Palabras de aliento

ANÉCDOTA CON EL VIEJO PROFESOR

          En mi dilatada existencia he tenido la oportunidad de vivir toda clase de experiencias y conocer a personas que dejaron huella en mí, en momentos muy puntuales: seres que son capaces de sorprender con demostraciones de profundo respeto y actitudes de alto valor moral.

          Estamos tan habituados a juzgar tan a la ligera a nuestro prójimo que ni siquiera intentamos descubrir su faceta humana y valores del espíritu: valores que la mayoría de los seres, en algún momento de su vida, ponen de manifiesto, al margen de las ideas políticas o religiosas, porque subyacen en el interior de cada uno de ellos: es la semilla de Dios.

          Una de esas personas fue don Enrique Tierno Galván, el viejo profesor, como todos le denominaban cariñosamente. Inteligente, bondadoso, atento, cercano…

          En aquellos años, en uno de los barrios de Madrid, el de Adelfas (distrito de Retiro Sur), un grupo de vecinos decidió constituirse en Asociación de Vecinos de barrio, con el fin de mejorar las condiciones del entorno, en especial algunas calles carentes de luz, alcantarillado, pavimentación, etc.; me pidieron colaborar, y acepté. Así entré en contacto con los alcaldes Álvarez, Barranco, Huete… y don Enrique.

          Fueron años de intenso trabajo y tesón para lograr la barriada que todos deseábamos, y se logró; debo poner de manifiesto que, con luces y sombras, en general imperó la buena disposición de cada uno de los alcaldes que en su momento gestionaban el ayuntamiento.

          El hecho más relevante tuvo lugar durante el mandato del viejo profesor, siempre cercano y dispuesto a escuchar cualquier demanda.

          Uno de los proyectos de la Asociación se centraba en la creación de actividades para los jóvenes, sobre todo en los de edad adolescente, evitando la ociosidad en las calles; a tal fin, surgió la idea de crear un  taller de pintura, cuyas clases empezarían a la salida de los colegios. Este proyecto, una vez realizado, fue presentado al concejal del distrito, aprobado sin reservas y apoyado con una dotación económica para los materiales: pinceles, pinturas y lienzos.

             Durante todo el curso lectivo se desarrollaron los trabajos en una de las naves que la marca automovilística SEAT tenía en el barrio y que nos prestó desinteresadamente. Al finalizar el curso, se pensó que sería interesante, como estímulo, hacer una exposición con todas las obras, algunas de ellas bastante buenas, e inaugurarla durante las fiestas del barrio, las Fiestas de San Juan. Con ese objetivo nos desplazamos al ayuntamiento para solicitar a don Enrique que fuera él quien inaugurara la exposición y, como siempre, fuimos recibidos sin demora; y mostrándose sumamente agradecido, nos prometió su asistencia (por entonces, yo era secretaria de la Asociación).

          Llegado el día, para regocijo de todo el vecindario, don Enrique Tierno Galván, Alcalde de Madrid, inauguraba una exposición de pintura realizada por unos niños de un humilde barrio.  Fue una fecha memorable que dejó en todos nosotros un recuerdo imborrable, por su actitud humana, afecto, simpatía y bondad.

          Cuando acabó un corto pero sentido discurso, y tras compartir un sencillo “vino de honor”, antes de despedirse (sin prisas) nos llamó a los representantes de la asociación, y estas fueron sus palabras: “Gracias por vuestro trabajo, gracias por vuestro desvelo a favor de los convecinos; contad siempre con mi ayuda y cooperación. Y para demostraros mi agradecimiento, yo, ‘el viejo profesor’, os invita a hacer un viaje a Toledo, para que los jóvenes artistas que han colaborado conozcan las obras del genial pintor ‘El Greco’. Solo tenéis que decidir la fecha”.

          No se podía esperar otra cosa: cumplió su palabra y unas cuarenta personas fuimos a Toledo.

          Querido y “Viejo Profesor”: hoy ya perteneces al mundo de los espíritus, y con el valor que se da a las cosas materiales en ese mundo, quizá no te sean muy gratos los elogios a tu persona; perdóname, hermano, pero no hay elogio en sentido material; solo deseo poner de relieve, y como enseñanza, que debemos contemplar a nuestros semejantes como hermanos, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, entendiendo que, como he dicho al principio, todos llevamos la semilla de Dios en nuestro interior, y que tú fuiste un claro exponente de esa verdad incuestionable.

          Hasta la eternidad.

ANÉCDOTA CON EL VIEJO PROFESOR por:  Mª Luisa Escrich

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