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REFLEXIÓN SOBRE LA ORACIÓN

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  Es curioso en muchas ocasiones apreciar las diferentes interpretaciones que se le puede dar a un mismo tema objeto de estudio, a veces tan alejadas una de otra. Esto además contrasta si las personas con las que se debate una cuestión parecen estar
ilustradas en la doctrina espírita, o más bien conocen la doctrina desde hace varios años.

  Esto nos lleva a extraer varias conclusiones de cual puede ser el motivo y la explicación para que existan discrepancias tan grandes, a mi juicio, la fundamental es que en efecto la parte moral, o dicho en otras palabras más rotundas, “el grado de evolución alcanzado” es el que determina que sobre un mismo punto se entiendan cosas diferentes. Y esto que hablamos del tema de la oración, que a priori parece ser un asunto bastante claro.

 La cuestión principal de este artículo estriba en que en un debate entre miembros de distintos grupos se discutía sobre la practica y la eficacia de la oración. Hasta tal punto en que se llegó a decir, pero es que tu crees en los milagros. Es que tu no conoces la ley del karma. Denotando la eficacia de la practica de la oración y los resultados a veces sorprendentes que se pueden producir cuando por parte de un grupo se elevan peticiones al plano espiritual superior en favor de personas que están atravesando dificultades, ya sea en su salud o en cualquier otro tipo de prueba o experiencia difícil que estén soportando.

 Y uno no se lo puede creer, uno piensa que no está en el lugar donde cree estar, o no estudiamos la misma ciencia, o no se tienen los mismos principios, o que estamos llegando a un grado de desvirtuacion de la enseñanza de los espíritus, o no se a que conclusión llegar.

  Explicar que una de las actividades del grupo está encarada a elevar peticiones a los planos superiores para que pueda llegar ayuda espiritual a una serie de personas que así lo han solicitado, o
a otras que se sabe de las vicisitudes que están viviendo y esto suena tan raro y tan imposible, acaso no hay hermanos en el plano espiritual dispuestos a recoger estas peticiones y con el permiso del Padre hacer cuanto esté a su alcance para ayudar en el adelanto espiritual y en el socorro en los momentos difíciles. Donde queda entonces el “Pedid y se os dará”, donde queda la caridad, que lugar ocupa la ley del amor en el esquema de la creación. Qué es de la solidaridad, de la fraternidad en acción.

  Si bien está claro que hay circunstancias y pruebas y todo tipo de vicisitudes que es necesario pasar por un espíritu para que extraiga de ello las lecciones necesarias, y vaya puliéndose en las diferentes virtudes que todos tenemos que atesorar, y que en algunos muchos casos solo alcanzamos a conseguir a través de la terapia del dolor, esto no limita ni le quita ningún valor al Pedid y se os dará, y mucho menos a la intercesión que otras personas y espíritus pueden hacer por nosotros.

  Con el argumento de que una persona se cura de una enfermedad cuando llega su hora, y asimismo para todo tipo de penurias y vicisitudes, que todo llega a su fin según lo previsto por las leyes, se rechaza de plano las virtudes y efectos que tiene la oración, donde queda entonces el libre albedrío, el deseo de ayudar y de favorecer a quienes amamos y para los que deseamos lo mejor, como se puede progresar si esto es la ley del ojo por ojo y diente por diente. Nos hemos olvidado de que Jesús abolió esta ley y la renovó por la ley de “Amar a vuestros enemigos …

  Por encima de todo está la ley del amor, el amor todo lo puede cambiar, por amor se hace lo imposible, el amor, la caridad, el perdón, es lo más sublime y sí puede obrar milagros, puede conceder una segunda oportunidad, puede dar un plazo para pagar la deuda, puede aminorar el sufrimiento, puede iluminar nuestra alma para enderezar nuestros pasos, puede operar lo que no se puede alcanzar de otra manera.

  Por eso me extraña que algo tan claro a nuestro entender causara ese asombro, y lo que es peor se dudara de su eficacia y de que la oración se pudiera practicar con este enfoque: el de ayudar en una situación de necesidad, en una situación de súplica y de ruego. Cuando una persona pide ayuda es como una formula mágica. Es la clave. No todo el mundo está capacitado para pedir ayuda. Cuando se acude así se está empezando a subir la empinada escalera de la humildad, del reconocimiento de que hay algo por encima nuestro, y de que hemos fallado y nos faltan fuerzas para orientarnos y salir del atolladero en el que nos hemos metido.

  Dios nos observa mediante sus espíritus elevados, que son sus intermediarios, estos nos escuchan y no dudan en proveernos de todo aquello que puede ser de utilidad en nuestro progreso que es lo más importante, máxime cuando en este plano otros también se acuerdan de nosotros e interceden mediante la oración. De hecho en nuestro grupo se nos ha enseñado que “antes nos cansamos nosotros de pedir, que los de arriba de ayudar”. Esto nos da una idea de la importancia de la oración y de la misión que ejercen una jerarquía de espíritus de elevación cuyo principal cometido es el de ayudar. Este hecho cobra especial relevancia en los momentos de tránsito hacia un mundo de regeneración como al que estamos abocados.

  A los orgullosos les cuesta mucho pedir ayuda. A estos les falta sufrir mucho más para que sean capaces de ponerse en esa situación humilde y de corazón predispuesto hacia el cambio y el reconocimiento de que apenas estamos en los primeros pasos de la evolución hacia un mundo de regeneración. Por eso no han comprendido el valor de la oración y mucho menos han tenido la experiencia y la satisfacción de comprobar que cuando se pide algo sin esperar nada a cambio para sí, sino que se pide en favor de otros, especialmente en favor de una ayuda espiritual, porque aquí no estamos hablando de ayuda material el mundo espiritual se vuelca 200 por 100 para asistir y contribuir en el bien ajeno.

  Insisto ayuda es una palabra mágica, a nadie se le puede negar ayuda. Concebimos a los espíritus superiores inmóviles, impasibles, sin hacer ningún caso, sin prestar ninguna ayuda a aquellos que la están necesitando. A qué se dedican entonces. Jesús mismo practicaba la oración y enseñó a sus discípulos a practicarla, ¿para qué? Jesús acudía a ayudar a cuantos se lo pedían, recordemos los famosos pasajes del evangelio en los cuales
se relatan curas prodigiosas, si esa misma cura se iba a producir porque había llegado su momento para que se molestaba Jesús. Si todo ocurre de manera natural y espontánea dejemos entonces de ayudarnos y de cuidar los unos de los otros, dejemos que Dios se ocupe de todo, y nosotros ocupémonos sólo de lo nuestro. No es esta una manera de pensar estéril e inútil que no colabora en nada a nuestra evolución, entonces será que la oración, su eficacia y la necesidad de practicarla es lo que debemos hacer al menos durante unos pocos minutos a la semana, o mejor dicho durante unos pocos minutos al día.

  O quizás ayudar no está en nuestros planteamientos y es por eso que se nos ha olvidado uno de los mayores y mejores dones con los que nos ha dotado nuestro creador, la facultad de orar mediante la cual abrimos nuestra alma y nuestro corazón a las alturas, nos acordamos ante Dios de los que sufren, de los necesitados, de los que están confundidos, desorientados, faltos de todo y rogamos e intercedemos por ellos. 
 
F.H.H.
GRUPO VILLENA 2012

  «Sin ninguna duda hay leyes naturales e inmutables que Dios no puede anular a capricho de cada uno; pero de esto a creer que todas las circunstancias de la vida están sometidas a la fatalidad, es grande la distancia. Si así fuese, el hombre sólo sería un instrumento pasivo, sin libre albedrío y sin iniciativa». Allan Kardec, “El Evangelio Según el Espiritismo”, capítulo eficacia de la oración.

EL PERDÓN

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He querido dedicarle un segundo artículo a este tema por dos razones, primera para hacer más hincapié sobre él, dada la importancia que merece, y segunda porque se puede profundizar mucho más en su desarrollo.
   Hay algunas preguntas que en general casi todos nos planteamos, una de ellas le fue formulada al Maestro Jesús por sus discípulos con respecto al número de veces que hemos de perdonar. Entonces se le acercó Pedro y le preguntó: ¿Señor, cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces? Dícele Jesús: no digo yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. (S. Mateo, 18,21-23). Esto nos da una cifra de 490 veces, no obstante, está claro que esta es una cifra simbólica, porque lógicamente quien ha sido capaz de perdonar este número de veces ya ha adquirido lo más importante que es la facilidad para controlar sus instintos, sus emociones y sus pasiones, para dejar paso en todo momento a la parte positiva que todos llevamos dentro y que con amor y voluntad somos capaces de sacar para no dejamos llevar por la ira, sino por la comprensión y la caridad en los momentos más difíciles de nuestra vida, al pasar por determinadas pruebas o experiencias.
El buen hábito de perdonar, impide con su práctica que seamos capaces de guardar rencor o malquerencias hacia alguien, porque nos vamos dando cuenta que con ello no ganamos nada, al contrario, perdemos seres queridos, perdemos felicidad para nuestra vida humana, perdemos energías que las desviamos hacia otros cometidos, y lo que es peor, perdemos oportunidad de progreso y luz espiritual para nuestra alma de la que estamos tan necesitados.
Debemos sacar la conclusión de lo dicho anteriormente, de que hay que perdonar cuantas veces sea necesario, hasta que la otra persona decline su actitud al comprobar nuestra firmeza de carácter que permanece inmutable e inalterable a sus objetivos, y la fortaleza moral que nos va enriqueciendo cada vez que intenta arremeter contra nosotros, y el gesto de hermandad y afecto con el cual le respondemos. «Si uno no quiere dos no pelean», nos enseña el refranero español, pero es que además debemos hacerle ver la inutilidad de su actitud con la que no hace presa en nosotros. Ante un gesto de maldad: un gesto de bondad, ante la intransigencia: flexibilidad y tolerancia, ante la envidia: generosidad, etc. etc.; esta es la forma de ganar a los adversarios, mostrar que no van a extraer ningún resultado positivo puesto que no logran alterar nuestra firmeza y fortaleza de carácter, porque no seguimos su juego, añadiendo leña al fuego, entonces llega un momento, tarde o temprano, en el que deponen su actitud, en un instante se sienten ridiculizados, comprenden que han perdido el tiempo, y es entonces cuando es posible la reconciliación, porque ya no queda ningún motivo para seguir la contienda, porque comprenden la lección que han recibido y se sienten incluso en deuda moral con la otra parte, y el pago no es ni más ni menos que estrecharse en un abrazo de regocijo y empezar una nueva página en el libro de la vida.
Por eso es preciso perdonar tantas veces como sea necesario, porque de ese modo, cuando llegue ese momento esperado, por un lado se ve que la puerta la tienen abierta, puesto que siempre hubo el gesto de perdón, y la esperanza es clara, y por otro, porque se ha extinguido por completo el deseo de perjudicar, ya no quedan fuerzas para seguir, ni excusas para continuar así, queda sólo lugar para el reencuentro, para hacer brotar la amistad sincera.
Por otro lado, de qué serviría perdonar una o diez veces y luego darle paso al rechazo, o al rencor, sería el primero un trabajo inútil y no demostraríamos que habíamos perdonado de verdad, con autenticidad, sin reservas, porque si lo hubiéramos hecho en adelante nada podría alterar nuestra condición.
Hay personas que pueden venir a la tierra a recibir el ejemplo del perdón, porque ésta es la forma de reblandecer sus espíritus y darles qué pensar, hacer que se miren hacia sí mismos para encontrar la respuesta a muchas preguntas que quizás hace siglos se están haciendo, y cuya respuesta está en cambiar su carácter, y por ello vienen próximos a un número de espíritus amigos que quieren ayudarles, que les van a perdonar sus faltas una y otra vez, hasta que se extingan sus deseos de maldad y despierten para la vida espiritual poniendo todas sus fuerzas y sus cualidades en el trabajo de su perfeccionamiento y de ayuda hacia los demás. Fijémonos lo importante que esto es para un espíritu en su trayectoria, y que lo podemos conseguir aprendiendo a perdonar y superando las pruebas que se nos pongan en el sendero.
Esta es de nuevo la , el proyecto más ambicioso y completo del ser humano, que muchos no quieren ni siquiera comenzar, postergando su progreso y su felicidad Dios sabe para cuando, pero que tarde o temprano tendrán que empezar. Para todos es un trabajo, para unos que debemos aprender a perdonar, y otros quizá a pedir perdón, pero es un trabajo que sin duda necesita un esfuerzo y que alguien debe ser el primero en dar el paso. Devolver bien por mal, no sólo no pagar con la misma moneda, sino ser incluso capaces de tender una mano a aquél que un día no nos quiso bien.
Cuando nos atacan debemos defendemos. Esta es otra cuestión a estudiar y comprender. Ciertamente, debemos defendemos, pero debemos luchar no con las mismas armas de nuestro agresor, porque entonces nos ponemos a su altura y no somos mejores que él, sino insisto, nuestra arma debe ser la autoridad moral que debe prevalecer siempre por encima de cualquier tipo de provocación que se nos haga.
Defenderse no es ir contra nadie, defenderse incluso si es necesario soportando los males en nuestra persona, pero nunca cometerlos, de ahí que el Maestro Jesús expresara aquello de «Poner la otra mejilla», dándonos a entender que para el progreso del espíritu, y para la marcha de la humanidad, es preferible antes recibir un mal que cometerlo, siendo esta una demostración del dominio que tiene el espíritu sobre la materia, a veces en los momentos más delicados, con lo cual además de ofrecer un ejemplo vivo de la perfección del espíritu, no cargamos nuestra alma con ningún tipo do deuda, ni física, ni moral y así es la única manera de poder superar los mundos de expiación y prueba como lo es la Tierra, y ganarnos el paso a un mundo de regeneración, en el cual ya no hay cabida a ningún rasgo de hipocresía, de venganza, odio o rencor, y es preciso desde luego pasar la experiencia que ponga a prueba nuestro carácter en este sentido en mundos como el nuestro, atrasado moralmente, y demostrar que somos aptos para mundos de regeneración.
Esto debemos tenerlo muy claro, en un mundo de regeneración ya no se admiten espíritus que conserven características que les impidan perdonar, porque pueden arrastrar a otros en su ceguera mental y espiritual, y es muy difícil adelantar en el progreso del espíritu si no se han depurado estas tendencias tan perniciosas.
De ahí que no sea raro que muchas veces choquemos con experiencias que nos obliguen a tomar decisiones importantes en este sentido. El perdón es una virtud muy importante, Dios nos ha dado la inteligencia para que la empleemos y sepamos sacar nuestros valores morales, y la voluntad para superar las adversidades. Mirémonos interiormente, reflexionemos y veamos cuál es nuestro estado espiritual con respecto a esta cuestión, no dejemos perder la ocasión de recuperar viejos amigos y de zanjar viejas rencillas que no nos permitan aceptar a alguien tal como es, cambiemos nosotros y dejemos a Dios el trabajo de hacer cambiar a los demás con las experiencias que necesiten.
    
F.H.H.

DESARROLLO DE LA MEDIUMNIDAD

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  Todo tipo de mediumnidad despierta en el momento preciso, según el programa a desarrollar establecido para el progreso de la persona en cuestión. A partir de ese despertar comienza el desarrollo de la facultad que llevan a cabo los espíritus
protectores. El proceso de desarrollo de la facultad, hasta el momento en que debe empezar a trabajar, no es igual en todas las personas, sino que varía mucho, dependiendo del grado de evolución espiritual alcanzado en las diversas existencias y de las condiciones y circunstancias en que se encuentra una vez en la materia. 
 
  Cuanto más evolucionado está el espíritu, el desarrollo es más rápido y prácticamente imperceptible para el médium. A menor evolución mayor es el trabajo a realizar por parte de los protectores y por lo tanto más lento. No obstante, es importante destacar que el estado anímico del futuro médium, su predisposición hacia el desarrollo de su mediumnidad, el comportamiento y la línea de conducta que lleve influyen en gran manera, dándole una gran facilidad a los espíritus protectores para que se desenvuelvan lo mejor posible y adelanten el desarrollo de la facultad y no tengan ningún problema. 
 
  Por contra, si dicho médium no ofrece estas condiciones, si está en rebeldía ante el desarrollo de su facultad, si rechaza el trabajo de los protectores, si en definitiva no se presta al desarrollo que ha de capacitarle para ser por fin un médium, se verá rodeado de un ambiente negativo que ocupará el espacio de los protectores, los cuales se encontrarán bastante imposibilitados para hacerle el desarrollo, con lo cual esta persona sufrirá los efectos de esas malas compañías a las cuales les dio paso cuando cerró la puerta a los protectores, el desarrollo seguirá su curso pero mucho más lento y embarazoso. 
 
  En estas circunstancias, en las que muchos médiums en proceso de desarrollo se ven envueltos, es cuando ocurren los trastornos psíquicos de todo tipo, mareos, desmayos, pérdida de la personalidad, etc. Todos estos desequilibrios están motivados por la influencia perturbadora que ejercen las malas compañías espirituales en los médiums en proceso de desarrollo que no supieron valorar la ayuda de sus protectores y que se dejan llevar por la comodidad despreocupándose de su condición de médium. 
 
  El desarrollo de la mediumnidad es una especie de cursillo preparatorio que nos capacita para poder ejercer más adelante una profesión. Por tanto, mientras no acaba este cursillo hemos de poner el máximo interés en llevar una línea de moralidad que permita a los espíritus protectores realizar su trabajo lo mejor posible. Una línea moral siempre en alerta mantiene alejadas a las «malas compañías espirituales» y permite que los protectores lleven el control que necesitan en el desarrollo de la mediumnidad. De este modo, éste no se ve interrumpido ni entorpecido por ningún tipo de molestias o trastornos generados por influencias negativas. 
 
  Es importante dar a conocer que no es preciso que los médiums en proceso de desarrollo acudan a ningún lugar para desarrollarse tal y como se ha venido haciendo. Es popularmente conocido que cuando en una persona empezaba a despertar una facultad espiritual enseguida se le llevaba a una casa o grupo en donde se les hacía el desarrollo a través de una mediumnidad. Debemos aclarar que no eran estas personas quienes hacen dicho desarrollo, sino que ayudan, eso sí, por su condición de mediumnidad, siendo los protectores quienes hacen el desarrollo. Actualmente esta situación ha cambiado por completo. ¿Por qué ha cambiado? Principalmente, porque en la actualidad es muy elevado el número de hermanos de elevación que hay para ayudar y muchas las facultades psíquicas que van apareciendo, y por el contrario, son muy pocas las personas capacitadas para efectuar la ayuda tal y como se hacía antiguamente. Por esta razón, el proceso de desarrollo de los médiums, lo llevan a cabo los propios protectores directamente, los cuales han pedido el permiso del Padre y han obtenido más fuerza para poder efectuarlo. 
 
  De este modo, al mismo tiempo que es el propio protector quien dirige el desarrollo del médium como mejor le conviene, se asegura de que éste no tropiece con ningún sitio en donde recoja, en lugar de ayuda e ideas claras, confusión y entorpecimiento, puesto que hemos podido comprobar que muchos de estos grupos en donde se realiza esta función están anclados en el tiempo y en lugar de ayudar, aunque no tengan mala voluntad, entorpecen ya que no están debidamente orientados ni asistidos por entidades espirituales positivas.Hay muchas personas que cuando descubren que están en proceso de desarrollo de una facultad mediúmnica se asustan ante el temor de tener que ponerse en manos de personas desconocidas y de las que en muchos casos no tienen buenas referencias. Esta es una situación a la que se ha llegado debido a que con el paso de los años muchas cosas que en principio se practicaban bien, ahora no se ejercen igual, y existe una gran descreencia y temor motivados por el mal ejemplo ofrecido, al margen del comercio que gira en torno a estos hechos y de otras circunstancias desagradables que han sucedido. De ahí que de arriba se haya dado solución a estos hechos prescindiendo de que el futuro médium inexperto y sin conocimiento se vea envuelto en los abusos y errores que cometen con su persona. 
 
  Queda entonces una pregunta en el aire: ¿Cómo sabe el médium que su desarrollo ha terminado? Pues bien, esta es una incógnita que no ha de preocuparle porque los protectores tienen los suficientes medios para anunciárselo. Si hay cerca del médium alguna persona capacitada para comunicárselo dejarán que sea ésta quien lo haga, y si no es así, ellos mismos lo harán haciéndoseles visibles o por algún otro modo que más conveniente vean. Será entonces cuando se da por terminado el desarrollo y el médium podrá comenzar a realizar su misión según las instrucciones que su protector le haya dado. 
 
 
  Por último nos queda recomendar a los médiums neófitos que al comenzar a realizar su trabajo han de tener mucha prudencia y humildad, han de tener en cuenta que carecen de experiencia y que los espíritus burlones intentarán confundirlo y engañarle, por ello, en el comienzo de su trabajo no han de darle demasiada importancia al fruto que se consiga, sino considerarlo más bien como período de aprendizaje y de sintonización con su protector. Si el médium comienza con buen paso y no se deja llevar preso por la vanidad y el orgullo, sabrá rechazar las falsas comunicaciones y esto le llevará a establecer vínculos vigorosos con su protector que no permitirá en ningún momento interferencias de entidades negativas cuando sea él quien deba comunicar. Esto es sobre todo muy a destacar para los médiums psicógrafos y de incorporación cuya mediumnidad es intuitiva, los cuales son muy susceptibles de recibir falsas comunicaciones, las cuales muchas veces son permitidas por el espíritu protector como campo de aprendizaje para el médium, que debe aprender a distinguir entre las buenas y las falsas comunicaciones. 
 
F.H.H.
 
 
 

EL PERDÓN

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Abordamos a continuación un tema muy delicado, hablar de una virtud tan excelsa como lo es el perdón, síntesis de otros muchos valores aliados del tronco común de todos ellos: el Amor, puede ser muy fácil y sencillo y al mismo tiempo muy profundo.


Para la comprensión de esto me remito a que según para qué es muy fácil perdonar, cuando se trata de algo trivial, sin importancia, pero sin embargo a veces resulta muy difícil hacerlo cuando se trata de algo muy íntimo y personal y creemos que se nos ha hecho una ofensa, se ha cometido una injusticia, o un daño irreparable, etc. Me remito también a la idea de que sí perdonar, tal como lo expresa el Maestro Jesús, fuera un principio aceptado de hecho y asumido por toda nuestra sociedad, ésta no hubiera llegado al limite de maldad de odio  y resentimientos al que  se  está llegando.

Por estar desgraciadamente de actualidad citaré la cruenta guerra que aún hoy después de tantos meses perdura en la antigua Yugoslavia, un enfrentamiento en el  que se han enzarzado diferentes comunidades, que hasta hace poco convivían en paz, sumidos ahora en una guerra que no respeta a los niños y ancianos, y que ha cometido graves delitos contra toda la población civil en general. Es una guerra sin causa en la que se han puesto de manifiesto la enorme carencia de valores humanos que existe en el fondo de las sociedades humanas, que ha sumido a este país en una locura colectiva, en la que se lucha y se agrede despiadadamente.

Perdonar, es en la práctica, y lleva implícito aceptar los errores ajenos, no tener en cuenta las ofensas, comprender que todos estamos en una escuela a la que hemos venido a enseñarnos a comportarnos, a quitamos el egoísmo, a comprender que ninguno somos perfectos -aunque debamos siempre exigimos el máximo, e intentarlo a nuestro nivel-. Perdonar es elevarnos por encima de todo aquello que pueda salpicar a nuestro espíritu de la más mínima mancha, de odio, rencor, deseos de venganza, resentimientos y no desear el bien hasta incluso a nuestros enemigos. Es una de las pruebas más difíciles con que topa el ser humano, una prueba por la que muchos no pasan, y por lo tanto, demuestran con ello, su escaso nivel de evolución, ya que no son capaces de poner en práctica la sublime enseñanza del Maestro: «perdona a tus enemigos», y esta otra: «haz a los demás lo que quisieres que hicieren contigo».

¿Quién de nosotros no querría que le perdonaran por haber causado daño a alguien? Si el daño cometido fue de forma involuntaria sería injusto no perdonar, y si el daño cometido fue voluntario y premeditado, es preciso perdonar también, no obstante, en lo sucesivo, deberemos tener cuidado y tomar las debidas precauciones para que esta acción no se repita y así esta persona comprenda que de nada le vale seguir con su actitud, se arrepienta y luche para vencer sus malas inclinaciones y no las cometa de nuevo, porque, si damos opción a que puedan faltar a nuestro respeto y dignidad, estamos facilitando el camino de la perversidad en el mundo, con lo cual podemos ser responsables en parte de su actitud.

Aunque debo insistir, perdonar se debe perdonar siempre, porque perdonar no es otra cosa que despojar a nuestra alma de todo resquicio de desamor y de rencor, y nuestro deber es ese precisamente, mantener nuestra alma limpia de toda maldad, de toda impureza. Por lo tanto, hemos de desterrar aquel dicho popular que dice: no tiene perdón de Dios; porque Dios lo perdona todo, y nosotros debemos intentar que así sea también en nuestro corazón.

Perdonar de verdad, perdonar de corazón, a corazón abierto, no perdonar a medias, no perdonar con reservas, perdonar y si es posible dar opción a la Vía de la reconciliación, sin tachar a la otra persona con una cruz al objeto de no saber nada de ella, porque según los casos perdonar implica también ayudarle a salir de la ignorancia en que se sumía al intentar dañamos de algún modo.

Si no nos vemos con la fuerza suficiente para perdonar puede ser porque nuestros sentimientos se hallan dolidos todavía y contrariados, nuestra mente puede estar turbada y confusa y se inclina por permanecer altiva y firme, es entonces, debido a la comprensión que ya tenemos, cuando debemos hacer un esfuerzo para que salgan del fondo de nuestra alma los buenos sentimientos y seamos capaces de doblegar los inferiores y dejar atrás el mal recuerdo y el resentimiento. Sólo perdonando podemos ir despojándonos de los defectos y transformamos así en verdaderos cristianos.

  Cuando somos incapaces de perdonar esto no es debido al mucho o poco daño que se nos haya hecho. A veces oímos «no puedo perdonarle porque lo que me ha hecho es demasiado fuerte». No, nos engañemos, al contrario, a mayor egoísmo que tengamos, creemos que el daño es mayor, a mayor orgullo creemos que la ofensa es más grande, cuanta más vanidad tengamos pensaremos que el menosprecio fue enorme, etc., etc. Esto demuestra que lo que nos impide perdonar es la medida de nuestros defectos morales, por eso, como el caudal de amor del Maestro era tan ancho y profundo, el pudo cuando su cuerpo estaba sometido a la tortura de la cruz, cuando se estremecía de dolor al límite, abandonado por casi todos, excepto por unas cuantas mujeres, cuando su dolor moral era muchísimo mayor que su dolor físico, por la incomprensión, por ver el estado de brutalidad en que estamos sumidos, entonces fue capaz de decir: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen», y así era, era cierto que aquel pueblo, no sabía lo que hacía en aquel momento porque por su ignorancia desconocía el espíritu tan excelso que tenían delante y que se había sacrificado en una encarnación para mostrarnos los primeros pasos del amor espiritual.

Es pues la ignorancia en muchas ocasiones la causa por la que muchas personas, incluidos nosotros por supuesto, cometan acciones que puedan dañar a otros, porque si supieran y fueran conscientes del error, seguro que muchos no las cometerían. ¿Cuántas barreras se han opuesto al progreso de la humanidad precisamente por ignorancia! Muchas personas y grupos que por motivos de ideología sea esta política, religiosa, científica, etc., etc., cometen ciertos errores más por ignorancia que por expresa maldad, y si además entra también el fanatismo de las personas, entonces resulta una mezcla explosiva. Por ello los que tenemos luz y comenzamos a comprender que hemos de salir ya de esos estadios de intransigencia y falta de respeto que termina por manifestarse en violencia, generando sólo un karma absurdo que tarde o temprano tendremos que liquidar.

F.H.H.

 
Publicado en enero de 1994 en Amor Paz y Caridad.

DESARROLLO DE LA MEDIUMNIDAD

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Todo tipo de mediumnidad despierta en el momento preciso, según el programa a desarrollar establecido para el progreso de la persona en cuestión. A partir de ese despertar comienza el desarrollo de la facultad que llevan a cabo los espíritus protectores. El proceso de desarrollo de la facultad, hasta el
momento en que debe empezar a trabajar, no es igual en todas las personas, sino que varía mucho, dependiendo del grado de evolución espiritual alcanzado en las diversas existencias y de las condiciones y circunstancias en que se encuentra una vez en la materia.
Cuanto más evolucionado está el espíritu, el desarrollo es más rápido y prácticamente imperceptible para el médium. A menor evolución mayor es el trabajo a realizar por parte de los protectores y por lo tanto más lento. No obstante, es importante destacar que el estado anímico del futuro médium, su predisposición hacia el desarrollo de su mediumnidad, el comportamiento y la línea de conducta que lleve influyen en gran manera, dándole una gran facilidad a los espíritus protectores para que se desenvuelvan lo mejor posible y adelanten el desarrollo de la facultad y no tengan ningún problema.
Por contra, si dicho médium no ofrece estas condiciones, si está en rebeldía ante el desarrollo de su facultad, si rechaza el trabajo de los protectores, si en definitiva no se presta al desarrollo que ha de capacitarle para ser por fin un médium, se verá rodeado de un ambiente negativo que ocupará el espacio de los protectores, los cuales se encontrarán bastante imposibilitados para hacerle el desarrollo, con lo cual esta persona sufrirá los efectos de esas malas compañías a las cuales les dio paso cuando cerró la puerta a los protectores, el desarrollo seguirá su curso pero mucho más lento y embarazoso.
En estas circunstancias, en las que muchos médiums en proceso de desarrollo se ven envueltos, es cuando ocurren los trastornos psíquicos de todo tipo, mareos, desmayos, pérdida de la personalidad, etc. Todos estos desequilibrios están motivados por la influencia perturbadora que ejercen las malas compañías espirituales en los médiums en proceso de desarrollo que no supieron valorar la ayuda de sus protectores y que se dejan llevar por la comodidad despreocupándose de su condición de médium.
El desarrollo de la mediumnidad es una especie de cursillo preparatorio que nos capacita para poder ejercer más adelante una profesión. Por tanto, mientras no acaba este cursillo hemos de poner el máximo interés en llevar una linea de moralidad que permita a los espíritus protectores realizar su trabajo lo mejor posible. Una línea moral siempre en alerta mantiene alejadas a las «malas compañías espirituales» y permite que los protectores lleven el control que necesitan en el desarrollo de la mediumnidad. De este modo, éste no se ve interrumpido ni entorpecido por ningún tipo de molestias o trastornos generados por influencias negativas.
Es importante dar a conocer que no es preciso que los médiums en proceso de desarrollo acudan a ningún lugar para desarrollarse tal y como se ha venido haciendo. Es popularmente conocido que cuando en una persona empezaba a despertar una facultad espiritual enseguida se le llevaba a una casa o grupo en donde se les hacía el desarrollo a través de una mediumnidad. Debemos aclarar que no eran estas personas quienes hacen dicho desarrollo, sino que ayudan, eso si, por su condición de mediumnidad, siendo los protectores quienes hacen el desarrollo. Actualmente esta situación ha cambiado por completo. ¿Por qué ha cambiado? Principalmente, porque en la actualidad es muy elevado el número de hermanos de elevación que hay para ayudar y muchas las facultades psíquicas que van apareciendo, y por el contrario, son muy pocas las personas capacitadas para efectuar la ayuda tal y como se hacía antiguamente. Por esta razón, el proceso de desarrollo de los médiums, lo llevan a cabo los propios protectores directamente, los cuales han pedido el permiso del Padre y han obtenido más fuerza para poder efectuarlo.
De este modo, al mismo tiempo que es el propio protector quien dirige el desarrollo del médium como mejor le conviene, se asegura de que éste no tropiece con ningún sitio en donde recoja, en lugar de ayuda e ideas claras, confusión y entorpecimiento, puesto que hemos podido comprobar que muchos de estos grupos en donde se realiza esta función están anclados en el tiempo y en lugar de ayudar, aunque no tengan mala voluntad, entorpecen ya que no están debidamente orientados ni asistidos por entidades espirituales positivas.
           Hay muchas personas que cuando descubren que están en proceso de desarrollo de una facultad mediúmnica se asustan ante el temor de tener que ponerse en manos de personas desconocidas y de las que en muchos casos no tienen buenas referencias. Esta es una situación a la que se ha llegado debido a que con el paso de los años muchas cosas que en principio se practicaban bien, ahora no se ejercen igual, y existe una gran descreencia y temor motivados por el mal ejemplo ofrecido, al margen del comercio que gira en torno a estos hechos y de otras circunstancias desagradables que han sucedido. De ahí que de arriba se haya dado solución a estos hechos prescindiendo de que el futuro médium inexperto y sin conocimiento se vea envuelto en los abusos y errores que cometen con su persona.
Queda entonces una pregunta en el aire: ¿Cómo sabe el médium que su desarrollo ha terminado? Pues bien, esta es una incógnita que no ha de preocuparle porque los protectores tienen los suficientes medios para anunciárselo. Si hay cerca del médium alguna persona capacitada para comunicárselo dejarán que sea ésta quien lo haga, y si no es así, ellos mismos lo harán haciéndoseles visibles o por algún otro modo que más conveniente vean. Será entonces cuando se da por terminado el desarrollo y el médium podrá comenzar a realizar su misión según las instrucciones que su protector le haya dado.
Por último nos queda recomendar a los médiums neófitos que al comenzar a realizar su trabajo han de tener mucha prudencia y humildad, han de tener en cuenta que carecen de experiencia y que los espíritus burlones intentarán confundirlo y engañarle, por ello, en el comienzo de su trabajo no han de darle demasiada importancia al fruto que se consiga, sino considerarlo más bien como período de aprendizaje y de sintonización con su protector. Si el médium comienza con buen paso y no se deja llevar preso por la vanidad y el orgullo, sabrá rechazar las falsas comunicaciones y esto le llevará a establecer vínculos vigorosos con su protector que no permitirá en ningún momento interferencias de entidades negativas cuando sea él quien deba comunicar. Esto es sobre todo muy a destacar para los médiums psicógrafos y de incorporación cuya mediumnidad es intuitiva, los cuales son muy susceptibles de recibir falsas comunicaciones, las cuales muchas veces son permitidas por el espíritu protector como campo de aprendizaje para el médium, que debe aprender a distinguir entre las buenas y las falsas comunicaciones.
F.H.H.

ALTERNATIVAS 

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Alternativas
La vida es bella, estas palabras son muy ciertas, pero podemos pensar que esta belleza es algo reservado tan sólo para unos pocos, y no es así, sentir la plenitud de la vida con las grandes alegrías y satisfacciones que a veces nos reporta es algo a lo que todos estamos llamados, para ello basta poner el empeño y el trabajo necesario, pues no es lo mismo disfrutar de algo que lo hemos logrado por nuestros propios medios, que con aquello que no nos ha costado nada conseguirlo. No obstante, hemos de entender, que cada persona ha de amoldarse a sus posibilidades, salvando todas las comparaciones, pues estar bien uno consigo mismo no depende ni de las posesiones, ni de la situación particular, ni nada por el estilo, sino de la aceptación de sí mismo.

La alegría de vivir, las ganas de hacer cosas, parten de un sentimiento interno, de la mentalidad con que enfoquemos la resolución de los problemas y situaciones que se nos van presentando, es algo que depende por entero de nuestra predisposición, y no del exterior, de las influencias y experiencias que nos afecten.

  O dominamos las circunstancias y todo lo que llega desde fuera de nosotros, o será eso lo que nos dominará. Esta es la cuestión, algo que tenemos que aprender. Hay muchas personas que viven así, dominadas por todo cuanto sucede a su alrededor, que piensan y actúan movidos por todo eso. No son dueños de su libertad, porque son esclavos de los prejuicios y sobre todo de los problemas y situaciones de los que no saben desembarazarse ni tampoco resolver, no son capaces de buscar otras alternativas y enfocar los problemas de manera que cobren otro sentido, y estos se conviertan en pruebas que solucionar con los cuales podamos crecer espiritualmente, sentirnos moralmente elevados por haber sabido responder positivamente ante los inconvenientes y dificultades que pudieron contrariarnos, sentirnos elevados humanamente por reaccionar con calma, con prudencia, con amor y sentirnos con la conciencia en paz por haber sabido anteponer nuestros valores humanos antes que dar paso al egoísmo y el orgullo que tan malas pasadas nos juegan en cuanto nos descuidamos, y sobre todo, cuando creemos llevar razón en cualquier circunstancia que viene a medir nuestro grado de espiritualidad.

  Las experiencias negativas debemos considerarlas como un mal sueño, como una pesadilla en la noche, que ya pasó, cuando nos levantamos ha nacido un nuevo día, la luz y el sol lo invaden todo y la vida nos da la oportunidad de comenzar de nuevo, de superar los viejos sentimientos y de albergar nuevas esperanzas, no pensemos que los problemas y dificultades no van a tener fin, porque entonces los estamos alimentando, atraemos hacia nosotros la oscuridad y el temor y no salimos de ahí, al contrario, hemos de dar un giro rotundo, razonar, analizar y ver el cambio que nuestra vida necesita, no pequemos de terquedad, de orgullo, porque las experiencias nos están indicando que debemos estar abiertos y encontrar nuevas sendas por las que caminar para no volver á tropezar en la misma piedra.

Esta es la clave, siempre existen alternativas que poder tomar, siempre son posibles los cambios y estos además son necesarios para no estancarnos, para no acomodarnos, para progresar y engrandecernos.

  Podrán repetirse los problemas y las circunstancias, pero para entonces yo ya estaré preparado para recibirlos de otra forma. Sí, porque con cada problema, con cada mal sueño trataré de aprender cuál fue mi actitud ante él, cuál fue mi error, dónde estuvo mi ineficacia mi falta de iniciativa, veré qué carencia en mi carácter moral provocó que fracasara, que me sintiera mal, que me rebelara, etc., e intentaré modificar mi actitud, cambiaré mi mentalidad y adaptaré mi personalidad de modo que la próxima vez que esa prueba llame a mi puerta sepa solucionarla, y desde la calma y la serenidad pueda comprender con claridad los pasos a dar.

  Cada vez que supere una nueva prueba, con cada ocasión que sepa ver qué alternativas tengo para motivarme y no hundirme estaré fortaleciéndome internamente, sabré, cuales son mis posibilidades, aprenderé a medir mis fuerzas, a elegir bien mis actividades y realizaciones y ganaré en ilusión, renovaré mi espíritu día a día y mi fe se incentivará haciendo mi vida más completa y más hermosa.

  La mayoría de nosotros no cambiamos porque nos resistimos a ello, oponemos una barrera que nos impide reconocer los errores que cometemos y éste es el mayor error que podemos cometer ¿acaso somos perfectos? Mientras no destruyamos estas barreras, mientras no minemos nuestro orgullo y sepamos como nos está engañando, no podremos ver las cosas como son en realidad, sino como queremos verlas, depende del cristal con que miremos, y por tanto no hallaremos la solución adecuada.

  ¿Qué nos ocurre entonces? Que nuestra conciencia va acumulando conflictos, confusión, rebeldía, resentimientos, etc., etc., y llega un momento en el que está tan enmarañada que le cuesta mucho razonar y comprenderse a sí misma. No debemos dejar que esto se produzca, es mejor estar al día, nuestra conciencia debe ser como una contabilidad que no puede permitirse que haya un saldo negativo, cuando más limpia esté mejor.

  Si las cosas no nos van bien no es buena señal, probablemente ello quiere decir que debemos valorar otras alternativas, porque sino ¿a quién vamos a echar la culpa, al destino, a los demás, a la suerte? No nos engañemos, somos nosotros los forjadores de nuestro destino y las circunstancias tampoco son casuales, por lo tanto/ repito, nuestro éxito está supeditado en muchas ocasiones a saber hallar las alternativas estando abiertos y con un espíritu positivo, sin ser remisos a la hora de reflexionar para mejorar nuestra vida porque la posibilidad está a nuestro alcance.

Alternativas por: Fermín Hernández

MEDIUMNIDAD IMPUESTA

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  La mediumnidad impuesta, a diferencia de la mediumnidad de prueba, como su nombre indica, se da a los espíritus obligatoriamente sin que estos la hayan pedido. Es un tipo de mediumnidad que responde al gran atraso evolutivo de los espíritus en cuestión y por consiguiente que tienen en su haber un karma negativo excesivo el cual han de comenzar a ir eliminando.
 
 
  Generalmente se trata de espíritus reacios al progreso espiritual, que se encuentran estancados en él más allá sin estar dispuestos a realizar ninguna iniciativa que les haga salir de su situación, sino muchas veces al contrario, en lugar de trabajar para su propia superación y preparación de una nueva existencia provechosa están desaprovechando el tiempo que tienen en el espacio y muchas veces entorpeciendo el progreso de los encarnados. 
 
  Este tipo de espíritus en sus encarnaciones anteriores no supieron reconocer o admitir la existencia de un mundo espiritual y unas leyes divinas, y ya en el espacio continúan en la misma postura: se oponen a la ley del progreso y tratan de obstaculizar a todos aquellos que si desean evolucio­nar, de este modo se encuentran estancados espiritual­mente y contrayendo graves responsabilidades kármicas que un día más o menos lejano han de empezar a pagar. 
 
  De aquí que la Ley del Karma les obligue a venir en una existencia con mediumnidad impuesta, siendo este el mejor modo de reconocer aquello que por si mismos tanto les cuesta: comprender que existe un mundo espiritual y una ley de evolución mediante la cual todos estamos llamados a la perfección. 
 
  Es muy difícil que tras haber experimentado una existencia con mediumnidad estos espíritus no puedan ya asimilar que existe un Dios justo y unas leyes universales que hemos de conocer y razonar para llevarlas a la práctica. La mediumnidad impuesta, sin duda, ofrece a la persona que viene provista de ella infinidad de experiencias para que pueda comprobar suficientemente que existe algo más que la vida física porque va a tener la oportunidad de vivirlo en su propia carne de tal manera que no va a quedar sitio para la duda. 
 
  No olvidemos que al tratarse de espíritus con unas características morales muy bajas y además cargados de karma negativo, por ley de afinidad van a atraer a su alrededor la presencia de espíritus simpáticos a ellos, e incluso van a tener que soportar en algunos casos la compañía de espíritus antipáticos o enemigos de otras existencias, a los cuales van a tener que soportar del mismo modo que a ellos tuvieron también que soportarles cuando estando des encarnados molestaban e influenciaban a otras personas. Es la ley del karma que nos hace vivir en nosotros mismos aquello que hacemos vivir a los demás para que se quede grabado en nuestra conciencia y sepamos distinguir entre el bien y el mal. 
 
  Las características de estos médiums son distintas a las de la mediumnidad natural y de prueba, pues estos generalmente suelen rechazar la mediumnidad, no queriendo saber nada de ella, aun cuando tienen las suficientes pruebas y experiencias la mayoría desagradables que les hacen comprender que tienen algo «espiritual”, pero incluso así rechazan la facultad porque les resulta una molestia y no tienen la suficiente voluntad para ejercerla. Todavía prevalecen en ellos sus tendencias e imperfecciones morales que les impiden volcarse en el desarrollo de la mediumnidad y en su progreso espiritual. 
 
  Otros si que se esfuerzan por desarrollarla, pero se les nota que la llevan incómodamente, que es una carga para ellos y suelen quejarse a menudo, convirtiendo la mediumnidad en un problema que en muchas ocasiones trasladan a la familia, haciéndoles sufrir una situación que es de ellos. 
 
  Otra de las características es que viéndose obligados a poner en práctica la mediumnidad, se consideran que son privilegiados al tener una «gracia» que Dios les ha dado, y es entonces cuando se deciden a poner en práctica la mediumnidad, pero «cobrando», haciendo un mal uso de ella y explotándola todo lo que pueden. 
 
  En definitiva, la mediumnidad impuesta es una oportunidad muy importante para los espíritus que se encuentran estancados en el espacio y con un karma negativo muy grande en su haber, puesto que esta situación les coloca en una postura distinta en la que están y les ayuda a salir de su estancamiento, dándoles pruebas y experiencias que les hacen cambiar su actitud ante la vida, y aunque sean una mayoría los que no saben aprovechar positivamente esta mediumnidad, viven una experiencia que les sirve para pró­ximas existencias, ya que tienen los suficientes elementos de juicio para valorar la situación en la que se encontraban y prepararse una nueva existencia, en la cual, estando ya más fortalecidos y preparados puedan cumplir con su misión y comenzar a progresar. 
 
F.H.H.

MEDIUMNIDAD VOLUNTARIA

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  La mediumnidad voluntaria, también llamada mediumnidad de prueba, es aquella que pide el espíritu cuando se encuentra en el espacio y ve que está próxima una nueva encarnación en la que quiere adelantar en su progreso de una forma más rápida que podría hacerlo en condiciones normales, es decir sin
mediumnidad. Por medio de la mediumnidad, se puede adelantar en una sola existencia lo que de otro modo le costaría varias encarnaciones, de ahí que lo pidan muchos espíritus a fin de ir más rápidos en su progreso. 
 
  Este tipo de iniciativas por parte de los espíritus desencarnados puede deberse bien porque llevan retraso en sus anteriores encarnaciones y quieren recuperar el tiempo perdido, o porque quieren probarse para ver si con el adelanto que ya han adquirido son capaces de cumplir con una misión de estas características. 
 
  Naturalmente, esta es una prueba importante para el espíritu en los mundos de expiación y prueba como el nuestro, puesto que hay una gran diferencia entre estar en el mundo espiritual, en donde se goza de una claridad de ideas y certidumbre sobre nuestro destino evolutivo, a estar inmersos en la materia y sumergidos en una sociedad materialista que cierra las puertas a la comprensión y profundización de los conceptos espirituales. 
 
  Pero el espíritu, cuando está libre en el espacio y comprende lo mucho que puede adelantar en una sola existencia, viéndose fuerte y con ganas de emprender una tarea ardua, pero provechosa, se atreve a pedir una misión con mediumnidad. 
 
  El compromiso que tiene una persona que viene con mediumnidad voluntaria no es otro que el de ayudar a sus semejantes por medio de la facultad que posee, con el servicio que presta a todos aquellos que pueda ayudar, se sitúa en la vía de la fraternidad más pura y desinteresada y comienza, si cumple fielmente con su misión, una etapa a no dudar de existencias positivas, puesto que en esta última se habrá fortalecido grandemente, alcanzando un desarrollo notable de virtudes como la caridad, la voluntad, la fe, etc., y esto le otorga una sólida base moral para afrontar nuevas existencias con una buena predisposición hacia el bien. 
 
  Este tipo de espíritus, por lo general, están comprendidos en las leyes universales y cuando encarnan conservan cierta intuición de la misión que han traído, intuición ésta que su espíritu protector se encarga de recordarles y, como han pedido esta misión por su propia voluntad, cuando les llega el momento de empezar a trabajar suelen aceptarlo sin poner reparos. En definitiva, estas pueden ser las características que reúnen este tipo de facultades: 
 
  •  Cuando descubren que vienen provistos de mediumnidad no se rebelan ante esta situación, sino que lo aceptan con predisposición positiva. 
 
  • Estudian la mediumnidad y buscan personas con experiencia y conocimientos que puedan ayudarles a encaminarse positivamente. 
 
  • Analizan aquellos obstáculos que pueden tener o defectos que les impidan poner en práctica la mediumnidad para eliminarlos. 
 
  • Tratan de adaptarse y organizar su vida de modo que puedan cumplir con su misión lo mejor posible. 
 
  • Rechazan cualquier tipo de ideas establecidas, prejuicios y convencionalismos sociales que les impidan llevar a cabo su labor. 
 
  • Ponen al servicio de sus semejantes su mediumnidad sin idea de sacar un beneficio material o económico de la misma. 
 
  • Tienen un sentimiento interior de responsabilidad ante su misión. 
 
  Por nuestra parte, deseamos remarcar este último aspecto cual es el de la responsabilidad que se adquiere cuando se viene con este compromiso como es el de la mediumnidad voluntaria, no olvidemos que lo hemos pedido voluntariamente y que se nos ha concedido porque el plano espiritual nos vio con posibilidades de llevar esa misión hacia adelante con éxito. De no hacerlo así, significa que nos hemos dejado vencer por las pruebas del mundo material y que hemos hecho oídos sordos a nuestra conciencia y a las indicaciones de nuestro protector, al cual habremos dejado de lado. Supone por nuestra parte un error gravísimo si después de haber venido preparados y con un gran trabajo hacia nosotros volcado desde el plano espiritual, nos olvidamos del mismo y vivimos nuestra vida con egoísmo sin responder al llamado de la conciencia. 
 
  Habremos perdido una existencia con todas las consecuencias que ello lleva consigo. Lo peor de todo será el remordimiento que recogeremos cuando después de desencarnar veamos lo que hemos hecho, entonces no podremos olvidar el error cometido, y viviremos con la angustia y la vergüenza que supone el reconocer las debilidades a las que hemos dado paso, y ese dolor interior no se pasa sino hasta que por karma tengamos que venir nuevamente en otra existencia a cumplir con la deuda que dejamos pendiente. 
 
Pensemos en los beneficios que nos puede reportar la mediumnidad si la ejercitamos bien, en una sola vida podemos dar un salto de gigante y no solamente recuperar el tiempo perdido, sino superar viejas deudas y defectos que nos mantenían atados a vidas de bajeza moral y desconcierto espiritual. 
 
F.H.H. 
 
A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad. 
 
VICTOR HUGO

LA COMPRENSIÓN

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La comprensión
 La comprensión es sin duda, junto a la caridad y el perdón, uno de los valores humanos más elevados, que ensancha nuestro corazón haciéndonos más hermanos de nuestros semejantes y a la vez nos conduce a ser más participes de la realidad social en la que nos
desenvolvemos cada día. 
 
  Es la comprensión la puerta que abre y moviliza nuestros valores internos, ayudándonos a no rebelarnos ante las pruebas, los problemas y todo aquello que afecta no sólo nuestra vida, sino también, la vida de los seres más cercanos a nosotros. 
 
  Sólo mediante la comprensión, cuando empleo mi inteligencia, mis cinco sentidos para entender a las personas, me vuelvo más respetuoso, paciente, tolerante y abro mi corazón para no rebelarme, para desde la calma y el entendimiento, aportar soluciones, admitir las circunstancias, las actitudes, y aceptar que cada persona es de una manera, y por ello, actúa de uno u otro modo, distinto al mío, pero no por esa razón tengo que incomodarme, censurarle, criticarle ‘ o enfadarme. 
 
  Tengo que partir de esta premisa: cada persona en razón de sus existencias pasadas trae consigo unos valores e imperfecciones que se manifiestan en su carácter y en su forma de obrar en general, forma de razonar, forma de sentir, etc., y todo ello es su personalidad que se ha formado durante siglos y siglos. Pero debemos tener muy alar o que nadie es perfecto, que nosotros no le podemos ni debemos cambiar, y que siendo todos necesarios y ninguno imprescindible en nuestra sociedad, nos necesitamos los unos a los otros y debemos ayudarnos a progresar, hemos de. esforzarnos para comprendernos a nosotros mismos, en primer lugar, y desde ahí comprender asimismo a los demás, siendo exigentes sólo con nosotros mismos y tolerantes con todos. 
 
 Desde esta perspectiva, nuestro horizonte se amplia, nuestra mirada cambia y lejos de sentirnos molestos e incómodos llegando a la intransigencia cuando chocamos con caracteres incompatibles al nuestro, haremos cuanto sea posible para comprenderlo y tolerarlo, no quedándonos ahí, sino yendo más lejos, intentaremos ayudarle a conocerse y a corregirse, pero esto sólo lo lograremos si antes le hemos demostrado nuestro cariño, respeto y tolerancia por encima de todo a su forma de ser, y sólo entonces esta persona observará nuestro ejemplo y abrirá su mente y su corazón a todo aquello que nosotros podamos aportarle en su propio provecho personal y espiritual. 
 
  Ser comprensivos y respetuosos es la base de la convivencia de las relaciones humanas. Ser comprensivos en estos dos amplios sentidos: en mi capacidad de ponerme en el lugar de los demás, y en mi capacidad para razonar y analizar bien las vicisitudes diarias para saber actuar en consecuencia acertadamente. 
 
  De la comprensión o la incomprensión, parten las posturas e iniciativas que tomamos cada uno de nosotros, y por ello nuestra valoración de las situaciones será muy distinta si me he parado a interpretar bien los problemas y sucesos, con una mentalidad abierta, en calma, imparcial, estudiando todos los factores humanos particulares que intervienen en cada persona y que son distintos en cada ser. 
 
  Pero lo que es cierto es que yo actuaré y reaccionaré mejor o peor en cada circunstancia, ante cada hecho, si partiendo del conocimiento de mi mismo me pongo en el lugar de los demás, y desde ese prisma procuro comprender con claridad las razones que llevan a cada persona a ser y actuar a su modo, como es él auténticamente. No hay mejor forma, más efectiva y sencilla a la vez, que ponernos en el lugar de los demás para comprenderle y no rebelarnos. 
 
  Es pues en el trato con nuestros semejantes donde ser comprensivo cobra una importancia extrema, máxime en los grupos y reuniones de personas que se asocian para cualquier actividad y que van a verse y relacionarse muy a menudo, pues en estos casos, si entre dichos componentes no existe la comprensión y el respeto necesario hacia el otro, no tardarán en aparecer los problemas que sólo redundarán en menoscabo del conjunto en general. 
 
  Pero tratar de ser comprensivo no es sólo una faceta moral válida para nuestras relaciones humanas, sino que tiene un más amplio campo dé actuación para todo aquél que desee salir de su cascarón y sentir con plenitud el mundo en el que vive, con todas sus contrariedades, sus problemas, sus carencias, etc., etc., porque al hacernos más comprensivos vamos dando paso a que nuestro corazón sienta las necesidades ajenas, tanto individuales como colectivas y entonces nos vamos sensibilizando ante valores comunes que parten de la comprensión como son el altruismo, la compasión y misericordia, la solidaridad, el diálogo, etc., en definitiva cultivemos la comprensión de modo que ésta cale todo nuestro ser y veremos como se amplían nuestras fronteras y sobre todo, nos daremos cuenta del enorme trabajo que nos queda pendiente por hacer en nuestro interior. 
 
La comprensión por: Fermín Hernández
 
 

MEDIUMNIDAD NATURAL 

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  La mediumnidad no se presenta de igual forma en todos los casos, varia según los condicionantes y circunstancias que presenta él espíritu encarnado. Hay personas que manifiestan cualidades mediúmnicas desde su infancia, las cuales se van desarrollando
paulatinamente sin sobresaltos. Hay otros casos en que irrumpe violentamente, causando trastornos y molestias posteriormente. Hay quienes solo sufren pequeños mareos o molestias sin importancia mayor. 
 
  El tiempo de desarrollo de una mediumnidad también varía en cada caso. Hay quienes sin apercibirse de ello llega un momento en que conocen que tienen una mediumnidad dispuesta para ejercerla y por contra, quienes la tienen en vía de desarrollo largo tiempo y no llega la hora en que concluye este desarrollo para poder ejercerla. Todos estos casos tienen una explicación clara y concreta que podemos definir. 
 
  Existen tres grandes grupos bien diferenciados dentro de la mediumnidad, que son los siguientes: 
 
– Mediumnidad natural. 
 
– Mediumnidad de prueba o voluntaria. 
 
– Mediumnidad impuesta. 
 
 Cada una de ellas puede presentar síntomas y características distintos. 
 
  La mediumnidad natural viene por sí sola. No presenta ningún síntoma brusco o violento. La persona no sufre molestias ni ningún otro tipo de trastorno debido a que es una facultad que este espíritu ya trae consigo como fruto de la evolución que ha conseguido. En muchos casos, estas personas ya de niños comienzan a tener los primeros indicios de dicha mediumnidad, que ya trae desarrollada como parte intengrante de sus características psíquicas y espirituales. No obstante, el protector que viene acompañándole mantendrá cerrada hasta el momento justo dicha mediumnidad, a la cual le dará paso en el momento en que deba comenzar su labor, será entonces cuando comience a trabajar con ella sin necesidad de más preparación anterior. 
 
  Cabe mencionar también las características que definen a las personas que vienen con este tipo de facultades, pues reúnen una serie de cualidades morales notorias. Son personas que manifiestan una espiritualidad muy por encima de lo normal en nuestra humanidad. En su comportamiento se destacan principalmente por su humildad, sencillez, altruismo y por la gran capacidad de trabajo que desempeñan. No alardean de sus facultades, sino todo lo contrario, prefieren pasar desapercibidos, son capaces de incentivar en muchísimas personas las inquietudes espirituales, orientarlas e impulsarlas hacia grandes realizaciones, creando grandes movimientos espiritualistas de vanguardia. 
 
  Son en su mayoría personas que tienen un conocimiento directo e intuitivo de muchas materias, que vienen además amparadas por hermanos protectores de gran elevación, sin embargo, no desechan el estudio, sino que gustan de intruirse para una mayor claridad y preparación en pro de realizar su labor lo mejor posible. 
 
  Devoción hacia su misión son quizás las palabras que mejor definen las características de este tipo de facultades. Esta misión la reciben con agrado pues siempre se hallan en perfectas condiciones morales y materiales y, por tanto, libres de impedimentos y entorpecimientos para llevar a cabo su labor. 
 
  Como es lógico pensar Jesús, Buda y tantos otros personajes de la historia, unos más conocidos y otros menos, poseían este tipo de facultades naturales, por ello realizaron la obra y los prodigios que todos conocemos y que las grandes multitudes no acertaban a comprender en toda su amplitud. 
 
  De aquí se deriva que este tipo de personas vengan a realizar misiones especiales, más en beneficio de la humanidad que en el suyo propio. Encarnan voluntariamente para ayudar a los demás, son vidas de sacrificio que, como antorchas de luz nos iluminan el camino a seguir con sus ejemplos, sus enseñanzas y con la forma en que ponen en práctica sus facultades espirituales, que son siempre un canal limpio y claro para realizar el contacto con el plano espiritual. 
 
  Otra de las características de este tipo de facultades lo constituye el hecho de que en torno a ellas encarna un gran número de personas que traen también una misión espiritual a cumplir, y pidieron encarnar cerca del amparo de una facultad natural para servirse de ella como apoyo y ayuda. De este modo estas personas logran encaminarse adecuadamente y salvar los obstáculos que lejos de la ayuda de una facultad natural les sería más difícil de sortear. 
 
  Como podemos observar las facultades naturales son distintas de los otros dos grandes grupos, que ya veremos en próximos artículos. La ayuda que prestan es invalorable tanto por sus facultades que ponen en servicio de los demás, como por la guía que representan para todos aquellos que vamos en busca de la luz y muchas veces no sabemos donde asirnos. 
 
F. H. H.

AUTENTICIDAD 

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Autenticidad
 El conocimiento de uno mismo debe ser la base en la que cimentemos toda nuestra forma de ser: desde los pensamientos hasta las actuaciones. En el sendero del progreso moral, que es la principal estructura del ser humano, es muy importante el desarrollo de la personalidad, llegar a tener las ideas claras acerca de qué es lo que queremos, hasta dónde necesitamos llegar y conocer los medios y el esfuerzo que vamos a tener que emplear. 
 
 Saber que siempre el mayor obstáculo que vamos a tener que franquear son las propias limitaciones e imperfecciones, es decir aquello que conforma nuestra personalidad. 
 
 En el fondo todos queremos ser y actuar por nosotros mismos, deseamos gozar de plena libertad, no tener trabas, no temer a nada, no tener nadie a quien rendir cuentas (salvo a la propia conciencia), deseamos en una palabra ser auténticos. 
 
 Pero chocamos con los inconvenientes, con el enfrentamiento entre lo que queremos y lo que es necesario en ese momento, con los prejuicios, con el temor de mostrarnos tal como somos, y sobre todo, con el gran esfuerzo y nivel de responsabilidad que supone estar equilibrados y tener la suficiente voluntad para que nuestras actuaciones correspondan con toda la propaganda que muy a menudo vertimos a los demás de nosotros mismos, de nuestra forma de pensar, sobre nuestros lemas e ideales. El tiempo y las propias experiencias se encargan de enseñarnos que es más prudente no alardear ni hablar demasiado de uno mismo, sino más bien trabajar con el ejemplo, ya que en muchas ocasiones la práctica diaria traiciona nuestros propios comentarios. 
 
 Ser auténtico es ser fiel por encima de todo a nuestra verdadera personalidad. Es transmitir una imagen de nuestra forma de ser exacta, que la copia de nuestra vida interior sea el comportamiento, la toma de responsabilidades, las decisiones, etc. 
 
 No encerrar nada bajo nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes, no ocultar intenciones, ser fieles a la verdad, leales a los amigos, respetar para ser respetado. 
 
 Antiguamente un hombre daba su palabra de honor y esto era la mayor garantía y confianza que podíamos obtener de él. En la actualidad, tanto se ha desprestigiado el ser humano a sí mismo que ya no existe esa confianza de unos a otros. La duda, el recelo, la desconfianza son ahora la base de las relaciones humanas. 
 
 No creemos, no confiamos en los demás por la falta de autenticidad que es la nota dominante, ni siquiera confiamos en nosotros, en que vayamos a ser capaces de afrontar los propósitos y compromisos que libremente aceptamos. Cada día son menos los que cumplen sus promesas, que dan su palabra y la mantienen, que en definitiva manifiestan un equilibrio, respeto y seguimiento de los valores humanos y espirituales, que transmiten plena confianza y seguridad de que tal como piensan y hablan, así son sus acciones. 
 
 «Se puede ser sincero, pero no auténtico. La autenticidad va mucho más allá, tiene mayor profundidad y es de rango superior. Sinceridad es la adecuación entre lo que se piensa o se siente y lo que se dice. Autenticidad es la adecuación entre lo que se piensa, se dice y se hace y lo que se debe hacer». Podemos leer en la obra «Valores Humanos» de Bernabé Tierno. 
 
 Si queremos que el ser humano recupere su dignidad perdida tenemos que empezar por ahí, primero por conocernos interiormente, con nuestros defectos y virtudes, aceptándolos, y después yendo a la búsqueda de ese equilibrio y coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. 
 
 Sentir que somos lo suficientemente capaces y maduros para ir por la vida limpia y claramente, utilizando siempre la vía de la verdad, de la nobleza y la honestidad. No tener miedo a nuestros sentimientos sino estudiarlos, analizarlos y descubrir si responden a nuestros principios e ideales antes de actuar, o por el contrario, provienen de ese lado mezquino y egoísta que aún llevamos dentro y que puede jugarnos una mala pasada. 
 
 Porque la grandeza del ser humano es descubrirse a sí mismo, examinarse cuidadosamente para saber si está desenvolviéndose por unos cauces de espiritualidad enriqueciéndose de valores, o por el contrario son sus instintos y deseos materiales los que le están ganando la partida. Es muy peligroso satisfacer todos nuestros deseos sin antes saber lo que significan, lo que entrañan en realidad. 
 
 La grandeza del ser humano es la satisfacción que comporta tener varias cosas entre las que elegir y comprobar después de los resultados que el esfuerzo, el estudio de la situación, de nuestras necesidades y posibilidades, no fue en valde, que supimos razonar, que no cedimos a los primeros impulsos, y que al fin tomamos una buena decisión, que fue nuestra decisión, después de tener en cuenta un sinfín de aspectos y opiniones, pero que supimos obrar correctamente, con delicadeza, con amor, sin perjudicar a nadie. 
 
 Esto es lo bueno del ser humano, que cuando actúa con esa claridad de ideas, fiel a sus principios e ideales, con respeto hacia todos, le embarga entonces toda la fuerza que lleva consigo la razón, la nobleza y la verdad, a nada teme y es capaz de enfrentarlo todo con plena responsabilidad. 
 
 Es esta una gran virtud, la autenticidad, hoy día un valor moral en extinción para desconsuelo de todos nosotros. 
 
Autenticidad por: Fermín Hernández 
 

¿QUÉ ES LA MEDIUMNIDAD?

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   Muchas son en nuestros días las personas en las que aflora el factor mediúmnico, y muy al contrario de lo que se podría esperar desde que se codificó el espiritismo hasta nuestros días, el tiempo corre a su favor siendo cada día mayor el número de personas en las que despierta esta sensibilidad psíquica. En razón de ello, y dado
el enorme interés existente y la gran necesidad que se tiene hoy en día en la sociedad de tener claro lo que es la mediumnidad, damos comienzo a esta nueva sección que tratará este tema en profundidad. 
 
  Mediumnidad es la facultad que nos capacita para entrar en contacto con el mundo espiritual, siendo varias las especialidades en que se manifiesta, haciendo Allan Kardec las siguientes y principales divisiones: mediumnidad de efectos físicos, sensitivos e impresionables, auditivos, parlantes, videntes, sonámbulos, curanderos, pneumatógrafos y psicógrafos. 
 
  Para hacérnoslo más comprensible podemos imaginar que la mediumnidad es una especie de «vía» que canaliza el otro plano de existencia, esa otra dimensión que es el mundo originario y natural del espíritu humano. Médium es por tanto toda aquella persona que está capacitada para servir de puente canalizador o intermediario entre el mundo material y el espiritual. 
 
  La razón de ser del médium no es otra que la de realizar lo mejor posible esa canalización, es decir, transmitir lo más fiel y perfectamente posible aquello que recibe del plano espiritual. Para esto es preciso tener ese canal bien limpio de intenciones propias, afán de protagonismo, egoísmo, etc., porque si tan sólo somos un canal, nuestra misión consiste en no enturbiar, deformar, añadir o quitar nada del objeto que persiguen desde el plano espiritual, puesto que de ese modo tomaría parte en la transmisión y ésta no seria ni fiel ni perfecta. 
 
  De aquí que lejos de erigirse el médium en protagonista de su mediumnidad, ha de convertirse en un humilde trabajador cumpliendo, lo más digna y honestamente posible, con la misión que ha traído. Misión para la cual no ha venido solo, sino que viene acompañado de sus guías y protectores del mundo espiritual, formando parte de un gran engranaje en donde todos son colaboradores y trabajadores en busca del bien común y del progreso. 
 
  Por lo tanto, un sentimiento de responsabilidad es el que debe acompañar al médium ya que forma parte de un equipo donde él es la parte visible, pero donde detrás suyo hay mucho más, y ese algo que está detrás, que es positivo y verdadero, que le inspira y le ampara, ha de reflejarlo con su comportamiento. Esto lo llevan a cabo aquellos médiums que estando ya comprendidos en la doctrina espirita, y convencidos de la ecuanimidad y la perfección con que actúan en el mundo espiritual, convencidos por sí mismos de la existencia de ese mundo superior, se hacen sin que nadie se lo imponga, portavoces con su ejemplo de esa vida que está más allá de la fugaz existencia terrena. 
 
  Para éstos, la mediumnidad tiene una transcendencia ética y moral. Porque nadie mejor que ellos conocen en verdad que somos seres eternos, que no morimos junto con nuestro cuerpo, sino que sobrevivimos a la muerte. Entonces el médium comprende que si bien ha de servir como intermediario entre los dos planos, tiene también que actuar, por pura lógica, de acuerdo a la experiencia que él directamente vive y que le hace comprender que somos seres en evolución constante, una evolución de los valores intrínsecos del ser humano, de aquellos atributos que conforman nuestra personalidad y que llevamos consigo, como parte de nosotros mismos, más allá de la transitoria existencia humana. 
 
  Al mismo tiempo, comprende también que ha de ayudar a que el resto de la humanidad comprenda esa gran verdad: La Inmortalidad, como continuidad de la vida en ascendente evolución, siendo esto lo más difícil de admitir por la sociedad, y esto ha de hacerlo con su ejemplo como persona y como médium. Porque si sólo se comporta como médium y no realiza esta labor dando a conocer que él sólo es un intermediario de otros planos de vida, no ofrece una oportunidad de oro para hacer reflexionar a todas aquéllos que recurren a su mediumnidad. Sin embargo, si no se atribuye ningún mérito para si, realiza su labor altruistamente y además ofrece un buen ejemplo como persona, estará contribuyendo al despertar de la inquietud espiritual en muchas personas, y esto, hemos de comprender que es mucho más importante que quizás el objeto o motivo del hecho en cuestión por el cual buscaron la ayuda de un médium. 
 
  Esta es pues, una gran faceta para los médiums, saber comportarse como personas que son, y como médiums a la hora del intercambio. Sin embargo, muchos médiums no han sabido delimitar esa postura, no se quitan el letrero y el «oficio» de médium y, ni cumplen bien como personas ni como médiums, no ofreciendo la ayuda que deben como médium, ni el ejemplo como personas, sino todo lo contrario, dan un ejemplo de fanatismo porque extreman el ejercicio de su mediumnidad que utilizan para explotarla. 
 
F. H.H.