Valores humanos

HACIA LA UNIDAD POR EL RESPETO 

 
 
  Los valores humanos brillan por sí solos. Cuando una persona ha tejido en su carácter una red de valores que consolidan firmemente su personalidad, ésta destaca por sobre las demás con claridad. Destaca por su forma de proceder, por su naturalidad,
porque no realiza ningún esfuerzo para manifestarse, sencillamente deja fluir sus sentimientos, opiniones, emociones, etc., no imita a nadie, no aparenta, no engaña, no disfraza sus gestos, sus palabras, la constancia en su comportamiento nos indica que estamos ante una persona limpia, noble, responsable, dueña de sus actos, y somos nosotros quienes no tardamos en reconocer ante qué clase de persona estamos, a partir de entonces ésta nos merecerá un respeto muy profundo y tendremos en cuenta cada uno de sus actos con una estimada valoración. 
 
  Si bien esto es así, si ya a nivel particular somos capaces de captar cuando tenemos a nuestro lado a una persona madura y experimentada, limpia de muchas de las manchas que aún acompañan a la mayoría de nosotros, en un grupo todavía destacan más estos valores, si la mayoría de sus miembros se hallan en un nivel similar de conducta y de trabajo interior. 
 
  Por contra, si ocurre lo contrario, también se observará rápidamente el estado lamentable de dicho grupo por el deterioro del respeto y de las relaciones en general que se profesan. 
 
  Todo tiene sus ventajas y sus desventajas. Y si bien en un grupo que persigue un ideal espiritual, cuyo objeto principal es la mejora de su progreso moral, mientras unos se dedican a este objetivo con total entrega de espíritu a esta causa, honestamente, prestando atención a sus reacciones, convencidos de que el progreso espiritual viene por el esfuerzo particular y constante, otros, en cambio, van pasando el tiempo ocultando sus malos hábitos y conductas del pasado, pero no las eliminan, las esconden, y por contra crece en ellos una ambición por crearse una imagen dentro del grupo, fruto esto de la falta de una verdadera preparación espiritual, por querer dominar a los demás, queriendo que vayan por donde ellos creen que se debe ir, sin darse cuenta que sus propósitos están muy condicionados por la falta de equilibrio espiritual que predomina en ellos, y aunque sin mala intención desean que todos sigan su camino y no siempre utilizan los medios más adecuados, que son el diálogo, la libertad de ideas y el respeto por todos, usan más bien la presión, infundir temor, el chantaje y la confianza depositada en ellos, precisamente por no imaginar ni el menor ápice de pillería por su parte. 
 
  Como esto no es correcto, tarde o temprano se descubre este despropósito, se comprende que una persona por sí sola por muy buenos que sean sus deseos, no está capacitada para conducir a un grupo y se aprende que a este se le debe guiar entre todos, porque esa es labor de todos, cada uno en la medida de su entendimiento, pues al no estar nadie libre de imperfecciones no se le puede dar credibilidad absoluta, ni tampoco confianza ciega y total, sino que cada cosa se ha de presentar y analizar bien, por parte de cada uno, para no cometer errores por otros. Los errores se han de cometer porque uno libremente toma una decisión, y entonces si se equivoca puede corregir porque sabe cómo y porqué ha errado, pero si el no ha errado, sino que le han infundido esa idea y se ha dejado llevar, le queda una frustración y una confusión que resta fuerza al espíritu. 
 
  A veces resulta que quien más equivocado parece estar, resulta ser quien mejor ve la solución de un problema, precisamente porque tiene la objetividad y la libertad fuera de toda influencia que le impiden ver dicha solución. Pero si no se tiene el debido respeto hacia esta persona y el grado de análisis imparcial para examinar su opinión, es muy fácil caer en el error de menospreciar y dejar en saco roto sus ideas, hasta que llegados los acontecimientos, hasta cierto punto, podamos ver que tenía razón, y entonces debemos corregir y replantearnos nuestro comportamiento. 
 
  Con los comentarios planteados quiero expresar que es muy bonito participar de un grupo unido y conjuntado, pero esto requiere de un esfuerzo y de un constante ejercicio de respeto, valoración de los demás, y renunciar a nuestros gustos particulares. No es lo mismo estar juntos que estar unidos. Al mismo tiempo que hay que actuar cada cual según su personalidad y sus criterios, tiene que ceder en favor del bienestar general, tiene que aprender a escuchar a todos, sin menospreciar ni crearse ningún ídolo de barro, tiene que aprender a ser responsable en todo momento de sus obras y para eso deberá tanto no hacer caso de aquello que a su conciencia no convenga y seguir el ejemplo de aquellos otros que en su conducta moral piense que le están marcando un buen camino. 
 
  Esto último no es difícil de percibir, pues quien esté interesado en el bien del grupo, se verá que mira por el bien de todos, antes que por su interés particular, que no persigue ningún fin para sí mismo, que no hunde a nadie para salir él destacando, etc., etc., que cuando es preciso corregir a alguien, antes se analiza la situación entre varios componentes para asegurarse de que hace falta hacer esto y entonces poniéndose en su lugar y con la máxima delicadeza se le trata de ayudar, y después se le da la fuerza moral para que pueda salir del apuro sin sentirse avergonzado, sino apoyado por unos amigos que quieren lo mejor para él. 
 
  Es de esta forma que en los miembros del grupo, poco a poco, va apareciendo su personalidad, porque todos se sienten dignos como personas y como miembros de ese grupo de pleno derecho en el que todos se respetan, ninguno se hace daño, sino al contrario, se procuran el bien tolerando los defectos y ayudándole a sacar sus cosas buenas. Entonces todos sienten que en el grupo nadie es el número uno, nadie es más que nadie, porque quien está más adelantado moralmente sabe estar en cada situación sin prepotencia y sin arrogancia, guardando cariño y respeto por los otros, ganándose así su aprecio verdadero y sin crearse envidias ni recelos, cada uno tiene sus cualidades, nadie gana ni pierde particularmente, sino que el grupo en conjunto progresará más o menos según el esfuerzo que individualmente se realice. 
 
  Es muy importante lograr este objetivo, que el grupo evolucione de forma natural y con la participación de todos, pues aunque como es obvio siempre habrá personas con más experiencia y conocimientos, que llevarán siempre el aval de su conducta y su ejemplo ganándose así el respeto y la aprobación de todos, por lo que se recurrirá a ellos en caso de necesidad. 
 
  Es, como trato de explicar, conveniente que los miembros del grupo aprendan a actuar con personalidad, pero con respeto hacia todos, y hacer así más fácil la tarea del conjunto haciendo la convivencia agradable y provechosa, libre de las maldades e hipocresías que priman en la sociedad en general. 
 
F.H.H.
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