Enfocando la actualidad

DONACIÓN DE ÓRGANOS: PROS Y CONTRAS

El tema que nos ocupa hoy ofrece diversas perspectivas para analizar en función de las creencias, culturas y principios que la persona mantiene. Es bien sabido que, el avance de la ciencia médica, propicia posibilidades de mantenimiento de la vida cuando un órgano o varios impiden llevar una vida digna, recurriendo al trasplante del órgano enfermo por otro procedente de un donante.

La donación de órganos puede realizarse en vida, como ocurre con diversos órganos como las córneas, los riñones, la médula ósea, etc., sin que esto suponga para el donante ningún trastorno más que el de desprenderse de parte de su biología para realizar un acto de caridad que ayuda a vivir dignamente a otras personas necesitadas. En estos casos, y salvo las excepciones propias de las personas cuyas creencias les impiden donarlos; la mayoría de la sociedad no alberga dudas respecto a la idoneidad de esta práctica y a su función caritativa y benéfica.

En el aspecto de las creencias, hay religiones que condenan el trasplante de órganos prohibiéndolos expresamente, mientras que otras lo califican como un acto de caridad.

La bioética, como disciplina encargada de definir lo correcto o incorrecto sobre la vida humana al margen de las opiniones puramente médicas, tiene el enorme reto de responder a preguntas para las que todavía no hay una definición ortodoxa. Preguntas como ¿es correcto el trasplante de animales al hombre? (1), o la siguiente ¿el comercio y tráfico de órganos debe ser legalizado? (2)

No obstante, por paradójico que pueda parecer, donde se presentan las mayores discrepancias en esta práctica, es cuando los órganos son donados a la muerte del cuerpo físico. Donde el donante, cede a la ciencia la posibilidad de utilizar sus órganos vitales para otros inmediatamente después de acontecer el óbito. El término “inmediatamente” es preciso destacarlo, pues los órganos deben ser extraídos del donante sin pérdida de tiempo para poderlos utilizar, ya que el transcurso de las horas los debilita y los vuelve inútiles para el fin de utilizarlos en buenas condiciones.

Ni siquiera hoy, en pleno siglo XXI las disciplinas científicas están de acuerdo al 100% sobre la definición de lo que denominamos “muerte”. La neurología y la termodinámica no tienen muy claro que el concepto de “muerte encefálica” sea el único admitido hoy, como lo fueron en tiempos anteriores la ausencia de pulso, el cese de la respiración; la inexistencia de ritmo cardiaco o el registro del encefalograma plano. (El concepto de muerte ha evolucionado con los avances de la ciencia).

Ejemplo de ello es la muerte cerebral: hoy día podemos mantener con vida orgánica, respirando y alimentando artificialmente a personas con muerte cerebral a la espera del momento de trasplante de los órganos. ¿Es esto éticamente reprobable? ¿Dónde situamos pues la línea entre vida y muerte: en el cese de toda función orgánica o en la pérdida de la conciencia? (3)

Desde el análisis de que todo termina con la muerte del cuerpo físico, esta práctica se observa con total claridad, como un acto noble que no perjudica en absoluto a la persona. Pero en la comprensión que nos ofrecen las leyes espirituales, donde sabemos que el periespíritu humano sobrevive a la muerte y que éste necesita de un tiempo prudencial de 72 horas para desligarse de la materia biológica, las repercusiones aparecen, sin duda, afectando al donante.

Estas repercusiones pueden ser graves, leves, inexistentes o incluso necesarias. Todo ello va en función del nivel evolutivo; del grado de progreso espiritual de la persona que dona sus órganos. Es sabido desde hace siglos la imperiosa necesidad del desdoblamiento cuando comienza el proceso del óbito; de desligar los cuerpos psíquicos y espirituales de la materia en el momento de la muerte; y al igual que para el nacimiento precisamos de nueve meses de formación, en el momento de partir, nuestro periespíritu necesita de unas horas para proceder a desligarse por completo de la materia.

Comprendiendo que el periespíritu es un doble de nuestro cuerpo biológico, también posee una réplica orgánica de carácter psíquico que impregna todas nuestras células biológicas; si estas son cercenadas de forma brusca antes de realizar ese proceso de separación de forma natural, el psiquismo sufre determinadas perturbaciones que son trasladadas al espíritu en forma de confusión y retraso de la claridad necesaria al penetrar en el mundo espiritual que le aguarda.

Si la persona está muy materializada; si ha vivido durante su vida apegada a los sensualismos de la materia, dominada por sus pasiones y entregada a la concupiscencia y las sensaciones más groseras, el desdoblamiento del alma es más difícil; más lento, le cuesta entender que existe una vida espiritual y que todo no es material. Cuando esto ocurre, la persona, aunque haya donado sus órganos, le será muy difícil sustraerse a las sensaciones psíquicas de la extracción de los mismos, puesto que sus sensaciones orgánicas, a través del periespíritu no desligado, seguirán llegando a sus centros nerviosos, condicionando la separación tardía del espíritu, y por ende un determinado entorpecimiento para su liberación de la materia, perturbando su mente.

Si la persona ha sido una persona noble, con buenos sentimientos, elevada y dedicada al bien, que ha cultivado los aspectos del amor y la caridad, pertenezca a la religión que pertenezca, su grado de espiritualidad le permitirá desligarse muy rápido del cuerpo físico, esto mitigará enormemente las repercusiones de la extracción del órgano en su periespíritu. Además, como la ley de causa y efecto nos indica, las obras de bien realizadas, generan, por afinidad y sintonía, la compañía de espíritus de bien que se manifestarán en el momento del óbito para ayudar a esa persona, acelerando el proceso de separación, todo ello por los méritos contraídos.

Muchos de estos espíritus, son familiares que le antecedieron en su llegada al mundo espiritual y que acudirán rápidamente a ayudar para que el tránsito apenas sea perceptible; para que, como en un sueño, despierte a la mañana siguiente en el nuevo mundo espiritual lleno de paz, luz, serenidad y equilibrio mental.

No sólo le ayudarán en el tránsito para desligar con rapidez la parte espiritual de la física; sino que pedirán ayuda, a otros espíritus de mayor elevación para que, a pesar de la donación y extracción de los órganos, la persona, apenas tenga repercusión alguna, siendo aceptado y condicionado este acto como uno más de los actos de bien y caridad realizados por la persona en la propia vida física que ahora termina.

En otros casos incluso, estas cuestiones se presentan como parte de una expiación compulsoria que el espíritu necesita para rescatar deudas del pasado y el daño que hizo a otros en vidas anteriores. Esto no es descartable; pues desconocemos con precisión la historia evolutiva de los espíritus, las personalidades que han ido animando en su trayectoria evolutiva y el debe y el haber de cada uno de nosotros. En este caso que mencionamos, puede ser necesaria una expiación de este calibre para terminar de liquidar un saldo negativo que nos permita acceder al nuevo plano de vida sin ningún tipo de carga adicional; habiendo purificado y drenado nuestra alma de los fluidos mórbidos acumulados por nuestras deudas del pasado.

Cuando entendemos que somos inmortales, y que la vida del espíritu es una sola y se manifiesta en diversas existencias y reencarnaciones, comprendemos también que entre una y otra experiencia en la materia permanecemos un tiempo en el mundo espiritual recomponiendo nuestras fuerzas; analizando nuestra trayectoria evolutiva y preparando una nueva encarnación que nos permita seguir avanzando hacia la plenitud y la felicidad; destino final para el que el hombre fue creado por Dios.

Si las antiguas tradiciones de la india y china, recomiendan la incineración del cuerpo una vez pasadas 72 horas no es por casualidad; sino que todo ello es el periodo necesario para una buena separación de la psique de la materia en términos generales. Arriba hemos explicado algunas particularidades, pues nadie desencarna igual, todos tenemos un proceso individualizado en función de nuestro adelanto evolutivo, nuestros compromisos espirituales y la forma en que hemos vivido.

Sea como fuere, el acto de la donación de órganos, cuando se hace con nobleza y con deseos de ayudar es un acto de caridad que eleva al espíritu humano y le otorga méritos para su posterior entrada en la vida espiritual.

Todo aquello que hacemos por los demás de forma desinteresada, altruista y caritativa es un punto a nuestro favor en la elevación de nuestra alma, y con ello recuperamos la iniciativa de nuestra redención moral.

Pero este hecho, no debe hacernos olvidar que la trascendencia del fenómeno de la muerte física, es algo más sencillo de lo que pueda parecer. Y puesto que somos inmortales, la muerte real no existe, esta es la gran conclusión que debemos entresacar de todo ello: como bien demostró el maestro Jesús de Nazareth, al presentarse a sus discípulos en toda su majestad espiritual, tres días después de haber sido crucificado.

Antonio Lledó Flor

© 2015 Amor, paz y caridad

¿Qué es estar vivo? (…) Estar vivo es… Dar vida. Dar vida a los que te rodean, recuérdalo.

Albert Espinosa (Escritor, Ingeniero, Director de Cine)

(1) Desde nuestro punto de vista, todo avance que permita al hombre mejorar sus condiciones de vida es positivo; siempre y cuando esto no suponga perjuicio, sobre-explotación o esclavitud de otras especies como los animales.
(2) Hay quien defiende el tráfico de órganos por cuestiones económicas para solucionar las carencias de pobreza y las necesidades de los ricos. Moralmente es inaceptable; siendo así que este aspecto contribuye a incrementar la desigualdad y la injusticia. Hay encuestas que demuestran el arrepentimiento de un 70% de los donantes por cuestiones económicas a los 5 años de haberlas realizado.
(3) El límite entre la vida y la muerte se sitúa en el abandono del cuerpo del principio inteligente (alma, espíritu, mente o conciencia). Hasta que este hecho no se produce, el ser humano sigue viviendo aunque sea de forma vegetativa, artificial o de cualquier otra índole.

Anteriores Artículos

LO MEJOR DE LO MEJOR

Siguientes Artículos

"NADIE PUEDE VER EL REINO DE DIOS, SI NO RENACIERE DE NUEVO"

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.