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TEMAS DE HOY

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  Iniciamos en este mes de Julio una línea editorial que pretende presentar ante todos ustedes, lectores de nuestra revista Amor, Paz y Caridad, una perspectiva espiritual innovadora, clarificadora y eficaz sobre aquellas cuestiones de actualidad que preocupan y sobrecogen al hombre del siglo XXI.
 
  Todos sabemos de la profundidad y certeza de las explicaciones y postulados espirituales sobre temas importantes como la crisis, la transición planetaria, los momentos por los que pasa el planeta, etc.. También somos muy conscientes de aquellas preocupaciones sobre la existencia humana que más preocupan a las personas sensibles, nobles, de buen corazón, sean cuales sean sus creencias. Es en este último punto donde intentaremos exponer con una perspectiva ecléctica, pero basada en  los principios espirituales más solventes, aquellas explicaciones que a nuestro entender serían las más correctas a la luz de las leyes que rigen los principios de la vida así como  las responsabilidades o consecuencias que de nuestras actitudes al respecto se derivan.
 
  Así pues, asuntos que preocupan al hombre de hoy como la ética social o biológica, las consecuencias espirituales de avances científicos como por ejemplo la clonación de las células madre, la investigación y desarrollo del mapa genético y sus consecuencias ético-morales; la siempre espinosa cuestión del suicidio, el aborto, de la eutanasia, etc..
 
  Estos, junto a otros temas de profundidad y calado social como la aceptación o no de la homosexualidad, sus consecuencias ético-espirituales, la realidad del sexo y de la vida sexual en el desarrollo y evolución de la humanidad, su finalidad; la promiscuidad, la disyuntiva sobre el uso de nuestro libre albedrío en la responsabilidad sobre nuestro cuerpo físico, etc..
 
  Además, los temas de actualidad que abordaremos no pretenden sentar cátedra alguna sobre la solución de los mismos; pero sí invitarnos a reflexionar sobre otras perspectivas; otros puntos de vista que a la luz del conocimiento espiritual se nos presentan, y que pueden ofrecernos una amplitud de miras al respecto cuando haya que tomar decisiones que nos afecten a nivel personal o se trate simplemente de ayudar a otras personas con nuestro conocimiento espiritual del problema.
 
  Siempre, las decisiones y actuaciones quedan en el ámbito del libre albedrío de la persona y con ello las responsabilidades que de ellas se deriven; no obstante, si ante cualquier cuestión de actualidad poseemos un conocimiento más amplio y detallado de sus implicaciones espirituales, estaremos en condiciones de valorar nuestras decisiones con mayor grado de acierto; no sólo para el momento presente, sino para las consecuencias que nuestros actos puedan tener en un futuro en nuestro propio desarrollo espiritual y personal.
 
  De esta forma, no renunciamos al tratamiento editorial de cualquier tema de actualidad que vaya surgiendo y que sea de interés para esta sociedad compleja en la que nos ha tocado vivir; donde el exceso de información y opinión no presupone un acierto en las decisiones que a diario nos vemos obligados a tomar. La claridad y la sencillez a veces exigen una capacidad de síntesis que solamente los conceptos de verdad asentados en principios espirituales universalesson capaces de ofrecer. Procuraremos ser fieles a los mismos, solicitando de  vdes. disculpas por los errores que puedan producirse y respetando cualquier opinión contraria al respecto.
 
Redacción

SOCIEDAD NUEVA: ESBOZOS Y PINCELADAS 

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  Cómo es de suponer, nadie, encarnado en la tierra, tiene capacidades para prever el futuro de forma precisa y detallada. No obstante, a través de la historia, las profecías, y los profetas han dejado en evidencia que algo, o parte del futuro que está por llegar es posible entreverlo o esperarlo.
 
  Son esas facultades extrasensoriales, las que posibilitan el acceso a lo que está por venir, pero ante todo, en esto no hay nada milagroso ni excepcional: obedece a la perspectiva con la que se observe el futuro y, sobre todo, a las informaciones procedentes del mundo espiritual; donde sí tienen una visión global de los hechos que nosotros somos incapaces de obtener al estar recluidos en la materia física.
 
  Estas dos circunstancias: las facultades y las informaciones del otro lado de la vida, nos ofrecen apenas esbozos o pinceladas de lo que será ese nuevo mundo que llega a la tierra y en cuyo proceso de transición nos hayamos envueltos.
 
  No es la primera ni la última vez que se habla de una sociedad nueva, basada en principios de solidaridad y fraternidad, exenta de maldad y dirigida hacia el progreso ético-moral de sus habitantes. Las informaciones al respecto vienen de antiguo, pero lo importante en este caso es que, comprendiendo la mecánica de la evolución espiritual del hombre y de los planetas en los que desarrolla sus experiencias físicas, vida tras vida, sabemos con certeza que nos encontramos en el prólogo de una nueva era en la tierra. Nuestro planeta se encuentra en transición desde hace algunas décadas y así va a continuar hasta que se produzca la transformación social que se precisa para incorporarse a un nuevo estadio evolutivo: los mundos de regeneración.
 
  Cuando la tierra alcance ese nivel; la sociedad se desarrollará bajo algunos parámetros muy diferentes a los que conocemos. Gracias a las informaciones procedentes del plano espiritual y a las especificaciones que Kardec detalla en la codificación, estamos al tanto de muchas cosas de las que han de venir. Lo que nos espera no es fácil en los momentos que vivimos; el planeta ha de afrontar esta catarsis que actualmente padece como forma inevitable para seleccionar los habitantes que merecen pertenecer al nuevo orden social que llegará.
 
  Esta selección no solo será justa y perfecta, basada en las leyes de la justicia divina; sino que procurará habilitar las capacidades de los hombres y mujeres preparados a las necesidades de construcción de un nuevo mundo contemplando una eficacia inusual en la sociedad actual. Esta eficacia estará en los méritos ético-espirituales, en las capacidades evolutivas de los individuos, en el grado de perfección moral y elevación espiritual que posean.

  Por ello, desde el mundo espiritual planifican con esmero esta transición desde hace siglos. Tanto es así que desde hace relativamente pocos años, vienen encarnando en la tierra espíritus “viejos”, preparados para afrontar los retos de esta transición porque ya los han superado con anterioridad en otras transiciones planetarias. También encarnan espíritus de gran elevación, espíritus superiores comprometidos con el planeta por su trayectoria moral a través de los siglos de evolución; personajes conocidos por la historia y otros anónimos, que llevados por su amor a esta humanidad vienen en momentos cruciales de la evolución para dar ejemplo y marcar el rumbo a seguir, aclarando conceptos, sembrando luz y claridad allí donde sólo hay confusión y contradicciones sobre los auténticos planes de la ley divina para la humanidad de la tierra.
 
  Estos últimos, dirigidos y coordinados por el gobernador espiritual del planeta tierra, el sublime maestro Jesús, tienen una trayectoria perfectamente planificada en el tiempo y en el espacio. Vienen y van a seguir viniendo para ayudar a la humanidad y a poco que abramos nuestra mente y nuestro corazón podremos localizarlos, captar su mensaje y ayudarnos con sus ejemplos para seguir nosotros mismos en esta lucha incesante de regeneración que nos corresponde efectuar.
 
  También la nueva sociedad se verá beneficiada por estos colaboradores y mentores de la humanidad a la hora de organizar sus nuevas estructuras, pero esto será más adelante, cuando ya haya concluido la catarsis, el “parto planetario” que, después del sufrimiento necesario impuesto por la ley de consecuencias, o ley de causa y efecto sobre las deudas contraídas, desembocará en la felicidad de un nuevo orden social y moral. Orden en el que la maldad habrá sido extinguida, dónde todavía existirá la imperfección, pero con el anhelo de todos sus habitantes por ponerse a trabajar en superarla, en corregir los errores del pasado libres de la opresión del ambiente negativo, libres de la contaminación de otros espíritus dedicados al mal, libres de las limitaciones sociales para trabajar en pro del bien y de la fraternidad.
 
  Así pues, podemos contemplar, esbozar una nueva sociedad de trabajo, de responsabilidad social, de compromiso moral con el prójimo, de auténtica dedicación al bien y al desarrollo de las facultades y cualidades intelectuales, morales, volitivas que acerquen cada vez más al hombre a su creador. Ese es el auténtico sentido del progreso humano, ir avanzando hacia la plenitud y la perfección a través del esfuerzo personal y la colaboración entre todos. Nadie, por sí mismo, es capaz de desarrollar todas sus capacidades sin recibir de los que le rodean las influencias precisas, los ejemplos necesarios o las pruebas adecuadas que le permitan probarse así mismo.
 
  Es preciso detectar nuestras debilidades y procurar esmerarnos en corregirlas con voluntad y dedicación; sin demora, con entusiasmo, aunque sean dolorosas las consecuencias que debamos afrontar y aunque nos lleven a realizar ejercicios de renuncia personal importantes y necesarios.
 
  En el progreso del espíritu lo difícil es lo que verdaderamente tiene mérito, y lo más difícil para un ser humano consciente de su realidad espiritual es luchar contra sí mismo. Contra sus propias deficiencias y miserias de la naturaleza inferior que todavía nos quedan, herencia del acervo de vidas anteriores de dolor y de equivocaciones.
 
  Conscientes de esta realidad todo se vuelve más fácil, y si tenemos la oportunidad de realizar nuestro trabajo apoyándonos en otros compañeros de nuestro mismo nivel evolutivo, con necesidades comunes en evolución, entonces el camino se vuelve más asequible, nos apoyamos unos a otros porque nos vemos reflejados a nosotros mismos en los demás y, gracias a ello, podemos comprendernos mejor a nosotros mismos y avanzar mucho en muy poco tiempo.
 
  Esta será la base principal de la nueva sociedad: “la fraternidad sincera y puesta al servicio del prójimo”. Una fraternidad que hemos de empezar a cultivar, a desarrollar, a valorar en su justa medida. La unión hace la fuerza, los sentimientos y pensamientos de bien, así como las proyecciones de futuro en el corto y medio plazo en grupos de personas capaces de entregarse a la obra de la fraternidad y el consuelo en estas épocas de dolor y confusión, son las bases de una nueva sociedad que desde ya hemos de empezar a plasmar y a trabajar allí donde nos encontremos.
 
  Somos responsables ante la ley de nuestra labor espiritual en la tierra; no es casualidad nuestra encarnación en estos momentos de transición. Si en otras épocas de la humanidad han proliferado grandes personajes capaces de marcar rumbos a la humanidad, ahora no son personajes individuales, que también los habrá; el proyecto viene en conjunto, viene para todos aquellos capaces de entender la necesidad de una nueva sociedad y de comprender qué momentos se viven en el planeta y cuál es la forma adecuada de afrontarlos para crecer espiritualmente y al mismo tiempo trabajar con ahínco por ese nuevo mundo; ese Reino de Dios sobre la tierra que prometió el maestro galileo y que tendrá su culminación en la nueva humanidad  que se avecina a marchas agigantadas hacia nosotros.
 
A.LL.F.
 

 

© Grupo Villena 2013

LOS PILARES DE IGUALADA

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  El pasado 1 y 2 de Junio tuvo lugar, organizado por el grupo de Igualada, la edición nº XX de la “Trobada Espírita” en la ciudad de Igualada. Si ya es un éxito felicitar la continuidad de dos décadas de organización y trabajo de este magnífico grupo, no es menos cierto que el formato elegido es igualmente exitoso y cumple a la perfección con los dos pilares que, a nuestro entender, deben constituir el trabajo actual de todo grupo espírita que se precie; a saber: la divulgación y la confraternización.

 

 
  Así pues, el primer día sábado se procedió a la divulgación pública en un centro cultural de la ciudad con la programación de tres interesantes conferencias; ambas versadas en tres aspectos centrales: la moral, la ciencia y la filosofía espírita. Intervinieron Fernando Espelho con su disertación sobre los efectos perniciosos de la maledicencia; Eleine Vieira con una magnífica exposición científica sobre las energías espirituales y periespirituales, el equilibrio energético y los efectos de los pensamientos y sentimientos sobre la salud psíquica y física del ser humano; y por último, asistimos a una interesante conferencia sobre la rencarnación realizada por Antonio Lledó, donde primaron aspectos filosóficos y científicos imbricados en el fin último de esta ley: la oportunidad de hacer progresar espiritualmente al ser humano.

 
  Una nutrida asistencia potenció el acto, y al final del mismo formularon interesantes preguntas a los conferenciantes que fueron respondidas con amplitud, quedando pues en el ambiente una jornada de gran satisfacción para los organizadores y de importante respuesta por parte del público asistente. El acto finalizó con un recordatorio realizado por el Grupo Espírita de Igualada sobre los XX años de Trobada, fotografías, participantes y un sentido homenaje a compañeros desencarnados de varios grupos que ya no están entre nosotros.

 

  Al día siguiente en Veciana se continuaron los actos con una comida de fraternidad, a la que asistieron numerosos representantes grupos de Barcelona, y diversas ciudades cercanas, además de aquellos otros grupos que nos desplazamos al acto desde más lejos, concretamente grupos de Alicante, Valencia y Villena.
 

  Este segundo encuentro se inició por la mañana, donde de forma espontánea, en un ambiente extraordinario, integrados en plena naturaleza, se reforzaron lazos de confianza, de fraternidad; se intercambiaron conocimientos, sugerencias, anécdotas, recuerdos entre grupos y personas conocidas de antaño dentro del movimiento espírita, se efectuaron actividades lúdicas y de otra índole. Todo bajo la hospitalidad siempre agradecida de Blas y Teresa, que pusieron a disposición de todos su propia masía para la realización del acto.

 
  Si fue importante la divulgación del día anterior, no menos importante resultó, a nuestro entender, el acercamiento fraterno, las conversaciones saludables e informales de unos con otros, las sugerencias y los momentos de alegría y humor, que los hubo por doquier.

 

  Este aspecto de la doctrina potencia la unión entre todos; y un movimiento unido es un movimiento vivo, pujante y fuerte, capaz de emprender todo tipo de realizaciones con garantías de éxito. Si somos capaces de mantener en el tiempo los actos de confraternización entre las personas que forman parte de los grupos espíritas, podemos tener la certeza de que de una u otra forma el mundo espiritual ayudará sobremanera en la consecución de los objetivos individuales y de grupo que todos traemos a la tierra antes de encarnar.
 
  Así pues, en estas relaciones fraternas se observa la delicadeza, la sensibilidad, la comprensión, la empatía y aquellos aspectos positivos que refuerzan nuestras propias convicciones doctrinarias. Ojalá seamos capaces de entender la importancia de la confraternización entre todos, porque este es el pilar que refuerza el otro pilar, el de la la divulgación, para poder sostener la casa del espiritismo ante la sociedad como un edificio fuerte y compacto, donde la estructura es la divulgación y el hormigón que la une es la fraternidad; o lo que es lo mismo, un movimiento unido donde no sólo se predica, sino que se practica con el ejemplo la fraternidad entre sus miembros, tal como remarcó Kardec en El Libro de los Médiums – Item 334:
 
  “Los grupos, correspondiéndose entre sí, visitándose y transmitiéndose sus observaciones pueden formar el núcleo de la gran familia espiritista; que un día fusionará todas las opiniones y unirá a los hombres en un mismo sentimiento de fraternidad sellado por la caridad cristiana”
 
 
A.LL.F.

 

 
Villena, 5 de Junio de 2013
 

 

LA REENCARNACIÓN:  ¿MITO O REALIDAD?

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De nuevo nuestro compañero Antonio Lledó, nos invita a realizar un viaje por el transcendental tema de la Reencarnación.  En esta ocasión la conferencia, se realizo en el «Espai Centre Civic» en la ciudad de Igualada. Organizado por la Asociación de estudios espíritas de Igualada. El conferenciante,  ofrece una visión distinta, acorde al publico asistente, esperamos que sea de su agrado.

Redacción

 

 

ENFRENTANDO RETOS ACTUALES 

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  A nadie escapa, por evidente y real, la crítica situación por la que pasa la sociedad en estos tiempos de auténtica catarsis global en el planeta. Hay quien argumenta que se trata de una crisis financiera, otros política, social, de ideologías, etc. La realidad nítida y objetiva es que las desigualdades entre los hombres se agudizan con mayor profusión; la distribución de la riqueza está
muy lejos de invertir su recorrido, es más, avanza en el sentido contrario a lo que sería lógico y coherente, siendo los poderosos y los ricos cada vez más ricos y los desfavorecidos un mayor número.
 
 En un planeta carente de recursos, sería coherente pensar una desigualdad, pero en este planeta, donde los recursos son más que suficientes para abastecer a la humanidad que lo puebla y donde existen infinidad de posibilidades tecnológicas, científicas y humanas para prevenir el hambre y la guerra, no se está haciendo prácticamente nada para paliar estas grandes lacras que avergüenzan la propia condición humana de seres civilizados como solemos denominarnos.
 
 Las élites gobernantes, vinculadas a propósitos egoístas de las grandes corporaciones y del poder financiero, intentan mantener un sistema caduco en lo social, obsoleto en lo económico y corrupto en lo político; a pesar de que sólo beneficia a una minoría.
 
 Para ello cuentan con el cuarto poder que controlan a voluntad; el poder de la información y la comunicación; mediante el cual crean los estados de opinión oportunos destinados a evitar revueltas sociales en contra de lo establecido, intentando minimizar las protestas derivadas del descontento de la sociedad.
 
 A pesar de ello, la angustia va poco a poco instalándose en los ciudadanos de las sociedades más pobres; pero también de las más ricas, donde cada vez es mayor el umbral de desigualdad entre los poderosos y desfavorecidos, todo ello debido al recorte de derechos sociales, económicos y de todo tipo que se implantan con la “peregrina excusa” de que es necesario mantener el estado del bienestar. Estado del bienestar que únicamente pretende socializar pérdidas y otorgar beneficios a unos pocos.
 
 Además de muchos otros síntomas del sistema, que evidencian claramente los estertores de su caducidad y la obsolescencia de sus métodos, parece que los expertos en sociología y psicología social advierten a los gobernantes de los riesgos de un estallido social en distintas sociedades, a poco que la desigualdad y eliminación de derechos siga su curso. Nada de ello parece importar a los supuestos responsables de dirigir los países, porque concentran sus esfuerzos principales en imagen y mantenimiento de sus postulados aunque haga falta mentir, difamar o seguir engañando a los ciudadanos a través de lo medios de comunicación que controlan y manejan a voluntad.
 
 Todo este panorama de irresponsabilidad, incapacidad, merma de derechos y bienestar en los ciudadanos, trae consigo la puesta en evidencia de un tiempo nuevo; un tiempo que estamos viviendo donde las dificultades empiezan a ser enormes; insoportables para muchas familias, y ante esta situación de ansiedad, desesperación y falta de respuestas es preciso adoptar actitudes que nos ayuden a sobrellevar tales circunstancias sin perder el norte, con la debida paciencia pero sin dejar de luchar por aquello que con tantas dificultades nuestros antepasados construyeron y consiguieron.
 
 En momentos de crisis la calma y la serenidad son pilares básicos para salir adelante. Calma ante los reveses que se nos presenten en nuestras situaciones particulares; serenidad ante las pruebas que la vida nos propone, cada vez más difíciles de afrontar.
 
 Sólo desde la calma y la serenidad podremos atisbar la solución de los problemas, pues si nos dejamos llevar por la impaciencia o la desesperación cometeremos errores de los que sin duda nos arrepentiremos el día de mañana y, lejos de solucionar los problemas se enquistarán cada vez más.
 
 Una vez analizada la mejor actitud con la que enfrentar los problemas es preciso detallar las herramientas y los recursos de que disponemos para salir hacia delante. En primer lugar no hay que rendirse ante la adversidad; luchar siempre con tesón por conseguir lo que pretendemos. Para ello contamos con una herramienta imprescindible como es la voluntad. Una voluntad férrea y una determinación obstinada en la búsqueda de lo que pretendemos conseguir nos darán el éxito sin lugar a dudas; antes o después llegaremos a solucionar el problema con total seguridad.
 
 Si a esto le añadimos que muchas veces estas circunstancias difíciles nos sirven para probar nuestro carácter y nuestra resistencia ante la adversidad, la conclusión inmediata de nuestra actitud será que saldremos fortalecidos enormemente de estas situaciones. La mayoría de las veces son pruebas transitorias que necesitamos superar para mejorar, avanzar y fortalecer nuestros recursos internos; personales y espirituales. 
 
 Como reza el dicho “TODO PASA” y “NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS DURE”, y, aunque es muy fácil aconsejar desde una cómoda posición; todos, tarde o temprano, hemos enfrentado y tenemos que enfrentar pruebas duras que templen nuestro carácter y eleven nuestra capacidad de resistencia ante la adversidad.
 
 Cuando se comprenden las leyes de la evolución y de la rencarnación, es rutinario aceptar que vida tras vida venimos a progresar y en esas escuelas de aprendizaje por las que pasamos todos, necesitamos aprender aquello que nos falta, a fin de ir creciendo en capacidades volitivas, morales, intelectuales, sociales, etc.. 
 
 Así pues, en los momentos de confusión, crisis, desesperación y angustia lo más eficaz, lo mejor, es afrontarlos con calma y serenidad. Además adoptar la actitud de la lucha, del esfuerzo por superar las adversidades; no podemos rendirnos porque si nos abandonamos no solo no superamos el problema sino que este aumenta y se traslada a los que tenemos alrededor. 
 
 Comprendiendo la vida espiritual, es necesario destacar que, en esa lucha que emprendemos por superar las dificultades no estamos solos; recibimos constantemente ayuda del plano espiritual a poco que nuestras intenciones sean nobles y seamos capaces de pedir esa ayuda de forma sincera, a nuestra manera, para nosotros o para otros. 
 
 Las personas comprendidas en el mecanismo del conocimiento espiritual y de cómo actúan desde el otro plano, son doblemente responsables; por sí mismas y por los demás. Lejos de creerse en condiciones de superioridad, han de aceptar que deben ayudar en la medida que les sea posible a su prójimo. Ya que tienen el conocimiento y la seguridad de que esa ayuda espiritual beneficia a todos, creyentes, no creyentes, etc. 
 
 Así pues, en las dificultades de los críticos momentos por los que transcurre el planeta en su tránsito hacia un mundo de regeneración, tenemos la gran oportunidad de progresar enormemente, superando dificultades, fortaleciendo nuestro carácter, pero sobre todo ayudando a los demás a que lo hagan; a que movilicen sus recursos para avanzar y reconocer que no estamos solos, que las desgracias no obedecen a ningún capricho divino. Antes al contrario, que la justicia divina es perfecta y que todo lo que acontece tiene un porqué y un para qué, aunque en este momento no seamos capaces de comprenderlo. 
 
 Una vez en este punto, el único obstáculo es la rebeldía del ser humano que puede retrasar enormemente su regeneración, al no aceptar con resignación la prueba por la que pasa y la lucha que ha de llevar para superarla. Pero una vez eliminado el obstáculo de la rebeldía, propio de la incomprensión del funcionamiento de las leyes de evolución y justicia, el camino queda libre y expedito para la solución de los problemas. 
 
 Mantengamos pues la calma y la serenidad, peleemos con ahínco por superar las dificultades, enarbolando la fuerza de voluntad como herramienta poderosa y recurramos a la ayuda espiritual para que nos sostenga en el camino ante los reveses que se nos presenten. Desterremos la rebeldía de nuestro carácter cuando los acontecimientos no se resuelvan en el tiempo o forma en que nosotros tengamos previsto. Y agradezcamos a Dios la oportunidad de luchar y crecer espiritualmente al poner en movimiento nuestros recursos e inteligencia para luchar y ayudar a nuestros semejantes en la solución de sus problemas. 
 
 
 A. LL. F.
 
© Grupo Villena 2013

DIVULGACIÓN RESPONSABLE

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  Para todas las personas que nos hallamos responsabilizadas en la labor de divulgar un conocimiento espiritual serio, razonable y acorde con las necesidades de nuestra sociedad, resulta muy positivo reali­zar una serie de reflexiones que nos muestren hasta qué punto estamos realizando esa impor­tante tarea.
 
 
  El creciente interés por las ideas de índole espiritual, y todavía más en los ambientes juveniles, sector por demás inno­vador e inconformista con lo establecido, ha de suponer para nosotros una gran respon­sabilidad, lo que significa: una concienciación plena, convicción y claridad de ideas e intenciones para llevar ese conocimiento a muchísimas personas que se encuentran en predisposición de recibirlo. 
 
  Lamentablemente, existen muchos enga­ños y conceptos erróneos que intervienen de forma muy negativa en aquellas personas que movidas por la inquietud se lanzan hacia unas ideas que más tarde o más temprano descubren que no eran nada positivas. Sin embargo, y como contrapartida, existen numerosos grupos y personas que desde diferentes ideologías, sí se hallan bien encaminadas y se encuentran comprometidas interiormente a brindar unos conocimientos básicos pero transcendentes, que pueden beneficiar, y mucho, a todas aque­llas personas que los lleven a su vida dia­ria . 
 
 La juventud está llamada a ser uno de los impulsores de estos nuevos conceptos. Sus iniciativas y entusiasmos, así como la inno­vación de las ideas que siempre vienen con cada nueva generación, son cualidades que sabiamente conjuntadas por la experiencia de los más adultos, pueden conformar una agru­pación de personas, voluntades e ilusiones que sin duda alguna impactarán a una sociedad inmersa en sus propias ambiciones, demasiado ocupada con los aspectos materiales y escasa­mente sensibilizada ante el dolor y sufri­mientos ajenos. 
 
 A pesar de ello, y dada la necesidad de un cambio de rumbo y perspectivas que nuestra sociedad tiene, se ha de sembrar, divulgar por toda la Humanidad, todas aquellas ideas que beneficien al ser humano y le ayuden a entender el porqué y para qué de la vida y de su estancia en los mundos físicos. 
 
 Hay que poner luz donde hay confusión y oscurantismo. Se deben aclarar las dudas y erradicar la ignorancia que existe sobre la realidad de la vida espiritual y su continua influencia sobre el plano físico. Hemos de saber erradicar falsos misticismos y fanatis­mos, ofreciendo con sencillez y sin compleji­dades un conocimiento al alcance de todos, exento de imposiciones y dogmatismos, que invita a la reflexión y a la mejora del ser humano. 
 
REDACCIÓN

FUERZAS FAVORABLES: AYUDA Y FORTALEZA

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  El mes pasado desarrollábamos las fuerzas contrarias que retrasan o intentan impedir el desarrollo normal del espíritu en su ascensión espiritual bajo el amparo del impulso de la ley de evolución y que a todos los espíritus encarnados afecta, se quiera o no.
 
 
  Hoy nos toca abordar los recursos de que dispone el espíritu encarnado para favorecer su ascensión espiritual en estos mundos de regeneración. Planetas donde todavía el ambiente espiritual está enrarecido por la variedad de espíritus que conforman estas sociedades. Espíritus nobles, altruistas, de sanas intenciones y otros muchos todavía atrapados por su naturaleza inferior: rebeldes, díscolos, brutales, egoístas, violentos, etc. 
 
  La convivencia conjunta de ambos en este mundo de expiación supone un reto importante para aquellos que desean caminar en el bien y en el progreso espiritual. Por ello es preciso saber que, no sólo contamos con ayuda externa para conseguir nuestros propósitos de solidaridad y fraternidad sino que también dentro de nosotros mismos tenemos las herramientas necesarias para conseguir nuestro objetivo. 
 
  Así pues, en la evolución espiritual del hombre existen ciclos reencarnatorios y existencias concretas que tienen mayor o menor transcendencia que otras. Es el momento evolutivo del planeta el que hace que estas vidas físicas actuales, desde hace algunas décadas en adelante, se vuelvan transcendentales para nuestro futuro evolutivo. Y todo ello en base a que el planeta está maduro para el cambio; tal y como explicábamos en artículos anteriores, estamos en momentos cruciales de una transición planetaria que a todos los humanos afecta: encarnados y desencarnados. 
 
  Esta transición, este cambio de ciclo evolutivo del planeta Tierra obliga a una intensa planificación espiritual por parte de aquellos que espiritualmente dirigen este mundo y por ello, y desde hace tiempo, vienen encarnando en la Tierra espíritus de elevada condición para ayudar, servir de guía y de ejemplo a aquellos que en estos tiempos de catarsis y de confusión planetaria van a necesitar ejemplos donde refugiarse, conductas donde referenciarse y actitudes a las que aferrarse. 
 
  Estos espíritus, muchos de ellos comprometidos con el maestro Jesús, auténtico gobernador espiritual del planeta, han sido en otros tiempos trabajadores incansables de la regeneración humana, y vienen para ayudarnos a todos y para marcar el camino recto a aquellos que, libres de dogmatismos y fanatismos, con la mente abierta y el corazón dispuesto, pretenden luchar por la regeneración moral de esta humanidad. 
 
  Pero no sólo contamos con esta importante ayuda, también desde las esferas espirituales son conscientes de la difícil realidad que se vive en la materia, de las enormes dificultades que van a experimentar muchos espíritus encarnados afrontando pruebas durísimas cuya explicación lógica y coherente se encuentra en su pasado pero de la que no van a ser conscientes aquí y ahora. 
 
   En estos casos la ayuda mayor, la fortaleza que permita al humano afectado por esta condición seguir adelante y no desmoronarse vendrá de su propio interior. De los recursos espirituales adquiridos en otras vidas que le mantendrán firme en su fe en Dios y en la seguridad y confianza en la justicia divina. 
 
  Esos recursos internos que cada uno tenemos y que forman parte de nuestra herencia espiritual congénita, son elementos valiosísimos que nadie puede arrebatar, que vienen con nosotros desde que nacemos porque los hemos conquistado a lo largo de otras experiencias en las vidas físicas con esfuerzo y sacrificio personal.
 
  Precisamente porque espiritualmente se conocen estas dificultades, y como mencionábamos arriba, las esferas espirituales se vuelcan en ayudar al planeta y a los que en él nos desenvolvemos en estos momentos cruciales no sólo planificando sino recurriendo a multitud de recursos que apenas ignoramos. Comandados por el Maestro se vuelcan en la ayuda de los movimientos sociales, espirituales, solidarios y de toda índole que, con la noble intención de ayuda al prójimo, están intentando paliar el sufrimiento en ambas dimensiones, la espiritual y la física. Además de favorecer los recursos para paliar el sufrimiento y potenciar la solidaridad, la fraternidad y la paz entre los hombres, recurren a otras fuerzas espirituales encarnadas o no y al mismo tiempo cuentan con la ayuda de espíritus encarnados procedentes de otros mundos que de forma anónima, silenciosa y bajo las instrucciones del Maestro colaboran fehacientemente, en áreas allí donde no pueden llegar los espíritus elevados y que precisan de recursos materiales ignorados por la mayoría de nosotros.
 
   Esta ayuda externa es enormemente valiosa aunque apenas seamos conscientes de que existe. Se encargan de evitar, en la medida de lo posible, la destrucción del planeta, y todo ello debido a que este mundo en que habitamos no es propiedad del hombre, es una escuela de aprendizaje y evolución como otros muchos, creado por Dios y preparado para seguir milenios en la formación de humanidades posteriores como mundo de regeneración de forma inmediata y posteriormente como mundos felices o mundos divinos. 
 
  El hombre, conforme avanza la ciencia, se va percatando de su pequeñez dentro del universo. La concepción umbilical de que es el centro del universo y de que el cosmos está a su servicio se desvanece por completo cuando empieza a preguntarse porqué existen trillones de mundos en un universo infinito que es incapaz de abarcar ni de comprender. Ante esta grandiosidad cósmica que la ciencia va descubriendo y ampliando día a día, la concepción antropológica del hombre y de las instituciones que la fomentan es no sólo ridícula sino propia de mentes obtusas; ancladas en el pasado de los tiempos y sin apenas visión de futuro. 
 
  Traemos esa reflexión a colación por el hecho de que el hombre es un ser muy limitado en su concepción de la vida y de lo que esta supone, por ello la humildad y el reconocimiento de nuestra pequeñez nos ha de permitir recapacitar sobre aquello que no conocemos. No podemos por tanto establecer como verdades absolutas concepciones sobre la vida y la evolución espiritual basadas en dogmas o postulados absolutos que se cierran a cualquier modificación, cambio o renovación. 
 
  La ayuda espiritual existe, es una realidad y la vivimos permanentemente, día a día, sin apenas ser consciente de ella. Cualquier estudioso de las ciencias del espíritu sabe que desde que nacemos tenemos la asistencia espiritual de amigos invisibles que velan por nosotros, nos inspiran y nos protegen. Otra cosa muy distinta es que puedan intervenir ante nuestras imprudencias, rebeldías y obstinaciones en el mal. El libre albedrío es la norma sagrada de las leyes espirituales que rigen la evolución y la ayuda está permitida, la intromisión, la imposición y la ruptura del libre arbitrio es contrario a la ley divina. 
 
  Así pues contamos con ayudas externas, con fortalezas internas y con ejemplos que pueden ayudarnos a luchar y vencer en este camino tan difícil pero tan gratificante: estamos recuperando el tiempo perdido; el tiempo que se nos dio antaño y donde no hicimos las cosas demasiado bien; por ello ahora venimos más o menos conscientes de qué hemos de hacer y por todos los medios hemos de intentar cumplir el programa que nosotros mismos nos hemos impuesto antes de encarnar. 
 
  Reflexionemos sobre esto porque, sabiendo que contamos con ayuda y que nuestras capacidades son acordes al trabajo que hemos realizar, ninguna excusa nos impide cumplir lo prometido, que no es otra cosa que dedicarnos al bien y al amor al prójimo. 
 
A.LL.F.
© Grupo Villena 2013

ELEGIR UN CAMINO

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  La gran variedad de ideologías, creencias religiosas, filosofías y un largo etcétera, permite al ser humano la posibilidad de identificarse con cual­quiera de ellas y orientar su vida y entorno de acuerdo a los postulados de la misma.
 
 
  Sin embargo, es preciso realizar algunas consideraciones al respecto, sobre todo si por noso­tros mismos deseamos introducirnos en alguna en con­creto. La primera premisa es la de rechazar el fana­tismo, y evitar a todo aquel que pretenda convencernos de una idea sin solicitarnos que la analicemos y la aceptemos o no sin presiones de ningún tipo. 
 
  Seguidamente, es conveniente recordar que ninguna ideología tiene la verdad única, ésta sola­mente se halla en poder de la Divinidad, y nosotros, pobremente, a través de las diferentes doctrinas acce­demos a una minúscula parte de la misma. Por tal razón busquemos aquella idea que más aspectos nos aclare y mejor se adecúe a nuestras aspiraciones, sin caer en el error de adaptarla a nuestros gustos personales. 
 
  No es preciso que profesemos ninguna doctrina en particular, solamente rigiéndonos por los prin­cipios morales de amor y respeto al prójimo, sería más que suficiente. Si bien, en ocasiones, podríamos necesitar de unas ideas y conceptos que nos ayuden a superar las dificultades de la vida y nos orienten ante los problemas que diariamente se nos plantean, y es ahí donde juega un papel vital disponer de unos ideales que nos ayuden en esos momentos de debilidad. 
 
  Lo que hace grande al ser humano son sus obras, y hacia ellas debemos dirigir toda nuestra atención, porque por muy elevados que sean los pre­ceptos morales o las ideas que mantengamos, si llegada la hora de la verdad no los llevamos a la demostración práctica, no nos valen de nada. 
 
  Hemos de cuidarnos de rechazar o menospreciar a otras personas que no piensen como nosotros. Ni mucho menos nos hemos de creer «elegidos» o «privile­giados» por pertenecer a esta o aquella doctrina, cre­yendo que aquellos que no profesen nuestra misma idea serán «condenados» o estarán lejos de «la salvación». 
 
  La actual situación de nuestro mundo, donde, todavía hoy, existen el hambre y las guerras, pone de manifiesto que seguimos siendo egoístas y nos olvi­damos de los demás. ¡Y qué podríamos decir de aquellas guerras en las que intervienen las doctrinas reli­giosas! Es lamentable, pero se olvidan principios fundamentales como el «no matarás», y en cambio se prefiere luchar por obtener un trozo de tierra o por demostrar a un pueblo que nuestras ideas son mejores. 
 
  Esos errores los llevamos a cuestas desde el comienzo de la civilización y todavía en pleno siglo XX seguimos generándolos. Ya va siendo hora de reflexionar sobre nuestro comportamiento y aprovechar el poco tiempo que nos queda, porque de seguir por este camino, de seguro que nuestro futuro no será muy halagüeño que digamos. 
 
  Utilicemos el sentido común y pongamos manos a la obra, porque el día de mañana se nos juzgará por nuestras actuaciones (nunca por nuestras ideas), y cada cual será responsable de las mismas ante las Leyes Universales, sin que le valga alegar ignorancia. 
 
REDACCIÓN 

FUERZAS CONTRARIAS A LA EVOLUCION: FISICAS, HUMANAS, ESPIRITUALES

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  Todo proceso de cambio genera una resistencia al mismo. Este axioma es válido tanto para el ser humano como para las sociedades en las que convive. Así pues, en ese proceso de resistencia que solamente se supera por la “voluntad de cambio”
del hombre, observamos el esfuerzo que conlleva y la determinación y firmeza que hay que adoptar para llevarlo a cabo.
 
  En el caso del hombre en particular, la materia física de la que nos valemos como instrumento de desarrollo en esta tercera dimensión es, por naturaleza acomodaticia, reticente por sí a cualquier esfuerzo que le haga modificar sus hábitos de conducta exigiéndole mayores dosis de trabajo.
 
  En la conducta psicológica del ser humano el estudio de los hábitos recurrentes que conforman su forma de vida es un todo que difícilmente se modifica a medida que van pasando los años. Es en las primeras etapas del desarrollo personal, con la educación recibida, los valores inculcados y los principios que se adquieren en la sociedad en la que se vive y en la familia que nos los proporciona, el mejor momento para corregir conductas y modificar hábitos equivocados que proceden sin dudar de nuestra historia espiritual adquirida en vidas anteriores.
 
  Por lo general, los niños son más flexibles y moldeables a los cambios de conducta y de hábitos que las personas de mayor edad. No obstante esto no quiere decir que los adultos no puedan modificar sus hábitos equivocados o sus deficiencias de conducta hacia otras más acertadas y de mejor resultado en cuanto a la salud personal y social del individuo.
 
  Sería prolijo continuar este análisis por la amplitud de conceptos que en él intervienen para conformar la personalidad humana tal y como se desenvuelve en la edad adulta, ya que son múltiples factores a analizar y que intervienen de forma predominante; factores como la educación, el entorno social, la formación ético-moral, las circunstancias del entorno, la responsabilidad, etc…
 
  Por ello baste saber que en cuanto a lo que atañe a la conducta humana, la modificación de nuestros hábitos perniciosos está íntimamente relacionada con el deseo de cambio, con nuestro grado de voluntad y firmeza en este propósito. Ejemplos hay de grandes personalidades de la historia que lograron cambiar el rumbo de sus vidas gracias a la determinación y firmeza de sus principios; Pablo de Tarso es uno de ellos: de exterminador de cristianos se convirtió en el mayor divulgador y defensor de la obra de Jesús.
 
  Así pues el ser humano consciente de su realidad inmortal tiene como objetivo principal en la tierra el progreso de su espíritu, y para ello es preciso que realice la reflexión adecuada que le lleve a conocer sus debilidades de carácter para poder corregirlas mediante la fuerza de su voluntad. Este es el primer paso, ya que las fuerzas contrarias al progreso del ser humano se hallan dentro de uno mismo; son esas imperfecciones del carácter que tanto daño nos hacen en nuestro desarrollo evolutivo de reencarnación en reencarnación. Son las herencias de nuestra naturaleza inferior que hemos de controlar y modificar, transmutándolas en el hábito contrario que nos permita progresar más rápidamente. El orgullo por la humildad, el egoísmo por el altruismo, la vanidad por la modestia, etc…
 
  Si bien son esas fuerzas contrarias a nuestro progreso las que retrasan nuestro proceso de evolución, siempre está en nosotros, vida tras vida, localizarlas, corregirlas y enmendar con ello los errores del pasado y los del futuro que nos aguarda. La ley de causa y efecto se encarga de ello devolviendo nuestro esfuerzo en el bien y en el desarrollo de nuestro espíritu los beneficios de mayor paz y serenidad, mayor iluminación interior y mayor claridad de objetivos y metas espirituales.
 
  Una vez explicadas las fuerzas contrarias a nuestro progreso personal; es preciso mencionar que al igual que el hombre, en las sociedades, los cambios exigen esfuerzos, sacrificios y voluntades férreas y firmes en los principios de fraternidad universal que todas las religiones proclaman para beneficio de la humanidad.
 
  También aquí existen fuerzas humanas reaccionarias a los cambios; y a pesar de que todos podemos intuir que las élites gobernantes, las élites políticas y financieras no desean modificar ni un ápice el orden establecido; no es menos cierto que un repaso a la historia de la humanidad nos hace cercionarnos de que todas las sociedades cumplen ciclos; y por muy grandes y poderosas que sean las instituciones o la élites, llega un momento en que se producen los cambios que precisa la sociedad para ir avanzando en  mayores logros y mejores niveles de progreso.
 
  Así pues, hemos de constatar enormes resistencias físicas y humanas a que la sociedad sea igualitaria. Las élites anteriormente aludidas no desean cambio alguno, son fuerzas reaccionarias que van a procurar por todos los medios mantener sus privilegios de casta gobernante, y si para ello han  de producirse guerras, hambres o desigualdades sociales les trae sin cuidado.
 
  En muchas ocasiones estas formas de pensar son actitudes heredadas del pasado, de sus acervos de otras vidas, donde se creen por derecho propio a ser diferentes y a disfrutar de los privilegios de los que otros carecen.
 
  Su nula comprensión de las leyes que rigen el proceso evolutivo les impide comprender que si ahora vienen ricos, con posibilidades de ayudar a sus semejantes y de procurar un mundo mejor, no es por casualidad. Y si fallan en esta prueba, en próximas experiencias en la carne vendrán a purgar sus errores en la mayor y más absoluta de las pobrezas, rogando desesperadamente por oportunidades que ellos mismos se negaron a brindar a otros cuando gozaron de posiciones de privilegio. Es la ley de la justicia divina: igual para todos.
 
  A las actitudes y posiciones de las élites gobernantes, se unen también otras fuerzas que desean impedir el desarrollo de una sociedad más justa e igualitaria, de una sociedad donde prime la fraternidad y la solidaridad antes que el egoísmo y la avaricia de acumular bienes materiales.
 
  Estas fuerzas, reticentes a cambio alguno, son aquellas otras que pese a no ser gobernantes, ejercen desde sus posiciones de poder ideologías que perpetúan las resistencias a los cambios. Son  aquellas concepciones ideológicas, religiosas o de cualquier otro índole que, aliadas por conveniencia de intereses materiales con los poderes gobernantes, intentan impedir que los seres humanos piensen por sí mismos. Todo ello con el fin de tutelarlos y evitar que puedan discernir qué es lo más adecuado para ellos mismos y para su libertad personal.(*)
 
  Son estos los líderes de algunas ideologías que, mediante la imposición en la educación de los niños, intentan imponer su “pensamiento único” su “única verdad” fuera de la cual no hay salvación. Esto se ve a menudo en las religiones dogmáticas en todas las partes del planeta que, aliadas con los poderes económicos, aunque su ideario manifieste lo contrario, siempre están del lado del poderoso y nunca se rebelan ante la injusticia del poder establecido ante los necesitados.
 
  A pesar de todo ello, la fuerza de los cambios es imparable en este final de ciclo; nadie va a poder evitar la transformación planetaria en la que ya nos hallamos inmersos. Y nadie la puede evitar porque no es competencia de ningún gobierno o sociedad; es únicamente un cambio evolutivo propio del planeta, que al igual que nosotros los humanos, ha llegado al momento de su transformación, donde se van a implementar una serie de procesos que modificarán y transformarán para bien la humanidad, a pesar de todas las resistencias físicas o humanas que puedan oponérsele.
Hay también una fuerte resistencia de fuerzas espirituales al cambio que se avecina; estas no son otras que los espíritus desencarnados en el aura de la tierra que, por su atraso evolutivo, van a ser trasladados a un planeta inferior y se resisten notablemente a esta circunstancia. Esta resistencia les lleva, de momento, a intentar influir en el ambiente psíquico de la tierra de forma negativa, e incluso desean retrasar el cambio procurando entorpecer y obsesionar a todos aquellos humanos encarnados o desencarnados que se encuentren a su alcance.
 
  Pero también esto está previsto por la ley que rige el proceso evolutivo del espíritu y por ello, aún a pesar de sus intenciones y entorpecimientos manifiestos, están siendo ya desalojados y trasladados para que en el momento en que el proceso material sea culminado, el aura de la tierra quede limpia de impurezas, de cargas psíquicas y espirituales negativas que puedan afectar a sus nuevos habitantes.
 
  Esta es una cuestión  que no depende del ser humano, sino de las leyes que rigen la evolución de los planetas y por tanto nadie puede retrasar ni detener. El cambio de un planeta del estado de expiación y prueba a mundo de regeneración no es de la noche a la mañana. Estamos iniciando ese proceso que puede durar décadas; lo cierto y verdad es que cuando finalice esta transición, la sociedad, tal y como hoy la conocemos en el planeta tierra nada tendrá que ver con la actual salvo en los avances propios de la ciencia, la cultura y la espiritualidad que se van produciendo.
 
  Es pues preciso saber que, por encima de las leyes físicas, las leyes que rigen la evolución de los seres humanos y los planetas son espirituales. Porque la vida espiritual es la auténtica realidad del ser humano, siendo las vidas físicas momentos transitorios donde se nos permite progresar corrigiendo errores y afrontando retos de mayor espiritualidad y desarrollo personal.
 
  Así pues, las leyes que rigen en todo el universo la evolución de los planetas, instituidas por Dios, son justas y perfectas y nada ni nadie puede oponerse a las mismas cuando los ciclos planetarios determinan cambios y procesos de espiritualidad superior.
 
  Este es el momento en que nos encontramos, y por fuerte que sean las resistencias a los cambios sociales y espirituales, tengamos la seguridad de que estos llegarán para beneficio de la humanidad. Ya dependerá de nosotros prepararnos para afrontarlos desde la comprensión, el conocimiento de los mismos y la ayuda a nuestro prójimo para que puedan igualmente entenderlos y aceptarlos.
 
A.LL.F.
 
© Grupo Villena 2013
 
 
(*Si no piensas como “los que no piensan”, intentarán desacreditarte.)
 
 

Sensibilidad social: Aminorar el sufrimiento ajeno

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   ¿Hemos valorado en alguna ocasión si podemos remediar, o por lo menos aminorar, el sufrimiento ajeno? Esta cuestión queda sin respuesta en la sociedad del hombre de este siglo pues ni tan siquiera llegamos a plantearla.
 
 
   Nuestras aspiraciones únicamente buscan el beneficio de nosotros mismos y de nuestro entorno, con lo cual relegamos al más completo de los olvidos a todas aquellas personas que sufren, bien moral, física o psíquicamente, afectadas por algún tipo de situación, cuya solución bien podría residir en nuestras manos. 
 
   En nuestra lucha diaria por obtener mayores bienes materiales y mejorar nuestras condiciones personales, nos olvidamos de los que nos rodean y de sus necesidades más elementales. Cuando la fortuna nos sonríe pasamos por alto la idea de un Dios que preside nuestros destinos y erradicamos de nuestra mente toda concepción espiritual que requiera de nuestra renuncia y sacrificio. Pero ¿qué ocurre cuando el sufrimiento hace su aparición? Entonces, clamamos al cielo, le solicitamos expresamente una explicación a nuestro dolor, y a partir de ahí comenzamos a observar lo equivocado de nuestro comportamiento. 
 
  Lamentablemente, es así, no nos apercibimos de la intensidad del sufrimiento de otras personas hasta que una situación similar la vivimos en nuestra propia carne. ¿Es útil, pues, el sufrimiento, si por lo menos nos ayuda a sensibilizar nuestros ya distorsionados sentimientos, y comenzamos a preocuparnos por los demás? 
 
  No debería ser preciso incurrir en tal situación, máxime cuando disponemos a nuestro alcance de los suficientes conocimientos y experiencias que nos demuestran que las actitudes egoístas conducen al individuo a la soledad y a la infelicidad más absolutas. 
 
  Si deseamos que los demás nos atiendan cuando lo necesitemos, hemos de comenzar por ayudarles en sus necesidades actuales. Para recibir es preciso primero dar. 
 
  Sin lugar a dudas, uno de los deseos de todo ser humano es ser apreciado y querido por los que le rodean, y no ignoramos que para llegar a esta situación es preciso merecerlo, es necesario hacerse querer. Aunque este último punto es más difícil pues requiere un esfuerzo por nuestra parte, el cual no siempre estamos dispuestos a realizar. 
 
  La mejora de nuestras condiciones actuales no ha de basarse únicamente en los aspectos materiales que nos rodean, sino en lo más importante, en las relaciones humanas y nuestro trato con las demás personas. No en vano la convivencia, cuando es armónica, ofrece al ser humano bienestar y alegría. 
 
  Llegará el día en que nuestras concepciones sobre la vida cambiarán profundamente, y todo el panorama actual se modificará, dando paso a unas relaciones humanas basadas en el respeto y la amistad, donde no tengan cabida las diferencias de clases, razas, sexo, religión, etc. Por si fuera poco, también tendremos aprendida la lección de la inutilidad de las guerras y las violencias, nuestras únicas aspiraciones serán la mejora de nuestro entorno y del mundo que nos rodea. 
 
REDACCION

POSICION ACTUAL:    CONSECUENTES Y CONSCIENTES

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  En el mundo que nos desenvolvemos cada vez es más difícil ser consecuentes con los principios e ideas en que hemos sido educados cultural y moralmente. Este es un hecho derivado del concepto falaz de la felicidad que en las sociedades se identifica con poseer más y más bienes y no con ser más y mejor ser humano.


  La dinámica de un mundo globalizado, donde el materialismo hedonista y el egoísmo exacerbado acaparan los objetivos de las élites gobernantes, son los grandes obstáculos para el progreso de la humanidad en su dirección más transcendente: la regeneración moral del hombre.

  La única forma de combatir esta circunstancia es mantenerse firme en los principios y valores espirituales recibidos a través de las distintas religiones, filosofías espirituales y ciencias educativas éticas y morales en todo el planeta, y que como norma general inciden en la existencia de Dios, la transcendencia del alma después de la muerte y la fraternidad para con todos los seres humanos que vivimos en este planeta.

 Valores transcendentes como la solidaridad, la caridad, la tolerancia, la igualdad, la libertad y el respeto individual, vienen siendo atropellados por el egoísmo brutal de las posesiones materiales que se ambicionan sin medida, intentando adquirirlas de forma inmediata. Para ello el instinto inferior del hombre utiliza los recursos de la violencia de todo tipo, física, mental, psicológica, económica, mediática, etc..

  Aquí aflora nuestra naturaleza inferior; siendo la única manera de combatir esto la recuperación de los valores que otorgan paz interior, serenidad y equilibrio a la persona cuando esta se esfuerza por ser ella misma y no por ambicionar cuestiones materiales que generan una felicidad ficticia y efímera.

 La moderna psicología nos avanza que el tener ilusiones, esperanzas y objetivos de naturaleza superior basados en conceptos de bien, de solidaridad y de equilibrio emocional es la felicidad más inmediata a la que podemos tener acceso; pues esta última es un estado interno y no la efímera satisfacción que otorgan las posesiones materiales externas.

 Incluso, cuando intentamos esforzarnos por mantener las relaciones con nuestros semejantes sin conflictos y con el ejemplo altruista de nuestra renuncia al orgullo y amor propio, encontramos siempre la satisfacción interior de las cosas bien hechas; siendo así que nuestra “voz interior” o conciencia nos refuerza con su serenidad que ese es el camino a seguir.

  Para ello es muy importante tener principios espirituales como los que hemos mencionado anteriormente; si nuestra vida se rige únicamente por la inmediatez del materialismo, nuestra insatisfacción será permanente y nuestra voluntad únicamente estará dirigida a conseguir, al precio que sea y cueste lo que cueste, esas posesiones materiales que tanto deseamos.

  Por el contrario, si somos capaces de elevar nuestro pensamiento, nuestras intenciones y nuestra voluntad hacia metas superiores más elevadas, seremos beneficiados en primer lugar con el equilibrio y la paz interior. Además de ello seremos ejemplo para los que nos rodean, y en tercer lugar estaremos en condiciones de ayudar allá donde se nos presente la oportunidad.

 Si se tienen principios espirituales es importante ser consecuentes con los mismos; no se puede caer en el error de muchos representantes de religiones que utilizan el “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. También es necesario ser conscientes de que con nuestros conocimientos espirituales, y siendo consecuentes con los mismos, podemos desempeñar una labor extraordinaria de ayuda hacia nuestro prójimo.

  Todo ello partiendo de la base de que comprendemos la necesidad para la que hemos venido a la tierra, entendemos mejor que nadie el porqué y el para qué estamos aquí; y de esta comprensión profunda de nuestra realidad, adquirimos la consciencia necesaria sobre lo que debemos hacer y como debemos actuar para progresar espiritualmente, objetivo último de nuestra estancia en la tierra y que todos deberíamos tener presente.

  De la concientización de nuestra realidad aquí y ahora; y de la firmeza en nuestros principios espirituales de bien y de amor al prójimo se deriva el éxito o el fracaso de nuestra vita terrena. Comprendiendo que venimos a desarrollar un programa de aprendizaje en la vida; que a veces hemos de expiar nuestros errores del pasado y otras veces probar nuestras capacidades ante los retos y dificultades que la vida nos presenta, nos ayudamos a nosotros mismos a elevarnos hacia metas de mayor plenitud y perfección.

 Así pues, prestemos atención a nuestros principios, valores espirituales y  personales; corrijamos nuestro enfoque únicamente en aquellos que atenten contra las leyes divinas de amor y de justicia universal; mantengamos el resto y potenciemos de manera permanente nuestros actos en base a la firmeza de los mismos.

 Comprendiendo el mecanismo de la reforma interna  somos conscientes de que, cualquier tara moral no se corrige de la noche a la mañana, exige un esfuerzo personal, una vigilancia constante para oponer a la misma la virtud contraria; este hecho ha de alcanzarse mediante el hábito constante del cambio y, de forma paulatina, sin prisa pero sin pausa interiorizar el hábito positivo en nuestra conducta mediante la fuerza de voluntad.

  Cuando estamos atentos a nuestra propia imperfección y vamos transmutándola por la virtud que la contrarresta (Ira por serenidad, orgullo por humildad, egoísmo por altruismo, etc.) nos volvemos más conscientes de nuestra auténtica realidad espiritual. Se abre ante nosotros un campo de experiencias difíciles pero meritorias, cuyo final no es otro que la satisfacción interna por superar nuestra naturaleza inferior, quedando libres de la esclavitud de las tendencias negativas de nuestro carácter y que arrastramos de vidas anteriores.

  Es la tarea más difícil que el ser humano ha de afrontar; pero como decía el gran filósofo de la antigüedad Sócrates: “si quieres salvarte del abismo conócete a ti mismo”.  Este es el camino para alcanzar la mayor consciencia de nuestro auténtico yo estando encarnados; porque una vez liberados de la materia, en el plano espiritual, la realidad personal se nos muestra con mayor nitidez y claridad.

  Así pues, consecuentes con nuestros principios y conscientes de nuestra realidad es como caminaremos por la tierra sin ceguera alguna; evitando caer en los errores de las ficticias ilusiones materiales que prometen felicidad inmediata y que generan mayor frustración y desilusión en la medida en que son alcanzadas y sustituidas por otras de forma inmediata.

  A mayor consciencia personal mayor serenidad y paz interior, y consecuentemente, mayores estados de felicidad y comprensión de la realidad, aspectos estos que nos abren la puerta de una dimensión de la vida diferente, a la que son invitados los espíritus despiertos con ansias de evolución y progreso.

  Ese ejemplo de firmeza, consecuencia y consciencia sobre lo que realmente somos (seres eternos en permanente evolución destinados a la felicidad y la perfección) y nuestro esfuerzo por mejorar internamente (superando las taras morales que todavía nos recuerdan nuestra naturaleza inferior) nos permitirán llegar al corazón de nuestros semejantes con sencillez y naturalidad, con auténtica fraternidad basada en el amor al prójimo.

  No intentemos engañarnos a nosotros mismos, antes al contrario, respetémonos, para posteriormente hacerlo con los demás; seamos consecuentes con el conocimiento recibido y contribuyamos a esparcir los conceptos de verdad que ayuden a los que nos rodean a encontrar las claves de su infelicidad y el método para corregirlas.
Seamos firmes en los principios de la fraternidad universal;  para que la luz que brilla del Amor Divino acabe con las tinieblas de las sociedades dirigidas por el embrutecedor egoísmo del materialismo y  la violencia que siembra odio e incomprensión entre los hombres.

A.LL.F.
 
© Grupo Villena 2013

Los aspectos materiales

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  A menudo nos preguntamos cómo podemos vivir una vida espiritual en un mundo donde las dificultades y problemas del ambiente no son ni mucho menos favorables para alcanzar ese objetivo.
 
 
  En la actualidad los aspectos materiales llegan a absorbernos de tal forma que aunque en un principio deseemos mantener una actitud positiva ante la vida, poco a poco van mermando nuestras buenas intenciones y esos nobles ideales van siendo relegados al olvido. 
 
 Si observamos hacia dónde camina nuestra sociedad, rápidamente caemos en la cuenta que nos dirigimos casi exclusivamente hacia los aspectos materiales, buscamos únicamente nuestro bienestar, la satisfacción de nuestros gustos y olvidamos por completo las necesidades y la carencia material de muchos de nuestros semejantes. 
 
  Cuando nos sentimos motivados por la ilusión todo nos parece fácilmente realizable, pero en el sendero espiritual hay que ser constantes y trabajar en todo momento aunque las circunstancias exteriores estén en contra nuestra. El escaso apoyo que desde fuera recibimos merma esa ilusión de nuestros comienzos, nos encontramos solos luchando contracorriente y llegamos a convencernos que no vale la pena tanto esfuerzo para no conseguir nada. 
 
  No hemos de tirar la toalla ante esas situaciones, ni siquiera porque los demás nos critiquen y piensen que todo es una utopía. Debemos ser consecuentes con nuestros ideales y si de verdad creemos que los mismos son positivos y pueden ser beneficiosos para los demás, hemos de sacar fuerzas de flaqueza en los momentos de desánimo y seguir con paso firme hacia la consecución de nuestras metas. 
 
  No hemos de perder de vista la idea de que no todo lo que realicemos en pos de los demás se pierde, tarde o temprano germinará. Tengamos presente que muchas personas están esperando encontrar nuevas ilusiones en su vida, porque hay que decir que no todas las personas se hallan satisfechas con lo que la sociedad actual ofrece. 
 
  Vivir en esta sociedad profesando unos ideales espirituales no ha de significar que seamos unos extraños, que nos comportemos de forma mística y ni mucho menos que nos aislemos por completo de la sociedad. Hay que afrontar los tiempos que vivimos y sacarle a la vida y a las experiencias que nos ha tocado vivir el máximo fruto y significado. 
 
  A nuestro alrededor hay mucho trabajo por realizar, y si de verdad nos encontramos dispuestos a aceptar esa responsabilidad, nos sentiremos útiles ante los demás, pues nuestra vida estará dirigida por nobles principios morales que tendrán por estandarte el respeto a los valores humanos y la realización de obras y actividades que se hallen encaminados a la mejora de nuestra sociedad en todos los factores: morales, científicos y espirituales. 
 
REDACCIÓN