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DONACIÓN DE ÓRGANOS: PROS Y CONTRAS

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Donación de órganos: Pros y contras

El tema que nos ocupa hoy ofrece diversas perspectivas para analizar en función de las creencias, culturas y principios que la persona mantiene. Es bien sabido que, el avance de la ciencia médica, propicia posibilidades de mantenimiento de la vida cuando un órgano o varios impiden llevar una vida digna, recurriendo al trasplante del órgano enfermo por otro procedente de un donante.

La donación de órganos puede realizarse en vida, como ocurre con diversos órganos como las córneas, los riñones, la médula ósea, etc., sin que esto suponga para el donante ningún trastorno más que el de desprenderse de parte de su biología para realizar un acto de caridad que ayuda a vivir dignamente a otras personas necesitadas. En estos casos, y salvo las excepciones propias de las personas cuyas creencias les impiden donarlos; la mayoría de la sociedad no alberga dudas respecto a la idoneidad de esta práctica y a su función caritativa y benéfica.

En el aspecto de las creencias, hay religiones que condenan el trasplante de órganos prohibiéndolos expresamente, mientras que otras lo califican como un acto de caridad.

La bioética, como disciplina encargada de definir lo correcto o incorrecto sobre la vida humana al margen de las opiniones puramente médicas, tiene el enorme reto de responder a preguntas para las que todavía no hay una definición ortodoxa. Preguntas como ¿es correcto el trasplante de animales al hombre? (1), o la siguiente ¿el comercio y tráfico de órganos debe ser legalizado? (2)

No obstante, por paradójico que pueda parecer, donde se presentan las mayores discrepancias en esta práctica, es cuando los órganos son donados a la muerte del cuerpo físico. Donde el donante, cede a la ciencia la posibilidad de utilizar sus órganos vitales para otros inmediatamente después de acontecer el óbito. El término «inmediatamente» es preciso destacarlo, pues los órganos deben ser extraídos del donante sin pérdida de tiempo para poderlos utilizar, ya que el transcurso de las horas los debilita y los vuelve inútiles para el fin de utilizarlos en buenas condiciones.

Ni siquiera hoy, en pleno siglo XXI las disciplinas científicas están de acuerdo al 100% sobre la definición de lo que denominamos «muerte». La neurología y la termodinámica no tienen muy claro que el concepto de «muerte encefálica» sea el único admitido hoy, como lo fueron en tiempos anteriores la ausencia de pulso, el cese de la respiración; la inexistencia de ritmo cardiaco o el registro del encefalograma plano. (El concepto de muerte ha evolucionado con los avances de la ciencia).

Ejemplo de ello es la muerte cerebral: hoy día podemos mantener con vida orgánica, respirando y alimentando artificialmente a personas con muerte cerebral a la espera del momento de trasplante de los órganos. ¿Es esto éticamente reprobable? ¿Dónde situamos pues la línea entre vida y muerte: en el cese de toda función orgánica o en la pérdida de la conciencia? (3)

Desde el análisis de que todo termina con la muerte del cuerpo físico, esta práctica se observa con total claridad, como un acto noble que no perjudica en absoluto a la persona. Pero en la comprensión que nos ofrecen las leyes espirituales, donde sabemos que el periespíritu humano sobrevive a la muerte y que éste necesita de un tiempo prudencial de 72 horas para desligarse de la materia biológica, las repercusiones aparecen, sin duda, afectando al donante.

Estas repercusiones pueden ser graves, leves, inexistentes o incluso necesarias. Todo ello va en función del nivel evolutivo; del grado de progreso espiritual de la persona que dona sus órganos. Es sabido desde hace siglos la imperiosa necesidad del desdoblamiento cuando comienza el proceso del óbito; de desligar los cuerpos psíquicos y espirituales de la materia en el momento de la muerte; y al igual que para el nacimiento precisamos de nueve meses de formación, en el momento de partir, nuestro periespíritu necesita de unas horas para proceder a desligarse por completo de la materia.

Comprendiendo que el periespíritu es un doble de nuestro cuerpo biológico, también posee una réplica orgánica de carácter psíquico que impregna todas nuestras células biológicas; si estas son cercenadas de forma brusca antes de realizar ese proceso de separación de forma natural, el psiquismo sufre determinadas perturbaciones que son trasladadas al espíritu en forma de confusión y retraso de la claridad necesaria al penetrar en el mundo espiritual que le aguarda.

Si la persona está muy materializada; si ha vivido durante su vida apegada a los sensualismos de la materia, dominada por sus pasiones y entregada a la concupiscencia y las sensaciones más groseras, el desdoblamiento del alma es más difícil; más lento, le cuesta entender que existe una vida espiritual y que todo no es material. Cuando esto ocurre, la persona, aunque haya donado sus órganos, le será muy difícil sustraerse a las sensaciones psíquicas de la extracción de los mismos, puesto que sus sensaciones orgánicas, a través del periespíritu no desligado, seguirán llegando a sus centros nerviosos, condicionando la separación tardía del espíritu, y por ende un determinado entorpecimiento para su liberación de la materia, perturbando su mente.

Si la persona ha sido una persona noble, con buenos sentimientos, elevada y dedicada al bien, que ha cultivado los aspectos del amor y la caridad, pertenezca a la religión que pertenezca, su grado de espiritualidad le permitirá desligarse muy rápido del cuerpo físico, esto mitigará enormemente las repercusiones de la extracción del órgano en su periespíritu. Además, como la ley de causa y efecto nos indica, las obras de bien realizadas, generan, por afinidad y sintonía, la compañía de espíritus de bien que se manifestarán en el momento del óbito para ayudar a esa persona, acelerando el proceso de separación, todo ello por los méritos contraídos.

Muchos de estos espíritus, son familiares que le antecedieron en su llegada al mundo espiritual y que acudirán rápidamente a ayudar para que el tránsito apenas sea perceptible; para que, como en un sueño, despierte a la mañana siguiente en el nuevo mundo espiritual lleno de paz, luz, serenidad y equilibrio mental.

No sólo le ayudarán en el tránsito para desligar con rapidez la parte espiritual de la física; sino que pedirán ayuda, a otros espíritus de mayor elevación para que, a pesar de la donación y extracción de los órganos, la persona, apenas tenga repercusión alguna, siendo aceptado y condicionado este acto como uno más de los actos de bien y caridad realizados por la persona en la propia vida física que ahora termina.

En otros casos incluso, estas cuestiones se presentan como parte de una expiación compulsoria que el espíritu necesita para rescatar deudas del pasado y el daño que hizo a otros en vidas anteriores. Esto no es descartable; pues desconocemos con precisión la historia evolutiva de los espíritus, las personalidades que han ido animando en su trayectoria evolutiva y el debe y el haber de cada uno de nosotros. En este caso que mencionamos, puede ser necesaria una expiación de este calibre para terminar de liquidar un saldo negativo que nos permita acceder al nuevo plano de vida sin ningún tipo de carga adicional; habiendo purificado y drenado nuestra alma de los fluidos mórbidos acumulados por nuestras deudas del pasado.

Cuando entendemos que somos inmortales, y que la vida del espíritu es una sola y se manifiesta en diversas existencias y reencarnaciones, comprendemos también que entre una y otra experiencia en la materia permanecemos un tiempo en el mundo espiritual recomponiendo nuestras fuerzas; analizando nuestra trayectoria evolutiva y preparando una nueva encarnación que nos permita seguir avanzando hacia la plenitud y la felicidad; destino final para el que el hombre fue creado por Dios.

Si las antiguas tradiciones de la india y china, recomiendan la incineración del cuerpo una vez pasadas 72 horas no es por casualidad; sino que todo ello es el periodo necesario para una buena separación de la psique de la materia en términos generales. Arriba hemos explicado algunas particularidades, pues nadie desencarna igual, todos tenemos un proceso individualizado en función de nuestro adelanto evolutivo, nuestros compromisos espirituales y la forma en que hemos vivido.

Sea como fuere, el acto de la donación de órganos, cuando se hace con nobleza y con deseos de ayudar es un acto de caridad que eleva al espíritu humano y le otorga méritos para su posterior entrada en la vida espiritual.

Todo aquello que hacemos por los demás de forma desinteresada, altruista y caritativa es un punto a nuestro favor en la elevación de nuestra alma, y con ello recuperamos la iniciativa de nuestra redención moral.

Pero este hecho, no debe hacernos olvidar que la trascendencia del fenómeno de la muerte física, es algo más sencillo de lo que pueda parecer. Y puesto que somos inmortales, la muerte real no existe, esta es la gran conclusión que debemos entresacar de todo ello: como bien demostró el maestro Jesús de Nazareth, al presentarse a sus discípulos en toda su majestad espiritual, tres días después de haber sido crucificado.

Donación de órganos: Pros y contras por: Antonio Lledó Flor

© 2015 Amor, paz y caridad

 

¿Qué es estar vivo? (…) Estar vivo es… Dar vida. Dar vida a los que te rodean, recuérdalo.

Albert Espinosa (Escritor, Ingeniero, Director de Cine)

(1) Desde nuestro punto de vista, todo avance que permita al hombre mejorar sus condiciones de vida es positivo; siempre y cuando esto no suponga perjuicio, sobre-explotación o esclavitud de otras especies como los animales.
(2) Hay quien defiende el tráfico de órganos por cuestiones económicas para solucionar las carencias de pobreza y las necesidades de los ricos. Moralmente es inaceptable; siendo así que este aspecto contribuye a incrementar la desigualdad y la injusticia. Hay encuestas que demuestran el arrepentimiento de un 70% de los donantes por cuestiones económicas a los 5 años de haberlas realizado.
(3) El límite entre la vida y la muerte se sitúa en el abandono del cuerpo del principio inteligente (alma, espíritu, mente o conciencia). Hasta que este hecho no se produce, el ser humano sigue viviendo aunque sea de forma vegetativa, artificial o de cualquier otra índole.

PARADIGMA DE AMOR Y FUERZA

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El amor; fuerza extraordinaria e inigualable, sólo puede experimentarse en su perfección y potencia a medida que el ser se integra, alcanza la plena conciencia, se identifica con el universo, con el todo, con las fuerzas de la naturaleza en las que se incluyen también los demás seres humanos.

Nadie puede comprender el amor de forma profunda sino se encuentra primero a sí mismo, sino es capaz de amarse a sí mismo en primer lugar, queriéndose, auto estimándose y valorando la esencia divina que todos llevamos dentro y que no es otra cosa que nuestro espíritu inmortal.

Esta chispa divina, esta alma encarnada, cuenta para su desarrollo, de esta fuerza incomparable del universo, que es el amor; capaz de todas las realizaciones, ante la que no existe poder que se oponga, pues viene directamente de Dios; o si queremos, de sus intermediarios, aquellos espíritus de elevada condición que nos protegen, que nos inspiran, que nos ayudan en todas las épocas de la humanidad. Aquellos desconocidos que ayudaron en el progreso de las ciencias, de las artes, de los avances sociales y espirituales que han hecho avanzar este planeta junto a los hombres receptivos a sus inspiraciones.

La expresión del amor varía en función de la evolución de las humanidades; a mayor progreso, mayor presencia del amor en las civilizaciones y sociedades. Esto, aunque nos cueste entenderlo por nuestro escaso adelanto evolutivo, es ley inmutable que rige en todos los mundos habitados, en todas las civilizaciones que pueblan el cosmos y que, al igual que nosotros, caminan de forma extraordinaria hacia su plenitud y felicidad personal.

En aquello que no comprendemos todavía, porque no lo hemos vivido, necesitamos paradigmas, ejemplos en los que apoyarnos para comprender su magnitud, su magnificencia y poder. Tomemos como paradigma y ejemplo al ser que más amó en su paso por la tierra; el maestro Jesús de Nazareth. Ese ser angélico, perfecto, que supo manifestar en su ejemplo y su palabra la magnitud del amor divino. La fuerza que impregna el universo y lo hace avanzar.

Él; paradigma de sabiduría y de amor sin medida, supo entender como nadie la fragilidad de la mente humana, sus debilidades y carencias; y, a pesar de ello, no dejó de manifestar que todos, absolutamente todos, estamos en el mismo camino, y que lo que él hacía, todos podemos hacerlo si seguimos sus pasos.

Él amaba y se elevaba; perdonaba y se entregaba; estaba en el mundo al tiempo que desconectaba de él, en perfecta conjunción y sintonía con la frecuencia divina. Y, participando de su fuerza creadora, colaboraba con ella, interpenetraba las conciencias, leía las aflicciones del espíritu milenario, ofreciendo el auxilio profundo a cada ser y llamando a la luz interior de cada uno disipando la oscuridad, consiguiendo rescatarla en lo más profundo del alma humana.

Él era el amor encarnado, la fuerza de Dios en la tierra, implementada en sus actos, vertida en su palabra, ejemplificada en su obra y en su sacrificio. Todo en él era luz entre las sombras, claridad entre la bruma, camino expedito y naturaleza abierta hacia las profundidades del ser. Pero siempre, regido en su conducta por el Amor, la auténtica religión del hombre, pues es el único camino que nos «religa» a nuestro creador, Dios.

Este paradigma de amor sin límites, de perdón sin límites, de humildad sin límites, ha sido comprendido mínimamente. Todos se afanan en explicarlo, todos quieren comprenderlo con razones, argumentos, teologías, etc. sin darse cuenta que a él no se le comprende, sólo se le acepta y se le entiende pálidamente viviendo como él vivió: amando a sus semejantes como a uno mismo.

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…. «Lo que yo hago vosotros también podéis hacerlo, es preciso querer y esforzarse por conseguirlo…..»

Jesús

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Hagamos de nuestra vida esta virtud, este paradigma extraordinario del amor como la base de nuestro comportamiento diario: de nuestros pensamientos diarios, de nuestras emociones diarias. Así, sólo así, comprenderemos la grandeza de esta fuerza grandiosa, que no es un sentimiento, no es una emoción más; es la base de la creación divina.

Es el sustento poderoso que subyace en todo lo que existe; que une planetas, que crea las supernovas, que forma los universos físicos y espirituales; que nos transporta con igual facilidad al conocimiento profundo de nosotros mismos, de nuestro ser inmortal, como al del universo que nos rodea, hasta identificarnos con el todo, con aquello a lo que no podemos renunciar, pues formamos parte de ello: la creación divina.

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«La materia física es hija de los reinos espirituales; toda realidad que este mundo posee, se debe a los mundos de arriba»

Dr. Eben Alexander- Libro: El Mapa del Cielo

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Esta identificación no supone pérdida de individualidad, sino más bien al contrario; significa esencialmente expansión de nuestra conciencia. A mayor identificación con la obra divina, mayor capacidad personal e individual para entender la creación y colaborar con Dios en el proceso evolutivo de los mundos y las civilizaciones.

El hombre se siente orgulloso de sí mismo; se ve a sí mismo como la cúspide de la evolución en el universo, como la raza superior que intenta dominar y comprender todo; cuán lejos está de la auténtica realidad de la vida y de la verdad. A medida que vamos creciendo espiritualmente, comprendemos que el ser humano es una etapa evolutiva más, una circunstancia necesaria para alcanzar estados más perfectos de evolución, donde la capacidad de amar y comprender es tan inmensa que apenas la vislumbramos.

¿De dónde creemos que proceden estos grandes seres que han venido a la tierra a dar ejemplo y marcar caminos de progreso a la humanidad? Vienen de otras esferas, de otros planos de vida, más elevados, incomprensibles para nosotros, todavía seres imperfectos, pero, al igual que ellos, todos llegaremos a esas áreas de felicidad y plenitud, mediante el esfuerzo y sobre todo «el amor».

¿Cómo definirlo? ¿Cómo vivirlo? ¿Cómo sentirlo? Es una dirección de doble sentido, al mismo tiempo que amamos, lo recibimos, al mismo tiempo que perdonamos, nos perdonan, al mismo tiempo que practicamos diariamente con la bondad y la caridad, estas llegan a nuestra vida centuplicadas en el momento necesario.

Demos las gracias; nunca debemos cansarnos de expresar gratitud hacia nuestro creador; hacia el ser que todo lo puede, hacia la causa primera de todas las cosas, la inteligencia suprema que a todos nos ha creado por amor. Y siempre es el amor el que nos rescata de las deudas, de las aflicciones, del sufrimiento y de la debilidad. Incluso en las etapas más sombrías de nuestra trayectoria evolutiva; ante los más horrendos crímenes, ante los corazones más endurecidos, la única fuerza que derriba los muros de la crueldad, de la venganza, del odio y de la ira es el amor, en sus dos acepciones principales: la caridad y la compasión.

Cuando la inmortalidad forma parte de nuestra esencia, creamos o no en ella, queramos o no queramos, nuestros sentidos físicos son incapaces de abarcar la grandeza del amor que nos otorgó esta dádiva. Nada, absolutamente nada es capaz de detener la fuerza del amor: ni la muerte (que no existe), ni el dolor, ni el sufrimiento, ni la infelicidad.

Si queremos participar de la obra divina, de la esencia más pura del universo, del todo físico y espiritual en el que vivimos: amemos…a nosotros mismos, a los que nos rodean, a la naturaleza, a los animales, a los enemigos, a los que sufren, a los desheredados, a los que nos ofenden, a los que nos vilipendian, a todos aquellos que, en su atraso evolutivo, todavía mitifican el reino del egoísmo y la naturaleza inferior. Todos hemos pasado por esas etapas y todos necesitamos del perdón, pero sobre todo del amor interior para regenerarnos.

Retomemos el ejemplo del incomprendido maestro galileo; el ser de luz que a todos dirige en este planeta, y amemos como él lo hacía, como él lo definió:

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…»mi religión se reduce a amar a todos mis semejantes como a mí mismo, lo cual me obliga a hacerles todo el bien posible, aunque el cumplimiento de este deber llegue a costarme la vida»…

Jesús de Nazareth

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Antonio Lledó Flor

2015 Amor, paz y caridad

FACULTADES EN LOS NIÑOS

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Facultades mediúmnicas en la infancia

Nos encontramos ante un tema complejo en el que no siempre se explica con claridad de detalles la influencia, positiva o negativa, correcta o incorrecta, que una facultad mediúmnica puede ejercer sobre los menores de edad.

Es sabido que, a lo largo de la historia muchos han sido los casos de niños prodigio que han asombrado al mundo por su precocidad en distintos conocimientos y disciplinas del saber humano.

En ocasiones se comenta al respecto la influencia de las reencarnaciones prematuras para explicar los casos de estos niños que han asombrado al mundo con sus asombrosas cualidades. Bien es cierto que la mayoría de las veces son pruebas irrefutables que el mundo espiritual proyecta hacia el mundo físico para que los humanos, materializados e inmersos en la descreencia religiosa, nos preguntemos de dónde vienen los conocimientos y habilidades de los niños prodigio. El ofrecernos la oportunidad de reflexionar sobre una vida posterior a la muerte y sobre el origen del hombre son, a nuestro entender, las causas principales que provocan estas circunstancias.

Pero, al igual que muchas veces se explica este fenómeno con rotundidad, tampoco está desacertado el argumentar que, muchos de estos genios precoces y de corta edad, lo son, porque tienen despierta la sensibilidad psíquica precisa que les hace receptivos al plano espiritual, desde donde reciben todo aquello que es capaz de asombrar a los demás. Si a esto unimos las aptitudes que traen de vidas anteriores, donde ya destacaron en esas disciplinas, tenemos formado el puzzle que explica la facilidad de su talento. Son facultades mediúmnicas desarrolladas que desde corta edad vienen a ofrecer un ejemplo a la humanidad.

Ante este ejemplo cabe preguntarse ¿es cierto pues que las facultades mediúmnicas en los niños pueden ser beneficiosas más que perjudiciales? Al igual que en las personas adultas, cuando la facultad se despierta en un niño, si éste no tiene la instrucción y conocimientos necesarios que le permitan desarrollarla con normalidad, muchos serán los problemas que se le presentarán. Y concretamente en el caso de los niños el caso adquiere un mayor agravante, pues, incapaz de conocer con exactitud la realidad que le rodea como los adultos, mucho menos sabrá valerse en el terreno de la mediumnidades si no cuenta con el asesoramiento necesario de padres, tutores o personas informadas e instruidas en el tema.

Constantemente se dan casos de niños con graves problemas psicológicos, cuyo origen principal, es el desconocimiento de los padres de que su hijo posee una facultad mediúmnica. El miedo, la ansiedad, los cambios bruscos de temperamento sin control alguno, la agresividad hacia las personas más queridas; son algunos de los síntomas que manifiestan los niños cuando se les despierta la mediumnidad.

Indudablemente, el niño no tendrá problema alguno a la hora de ir desarrollando paulatinamente las facultades que sean precisas, si los padres estuvieran bien informados acerca no sólo de la educación académica sino también de la educación espiritual y mediúmnica necesaria. No debemos olvidar nunca que, son las protecciones espirituales las que realizan el desarrollo de las facultades, y cuando ellas creen conveniente el desarrollo de una facultad a corta edad es porque ese espíritu necesita espiritualmente esa experiencia en la existencia que le ha traído a la tierra.

No todo son inconvenientes en el desarrollo mediúmnico a corta edad, sino que existen igualmente grandes ventajas que no poseen los adultos que despiertan a la mediumnidad en otras edades. El niño tiene la ventaja de que los protectores espirituales, irán adaptando a su capacidad y desarrollo físico-psicológico, el proceso de evolución mediúmnica, tanto es así que, en los niños que se educan en ambientes positivos y con conocimientos espirituales precisos acerca de estos temas, el desarrollo es rápido y sin ningún tipo de experiencias desagradables, lo que facilita la complacencia y disposición del niño a trabajar con su facultad, tan pronto ésta se encuentra terminada.

Es realmente prodigioso poder contemplar la facilidad, la limpieza y los resultados de las facultades que poseen los niños que están preparados realmente para ejercitarlas. Los adultos, a pesar de tener mayor conciencia de la realidad material que nos rodea, contamos con más impedimentos a la hora de realizar nuestro trabajo mediúmnico con una total limpieza.

Los niños, por su ingenuidad en unos casos o ausencia de malicia en otros, suelen ejercitar sus facultades con mayor limpieza y nobleza que los mayores. Aunque no en todos los casos ocurre así; pues a veces vemos a niños con facultades mediúmnicas impuestas, que nos ofrecen cuadros de dolor y sufrimiento agobiantes, no sólo para ellos, sino para los padres y los que les rodean. Comprendiendo las leyes de causa y efecto comprobamos que estas facultades son necesarias para el progreso de esos espíritus rebeldes y atrasados que no quieren comprender el camino espiritual del amor al prójimo y a Dios.

Las deudas del pasado son la causa primera de las facultades impuestas, y así en los niños, estas deudas son mucho más difíciles de admitir por los que les rodean; pues no comprenden la causa de que su hijo o hija haya de pasar por tales sufrimientos y desequilibrios.

Cuando la mediumnidad es voluntaria o natural, el desarrollo en los niños es por lo general placentero; no sin tener alguna que otra prueba que despierte la sensibilidad y llame la atención de los padres acerca de las facultades del hijo. La labor de los padres en estos casos, es no sólo vital e imprescindible, sino que de desarrollarla bien o mal, podemos desviar del camino recto en una existencia a un espíritu que viene a la tierra con una facultad para progresar más y mejor.

Los padres y educadores, no sólo han de ser sensibles a la educación material, intelectual o espiritual del niño, sino que deben estar pendientes de sus reacciones y actitudes para orientarle adecuadamente y con claridad en aquellas cuestiones que vayan surgiendo en su desarrollo mediúmnico; haciéndole comprensible para su edad los objetivos de su facultad y la mejor forma de ponerla al servicio de los demás.

El niño, dependiendo de la edad en la que se encuentre, será más o menos receptivo a estos consejos: no obstante si va adquiriendo el hábito de ayudar a los demás a través de su mediumnidad, el día de mañana se convertirá en un importante divulgador de esta práctica, e irá transmitiéndola a los demás con sencillez y naturalidad.

Así pues, lejos de representar un inconveniente el desarrollo mediúmnico en los niños, cuando éste es espontáneo y natural, nunca forzado, podemos decir que se trata de una importante ayuda de progreso que se le brinda a ese espíritu y a los que le rodean; para que vayan asimilando y comprendiendo las leyes que rigen el proceso evolutivo del espíritu y el auténtico significado de la vida en la tierra.

Una mediumnidad si se realiza bien y se cumple con sus objetivos, representa un alto contenido espiritual de amor y sacrificio hacia la humanidad; si además ésta se desarrolla en corta edad y desde entonces se lleva a la práctica, el beneficio sublime de progreso espiritual para ese espíritu que la posee puede ser inmenso.

Lo que nunca podemos, ni debemos hacer, es forzar el desarrollo de una facultad en un niño; esto sí es particularmente peligroso, pudiendo sobreexcitar la imaginación frágil y el desarrollo psicológico del niño si la mediumnidad no aparece de forma natural. Así pues, abstengámonos de buscar en los niños cualquier facultad que no se presente de forma espontánea y natural; realizando un prudente estudio previo para detectar con claridad si se trata de auténticos fenómenos mediúmnicos o por el contrario los síntomas obedecen a trastornos psicológicos o de personalidad que también existen y se producen con frecuencia.

En la prudencia; el conocimiento preciso del tema, y el sentido común de los padres, deberemos forjar nuestros criterios para, en unos casos, evitar reprimir el normal desarrollo espiritual de una facultad, plenamente manifestada, con un propósito de progreso y evolución y en otros confundir síntomas derivados de otro origen que precisan de otras terapias psicológicas o médicas que ayudarán al niño en su desarrollo y crecimiento en la vida.

Antonio Lledó Flor

2015  Amor, paz y caridad

EL ABORTO: ¿CUESTIÓN DE CONCIENCIA?

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El aborto: ¿Cuestión de conciencia?

«La conciencia de la madre durante el embarazo, es la ocasión para reactivar los esquemas psíquicos preexistentes en la psique del niño a consecuencia de sus vidas pasadas».

Roger J Wollger- Psicoanalista Libro «Otras vidas, otras identidades»

Sirva esta cita del Dr. Wollger para ilustrar una de las muchas investigaciones que están realizándose sobre la conciencia pre-natal y su más que evidente realidad antes de la concepción de la primera célula embrionaria.

Sin duda lo traemos a colación puesto que, con los grandes avances de la embriología y la genética en la última década, los científicos más prestigiosos dentro de este campo se encuentran con el reto de colocar el debate sobre el aborto más allá de dónde hasta ahora se había situado.

En este campo, de notable repercusión moral y de conciencia; donde tanto influyen las concepciones religiosas y las creencias particulares de cada cual, también de los propios investigadores, es muy necesario adoptar la actitud de observador de los hechos, sin subjetividades que enturbien nuestro análisis y que nos acerquen cada día más a una realidad que la ciencia ya demuestra.

El hecho cierto es que hasta ahora existían dos posturas bien diferenciadas; las que consideraban al feto como un ser humano, integral, real, individual y con conciencia propia desde el momento de la concepción; y la contraria, la de aquellos que únicamente entreveían en el desarrollo del feto la formación biológica del embrión, heredada de la evolución de la especie, dejando su aspecto humano, consciente y como persona integral a partir del nacimiento del niño.

Generador de enormes controversias, este tema precisa de una tercera vía; aquella que viene a ilustrar los principios evolutivos del ser humano y que dejamos en manos de la ciencia espiritual sin desdeñar el avance científico. Esta tercera vía, basada en concepciones espirituales exentas de fundamentalismo religioso, consigue aunar criterios científicos y espirituales; al tener como objeto de estudio la misma cosa: LA VIDA ANTES DE LA VIDA DEL PSIQUISMO HUMANO; del alma humana, antes de formar un cuerpo biológico que irá formando a su imagen y semejanza, adaptado a una serie de leyes fisiológicas, psíquicas y espirituales, no por desconocidas para algunos, no menos trascendentes.

Cuando la vida tiene el horizonte temporal de una sola existencia y no se contempla la posibilidad de un pasado anterior; donde ya se ha vivido y experimentado con anterioridad, es lógico que se aborden los planteamientos desde esta única óptica con fines utilitaristas, pragmáticos, egoístas o de simple capricho personal.

Ante esta cuestión se justifica la interrupción voluntaria del embarazo por distintas causas; causas que, para el que las sostiene, son totalmente válidas y coherentes; veamos tres de las que más se argumentan:

1.- Precariedad económica al no poder sostener con una vida digna al hijo que viene.

2.- Embarazo no deseado fruto de una violación, abuso sexual, u otra razón aparentemente justificable.

3.- Libertad de la madre para hacer de su cuerpo lo que realmente desee.

Contestaremos a estas objeciones para abortar recomendando el Test para la Reflexión (1) que incluimos al final de este artículo, donde ustedes mismos podrán responderse sobre las objeciones citadas.

No obstante, ampliaremos las respuestas que ustedes mismos se contestarán incluyendo la explicación que desde el conocimiento nos ofrece la ciencia del espíritu, y más concretamente, la que ofrece la filosofía espirita de Allan Kardec. Aquí se afirma que el espíritu viene a la tierra con un compromiso de realización y experiencias, y que la vida no es patrimonio de los padres, ni siquiera de la madre que desarrolla en su viente el embrión que dará origen a un nuevo ser humano. La vida pertenece a Dios; y toda responsabilidad de nuestros propios actos para con otros espíritus que necesitan de una nueva vida es muy importante; quedando en el debe o en el haber de nuestro trayecto evolutivo, creando así responsabilidades y condiciones de dicha o de sufrimiento para el día de mañana.

...»Necesario es tener presente que, unido al feto, hay un alma que viene a la vida humana con un programa a realizar que necesita para su evolución…El aborto provocado es un crimen; y si el espíritu que reencarna es un ser bondadoso, perdonará y buscará otros padres, pero si no lo es, quizá pueda llegar a vengarse provocando trastornos psíquicos e incluso esperar a sus padres en el momento de la muerte física para vengarse» Sebastián de Arauco – Libro: «Tres Enfoques Sobre la Reencarnación»

Es importante distinguir entre el aborto voluntario del involuntario. El primero es al que nos referimos en este artículo. Cuando el embarazo es aceptado y se produce un aborto involuntario, sin ser causa de accidentes, imprudencias o irresponsabilidad de la madre, las causas son de otra índole muy diferentes desde el punto de vista espiritual. En este último caso, las causas suelen derivarse de pruebas específicas que los padres aceptan antes de encarnar, o bien de expiaciones por deudas del pasado del espíritu que intenta reencarnar o incluso de  los padres.

Una de las explicaciones más plausibles respecto al aborto involuntario, y sin que pueda generalizarse en todos los casos, hace referencia a la actitud de los padres actuales en una vida anterior; en la que practicaron con asiduidad el aborto; y ante el reconocimiento de su error, en la vuelta de nuevo a la tierra mediante la reencarnación han desarrollado un sentimiento de profundo respeto por la vida; con  lo cual regresan con el enorme deseo de ser padres. Y sin embargo, a pesar de no existir impedimentos biológicos de importancia, sufren varios abortos involuntarios como consecuencia de las causas que sembraron anteriormente. Ante esto, y en muchos casos, la necesidad de procrear se vuelve casi obsesiva, hasta el punto de convertir la idea de ser padres en el eje central y el propósito principal de su vida.Cuando esto acontece, ocurre como con cualquier contrariedad en la vida de la que desconocemos con exactitud su causa, y sólo queda aceptar, de buen grado y sin rebelarse, la incidencia; continuando la vida hasta que esta ofrezca una nueva oportunidad de volver a engendrar un hijo; resultado que acontece con mucha frecuencia después de varios fracasos anteriores.

Y retomando el tema del aborto voluntario y consciente por parte de los progenitores, es conveniente precisar algunas cuestiones que sin duda los lectores pueden preguntarse. Cuestiones tales como las que reseñamos a continuación y que detallamos de forma textual con las respuestas que el mundo espiritual ofreció a Kardec (2):

A) ¿Qué hacer si la vida de la madre corre peligro si el niño nace?
R: Resulta preferible sacrificar al ser que no existe y no al ser que existe.

B) ¿Sea cual sea el mes de gestación; es un crimen el aborto provocado?
R: Es un crimen porque se transgrede la ley de Dios, ya que ello equivale a impedir al alma que afronte las pruebas cuyo instrumento debería ser el cuerpo físico

C) ¿Cuáles son las consecuencias del Aborto para el espíritu que no llega a nacer?
R: Una existencia nula, que habrá de reiniciarse

Además de ello; aquí podríamos igualmente mencionar las consecuencias del aborto para los padres. En el caso concreto de la madre está demostrado que, después de un aborto provocado los estados depresivos hacen su aparición en un porcentaje muy elevado; todo ello debido, sin duda alguna, a la cuestión psicológica de la «conciencia de culpa» que toma forma en el psiquismo de la madre, y en algunos casos llega a producir verdaderos estragos en la salud mental y emocional de la madre.

Esta conciencia de culpa tiene su origen en el compromiso espiritual que la madre tenía para con el «no nacido», y que, aunque ella no lo recuerda conscientemente, su espíritu sí es plenamente consciente de esta responsabilidad adquirida,  y de forma inconsciente aflora a través de su mente, el remordimiento interior de la falta cometida, de la oportunidad de progreso negada a otro ser con el que existen vínculos anteriores.

Si es el padre el inductor del aborto, puede ocurrir exactamente lo mismo; aunque la madre, siempre puede ejercer su voluntad y libre albedrío para impedirlo. No obstante, si cede a la imposición o el chantaje del esposo, se convierte en cómplice, aunque contando con el atenuante de que en su fuero interno deseaba tener ese hijo.

Sea como fuere, el tema del aborto, de amplias repercusiones éticas, sociales, religiosas, psicológicas y espirituales, es sin duda una cuestión de conciencia; en la que las personas que han de tomar decisiones al respecto deben estar informadas de los pros y los contras que su opción les puede suponer.

Por ello, en esta ocasión, les hemos brindamos las respuestas y planteamientos que sobre este tema tan delicado nos ofrece el conocimiento espiritual, con el  sorprendente paralelismo de las confirmaciones de la ciencia sobre la vida prenatal del psiquismo humano; tal y como hemos leído al inicio de este artículo.

Nos mueve en este caso la intención de que, por ustedes mismos, amplíen sus conocimientos sobre ello, y a la vista de sus propias reflexiones, adopten las decisiones que consideren más adecuadas, sabiendo de antemano las repercusiones posteriores ,que un acto de tal naturaleza, puede tener para su persona y su felicidad o desdicha futura.

(1) TEST PARA LA REFLEXIÓN

¿Qué harías si te encontraras en alguna de estas situaciones?

1.- El padre es asmático, la madre tuberculosa. Tuvieron cuatro hijos, el primero es ciego, el segundo es sordo, el tercero esta muerto y el cuarto tiene tuberculosis. La madre esta embarazada de nuevo. ¿Recomendarías el aborto en esta situación?

2.- Un hombre blanco viola a una niña negra de 13 años y está embarazada. Si fueras el padre de esta joven, ¿Le recomendarías el aborto?

3.- Un predicador y su esposa quienes enfrentan problemas económicos muy fuertes, ya tienen 14 hijos, son realmente pobres. Considerando su extrema pobreza, ¿Recomendarías que la esposa abortara su decimoquinto hijo?

4.- Una joven esta embarazada; no esta casada y su prometido no es el papá del niño que esta esperando. ¿Le recomendarías que abortara?

SI contestaste «SI» en alguna de las situaciones anteriores lee lo siguiente:

1.- En el primer caso el mundo no hubiera conocido a Ludwing Van Beethoven.

2.- En el siguiente caso Ethel Walters, una de las cantantes negras más famosas de todos los tiempos nunca hubiera nacido.

3.- En la tercera situación hubieras aniquilado a John Wesley, uno de los más grandes predicadores del siglo.

4.- Y en el cuarto caso hubieras quitado a Maria y a todo el mundo el regalo más precioso de toda la humanidad: JESUS DE NAZARETH

El aborto: ¿Cuestión de conciencia? por: Antonio Lledó Flor

2015 © Amor, paz y caridad

(2) Allan Kardec en el Libro de los Espíritus – Ítem 357-359

CRÓNICA XVI JORNADAS AIPE

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«El despertar de la humanidad»

Del 2 al 4 de Abril de este año, se han celebrado en Orense, las XVI Jornadas de Integración Humana organizadas por la Asociación para el Conocimiento Espiritual de Orense (ACE) que esta institución, adherida  a AIPE, organiza cada año. Respondiendo a una afectuosa invitación de su organizadora, Dª Rosa Outeriño, una representación del Grupo Villena se desplazó a esta lejana ciudad española para participar de dicho evento mediante una conferencia y las aportaciones que se hicieran precisas a la hora de colaborar con estos divulgadores incansables de las ciencias del espíritu.

Nuestra satisfacción se vio complementada por el reencuentro de viejos conocidos y trabajadores desinteresados en la obra del bien y del estudio de la espiritualidad superior. Pudimos disfrutar de unas jornadas interesantes de aprendizaje, colaboración, confraternización y mucho diálogo.

Además de ello, se realizaron interesantes conferencias por destacados estudiosos de las ciencias del espíritu y de las disciplinas científicas más diversas. Allí contamos con exposiciones por parte de Psicólogos Clínicos que nos hablaron de la Inteligencia Espiritual y emocional. De profesores que expusieron los nuevos límites de cambio y transformación que estamos viviendo y de cómo afectan a la conciencia del ser humano. También participaron estudiosos del campo del espíritu bajo la óptica de la ciencia médica y de filósofos que expusieron con nitidez las preguntas y respuestas trascedentes para una vida plena de significado y propósito.

De todo ello aprendimos; ya que, los lazos de amistad y fraternidad que nos convocaron fueron reforzados para eventos posteriores que sin duda se realizarán con mayor éxito. Desde aquí damos nuestra enhorabuena a los organizadores del evento; A.I.P.E., que, a pesar de las dificultades, vienen demostrando su constancia y fuerte voluntad en la divulgación y el estudio de la realidad de la vida bajo parámetros de racionalidad, imparcialidad y criterio. Sin renunciar por ello a disipar la ignorancia, fuente de todos lo males, respecto a la inmortalidad del alma, la del progreso espiritual y la confianza en un Universo regido por la causa primera e inteligencia suprema que a todos nos convoca a la evolución y el cambio por mejorar.

Grupo Villena

 

2015, Amor, Paz y Caridad

CAUSA Y JUSTICIA: RESPUESTA A LA DESIGUALDAD

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Hoy ponemos a su disposición  la conferencia: Causa y justicia que Antonio Lledo ofreció en las XVI JORNADAS DE INTEGRACIÓN HUMANA, acontecimiento celebrado en la ciudad de Orense  desde el 2 al 5 de abril. En ella se dan explicaciones sobre las causas biológicas, psicológicas y espirituales de las desigualdades humanas. El origen interno de las consecuencias. El sufrimiento como inherente a la imperfección del espíritu. La importancia de las emociones y los pensamientos. La conciencia, la responsabilidad personal,etc.

Redacción

MENTE, CONCIENCIA Y ESPÍRITU

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Si hay algo de cierto en la «realidad» que a todos nos toca vivir es que lo único de lo que no podemos dudar es de nuestra propia existencia; pues como bien decía Descartes en el siglo XVII: «pienso, luego existo». A partir de aquí, todos aquellos factores que percibimos como realidad pueden ser subjetivos, pero no por ello inexistentes.

La capacidad de observación y la experiencia son las claves que permiten al ser humano comprender su entorno y todo aquello que forma parte de su vida, y, aunque como decía Nietzche: «no existen hechos, sino interpretaciones», el ser humano observa la realidad, y comprueba por sí mismo, cómo se ve afectado por los cambios y las condiciones que le afectan y se producen a su alrededor. Si todo lo sustentamos desde el punto de vista del relativismo, comenzaremos por negar hasta nuestra propia existencia, algo bastante alienante, pues no podremos dar explicación alguna de lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Partiendo pues de nuestra propia percepción, y como bien definen los científicos innovadores de la conciencia y la mente humana: «sólo hay dos cosas inmateriales que existen por sí mismas: el pensamiento y las matemáticas». A lo que habría que añadir un tercer aspecto como la emoción. El pensamiento y la emoción han sido objeto de controversia entre psicólogos, psiquiatras y neurólogos aún hoy en día. Unos afirman que el primero precede a la emoción, otros, que es resultante de la misma.

El orígen de ambos, pensamiento y emoción era situado por los psiconeurólogos en el cerebro. Pero esta afirmación ya ha sido refutada por los últimos experimentos realizados por el eminente neurocientífico Richard Davidson; quién en su laboratorio de neurociencia afectiva de la Universidad de Wisconsin analiza el cerebro con las últimas tecnologías al alcance de muy pocos, las RMNF(1) y los valores de las EEG(2), esto le permite detectar con la precisión de milésimas de segundo, los cambios y modificaciones neuronales que se producen en el cerebro y en qué área se ubican dentro del mismo en relación a los procesos cognitivos originados por  la mente.

Esta investigación fue la consecuencia de la pregunta que le realizó el Dalai Lama a su laboratorio durante un proyecto de investigación acerca de la meditación y el poder de la mente. La pregunta fue la siguiente: ¿Puede vd. afirmar con total seguridad que, antes de que se produzca un cambio en el cerebro, se ha producido un pensamiento?

Todo pues encamina a la ciencia de la mente, el cerebro y la conciencia a converger en el hecho de que el cerebro es el órgano receptor de los pensamientos, pero no el que da origen a los mismos; situando este en la mente del ser humano y en su capacidad de cambio y transformación. Este mismo investigador, ha podido demostrar la plasticidad cerebral, desterrando el mito de que al nacer tenemos ya el equipamiento neuronal necesario; antes al contrario, el cerebro adapta su capacidad neuronal, se transforma y constantemente mueren y nacen nuevas neuronas y nuevas sinápsis neuronales que conectan nuestras células cerebrales en función de nuestra actividad mental.

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«La experiencia y el aprendizaje modifican nuestro cerebro. La neurología no puede confirmar que nuestra conciencia se encuentra circunscrita a nuestro cerebro»

Daniel Góleman – Autor del Bet seller «Inteligencia Emocional»

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Entre otros descubrimientos de apenas un lustro, los fundamentos cerebrales del pensamiento y las emociones ya pueden ser catalogados con enorme precisión en cuanto a su aparición y funcionamiento en el cerebro.

A cada avance que se opera en neurología, psiquiatría o psicología transpersonal, la existencia en el hombre de una conciencia, mente, psique o alma, se muestra más patente, más evidente, como motor del auténtico ser pensante, como verdadero inductor de los procesos cognitivos, afectivos, emocionales y de todo tipo que dan como resultado la aparición del pensamiento y sus aparentes efectos en el cerebro humano. Este último aparece como el receptor, modificador, reparador y organizador del «impulso» que la mente humana le transmite.

Si a esto mismo le añadimos las últimas investigaciones sobre la conciencia humana, que la sitúan fuera del órgano cerebral, nos encontramos con una parte psíquica del ser humano con existencia y naturaleza propia lejos del armazón que constituyen los tejidos, los órganos y los elementos del cuerpo físico.

Podemos afirmar pues que la conciencia y la mente son independientes de la parte biológica, pero su actividad (pensamientos y emociones) se plasman, se activan y se desarrollan en el cerebro. El alma se demuestra en este caso unida al ser humano. Pero posteriormente a esta unión, cuando los lazos del cuerpo se rompen, al ser un self independiente, poseedor de existencia propia, trasciende al cuerpo físico y sigue desarrollando su actividad en otros planos desconocidos para la ciencia actual, pero no así para la ciencia del espíritu.

Es pues la realidad del alma la que viene en nuestro auxilio. «Me han acusado de defensor del alma; no fui yo sino Dios mismo quien la defendió» Karl Gustav Jung.

Si profundizamos en el psicoanálisis o la psiquiatría, observamos como desde hace dos décadas el concepto de enfermedad mental está cambiando; anteriormente se definían como «estados alterados de conciencia» hoy; bajo el concepto de Jung, se sigue experimentando sobre fenómenos y trastornos espirituales o místicos cómo el origen de enfermedades como la esquizofrenia, la epilepsia, las neurosis, etc..

Tanto es así que hasta el propio Stanislav Groff, impulsor de la psicología transpersonal (*) ha logrado modificar el concepto, y, cambiando sólo una palabra de su sitio, acuña el término de «estados de conciencia alterada» para definir el trance, las esquizofrenias, y otras patologías mentales cuyo origen lo sitúa en el campo trascendente del ser humano, en sus traumas infantiles o de existencias anteriores y en la conciencia de culpa originada en el pasado del paciente, concretamente, en una vida anterior, en su infancia o vida intrauterina, e incluso en los fenómenos obsesivos y de orden mediúmnico.

La respuesta a la incógnita de la mente y la conciencia es sencilla y a la vez profunda. Una vez que la ciencia ha desvinculado estos dos aspectos de la parte biológica en cuanto a su origen; la personalización del ser consciente tiene indefectiblemente una realidad propia, inmaterial, o espiritual, según queramos denominarla.

De aquí a afirmar que nuestra conciencia es un principio espiritual no existe diferencia alguna, y como tal hay que dar por válidas las concepciones que nos hablan del principio inteligente=mente, el subconsciente=conciencia o el alma. Y el «self» inmortal, conciencia o mente superior que es denominado también como espíritu.

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«El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos los caballos.»

Platón (400 a.c.) Filósofo Griego

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Un espíritu que trasciende las vidas físicas para manifestar, con distintas personalidades, una misma individualidad a lo largo del tiempo y el espacio; por ello mismo además de inmaterial es inmortal, pues para este ser no existe el tiempo ni el espacio, al estar constituido en su propia esencia de la misma fuerza que las estrellas, los universos, la energía y la propia vida.

Su esencia es consciencia, y su destino la plenitud y la felicidad para la que la que es creado, asumiendo experiencia tras experiencia la grandeza de su propia individualidad, hasta llegar a la auto iluminación que le conduce, después de miles de años, a la perfección y la felicidad.

Mente, conciencia o espíritu, son tres denominaciones de una misma cosa: el principio inteligente creado por Dios a su imagen y semejanza en cuanto a inmortalidad y destino: la felicidad a través del progreso y el mérito individual.

Antonio Lledó Flor
© 2015 Amor, paz y caridad

(*) «El espíritu es la base de la Psicología Transpersonal, conforme lo demuestra la ciencia espírita en las experiencias mediúmnicas» Divaldo Franco «El Ser Consciente»

(1) RMNF: Resonancia magnética Nuclear Funcional (Precisión Espacial)
(2) EEG computerizado (Velocidad mediante 256 sensores)

EVOLUCIÓN Y ESTADOS DE CONCIENCIA

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El pasado día  21 de marzo, Antonio  Lledó  compartio la conferencia: Evolución y estados de conciencia en el Centre Cultural de Alcoy, la conferencia que hoy les ofrecemos, trata de la importancia de la Mente, la Conciencia, El Alma y El Espíritu. De cómo los pensamientos y las emociones, son la manifestación del ser espiritual y pueden no sólo modificar nuestra forma de vivir y nuestros estados de conciencia, sino también nuestra estructura cerebral; tal y como lo demuestran los neuropsiquiatras y estudiosos de la mente en estos últimos años. La búsqueda de la felicidad y cómo conseguirlo mediante la plenitud y la plena conciencia se explica igualmente. Así como los paralelismos entre la ciencia y la espiritualidad en estos últimos años, evidenciando la evolución del hombre y su trascendencia.»

LOS ORÍGENES

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Los orígenes

Posteriormente al detalle y especificación de las clasificaciones tipológicas de la mediumnidad atendiendo a sus características  (como ya vimos en meses anteriores), es preciso realizar una distinción esencial dentro de las facultades. Distinción que atiende al origen principal de la facultad y a su misión concreta y particular en la tierra.

Todos sabemos ya que las mediumnidades son facultades espirituales que Dios concede a los hombres para que les sirvan de progreso espiritual. Este progreso puede realizarse de distintas maneras pero solamente una es la forma de conseguirlo, llevando el ejercicio de la facultad con altruismo, honestidad y conocimiento de causa.

Las facultades se conceden porque existen necesidades de progreso en los espíritus que las solicitan, o bien porque deben deudas del pasado o porque se comprometen a ayudar a los que les rodean. Sea como fuera, y en el mejor de los casos, toda facultad no debe suponer nunca la creencia de que se trata de un privilegio divino, sino en el mejor de los casos que la ha pedido libre y voluntariamente para progresar.

En base a estas ideas se pueden establecer tres grandes grupos que responden al planteamiento original pre-encarnatorio de toda facultad o mediumnidad. El primero de los grupos es el que afecta a las denominadas facultades IMPUESTAS. Estas son aquellas mediumnidades que están seriamente endeudadas por sus errores del pasado, y que lejos de arrepentirse de ello y querer saldarlos, se rebelan contra ello. De aquí que antes de encarnar no pidan una facultad para su progreso ya que en su ánimo no está contemplada esta circunstancia. No obstante, por determinadas circunstancias, las leyes que rigen el progreso de los espíritus otorgan a estos una facultad para que vayan pagando parte de lo que deben si hacen las cosas correctamente.

Es una buena oportunidad que Dios concede si se aprovecha bien; no obstante, la mayoría de las facultades impuestas vienen precedidas de numerosos problemas, ya que el individuo se rebela contra la posibilidad de tenerlas.

La mayoría de las veces desean que le quiten esa facultad, sin darse cuenta de que no conseguirán librarse de los problemas en esa existencia, puesto que es una prueba que le han puesto para progresar. En la mayoría de las facultades IMPUESTAS, la aparición de la misma ocasiona múltiples quebraderos de cabeza a la persona que la posee y a sus familiares.

Al rebelarse y no aceptar la facultad, los espíritus de baja condición tienen abierta la puerta para influenciar a esa materia y entonces le ocasionan graves problemas, que incluso llevan a las personas a estados depresivos y esquizofrénicos graves.

Cambios espontáneos de humor, irritabilidad, ira, depresiones agudas, síntomas esquizoides, locura temporal, etc…, son algunos de los síntomas graves que les acontecen a algunas de las facultades impuestas que vienen a la Tierra con el propósitode progresar. Como bien explica la palabra, las leyes que rigen el progreso espiritual imponen a estos espíritus estas facultades para que se sensibilicen sus conciencias y se hagan conscientes de la existencia de un mundo espiritual que les pedirá cuentas sobre sus actos el día de mañana.

Es por tanto una ayuda para el progreso del espíritu endeudado, es pues un acto más de la misericordia divina que permite al espíritu salir de la ciénaga de sus propios errores acumulados existencia tras existencia.

El segundo de los grupos es el denominado de las facultades VOLUNTARIAS. Se trata de aquellas que han comprendido antes de encarnar la necesidad espiritual que tienen de progresar espiritualmente y saldar deudas del pasado, y por ello piden a Dios la concesión de la facultad para pagar lo que deben de atrás más rápidamente y al mismo tiempo progresar con la entrega a los demás a través de la facultad.

Este tipo de facultades son de espíritus ya reconocidos que han comprendido mínimamente la evolución y el camino espiritual del hombre, y saben que necesitan urgentemente progresar para avanzar en su camino evolutivo, de ahí que acepten su facultad sin tantos problemas como las IMPUESTAS, y de ahí que también estén más sensibilizados a las cuestiones espirituales, lo que les facilita el camino para el ejercicio de la facultad de manera más correcta.

Las facultades VOLUNTARIAS, saben de sus limitaciones y de sus errores antes de encarnar, por ello piden la facultad, porque ven en ello una labor grandiosa de ayuda al prójimo y a sí mismos en su propia regeneración moral. En muchas ocasiones algunas de las facultades VOLUNTARIAS, lo son porque con anterioridad han sido facultades IMPUESTAS, y después de una experiencia propicia en la Tierra han pasado al mundo espiritual y han comprendido la gran oportunidad que se les concedió con la facultad, por ello en la siguiente existencia piden ya voluntariamente la facultad a fin de seguir avanzando en el camino de la evolución.

El último de los grupos o clases que podemos establecer en las facultades es el de las facultades NATURALES, o de ayuda, son aquellas que no tienen su origen en deudas significativas que pagar, puesto que son espíritus muy evolucionados los que traen estas facultades para ayudar en el progreso de la humanidad. En base a su propio desarrollo espiritual, las facultades espirituales son inherentes a su estado, de ahí que no sufran ningún tipo de experiencia desagradable con la aparición y desarrollo de las mismas. Estas afloran con total naturalidad, como una expresión más de la  grandeza y perfección de esos espíritus. Son ya consustanciales a ellos mismos y vienen con su nacimiento, y son facultades de ayuda, entrega, sacrificio entero por la humanidad o una determinada colectividad.

Se trata en este caso de herramientas poderosas que ayudan a los que las poseen a cumplir su misión en la tierra, dejando testimonio no sólo de su capacidad como mensajeros de lo Alto, sino del poder que el espíritu puro tiene sobre la materia y las leyes físicas. Leyes que nunca se contravienen, pero que, en la ignorancia del funcionamiento del mundo espiritual y de las capacidades mediúmnicas, aparecen como milagros o hechos sobrenaturales, algo que no existe y que no es más que el desconocimiento que se tiene sobre el funcionamiento del espíritu y su total compenetración con las leyes instauradas por Dios. La vida real es la del espíritu, y las leyes que rigen en el mundo espiritual son inmutables y eternas, creadas por la inteligencia suprema y causa primera de todas las cosas.

Ejemplos de facultades naturales hay muchas: Jesús de Nazaret, Buda, Confucio, San Francisco de Asís, Teresa de Avila, etc. Grandes hombres que obraron grandes prodigios, en base a las grandes misiones espirituales que trajeron a la Tierra, y que sólo a espíritus de su calibre, con facultades naturales y portentosas, se les permite el contacto directo con el plano espiritual más elevado,  para llevar a cabo con éxito sus presencias en la materia a fin de servir de paradigma de la presencia del mundo espiritual.

Los orígenes por: Antonio Lledó Flor

©2015 Amor,paz y caridad

Cada imperfección moral es una puerta abierta que brinda acceso a los malos Espíritus. Pero la que explotan ellos con mayor pericia es el orgullo, porque es éste el que menos nos confesamos a nosotros mismos.

«El Libro de los Médiums». ALLAN KARDEC.

EUTANASIA

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Eutanasia

¿Muerte Digna o Muerte Natural?

El debate sobre la eutanasia; sus implicaciones ético-morales y las consecuencias que tiene para todos los que se ven involucrados a tomar decisiones sobre el mismo (médicos, enfermos, parientes o familiares), supone un crisol de opiniones diversas según la perspectiva sobre la que se estudie y en función de los casos de que se trate, e incluso de las legislaciones que al respecto operan en diversos países, unos más y otros menos avanzados en esta materia.

Es cierto que existen países europeos, pocos, donde esta práctica médica está legalizada, e incluso no supone ningún tipo de sanción social y moral, a pesar de que sea practicada en casos donde no existe justificación por enfermedad terminal, sufrimientos o cualquier otra causa. Hay quien reivindica esta práctica para los enfermos terminales, anteponiendo el concepto de muerte digna al de muerte natural. Para otros, se trata simplemente de un suicido asistido y solicitado por el propio individuo (o familiares sino puede decidirlo) que desea poner fin a su vida y recurre a esta forma de acabar su existencia sin hacerlo por su propia mano.

Es la eutanasia un acto de la voluntad del hombre que contraviene las leyes naturales de la vida. Los médicos diferencian esta práctica en dos aspectos: la eutanasia activa y la pasiva. La primera es la que se realiza de forma voluntaria y utilizando los procedimientos necesarios para aplicarla; la segunda es la de dejar de proporcionar los medios que preservan la vida del hombre para que el óbito se produzca de forma paulatina, sin persistir en mantener a toda costa las constantes vitales del organismo que serían necesarias para mantener la vida, aún a costa de intentar evitar el sufrimiento.

Desde el conocimiento que nos proporcionan las leyes espirituales, la mejor muerte es la muerte natural, aquella que no se busca, que llega cuando el tiempo prefijado por la ley ha marcado. El acto y el tiempo de la muerte en el ser humano es el único acto de fatalismo que determinan las leyes divinas. Sólo la forma de morir y el tiempo en que acontecerá está previamente determinado, y sobre este hecho el hombre nada pueda hacer; salvo adelantarla por su propia irresponsabilidad cometiendo suicidio voluntario, involuntario o eutanasia.

¿Podríamos comparar el suicidio voluntario a la eutanasia? Sin duda, en el caso de que esta se practique con el único fin de quitarse la vida sin otras circunstancias que puedan justificarla, es un acto de suicidio en toda regla. En el artículo del mes de octubre pasado, en esta misma sección, hemos dedicado a este tema un exhaustivo análisis, abordando las perjudiciales consecuencias del acto de suicidarse.

Sin duda ninguna, el concepto que tenemos de la vida y de la muerte, sus implicaciones y derivadas depende mucho de la cultura y la sociedad en la que nos desenvolvemos. La cultura de la muerte no es igual en oriente que en occidente, ni siquiera existen similitudes en muchos países pertenecientes al mismo continente. Tanto es así que, además de las tradiciones y las costumbres, las creencias y la religiones influyen notablemente a la hora de enfrentar y afrontar este inevitable suceso.

No pretendemos aquí analizar estas diferencias, sino tan sólo cotejar la idoneidad de la eutanasia, respecto a los planteamientos morales que plantea, bajo el conocimiento de las leyes que rigen el proceso evolutivo del alma humana como espíritu inmortal. A este último, únicamente le afecta la desaparición de su cuerpo físico, no así de sus pensamientos, sentimientos, personalidad e individualidad, que sigue viviendo después de este fenómeno, y volverá nuevamente a la tierra animando nuevos cuerpos en el futuro a través de la ley de la reencarnación.

Cuando se comprenden los procesos evolutivos, los que posibilitan el crecimiento y progreso del ser inmortal, sabemos que cada existencia supone una oportunidad de progreso, y que el trance de la muerte no es más que un tránsito hacia otro estado de consciencia en el que seguimos siendo nosotros mismos, con nuestras propias cualidades y deficiencias.

La inmortalidad del alma nos lleva entonces a preguntarnos, si la muerte del cuerpo está prefijada de antemano, ¿la vida tiene pues un propósito hasta el último aliento de la misma? Y si esto es así, al anticipar la partida al otro plano de vida, ¿no estaremos transgrediendo el orden natural de los acontecimientos en cuanto a nuestro tiempo de partida y la forma del mismo?.

Esta última reflexión exige la respuesta de una certeza de la vida antes de la vida; donde proyectamos con detalle los procesos, las experiencias, positivas o negativas que vamos a experimentar en nuestra encarnación. Al aceptar esta cuestión, indudablemente, cualquier acto que acorte la vida es un atentado contra la vida misma, contra nuestras propias necesidades de progreso planificadas de antemano en el plano espiritual. Y por ello, esta cuestión tiene sus repercusiones y consecuencias, perturbando nuestro destino futuro al no haber aprovechado íntegramente la oportunidad que se nos concedió de progresar hasta el último momento en el cuerpo físico.

Si avanzamos en este análisis y comprendemos que el dolor no es un castigo, sino un sensibilizador del alma y educador de la conciencia, nos daremos cuenta de que, nada de aquello que sufrimos o soportamos es en vano, ni obedece a la casualidad. En multitud de ocasiones, el sufrimiento es la respuesta a nuestros actos delictuosos del pasado y es una forma de depurar el alma; pagando deudas acumuladas y reintegrándonos en el mundo espiritual limpios de cargas tóxicas, liberando nuestra consciencia de aquellas faltas cometidas en vidas anteriores y que tanto nos han hecho sufrir al caer sobre nosotros el infalible aforismo de la justicia divina: «a cada cual según sus obras».

Al permitir la eutanasia y acortar nuestra vida, encontramos muy probablemente un alivio a los dolores físicos, pero perpetuamos nuestra deuda con la ley, evitando depurar nuestras deudas del pasado mediante el sufrimiento que merecemos y que programamos para el final de nuestros días.

Y como nadie escapa de sí mismo, aquello que no seamos capaces de rectificar, saldar o depurar, nos corresponderá hacerlo más adelante; pues la justicia humana es imperfecta, pero la ley de causa y efecto, que coloca cada cosa en su lugar, devuelve siempre, en la misma y medida y proporción, antes o después, las consecuencias de nuestros actos acertados o desacertados.

Si además del mecanismo de la justicia divina, implementado en la ley de causa y efecto, comprendemos que la vida no es atributo del hombre sino del creador, todavía se amplía el error cometido con la eutanasia. Una existencia en la carne es una oportunidad de progreso y adelanto para el espíritu; y son muchos, al igual que nosotros, los que precisamos de vivir esas experiencias para progresar y mejorar, para conseguir mayores niveles de adelanto moral e intelectual que nos liberen del error y de la ignorancia, acercándonos a vidas más felices y dichosas.

Al concedernos una nueva oportunidad precisamos responder con responsabilidad, aprovechando el tiempo y las experiencias hasta el final, por dolorosas que estas puedan llegar a ser. Hoy día está demostrado que el sufrimiento y dolor moral es superior al físico(*); ya que el primero corresponde a la psique, y es difícil de solventar sin equilibrio mental-emocional interior y liberación de culpas personales. Mientras que el dolor físico está ya ampliamente detectado y puede suavizarse mediante los cuidados paliativos que la medicina ya contempla y aplica.

(*) NOCICEPCION: “PERCEPCION DEL DOLOR”. SE LOCALIZA EN EL AREA CEREBRAL CONOCIDA COMO CORTEZA CINGULAR, ESTA NO DISTINGUE ENTRE EL DOLOR FISICO Y EL EMOCIONAL.

Así pues desde la amplia perspectiva que nos ofrece el conocimiento de las leyes que rigen el proceso evolutivo del hombre, desde la comprensión de que el progreso es el objetivo principal de la vida y que ésta continúa después de la muerte, podemos afirmar que la auténtica muerte digna es la muerte natural, aquella que acontece cuando Dios la permite y está establecida para finalizar nuestro ciclo en una existencia terrena.

Evidentemente esto no quiere decir que no utilicemos los avances que nos ofrece la ciencia para mitigar el dolor, para otorgar la mejor calidad de vida posible en los últimos momentos de nuestra existencia. Pues, al igual que afirmamos la conveniencia de apurar hasta el final nuestras oportunidades con un cuerpo físico, confirmamos igualmente que «el sufrimiento innecesario no sirve de progreso».

Esto no es agradable a Dios ni útil para nuestro progreso espiritual, por mucho que actitudes fundamentalistas o fanáticas se empeñen en reivindicar el sufrimiento como purga para nuestras faltas cometidas. Este concepto, basado en el «sentimiento de culpa derivado del inexistente pecado original» y que impregna teologías y conceptos religiosos propios del medioevo, ha generado mucho dolor innecesario a lo largo de la historia y que es preciso abandonar para siempre.

Por todo ello concluiremos que la eutanasia activa podemos calificarla como un suicidio involuntario; y mientras que la eutanasia pasiva puede tener atenuantes ante las leyes divinas, a pesar de ello no está exenta tampoco de responsabilidad.

Sea como fuere, siempre hemos de entender que no es el cuerpo físico el que sufre en mayor medida; sino el ser inmortal que alberga y que, a veces, imposible de comunicar sus pensamientos e intenciones al encontrarse en una situación extrema, intenta evitar, sin conseguirlo, que sus familiares adopten por él la decisión de acortar su vida mediante la eutanasia.

Invitamos a la reflexión sobre este aspecto, sobre todo a los familiares que han de tomar la decisión; recordándoles que, antes de adoptarla, realicen un examen honesto, preguntándose así mismos cómo querrían que les hicieran a ellos mismos en idéntica circunstancia. Y procurando que, en la resolución final que adopten, no pesen más los argumentos egoístas o incómodos de la situación antes que las auténticas necesidades espirituales y deseos de la persona afectada.

Eutanasia por: Antonio Lledó Flor

© 2015 Amor, paz y Caridad

«La mejor muerte es la muerte natural»

VIDAS SUCESIVAS

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Nuestro compañero Antonio Lledó nos ofreció esta interesante conferencia, Vidas sucesivas, el pasado 6 de marzo, como apertura de las Quintas Jornadas Espiritas del Mediterráneo, , en la cual desarrolla el tema de las desigualdades humanas y la explicación que supone la reencarnación para las mismas.

Redacción

CRÓNICA Y REFLEXIONES V JORNADAS ESPIRITAS DEL MEDITERRÁNEO

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El pasado fin de semana, del 6 al 8 de Marzo, tuvieron lugar en el Hotel Rober Palas de Alfás del Pí las V Jornadas Espíritas del Mediterráneo. Como viene siendo habitual, es un encuentro en el que prima la participación de todos los asistentes antes que cualquier otro modelo. Tenemos a lo largo del año suficientes eventos con otros formatos; pero este es especial, pues todo aquel que asiste tiene la oportunidad de expresar sus opiniones.

Además de ello no existe exclusivismo alguno, siendo totalmente abiertas a toda persona o grupo que desee participar. Sean o no sean espíritas, estén o no estén registrados o federados en institución alguna; e incluso aunque nunca hayan oído hablar de espiritismo y lleguen allí con la curiosidad de saber sobre lo que allí se explica.

Esta libertad, flexibilidad y participación de todos los asistentes consigue algo extraordinario que otorga enorme interés a estas jornadas y que las diferencia de otro tipo de reuniones; y no es más que, además de contenidos doctrinarios o de estudios, conferencias u otras actividades que se desarrollan, las personas expresan sus experiencias personales; se sienten escuchadas, se sienten comprendidas y manifiestan sus anhelos, sus proyectos y sus logros y dificultades en la trayectoria vital que experimentan.

Es sin duda un logro extraordinario que nadie en las jornadas acapare protagonismo alguno; podríamos definirlas con un eslogan que las define con claridad: «es de todos y es para todos». Dicho esto, explicado cual es el espíritu y la esencia de estas reuniones que ya van de cara a su sexto año, es preciso detallar una sucinta crónica de lo que allí aconteció.

Comenzamos el viernes 6 por la tarde con una conferencia a cargo de Antonio Lledó, del Grupo Villena, titulada «Vidas sucesivas: respuesta a las desigualdades humanas». Fué desarrollada en el Centro Social de la Ciudad, abierta a todo tipo de público y con una buena participación. Con posterioridad, marchamos al Hotel donde después de cenar, se procedió a la presentación individual de cada uno de los asistentes a fin de ir conociendo a aquellas personas nuevas que se incorporaban este año.

A la mañana siguiente tuvo lugar la inauguración de las jornadas para lo cual contamos con la presencia del Alcalde y la concejal de cultura de la ciudad de Alfas del Pí. Nos dieron la bienvenida y nos animaron a conocer los alrededores de esta increíble y bonita ciudad del mediterráneo.

Autoridades en inauguración
Autoridades en inauguración

Iniciando los turnos del progama a continuación, cada institución procedió a desarrollar el tema que llevaba preparado por un tiempo de 20 minutos. A la finalización se procedió a un descanso para almorzar y por la tarde hubo tiempo para un paseo y solazamiento hasta las 18,30 h en las que comenzamos el análisis y la reflexión de aquello que fué expuesto por la mañana. Después de intervenciones de cada uno de los representantes de los grupos y centros allí reunidos, se dio igualmente participación a aquellas personas que a título individual habían asistido.

Después del descanso para la cena hubo una última ronda de opiniones de forma espontánea y libre donde las personas ofrecían sus experiencias en torno al contacto con la filosofía espírita y lo que esta había supuesto en sus vidas o en lo que pensaban conseguir a partir de ahora.

A la mañana siguiente fue el tiempo de las conclusiones y resúmenes sobre lo que habían dado de sí las jornadas así como las participaciones voluntarias para expresar, todo aquel que quiso, sus impresiones sobre lo aprendido y lo vivido durante este fin de semana.

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Joaquín Huete

Después de un breve resumen, a modo de conclusión, sobre los aspectos principales tratados: como la asistencia y promoción social de los centros, la forma de proyectarlos a la sociedad, la importancia de la caridad bien entendida y realizada, y los beneficios, que la filosofía de vida que propone el espiritismo, pueden ofrecernos, se cerraron las conclusiones con las directrices de fraternidad que formaban la base de todo lo tratado, explicando así mismo un método para mejorar la eficiencia de los centros en la ejecución interna de sus relaciones y en la proyección de sus trabajos hacia la sociedad.

Para finalizar, una ronda de poesías, cada cual más bella, cada cual más elevada y profunda, fueron arrebatando la emoción de los presentes hasta la propuesta final del conductor de las jornadas, Joaquín Huete, el cual nos invitó a todos a un acto de cierre único (*), fraterno, emotivo y alegre, en el que todos participamos activamente, sin excepción, y con el cual dimos por finalizadas las actividades de un fin de semana extraordinario por lo allí vivido y sentido entre todos.

Grupo Villena

2015 Amor, paz y Caridad

(*) Reservo la incógnita del acto final para estimular a participar el próximo año a aquellos que al final no pudieron asistir, donde sin duda repetiremos el original cierre de las emociones vividas durante estos días.