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NO JUZGUEÍS Y NO SEREÍS JUZGADOS

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   Una de las costumbres que tenemos más arraigadas los humanos es, sin duda, la de juzgar a los demás. Este hecho, comporta varias situaciones que observadas desde un punto de vista estrictamente material apenas tienen impor­tancia; ahora bien, lo mismo, analizado desde una perspec­tiva espiritual puede tener hondas repercusiones para el que juzga y para el juzgado.
 
  Cuando vamos comprendiendo un poco la grandeza del Universo, nos percatamos del hecho de que apenas somos algo muy pequeño dentro del contexto espiritual universal. Esta circunstancia nos tiene que facultar, en primer lugar, para adquirir un mayor grado de humildad, y en segundo término, para darnos cuenta de que por no ser casi nada, no podemos tampoco juzgar a la ligera las actuaciones de los demás. Sin embargo, esto no debe privarnos del análisis y el comentario de ciertas situaciones que a veces es preciso aclarar con alguna persona en cuestión. Pero cuando nos veamos obligados a comentar algo de esta forma, sepamos hacerlo de la manera más delicada posible, siempre intentan­do corregir y nunca tratando de humillar. De esa manera, habremos conseguido echar una mano a esa persona, que sin duda, no ve donde se está equivocando, pero que gracias a nuestra actuación comprensiva, se le pueden aclarar ciertas ideas a fin de que se percate de su error. 

  Al juzgar a otra persona, corremos el riesgo de que nuestro juicio sea equivocado, lo que daría o podría dar lugar a falsas interpretaciones sobre el estado real de esa persona. Este hecho no sólo dañaría su imagen, sino que podría ser un obstáculo en su relación normal con los demás. 

  Comprendiendo un poco más las leyes espirituales, nos vamos dando cuenta de que nuestras actuaciones, tanto positivas como negativas, recaen tarde o temprano sobre nosotros, lo cual debe darnos pie a no juzgar ni criticar a nadie si no queremos que hagan lo mismo con nosotros.

   Al mismo tiempo que juzgamos, estamos en la mayoría de los casos, exigiendo de esa persona más de lo que realmente nosotros estamos dispuestos a dar; esto nos debe hacer reflexionar y actuar con cautela siempre que oigamos algún comentario o crítica destructiva, a la vez que debemos tener siempre presente que cada persona somos un mundo y que si alguien hace esto o aquello, antes de admitir un juicio tenemos que estar totalmente informados acerca de lo que ella ha hecho verdaderamente, porqué lo ha hecho y cómo lo ha hecho. 
 
   Y por último, no debemos de olvidar que al hablar de una tercera persona es mucho mejor emplear palabras de comprensión y cariño hacia ella, que no tolerar o partici­par de comentarios destructivos acerca de la misma; de esta manera, volveremos a estar de nuevo en concordancia con la suprema ley universal, la ley de la tolerancia y de la comprensión, la ley del Amor. 
 
R.Q.F. 
 
 
 
Se identifica al verdadero buscador de la Verdad, no por la acumulación de conocimientos que posee, ni tampoco por su alta comprensión intelectual y filosófica, sino más bien se caracteriza por el conocimiento profundo que tiene de sí mismo y por su comprensión moral hacia las necesidades y problemas ajenos.

CONSOLIDACION DEL GRUPO

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INTERACCION: CONSOLIDACION DEL GRUPO
 
   Para una buena consolidación de un grupo, no basta únicamente el conocimiento, tal y como lo explicábamos el mes pasado; tampoco son suficientes los principios, expectativas u objetivos a conseguir planteados como fin último de cualquier institución o grupo al que nos refiramos.
 
   Es preciso además de todo ello, y de una buena voluntad por parte de todos sus miembros, la reciprocidad. Entendida esta como la interacción entre todos los componentes del grupo a fin de que cada uno aporte al conjunto lo mejor de sus capacidades; obviando las deficiencias que a todos nos afectan y procurando, la nobleza de intenciones y de pretensiones, en el fin último del beneficio espiritual del grupo y , por ende, de nuestro crecimiento personal.
 
   La reciprocidad en las actitudes de todos los miembros del grupo, entendida como la actuación sincera, noble y esforzada por aportar cada uno la actitud de servicio en el beneficio común, dotará a esa institución de una fortaleza extraordinaria en las realizaciones, amén de configurar un núcleo de poderosa capacidad para entender las situaciones y coyunturas de cada momento, solucionando los problemas que acontezcan con extraordinaria capacidad y lucidez.
 
   De ello se beneficia el conjunto y se aprovecha el espíritu entregado en la realización de sus actuaciones. Por un lado, nuestra actitud; a la hora del esfuerzo personal por mejorar día a día, encontrando las raíces de nuestras imperfecciones y luchando por superarlas, esto nos ofrece claridades infinitas de aprovechamiento en el grupo. Por otro, mediante el trabajo conjunto con los compañeros y del ejemplo de los demás, podemos ver con claridad las debilidades que a cada uno nos compete corregir, alcanzando de esa forma niveles de progreso que difícilmente pueden alcanzarse en solitario.
 
   Esto precisa inicialmente de la confianza mutua entre los componentes del grupo, de la nobleza de intenciones, de la buena voluntad, y de la capacidad de humildad y abnegación en el servicio para con nuestros compañeros. Si estas iniciativas se hallan presentes en el ADN de cualquier institución, el éxito está asegurado; pues de aquí a la fraternidad más sincera, solo queda el paso del reconocimiento mutuo, el aprecio en la lucha codo con codo, compartiendo las dificultades del otro y brindándonos sin reservas a ayudar para hacerle más leve sus penurias y pruebas en la vida presente.
 
   Esta actitud de los componentes del grupo, es de necesidad para todos y, a veces, es esclarecedor exponer al colectivo el análisis de problemas propios o comunes, donde cada miembro aporta su opinión libre y voluntaria con el sincero deseo de encontrar la mejor solución. Si la intención es verdaderamente noble y exenta de intereses espurios, puede constituir una terapia de enorme crecimiento espiritual para todos los miembros. Atreviéndonos a confirmar, que estas actividades, son incluso más efectivas para el buen desarrollo y crecimiento de los grupos que multitud de exposiciones insulsas, llenas de conceptos filosóficos, morales o científicos pero exentas de efectividad en la vida práctica de las personas que componen grupos o instituciones espirituales que han procurar como primer objetivo de su existencia el progreso espiritual.
 
   La terapia de la interacción entre las personas del grupo es tan importante que solamente desde el conocimiento mutuo, reciproco y noble se alcanzan niveles de auténtica fraternidad.
 
   Podemos poner el ejemplo de una empresa que trabaja en equipo; así mismo se puede trabajar en un grupo espiritual donde la unión de principios espirituales y objetivos a conseguir constituye la meta, pero esta no se alcanza trabajando individualmente como islas, es preciso poner sobre la mesa las capacidades, los ejemplos, las actitudes positivas de nobleza y trabajo en el desarrollo de los proyectos de la institución.
 
   El trabajo individual ha de quedar circunscrito a nuestra lucha interior por corregir nuestras imperfecciones; pero una vez esta actitud está permanentemente impresa en nuestra consciencia, es preciso participar, colaborar, trabajar, emprender y aportar iniciativas y esfuerzos que redunden en beneficio del conjunto, que permitan aprovechar las sinergias positivas que un grupo de personas de esta índole puedan llegar a desarrollar para el beneficio del prójimo y de aquellos que se acerquen a la institución con el ánimo sincero de aprender o de reclamar ayuda.
 
   La fuerza de un grupo no se suma por el número de individuos que lo forman; se multiplica de forma exponencial cuando todos ellos aportan lo mejor de sí mismos en beneficio del conjunto. Esto permite afrontar con garantías de éxito cualquier proyecto, cualquier objetivo de índole espiritual que se presente; reto que será avalado y apoyado sin duda por el plano invisible, a fin de aprovechar toda la energía común, toda la fuerza de la unión y todo el sentimiento de fraternidad que emana de un grupo unido decidido a ayudar al prójimo de forma desinteresada.
 
   Es importante comprender que estas explicaciones, no forman parte de un método estructurado por especialistas en formación y desarrollo de grupos de trabajo; estas ideas se basan fundamentalmente en la experiencia de décadas de trabajo y de desarrollo personal entre muchos individuos comprometidos con el trabajo abnegado y el servicio desinteresado hacia el prójimo. 
 
   Por ello, la experiencia; como el mejor método de observación científico, nos aclara el camino, nos ilumina la ruta a seguir y, basándonos en el ejemplo del éxito de los grupos espirituales en esta tarea, nos ayuda sobremanera a evitar las equivocaciones que los personalismos, los egoísmos y los orgullos malentendidos han propiciado en multitud de grupos e instituciones que, a pesar de la buena voluntad en su formación, se han visto abocados al fracaso y su posterior desaparición.
 
  Aprendamos del método explicado, cuya base principal se encuentra en la renuncia personal y la actitud de servicio de todos componentes de un grupo espiritual.
 
A.LL.F.
 
© Grupo Villena 2013
 
 

CONSTRUYENDO EL FUTURO

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CONSTRUYENDO EL FUTURO
 
  El mes anterior, explicábamos dentro de esta sección cómo debería ser el hombre si quería tener acceso a formar parte de la Nueva Humanidad que vivirá en la Tierra, después de la transformación de ésta.
 
  Pero si nos paramos a analizar, en cualquier cambio que se ha producido a lo largo de la historia, nada se hace bruscamente sino que todo tiene un origen y un proceso, que con el tiempo da como consecuencia cualquier cambio de mentalidad o de sistema social, político o religioso.
 
  Todo tiene pues su proceso, y en este caso que nos ocupa más que en ningún otro, pues el cambio a que se verá sometida nuestra humanidad actual será social y político, pero por encima de todo, netamente espiritual. Y en este proceso de cambio, nosotros, los que actualmente estamos habitando el planeta, formamos la parte más importante, porque depende de nuestra actitud y de cómo nos predispongamos ante este evento que se avecina, el que éste se realice de una forma o de otra, más lenta o rápidamente, y con mayores o menores obstáculos. Por ello, es preciso concienciarse de que si queremos formar parte de un mundo mejor, debemos nosotros crear las bases de ese mundo: en primer lugar en nuestro interior y posteriormente en el trato y desenvolvimiento con los demás.
 
  Es curioso comprobar como precisamente ahora, que nuestro mundo está en un tiempo crítico y donde las guerras abundan por doquier, proliferan más que nunca las inquietudes de multitud de grupos de personas que se unen para conseguir fines nobles y altruistas. Los movimientos pacifistas son cada vez mayores y con mayor fuerza, los grupos ecologistas y de defensa de la Naturaleza nos están evidenciando ese instinto tan antiguo como el propio hombre, el instinto de la supervivencia.
 
 Algo hay en el interior del hombre del siglo XXI que le está indicando que nos encontramos ante momentos cruciales de la evolución de este planeta, y que por encima de todo es preciso unirse, formar un frente común que logre suavizar las tensiones y el peligro que se cierne sobre nuestra humanidad.
 
  Junto a este tipo de inquietudes, podemos comprobar otra serie de detalles que nos están evidenciando que el proceso de cambio lo estamos viviendo ya en toda su intensidad, siendo necesario prepararse convenientemente para afrontarlo.
 
   Por ejemplo, tenemos los casos de los niños que actualmente están naciendo en nuestro planeta, que en gran mayoría están muy preparados espiritualmente, siendo su espíritu plenamente consciente del momento en el que encarna. Por ello, cuántas veces hemos oído exclamar: «este niño está muy despierto», «parece imposible que a su edad sepa hacer esto o aquello». 
 
  Se trata precisamente de la semilla de la Nueva Humanidad. Espíritus preparados que saben a qué vienen y, sobre todo, que con su actitud nos están haciendo reflexionar acerca de la realidad o no de que ese nuevo orden social se esté acercando a nuestro planeta.
 
  El hecho de que estas inquietudes surjan por doquier, en cualquier grupo que tienda hacia la fraternidad, la concordia y la defensa de nuestro planeta, no es ni más ni menos que la planificación espiritual que desde multitud de frentes y de formas, los planos superiores están trayendo a nuestro  planeta. Y  se  trata en definitiva de  hacer comprender al hombre que debe concienciarse del momento en que se encuentra, puesto que esa concienciación y posterior puesta en práctica de las actitudes que se consideren oportunas, le pueden representar a cada ser humano cientos o miles de años de progreso o de estancamiento espiritual.
 
  Otro ejemplo sería el de grandes avatares de la historia de la humanidad, que vuelven a encarnar bajo el auspicio del maestro Jesús, ofreciendo sus ejemplos de espiritualidad y regeneración moral.
 
  Así pues, hemos de entender que nada va a acaecer por azar o casualidad, que todo tiene su porqué y su para qué; y que si queremos formar parte de la Nueva Humanidad después de la transformación, debemos determinarnos desde ahora mismo, a darnos cuenta de que actualmente somos parte importantísima en ese proceso de cambio. Hemos de ser los primeros en realizar ese cambio en nuestro interior, para poder llevarlo a los demás y para hacerles comprender que ese mundo que se avecina es tan real como el nuestro, pero limpio de la maldad y el egoísmo que en éste imperan por doquier. La comprensión de esta realidad, deberá calar hondo en nuestros semejantes, pero para ello es preciso que nosotros lo estemos viviendo plenamente y con anterioridad. No se trata de transmitir nuevos conocimientos o nuevas ideas, se trata de contagiar la ilusión de un mundo más feliz, pero un mundo que nosotros primeramente hemos de llevar en nuestro interior.
 
  Acercando ese mundo más equilibrado y armónico al corazón de los demás, estaremos construyendo las bases de nuestro futuro y el de nuestro planeta, al mismo tiempo que estaremos firmemente trabajando en la planificación que desde lo Alto está siendo llevada a cabo. Seamos pues fieles instrumentos de esta planificación espiritual, llevando a las conciencias de los hombres la necesidad de unión entre todos, comenzando así a poner la primera piedra de la Nueva Sociedad, cuya base principal será la entrega y el amor al prójimo.
 
A.LL.F.

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

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Continuando analizando el  momento en que nos encontramos en nuestra humanidad actual, además de la evidente crisis social, consecuencia innegable de una crisis moral y de principios espirituales, hay un aspecto que sobresale por encima de otros muchos en lo que a diario observamos y vivimos: el avance de la ciencia y la tecnología como “elementos de progreso” nunca antes alcanzados.
 
Remarco lo de elementos de progreso porque esta concepción se haya sometida a un intenso debate en la sociedad actual; los primeros que cuestionan tal postulado son precisamente los científicos,  y más que ellos los filósofos de la ciencia. 
 
Para que un avance científico pueda ser considerado como progreso ha de ser ante todo beneficioso para el hombre, no presentando “contraindicaciones” que puedan poner en duda este concepto. Lo innegable es que la tecnología ha avanzado tanto, que ha conseguido hacer la vida más cómoda, más dinámica, menos traumática en principio. Todavía están por valorar y demostrar muchas de las consecuencias psicológicas, educacionales, sociales y de comportamiento que las nuevas tecnologías, de hace una década hasta ahora, puedan suponer para el hombre.
 
No podemos olvidar que no ha pasado ni una sola generación desde internet, los teléfonos celulares, y que  las redes sociales apenas tienen unos pocos años de vigencia. Se atisban problemas de comportamientos, nuevas patologías relacionadas con el uso de las nuevas tecnologías que hasta ahora no se habían previsto. Problemas que ya analizan los antropólogos, sociólogos y psicólogos sociales.
 
 
Esto no quiere decir que el avance tecnológico sea negativo para el hombre; antes al contrario; pensamos firmemente que a mayor desarrollo científico y tecnológico el hombre podrá realizarse con mayor amplitud, consiguiendo mayores logros de felicidad y satisfacción interior.
 
Pero las nuevas tecnologías  al igual que las antiguas, son herramientas, depende del uso que le demos el que el fin de desarrollo de las mismas sea beneficioso o perjudicial para el hombre.
 
 
Pongamos por ejemplo el gran avance sobre la genética; con el descubrimiento del mapa genético completo y la cadena completa del ADN, que hace apenas 15 años fue anunciado por el presidente Clinton como un hito histórico en el avance de la ciencia y que iba a permitir preparar en el futuro la constitución de una medicina preventiva que evite de antemano multitud de enfermedades cuyo origen potencial y de desarrollo se encuentra en nuestros genes.
 
Estos avances, a nuestro entender extraordinarios, chocan enormemente con fuerzas reaccionarias de todo tipo, religiosas, sociales, científicas, comunidades de todo orden que ven amenazados sus dogmas y principios porque miran únicamente por sus intereses. Esto genera un gran debate, pero la ciencia ni puede, ni debe detenerse; ha de avanzar para procurar el bien común.
 
Y, por poner un ejemplo, si las técnicas de reproducción asistida, ofrecen a multitud de personas en el planeta la posibilidad de ser padres, porqué no avanzar en este sentido y permitir a muchos espíritus encarnar y vivir sus propias experiencias de progreso.
 
Sabemos desde hace mucho que, cualquier avance científico, artístico, social, etc.; ya se encuentra desarrollado mucho antes en el mundo espiritual antes de llegar a la tierra, y si este se permite es para que el hombre avance, para que adopte responsablemente decisiones sobre lo mejor para su especie y para su progreso.
 
Quienes somos nosotros para negar la vida a otros o para procurar que las enfermedades crónicas que todavía no encuentran solución, (cáncer, diabetes, Alzheimer, VIH,etc) puedan encontrar vías de solución y modificar la vida y las oportunidades de los humanos?
 
En la comprensión de las leyes espirituales también sabemos que si en la planificación pre-encarnatoria cualquier espíritu ha de pasar por una enfermedad y esta debe prolongarse, ningún avance logrará curarle totalmente, la terapia será insuficiente hasta que llegue el momento del cambio o la prueba de la enfermedad sea superada por el mérito del individuo.
 
Por encima de las leyes y mecanismos materiales siempre están las leyes que rigen el proceso evolutivo del individuo, vida tras vida, experiencia tras experiencia, con un único fin: el progreso espiritual del mismo.
 
Así pues, los avances científicos y tecnológicos sirven para el progreso del hombre, así como los avances sociales y espirituales. Abramos nuestra mente y comprendamos que, los conceptos de avance y de verdad, llegan a la tierra cuando la humanidad está preparada para aceptarlos, nunca antes, de aquí que, refrendando todo lo escrito podamos remitirnos a la reflexión del gran sabio y filósofo Roger Bacon, que enfrentando la escolástica afirmó:
 
“Un poco de ciencia distancia al hombre de la verdad; mucha ciencia, le acerca a la verdad”
 
Redacción

PUNTO DE ENCUENTRO

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PUNTO DE ENCUENTRO: EL CONOCIMIENTO
 
 
  Sin duda, en la búsqueda de respuestas, toda persona con inquietudes espirituales que acude a un grupo de orientación espiritual o filosófica ha de comenzar por instruirse y aprender los conocimientos básicos que le ayuden a entender la idiosincrasia particular y propia de cada centro; los postulados básicos de la doctrina que lo sostiene y la trayectoria y objetivos del mismo.
 
  Si el conocimiento espiritual es luz, y la ignorancia representa la oscuridad y la persistencia en el error; ¿por qué existen personas que renuncian a aprender? ¿Porqué muchas de éstas personas adoptan aptitudes de rechazo antes incluso de escuchar, negándose siquiera a utilizar su razón o capacidad de análisis?
 
  Y qué decir de aquellas otras que antes incluso de leer, escuchar o instruirse sobre cualquier tema de índole espiritual adoptan una aptitud escéptica de rechazo o menosprecio.
 
  En el origen de estas actitudes se encuentra la mayoría de las veces la inmadurez espiritual de los individuos; entendida como comodidad de los mismos, negativa a asumir responsabilidades e incluso prejuicios sociales derivados de la falta de información veraz y objetiva o incluso tergiversada por diversos motivos de ideología o de poder.
 
  La inmadurez de los espíritus en evolución se manifiesta por la ausencia de control de los instintos y tendencias pasionales que todos poseemos en mayor o menor medida. A menor control y evolución en este sentido, la materia y sus instintos más primitivos priman sobre los objetivos nobles y actitudes edificantes del espíritu. Es por ello que, en muchos casos la comodidad nos invade, la ausencia de querer esforzarnos por razonar y controlar nuestros impulsos y tendencias negativas que nos dominan, nos llevan a una total esclavitud de nuestras pasiones y nuestra tendencia natural tiende a no asumir responsabilidades que impliquen esfuerzo, cambio, mejoría emocional, racional y espiritual.
 
  Por otro lado, la misma comodidad del individuo rechaza asumir con valentía y libertad personal su patrón de vida. Es mucho más fácil dejarse tutelar, seguir las instrucciones que le marcan desde los púlpitos, de los líderes o instituciones humanas que poseen fuertes inclinaciones ideológicas o de poder material, pero cuyos líderes, a veces, lamentablemente ofrecen ejemplos poco edificantes de espiritualidad o esclarecimiento; utilizando los dogmas, la represión, o la restricción a la libertad de pensamiento o la crítica constructiva, creyéndose así mismo poseedores de la “única verdad” y excluyendo al resto de forma manifiestamente sectaria.
 
  Por ello no nos cansaremos nunca de manifestar que, en la libertad de pensamiento, en la ausencia de dogmas, rituales o actitudes sectarias; en la capacidad de análisis y raciocinio, y en el respeto al libre albedrío de las personas encontraremos el inicio del camino que nos lleve a la auto-realización personal.
 
  Siempre insistiremos en este punto, y, entroncándolo con lo que en esta sección nos ocupa, hemos de intentar trasladar estas buenas prácticas al funcionamiento fraterno de los grupos. Además de los postulados doctrinarios, es preciso que las actitudes de respeto al libre albedrío, que la crítica sana y constructiva sea el método de avance y crecimiento en los grupos, amén de la relación fraterna, piedra angular del éxito de toda institución espiritual que se precie.
 
  Es evidente que el conocimiento espiritual, y más concretamente el de la doctrina de kardec, nos abre los ojos a una nueva realidad, a una dimensión de auténtica claridad que ofrece sentido a nuestras vidas y que nos marca el camino de nuestra redención moral y espiritual.
 
  Pero el espíritu científico del maestro de Lyon le llevó a “rechazar 99 verdades antes que aceptar una sola mentira”. Esta es la clave en la que hemos de interpretar el conocimiento de la doctrina en su aplicación a los centros; con ello evitaremos la mixtificación, el fanatismo y el entorpecimiento de las fuerzas contrarias a la evolución de los grupos que permanecen en acecho permanente.
 
  La capacidad de analizar, razonar y someter a examen todo conocimiento que llegue a través de la mediumnidad nos dará la verdadera dimensión de nuestra capacidad de crecimiento o estancamiento en los grupos.
 
  Para ello es precisa una formación inicial sólida y básica en sus principales postulados. Sólida no tiene porqué significar exhaustiva o extensa. Las grandes premisas que la doctrina nos manifiesta son sencillas y fáciles de comprender, pero ante todo, han de partir de la buena voluntad de los individuos por aceptar la crítica en los errores, aceptando que todos nos encontramos en el camino, y por otro lado han de continuar en la tolerancia de todos a los errores ajenos, manifestando así la caridad que se nos exige para con nuestros compañeros.
 
  Así pues podemos distinguir entre el conocimiento básico que la doctrina estructura y nos ofrece y en el cual se deja la puerta abierta al crecimiento y la amplitud:
 
  “El espiritismo, marchando con el progreso, nunca se desbordará, pues si la ciencia le demuestra que está equivocado sobre un punto, se modificará sobre ese punto y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría” Allan Kardec
 
  Y por otro lado se encuentran la informaciones y conocimientos que a través de las mediumnidades han ido enriqueciendo esta doctrina, ampliándola, detallándola, explicándola y llevándola como consuelo y claridad a las conciencias de los hombres libres y responsables capaces de ser valientes enfrentando cara a cara, bajo la premisa de la razón la realidad de sus propias vidas.
 
  Este conocimiento mediúmnico que fluye aquí y allá, que llega en todas partes, que esclarece, consuela e ilumina multitud de centros y personas de buena voluntad, es un conocimiento básico, imprescindible y serio. Como tal hay que tomarlo y como tal hay que exigir a las mediumnidades una preparación, educación y respeto en el desarrollo de su facultad, que les permita convertirse en fieles instrumentos de lo alto, descartando en la medida de lo posible todo animismo y evitando, de paso, la mixtificación derivada de la baja condición moral que atrae por sintonía elementos perturbadores de las sombras.
 
  El conocimiento es pues el punto de encuentro entre los miembros de los grupos, es la clave que nos permite iniciar el camino, continuar de forma ordenada y esclarecida nuestro derrotero espiritual. Por ello es tan importante. Y por ello, si es importante por sí mismo, lo verdaderamente transcendente es cómo lo implementamos, cómo lo tratamos, como lo desarrollamos, y por supuesto, cómo lo divulgamos.
 
  Pocos prestan atención a estas últimas premisas, pero en ellas se encuentra la base de un grupo sólido, con fuertes convicciones espirituales, con conocimientos profundos, con grandes dosis de fortaleza interna, con rumbos claros y ciertos hacia donde dirigir sus esfuerzos.
 
  El propio codificador insistía de forma continua en la necesidad de que los centros y las personas completasen su instrucción; profundizando no sólo en los conceptos de verdad que esclarecen, sino sobre todo, y por encima de todo, en las actitudes que deben derivarse de la comprensión de ese conocimiento, y destacando entre estas últimas y por encima de todas las demás una: la fraternidad entre sus miembros.
 
A.LL.F.

© Grupo Villena 2013
 
 
 
Espíritas: “Amaos e instruiros”
 
Allan Kardec
 
 
 

INTRODUCCIÓN – NUEVA HUMANIDAD

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  Damos inicio a una nueva sección poco desarrollada en los medios de difusión espiritual, porque su base se ubica en el futuro próximo de la civilización actual. 
 
  De todos es sabido la cantidad de literatura que nos está poniendo de manifiesto la transformación que viene a la Tierra. Diferentes escuelas espirituales, religiones, místicos, esoteristas, movimientos humanitarios y sociales inciden en este punto con notoriedad, proclamando un profundo cambio en el mundo actual; pero,
¿a qué dará paso este cambio? Unos se inclinan por una nueva sociedad más justa y ordenada; donde hay que luchar y manifestarse por conseguir la fraternidad universal, otros inciden en posturas más contemplativas, esperando que los cambios lleguen por sí mismos. Pero si bien son muchos los que nos anuncian este cambio, pocos explican con profundidad las características de ese nuevo orden social, ya que con frecuencia los convencionalismos y las ideas, adqui­ridas por imposición o dogmatismo, les impiden aventu­rarse a ofrecer planteamientos básicos de futuro, por miedo a que éstos no lleguen a cumplirse. 

 

  Sin embargo, todos coinciden en afirmar que la nueva civilización tendrá como mínimo dos caracterís­ticas: LA FRATERNIDAD Y LA CONCORDIA ENTRE LOS MIEMBROS DE ESA HUMANIDAD. 
 
Pues bien, nuestra tarea de divulgación de cara al futuro nos exige no imponernos limitaciones a la hora de esbozar esas bases de lo que podemos considerar que será esta nueva etapa, y con el ánimo dispuesto y el único deseo de aportar nuevos horizontes que nos hagan concebir la Esperanza de un futuro mejor, vamos a abordar esta tarea. 
 
Es preciso enfocar el tema desde el principio: la idea de «Nueva Humanidad» está basada en el hecho de que los hombres y mujeres que la formen serán solamente aquellos que hayan tenido acceso a ella por méritos propios; y fundamentalmente, en el tema que nos ocupa, méritos netamente espirituales. Lamentablemente, como hoy día podemos comprobar, la gran mayoría de los habitantes de este planeta no reúnen estas características. 
 
Lo cierto y fijo, es que para conseguir implan­tar en este planeta lo que se ha venido denominando «el reino de Dios sobre la Tierra», tendrían que cambiar muchas cosas, y además muy profundamente. Pero ante esto podemos asegurar que el cambio se va a producir, y es más, con la profundidad y la intensidad que sean necesarias. 
 
En primer lugar, el hombre tendría que cambiar su mentalidad egoísta por otra completamente altruista, donde la entrega al semejante y el desinterés hacia lo material fuera su principal pauta de conducta. 
 
Un segundo requisito sería eliminar de nuestra sociedad el orgullo, que hace al hombre engreído y autosuficiente, creyéndose poseedor de toda la Verdad. Sería necesario desterrar el imperio de la imposición y la ignorancia. En definitiva, sería conseguir la humil­dad y la sencillez para adquirir la tolerancia y la comprensión de cara al semejante. 
 
  Pero para esto sería preciso e imprescindible desarrollar nuestras facultades emotivas, es decir, al­canzar el sentimiento fraterno que toda persona lleva dentro y potenciarlo al máximo; de forma que cuando cada hom­bre actúe, hable o realice cualquier acto de su vida, pueda transmitir a los demás de forma natural y espontánea el calor del corazón, o lo que es lo mismo, la fuerza del amor, y no la frialdad rígida y matemática del intelecto. Es preciso el cora­zón, porque es la base del nuevo hombre. 
 
  Sin corazón no solamente no podremos superar el cambio de ciclo, sino que no nos será permitida la entrada en la nueva humanidad. 
 
  El hombre que desee formar parte de la socie­dad del tercer milenio, ha de enseñar con el ejemplo más que con la palabra. Su constante actitud de servicio y entrega debe dar en todo momento la medida de su seguridad y convencimiento pleno de una vida transcendente. Su palabra, cuando sea necesaria, debe llegar al corazón más que a la razón, y por encima de todo, ha de estar impregnada de sinceridad, honesti­dad y bondad. 
 
  Su actuación debe demostrar totalmente el domi­nio del espíritu sobre la materia, un espíritu cada vez más consciente y manifestado en el plano material. De aquí que en ese momento podrán plasmarse con gran amplitud la mayoría de las facultades de la mente y de su ser espiritual, canalizando todo este conocimiento, junto al sentimiento anteriormente expues­to, hacia la consecución de los fines y objetivos que el hombre tendrá como meta en esa nueva sociedad. 
 
  Su relación con los demás deberá estar regida en todo momento por el respeto profundo hacia las ideas y actuaciones del prójimo, entendiendo con ello que es preciso adoptar la prudencia como fiel compañe­ra de nuestras manifestaciones, de manera que siempre tengamos el tiempo suficiente para poder controlar y eliminar aquellas pequeñas tendencias negativas que todavía podamos llevar internamente como consecuencia de nuestro pasado. El total y absoluto control del espíritu sobre nuestra materia, hará desaparecer por completo otro de los grandes obstáculos que impiden la evolución espiritual: la rebeldía. 
 
  Quizás se pueda pensar que alguna de las ideas aquí expuestas forman parte de la utopía o de la ciencia ficción, pero debemos mentalizarnos de que si verdaderamente se implanta una sociedad que tenga como base principal la entrega al prójimo, nada puede parecer descabellado, y todo aquello que ahora nos parece imposible, puede presentarse ante nuestros ojos como una realidad basada en la confianza y en la fe del hombre nuevo 
 
  Por ello, este hombre nuevo precisa de un importante requisito: la limpieza interior, el control de sus pensamientos y emociones, de forma que estas aptitudes sean patrimonio exclusivo de aquellos que intenten conquistarlas mediante el propio esfuerzo y no mediante privilegios ni concesiones arbitrarias. 
 
  Esta limpieza interior, este equilibrio interno, deberá estar conseguido mucho antes de que sobrevenga el cambio y la transformación, de lo contrario, quedare­mos al margen de participar de un mundo mejor, con todo lo que esto puede suponernos de estancamiento espiritual. 
 
  A lo largo de los artículos que vayan sucediéndose en esta sección, procuraremos que todos aquellos puntos que se expliquen sirvan para mentalizarnos de la urgente necesidad que tenemos de cambiar, a fin de conquistar en nosotros el amor, ganándonos a pulso un lugar en esa nueva sociedad que está esperando a todos los hombres de buena voluntad. 
 
A. LL. F. 
 
 
 
 
 
La evolución es lenta pero constante. Debéis aprovechar todos los tropiezos y caídas para salir fortalecidos de ellos con nuevas ilusiones y experien­cias. 
 
ANONIMO 
 
 
 
 

CAMINO DE LA FELICIDAD

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  Continuando con la línea editorial de los meses anteriores, hoy nos disponemos a desarrollar un tema de suma importancia para nuestras necesidades espirituales aquí y ahora. Desde siempre, los grandes pensadores y sabios de la historia han remarcado que la felicidad se encuentra en el interior del ser humano, como ya explicábamos en editoriales anteriores, pero también nos han dejado detallado el camino a seguir para alcanzar esos objetivos.
 
  Los grandes fundadores de religiones nos han puesto de manifiesto que a través del Amor, “en mayúsculas”, se alcanza la plenitud, pero su ejemplo ha servido para comprender, que ese estado no está exento de un importante sacrificio personal y de renuncia, que no todo el mundo está dispuesto a efectuar.
 
  Aquí es donde debemos centrar nuestros objetivos, cada uno a su medida, cada persona a su nivel y en función de sus circunstancias personales. Es evidente que todo cambio supone una resistencia por fuerzas contrarias al mismo. La propia psicología cognitiva pone de manifiesto que el hombre por sí mismo se resiste a cambiar porque, aunque se trate de situaciones sufrientes o dolorosas, quiere mantener un modelo de comportamiento que le es cómodo y se aferra a él.
 
 Tanto es así que, ante problemas nuevos que se presentan intentamos solucionarlos con métodos viejos que a nada nos conducen, empeñándonos incluso en renunciar a nuestros ideales o principios. 
 
  Todo esto ocurre por una cuestión muy sencilla: lo que menos deseamos modificar es lo que más necesitamos cambiar. Esta cuestión debemos tenerla presente para poder crecer y mejorar; para poder avanzar es preciso renovarse. Siempre podemos cambiar en los tres niveles que nos está permitido, a nivel físico, a nivel mental y a nivel espiritual.
 
  Este último es el que, de momento, más nos interesa y , como explicábamos al inicio de este artículo, el cambio espiritual exige renuncia y sacrificio, principalmente internamente. La lucha contra nosotros mismos parte del conocimiento que tengamos de cómo somos en realidad. “Si quieres salvarte del abismo conócete a ti mismo” decían los clásicos griegos; y efectivamente así es ayer y hoy. Es preciso conocernos íntimamente, detectar nuestras debilidades e imperfecciones para cambiarlas, modificarlas, transmutarlas y sublimarlas por las virtudes opuestas.
 
  Esto, que parece a simple vista fácil, no lo es. Es el gran trabajo del espíritu, vida tras vida: el esfuerzo por doblegar nuestras tendencias negativas, unas heredadas del pasado y otras adquiridas en nuestra vida presente es algo importantísimo. Conocer si somos orgullosos, soberbios, envidiosos, iracundos, insolidarios, egoístas, etc… y en qué medida nos podemos corregir, es el trabajo principal de todo hombre consciente de su necesidad de progreso y evolución.
 
  Sabemos que venimos a la tierra a cumplir compromisos, a expiar faltas y a probar nuestras capacidades; pues bien, en la base de la pirámide se encuentra el trabajo personal de nuestra reforma interior, sin ello, todo lo demás se cae por su propio peso y volvemos a tropezar una y mil veces en la misma piedra.
 
  La meditación y la oración pueden ayudarnos sobremanera en este trabajo tan arduo, tan difícil y tan básico y necesario. Con la primera alcanzaremos la comprensión de dónde hemos de poner un mayor esfuerzo. Sabremos que imperfección moral es la dominante en nuestro carácter y aplicaremos nuestros mayores esfuerzos en intentar erradicarla. Con la oración alcanzaremos la lucidez y la ayuda precisa para saber cómo hacerlo, con las mejores soluciones de voluntad y trabajo, sin desmayo, obteniendo los recursos necesarios para cuando caigamos de nuevo y debamos levantarnos para seguir luchando.
 
  Proponemos pues un trabajo de reflexión y meritocracia espiritual basado en la renuncia a nuestros egoísmos: la mejor forma de alcanzarlo es dándonos a los demás. En la capacidad de servicio hacia nuestro prójimo, obtenemos la renuncia a nuestros propios egos, la transmutación hacia el bien, la paz y felicidad interior que nos proporciona la armonía con las leyes del amor, que impregnan el universo y la evolución espiritual del hombre.
 
  Así pues, por un lado, sabemos qué debemos hacer, sabemos cómo hemos de hacerlo, podemos proponernos conseguirlo en base a nuestro libre albedrío y voluntad consiguiendo así mayores estados de paz y felicidad interior; o por el contrario, podemos seguir sin querer cambiar, permaneciendo instalados en el error y el sufrimiento que nos proporcionan nuestros atavismos negativos e imperfecciones, nuestras mezquindades y defectos, nuestras pasiones, que nos esclavizan a las posesiones materiales.
 
  Invitamos pues a nuestros estimados lectores al cambio, mental y espiritual, mediante una reflexión personal que les proporcione las claves de su salud psíquica, de su control emocional, de su compromiso espiritual.
 
  Los ejemplos los tenemos; todo mérito exige esfuerzo: la puerta estrecha. Seamos capaces de entender nuestra necesidad de cambio, apliquemos nuestra voluntad y seremos capaces de recorrer el camino que nos lleva a nuestra propia felicidad.
 
Jesús de Nazareth: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”

AMISTAD: CIMIENTOS DEL GRUPO ESPIRITUAL

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  Entre las bases que cimentan un trabajo sólido y de futuro en todo grupo espiritual que se precie, la amistad es uno de los principios esenciales. Quizás no se comprende todavía la enorme importancia de esta cualidad en la relación interpersonal. Cuando se acometen proyectos basados en intereses materiales es importante un buen equipo de trabajo, con coordinación y eficacia para que los objetivos propuestos lleguen a buen término.


 Pues si en el apartado material es importante el equipo, cuando los proyectos a considerar se basan en el servicio al prójimo de forma totalmente desinteresada, la amistad es la argamasa que logra unir las voluntades para empezar a cimentar las bases de edificios de realización superior.
 
  Cuando hablamos de amistad lo hacemos en la consideración de este término con mayúsculas; incluyendo dentro de ella en primer lugar la confianza mutua, el respeto total al libre albedrío y la sinceridad; como pilares esenciales de una relación fructífera, altruista y armónica, alejada de intereses espurios que no sean los del progreso individual y del conjunto.
 
  Todos comprobamos en nuestras relaciones personales lo difícil que es la convivencia entre las personas, donde los egos, las vanidades, las envidias y todo tipo de miserias humanas desvirtúan con frecuencia uniones que se creían irrompibles. Pues, si en los afectos familiares hay que redoblar el esfuerzo para evitar las rupturas, incomprensiones y desuniones que llevan a la infelicidad, podemos imaginar en el entorno de un grupo de personas sin lazos familiares que los unan, lo difícil que puede resultar conseguir una unión sincera, que permita afrontar grandes retos en conjunto para ayudar al prójimo y a nosotros mismos.
 
  Este es el reto de todo grupo que se precie, conseguir la armonía y unión a través del conocimiento mutuo de sus miembros, mediante la amistad sincera que derive en auténtico sentimiento fraterno. Esto que puede parecer fácil es más complejo de lo que se supone. En primer lugar, para conseguir la implicación y esfuerzo de todos en un proyecto espiritual común, hay que definir el proyecto en base a convencimientos personales, doctrinarios, morales y de conocimiento común.
 
  Todos deben comulgar de la misma decisión a la hora de definir los objetivos a conseguir en el grupo; si alguien discrepa deberá analizarse la situación antes de seguir adelante; pues en el respeto al libre albedrío de cada cual, puede que alguien desee seguir caminos diferentes, para lo cual en base al consenso de la mayoría se definirán las líneas maestras a seguir y la discrepancia se tratará desde el razonamiento y el respeto. Si al final del análisis existen personas que, en contra de la mayoría, deciden seguir otros derroteros, es mucho mejor, antes de continuar, invitar a que inicien por sí mismos sus proyectos y expectativas abandonando la disciplina de la mayoría y conformando por su parte aquel grupo o nueva célula de trabajo con objetivos diferentes. Esto es muy conveniente pues, una vez avanzado el proceso, si las bases no se han sentado adecuadamente, empiezan las disensiones en cuanto al trabajo y la forma de alcanzar los objetivos que, como vemos en el ejemplo expuesto, son diferentes.

  Una vez conformes en el consenso; todos los componentes deberán alcanzar el conocimiento espiritual preciso, (que les otorga un determinado nivel de comprensión) sobre las leyes que rigen el proceso evolutivo del espíritu y la realidad y el compromiso de su existencia aquí y ahora.

  Como puede observarse he matizado la palabra “preciso”, porque este no tiene por qué ser extenso o profundo, baste con la buena voluntad por aprender y conocer, para formar parte de cualquier grupo espiritual, por muy avanzado que este se crea a nivel de conocimientos. No podemos olvidar que el mayor conocimiento es la comprensión de la Ley del Amor, y en esto los sabios no son los que acumulan o atesoran conocimientos; sino aquellos que por su trabajo y elevación moral de existencias anteriores, demuestran con sus obras la comprensión de la misma, aunque su nivel cultural sea iletrado o ignorante.

  Estamos definiendo someramente algunas pautas que, en el principio de formación de los grupos pueden acarrear problemas de exclusión de las personas, problemas de integración y desarrollo de los proyectos espirituales de futuro y también; como no, los peligros, que corroen los cimientos de los grupos que no se forman debidamente consolidados, no sólo en el conocimiento de las bases doctrinarias sino en la relación de las personas. Es pues conveniente en un principio alcanzar la amistad antes que el compañerismo y la tolerancia antes que la imposición.

 Fomentar la amistad en los grupos se consigue mediante el conocimiento personal, no sólo de la doctrina; un conocimiento que sólo se alcanza conviviendo, compartiendo y trabajando juntos.

  Una buena base de amistad es la corriente de fraternidad que hace avanzar a los grupos comprendidos en las leyes espirituales con fortaleza inexpugnable. La unión de los elementos materiales,  permite al mundo espiritual trabajar con  éxito esta parte del compromiso; y la renuncia entre todos ellos, aliviando el egoísmo y las envidias, y colocando como divisa prioritaria la ayuda mutua, permite la comprensión y la tolerancia entre hermanos.

  De esta forma, en un grupo unido, la fuerza de los pensamientos y sentimientos crece exponencialmente, facilitando enormemente el trabajo de todos, la asistencia espiritual, la protección ante las celadas de la parte negativa, el desarrollo de las facultades y mediumnidades de forma sencilla y espontánea, etc..

  Si supiéramos la necesidad de esforzarnos en este sentido la cantidad de beneficios que reporta a los grupos, seríamos más conscientes del trabajo que nos toca realizar. Hay quien dice ser más espírita que nadie pero se niega a establecer con sus compañeros de grupo una relación más profunda, se trata de personas que, a pesar de lo que digan, no tienen al espiritismo como filosofía de vida sino que vienen a servirse de esta filosofía para sus intereses personales; trazando un límite que les impedirá avanzar en su desarrollo personal pues sólo con el conocimiento no se avanza.

  Decía Platón, en el siglo IV antes de cristo:

   «El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra.»

  El hombre está destinado a progresar en sociedad; de la relación con nuestros semejantes aprendemos, nos tropezamos, nos caemos y volvemos a levantarnos. Así se progresa; el ermitaño, el que rehúye la relación fraterna con los demás miembros de un grupo,  lamentablemente no avanza, se estanca en sus propios límites.
 
  Por ello es tan necesario la relación con nuestros semejantes; por ello es básico e imprescindible una fraternidad auténtica basada en la amistad sincera, para que un colectivo espiritual pueda lograr metas importantes, que ayuden a nuestros prójimos, y al mismo tiempo nos permitan ser útiles al progreso de los demás y con ello al nuestro propio.
 
  Para terminar, aquí dejamos dos citas sobre la importancia de la amistad:
  “Para que pueda trabarse una verdadera amistad, es preciso prescindir de la superioridad que puedan otorgar la edad, los honores, las riquezas o el poder. El único motivo que nos debe incitar a la amistad es la búsqueda de las virtudes y el mutuo perfeccionamiento”
 
Confucio
 
  La amistad es el único cemento que mantendrá siempre unido al mundo.
 
Woodrow Wilson
 
A.LL.F.

© Grupo Villena 2013

SOBREVIVIR CADA DIA

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  La rutina diaria y las luchas que el ser humano lleva a cabo por sobrevivir en esta sociedad del siglo XXI constituyen sin duda el punto central de nuestra existencia, y a lo que dedicamos principalmente la mayor parte de nuestro tiempo y donde empleamos más energía personal.
 
  Estas dos cuestiones, tiempo y recursos personales, son sin duda las grandes preocupaciones del hombre moderno. Calibrar las mismas y poder disponer de tiempo, por un lado, para dedicarnos a otras cuestiones que nos importan, y emplear los recursos adecuados para cada cosa es una cuestión difícil de conseguir y en ello estriba una buena parte de la felicidad y satisfacción personal que deseamos, aspiramos o añoramos.
 
  La vorágine de la sociedad moderna, que todo lo envuelve con sus prisas y sus objetivos inmediatos, nos dificulta la reflexión oportuna y a veces nos impide sentarnos en el camino para dilucidar si nuestra vida discurre por los derroteros que íntimamente queremos de verdad.
 
  Por otro lado, la sociedad de consumo brutal en la que nos relacionamos, impone unas servidumbres y ataduras que pocos son capaces de detectar y evitar. El hombre se convierte así en un objeto de consumo, dejando de ser un ciudadano socialmente responsable y consecuente con sus principios.
 
  Este sistema de egoísmo embrutecedor donde para obtener reconocimiento social es preciso “tener” en vez de “ser”, esclaviza al hombre a centrar su existencia en acaparar bienes y prebendas materiales que, lejos de otorgarle felicidad y paz interior, le convierte en un candidato a la infelicidad, proclive al desequilibrio emocional y racional cuando sus perspectivas no se alcanzan y degeneran en frustración personal.
 
  A veces, y en muchos casos, esta frustración deriva en enfermedades mentales que comienzan por estados depresivos, convirtiéndose en esquizofrenias y neurosis varias (ansiedad, estress, etc.) de las que apenas nos percatamos hasta que ya están patológicamente instaladas en nuestro interior.
 
  La búsqueda de la felicidad en las cosas externas y no en la paz y el equilibrio interior está conformando una sociedad más egoísta y más enferma, con lo que ello comporta en cuanto a las actitudes de las propias personas, que no reparan en el daño que puedan infringir a otros con tal de alcanzar sus objetivos materiales inmediatos.
 
  «La felicidad es íntima, no exterior; y por lo tanto no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos».Henry Van Dyke
 
  Conseguir armonizar y equilibrar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones es difícil de alcanzar; se precisa de una reflexión inicial sobre lo que somos, a qué hemos venido a este mundo y cuáles son nuestros principios personales. 
 
  Sin principios elevados el hombre es un alma en pena, vagando por la vida sin objetivos transcendentes, sin ilusiones de bien y de progreso. Si nuestros únicos principios son el egoísmo y la avaricia, nunca conseguiremos la felicidad ni la armonía. La insatisfacción, la frustración y la falta de paz interior se hará fuerte en nosotros, incluso más allá de nuestra muerte física, condicionando nuestro futuro y nuestra próxima etapa evolutiva.
 
  Seamos capaces de retomar los principios que otorgan la paz interior y la satisfacción personal; hoy día ya la moderna psicología nos habla que en la capacidad de desapego sobre los bienes materiales, en la satisfacción que nos proporciona interiormente servir a los demás, y en la priorización de elevados objetivos se solidaridad y fraternidad, el ser humano encuentra el crecimiento interno que le genera mayor bienestar.
 
  Estas actitudes de bien y de servicio al prójimo no tienen únicamente consecuencias psicológicas y armónicas para nuestro psiquismo y nuestra vida de relación social; tienen sobre todo la gran importancia de “humanizar nuestra existencia” cada vez más, acercándonos a los principios espirituales más profundos que todas las grandes religiones y filosofías del pensamiento han explicado: el amor al prójimo, el trabajo desinteresado en la consecución de la fraternidad humana que al mismo tiempo nos acerca a Dios. 
 
  Por ello dejamos, al superior criterio de nuestros lectores, la invitación que les hacemos a la reflexión personal sobre sus circunstancias personales, sobre sus principios y objetivos inmediatos y futuros; recordándoles que no es únicamente nuestra experiencia y opinión, sino la de muchos grandes hombres, las que confirman la necesidad de progresar en el bien y en nuestro equilibrio personal para alcanzar un estado de bienestar y felicidad que nos permita realizarnos como personas, viviendo la vida con dignidad y siendo útiles a la sociedad.
 
  Gandhi: “La felicidad se alcanza cuando, lo que uno dice, lo que uno piensa y lo que uno hace están en armonía.”
 
 
 
Redacción

DIRECTRICES DE FRATERNIDAD – INTRODUCCION

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  Iniciamos una nueva sección que pretende abordar, desde la modestia y humildad de la experiencia de 35 años de trabajo espiritual en un grupo, las posibles mejoras en el funcionamiento de las personas que los integran; a fin de conseguir unas organizaciones unidas, eficaces, dirigidas al bien, que sepan evitar los peligros de las miserias humanas y otros que amenazan con frecuencia la estructura de los grupos y sus funcionamientos internos.
 
  Es esta una reflexión necesaria, sobre todo en España, donde los grupos, por la trayectoria de los años, han debido funcionar en base a criterios heredados del pasado (y por tanto obsoletos para el momento actual), que en su momento fueron válidos, pero hoy han perdido vigencia debido a la transformación de la sociedad española en las últimas cuatro décadas.
 
  También acontece otro fenómeno, no menos preocupante, que lastra sin duda el desarrollo y evolución de los grupos españoles; y ese no es otro que la importación de modelos de otros lugares donde las características sociales y culturales son otras bien distintas y que, aunque son muy válidos en sus lugares de origen, no tienen cabida ni apenas incidencia en su transferencia a la sociedad española; antes al contrario, generan un rechazo que explica el motivo por el que la divulgación de los grupos no alcanza la proyección social que sería de desear.
 
  Tanto una cosa, las herencias del pasado desactualizadas, como la importación de modelos de otros países a la sociedad española, nada tienen que ver con la esencia de la doctrina de kardec, sino más bien con la forma de exponerla, desarrollarla y trasladarla por parte de los integrantes de los grupos espíritas a los pueblos y sociedades. Por ello, ante sociedades cultural e intelectualmente distintas, se hacen precisos métodos de trabajo diferentes, otras formas de divulgación; a fin de llegar de la mejor forma a la sociedad con un mensaje homogéneo, nítido y adaptado, respetando por supuesto los principios básicos de la ciencia del espíritu codificada por el maestro de Lyon.
 
  Es por ello que esta sección intentará exponer algunas pinceladas, algunas formas de acercarnos a nuestros semejantes allí dónde realmente hemos de realizar nuestra tarea, en nuestro ámbito social, familiar, cultural y de país. No olvidemos que el principal objetivo de la codificación espírita es llevar al hombre el conocimiento de la misma; y si los responsables de realizar este trabajo no sabemos hacerlo, estamos fracasando de forma estrepitosa en el cumplimiento de nuestro trabajo.
 
  Ofrecemos, a través de estos artículos que hoy iniciamos, algunas directrices que nos ayuden a trasladar con claridad, sencillez y eficacia esta doctrina a la sociedad; advirtiendo de las bases precisas y necesarias que a nuestro entender conforman la clave del éxito en los grupos: amistad y confianza entre los componentes de los grupos, lo que facilita la unión de los mismos y la consecución de proyectos importantes.
 
  La fraternidad como base necesaria, la renovación interna de las instituciones para adaptarse a los tiempos que corren. Las terapias de funcionamiento interno necesarias a desarrollar en todos los grupos, para erradicar comportamientos místicos, de orgullos y fanatismos que, junto a los endiosamientos de las facultades, son los verdaderos peligros de supervivencia y éxito divulgativo de los centros. 
 
  Se trata de comenzar por analizar nuestras formas de trabajo, relación personal entre los componentes del grupo, proyección social del mismo, métodos y pautas de continua renovación interna, que nos permita con posterioridad transferir a la sociedad no sólo el conocimiento, sino la experiencia de vivir la doctrina de Kardec. Esa experiencia estará basada en la interiorización de los comportamientos adecuados, hecho este que nunca ofrecerá un lenguaje vacío sino un ejemplo clarificador y un porvenir de éxito colectivo para las tareas que el grupo habrá de mostrar a la sociedad.
 
  La forma de llegar a la sociedad es a través del ejemplo unido al conocimiento; este último sin el primero se convierte en una semilla que nunca llega a florecer ni arraiga en el corazón del ser humano. Mientras que el ejemplo de la vivencia auténtica de la doctrina en grupo, ofrece la oportunidad a todos a aquellos que se acercan a entenderla y sentirla, comprendiéndola profundamente; el conocimiento va paulatinamente ganando el discernimiento de las personas hasta clarificarlo y racionalizarlo definitivamente.
 
  En cuanto al trabajo interno de los grupos, es imprescindible la confianza mutua entre los compañeros y la flexibilidad necesaria que permita delegar responsabilidades; todo con el fin de que las estructuras y los cargos no asfixien las iniciativas personales de crecimiento y desarrollo de sus miembros; lo que redundará en beneficio de todos y del trabajo en común a desarrollar.
 
  Estas y muchas otras cosas abordaremos en esta sección que, lejos de pretender dar lecciones a nadie, simplemente trata de poner sobre el papel las experiencias de varias décadas de trabajo, advirtiendo por un lado de los peligros, y por otro, de las corrientes de trabajo positivas, que ayudarán a multitud de grupos y personas que desean integrarse y trabajar en ellos a realizar con mayor eficacia su labor: ampliando sus horizontes espirituales, creciendo en conciencia y equilibrio, colaborando en la expansión y divulgación de esta revelación, preparada para el hombre en estos momentos de cambio de ciclo y transición planetaria.
 
  Hemos denominado la sección como Fraternidad en Grupo, porque consideramos que en la fraternidad entre los miembros de un grupo se encuentra la clave del éxito de nuestro trabajo; para ello deberemos esforzarnos en todo aquello que la potencie y desarrolle; eliminando aquellas barreras que entorpecen su instauración entre los miembros de un grupo que comparten los mismos ideales y que no son otras que los defectos e imperfecciones morales que nos separan de nuestros compañeros (orgullos, envidias, personalismos, etc..)
 
 Así pues, nuestro doble objetivo es, concienciarnos de la necesidad de un cambio de rumbo en el ofrecimiento que de la doctrina espírita se hace a la sociedad española, por un lado, y por otro, la urgencia de fomentar entre los miembros de los grupos la unión sincera de sentimientos, pensamientos y actuaciones que nos ayuden a realizar con garantías de éxito, la ardua tarea a la que, no olvidemos, nos comprometimos antes de encarnar, aprovechando la coyuntura para nuestra regeneración moral y adelanto espiritual, algo que llegará de forma espontánea, por los méritos contraídos, si somos capaces de realizar bien nuestro trabajo.
 
A.LL.F.
 

 

Disposiciones morales de los asistentes a un Grupo Espírita:

 

  • Perfecta comunidad de miras y sentimientos
  • Benevolencia recíproca entre sus miembros
  • Abnegación de sentimientos contrarios a la caridad
  • Deseo único de instruirse y mejorarse por la enseñanza de los espíritus.

 

 


Allan Kardec “Libro de los Mediums” Capt. XXIX

JUSTICIA SOCIAL

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  Entre las distintas miserias que caracterizan la degeneración social que se vive en muchos países y lugares del planeta, la demanda de Justicia Social, es un clamor de millones de personas en todo el mundo.
 
  La impunidad de las clases elitistas, políticas y financieras, la magnitud de la corrupción incardinada en multitud de instituciones y estamentos de la sociedad que deberían ser impermeables a ese cáncer e incluso la connivencia de los poderes con las grandes mafias del crimen, no hacen sino poner de manifiesto el momento de suma complejidad que la humanidad vive actualmente.
 
  Es la prueba evidente del preludio de una catarsis que acabará sin duda alguna, con los sistemas políticos y económicos que conocemos actualmente y que derivarán en otras concepciones de organización y estructura social.
 
  Este análisis no sorprende en absoluto a aquellos que, con conocimientos espirituales, sabemos que nos encontramos en el momento del cambio de ciclo evolutivo de este planeta. Antes de cualquier cambio social radical y transcendente, como nos demuestra la historia de la humanidad, aparecen los conflictos, las crisis, las incertidumbres, las confusiones de todo tipo, las incapacidades manifiestas de los encargados de dirigir los pueblos y sociedades.
 
  La justicia ordinaria apenas sirve para reajustar aquellas cargas, dolores, infamias o abusos de poder de los poderosos sobre los pueblos. También sabemos que la única Justicia perfecta, sabia y ecuánime, es la que emana de las leyes de evolución y progreso que rigen el proceso de crecimiento del espíritu vida tras vida. Esta da a cada cual lo que le corresponde, y corrigiendo los errores, otorga bondades por los merecimientos adquiridos en esta vida y en otras. La ley de causa y efecto, expresión sublime de la Justicia Divina, es la que se encarga de retribuir, corregir, proporcionar y ambientar los escenarios, pruebas y expiaciones que el espíritu necesita para su progreso.
 
  En el gran escenario del mundo hemos de hacer un esfuerzo por no perder el rumbo, la confianza en el ser humano, la esperanza del porvenir y del futuro esplendoroso que aguarda al que practica el bien e intenta transmitirlo a sus semejantes. Para ello son básicos dos atributos inherentes al ser humano y necesarios más que nunca en estos momentos de zozobra y confusión: la Fe y la acción.
 
  Fe en Dios, en su creación, en la justicia de sus leyes y en el hombre como máximo exponente del amor divino. Acción en el bien, en el trabajo por mejorar constantemente, día a día, exigiéndonos a nosotros mismos en primer lugar, evitando juzgar a otros, pues no nos corresponde tal tarea. Practicando la caridad de la tolerancia con los errores ajenos, estamos enfilando el camino de nuestra propia redención espiritual. Aspecto este, clave y básico, para poder formar parte de la nueva sociedad que nos espera después del doloroso parto en que se está convirtiendo el proceso de cambio de este planeta en crisis de principios éticos y morales.
 
  Mantengamos la esperanza y la fe, confiados en la justicia divina y en la perfección de sus leyes, sabiendo de antemano que el futuro es dichoso y eterno para aquellos que, reconociendo su pequeñez, se acercan hacia Dios a través de la puerta estrecha que el maestro Jesús indicó como camino a seguir para la ascensión vertical de nuestro progreso espiritual.
 
 
 
Redacción
 
© Grupo Villena 2013

CONCLUSION: LA TERCERA VIA      

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  Concluimos este mes la sección de Evolución o Creación que iniciamos hace ahora prácticamente un año. Esperamos haber sido útiles en la reflexión propuesta de inicio como objetivo principal de esta serie.
 
 
 Nuestra intención, ya manifiesta durante varios artículos anteriores, era la de retomar en nuestra memoria y consciencia la realidad del origen espiritual del ser humano y su transcendencia en el proceso evolutivo de la humanidad. Hemos abordado aspectos directos, otros indirectos y colaterales que bajo el prisma de la evolución personal y de la toma de conciencia, pudieran ayudarnos a centrar nuestras expectativas en los momentos por los que pasa la humanidad. 
 
  Antes de ponerse a trabajar en cualquier proyecto es preciso saber de dónde viene, cómo se origina y hacia dónde se dirige; por ello, como nuestra materia prima es el ser humano, nuestras reflexiones iban encaminadas a trabajar en ese sentido transcendente de mejoría personal partiendo del recuerdo de lo que somos, qué hemos venido hacer aquí y hacia dónde nos dirigimos. 
 
  Las discusiones religiosas, teológicas o científicas interesan bien poco; lo que de verdad importa es la realidad interna de cada ser humano, su realización personal, su compromiso espiritual, su trabajo para alcanzar la plenitud y la paz interior. En esta búsqueda interior nos encontramos dirigidos no sólo por nuestras capacidades, competencias y acervos de vidas anteriores; somos lo que hemos sembrado y trabajado a través de miles de años de evolución. También nos encontramos mediatizados por el ambiente que nos rodea, las coyunturas particulares de nuestra existencia y sobre todo, por el momento clave que vive el planeta y que a todos afecta. 
 
  Sea como fuere, la cúspide de la creación y el universo es el hombre; en su aspecto integral, eterno, destinado a la felicidad y plenitud a través del progreso. Una vez claro este concepto y la forma en que venimos una y otra vez para ascender en ese camino evolutivo, el progreso espiritual se plantea como la ruta inmutable a seguir. 
 
  Como comprobamos en el párrafo anterior hablamos de creación y evolución, título de esta sección. Ambos conceptos no son antagónicos sino complementarios; aquí aparece pues la respuesta a las controversias estériles e inútiles sobre cuál es el origen del hombre. Quienes afirman el origen como inspiración divina tienen su parte de razón, y quienes exclusivamente sitúan la etiología del ser humano en su evolución morfológica y fisiológica también en cuanto al desarrollo de la raza humana. 
 
  Así pues es preciso aclarar que, ni la concepción teológica es cierta al 100% ni la científica tampoco; la auténtica realidad la podemos denominar como LA TERCERA VIA; esta no es otra que colocar el origen del hombre en su creación divina en cuanto a su fisiología espiritual; situando el aspecto físico y desarrollo morfológico del ser en la sucesión evolutiva y de sobrevivencia de la especie como afirma la antropología. 
 
  La Tercera Vía es la combinación de ambos conceptos y se resume en la EVOLUCION ESPIRITUAL del ser humano; la evolución contemplada como el desarrollo y perfeccionamiento no del aspecto físico de las razas humanas sino del principio espiritual, principio eterno, que es nuestro yo superior, la chispa divina, creada por Dios en su infinito Amor y que constituye la sublimación de su obra de perfección que es el Universo físico y espiritual. 
 
 Por nuestras limitadas capacidades intelectivas, volitivas y raciocinativas, no podemos abarcar comprensión alguna de la causa primera (Dios) de todas las cosas: La Energía Creadora, La Inteligencia Suprema, La Fuente de la Vida. Pero sí podemos admirar la magnitud de su obra, la sublimación del Amor a través de la infinitud del Cosmos y de la perfección de las leyes que lo rigen. A través de la aparición del hombre creado a semejanza de la divinidad en cuanto a sus atributos eternos, espirituales, aquellos que ,como los del propio creador, permanecen en el tiempo y en el espacio, por siempre; siendo perfectos e inmutables en Dios; y que en el caso del hombre han de potenciarse, elevarse, enriquecerse, hasta intentar sintonizar con la energía creadora que todo lo potencia y desarrolla: El Amor. 
 
 La fuente de todas las leyes espirituales, la conjunción omnipresente de las leyes físicas y espirituales se hayan en el Amor Divino, y dónde cada ser, cada átomo espiritual de este universo infinito, que son los espíritus que pueblan el universo, han de contribuir con su propio camino y progreso espiritual al engrandecimiento de su obra en las distintas vidas, planetas y humanidades. 
 
  El ejemplo vivo de la Obra de Dios; el Universo encarnado en la tierra a través de la fuerza del Amor, es la venida del maestro Jesús, enviado del Cristo, gobernador de este planeta; este es el reflejo del Amor Divino en su más pura expresión. Seguir su camino es seguir el camino de la ley de leyes; el de nuestra liberación definitiva del sufrimiento físico y el dolor moral, alcanzando la plenitud y felicidad para la que Dios nos ha creado y que constituye nuestro destino único y definitivo. 
 
  Vibremos en Amor y alcancemos a través del esfuerzo de nuestra reforma personal la consciencia de nuestra inmortalidad; a pesar de las dificultades, contra todos los impedimentos que salgan al paso, en la seguridad y la fe cierta de que somos seres eternos destinados a la felicidad completa y absoluta, ganada con propios merecimientos y bajo el amparo de la misericordia y perfección de la Justicia Divina.
 
A.LL.F.
 

 

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