Fraternidad en grupo

AMISTAD: CIMIENTOS DEL GRUPO ESPIRITUAL

  Entre las bases que cimentan un trabajo sólido y de futuro en todo grupo espiritual que se precie, la amistad es uno de los principios esenciales. Quizás no se comprende todavía la enorme importancia de esta cualidad en la relación interpersonal. Cuando se acometen proyectos basados en intereses materiales es importante un buen equipo de trabajo, con coordinación y eficacia para que los objetivos propuestos lleguen a buen término.


 Pues si en el apartado material es importante el equipo, cuando los proyectos a considerar se basan en el servicio al prójimo de forma totalmente desinteresada, la amistad es la argamasa que logra unir las voluntades para empezar a cimentar las bases de edificios de realización superior.
 
  Cuando hablamos de amistad lo hacemos en la consideración de este término con mayúsculas; incluyendo dentro de ella en primer lugar la confianza mutua, el respeto total al libre albedrío y la sinceridad; como pilares esenciales de una relación fructífera, altruista y armónica, alejada de intereses espurios que no sean los del progreso individual y del conjunto.
 
  Todos comprobamos en nuestras relaciones personales lo difícil que es la convivencia entre las personas, donde los egos, las vanidades, las envidias y todo tipo de miserias humanas desvirtúan con frecuencia uniones que se creían irrompibles. Pues, si en los afectos familiares hay que redoblar el esfuerzo para evitar las rupturas, incomprensiones y desuniones que llevan a la infelicidad, podemos imaginar en el entorno de un grupo de personas sin lazos familiares que los unan, lo difícil que puede resultar conseguir una unión sincera, que permita afrontar grandes retos en conjunto para ayudar al prójimo y a nosotros mismos.
 
  Este es el reto de todo grupo que se precie, conseguir la armonía y unión a través del conocimiento mutuo de sus miembros, mediante la amistad sincera que derive en auténtico sentimiento fraterno. Esto que puede parecer fácil es más complejo de lo que se supone. En primer lugar, para conseguir la implicación y esfuerzo de todos en un proyecto espiritual común, hay que definir el proyecto en base a convencimientos personales, doctrinarios, morales y de conocimiento común.
 
  Todos deben comulgar de la misma decisión a la hora de definir los objetivos a conseguir en el grupo; si alguien discrepa deberá analizarse la situación antes de seguir adelante; pues en el respeto al libre albedrío de cada cual, puede que alguien desee seguir caminos diferentes, para lo cual en base al consenso de la mayoría se definirán las líneas maestras a seguir y la discrepancia se tratará desde el razonamiento y el respeto. Si al final del análisis existen personas que, en contra de la mayoría, deciden seguir otros derroteros, es mucho mejor, antes de continuar, invitar a que inicien por sí mismos sus proyectos y expectativas abandonando la disciplina de la mayoría y conformando por su parte aquel grupo o nueva célula de trabajo con objetivos diferentes. Esto es muy conveniente pues, una vez avanzado el proceso, si las bases no se han sentado adecuadamente, empiezan las disensiones en cuanto al trabajo y la forma de alcanzar los objetivos que, como vemos en el ejemplo expuesto, son diferentes.

  Una vez conformes en el consenso; todos los componentes deberán alcanzar el conocimiento espiritual preciso, (que les otorga un determinado nivel de comprensión) sobre las leyes que rigen el proceso evolutivo del espíritu y la realidad y el compromiso de su existencia aquí y ahora.

  Como puede observarse he matizado la palabra “preciso”, porque este no tiene por qué ser extenso o profundo, baste con la buena voluntad por aprender y conocer, para formar parte de cualquier grupo espiritual, por muy avanzado que este se crea a nivel de conocimientos. No podemos olvidar que el mayor conocimiento es la comprensión de la Ley del Amor, y en esto los sabios no son los que acumulan o atesoran conocimientos; sino aquellos que por su trabajo y elevación moral de existencias anteriores, demuestran con sus obras la comprensión de la misma, aunque su nivel cultural sea iletrado o ignorante.

  Estamos definiendo someramente algunas pautas que, en el principio de formación de los grupos pueden acarrear problemas de exclusión de las personas, problemas de integración y desarrollo de los proyectos espirituales de futuro y también; como no, los peligros, que corroen los cimientos de los grupos que no se forman debidamente consolidados, no sólo en el conocimiento de las bases doctrinarias sino en la relación de las personas. Es pues conveniente en un principio alcanzar la amistad antes que el compañerismo y la tolerancia antes que la imposición.

 Fomentar la amistad en los grupos se consigue mediante el conocimiento personal, no sólo de la doctrina; un conocimiento que sólo se alcanza conviviendo, compartiendo y trabajando juntos.

  Una buena base de amistad es la corriente de fraternidad que hace avanzar a los grupos comprendidos en las leyes espirituales con fortaleza inexpugnable. La unión de los elementos materiales,  permite al mundo espiritual trabajar con  éxito esta parte del compromiso; y la renuncia entre todos ellos, aliviando el egoísmo y las envidias, y colocando como divisa prioritaria la ayuda mutua, permite la comprensión y la tolerancia entre hermanos.

  De esta forma, en un grupo unido, la fuerza de los pensamientos y sentimientos crece exponencialmente, facilitando enormemente el trabajo de todos, la asistencia espiritual, la protección ante las celadas de la parte negativa, el desarrollo de las facultades y mediumnidades de forma sencilla y espontánea, etc..

  Si supiéramos la necesidad de esforzarnos en este sentido la cantidad de beneficios que reporta a los grupos, seríamos más conscientes del trabajo que nos toca realizar. Hay quien dice ser más espírita que nadie pero se niega a establecer con sus compañeros de grupo una relación más profunda, se trata de personas que, a pesar de lo que digan, no tienen al espiritismo como filosofía de vida sino que vienen a servirse de esta filosofía para sus intereses personales; trazando un límite que les impedirá avanzar en su desarrollo personal pues sólo con el conocimiento no se avanza.

  Decía Platón, en el siglo IV antes de cristo:

   “El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra.”

  El hombre está destinado a progresar en sociedad; de la relación con nuestros semejantes aprendemos, nos tropezamos, nos caemos y volvemos a levantarnos. Así se progresa; el ermitaño, el que rehúye la relación fraterna con los demás miembros de un grupo,  lamentablemente no avanza, se estanca en sus propios límites.
 
  Por ello es tan necesario la relación con nuestros semejantes; por ello es básico e imprescindible una fraternidad auténtica basada en la amistad sincera, para que un colectivo espiritual pueda lograr metas importantes, que ayuden a nuestros prójimos, y al mismo tiempo nos permitan ser útiles al progreso de los demás y con ello al nuestro propio.
 
  Para terminar, aquí dejamos dos citas sobre la importancia de la amistad:
  “Para que pueda trabarse una verdadera amistad, es preciso prescindir de la superioridad que puedan otorgar la edad, los honores, las riquezas o el poder. El único motivo que nos debe incitar a la amistad es la búsqueda de las virtudes y el mutuo perfeccionamiento”
 
Confucio
 
  La amistad es el único cemento que mantendrá siempre unido al mundo.
 
Woodrow Wilson
 
A.LL.F.

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