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INFINITO CREADOR

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Infinito Creador

¡Señor de las potestades!

Infinito Creador:

Dijiste ¡Sea! ¡Lo quiero!

Tu voluntad se cumplió.

 

Por doquier canta la vida

que tu soplo de amor diera

cuando dijiste ¡Hágase!

al crear la Madre Tierra.

 

Montañas, ríos y mares;

rocas, plantas, animales;

valles, simas y volcanes

e inmensas profundidades.

 

El espíritu se eleva

contemplando tal belleza

en días de sol radiante,

en noches de luna llena.

 

Con el cielo despejado

descargando una tormenta;

la sequedad del desierto

o el verdor de la floresta.

 

¡Oh, Señor del Universo:

gracias por tanta belleza

para nosotros creada

mostrándonos Tu grandeza!

 

A donde miren los ojos

se adivina Tu presencia.

Lo creaste con Amor

desprendido de Tu Esencia

Infinito Creador por:  Mª Luisa Escrich

Calpe-Guardamar, diciembre de 2016.

PERDONA, SEÑOR

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Perdona, Señor, si digo

que me encuentro muy cansada;

va siendo muy largo el viaje

donde el alma está embarcada.

 

Jamás romperé los lazos

que me atan a la carne,

mas nunca me negaré

si vienes a desatarme.

 

Yo no deseo morir

porque a tu ley contraría;

mas si hoy lo decidieras

tampoco me importaría.

 

Nos abandonan las fuerzas

porque el cuerpo se envejece,

y a medida que se agota

el espíritu se crece.

 

No cortaré la cadena

que al mundo me tiene atada,

pero ayudaré al buen Ángel

cuando él venga a cortarla.

 

Pienso en la madre Teresa

que en intenso sufrimiento

se regocijó su alma

cuando le llegó el momento.

 

Permíteme, oh, Señor,

como a Teresa decir

cuando se cumpla mi tiempo,

oh, dulce Jesús, ¡¡por fin!!

 

Perdona, Señor de: Mª Luisa Escrich

Guardamar, noviembre de 2016

 

LA ESTRELLA DE MAR

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La estrella de mar

Era una tarde de otoño;

por la playa paseaba;

de pronto vi una estrellita;

sobre la arena brillaba.

 

Y la cogí entre mis manos;

aún estaba mojada;

iba perdiendo su brillo;

comprendí que agonizaba.

 

Estrellita de los mares

¿de qué mar te has escapado

que, arrastrada por la olas,

hasta mi playa has llegado?

 

Has descubierto otra arena

como la arena abisal;

pero esta te va quemando

y no puedes respirar.

 

El sol da vida a los seres

que caminan sobre el suelo,

pero a los seres del mar

los arrasa con su fuego.

 

Te devolveré a la mar

para que sigas nadando

entre corales y algas

en el tu mundo mojado,

 

con sirenas y nereidas,

con caballitos de mar

y con bellas madreperlas:

¡Estrellita de los mares:

no abandones nunca el mar!

 

La estrella de mar por: Mª Luisa Escrich

Guardamar, diciembre de 2016

QUIERO

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Quiero

 

Quiero que caiga la noche,

que llegue la madrugada,

que los juglares alados

me canten una alborada,

tal y como lo hacen ellos

cuando apunta la mañana.

 

Quiero abrir pronto mi puerta

que aún permanece cerrada;

que me dé el sol en la frente;

dar libertad a mi alma

pues me siento prisionera:

rehén en mi propia casa.

 

Mas siempre la misma voz

que dentro de mí resuena

me dice: espera paciente;

mantén la puerta cerrada

hasta que llegue La Mano

a repicar en tu aldaba.

 

Cuando suene la llamada

no demores en abrir,

se habrá roto la cadena

que te impedía salir.

Ya no serás prisionera,

podrás ligera partir.

 

Se habrá dormido la noche:

estarás en libertad;

llegará tu madrugada;

podrás cantar alboradas

con los juglares del cielo

porque ya será mañana.

 

                                               Mª Luisa Escrich

                                                                           (Guardamar, noviembre de 2016)

AMOR POR DIOS BENDECIDO

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Amor por Dios bendecido
Maria Luisa Escrich

 

Siempre estuve convencida

de que el ser no busca, encuentra:

todo lo tiene ya escrito,

todo apuntado en su cuenta.

 

Nuestro encuentro en los “encuentros”

ya estaba planificado

que un día en esta existencia

habríamos de encontrarnos.

 

Y aquel día en los “encuentros”

nuestras almas se juntaron

para darle cumplimiento

a lo que otrora firmamos.

 

Y nos quedamos unidos

en sentimientos fraternos:

Amor por Dios bendecido

porque es sincero y eterno.

 

Mi alma no es solo mía:

con vosotros la partí;

no seréis solo un recuerdo;

ya formáis parte de mí.

 

Mi cuerpo se va agotando,

su tiempo se va cumpliendo;

no sabemos cuándo acaba,

mas sí: se va consumiendo.

 

Y cuando llegue el momento,

cuando se cierren mis ojos,

con los ojos de mi alma

reflejaré vuestros rostros.

 

Y en otras noches fraternas

entre diciembre y enero,

vuestra hermana María Luisa

vendrá a deciros: ¡Os quiero!

 

Maria Luisa Escrich

(Guardamar, noviembre de 2016)

VILLANCICO EN POESÍA

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villancico en poesía

 

Y la noche se hizo día

porque una estrella brilló

en aquella noche oscura

cuando nació el redentor.

 

Alegraos, buena gente,

alegraos y ¡corred!,

que hay una estrella brillando

en el pueblo de Belem.

 

Alegraos, buena gente,

venid corriendo, ¡corred!,

que hay tres luceros brillando

en un pesebre, en Belem.

 

Y la noche se hizo día

cuando encarnó el Redentor:

aquella noche tan fría

el mundo se iluminó.

 

Villancico en Poesía por:  Mª Luisa Escrich

REFLEXIÓN ACERCA DEL PANTEÍSMO

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Reflexiones sobre el Panteismo

Panteísmo: Sistema filosófico de quienes creen que la totalidad del universo es el único Dios.

Según esta filosofía, Dios sería efecto y no causa; es decir, todo el universo sería causa incluido Dios. Entonces, ¿de dónde proviene la causa? ¿Del efecto? ¿De la nada? La nada no existe; la nada es nada, y de la nada, nada se puede sacar. ¿Juego de palabras? En absoluto, todo es simplemente un absurdo. El efecto siempre tiene una causa, y esa causa tiene un principio inteligente: Dios.

El Libro de los Espíritus lo define a la perfección, la inteligencia de Dios se revela en sus obras, como la del pintor en el cuadro; pero tan lejos están de ser las obras de Dios el mismo Dios, como está de ser el cuadro el pintor que lo ejecutó.

Así es: el pintor gesta en su mente un cuadro; toma el lienzo, pinturas y pinceles, y pinta el cuadro. Tenemos, pues, un efecto: el cuadro; y una causa, el pintor. Si el cuadro se rompe o se quema, desaparecerá el efecto, pero permanecerá la causa, porque son distintos e individuales. Si fueran uno en sí, desaparecerían ambos, causa y efecto.

Así ocurre con Dios y la oración. En esta, todo es mutable, perecedero; solo Dios permanece, porque es uno y único; inmutable; imperecedero; principio y fin de todas las cosas.

El Panteísmo niega uno de los atributos divinos: la inmutabilidad de Dios. Si Él formase parte integrante de todo, estaría sujeto a las mismas vicisitudes de ese todo, y dejaría de ser Dios. Todo cuanto es y se mueve tiene una causa imperecedera y estable; es suficiente la observación de la estabilidad y armonía del Universo, para rechazar la filosofía panteísta.

El científico alemán Johannes Kepler dijo, al contemplar tanta belleza: “¡Dios! Gracias por tu creación. ¡Gracias por serme permitido contemplar tanta grandeza! Me siento feliz formando parte de tus obras. ¡Bendito seas!»

Transcribo asimismo el comentario que hizo un observador al ver un reportaje acerca de las maravillas de la Creación:

“Ateos o creyentes no pueden por menos que inclinarse ante tanta grandeza. El Universo pudo no haber sido creado; sin embargo Dios lo hizo, y lo hizo por Amor. Y creó al hombre como espíritu. Y creó a toda criatura para que fueran maravilla, y todas pudieran llamarle ‘Padre’ y bendecir su nombre”.

No puede haber duda posible. Dios es el creador de todo cuanto es y existe.

                                                    Mª Luisa Escrich.

(Guardamar, julio de 2016)

GANDHI Y JESÚS

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Gandhi y Jesús

Gandhi conocía muy bien a Jesús, de hecho estuvo a punto de hacerse cristiano. Si no lo hizo fue porque tuvo una mala experiencia. Un día quiso visitar una iglesia acompañado de un amigo, y le negaron la entrada a causa de su vestimenta; o quizá porque no era blanco y cristiano. No obstante, no se enfadó con el cristianismo; su primer modelo fue siempre Jesús. Se enfadó con los cristianos.

Cuando le preguntaban el porqué de aquel enfado, respondía: “Mirad esta piedra de río; está siempre mojada, pero si la rompéis y miráis dentro, está seca. Así pasa con los cristianos; llevan siglos mojándose en el río de la verdad, pero si los abres, están como la piedra rota del río: secos”.

Hermosa definición. No creo que haya nadie capaz de definir la purísima esencia de Jesús: El río de la verdad. Al mismo tiempo, dejar patente el poco provecho que los cristianos hemos sacado de esas verdades. A medida que han ido aumentando los conocimientos, han ido disminuyendo los valores morales propugnados por Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Sed caritativos; tolerantes; comprensivos; respetuosos con aquellos que no piensan como vosotros; respetad sus creencias, porque todas son válidas cuando parten del alma y van dirigidas a Dios, nuestro Padre; todos somos criaturas suyas y todos somos iguales ante Él, aun cuando parezcan distintas.

Todos nos hemos bañado en ese fresco y transparente río de la verdad y, sin embargo, el agua solo nos ha mojado el cuerpo; nuestra alma cada vez está más seca; cada vez somos más intolerantes, y la intolerancia conduce inevitablemente a enfrentamientos pasionales: políticos, raciales, religiosos…

Respeto profundamente todas las creencias o no creencias; sin embargo, esta reflexión es válida para todos, cristianos u otras religiones, porque a todos nos atañe por igual: todos sufrimos las consecuencias de la intolerancia; esta es generadora de guerras, destrucción y muerte.

Es tiempo de despojarnos de la vieja y sucia ropa del alma; volvamos al río de aguas puras a lavarla, hasta dejarla radiante.

Gandhi y Jesús por:    Mª Luisa Escrich

(Guardamar, julio de 2016)

REFLEXIÓN A LAS CARTAS DE TOMÁS DE KEMPIS

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Cartas de Tomás de Kempis

Cartas de Tomás de Kempis:

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“El hombre devoto primero ordena dentro de sí las obras que debe hacer fuera.

Y ellas no le llevan a deseos de inclinación viciosa, si las trae al albedrío de la recta razón.

¿Quién tiene mayor combate que el que se esfuerza a vencer a sí mismo?

Y ese debe ser nuestro negocio, querer vencerse a sí mismo y cada día, hacerse más fuerte y aprovechar a mejorarse.

Verdaderamente es grande el que tiene grande Caridad.

Verdaderamente es grande el que se tiene por pequeño.

Verdaderamente es prudente el que tiene todo terreno por estiércol, para ganar el Amor de Cristo.

 Verdaderamente es sabio aquel que hace la voluntad de Dios y deja la suya aparte”.

[/infobox]         

He reflexionado acerca de lo que nos dice Tomás de Kempis: en general, y aun cuando nuestras intenciones sean buenas, nos afanamos en querer hacer a los demás lo que debemos empezar por hacerlo en nosotros, utilizando una metáfora:

“Ordenar primero nuestra casa, antes de intentar ordenar casas ajenas”.

No podemos dar si no tenemos nada que dar, y para tener, primero hay que adquirirlo; y como también dice Tomás, hay que hacerlo al albedrío de la justa razón.

Realmente no hay mayor combate que el vencerse a sí mismo; despojarnos del orgullo y demostrarlo para poder decir a los demás: “No hay que ser orgulloso”. Así con todos y cada uno de los defectos que tenemos: la incomprensión, la vanidad, la intolerancia…

¡Es grande quien tiene grande caridad! Cierto, pero la Caridad traída a la justa razón, la que podemos hacer sin que se note; aquella que pasa inadvertida; la que puede proporcionar consuelo y paz a un alma atribulada; la que recibimos a través de una palabra amable o una sonrisa o mirada dulces; la Caridad a través del Amor, que es lo único para ganarse el Amor de Cristo, y que son incompatibles con nuestros defectos, los cuales son el estiércol del espíritu. Así, pues, es preciso limpiarse antes a uno mismo para ayudar en la limpieza ajena.

Hay mucho por hacer en todos los aspectos de esta vida hasta alcanzar una cierta sabiduría en este planeta imperfecto, pero es un buen comienzo si reconocemos que somos criaturas sin voluntad propia; que poseemos libre albedrío para actuar, pero que nuestra voluntad está sometida a la voluntad de Dios. Lo decía Jesús: “Yo no hago mi voluntad, más la de mi Padre que está en los Cielos”.

Demos las gracias al hermano Tomás Kempis por las enseñanzas que nos permiten reflexionar para nuestro mejoramiento y adelanto.

                           Cartas de Tomás de Kempis por:   Mª Luisa Escrich

(Guardamar, julio de 2016)

PERDONAR Y OLVIDAR

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Perdonar y olvidar

Sublime precepto evangélico. Jesús lo dijo: “debéis perdonar setenta veces siete veces. Debéis perdonar a los amigos y a los enemigos, porque si solo perdonáis a los amigos, ¿qué mérito tendréis?”

          Sublime y terrible precepto: sublime, porque en el perdón van implícitos los más hermosos valores del alma humana, la paciencia, la comprensión, la tolerancia, la empatía… y terrible, porque es lo más difícil de cumplir, ya que no se trata de perdonar esas pequeñas acciones que nos perturban y que hieren más nuestro orgullo que nuestro corazón. Lo verdaderamente difícil es imponerse a las tendencias materiales cuando te enfrentas a un enemigo que aparece en tu vida, causando una herida tan profunda en el alma que tarda mucho en cicatrizar; y que, tal vez, no cicatriza nunca. Esa herida despierta en nosotros sentimientos de ira, rencor o revancha, sumiendo al espíritu en un abismo de sombras.

          Es duro reconocer que yo estuve sumida en ese abismo durante mucho tiempo: yo tenía un enemigo; él cambió el curso de mi existencia; él fue el culpable de que yo creciera sin el amparo de mi padre, porque él me lo quitó; a cada dolor, a cada contratiempo, me repetía lo mismo: “si estuviera mi padre, esto no sucedería”. ¿Cómo perdonar? ¿Cómo poder olvidar? Mi madre, como ángel tutelar en la tierra, me aconsejaba; me recordaba lo que para mi padre consistía el acto más sublime: el perdón y el ejemplo que nos dio perdonando a sus verdugos. Sí, mi ángel en la Tierra, porque a mi otro Ángel no podía escucharle; había perdido toda sintonía con él.

          Sin embargo, ese Ángel que vela por nosotros y que siempre nos acompaña no me abandonó, porque hizo despertar en mí una lucha entre lo que me habían enseñado (mi deber como buena cristiana), y los sentimientos negativos que me inspiraban el recuerdo y la presencia de mi enemigo. Ni siquiera la oración era capaz de mitigar esa sensación de vacío que sentía dentro de mí. No podía ser de otro modo: ¿Cómo van las oraciones a traspasar el espacio y llegar a Dios, cuando estas van condicionadas? Yo oraba por todas las almas encarnadas y desencarnadas, menos por una, que siempre rechazaba. Oraciones nulas.

          Pero Dios, siempre misericordioso, me dio quizá la última oportunidad en este mundo para reflexionar, y lo hizo poniendo ante mí las tremendas imágenes de la agonía de mi enemigo; por primera vez en mi vida sentí pena por aquel pobre ser a cuyo espíritu no dejaban partir, e instintivamente rogué a Dios para que le liberara de las cadenas del cuerpo… Misericordia divina: aquel sentimiento de conmiseración fue una liberación para mí; comprendí que quizá todo era un proyecto en común; o que tal vez había sido él el instrumento del que se había servido el Señor para templar mi espíritu en la prueba más difícil: el perdón.

          Y perdoné; y le pedí perdón por no haberle perdonado antes; y cuando rezo, lo hago por todos sin excepción.

          Perdonar y olvidar. No hay verdadero perdón si no se olvida. Sin embargo, enfrentarse a nuestros propios demonios y lograr que los recuerdos no nos hagan daño, y ver los acontecimientos pasados como instrumentos de redención, liberan al espíritu de sombras, facilitando la evolución.

          Poder perdonar mirando cara a cara al enemigo; borrar toda animadversión; oír hablar de él sin inquietud; hablar de quien durante tanto tiempo te inquietó sin que duela o perturbe tu alma; rogar a Dios en su favor con el sincero deseo de que su espíritu encuentre la luz de su regeneración, afirma en nosotros la sinceridad del perdón.

          Solo resta dar gracias al Señor de Misericordia por haber perdido un enemigo y haber ganado un hermano.

 

Maria Luisa Escrich

(Guardamar, julio de 2016)

ESPÍRITU ERRANTE

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Espíritu errante

Soy un espíritu errante

en este planeta incierto

donde tu amor infinito

parece que se halle muerto.

Soy ser que busca el descanso

de mi alma peregrina;

y proseguir caminando

en pos de tu luz divina.

¡Oh, Dios de misericordia!

¡Dios de infinita bondad!

Que aleje de mí las sombras

tu divina claridad.

Cuando suenen las trompetas

me apresuraré a partir;

solo dejaré mi cuerpo;

yo nunca puedo morir.

Allí la vida será

de paz, un dulce remanso,

y mi alma peregrina

en Ti encontrará el descanso.

 

Mª Luisa Escrich (Guardamar, julio de 2016)

ANÉCDOTA CON EL VIEJO PROFESOR

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Anécdota con el viejo profesor

          En mi dilatada existencia he tenido la oportunidad de vivir toda clase de experiencias y conocer a personas que dejaron huella en mí, en momentos muy puntuales: seres que son capaces de sorprender con demostraciones de profundo respeto y actitudes de alto valor moral.

          Estamos tan habituados a juzgar tan a la ligera a nuestro prójimo que ni siquiera intentamos descubrir su faceta humana y valores del espíritu: valores que la mayoría de los seres, en algún momento de su vida, ponen de manifiesto, al margen de las ideas políticas o religiosas, porque subyacen en el interior de cada uno de ellos: es la semilla de Dios.

          Una de esas personas fue don Enrique Tierno Galván, el viejo profesor, como todos le denominaban cariñosamente. Inteligente, bondadoso, atento, cercano…

          En aquellos años, en uno de los barrios de Madrid, el de Adelfas (distrito de Retiro Sur), un grupo de vecinos decidió constituirse en Asociación de Vecinos de barrio, con el fin de mejorar las condiciones del entorno, en especial algunas calles carentes de luz, alcantarillado, pavimentación, etc.; me pidieron colaborar, y acepté. Así entré en contacto con los alcaldes Álvarez, Barranco, Huete… y don Enrique.

          Fueron años de intenso trabajo y tesón para lograr la barriada que todos deseábamos, y se logró; debo poner de manifiesto que, con luces y sombras, en general imperó la buena disposición de cada uno de los alcaldes que en su momento gestionaban el ayuntamiento.

          El hecho más relevante tuvo lugar durante el mandato del viejo profesor, siempre cercano y dispuesto a escuchar cualquier demanda.

          Uno de los proyectos de la Asociación se centraba en la creación de actividades para los jóvenes, sobre todo en los de edad adolescente, evitando la ociosidad en las calles; a tal fin, surgió la idea de crear un  taller de pintura, cuyas clases empezarían a la salida de los colegios. Este proyecto, una vez realizado, fue presentado al concejal del distrito, aprobado sin reservas y apoyado con una dotación económica para los materiales: pinceles, pinturas y lienzos.

             Durante todo el curso lectivo se desarrollaron los trabajos en una de las naves que la marca automovilística SEAT tenía en el barrio y que nos prestó desinteresadamente. Al finalizar el curso, se pensó que sería interesante, como estímulo, hacer una exposición con todas las obras, algunas de ellas bastante buenas, e inaugurarla durante las fiestas del barrio, las Fiestas de San Juan. Con ese objetivo nos desplazamos al ayuntamiento para solicitar a don Enrique que fuera él quien inaugurara la exposición y, como siempre, fuimos recibidos sin demora; y mostrándose sumamente agradecido, nos prometió su asistencia (por entonces, yo era secretaria de la Asociación).

          Llegado el día, para regocijo de todo el vecindario, don Enrique Tierno Galván, Alcalde de Madrid, inauguraba una exposición de pintura realizada por unos niños de un humilde barrio.  Fue una fecha memorable que dejó en todos nosotros un recuerdo imborrable, por su actitud humana, afecto, simpatía y bondad.

          Cuando acabó un corto pero sentido discurso, y tras compartir un sencillo “vino de honor”, antes de despedirse (sin prisas) nos llamó a los representantes de la asociación, y estas fueron sus palabras: “Gracias por vuestro trabajo, gracias por vuestro desvelo a favor de los convecinos; contad siempre con mi ayuda y cooperación. Y para demostraros mi agradecimiento, yo, ‘el viejo profesor’, os invita a hacer un viaje a Toledo, para que los jóvenes artistas que han colaborado conozcan las obras del genial pintor ‘El Greco’. Solo tenéis que decidir la fecha”.

          No se podía esperar otra cosa: cumplió su palabra y unas cuarenta personas fuimos a Toledo.

          Querido y “Viejo Profesor”: hoy ya perteneces al mundo de los espíritus, y con el valor que se da a las cosas materiales en ese mundo, quizá no te sean muy gratos los elogios a tu persona; perdóname, hermano, pero no hay elogio en sentido material; solo deseo poner de relieve, y como enseñanza, que debemos contemplar a nuestros semejantes como hermanos, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, entendiendo que, como he dicho al principio, todos llevamos la semilla de Dios en nuestro interior, y que tú fuiste un claro exponente de esa verdad incuestionable.

          Hasta la eternidad.

ANÉCDOTA CON EL VIEJO PROFESOR por:  Mª Luisa Escrich

©2016, Amor, Paz y Caridad

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