Perdona, Señor, si digo
que me encuentro muy cansada;
va siendo muy largo el viaje
donde el alma está embarcada.
Jamás romperé los lazos
que me atan a la carne,
mas nunca me negaré
si vienes a desatarme.
Yo no deseo morir
porque a tu ley contraría;
mas si hoy lo decidieras
tampoco me importaría.
Nos abandonan las fuerzas
porque el cuerpo se envejece,
y a medida que se agota
el espíritu se crece.
No cortaré la cadena
que al mundo me tiene atada,
pero ayudaré al buen Ángel
cuando él venga a cortarla.
Pienso en la madre Teresa
que en intenso sufrimiento
se regocijó su alma
cuando le llegó el momento.
Permíteme, oh, Señor,
como a Teresa decir
cuando se cumpla mi tiempo,
oh, dulce Jesús, ¡¡por fin!!
Perdona, Señor de: Mª Luisa Escrich
Guardamar, noviembre de 2016





