Educación Mediumnica

FACULTADES EN LOS NIÑOS

Nos encontramos ante un tema complejo en el que no siempre se explica con claridad de detalles la influencia, positiva o negativa, correcta o incorrecta, que una facultad mediúmnica puede ejercer sobre los menores de edad.

Es sabido que, a lo largo de la historia muchos han sido los casos de niños prodigio que han asombrado al mundo por su precocidad en distintos conocimientos y disciplinas del saber humano.

En ocasiones se comenta al respecto la influencia de las reencarnaciones prematuras para explicar los casos de estos niños que han asombrado al mundo con sus asombrosas cualidades. Bien es cierto que la mayoría de las veces son pruebas irrefutables que el mundo espiritual proyecta hacia el mundo físico para que los humanos, materializados e inmersos en la descreencia religiosa, nos preguntemos de dónde vienen los conocimientos y habilidades de los niños prodigio. El ofrecernos la oportunidad de reflexionar sobre una vida posterior a la muerte y sobre el origen del hombre son, a nuestro entender, las causas principales que provocan estas circunstancias.

Pero, al igual que muchas veces se explica este fenómeno con rotundidad, tampoco está desacertado el argumentar que, muchos de estos genios precoces y de corta edad, lo son, porque tienen despierta la sensibilidad psíquica precisa que les hace receptivos al plano espiritual, desde donde reciben todo aquello que es capaz de asombrar a los demás. Si a esto unimos las aptitudes que traen de vidas anteriores, donde ya destacaron en esas disciplinas, tenemos formado el puzzle que explica la facilidad de su talento. Son facultades mediúmnicas desarrolladas que desde corta edad vienen a ofrecer un ejemplo a la humanidad.

Ante este ejemplo cabe preguntarse ¿es cierto pues que las facultades mediúmnicas en los niños pueden ser beneficiosas más que perjudiciales? Al igual que en las personas adultas, cuando la facultad se despierta en un niño, si éste no tiene la instrucción y conocimientos necesarios que le permitan desarrollarla con normalidad, muchos serán los problemas que se le presentarán. Y concretamente en el caso de los niños el caso adquiere un mayor agravante, pues, incapaz de conocer con exactitud la realidad que le rodea como los adultos, mucho menos sabrá valerse en el terreno de la mediumnidades si no cuenta con el asesoramiento necesario de padres, tutores o personas informadas e instruidas en el tema.

Constantemente se dan casos de niños con graves problemas psicológicos, cuyo origen principal, es el desconocimiento de los padres de que su hijo posee una facultad mediúmnica. El miedo, la ansiedad, los cambios bruscos de temperamento sin control alguno, la agresividad hacia las personas más queridas; son algunos de los síntomas que manifiestan los niños cuando se les despierta la mediumnidad.

Indudablemente, el niño no tendrá problema alguno a la hora de ir desarrollando paulatinamente las facultades que sean precisas, si los padres estuvieran bien informados acerca no sólo de la educación académica sino también de la educación espiritual y mediúmnica necesaria. No debemos olvidar nunca que, son las protecciones espirituales las que realizan el desarrollo de las facultades, y cuando ellas creen conveniente el desarrollo de una facultad a corta edad es porque ese espíritu necesita espiritualmente esa experiencia en la existencia que le ha traído a la tierra.

No todo son inconvenientes en el desarrollo mediúmnico a corta edad, sino que existen igualmente grandes ventajas que no poseen los adultos que despiertan a la mediumnidad en otras edades. El niño tiene la ventaja de que los protectores espirituales, irán adaptando a su capacidad y desarrollo físico-psicológico, el proceso de evolución mediúmnica, tanto es así que, en los niños que se educan en ambientes positivos y con conocimientos espirituales precisos acerca de estos temas, el desarrollo es rápido y sin ningún tipo de experiencias desagradables, lo que facilita la complacencia y disposición del niño a trabajar con su facultad, tan pronto ésta se encuentra terminada.

Es realmente prodigioso poder contemplar la facilidad, la limpieza y los resultados de las facultades que poseen los niños que están preparados realmente para ejercitarlas. Los adultos, a pesar de tener mayor conciencia de la realidad material que nos rodea, contamos con más impedimentos a la hora de realizar nuestro trabajo mediúmnico con una total limpieza.

Los niños, por su ingenuidad en unos casos o ausencia de malicia en otros, suelen ejercitar sus facultades con mayor limpieza y nobleza que los mayores. Aunque no en todos los casos ocurre así; pues a veces vemos a niños con facultades mediúmnicas impuestas, que nos ofrecen cuadros de dolor y sufrimiento agobiantes, no sólo para ellos, sino para los padres y los que les rodean. Comprendiendo las leyes de causa y efecto comprobamos que estas facultades son necesarias para el progreso de esos espíritus rebeldes y atrasados que no quieren comprender el camino espiritual del amor al prójimo y a Dios.

Las deudas del pasado son la causa primera de las facultades impuestas, y así en los niños, estas deudas son mucho más difíciles de admitir por los que les rodean; pues no comprenden la causa de que su hijo o hija haya de pasar por tales sufrimientos y desequilibrios.

Cuando la mediumnidad es voluntaria o natural, el desarrollo en los niños es por lo general placentero; no sin tener alguna que otra prueba que despierte la sensibilidad y llame la atención de los padres acerca de las facultades del hijo. La labor de los padres en estos casos, es no sólo vital e imprescindible, sino que de desarrollarla bien o mal, podemos desviar del camino recto en una existencia a un espíritu que viene a la tierra con una facultad para progresar más y mejor.

Los padres y educadores, no sólo han de ser sensibles a la educación material, intelectual o espiritual del niño, sino que deben estar pendientes de sus reacciones y actitudes para orientarle adecuadamente y con claridad en aquellas cuestiones que vayan surgiendo en su desarrollo mediúmnico; haciéndole comprensible para su edad los objetivos de su facultad y la mejor forma de ponerla al servicio de los demás.

El niño, dependiendo de la edad en la que se encuentre, será más o menos receptivo a estos consejos: no obstante si va adquiriendo el hábito de ayudar a los demás a través de su mediumnidad, el día de mañana se convertirá en un importante divulgador de esta práctica, e irá transmitiéndola a los demás con sencillez y naturalidad.

Así pues, lejos de representar un inconveniente el desarrollo mediúmnico en los niños, cuando éste es espontáneo y natural, nunca forzado, podemos decir que se trata de una importante ayuda de progreso que se le brinda a ese espíritu y a los que le rodean; para que vayan asimilando y comprendiendo las leyes que rigen el proceso evolutivo del espíritu y el auténtico significado de la vida en la tierra.

Una mediumnidad si se realiza bien y se cumple con sus objetivos, representa un alto contenido espiritual de amor y sacrificio hacia la humanidad; si además ésta se desarrolla en corta edad y desde entonces se lleva a la práctica, el beneficio sublime de progreso espiritual para ese espíritu que la posee puede ser inmenso.

Lo que nunca podemos, ni debemos hacer, es forzar el desarrollo de una facultad en un niño; esto sí es particularmente peligroso, pudiendo sobreexcitar la imaginación frágil y el desarrollo psicológico del niño si la mediumnidad no aparece de forma natural. Así pues, abstengámonos de buscar en los niños cualquier facultad que no se presente de forma espontánea y natural; realizando un prudente estudio previo para detectar con claridad si se trata de auténticos fenómenos mediúmnicos o por el contrario los síntomas obedecen a trastornos psicológicos o de personalidad que también existen y se producen con frecuencia.

En la prudencia; el conocimiento preciso del tema, y el sentido común de los padres, deberemos forjar nuestros criterios para, en unos casos, evitar reprimir el normal desarrollo espiritual de una facultad, plenamente manifestada, con un propósito de progreso y evolución y en otros confundir síntomas derivados de otro origen que precisan de otras terapias psicológicas o médicas que ayudarán al niño en su desarrollo y crecimiento en la vida.

Antonio Lledó Flor

2015  Amor, paz y caridad

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