Fraternidad en grupo

PUNTO DE ENCUENTRO

PUNTO DE ENCUENTRO: EL CONOCIMIENTO
 
 
  Sin duda, en la búsqueda de respuestas, toda persona con inquietudes espirituales que acude a un grupo de orientación espiritual o filosófica ha de comenzar por instruirse y aprender los conocimientos básicos que le ayuden a entender la idiosincrasia particular y propia de cada centro; los postulados básicos de la doctrina que lo sostiene y la trayectoria y objetivos del mismo.
 
  Si el conocimiento espiritual es luz, y la ignorancia representa la oscuridad y la persistencia en el error; ¿por qué existen personas que renuncian a aprender? ¿Porqué muchas de éstas personas adoptan aptitudes de rechazo antes incluso de escuchar, negándose siquiera a utilizar su razón o capacidad de análisis?
 
  Y qué decir de aquellas otras que antes incluso de leer, escuchar o instruirse sobre cualquier tema de índole espiritual adoptan una aptitud escéptica de rechazo o menosprecio.
 
  En el origen de estas actitudes se encuentra la mayoría de las veces la inmadurez espiritual de los individuos; entendida como comodidad de los mismos, negativa a asumir responsabilidades e incluso prejuicios sociales derivados de la falta de información veraz y objetiva o incluso tergiversada por diversos motivos de ideología o de poder.
 
  La inmadurez de los espíritus en evolución se manifiesta por la ausencia de control de los instintos y tendencias pasionales que todos poseemos en mayor o menor medida. A menor control y evolución en este sentido, la materia y sus instintos más primitivos priman sobre los objetivos nobles y actitudes edificantes del espíritu. Es por ello que, en muchos casos la comodidad nos invade, la ausencia de querer esforzarnos por razonar y controlar nuestros impulsos y tendencias negativas que nos dominan, nos llevan a una total esclavitud de nuestras pasiones y nuestra tendencia natural tiende a no asumir responsabilidades que impliquen esfuerzo, cambio, mejoría emocional, racional y espiritual.
 
  Por otro lado, la misma comodidad del individuo rechaza asumir con valentía y libertad personal su patrón de vida. Es mucho más fácil dejarse tutelar, seguir las instrucciones que le marcan desde los púlpitos, de los líderes o instituciones humanas que poseen fuertes inclinaciones ideológicas o de poder material, pero cuyos líderes, a veces, lamentablemente ofrecen ejemplos poco edificantes de espiritualidad o esclarecimiento; utilizando los dogmas, la represión, o la restricción a la libertad de pensamiento o la crítica constructiva, creyéndose así mismo poseedores de la “única verdad” y excluyendo al resto de forma manifiestamente sectaria.
 
  Por ello no nos cansaremos nunca de manifestar que, en la libertad de pensamiento, en la ausencia de dogmas, rituales o actitudes sectarias; en la capacidad de análisis y raciocinio, y en el respeto al libre albedrío de las personas encontraremos el inicio del camino que nos lleve a la auto-realización personal.
 
  Siempre insistiremos en este punto, y, entroncándolo con lo que en esta sección nos ocupa, hemos de intentar trasladar estas buenas prácticas al funcionamiento fraterno de los grupos. Además de los postulados doctrinarios, es preciso que las actitudes de respeto al libre albedrío, que la crítica sana y constructiva sea el método de avance y crecimiento en los grupos, amén de la relación fraterna, piedra angular del éxito de toda institución espiritual que se precie.
 
  Es evidente que el conocimiento espiritual, y más concretamente el de la doctrina de kardec, nos abre los ojos a una nueva realidad, a una dimensión de auténtica claridad que ofrece sentido a nuestras vidas y que nos marca el camino de nuestra redención moral y espiritual.
 
  Pero el espíritu científico del maestro de Lyon le llevó a “rechazar 99 verdades antes que aceptar una sola mentira”. Esta es la clave en la que hemos de interpretar el conocimiento de la doctrina en su aplicación a los centros; con ello evitaremos la mixtificación, el fanatismo y el entorpecimiento de las fuerzas contrarias a la evolución de los grupos que permanecen en acecho permanente.
 
  La capacidad de analizar, razonar y someter a examen todo conocimiento que llegue a través de la mediumnidad nos dará la verdadera dimensión de nuestra capacidad de crecimiento o estancamiento en los grupos.
 
  Para ello es precisa una formación inicial sólida y básica en sus principales postulados. Sólida no tiene porqué significar exhaustiva o extensa. Las grandes premisas que la doctrina nos manifiesta son sencillas y fáciles de comprender, pero ante todo, han de partir de la buena voluntad de los individuos por aceptar la crítica en los errores, aceptando que todos nos encontramos en el camino, y por otro lado han de continuar en la tolerancia de todos a los errores ajenos, manifestando así la caridad que se nos exige para con nuestros compañeros.
 
  Así pues podemos distinguir entre el conocimiento básico que la doctrina estructura y nos ofrece y en el cual se deja la puerta abierta al crecimiento y la amplitud:
 
  “El espiritismo, marchando con el progreso, nunca se desbordará, pues si la ciencia le demuestra que está equivocado sobre un punto, se modificará sobre ese punto y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría” Allan Kardec
 
  Y por otro lado se encuentran la informaciones y conocimientos que a través de las mediumnidades han ido enriqueciendo esta doctrina, ampliándola, detallándola, explicándola y llevándola como consuelo y claridad a las conciencias de los hombres libres y responsables capaces de ser valientes enfrentando cara a cara, bajo la premisa de la razón la realidad de sus propias vidas.
 
  Este conocimiento mediúmnico que fluye aquí y allá, que llega en todas partes, que esclarece, consuela e ilumina multitud de centros y personas de buena voluntad, es un conocimiento básico, imprescindible y serio. Como tal hay que tomarlo y como tal hay que exigir a las mediumnidades una preparación, educación y respeto en el desarrollo de su facultad, que les permita convertirse en fieles instrumentos de lo alto, descartando en la medida de lo posible todo animismo y evitando, de paso, la mixtificación derivada de la baja condición moral que atrae por sintonía elementos perturbadores de las sombras.
 
  El conocimiento es pues el punto de encuentro entre los miembros de los grupos, es la clave que nos permite iniciar el camino, continuar de forma ordenada y esclarecida nuestro derrotero espiritual. Por ello es tan importante. Y por ello, si es importante por sí mismo, lo verdaderamente transcendente es cómo lo implementamos, cómo lo tratamos, como lo desarrollamos, y por supuesto, cómo lo divulgamos.
 
  Pocos prestan atención a estas últimas premisas, pero en ellas se encuentra la base de un grupo sólido, con fuertes convicciones espirituales, con conocimientos profundos, con grandes dosis de fortaleza interna, con rumbos claros y ciertos hacia donde dirigir sus esfuerzos.
 
  El propio codificador insistía de forma continua en la necesidad de que los centros y las personas completasen su instrucción; profundizando no sólo en los conceptos de verdad que esclarecen, sino sobre todo, y por encima de todo, en las actitudes que deben derivarse de la comprensión de ese conocimiento, y destacando entre estas últimas y por encima de todas las demás una: la fraternidad entre sus miembros.
 
A.LL.F.

© Grupo Villena 2013
 
 
 
Espíritas: “Amaos e instruiros”
 
Allan Kardec
 
 
 
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