Valores humanos

LA HONRADEZ

Honradez: “Que es incapaz de engañar, robar o estafar. De proceder recto, decente, recatado.”

Estas son las definiciones que la Real Academia de La Lengua Española hace de la persona que es honrada. Si queremos profundizar más podríamos hacerlo cuanto quisiéramos, pues sólo el término “de proceder recto” nos puede dar mucho de sí.

Así pues, para llegar a ser honrados hemos de tener un control absoluto sobre nuestras inclinaciones, y un equilibrio espiritual importante que nos permita actuar libres de egoísmo, sin aparentar, sin dobleces, sin intereses ocultos, etc…

Ser honrado es todo lo contrario de lo que representa la hipocresía y el aparentar, facetas que en el mundo material en el que nos desenvolvemos cuentan mucho, y con las cuales se puede llegar a muchos sitios, ya que contamos con que las personas con quienes podemos tener relación no nos conocen bien, y mucho menos conocen nuestros pensamientos e intenciones.

Los que tenemos conocimiento del mundo espiritual sabemos que, cuando tratamos de engañar a los demás en realidad nos engañamos a nosotros mismos, ya que los trapos sucios tarde o temprano suelen salir, y es entonces cuando se descubren nuestros verdaderos deseos e intenciones y fracasamos rotundamente. En ese momento pocas explicaciones podemos dar y sólo nos queda el remedio de reconocer los errores cometidos y enmendarlos, si ello es posible.

Pero la persona que carece de esta virtud, de la honradez, carece también de humildad y le es costoso enmendar los errores ¿por qué? Porque para ello debe cambiar su conducta, sus hábitos. Para esto es necesario estar henchido de un sentimiento verdadero de cambio y de valorar a las personas a las que hemos engañado, demostrándoles que estamos arrepentidos con un cambio auténtico. No basta sólo con cambiar la cara, con cambiar la estrategia, porque volvemos a cometer los mismos errores, y así lo que  hacemos es agotar el plazo y la oportunidad que se nos había dado para entablar una relación sincera y dar un paso en favor de nuestro progreso.

Lo que ocurre en realidad, es que las personas que carecen de honradez, que son capaces de engañar, de dar otra cara distinta de lo que llevan en su interior, es porque se creen más listos que los demás, creen que pueden conseguir lo que se propongan, con sus artimañas y estrategias. Eso pueden lograrlo en la vida material, de hecho así es en muchos casos, pero en un grupo espiritual sincero, con deseos de progreso, en el que las personas que lo componen se han propuesto una relación limpia, honesta, de trabajo espiritual hacia sus imperfecciones, en un grupo así no se está dispuesto a tener esas manchitas por siempre, por llamarlo de un modo indulgente, ni lo permiten los integrantes de un grupo llamado al progreso espiritual de todos sus componentes, por el mucho daño que una persona así puede hacer, ni lo permiten tampoco los guías espirituales que acompañan al mismo, los cuales, después de un tiempo prudencial saben como sacar a relucir las acciones e intenciones que no responden a las pautas de comportamiento que todo grupo se debe exigir, con lo cual se descubren a las personas que como estamos diciendo no están actuando correctamente, y minando en muchas ocasiones las buenas intenciones y los esfuerzos que los demás sí están realizando.

La honradez, la limpieza de intenciones, es uno de los estandartes que soportan la estructura de un grupo espiritual, si no empezamos por ahí poco o nada se llegará a realizar.

Para que se pueda trabajar con éxito en cualquier empresa han de ir todos a una, unidos por el mismo afán, construyendo todos en la misma dirección y armonizados por las pautas de comportamiento basadas en el progreso espiritual que son el eje central que marca el camino a seguir.

La persona honrada es incapaz de llegar a engañar a sus semejantes, mucho menos a sus amigos. Quien es honrado, al preocuparse de comportarse rectamente, lo que está haciendo es un ejercicio continuo de voluntad y de limpieza interior, quitándose de encima la comodidad, el egoísmo, la malicia, todo aquello que va en detrimento en primer lugar de su propia personalidad, y después de una verdadera y sana relación con los demás. Cuando buscamos sólo nuestro propio beneficio y faltamos a la verdad, faltamos al respeto de las personas o abusamos de ellas, estamos creándonos una verdadera trampa mortal, que tarde o temprano caerá sobre nosotros mismos.

De una persona honrada nada se puede temer, pues si en algo se equivocara o algún daño cometiese lo repararía con creces tan pronto fuera consciente. Sin embargo, de una persona hipócrita, se puede temer todo, pues no sabes cuándo te está diciendo la verdad, ni cuáles son sus verdaderas intenciones. Es una lástima que existan personas de dichas características, que no trabajan por su perfeccionamiento espiritual, sino por su interés personal, pues es muy doloroso y desagradable no poder confiar en una persona, pero en su propio beneficio y para que no se estropee más aún no hay más remedio que hacerle constar que una cosa es ser buenos y otra muy distinta el dejarse avasallar y engañar por un exceso de confianza.

Ser honrado no consiste, como tratamos de explicar, solamente en no aparentar lo que no se es, ya que eso nos hundiría en la comodidad y en el estancamiento, sino en ser capaz de realizar los esfuerzos necesarios para actuar con honestidad, en beneficio de los demás. No se puede progresar espiritualmente sin hacer algo que sólo redunde en nuestro interés, ese es el verdadero mérito, exigirnos cada día un poco más a nosotros mismos con el debido respeto a nuestros semejantes.

Fermín Hernández Hernández

© 1998 Amor, paz y caridad

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