Editorial

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Continuando analizando el  momento en que nos encontramos en nuestra humanidad actual, además de la evidente crisis social, consecuencia innegable de una crisis moral y de principios espirituales, hay un aspecto que sobresale por encima de otros muchos en lo que a diario observamos y vivimos: el avance de la ciencia y la tecnología como “elementos de progreso” nunca antes alcanzados.
 
Remarco lo de elementos de progreso porque esta concepción se haya sometida a un intenso debate en la sociedad actual; los primeros que cuestionan tal postulado son precisamente los científicos,  y más que ellos los filósofos de la ciencia. 
 
Para que un avance científico pueda ser considerado como progreso ha de ser ante todo beneficioso para el hombre, no presentando “contraindicaciones” que puedan poner en duda este concepto. Lo innegable es que la tecnología ha avanzado tanto, que ha conseguido hacer la vida más cómoda, más dinámica, menos traumática en principio. Todavía están por valorar y demostrar muchas de las consecuencias psicológicas, educacionales, sociales y de comportamiento que las nuevas tecnologías, de hace una década hasta ahora, puedan suponer para el hombre.
 
No podemos olvidar que no ha pasado ni una sola generación desde internet, los teléfonos celulares, y que  las redes sociales apenas tienen unos pocos años de vigencia. Se atisban problemas de comportamientos, nuevas patologías relacionadas con el uso de las nuevas tecnologías que hasta ahora no se habían previsto. Problemas que ya analizan los antropólogos, sociólogos y psicólogos sociales.
 
 
Esto no quiere decir que el avance tecnológico sea negativo para el hombre; antes al contrario; pensamos firmemente que a mayor desarrollo científico y tecnológico el hombre podrá realizarse con mayor amplitud, consiguiendo mayores logros de felicidad y satisfacción interior.
 
Pero las nuevas tecnologías  al igual que las antiguas, son herramientas, depende del uso que le demos el que el fin de desarrollo de las mismas sea beneficioso o perjudicial para el hombre.
 
 
Pongamos por ejemplo el gran avance sobre la genética; con el descubrimiento del mapa genético completo y la cadena completa del ADN, que hace apenas 15 años fue anunciado por el presidente Clinton como un hito histórico en el avance de la ciencia y que iba a permitir preparar en el futuro la constitución de una medicina preventiva que evite de antemano multitud de enfermedades cuyo origen potencial y de desarrollo se encuentra en nuestros genes.
 
Estos avances, a nuestro entender extraordinarios, chocan enormemente con fuerzas reaccionarias de todo tipo, religiosas, sociales, científicas, comunidades de todo orden que ven amenazados sus dogmas y principios porque miran únicamente por sus intereses. Esto genera un gran debate, pero la ciencia ni puede, ni debe detenerse; ha de avanzar para procurar el bien común.
 
Y, por poner un ejemplo, si las técnicas de reproducción asistida, ofrecen a multitud de personas en el planeta la posibilidad de ser padres, porqué no avanzar en este sentido y permitir a muchos espíritus encarnar y vivir sus propias experiencias de progreso.
 
Sabemos desde hace mucho que, cualquier avance científico, artístico, social, etc.; ya se encuentra desarrollado mucho antes en el mundo espiritual antes de llegar a la tierra, y si este se permite es para que el hombre avance, para que adopte responsablemente decisiones sobre lo mejor para su especie y para su progreso.
 
Quienes somos nosotros para negar la vida a otros o para procurar que las enfermedades crónicas que todavía no encuentran solución, (cáncer, diabetes, Alzheimer, VIH,etc) puedan encontrar vías de solución y modificar la vida y las oportunidades de los humanos?
 
En la comprensión de las leyes espirituales también sabemos que si en la planificación pre-encarnatoria cualquier espíritu ha de pasar por una enfermedad y esta debe prolongarse, ningún avance logrará curarle totalmente, la terapia será insuficiente hasta que llegue el momento del cambio o la prueba de la enfermedad sea superada por el mérito del individuo.
 
Por encima de las leyes y mecanismos materiales siempre están las leyes que rigen el proceso evolutivo del individuo, vida tras vida, experiencia tras experiencia, con un único fin: el progreso espiritual del mismo.
 
Así pues, los avances científicos y tecnológicos sirven para el progreso del hombre, así como los avances sociales y espirituales. Abramos nuestra mente y comprendamos que, los conceptos de avance y de verdad, llegan a la tierra cuando la humanidad está preparada para aceptarlos, nunca antes, de aquí que, refrendando todo lo escrito podamos remitirnos a la reflexión del gran sabio y filósofo Roger Bacon, que enfrentando la escolástica afirmó:
 
“Un poco de ciencia distancia al hombre de la verdad; mucha ciencia, le acerca a la verdad”
 
Redacción
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