, que mayormente son trabajos agrarios y por tanto muy duros, que muchos niños no pueden asistir a la escuela, que no tienen ni siquiera ropa y calzados para vestirse, y no hablemos de las condiciones de salud, higiene y alimentación. Mientras que a nosotros, los ciudadanos civilizados no nos falta de nada, y sin embargo nos quejamos de nuestra situación, envidiamos a los que están por encima de nosotros y no cesamos de luchar por aumentar nuestro nivel de calidad de vida.

Esto a mi criterio significa que nos movemos por un impulso de un momento, que toca nuestras fibras más sensibles sacando lo bueno que llevamos dentro que nos obliga a ser solidarios y a volcarnos en la ayuda de los más necesitados. Sin embargo, en nuestro interior nos falta una base de desprendimiento, nos falta conciencia de que en el día a día, sin necesidad de que ocurran estas catástrofes, millones de personas, en especial niños, sufren cada día infinidad de carencias. Nos falta el compromiso social con la humanidad de que hemos de estar todos bien, de que hemos de desear tanto nuestro bienestar como el de todas las personas de este mundo, y que por tanto no deberíamos esperar a que ocurran este tipo de acontecimientos para acordarnos de los que sufren, sino que nos debería nacer por propia iniciativa el deseo y realización de hacer algo que ayude en alguna medida a los que sufren las carencias más elementales.

Esto representa el que hemos de ser capaces de renunciar a algo en nuestra vida, acordándonos de lo mucho que necesitan otros que aunque estén muy lejos, aunque nunca los hayamos visto en la realidad, están ahí, son nuestros hermanos  y sin duda saben que nosotros estamos aquí, que lo tenemos todo, que tiramos y derrochamos porque nos cansa el no saber qué hacer muchas veces con todo lo que tenemos.

Es necesario volcarse en los momentos de extrema necesidad, es algo que hay que aplaudir y que hay países en los que está creciendo de verdad este sentimiento solidario.

No obstante, la verdadera solidaridad está en compadecerse de aquellos que ya nacen faltos de lo más necesario, que su vida la van a tener muy determinada por las circunstancias en las que han nacido. Nada nos impide que renunciemos a muchas de las cosas superfluas que no nos hacen falta, nada nos impide que adoptemos una actitud de moderación pensando en que lo que a nosotros no nos va a hacer nada a otros les puede ser de mucha utilidad, nada nos impide dedicar una parte de nuestro tiempo a ayudar a que esos pueblos se puedan desarrollar con más dignidad, ayudándoles a salir adelante facilitándole los medios para ello.

Hagámosles saber que nos tienen a su lado, que aunque estemos lejos deseamos que comiencen cada día con una nueva esperanza, ayudémosles a creer que este mundo está dejando de ser egoísta, está empezando a romper las barreras que nos separan, que todos somos uno y que nos consideramos auténticamente hermanos.

Dejemos que ellos trabajen para su mejoramiento pero no impidamos que nuestro corazón se cierre a la ternura y la compasión, que son expresiones sublimes del amor ¡¡cómo sino vamos a hacer más grande nuestro corazón!! De este modo, al mismo tiempo que hacemos algo por los demás, lo estaremos haciendo por nosotros,  dando un ejemplo a nuestros hijos, educándolos en el amor y la compasión, enseñándoles que no hemos de conformarnos sólo con nuestra felicidad, sino que estamos obligados a ayudar a los que sufren.

Fermín Hernández Hernández

1998 © Amor, paz y caridad

AMOR SOLIDARIO

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Amor Solidario

El Amor, como fuente de vida, de sentimientos y emociones, es una fuerza imparable, es una emoción mucho más fuerte y amplia de lo que alcanzamos a imaginar. Carece de fronteras. Está en continua expansión. Crece y se engrandece sin límite. Cuando despierta en el individuo de forma limpia y espontánea es como un río caudaloso que busca su cauce para crecer y llegar al mar. Es la chispa divina creciendo en busca de su Creador.

Nuestro amor se reviste de infinidad de ropajes que le impiden manifestarse en plenitud, está limitado por nuestras propias imperfecciones y por el egoísmo que nos acompaña desde tiempos inmemoriales. Afortunadamente, poco a poco, vamos tomando conciencia de nuestra propia naturaleza espiritual y, con fe, trabajo y entusiasmo, vamos progresando lentamente, desprendiéndonos de ese incómodo lastre y, en cada nueva vida, mejoramos nuestra capacidad de manifestar el auténtico amor, aquel que enseño el más grande Avatar, Jesús.

Venimos evolucionando de modo imperceptible, siempre gracias a las pruebas y expiaciones que vamos recibiendo. En el pasado ese proceso venía produciéndose de forma inconsciente y hoy, gracias a las experiencias que la Ley de Causa y Efectos (También denominada Ley del Kama) nos plantea cotidianamente, vamos revalidando las lecciones aprendidas. Pero llega un momento en la vida de todo individuo en el que algo eclosiona interiormente. Es la chispa divina que nos impele a la búsqueda de la verdad, de la libertad y la felicidad tanto personal como colectivamente.

Evolucionamos individual y colectivamente, todo lo que nos rodea se transmuta, los tiempos y las percepciones cambian y surgen nuevas pruebas, nuevas necesidades y nuevas lecciones que aprender; es ésta la vía única de progreso y el camino que la Humanidad necesita. A medida que el ser humano desarrolla sus capacidades, surgen nuevas necesidades y desafíos. Es la Ley del Progreso que nos impele a una constante renovación.

Durante estos dos últimos siglos la Humanidad ha experimentado incontables cambios y avanzado mucho más que en los últimos dos mil años. El individuo actual está tomando conciencia de que no hay meta fuera de su alcance, gracias al desarrollo de la inteligencia y los avances en Ciencia y Tecnología. Tenemos la sensación de que el Universo se nos está quedando pequeño pero, nada más lejos de la realidad, tan sólo estamos vislumbrando la inmensidad que queda por descubrir. Somos párvulos en el camino de la evolución.

Estamos tomando conciencia también de que para convivir y mantener una buena relación en la sociedad, necesitamos guardar un permanente estado de Paz y de Armonía. Este estado requiere un enorme esfuerzo pues, constantemente nos encontramos inmersos en guerras y enfrentamientos fratricidas en cualquier lugar del Orbe. Mantenemos una evidente desproporción entre nuestro desarrollo “moral” e intelectivo-tecnológico. Somos incapaces de convivir en paz, de llevar a la práctica el respeto y la tolerancia entre los pueblos y, esta carencia no la puede suplir la diplomacia, que no llega a resolver los conflictos entre los diferentes países.

¿Porque sucede así? Simple y llanamente, son más fuertes los intereses propios que los del conjunto de la Humanidad. Aún no alcanzamos a comprender que «Somos uno», que todos compartimos un mismo hogar y destino. Aquello que afecta a la parte, influye en el todo. De ahí la imperiosa necesidad de cuidar por igual a todos y cada uno de los componentes de esta casa planetaria.

Este es el mensaje que traemos a la palestra y lleva como título: Solidaridad Universal. No es tema baladí, se trata del inicio de una nueva era en la que aprenderemos que somos todos iguales, todos hermanos, sin importar color, raza, religión o país del que procedamos. Nos hemos adentrado plenamente en la Era del Espíritu y, el Espíritu, no tiene color ni distinciones, todos somos espíritus hermanos. Compartimos un mismo origen, somos hijos de un mismo padre Universal. La Ley de Solidaridad nos exige respetarnos, tolerarnos y algo más trascendente… tratarnos fraternalmente, como hijos del mismo Creador que somos. Es algo que conseguiremos con el tiempo, en la medida que vayamos asimilando que esta es la Única Verdad.

Por la Ley de Reencarnación todos pasamos por vivencias similares, pobreza y riqueza, fealdad y belleza, enfermedad y salud. Todo ello forma parte de las pruebas y experiencias que este mundo de Expiación nos propicia. Nacemos, bien en África, en Asia o en Europa y, quien ahora se fanatice en el racismo y menosprecie a otra persona por el hecho de ser diferente, está sembrando la simiente de su próxima encarnación con esas mismas experiencias. Y es que «El espíritu, sopla hacia donde quiere y no sabemos de dónde viene ni a dónde va», como explicó Jesús a Nicodemo en el célebre pasaje del Evangelio, ¿Tú eres doctor en la Ley y no sabes esto?

Observemos bien la frase del Maestro a Nicodemo: ¿Tú eres doctor de la Ley y no sabes esto?». A nosotros nos sucede algo similar, hemos aprendido mucho pero, no queremos saber o no queremos utilizar lo aprendido. Más, el tiempo señalado para poner en práctica las enseñanzas recibidas durante innumerables siglos está tocando a su fin.

Cada aprendizaje tiene un tiempo marcado por la Ley y, quien no supere el examen está obligado a repetirlo. Nacemos y renacemos una y otra vez, para aprender, superar pruebas, lecciones y expiaciones consecuencia de numerosos equívocos del pasado. Cometemos errores en numerosas ocasiones, más bien por falta de valores morales que por propia maldad. Es por ello que la Ley de Evolución nos entrega pruebas y más pruebas, experiencias y más experiencias, siempre con el único fin de que limpiemos nuestra conciencia de viejos prejuicios y costumbres fruto del egoísmo y la ignorancia espiritual. Se trata simplemente, de conocer y asumir la razón del por qué y para qué estamos aquí.

Como hemos citado en el párrafo anterior, no es fruto de la casualidad que converjan ahora determinadas circunstancias, (En mí limitada opinión fruto de los cambios producidos en la sociedad) consecuencia de los incontables avances tecnológicos conseguidos. Hace un siglo una persona ubicada en una región remota, prácticamente no salía de ella en toda su vida. Ahora vivimos un acercamiento de alcance mundial, cualquier persona puede viajar al otro lado del planeta en cuestión de veinticuatro horas. Con la globalización han llegado nuevos retos a la sociedad. En estos momentos, es de imperiosa necesidad compartir nuestro bienestar con otras personas que no detentan nuestra cultura, idioma, raza y posición social.

Este fenómeno, sin el respaldo de un espíritu de fraternidad y solidaridad universal se nos queda muy grande. No estamos capacitados para tratar con igualdad a todos los habitantes del planeta pues esta equiparación requiere también facilitar los mismos derechos y obligaciones para todos y, cualquier muro o barrera que interpongamos no hará desaparecer este acuciante problema.

Resulta necesario ponerse al día espiritualmente, aceptar este hecho como algo natural y como una prueba más, necesaria para nuestro aprendizaje espiritual. Se trata de una experiencia que necesitamos superar y que nos permitirá desarrollar nuevos valores de la Ley del Amor.

Es una prueba colectiva de índole internacional: Los refugiados. Analicemos por un momento, en qué modo nos gustaría ser tratados si nos viésemos en la necesidad de abandonar nuestro país, pueblo, hogar y familia para sobrevivir. Sin embargo giramos la cabeza hacia otro lado, les rechazamos y les negamos sistemáticamente el asilo que necesitan. Rehusamos pensar en los ancianos, niños, padres y madres que sufren amargamente por no disponer de lo más básico.

¡¡Despertemos de una vez, dejemos de pensar como individuos aislados!! Comencemos a percibir a la Humanidad de nuestro Planeta como un Ente. Estamos llamados a crear una Sociedad única, libre de fronteras y sin divisiones geográficas. Este planeta es el hogar de todos y cada uno de los componentes de esta Humanidad y nos pertenece a todos por igual. Debemos enfocar nuestro pensamiento hacia la protección de la vida, de las personas y de este hábitat que nos da cobijo. Aparquemos el ansia de oro y vanidades humanas, nos estamos poniendo en peligro por pensar egoístamente en sólo unos pocos.

Como citó el Sr. José Mújica, expresidente de Uruguay “Europa carece de memoria histórica”. Durante y tras la segunda guerra mundial, toda América Latina acogió a millones de refugiados europeos que tuvieron que huir de sus países para salvar la vida. Esta misma Europa, rica y desarrollada, que ahora es incapaz de acoger a los refugiados que huyen de la guerra y la miseria, procedentes de países del Medio Oriente y de África.

¡El Pueblo que no aprende de sus errores está condenado a repetirlos!

Estamos viviendo una época de grandes y constantes cambios que no son casuales, se nos está poniendo a prueba en materia de solidaridad universal, de fraternidad, de capacidad de diferenciar entre materia y espíritu, entre amor y egoísmo, entre unión y división, guerra y paz.

Venimos a progresar, más no como nos apetezca, sino afrontado con espíritu de lucha y amor las pruebas que la Providencia Divina nos pone en el camino. “Sepamos pues aprovecharlas”.

Amor solidario por:   Fermín Hernández Hernández

©2016, Amor, Paz y Caridad

DESPERTAR SUFRIENTE

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Despertar sufriente

Mientras que en el artículo anterior hablamos de un despertar feliz y glorioso, muy diferente es el encuentro con la cruda realidad para aquellos que, en el transcurso de su vida en la tierra, han llevado una vida a espaldas de toda regla de moralidad, y no han pensado nada más que en sí mismos, sin importarles las necesidades ajenas, o el mal y el daño que podrían infringir con su actitud y comportamiento al resto de la sociedad,  permitiéndose además toda clase de licencias

Para todo espíritu, cuando desencarna, es fundamental la ayuda, el auxilio y la asistencia que se recibe del plano espiritual, necesitamos del alguien que guíe y nos conduzca a nuestro destino, somos como un viajero que llega a un país desconocido, pero estas atenciones quedan supeditadas a los méritos adquiridos. Muchos de nosotros, llegamos al plano espiritual en completa soledad, nadie viene a esperarnos, a buscarnos, el egoísmo es un poderoso generador de soledad.

Podemos tener seres familiares o amigos, que sepan de nuestro retorno, evidente que sí, sin embargo, no pueden ayudarnos, ni siquiera podemos verlos, psíquicamente estamos muy lejos de ellos y la ley recae con todo su peso sobre nosotros. Se hace necesario que el dolor elimine toda esa carga psíquica desequilibrante, que nos separa de los planos de luz, y estemos en otras condiciones para poder recibir la ayuda de manera eficaz.

Desde el mismo momento en que dejamos la materia, comenzamos a recibir la cosecha, aquello que hemos sembrado con nuestras obras en la vida física.

Mientras que las buenas obras, la predisposición hacia el bien, la humildad y la voluntad para seguir las “instrucciones de nuestra conciencia” son el pasaporte hacia los planos de luz y de bienestar, las malas obras, las inclinaciones hacia la maldad y el materialismo, el nulo esfuerzo por adquirir valores superiores y el desempeño puro del egoísmo, son el pasaporte hacia los planos de oscuridad, donde imperan la ley del más fuerte y los ambientes de penumbra y sufrimiento.

El bien y el mal, están ligados al cielo y el infierno, que no son estados físicos o gaseosos, ni tampoco son estados eternos, son estados de conciencia, y la conciencia se puede convertir en un infierno, cuando ésta nos reprocha lo poco que aprovechamos la oportunidad de venir encarnados en una existencia para progresar, para liberarnos en cada una de esas vidas de las cargas acumuladas anteriormente, por falta de voluntad, de esfuerzo y por apartarnos de los consejos y enseñanzas vertidas por aquellos que, estando muy por delante de nosotros vienen a la tierra en misión de ayuda y sacrificio marcándonos el camino a seguir.

Bajamos a la tierra y hacemos caso omiso tanto de la voz de la conciencia, “que todos la tenemos”, como de las reglas y enseñanzas que vamos recibiendo a lo largo de la vida. Hacemos uso de nuestro libre albedrío, y por negar, negamos hasta la existencia de Dios, pensamos que no hemos de rendirle cuentas a nadie, de nuestras obras y acciones, y vivimos la vida sin pensar en el mañana.

Pero el mañana cuando llega, se presenta implacable y nos devuelve todo aquello que sembramos, que son nuestras auténticas pertenencias. Llegamos al mundo espiritual sin credenciales, los títulos, el patrimonio, los bienes acumulados quedan en la esfera a la que pertenecen, y nos llevamos grabado en el alma la única posesión que podemos atesorar, que no es otra cosa que aquello en lo que nos hemos convertido, nuestros sentimientos, pensamientos y acciones, y el resultado de todos ellos.

También nos llevamos, los amigos y los enemigos, los cuales siempre están, los unos para cuando los necesitemos, pero los otros aparecen cuando menos queremos verlos, pero aparecen, antes o después, y sobre todo porque se quieren cobrar las deudas, y devolvernos aquello que consideran que nos corresponde: sufrimiento y venganza.

Por ley de afinidad, nos vemos inmersos en un viaje hacia planos de vida en donde privan los valores iguales a los nuestros: el egoísmo salvaje, la ruindad, la mentira, la hipocresía, el orgullo, el despotismo, el afán por dominar a los más débiles, la burla, el miedo, la desesperación. Son planos de vida sin orden ni control, solamente hay un criterio, el que imponen los más fuertes e inteligentes.

Si hemos padecido alguna enfermedad y sufrimientos, allí siguen manifestándose, porque estos tienen su origen en el periespíritu, seguimos sintiendo prácticamente las mismas sensaciones que en el cuerpo físico, necesidad de alimentación, de descanso,  etc.

Así como sentíamos la necesidad de satisfacer los vicios y tendencias que manteníamos, pero desprovistos del organismo, ¿cómo se podrán satisfacer? Todo lo llevamos en la mente, son necesidades y sensaciones que han terminado dominándonos, somos esclavos de las mismas, y el no poder satisfacerlas nos conducen a estados de animalidad y de rebeldía ostensibles.

Nos vemos en un ambiente sumamente hostil, el que hemos creado por nosotros mismos, rodeados de seres semejantes a nosotros, nunca dispuestos a ayudar de manera fraterna y a cambio de nada, todo lo contrario siempre estudiando la manera de salir beneficiados y de abusar de los demás.

Veamos un párrafo de la obra: Nuestro Hogar,  de Chico Xavier en el que André Luiz, narra en síntesis como se encontraba tras dejar el cuerpo físico, en una región del mundo espiritual llamada “El Umbral” región esta mas cercana a la tierra, así nos haremos una idea general de cómo se percibe la existencia en estos planos, dice así:

«En verdad, me sentía amargado duende en las rejas obscuras del horror. Con los cabellos erizados, el corazón dando saltos y un miedo terrible enseñoreándose de mí, muchas veces grité como un loco, imploré la piedad y clamé contra el doloroso desánimo que subyugaba mi espíritu; pero cuando el silencio implacable no absorbía mi estentórea voz, lamentos más conmovedores que los míos, respondían a mis clamores. Otras veces, carcajadas siniestras rasgaban la quietud ambiental. Algún compañero desconocido estaría, a mi ver, prisionero de la locura. Formas diabólicas, rostros deformes, expresiones embrutecidas, surgían de cuando en cuando, agravando mi asombro.»

Al igual que en los planos superiores hay multitud de grados, según la evolución adquirida por las entidades que allí residen, en los planos inferiores también los hay, según la maldad y los grados de egoísmo, materialismo y de delincuencia y criminalidad, habiendo zonas que nos horrorizarían al comprender el grado de maldad, depravación,  degeneración y perturbación y rebeldía, a los que se puede llegar.

Por lo tanto son múltiples y muy variadas las situaciones y circunstancias que se pueden encontrar, cada uno hallará los frutos que haya sembrado.

Las creencias en este aspecto, también son muy influyentes, pensemos en todos aquellos que han mantenido una vida ligada a un culto o religión, y que piensen que cumpliendo ciertos ritos y formalidades se han ganado el cielo y un estado de beatitud contemplativa, y sin embargo no tienen la credencial de las obras a su favor, tan sólo se han mantenido fieles a los ritos, ¡gran error! Cuando ingresan en el mundo espiritual no encuentran lo que esperaban; Dios y sus servidores no vienen a recibirlos, no encuentran el cielo esperado, se encuentran desnudos, ante sí mismos y ante  el fruto de sus obras. En muchos de estos casos, estas personas, pierden toda la fe “que se suponía tenían, se sienten engañados y se vuelven en contra de los principios que sostenían, cuando no caen en la más absoluta rebeldía aliándose a las fuerzas negativas.

Los ateos, incrédulos y materialistas, que han vivido sin escrúpulos y de manera libertina, que creen que con la muerte del cuerpo todo acaba, también sufren bastante, porque como no dejan de existir, creen que no han muerto físicamente, sin embargo, siguen viviendo y no comprenden lo que les pasa, muchos de ellos tardan bastante en adaptarse y en dar su pie a torcer. El orgullo les impide reconocer sus errores y falsas ideas, prefieren sufrir antes que reconocer sus equivocaciones, hasta que el dolor obliga y se les presenta la opción del cambio.

Los malvados de cualquier pelaje, que se dedican al engaño, a la estafa, al abuso, que viven por y para sus vicios y pasiones, generan unas cargas psíquicas muy fuertes a su alrededor, energías que habrán de purgar en el plano astral mediante el dolor, ellos también viven etapas en ese otro plano muy dolorosas, hasta que la Ley de Evolución les impulsa a ir en busca de su regeneración y a ir devolviendo todo el mal que hicieron en su entorno. Deberán restituir a través del bien todo aquello de lo que abusaron, y esto debido a las tendencias tan arraigadas y a sus pasiones lleva muchos siglos y existencias hasta que la persona adquiere los valores necesarios para no reincidir.

Cuando un espíritu entra en una espiral de delincuencia y criminalidad, y está completamente dominado por los defectos morales, puede llegar a extremos impensables, están rebeldes y son opuestos a toda practica del bien, y lo que es peor se hayan enfrentados a Dios, al pensar que ellos han sido creados así, culpan a Dios de sus males y sufrimientos y no quieren admitir que ha sido su libre albedrío y voluntad, la que a lo largo de los siglos los ha ido sumergiendo en esos grados de animalidad y barbarie tan grotesca.

Una vez cruzan el umbral, se organizan en bandas, para sembrar el miedo, el terror y el dolor, creen ser los señores de los planos inferiores y no permiten (al menos eso creen) que los seres de luz visiten estos planos para ir rescatando a aquellos espíritus que, arrepentidos, claman con todas sus fuerzas ser liberados del yugo de estas entidades y que se les de la oportunidad de regeneración y vuelta al camino del progreso. Imaginemos por todo ello durante un instante como ha de ser la vida allí.

Hacen todo lo posible por contrarrestar todo aquello que las entidades superiores nos transmiten, procurando entorpecer todo lo que pueden. Aún no han comprendido que no se pueden oponer a la ley del progreso y que antes o después la Providencia interferirá en su libre albedrío y les impondrá una serie de existencias con destinos muy concretos a fin de que poco a poco vayan eliminando, a través del dolor, las tendencias y defectos que les han conducido a esos estados de degeneración.

El mal no es nada comparado con el bien, es como una manchita en la infinidad del Universo, sólo existe en dichos planos mencionados, y en los mundos de expiación y prueba como el nuestro, pero no es eterno, es temporal y sólo persiste hasta que Dios decide ayudar a estos hermanitos que por si mismos no son capaces de regenerarse.

Son muchas las personas que no preparan convenientemente la partida a la patria espiritual, viviendo solo en el presente, olvidamos lo efímera que es la vida terrestre, y la infinitud  de la eternidad, el pensamiento equívoco de que la vida son cuatro días, y de que sólo se vive una vez, nos juega una mala pasada, y sin darnos cuenta la vida efectivamente pasa rápida, y nos despertamos ante un nuevo paisaje, un nuevo escenario, plagado de criaturas y de escenas inimaginables, con un denominador común, oscuridad, soledad, terror, confusión, sufrimientos en definitiva.

El conocimiento es luz, la ignorancia es oscuridad, Aprovechemos las luces que tenemos ahora a nuestro alcance para evitar esos estados de tinieblas y de dolor, ascendamos por la senda del progreso y conquistaremos los reinos de Luz, Paz y Amor.

Despertar sufriente por:   Fermín Hernández Hernández

© 2016, Amor, Paz y Caridad