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SENCILLEZ

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Sencillez

Sencillez: Sin lujo, sin ostentación, sin adornos, así es como nos expresa el diccionario el significado del tema que hoy tratamos.

A veces decimos que una persona nos gusta, o nos agrada por su sencillez, y en realidad sin damos cuenta estamos englobando en esa sencillez, cierta naturalidad, amabilidad, dulzura, serenidad y bondad, y es que ese estado de paz interior que tienen las personas sencillas es algo que se transmite y que se hace notar hacia el exterior.

En el actual estado de caos en el que vivimos, podríamos decir, convivir con una persona de estas características es algo inusual, ya que se vive en muchos casos a la deriva según la sociedad en la que nos haya tocado vivir y por lo general nos encontramos bastante afectados por el entorno y por el ritmo de vida que nuestra generación se ha impuesto.

Una persona de sanas costumbres, que se baste de sus valores internos para sentirse internamente satisfecha, una persona que no necesite sentirse halagada por los demás, que no necesite vivir de las apariencias, ni del lujo, ni de la ostentación, que no se sienta presionada por la necesidad de ir al día en cuanto a las marcas comerciales, o lo que podríamos denominar «lo que se lleva», es difícil de encontrar.

Una persona sencilla es en realidad una persona íntegra, segura de sí misma y que se encuentra por encima de los prejuicios y convencionalismos sociales. No se es más o menos sencillo por lo que se tiene, o lo que se viste, sino por el estado interior en que se vibra. Se puede tener un gran nivel de vida, y sin embargo no darle la menor importancia. O por el contrario por las posibilidades que se tienen no se puede estar a ese nivel y sin embargo estar deseándolo con lo cual muchas personas viven aparentando y ostentado lo que no son, por su falta de humildad y sencillez. He aquí que se puede aplicar perfectamente el viejo refrán español: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».

La sencillez por tanto no tiene en cuenta la pobreza y la riqueza, sino que tratándose de un estado interior puede poseerla todo aquél que se encuentre en un nivel espiritual que haya superado el orgullo y la vanidad, como taras que sumen al individuo en un mundo de ficción y fantasías que le impiden verse a sí mismo en su propia realidad y bajeza moral. Para tapar todo esto se recurre a la ostentación y las complicaciones de la vida, se presume de vivir en la corriente social, disfrutando de todo cuanto se pueda, sin reconocer que en el fondo no estamos satisfechos y que no le hemos encontrado el sentido a la vida.

Las personas sencillas son claras y honestas, no tienen pretensiones de grandeza y lo que les importa es la esencia de las cosas, no necesitan de los oropeles y del lujo. Lo que es verdaderamente un lujo es estar a salvo de la falsedad, y de las vanidades del mundo que no traen nada bueno al ser humano y que tarde o temprano se ponen al descubierto mostrando lo vacíos que estamos y lo baldío de los esfuerzos que se han hecho por levantar castillos en el aire.

La sencillez, al igual que la belleza y lo atractivo se encuentran en la esencia de las personas y en el equilibrio que guardan en las diferentes pautas que conforman la naturaleza humana. Armonía, templanza, tranquilidad, darle a cada cosa su valor y no necesitar más que de los valores del corazón y de ver que cuantos conviven a nuestro alrededor tienen lo que necesitan para su realización personal, eso es sencillez.

Yo encuadraría la sencillez como la vida del espíritu, que se nutre de lo moral y de la satisfacción interna. La materia se nutre de la pomposidad y de los valores fatuos de la sociedad, que necesita del ajetreo y que no ha desarrollado todavía la sensibilidad por los verdaderos placeres y dichas del espíritu.

El amor a la verdad, el bien por sí mismo, la belleza de las cosas, la paz interior son aspectos humanos que pertenecen a la intimidad y que hemos de apreciar por nosotros mismos. Cuando nos despojamos de los sucedáneos, cuando nos descubrimos a nosotros mismos tal y como somos y hallamos el auténtico valor de las personas y de los hechos que ocurren a nuestro alrededor empezamos a ser sencillos dejando a un lado lo artificioso y antinatural.

Expresarnos con claridad, actuar sin rodeos, manifestarnos tal y como pensamos sin dejar a un lado la delicadeza, eliminar la presunción, evitar los excesos, son aspectos morales de la sencillez que dan a entender la rectitud de la persona que tenemos frente a nosotros, ante la cual hemos de rendirnos por su honestidad y franqueza.

No hemos de confundir la ingenuidad, la simplicidad u otros sinónimos con la sencillez, ya que esta última se encuadra dentro de los valores humanos que a todos nos cabe recuperar a fin de disfrutar nuestra vida de la forma más natural.

Fermín Hernández Hernández

1999 © Amor, paz y caridad

EL CAMINO SE HACE ANDANDO

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El camino se hace andando

Venimos repitiendo, constantemente, la necesidad de una transformación moral cómo método más adecuado para el proceso evolutivo de nuestro espíritu. Esta transformación se basa en una limpieza moral y el desarrollo de los valores humanos. Seguiremos insistiremos en ello, una y muchas, muchas veces, de toda forma y condición posible. A pesar de ello, prácticamente nada ha cambiado, y este resultado no es otro que el fruto de nuestra condición de seres instalados en las primeras fases de la evolución espiritual.

No obstante, la mayoría de las personas tienen buena voluntad y sana intención, no suelen desear el mal para sus semejantes y no buscan subterfugios para dañar a quienes les rodean. A pesar de ello, sigue siendo una práctica muy habitual, provocar daño ajeno, perjudicar a los demás de manera directa o indirecta, sin conciencia de la gravedad y la consecuencia de sus actos, pensamientos y sentimientos.

Esto sucede, simplemente, por ignorancia, por falta de previsión, por desconsideración y falta de análisis ante actuaciones y hechos; cualidades que deberían ser la guía constante en nuestras relaciones personales. Una sana costumbre es, detenerse al final de cada jornada y hacer un auto-análisis de los acontecimientos, analizarlos críticamente y corregir aquellos errores que inquietan la conciencia.

Es importante detenerse y hacer un serio estudio de las causas que no permiten el desarrollo de los valores morales; valores que elevarán nuestro nivel de conciencia y desarrollarán el conocimiento personal necesario, para estar en armonía con las Leyes Cósmicas.

La Ley Universal, la Ley de Dios, está grabada a fuego en nuestra conciencia, según nos indican seres de gran elevación espiritual a través del LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. No obstante, nuestra conciencia permanece ofuscada y condicionada por los defectos acumulados a lo largo del tiempo. Es necesaria, por tanto, una ayuda consciente para resaltar los puntos de inflexión, aquellos aspectos perniciosos de nuestra personalidad que nos impiden actuar correctamente y determinar los instrumentos necesarios para resolver cualquier disyuntiva.

Los defectos morales son los principales impedimentos de progreso, nuestro mayor y tenaz enemigo; acecha desde nuestro interior. Pero también debemos agradecerles su ayuda para conocernos mejor y convertirnos así, en instrumentos de progreso. Pero, seamos conscientes y tengamos claro que están enquistados en nuestro interior, anclados por las imperfecciones, vicios y debilidades, verdadera causa de nuestros sufrimientos y del estancamiento moral en el que nos mantenemos desde hace eones.

Desde hace siglos podríamos vivir integrados en otros mundos; mundos de mayor evolución, a los que perteneceríamos, según fuésemos superando debilidades y consolidando los valores del espíritu. Ya habríamos dejado atrás este planeta, de no ser por nuestro atraso espiritual, consecuencia del egoísmo y demás taras de nuestra alma, consolidadas por propia voluntad. Sin embargo, seguimos prisioneros de pruebas y expiaciones, en la rueda kármica en la que nos hemos anclado torpemente y, como deficientes alumnos, seguimos y seguimos repitiendo idénticas lecciones, una, dos y tres veces, siete veces siete. Y es que el hombre, en su empecinamiento, tropieza siempre con la misma roca.

¿Seremos capaces alguna vez de asimilar el hecho de que, como espíritus encarnados en este planeta Tierra, tenemos la misión y el compromiso de trabajar en nuestro perfeccionamiento personal y moral?

La propia Naturaleza y todo aquello que nos rodea, son instrumentos puestos a nuestra disposición por los Espíritus Planificadores, y recibimos esos dones en calidad de usufructuarios, para desarrollar ese trabajo personal y colectivo que es la Evolución Global. Junto con sus beneficios, recibimos también la responsabilidad de su buen o mal uso y, en su momento, habremos de rendir cuentas del préstamo recibido.

Resultaría conveniente llevar a cabo un estudio psicológico sobre las imperfecciones que bloquean nuestro progreso, que nos impiden la libertad de espíritu, la serenidad de conciencia, la alegría de vivir, la comprensión y el entendimiento, el respeto y la tolerancia y el anhelo de alcanzar cada día mayores cotas de humanidad. En suma, el amor y la caridad tan necesarios en este mundo.

Debemos detectar nuestras carencias, conocer cómo se manifiesta el egoísmo en nuestras relaciones sociales y en nosotros mismos; debemos ser conscientes de la máscara que nos cubre, sin apercibirnos de ella, y dar el paso definitivo para arrancarla de raíz, si no queremos permanecer estancados y continuar perjudicando a los demás con esos defectos que nos mantienen sujetos a los mundos inferiores, hasta tanto no soltemos lastre y rompamos los lazos del pasado.

Este es el fin de esta nueva sección, descubrir, poco a poco, como se manifiestan las imperfecciones y también los métodos para superarlas. Cuantos mayores conocimientos, más conscientes seremos de nuestra realidad y limitaciones. Conoceremos, sin duda, las mejores armas para enfrentarnos a esos enemigos ocultos que nos acechan.

Deseamos que todos ustedes, amables lectores, caminen con nosotros en el espinoso sendero del progreso, y en esa confianza, iniciamos la andadura de esta nueva sección mensual.

 

El camino se hace andando por:   Fermín Hernández Hernández

©2017, Amor, Paz y Caridad

 

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“Todas las virtudes poseen su mérito, porque todas son indicios de progreso en la senda del bien. Hay virtud, cada vez que existe una resistencia voluntaria a las solicitaciones de las malas tendencias. Pero lo sublime de la virtud, consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin abrigar segundas intenciones. La más meritoria de ellas es la que se basa en la caridad más desinteresada.”  

(Libro de los espíritus, Perfección Moral, Allan Kardec).

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LEY DE JERARQUÍAS 2

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Ley de jerarquias

DIFERENTES REALIZACIONES EN LOS MUNDOS FÍSICOS

En los mundos primitivos, donde la evolución comienza sus primeros pasos, la ayuda de mentes directoras resulta insustituible pues, los espíritus al inicio de su andadura espiritual son incapaces de conocer, por sus propios medios, qué les es más conveniente. Por ello, son dirigidos y ayudados en casi todas sus manifestaciones. Estos espíritus llegan incluso a vivir entre estas civilizaciones para servir de maestros y guías, transmitiendoles así, las enseñanzas y consejos que necesitan. Son espíritus con una gran capacidad de renuncia y sacrificio que abandonan temporalmente sus planos felices para sumergirse en cuerpos humanos, encarnando en medios primitivos para ayudar y fijar las bases de su futura evolución.

Constatamos que desde los albores de la civilización y hasta dónde alcanzan los registros humanos, existe constancia de las enseñanzas impartidas por esos grandes mentores: Krishna, Buda, Confucio, Lao Tse y otros muchos que sería extenso enumerar. A ellos añadiríamos la gran cantidad de espíritus que desarrollaron, entre otras, las culturas egipcia, mesopotámica, asiria, griega y judía. Toda esta labor no es fruto de la casualidad, sino que obedece a la planificación realizada en su momento por los arquitectos siderales qué, al definir la Obra Creadora en la Tierra y con el fin de servir de ayuda al avance filosófico y moral de la Humanidad, comprometieron excelsos ayudantes a reencarnar voluntariamente como intermediarios y colaboradores de su gobernador planetario, Jesús de Nazareth.

Seres de tamaña elevación han habido muchos a lo largo del tiempo y en los innumerables pueblos del planeta, desde hace miles y miles de años, aportando en cada momento y lugar, las enseñanzas, conocimientos y el avance espiritual, necesarios, para facilitar el crecimiento evolutivo a esos pueblos. También llegaron a Occidente seres de gran calado espiritual, algunos de los cuales han alcanzado la categoría de santos para la Iglesia Católica, por su trabajo, fe y capacidad de sacrificio. Todos estos seres forman parte del equipo colaborador planificado, haciendo ver a los habitantes del planeta que no están solos en el Universo.

También existen otros seres de gran talla espiritual que asumen la labor de guías y modelos para países, pueblos y ciudades, denominados por la iglesia católica «Patrones o Vírgenes” y que guían y mantienen la fe de esos pueblos y sientan las bases para que la sociedad no se sumerja en un materialismo embrutecedor. Esa es su misión y la realizan con sacrificio y caridad, actuando, abnegadamente, como intermediarios de los pedidos que reciben.

En idéntica medida, existen también seres que se ocupan de escuchar y atender (En la medida de lo posible), las oraciones y peticiones que se les envían desde el plano material. Contando con la autorización de seres de mayor evolución espiritual, intervienen y ayudan a los humanos en las necesidades materiales y morales, bien aliviando enfermedades, suavizando dificultades y problemas, esclareciendo e incentivando voluntades o fortaleciendo la fe indispensable para superar las pruebas y expiaciones.

Podría darse el caso que se efectuara una solicitud a una entidad espiritual concreta, que en ese momento se encuentra encarnada; en ese caso, acudirían otros espíritus de similar nivel evolutivo a dar respuesta a esas peticiones.

Podemos comprobar que en el Mundo Espiritual existe una colaboración absoluta; nada queda al azar y la actividad es siempre incesante a favor de las personas encarnadas, que tristemente no suelen ser conscientes de ello.

Otro grupo de seres de elevado patrón espiritual son aquellos que denominamos Ángeles de la Guarda. Son espíritus protectores y guías que nos acompañan en el quehacer diario, a lo largo de toda nuestra existencia, intentando siempre mantenernos en el camino correcto. Ellos hablan a nuestra conciencia y nos previenen, para así, poder paliar los peligros que pueden surgir; nos ayudan a superar las pruebas comprometidas, las necesarias expiaciones y a cumplir los objetivos asumidos antes de encarnar. Son auténticos compañeros de viaje; un viaje que realizamos dentro de un cuerpo físico y, dónde solemos olvidar los compromisos previos; por eso, su ayuda es inestimable y los resultados, no obstante, siempre dudosos.

Tampoco sería justo olvidar a esos seres que son responsables de planificar la vida futura del encarnado pues, las personas que van a recibir un nuevo cuerpo físico no suelen ser conscientes de sus propias necesidades y las pruebas que requieren; desconocen, en muchos casos, cuáles son sus deudas pendientes y los objetivos que han de cumplir. Metas todas, encaminadas a superar las imperfecciones y reponer el equilibrio perdido por los errores del pasado. Estos seres se encargan también de conseguir el ambiente y familia adecuados para poder saldar las deudas. Determinan cómo ha de ser el cuerpo físico adecuado a las futuras vivencias; cuerpo masculino o femenino, que poseerá las características adecuadas para el mejor desenvolvimiento futuro. Esas entidades se encargan de planificar las condiciones económicas, salud, carencias, minusvalías y, toda suerte de circunstancias necesarias para que se cumplan los programas de regeneración y rescate de las deudas pendientes. ¡¡Nada queda al azar!!

Debemos recordar también dentro de la faceta antes mencionada, a otros espíritus colaboradores, denominados Señores del Karma, que estudian las circunstancias positivas y negativas que el espíritu en el proceso reencarnatorio, a tenor de su recorrido anterior, ha de experimentar en su futura encarnación en la Tierra.

Como decimos, nada queda al azar, nada pasa desapercibido. Existe una escala infinita en la evolución, y cada ser, según el grado alcanzado, se ocupa de realizar el trabajo que le es necesario para su propia evolución, sirviendo, en paralelo, de ayuda a todos sus compañeros de camino. Todos los entes evolutivos necesitan ayuda mutua. ¡¡Esa es la Ley!!

Ley que se manifiesta de forma inmanente en todo el Universo, pues existe una cadena recíproca de ayuda, por la que los más capacitados ayudan a los más débiles. Es justo lo contrario de lo que ocurre en la Tierra, dónde el débil sucumbe ante el mayor.

Estas situaciones únicamente las encontraremos en los mundos de expiación semejantes a la Tierra, dónde aún quedan reductos de rebeldía y maldad, mientras llegue hasta ellos el cambio de ciclo planetario e inicien el trabajo de regeneración. Pero, en esencia, el Bien, la Luz y el Amor brillan intensamente a lo largo de todo el Universo.

En el mundo espiritual, el Bien y el Amor son las fuerzas dominantes.

En los Mundos Superiores no existe la ociosidad ni la pereza, únicamente la Ley del Trabajo y del Progreso (Componente de la Ley del Amor) y un constante avance en la búsqueda del Creador; meta última de todos los espíritus en evolución, que se ayudan entre ellos, cumpliendo la Ley de Amor, la Justicia y la Caridad.

Existen también espíritus que se unen a organizaciones dedicadas al bien común, para ayudar a sus dirigentes o las personas que detentan puestos de gran responsabilidad que, a su vez, con sus decisiones, pueden crear grandes avances o grandes sufrimientos. A todos intentan intuir y ayudarles mentalmente, para que tomen las mejores decisiones e iniciativas.

Tampoco queremos olvidar la gran labor que realizan otros espíritus colaboradores, que ayudan a los desencarnados en las regiones más dolorosas del bajo astral, que ayudan a esos espíritus rebeldes, endurecidos y vengativos que se encuentran en abismos de materialismo y maldad, alcanzando extremos inimaginables de autodestrucción. Se encargan de que también esas entidades reciban ayuda cuando, finalmente, muestran un atisbo de arrepentimiento y deseo de abandonar el infierno de sufrimiento e infelicidad en el que se hallan. Es entonces cuando estos espíritus, trabajadores en las zonas cercanas al Umbral, descienden para rescatarles y ayudarles en su regeneración; regeneración que se producirá a lo largo de numerosas vidas de mucho dolor y sufrimiento.

Tampoco podemos omitir esos seres dedicados a los avances de las Artes y las Ciencias y, de todo conocimiento que signifique un adelanto cultural para la civilización. Estos seres espirituales son, a su vez, dirigidos por grandes mentores espirituales que les instruyen y les preparan, para que una vez en la Tierra, puedan desenvolverse y conseguir las bases adecuadas para materializar los adelantos que beneficiarán a la Humanidad.

Aquellos que en la Tierra ejercieron la medicina, la enseñanza, el derecho, muchos siguen ligados al plano físico en misiones de ayuda y procurando que la profesión que abrazaron en el pasado alcance mayores cotas de dignidad y grandeza. Algunos de estos seres no cumplieron bien su trabajo en la tierra y por ello tienen ahora ese destino; cooperan con los profesionales encarnados para que no cometan los mismo errores que ellos. Algunos médiums de sanación cuentan también con la ayuda de esos viejos profesionales de la medicina que mantienen su deseo de servir y sanar a los enfermos.

Podríamos seguir enumerando, más y más, trabajos y actividades que se realizan desde el plano espiritual. Actividades todas, encaminadas a que cada individuo, de acuerdo a su nivel evolutivo, pueda cumplir en la Tierra, el cometido que ha de servir para progreso individual y colectivo.

 

Ley de jerarquías 2 por: Fermín Hernández Hernández

©2017, Amor, Paz y Caridad

CRITERIO

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Criterio

CRITERIO: “Regla o canon para distinguir una cosa de otra. Juicio o discernimiento. Opinión, ideas que una persona tiene sobre un asunto. ” Tales son las definiciones que la Real Academia de la Lengua Española nos ofrece sobre el tema que este mes nos ocupa.

A decir verdad, si siguiéramos al pie de la letra esta definición que tenemos del diccionario, creo que cambiaría en gran medida nuestra visión del mundo y de la sociedad que nos rodea. Hace falta una gran dosis de personalidad, tener un razonamiento claro y sin influencias de ningún tipo, para poder llegar a ese «juicio y discernimiento» del que nos habla la Academia.

Son muchos los obstáculos que tenemos en el camino para no dejamos llevar por esa corriente de influencias que están representando un verdadero bombardeo constante para nuestra mente y que en muchas ocasiones nos lo dan todo hecho, me refiero, cómo no, a la propaganda, la publicidad, las noticias e informativos, los medios de comunicación en general y las grandes compañías multinacionales que nos quieren vender sus productos a toda costa, con sus campañas publicitarias de ventas, nos dicen en todo momento lo que tenemos que vestir, comer, comprar,…

Somos libres para escoger sí, pero en la práctica muchas personas viven supeditadas a toda esta maraña que nos envuelve y que no nos deja apenas tiempo para pensar con claridad, tomar nuestras decisiones y sacar las debidas conclusiones sobre todo lo que nos rodea y nos afecta en particular por pura y propia reflexión.

Si no tenemos criterio propio para vestirnos o calzarnos, ya que las grandes marcas imponen su ley, mucho menos tenemos dicho criterio para saber razonar sobre un asunto o idea concreta, ya que lógicamente no estamos acostumbrados a razonar y discernir, a ver las cosas desde su clara lógica, desde su verdad y esencia. Volviendo a la referencia que nos da el diccionario, hemos de aprender a distinguir una cosa de la otra. Sin embargo como veremos son también muchos los obstáculos que nos asaltan en este terreno para llegar a esa apreciación de la realidad, y para que se haga la luz en nuestra mente que nos permita descubrir los entresijos de las experiencias que la vida nos aporta.

Con mucha facilidad nos dejamos llevar por los comentarios que alguien nos hace en referencia a ideas o personas, sin paramos a pensar cuál es el interés o motivación que tiene esta persona para hacemos dichos comentarios. ¿Tendrá algún interés especial? ¿Se ha mostrado con honestidad, honradez e imparcialidad al hacernos partícipes de dichos comentarios? ¿Su objetivo era siempre con fines positivos y de bien? ¿O por el contrario perseguía la crítica negativa y destructiva? ¿Tiene verdadero y claro conocimiento de lo que nos explica para hablar con seguridad? Es decir que a la hora de escuchar y después reflexionar sobre todo cuanto puede llegar a nuestros oídos, hemos de tener una guía o regla moral para que nos sea fácil llegar a conclusiones acertadas, y no hagamos caso de lo primero que se nos dice, pudiendo causar daño y más cuando se trata de terceras personas.

Está demostrado que por naturaleza somos propensos a escuchar las críticas y censuras hacia los demás, a los comentarios positivos de la gente les prestamos poca importancia y nos cuesta reconocer los méritos ajenos, pero en cuanto a la crítica destructiva ésta se corre como la pólvora, es por ello que nuestra norma de conducta ha de estar regida por un sano criterio de análisis y razonamiento, partiendo de la valoración positiva y del conocimiento que tenemos de las personas, ya que este conocimiento nos aporta un aval sobre lo que una persona pueda o no ser capaz de hacer, no siendo nunca jueces, para esto está la justicia divina, sólo tratar de ser imparciales. Para ello hemos de llegar al fondo de las cuestiones y estar imbuidos de un sentimiento de amor hacia la verdad y también llenos de bondad.

Si no tenemos este amor hacia el bien y la bondad, y por el contrario nuestros sentimientos están encontrados, tenemos una predisposición hacia algo o hacia alguien y nuestra conciencia no está tranquila consigo misma, es difícil que sepamos llegar a tener un buen criterio sobre las cosas que nos pasan, porque nos hallamos inmersos en una serie de dudas y contradicciones que condicionan en gran medida nuestras facultades de análisis y discernimiento, sin las cuales es mejor que nos mantengamos al margen y tal vez sea más adecuado recurrir a la ayuda de nuestros mejores amigos para que nos aconsejen.

Cualquier tipo de predisposición, recelo o idea preconcebida que podamos tener sobre un asunto, puede entorpecer el ejercicio de análisis y comprensión claro y preciso al que debemos llegar, por lo tanto, hemos de ser lo suficientemente abiertos y sensatos para arrancar de un punto de partida que pueda propiciar el entendimiento sin trabas ni cortapisas.

La lealtad que nos ha de acompañar hacia el bien y la verdad, deben por el contrario mantenemos alejados de las críticas destructivas e infundadas que en muchas ocasiones se propician en contra de terceros, y que las más de las veces están auspiciadas por la parte negativa, que como todos sabemos no busca más que confundir, entretener y crear cizaña con el fin de desunir y enfrentar a los grupos y personas que van en pos de un ideal común.

Es por ello que el diálogo sereno y con fines positivos es el mejor aliado del buen criterio, pues escuchar otras opiniones e ideas nos enriquece, nos abre las puertas hacia una mayor comprensión y entendimiento, sacando a relucir nuestros errores y limitaciones, al mismo tiempo que nos ayuda a conocer mejor a las personas con quienes nos relacionamos, lo cual nos conduce por otro lado a tener una mayor confianza en las mismas, ya que la base de la confianza se halla en el conocimiento y la relación sincera entre las personas, sin embargo, por esta falta de trato y de compenetración en muchas ocasiones se crean barreras y cortapisas, que son los elementos de los que se sirve la parte negativa para crear cizaña y mal ambiente.

Por lo tanto, son varias las cualidades que se necesitan para poder forjamos un sano criterio de cuanto nos acontece y tiene que ver con nuestra persona, a saber:

  • Ser imparciales, dejando a un lado nuestros intereses y prejuicios.
  • No dejarse llevar por los convencionalismos y frases hechas, que supuestamente nos indican un camino ya trazado.
  • Saber escuchar, estando abiertos a distintas opiniones, pero pasándolo después por el tamiz del buen juicio y discernimiento.
  • No dar por cierto todo cuanto llegue a nuestros oídos, sin profundizar en las finalidades con que se nos hace partícipes de esas ideas u opiniones.
  • Ser fieles y leales a la verdad y la justicia, sin lo cual no tendremos ese canon o regla para distinguir las cosas.
  • No perder nunca la inquietud de aprender acerca de nosotros mismos y de mejorar nuestra conducta.

Fermín Hernández Hernández

© 1999 Amor, paz y caridad

PADRES DE FAMILIA: «CONVIVIR Y EDUCAR»

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CONVIVIR Y EDUCAR

En este sencillo artículo nos gustaría hacer una reflexión alrededor del núcleo familiar. La familia es, con certeza, el componente más importante en la vida de las personas. Pero el trabajo, el cansancio, la imprescindible dedicación al trabajo espiritual, a nivel de grupo y personal, los intereses materiales, las comodidades y el ocio, nos impiden prestarle la debida atención. Dedicar a la familia, tiempo, cariño y ternura, es algo tan fundamental que no debe caer en el olvido.

El hogar no es ese lugar donde hacemos o decimos lo que nos place, tiene una relevancia mucho mayor. Es el lugar dónde, por encima de todo, se debe ejercer la responsabilidad paternal, como padres protectores, educadores y amorosos. Padres que deben servir de respaldo, apoyo y ejemplo para sus hijos. No obstante, las figuras paternas tienen un significado todavía más importante y que no figura en diccionario alguno, trasfondo que no es otro que la expresión “Ayuda, ese respaldo que necesitan los hijos para desenvolverse y aplicar las enseñanzas recibidas dentro y fuera del hogar.

Esta dedicación no debe ser postergada, pues la familia tiene unas necesidades concretas que son prioritarias sobre muchas otras y, para los padres resulta imperativo dar la talla,  renunciado, si cabe, a todo lo superfluo para darles la prioridad requerida, dejando de lado inclusive el descanso y cualquiera otro tipo de necesidad. El trabajo en el hogar deberá considerarse siempre como una tarea preferente.

Existe gran cantidad de personas que consiguen triunfar fuera del hogar, pero dentro de él, están apagados, dejando mucho que desear. Es este un error bastante extendido del que en algún momento habrá que rendir cuentas y que exigirá encarnar una o más vidas para corregirlo.

Como afirmamos, existen prioridades, siendo la primera y fundamental, el EJERCICIO DE LA RESPONSABILIDAD PATERNAL, luchando para que nuestra familia tenga sus necesidades cubiertas, materiales y espirituales. Y es en estas últimas, dónde estamos obligados a obtener la máxima calificación.

¡¡Qué otro valor merecerá mayor sacrificio y dedicación!!

¡¡Dónde mejor que en el hogar podemos desarrollar ciertas cualidades que difícilmente podríamos conseguir fuera de él!!

Es una verdadera lástima que esta circunstancia no se valore en toda su magnitud. Simplemente sucede que dentro del ambiente familiar nos relajamos, pues sabemos que seremos juzgados con indulgencia. No debemos olvidar que el hogar es el reflejo de nuestras propias virtudes y defectos y qué, por inercia, el mundo que nos rodea, es nuestro propio reflejo. Y ahí, no solemos salir tan bien parados.

Para convertir nuestra morada en un auténtico hogar se requiere un gran trabajo. Tenemos la obligación de ofrecerlo, debemos conseguir una familia unida y comprometida en el progreso y, reforzar el afecto entre sus componentes. No debemos olvidar que los hijos son esponjas que lo absorben todo, especialmente el comportamiento y el buen trato. Si somos capaces de ofrecérselo, ellos sabrán transmitirlo. Los buenos modos, el cariño, el amor y el deseo de ayuda se deben respirar en el hogar. Estos valores deben ser la consigna para todos los padres. Tampoco debemos olvidar que las opiniones divergentes y las desavenencias deben desaparecer de las relaciones de hogar.

Para muchos padres su prioridad se centra en conseguir para sus hijos los estudios mejor cualificados, una buena carrera universitaria y cualquier apoyo académico que les permita alcanzar una posición social de privilegio y que les facilite abundantes recursos económicos. Ciertamente, es una loable actitud y una gran oportunidad que sin duda mejorará las perspectivas de los buenos estudiantes. Pero, sin duda quienes mejor podrán ayudarles en esas necesidades serán los buenos profesores, la universidad, y el estímulo de los padres. Si esto es así, ¿por qué no aplicamos los mismos esfuerzos para facilitarles una adecuada formación social, moral y espiritual; dedicación que nadie mejor que los padres, por su implicación, pueden ofrecer?

El hogar es primer eslabón en el aprendizaje de la vida, el lugar donde han de fijarse las bases que les permita forjarse como auténticos adalides del mensaje del sublime Jesús de Nazaret. Tristemente, muchos padres apenas conocen a sus hijos, ni ven más allá de sus necesidades materiales. ¿Qué decir de la formación espiritual necesaria desde que nacen hasta que abandonan el hogar?. Esta es una gran responsabilidad de la que tendremos que rendir cuentas.

¿Estamos los padres actuando, realmente, como auténticos profesores en la asignatura de la Vida? ¿Les enseñamos a nuestros hijos a distinguir correctamente entre lo material y lo espiritual? ¿Entre las virtudes y los defectos?. Del mismo modo que exigimos al profesorado, calidad y competencia, también nosotros debemos exigirnos un alto nivel educativo hacia nuestros hijos, para que adapten los resultados de ese esfuerzo a través de la mejora en su conducta y en la progresiva responsabilidad en la toma de decisiones, aprendiendo a aceptar aquello que les conviene y rechazar lo que les perjudica. Los retos diarios son muy numerosos y deben alcanzar la suficiente claridad de ideas a la hora de tomar decisiones. Las experiencias en el hogar les servirán de gran ayuda para conseguir esa capacidad.

Podríamos seguir aportando muchas más ideas, pero lo realmente importante es, y será siempre, que en calidad de padres, reconozcamos nuestras carencias y que nuestros hijos y familia vean nuestros continuos esfuerzos para autocorregirnos. Con ello obtendremos autoridad moral y conquistaremos su aprecio y respeto. Con ese respaldo, nuestras recomendaciones y consejos tendrán mucho más valor.

Para poder señalar los fallos ajenos, previamente debemos predicar con el ejemplo, pues de no hacerlo así, nuestros consejos serán agua en el desierto. Pero como no deseamos que esto llegue a ocurrir, debemos ser los primeros en comandar el barco. No basta con ser padres biológicos, debemos ofrecerles nuestro apoyo y ejemplo, que les otorgará la fuerza moral, el respeto y delicadeza necesarios para corregir sus deficiencias y  errores.

La vida es un compendio de organización personal y los hombres solemos agrupar las diferentes labores mediante esquemas, horarios. No obstante, la paternidad se rige por otros patrones, carece de horarios y exige una dedicación completa; dedicación firme y cariñosa que ayudará a que la vida fluya y se consigan las metas deseadas.

En último lugar conviene destacar que el aprendizaje y los estudios son grandes fuentes de ayuda, pero no llegan a sustituir al placer que brota del alma cuando se realizan las cosas correctamente, cuando los actos surgen de nuestra alma superior. Sólo así podemos convertir nuestro hogar en una reunión de espíritus que cumplen sus compromisos de ayuda mutua, que zanjan rencillas y deudas del pasado, y se elevan unidos gracias a esa compenetración tan única y especial que sólo los lazos de la carne pueden propiciar.

Convivir y educar por: Fermín Hernández Hernández

© 2017, Amor, Paz y Caridad

Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, nosotros, aprender a tener coraje. Sí ¡Así es!. Ser padre o madre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente a la incertidumbre de estar actuando correctamente y al miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo… El más preciado y maravilloso préstamo, ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego, pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos.

JOSÉ SARAMAGO

LEY DE JERARQUIAS

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Ley de jerarquías
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En el espacio sideral que estimamos vacío (Consecuencia de nuestra incapacidad visual para llegar mas allá del plano físico), existen diferentes dimensiones o planos de vida que contienen una inenarrable actividad; actividad efectuada por inteligencias altamente evolucionadas. Son seres espirituales que se han desprendido ya de los cuerpos físicos y de las necesidades de encarnar en los mundos materiales. Han logrado la perfección y alcanzado todos sus atributos: Sabiduría, pureza y amor. 

(Sebastián de Arauco).

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Apenas alcanzamos a vislumbrar el Mundo Espiritual. Sabemos que no estamos solos en el Universo, que nos rodea un vasto horizonte lleno de vida, tanto en el universo físico, que podemos observar y estudiar con los ojos del cuerpo, como en el universo espiritual, ese gran desconocido, consecuencia de nuestra limitada capacidad evolutiva. Tan solo hemos raspado la superficie, pero su océano de vida es inmenso y lo vamos conociendo muy poco a poco, lentamente, sin que lleguemos a hacernos una mínima idea de la ingente actividad que se desarrolla en esos planos superiores. A los seres humanos nos resulta imposible calibrar la grandiosidad del trabajo que realizan aquellos que ya son espíritus puros.

Si a título de ejemplo, echásemos un vistazo al mundo de las hormigas, observaríamos su extraordinaria organización e infatigable trabajo. Observaríamos también, que no son conscientes de su misión y de la posición que ocupan en su propio mundo; mundo que se reduce a su propia colonia y a sus propias necesidades. Carecen de conciencia sobre el hombre y de su capacidad de participación en el limitado universo dónde residen. Del mismo modo, nosotros los humanos, no alcanzamos a entender el trabajo y actividades que desarrollan los seres espirituales que ocupan posiciones cercanas al Creador.

No obstante, sí comprendemos que existe una infinita escala evolutiva, que arranca desde los espíritus primarios que comienzan su andadura, hasta los seres más perfectos que ya han alcanzado la naturaleza divina y forman parte de ella.

Estos seres, cercanos a la perfección, han sido denominados por las ciencias esotéricas y evolutivas como mentores, ingenieros o arquitectos siderales. También se les ha denominado como seres crísticos y, en la iglesia católica, como ángeles, arcángeles, querubines y serafines. Son innumerables las denominaciones usadas por el pensamiento humano a lo largo de la historia, pero lo relevante de esta información es comprender que existe una gran escala ascensional y que todos hemos tenido el mismo comienzo, pues Dios no guarda privilegios para con nadie; todos comenzamos en el mismo punto de partida y a todos nos diferencian los mismos factores: el tiempo y las experiencias.

Los seres crísticos tienen el atributo de captar el pensamiento divino y darle forma, trasladándolo, a su vez, a otros seres de gran evolución, subsidiarios suyos, que se encargan de propagar e iniciar la vida en los planetas físicos, que tiene la misión de formar las razas y las diferentes especies de vida. Otros, crean galaxias y sistemas planetarios: son Seres que debido a su alto nivel de evolución están revestidos de pureza, justicia y amor. Son entidades de luz en constante acción realizadora, que irradian energías de vida, purificadoras y renovadoras y que son capaces de crear con su pensamiento el Universo perfecto que podemos observar.

¿Que esto puede ser considerado una fantasía?, ¿El fruto de una imaginación desbordada y sin criterio alguno?… ¡¡Muy cierto!! Pero ¿Cómo explicarle a una hormiga que el ser humano, al que desconoce, ha enviado ya naves espaciales a miles de años luz de distancia de su planeta? ¡¡Inimaginable!!. Pues en idéntica medida, no podemos rechazar la existencia de una jerarquía espiritual de tanta magnitud, sólo porque no alcancemos a entenderla. Estamos cerrando así nuestra razón a conceptos nuevos que acabarán imponiéndose y que poco a poco iremos asimilando.

El Big Bang o expansión del Universo; la explosión de materia primigenia ocurrida hace alrededor de 13.800 millones de años y tan citada a través de incontables estudiosos y científicos, no es consecuencia del azar, ni es casual, ni el resultado de un accidente arbitrario. Se produjo por el estallido de poder, grandiosidad y sabiduría de estos espíritus de altísima elevación, intermediarios del Creador y capaces de generar y mantener toda Vida dentro de una progresión renovadora y constante. La Astronomía, Cosmología y ciencias paralelas, no pueden, ni tan siquiera vislumbrar, todo aquello que existe detrás de la grandeza sin límites de Dios, inteligencia y causa primera de todas las cosas, y de sus intermediarios, los ingenieros y arquitectos siderales.

Esto nos viene a indicar que esa Inteligencia Única y Global, el Creador, no está solo, que tiene intermediarios y colaboradores en su ingente obra de creación, seres capaces de ejecutar y administrar por su propia voluntad y perfección, la magna obra que es el Universo, en su manifestación física y espiritual.

Todo en el Universo es armonía pura, los espíritus se interligan unos con otros, desde el más evolucionado hasta el ser más inferior. Únicamente en los mundos atrasados como el nuestro y en aquellos mundos primitivos, todavía más atrasados evolutivamente, impera el dominio del más fuerte, el egoísmo y las imperfecciones, el sufrimiento y el dolor.

También es conveniente saber que por detrás de estos seres espirituales de elevadísima jerarquía, existen otros de rango menor, dedicados a la conservación y renovación de la Naturaleza, los, desde tiempos inmemoriales denominados dioses; dioses de la tierra, del viento, del fuego, de la lluvia. Desde los tiempos más ancestrales, desde el hombre primitivo hasta el actual, la memoria colectiva guarda recuerdos de la existencia de esos espíritus celosos del buen funcionamiento de la Naturaleza.

Debemos pues ser consecuentes, que detrás de todas esas manifestaciones está inmanente la Ley de Amor, pues el Amor es la fuerza que consigue que esos grandes Seres estén presentes en todos los órdenes de la Naturaleza. Toda fuerza y fenómeno natural está siempre regido por Leyes Eternas e inmutables, ejecutadas y dirigidas por esas Entidades.

El Universo no está vacío, muy al contrario, está lleno de vida y de esplendor, si bien los ojos físicos son incapaces de contemplarlo. Detrás de cada átomo, de cada célula, de cada manifestación de vida, aún en su ínfima expresión, existe siempre, inmanente, una presencia espiritual.

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En ese espacio del Universo que vemos vacío, existe plenitud de vida espiritual en acción constante y realizadora, en diversos grados de manifestación, como diversos y múltiples son los grados de evolución de los seres que componen y moran en los diversos planos y dimensiones siderales; desde donde se domina la inmensidad del vastísimo Universo y sus mundos y puede contemplarse la pequeñez de los acontecimientos en los mundos físicos. Son planos de amor puro, desde donde irradian energías purificadoras y realizadoras que fluyen para el plano físico, a través de los planos intermedios.

 Sebastián de Arauco.

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Ley de jerarquías por:

 Fermín Hernández Hernández

© 2017, Amor, Paz y Caridad

 

EL APRECIO

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El aprecio

El aprecio por nuestros semejantes es una forma en que se manifiesta el amor que sentimos hacia ellos. El amor se expresa en forma de sentimientos como lo son el reconocimiento, el respeto, la confianza y por supuesto la estima y el afecto que de una forma natural y por simpatía sentimos hacia unas personas más que hacia otras.

El hecho de compartir ideas, proyectos y sobre todo aquellas realizaciones en las que no media el interés económico, el afán de ambición u otros aspectos de carácter materialista, hace que se cree algo especial entre un núcleo de personas, lo que a su vez genera entre ellos un círculo de amistad, de compañerismo y de solidaridad que va más allá incluso de los lazos que por motivos familiares pudieran unirnos.

Sin embargo, a pesar de que por ley natural las personas se unen por esos sentimientos que surgen de forma espontánea y recíproca, fruto de encontrarse en esa misma sintonía de pensamientos y sentimientos, no quita el que tengamos ese deber de apreciar a todas las personas puesto que todos tenemos unos u otros valores positivos, y por supuesto todos hemos venido a la tierra con una misión a cumplir.

Es por ello que enfoco este tema, “el aprecio”, como una norma de conducta que debe acompañarnos siempre para que seamos capaces de ayudar a todas las personas que nos rodean; en su vida diaria, transmitiendoles un mensaje de confianza y de valoración de su trabajo y de sus aptitudes.

Hay particularmente personas que padecen a lo largo de su vida una falta de personalidad, inseguridad, desconfianza en sí mismos, y cosas parecidas, capítulo especial son en este sentido los niños, que necesitan más que nadie encauzar sus pasos y aprender del mundo que les rodea, sentirse estimulados y queridos por los padres, profesores, o hermanos mayores, para que aprendan desde niños a confiar en sí mismos, a sentirse queridos y respetados, y a que sea esa misma norma de conducta la pauta que ellos han de seguir.

Si bien es cierto que “somos lo que pensamos” o que según sentimos y pensamos así obramos, también es cierto que, como decíamos anteriormente, hay personas que debido a su carácter se dejan influir fácilmente por aquellos otros que ven por encima de ellos, o también por lo que creen que los demás piensan de ellos, es decir que el margen de confianza en sí mismos y su autovaloración depende en parte de lo que captan del entorno en el que se desenvuelven. Es por esta razón que cobra gran importancia que sepamos dar esperanza, confianza y animar a que cada persona pueda desarrollar sus capacidades y su personalidad en un entorno de libertad, de posibilidades, que le ofrezca en definitiva la oportunidad de conocerse y de conocer a sus semejantes en un intercambio mutuo de experiencias, sobre las que se vayan perfilando los valores a desarrollar y profundizar, y en el que también se vayan descartando aquellos otros comportamientos que se va viendo que no son positivos y que han de ir superándose día a día.

Para que seamos capaces de amar, de querer y sentir cariño auténtico, para que nos abramos de corazón a una buena amistad, es necesario que nos valoremos y respetemos, que sintamos una autoestima personal pues en la medida en que nos valoremos empezaremos a valorar y sentir aprecio por los demás.

Es por eso que saber tener aprecio por  los demás en lo que valen, ayudarles a que confíen en sí mismos, servirles de apoyo y darles el estímulo necesario para que crean que son capaces de conseguir todo aquello que se propongan, es algo fundamental en la realización que como espíritus encarnados hemos venido a cumplir en la tierra. Transmitir un mensaje de que cuentan con nuestra confianza, saber compartir responsabilidades, hacer sentir nuestra estima y valoración a los demás, son una semilla que hemos de arrojar constantemente hacia todos aquellos con los que convivimos, pues ello además de hacer más fácil y armónica la convivencia, ayuda sobremanera a nuestro desarrollo como seres humanos.

Todos nosotros tenemos imperfecciones morales, una buena amistad consiste en enseñar a descubrir a nuestros amigos sus buenas cualidades y lo mejor de su personalidad, para que aquellos defectos que puedan tener queden eclipsados y por inanición vayan debilitándose y transmutándose por cualidades positivas.

También es importante para esto, por supuesto, señalar los defectos, porque suele ocurrir que por uno mismo es difícil a veces detectarlos, o tomar la resolución de que no nos van a entorpecer en nuestro camino. Pero si nos mantenemos en una buena relación de amistad, apartando de nuestro entorno la envidia, el egoísmo, el afán de protagonismo, y aprendemos a valoramos, a estimularnos y no dejamos que la comodidad se apodere de nosotros, entonces ha de surgir por fuerza ese afecto y estima que se convierten en una fuerza poderosa que hace que no dejen de venirnos ideas y ganas de hacer cosas por los demás. El amor, la amistad espiritual es el mayor impulso que pueda existir para que podamos consagrar nuestra existencia en aras de una labor de altruismo y de servicio al semejante, siendo nosotros los que mayormente salimos beneficiados debido a la gran necesidad de progreso que tenemos.

El aprecio por:  Fermín Hernández Hernández
© 1999 Amor, paz y caridad

ORGANIZACIONES DEL MAL

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Organizaciones del mal

En artículos anteriores, hemos hablado sobre el astral inferior, pero bien merece la pena ampliar esta información, que completa, si es posible, un estudio sobre las Organizaciones del Mal.

Se trata de organizaciones situadas en las regiones inferiores del bajo astral que debido a su importancia y constante interferencia en los asuntos humanos deben ser bien conocidas, para que todas las personas, espiritas o no, sean conscientes del peligro que suponen. Son agrupaciones de espíritus de baja condición moral, muy inteligentes y con un elevado grado de endeudamiento, que en su afán de eludir las responsabilidades morales, se dedican a acosar a todos aquellos que trabajan en la ayuda a sus semejantes y en aras del progreso espiritual.

Es muy importante ser conscientes de la existencia de estas asociaciones de espíritus, que como citamos, se dedican a causar todo el daño que les resulta posible a las iniciativas de índole progresista y espiritual; buscando entorpecer, confundir, molestar, paralizar y sobre todo obsesar a los individiuos, creando el mal de modo generalizado allí dónde se les da cabida o puede existir una falta de vigilancia.

Su existencia está dedicada, única y exclusivamente, a interferir en el progreso de los humanos encarnados. Sienten íntimamente, que su tiempo se está acabando y desean crear todo el daño posible en la Obra regeneradora del ser humano.

Su meta y principal objetivo es oponerse a todas aquellas iniciativas de ámbito moral y espiritual, que ayuden a los individuos en su progreso y evolución, bien individual y colectivo.

¡Cuantos menos trabajadores en la Obra, mejor para sus fines!

Para ello, persiguen y acosan a todas las personas que se dedican a trabajar altruistamente, y más especialmente, a las organizaciones y grupos que tienen como fin el trabajo de evolución moral del ser humano, sean de índole espiritual o no. Las ONG´s y cualquier otra asociación que promueva la ayuda a los necesitados de toda condición quedarán también dentro de sus fines. Cualquier esfuerzo que busque la ayuda y mejora de los individuos estará siempre bajo su punto de mira.

Estas bandas buscarán siempre crear desunión, dividir, confundir y destruir las organizaciones humanas, usando todo tipo de artimañas, empleando todos sus medios, entorpeciéndoles –si no pueden destruirlos- y que no lleguen a cumplir su labor y proyectos en el planeta.

Son bandas de seres malignos, almas llenas de odio y miseria moral, antiguos dirigentes sociales, administrativos y religiosos, que desean perpetuarse en el poder y que para conseguirlo, utilizan a sus subalternos, líderes, ejércitos, estructuras, psicólogos y pensadores, que estudian los métodos para conseguir el mayor daño posible a los seres humanos. Son entes dotados, en su generalidad, (Cómo cuando vivían encarnados) de una gran inteligencia y fuerza mental, con gran poder de persuasión y seducción y con un elevado dominio sobre todos los que consideran sus vasallos y esclavos.

Son entidades espirituales asentadas, durante cientos y cientos de años, en el odio, el rencor y la rebeldía. Son seres que en un remoto pasado, en existencias anteriores, no han sabido o querido entender las experiencias que necesitaban y recibieron. Se han rebelado contra las existencias que la Ley de Causa y Efecto les impuso y han tomado una actitud de lucha y oposición contra la parte espiritual positiva.

Como resultado de su intransigencia y no habiendo asimilado las experiencias de sus vidas anteriores, ya lejanas en el tiempo; sintiéndose perjudicados por la Divinidad, han tejido en su interior un deseo de venganza hacia todo aquello que representa el bien, la luz y el amor, en suma, contra todo aquello que implica progreso y superación personal y espiritual, la Evolución.

Todos estos hermanos se sienten agraviados espiritualmente por no haber tenido o conseguido aquello que esperaban en sus planteamientos. Personajes, en muchos casos de origen religioso, imbuidos en el fanatismo de su época, creen tener la fuerza y la autoridad para enfrentarse y desafiar a los Espíritus superiores y a Dios. Para ello, se alían entre sí, buscando enfrentar seria batalla a los planos espirituales.

Se creen con derecho a dominar la Tierra y aquellas regiones inferiores de las que se han adueñado, dónde son mandatarios y señores. Quieren crear un mundo aparte donde ellos sean los únicos gobernantes, establecer sus normas y leyes, y el dominio del más fuerte, siempre mediante la dictadura del terror, del sufrimiento y las torturas. No quieren saber nada acerca del progreso espiritual ni someterse a las Leyes Divinas que gobiernan los planos físico y espiritual; su rebeldía les lleva a creer que pueden perpetuarse indefinidamente, manteniendo un pulso con los planos de Luz y con el Creador mismo.

Dicen: De los reinos celestiales que se ocupen los Ángeles, de la Tierra y los mundos inferiores nos ocupamos nosotros que somos sus gobernantes. Tal es su convicción.

Son organizaciones dominadas completamente por el orgullo y la ambición, por el egoísmo y el materialismo más burdos, que les llevan a alcanzar un nivel de estancamiento, animalidad e imperfección tan elevados, que no pueden, ni quieren admitir, que tendrán que abandonar esos planos en un futuro. No obstante, sin aceptarlo, están llegando al día en que deberán someterse a la Ley Divina del Progreso y comenzar a recoger su siembra de sufrimiento y vidas de expiación. Vidas difíciles y duras; existencias que el Padre, en su infinita bondad, les asigna para desandar el camino equivocado.

Pero la transición planetaria llega también a esos planos. Por imperativos de la Ley de Evolución y Progreso, se ha de producir una depuración completa de los planos astrales de la Tierra, depuración de una envergadura tal, como nunca antes se ha conocido pues, al convertirse este planeta en un Mundo de Regeneración ya no admitirá ningún habitante que no alcance el nivel vibratorio mínimo.

Estos hermanos del bajo astral, que viven dominados por esa condición de inferioridad, que saben que carecen de un cuerpo físico y que existe una vida espiritual en evolución; por su rebeldía, creen que pueden vivir indefinidamente, aprovechando y explotando los defectos, debilidades, vicios y miserias de todos los habitantes de un planeta atrasado e imperfecto como es el nuestro. Les ha resultado sumamente provechoso explotar a su antojo la Ley del Libre Albedrío. Todas aquellas personas invigilantes, todos aquellos incautos que por su falta de evolución, por su afinidad hacia las bajas pasiones y por su falta de preparación moral han escogido el camino de los vicios y las pasiones descontroladas, perjudicando de ese modo a sus semejantes, se han convertido en sus víctimas propiciatorias y se han subyugado a sus malsanas influencias. Estas transgresiones a la Ley del Amor y a la Ley del Progreso les han llevado a incrementar sus compromisos y deuda moral. Deuda que habrán de pagar en un futuro inmediato.

Aquellos que se posicionaron libremente del lado de la maldad y de las sombras, cuando fallezcan, por Ley de Vibración y Afinidad, pasarán a residir en esos planos de vida donde reinan sus propias maldades y formas de pensar; de allí no podrán salir en tanto no sean conscientes de su realidad y admitan su responsabilidad y errores; sólo entonces, se pondrán en marcha los mecanismos de rescate y recuperación, pero mientras tanto quedarán ahí, imantados a ese bajo astral que les corresponden por sus bajas pasiones, obras e imperfección moral. Y tienen un enorme riesgo de dar con sus huesos en planetas primitivos, mundos primarios dónde ayudarán a evolucionar a sus primitivos habitantes con su inteligencia y acerbo de conocimientos.

Esos líderes, con sus elevados conocimientos, maldad y permanente enfrentamiento con las Leyes Universales, ignorantes del Plan Divino de Evolución creen, en su cortedad de miras, que pueden retar al propio Creador y mantenerse, intransigentemente estancados en el pasado, por cientos y cientos de años, acumulando responsabilidades y deudas, cerrados a cualquier cambio de actitud o de planteamiento que les obligue a reconocer sus errores y su violación sistemática a las Leyes Universales.

Son seres de una gran inteligencia y poder, dotados de facultades mentales para engañar, seducir, manipular e hipnotizar, con variadas destrezas mentales que usan para el mal, produciendo mucho daño a los espíritus que están bajo su influencia, tanto encarnados como desencarnados.

¡Si por un momento pudiésemos imaginar la cantidad de personas que existen en la Tierra subyugadas a ellos! Sin duda, nos llevaríamos una triste sorpresa.

Esos expertos de la subyugación han ido, poco a poco, minando la voluntad de esas personas hasta convertirles en enfermos incapaces de valerse por sí mismos. 

Debemos pues, ser muy conscientes y poner un cuidado extremo en la auto-protección, para no ser influenciados por estas perversas entidades.

¿Y cómo podremos luchar contra ellos? Con un constante trabajo espiritual en la búsqueda de la perfección, ampliando los conocimientos adquiridos y, sobre todo, llevándolos a la práctica, procurando dirigir nuestros actos por las Leyes Divinas, Leyes Universales que debemos conocer y tener siempre presentes.

El trabajo cotidiano de auto-superación, la vigilancia sobre pensamientos, sentimientos, emociones, acciones y defectos, nos ha de permitir, cada día, ir obteniendo un mayor control sobre ellos. Este ha de ser para todos un trabajo diario y constante.

Vivamos pues cada día con ilusión y sentimientos renovados, confiando en lo Alto y buscando superar y rectificar los errores. Con esta actitud, crearemos una barrera de autoprotección, un escudo de autoridad moral que impedirá que estos hermanos desviados puedan acercarse hasta nosotros para debilitarnos y perjudicar nuestro trabajo, instando que cometamos actos no deseados e incluso irreparables.

Debemos saber que estudian nuestras debilidades e imperfecciones, que conocen el objetivo que nos trae a la Tierra, y que harán todo lo que les resulte posible para conseguir nuestro fracaso y el abandono de la tarea comprometida. Nos compete el estudio diario, para avanzar un poquito más cada día en nuestra mejora interna, así, estos insidiosos se verán imposibilitados para manejarnos a su antojo y se cansarán de insistir, una y otra vez, dejando libre el camino.

Lo intentarán una y otra vez, con todos sus medios, pensamientos, intuiciones, constantemente, directamente o a distancia, nos rodearán de todo tipo de pruebas, para que siempre tengamos las excusas y justificaciones que nos obliguen a abandonar el trabajo de superación y ejemplo hacia los demás.

Intentarán hacer flaquear nuestra voluntad, nos lanzarán atracciones materiales, influencias, poder, dinero, sexo; buscarán que nos enfrentemos con amigos y familiares para que olvidemos lo espiritual. Tienen un sinnúmero de métodos para influir en nuestras vidas e impedir que cumplamos nuestra misión.

Pero no debemos olvidar que tenemos también grandes recursos a nuestro alcance, recursos para rechazar sus tentaciones y bajezas morales, para rechazar todo aquello que a la postre, no requiera esfuerzo, renuncia o sacrificio; pues únicamente estos valores nos impiden llegar a las metas y objetivos planificados.

Uno de esos grandes recursos y que ha de servirnos en momentos de debilidad y confusión es la oración. La oración es, posiblemente, el mayor de los recursos que poseemos y que nos servirá en los momentos de duda o debilidad, en todas las situaciones en las que necesitemos ayuda espiritual, protección y amparo; siempre que necesitemos el apoyo de la parte espiritual positiva. Con este recurso, nuestros compañeros espirituales, los ángeles custodios que nos acompañan constantemente, movilizarán los recursos necesarios para nuestra protección y progreso. Están esperando nuestras peticiones, pues sin ellas, la Ley del Libre Albedrío les impide actuar, necesitan nuestro primer paso y la sinceridad en el pedido.

Si cumplimos nuestros compromisos, estos espíritus protectores y compañeros serán nuestra ayuda, opondrán una barrera contra esos insidiosos espíritus, bloqueándolos, hasta que comprendan que nada pueden hacer contra los trabajadores de la Obra, llegando inclusive a convencerles para que depongan su actitud y piensen en su propia regeneración.

 

Organizaciones del mal:    Fermín Hernández Hernández

GRUPO VILLENA

EL AMOR, FILOSOFÍA DE VIDA

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El amor, filosofía de vida

Hemos venido dedicando una serie de artículos de esta sección a comprender, en mayor medida, los diferentes aspectos de ese concepto denominado Amor, siempre dentro de nuestros limitados conocimientos y visión. Sin duda alguna, muchos detalles habrán quedado en el tintero, pero reconocemos y rogamos benevolencia por nuestras muchas limitaciones. El Amor es un concepto de verdad tan amplio, que todos nuestros intentos quedarán siempre en meros deseos de alcanzar y comprender el verdadero sentido y profundidad de esta hermosa palabra, que esconde en sí misma, innumerables significados, sentimientos y emociones.

El Amor trasciende a la Vida, es por él que estamos aquí. Todo el vasto Universo, la Creación toda, es una obra de Amor. Dios es Amor, Amor Creador y con él ha creado el Universo. Hemos partido de Él y hacia Él nos dirigimos, lenta, muy lentamente, pero adquiriendo constantemente Amor, esa cualidad, la más importante de todas, la que es nuestro fin último, y al que llegaremos, adornados por igual con Sabiduría y Justicia.

Voluntad, Amor, Sabiduría, Justicia y Poder Creador son, resumiendo, los atributos del Padre Creador, virtudes que caminan todas a la par. Pero el Amor es la base sobre la que se sustentan todas los demás; sin él, todas esas virtudes carecen de soporte.

Desde este mundo material; un Mundo de Expiación y Prueba y con nuestro escaso nivel evolutivo, nos apoyamos siempre en nuestro deseo de hacer bien las cosas, con justicia, con rectitud y amor, pero los errores son los compañeros inseparables de viaje, nos siguen constantemente. Es cierto que siempre quedará alguna sombra de duda en nuestro diario quehacer, en la validez de nuestros pensamientos y acciones. Caer, levantarse y volver a caer, ese es el camino, siempre lastrados con los intereses personales, el orgullo y la ambición.

Lo que el Padre realmente valora, es el deseo de obrar con rectitud y respeto hacia los demás. No desaprovechemos pues, ninguna oportunidad que se nos presente para ayudar y hacer el bien, con amor y desinterés.

Esa inteligencia suprema que es Dios, está inmanente en nosotros mismos, todo lo ve, todo lo conoce; nuestras limitaciones, nuestros sufrimientos, nuestras necesidades y también, todo aquello que nos ayuda a progresar. Nos ha dejado su Ley de Libre Albedrío y nos permite equivocarnos, una y otra vez, tantas veces sea necesario, pero siempre teniendo como horizonte nuestro desarrollo espiritual. Él sabe que nuestra conversión en seres de Luz y Amor es una mera cuestión de tiempo, un tiempo de dura y trabajosa evolución.

Todas las personas que han tomado la senda de la Verdad en su camino de evolución saben que la auténtica felicidad nace de dar, de compartir, de abandonar las imperfecciones que turban la mente y dominan la materia y que nos alejan del camino de la perfección y de la asimilación con Dios.

La esencia de Dios es dar, crear armonía, paz y felicidad. Todo lo que nos separa de esa dirección, nos aleja de Él, que es el auténtico Amor y nos impedirá alcanzar la felicidad, la nuestra propia y la de todos los demás. Somos felices cuando amamos, cuando ofrecemos, cuando nuestra naturaleza interior está anclada a la naturaleza del Creador, que es Amor. Nuestro destino es acercarnos a Él a través del Amor.

El Amor es el lazo dorado que une corazón a corazón, alma con alma, el Amor construye y crea, el Amor es el principio de la regeneración; el Amor es concreto y positivo. Quién sea capaz de aplicar la Ley del Amor con precisión científica, puede hacer auténticas maravillas.

Cuando permanecemos en los peldaños iniciales de la evolución, confundimos los placeres de los sentidos con la felicidad, pero los placeres llegan y se van, consumimos la vida persiguiéndolos pero, se escapan, se burlan de nosotros, nos esclavizan y nos hacen sufrir, atormentan nuestra mente y corazón y nos hacen perder existencia tras existencia. Hasta tanto descubrimos que somos seres espirituales, nos mantenemos en la búsqueda de la felicidad a través de los sentidos materiales y ¡¡Nos equivocamos!! Porque todo aquello que es material, es mundano, efímero y confunde nuestro raciocinio, que se lanza a la búsqueda de quimeras y banalidades. Por ello es tan importante descubrir que la felicidad permanece agazapada en nuestro interior y no en las cosas que nos rodean.

¿Cuantas personas conocemos que sean felices detentando riqueza y poder? ¿En qué basan su felicidad? Su felicidad se centra en el ansia de poder y de atesorar cada vez más y más riquezas pero, en cada nuevo paso, se encuentran más infelices en su destino, sienten que ya nada les llena ni les motiva. Su corazón se encuentra vacío y no consiguen llenarlo, nunca alcanzan la felicidad. Temen la pérdida de sus bienes pues, sin ellos, se sienten vacíos y fracasados. Sus almas están solas y muertas. Han construido un imperio temporal que sólo les genera inquietudes y un gran vacío interior.

La auténtica dicha interior, aquella que siente el espíritu sabedor de su destino, que se siente libre de ataduras y de su dependencia de la materia, a ese tipo de espíritus, emancipados de las ilusiones materiales, no le afectan las situaciones en los mundos físicos, no le afecta tener y poseer, porque lo tiene todo ya: La serenidad de conciencia y la seguridad del porqué y para qué de su estancia en el mundo; disfruta de la vida y deja que el devenir del tiempo le vaya presentando las pruebas y experiencias que necesita para desarrollarse y adquirir una mayor entereza, valor y humildad, toda esa serie de valores que trasmiten al espíritu la calma y la felicidad.

El Amor es un estado del alma que nos alcanza cuando nos desprendemos de los defectos que nos ligan al cuerpo físico. Hasta tanto no despreciamos los placeres de los sentidos y busquemos los valores del alma inmortal, hasta que no nos integremos en la conciencia universal, no podremos identificarnos con la Unidad, con la esencia del Amor. Es a partir de ese momento que seremos conscientes de nuestras imperfecciones, debilidades y errores y del egoísmo que nos acompaña. Una vez tomemos la determinación de actuar correctamente, de enmendar errores, de caminar conscientes y libres a la búsqueda de la felicidad, conseguiremos la limpieza de alma y con ella la visión del camino a seguir, el que ya muy difícilmente abandonaremos.

Así, el Amor es el camino, la luz, el trabajo de cada día, nuestra felicidad; es la brújula que nos guía en el camino y nos da claridad espiritual.

Yo soy el camino, la verdad y la vida, nos anuncia Jesús de Nazaret. A esto podemos añadir el Amor es el camino, que nos lleva a la verdad y llena de paz y armonía nuestra vida.

Y es que el Amor es omnipresente, está en el aire, en todo lugar, es una vibración que abarca el Universo. Por eso es tan importante sintonizarse a Él, pues nos indica en todo momento, qué debemos hacer y cómo poder hacerlo. Pero todas las cosas tienen su momento.

Que no se puede conseguir con el Amor, o a través del Amor, el Amor es la llave que abre los corazones, el Amor todo lo suaviza, envuelve nuestra alma, calma nuestro espíritu y hasta a la materia le transmite su energía y su fuerza.

El Amor es fuerza arrolladora, pero no una fuerza violenta, es la fuerza de la dulzura, del cariño, de la caridad, del perdón, del bien, del respeto. Viviendo con Amor, vibrando con Amor en nuestras relaciones sociales, familiares y de todo tipo, se pueden conseguir muchísimas cosas imposibles de lograr de otra forma. Cuando vibramos con Amor, y sabemos trasladarlo a nuestros semejantes algo cambia a nuestro alrededor, causa un impacto, se acaban las discusiones, los enfados, la desconfianza, algo nos toca cuando llega a nosotros el Amor verdadero, el espiritual el de un alma limpia, clara y desinteresada: ese es el milagro y la magia del Amor, al que en muchas ocasiones, por motivo del egoísmo y demás imperfecciones no llevamos a la práctica.

El Amor es una filosofía de vida, es una manera de vivir, la auténtica filosofía de vida que necesitamos incorporar en este mundo de manera urgente. Con fe, con su energía y sus matices envuelve los sentimientos, las emociones y llegan al corazón de las personas, logrando vencer obstáculos antes insalvables, el Amor hace que se llegue al entendimiento, al razonamiento, al acuerdo y a romper barreras y distanciamientos que impiden en muchas casos el que se pueda convivir y ser felices con nuestros seres más allegados.

Procuremos incorporar en nuestra vida la filosofía del Amor, para que seamos felices, para no crearnos ningún enemigo ni hacer daño a nadie nunca, así todo, todo, nos saldrá mucho mejor, progresaremos y ascenderemos rápido en la escala evolutiva de los mundos.

El amor, filosofía de vida por:     Fermín Hernández Hernández
2017 © Amor, paz y caridad

DIOS ES EL AMOR QUE BUSCAS.
Paramahansa Yogananda.

BONDAD

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Bondad

«De bondad y de humildad quisiera que el mundo fuera, pero esta vana quimera ya no existe en realidad

Con esta sencilla estrofa perteneciente a la poesía de quien fue nuestro gran amigo, Francisco Marín damos comienzo a este artículo que va a tratar de esa olvidada cualidad como es la bondad.

Por bondad se entiende una inclinación natural a hacer el bien, así como a una apacibilidad de carácter y buen temple. Es una forma de ser que va consigo en la persona, y que la convierte en un ser acogedor, pacífico, desinteresado, generoso y amable.

Es el lado opuesto de la ambición, la lucha por el poder, la sed de egoísmo, del engaño, la traición, la envidia y todas esas lacras de la sociedad, que han hecho que nuestro mundo sea un lugar en el que estamos obligados continuamente a competir con los demás, a ser mejores que ellos, más rápidos, más inteligentes, más de todo, aunque a veces sea necesario recurrir al juego sucio del engaño o la corrupción.

La bondad está hermanada con la paciencia, el respeto, la comprensión, la tolerancia, es por tanto una virtud que requiere un grado de sensibilidad elevado y de espiritualidad. Es preciso tener un grado de apreciación de la verdad y de espiritualidad para llegar a ser alguien bondadoso que sepa renunciar a sí mismo para no dejarse llevar por las apariencias, por la gloria personal, por los impulsos, por sus creencias, y por todos los prejuicios que a veces tenemos y que nos impiden acercarnos a los demás con auténtico amor, sin exigirles nada sino ofreciéndonos.

Un aspecto importante de la bondad es sin duda el acostumbrarnos a ver el lado bueno y positivo de la gente, así practicamos el consejo del Maestro “no veáis la paja en el ojo ajeno, antes ver la viga en el vuestro”. Porque es un hecho consumado ver las cosas que hacen mal las personas que nos rodean. Aunque hagan muchas cosas bien ni las aplaudimos ni se lo reconocemos, pero ¡ay!, cuando se hace una cosa mal, es bastante para que se nos esté recordando constantemente. Peor es todavía esperar a que alguien haga algo mal para echarnos encima de él, esto es lo contrario a la bondad y al perdón, y al deseo de ayudar a que se corrijan las posturas y los errores que a nuestro alrededor pueda que se estén dando lugar.

Es preferible no darse importancia por las buenas acciones que podamos realizar, porque entonces estamos empezando a no reconocer lo que otros puedan hacer, inconscientemente buscamos vanaglorias, y no hacemos el bien por el bien mismo. El bien no necesita ningún justificante para realizarse.

En las relaciones humanas es importante manifestarnos con respeto así como con afecto y comprensión, esto es como un abono para que dicha relación sea presidida por un ambiente agradable que nos ayudará en buena medida a comportarnos con más eficacia, deseos de conseguir algo positivo y ganas de embarcarnos en proyectos comunes, esto abre el camino para plantearse responsabilidad y seriedad en las compromisos asumidos por un grupo.

No menos importante que todo es no intentar ni desear de ninguna de las maneras hacer ningún mal o daño a alguien, sea de la forma que sea, es decir, de pensamiento, palabra o acción. Como se puede dañar a otro de muchas formas, hemos de tener una vigilancia muy severa con nosotros para que no lleguemos de ninguna forma a dañar a ninguna persona, y si somos conscientes de que por descuido, por envidia o por lo que fuere hemos perjudicado a alguien, debemos ser consecuentes y apresurarnos para pedir perdón, así como para reparar el daño causado.

En lugar de un mundo de bondad y humildad, vivimos instalados en una sociedad de egoísmo y prepotencia, ya ni siquiera los países más cultos y ricos se libran de ver en sus calles personas que no tienen un trabajo con el cual ganarse el sustento diario, los transeúntes, y mendigos se ven ya por todas partes. Hasta ahora ningún sistema ha logrado darle solución al problema de las desigualdades humanas, de la miseria, etc…, es más diríamos que va camino de agravarse, creando mayores diferencias sociales en los países en los que parecía que se estaba llegando a un equilibrio en las distintas capas sociales.

Las multinacionales no quieren saber nada de cómo conseguir sus productos a un precio barato, estamos viendo cada día con mayor profusión como se consigue la mano de obra por apenas la comida y un poco más en los países subdesarrollados, haciendo trabajar a mujeres y niños, antes que a hombres en edad de trabajar, para pagar menos, mientras que lo que importa es que a final de año se hayan ganado unos cientos de millones de dólares más, que van a parar al bolsillo de unos pocos.

Los sistemas fallan porque se olvidan de que la sociedad está compuesta por individuos, y que es ahí donde hay que empezar a transformar la sociedad, cada uno en sí mismo, tratando de ser útiles a los demás desde una base de bondad y humildad. Los sistemas no cambian a las personas, tratan de imponer leyes y normas, que por otro lado se busca la forma de violarlas, para vivir cada uno encerrado en su comodidad y egoísmo particular.

La situación que vivimos actualmente, plagada de guerras y conflictos por doquier, la visión materialista de la vida no sólo no nos deja disfrutar lo que tenemos, sino que nos impulsa a apropiarnos de lo ajeno, tanto a nivel de individuos, como a nivel de naciones. Hay escalas en todos los órdenes, y la triste realidad es la que todos podemos apreciar en estos momentos en los que la seguridad, la paz, el orden social están completamente resquebrajados y hasta puede que nos encontremos al borde de un nuevo conflicto mundial si no somos capaces de trasmitir que estamos cansados de guerras y de que somos ya una sociedad madura que lo que desea es vivir en paz y llevar la misma a todos los rincones del planeta, tolerando y respetando todas las ideas y solidarizándonos con todos aquellos nuestros hermanos, aunque sean de otra raza y color pues están pasando miserias y necesidades de todos los órdenes.

Fermín Hernández Hernández

1999 © Amor, paz y caridad

AMOR POR LA VIDA

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Amor por la vida

¿Qué es lo más preciado que tenemos? Sin duda alguna, la Vida.

La Vida es el máximo don que recibimos del Padre. Debemos pues sentirnos agradecidos y satisfechos por participar de su Obra, por ser una parte de este mar de Vida que nos rodea y que nos pertenece, de tener todo el Universo a nuestro alcance, creado para todos los que lo habitamos. Somos chispas divinas del Creador, creados a su imagen y semejanza.

Seamos conscientes de ese milagro y agradezcamos el hecho de existir. Somos una parte de Dios Padre, creados a su imagen y semejanza; componentes muy importantes de su Creación. Nos ha dotado de las características y capacidades necesarias para alcanzar las mayores cotas de amor, sabiduría y perfección en nuestro desarrollo evolutivo.

Amemos y agradezcamos la Vida, la nuestra, la de nuestros semejantes, la Naturaleza, la Vida de todo lo creado. Sintamos respeto y admiración por todos los seres vivos con los que compartimos evolución. Comencemos a valorar nuestra vida y así valoraremos la de nuestros semejantes y toda la Naturaleza que nos engloba.

Por muy angustiosas y duras que resulten nuestras experiencias, luchemos para entender el por qué y para qué de nuestras dificultades. La desdicha, el desconsuelo y la desesperación pueden coartar nuestra fe y posiblemente nos lleven al desmoronamiento, a caer en el abandono y la depresión, al deseo de no querer vivir más, de sucumbir e incluso llegar a aceptar el suicidio.

Llegados a este punto, parémonos por un instante y reflexionemos: Somos Seres de Luz, hechos a imagen del Padre Creador, tenemos el potencial suficiente para sobreponernos a la debilidad y al desamparo. Elevemos pues, nuestros pensamientos a lo Alto, pidamos con todas las fuerzas: Luz, amparo y protección. Recibiremos la ayuda que necesitamos para esos difíciles momentos y podremos seguir adelante en nuestro cotidiano quehacer.

Pedid y se os dará; (Jesús de Nazaret). 

En modo alguno quedarán resueltos nuestros problemas pero, repondremos fuerzas y recibiremos la esperanza y energía necesarias para continuar luchando. Quizás tengamos una existencia dura, una prueba difícil, quizá estemos liquidando cuentas del pasado, pagando intereses adelantados pero, como lo desconocemos… Si elevamos nuestra mirada y oración a lo Alto, podremos recibir la intuición sobre la justicia de nuestros sufrimientos.

Todos los seres, todos los acontecimientos de tu vida, están ahí porque tú los has convocado. De ti depende lo que resuelvas hacer con ellos. (Richard Bach; Ilusiones).

Dios PADRE, no comete errores, no juega con sus hijos, los ama a todos por igual y, a cada cual, le pone a sus pies las pruebas y expiaciones necesarias para fortalecerse y crecer espiritualmente. Cuando resulta necesario, por mediación de la Ley de Causa y Efecto nos hace recuperar el equilibrio perdido, quedando esta experiencia guardada en nuestros registros de conciencia para evitar repetir de nuevo los mismos errores.

¿Hemos olvidado, acaso, que somos hijos de Dios?

Probablemente, ignoramos los inmensos recursos que poseemos en nuestro interior y se nos olvida con frecuencia que en el mundo espiritual hay planos de Luz y Amor, en donde residen hermanos mayores siempre dispuestos a ayudarnos. Están esperando nuestras peticiones, para volcarse con nosotros y, con el permiso del Padre, agotar sus recursos para ayudarnos.

Tengamos fe y esperanza, pues… NUNCA ESTAMOS SOLOS. Acojámonos humildemente y mantengamos siempre el espíritu de lucha para afrontar las vicisitudes con la mejor predisposición y ánimo. Nada sucede por azar, la casualidad no existe, todo obedece a un orden pre-establecido y tiene un porqué y un para qué.

Seguramente no entendamos el porqué de cada situación, pero analicemos y estudiemos las circunstancias y, sobre todo, no caigamos en la rebeldía y la ofuscación. Con tales actitudes agravamos nuestra situación y atraemos energías discordantes, espíritus obsesores, que potenciarán nuestro desánimo y debilidades. Levantemos siempre al cielo nuestra sencilla y humilde oración para que los Seres de Luz, nuestros hermanos más aventajados, nos apoyen y consuelen.

Somos espíritus pequeños, en los primeros balbuceos de la formación y, como niños, nos revelamos cuando no conseguimos lo que queremos, o cuando la vida no gira a nuestro gusto. Del mismo modo que nuestros padres en la Tierra saben lo que necesitamos y lo que debemos aprender, de idéntico modo, nuestro padre Creador conoce también nuestras necesidades y el sendero adecuado para crecer conforme a sus Leyes.

Hay que tener siempre muy claro de dónde venimos y hacia dónde vamos, que la Vida tiene un objeto, que toda vida es útil por muy dura que pueda parecer. Cuando la Vida nos sonría, demos gracias a Dios y guardemos la fuerza interior, para cuando sea necesaria.

Es cierto que tenemos que pasar por pruebas de toda índole a lo largo de nuestra experiencia evolutiva, por ello, debemos tener siempre, la humildad y entereza necesarias para esos difíciles trances. Con ese refuerzo superaremos las desgracias y recibiremos el ciento por uno. Adquiramos pues, madurez y responsabilidad, estudiemos todos los días en el Libro de la Vida y aprovechemos los ejemplos que nos aportan infinidad de personas a nuestro alrededor. Es un sano ejercicio, mirar hacia atrás de vez en cuando y, comprobar que hay personas en peores condiciones que nosotros. ¡Aprendamos de su ejemplo!

Tu ignorancia es directamente proporcional a la medida en que crees en la injusticia y la tragedia. Lo que interpreta la oruga como el fin del mundo es lo que su dueño denomina mariposa. (Richard Bach; Ilusiones).

Guardemos siempre Amor por la Vida, comenzando por la nuestra propia, es el don más grande recibido. Una vida es tan sólo un capítulo más de los cientos que componen la evolución del espíritu. Al contrario de lo que ocurre con la materia, la vida del espíritu es una sola, es eterno, no nace y no muere. Reencarnamos una y otra vez, aprendemos de todas y cada una de las experiencias en los cuerpos físicos, hasta alcanzar el grado de elevación que nos permite prescindir de cuerpo y mundos materiales.

Acojamos con agrado nuestras tareas diarias; sin demoras, con cariño, con fe y buena actitud, son nuestro medio de Progreso. Nos permitirán superar, una tras otra, las pruebas que definirán nuestro carácter y así, alcanzar la meta con prontitud.

Amemos siempre al Creador, con humildad y devoción, este es el primer recordatorio de los artículos de esta sección; aprovechemos las experiencias, saquémosles su enseñanza. Vivamos cada capítulo de nuestra vida con buena actitud y predisposición. La fe, esperanza y buena voluntad suavizan la cuesta para ascender. Nada se regala, nada se conquista sin esfuerzo, ningún sufrimiento es estéril si viene de mano de las Leyes de Dios, como rescate y liquidación de las cuentas pendientes con la Ley de Causa y Efecto.

Amor a la vida por: Fermín Hernández Hernández

© 2017, Amor, Paz y Caridad

INFLUENCIAS ESPIRITUALES

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Influencias espirituales

Cuando hablamos del astral inferior, queremos resaltar el hecho de que estamos tratando de planos rebosantes de vida que, a pesar de encontrarse en un diferente nivel de conciencia, se interpenetran con el nuestro. El patrón vibratorio que generamos con nuestra conducta, pensamientos y actos ruines nos imanta a ese plano. Debemos, por tanto, ser conscientes de que podemos estar siendo víctimas de influencias espirituales, entidades de baja condición, que caminan por el astral a la «caza del incauto” para obtener todo tipo de provecho.

Los habitantes de ese plano inferior pueden influir en los humanos encarnados de muy distintas formas y, habitualmente, lo hacen con el fin de generar comportamientos y actuaciones que en circunstancias normales no llegarían a suceder. Casi sin darnos cuenta, nos encontramos dentro de situaciones que no hemos deseado y de las que resulta muy arduo salir.

Nos dice la sabiduría popular que tenemos dos ángeles: Un Ángel bueno y un Ángel malo.

El Ángel bueno, comúnmente denominado “De la guarda”, (Nuestro compañero de viaje), junto con una serie de espíritus amigos, vela por nosotros, intuyendo y ayudándonos a desarrollar los valores internos. Valores irrenunciables para afrontar el progreso moral y espiritual. Aunque no seamos conscientes de ello, luchan en todo momento para frenar y entorpecer los envites de los espíritus negativos que desean impedirlo.

El Ángel malo es justamente lo opuesto. Se denomina así a los espíritus de orden inferior que incitan a los seres encarnados al materialismo, a la comodidad, al egoísmo y a los sentimientos de odio y rencor. Intentarán separarlos de quienes les animan al trabajo, a la lucha y al deseo de bien general. Su variedad es tan extensa como su estado evolutivo y son, en general, muy astutos, inteligentes y buenos psicólogos, dotados de gran malicia y completamente rebeldes hacia todo lo que represente progreso y evolución, bien para ellos mismos o para los humanos encarnados. Son auténticos especialistas a la hora de reconocer y explotar las debilidades de los hombres.

¿Qué buscan con ello?: Por un lado, mantener a la Humanidad aletargada, moralmente atrasada, presa de la ignorancia y el egoísmo y, alejada de los postulados de amor, paz y caridad que nos enseñaron los grandes Maestros, en su misión de conducir a la Humanidad a la felicidad (Fin último de toda manifestación de vida en el Universo).

Se auto complacen viéndose interferir la obra del Creador y constatando tener a la Humanidad postrada a sus pies. Disfrutan observando a los pobladores de la Tierra vagando infelices al no poder obtener un crecimiento moral

Creen retar al Creador, diciéndole: Tú dominas los Cielos y nosotros gobernamos la Tierra y, aquí, con nosotros, únicamente impera el sufrimiento, la maldad y las tinieblas. Aunque infelices, somos los dueños de este mundo.

Craso error, únicamente su ignorancia y rebeldía les hace sentir así. Ellos, están supeditados a las mismas Leyes Universales que el resto de la Creación.

Conociendo su proceder, debemos dar la justa importancia que merece este hecho, destacando que cada persona puede recibir influencias perniciosas de estos hermanos de evolución, según sean sus pensamientos, preferencias y sentimientos. Buscan siempre nuestras debilidades y potencian nuestros defectos para explotarlos en su propio beneficio.

Ha quedado claramente demostrado por los estudios espíritas, que un sinnúmero de personas carecen de control sobre los vicios, tales como: Bebida, alcohol o drogas. Son, generalmente, víctimas de procesos obsesivos en los que son incitados a mantener la dependencia de estas sustancias. Personas que tenían esas debilidades cuando estaban encarnadas, siguen necesitando su dosis diaria y, para ello, se solapan con los humanos dependientes para absorber sus vapores y colmar así sus vicios, aunque sea temporalmente. Establecerán con ellos un vínculo pernicioso que les permita mantener un férreo dominio mental. Les convierten en marionetas, auténticos guiñapos humanos, impidiéndoles llevar una vida libre y ordenada.

Estas influencias actúan también sobre los defectos morales: Orgullosos y vanidosos caen en sus redes, ven incentivados sus defectos, les hacen sentirse superiores, anulan su raciocinio y les impiden mantener una convivencia normal con quienes les rodean.

Por Ley de Afinidad, egoístas, envidiosos y vanidosos atraen hacia sí, espíritus de idéntica condición, que se valdrán de sus argucias e influencias para utilizarles y exprimirles. Finalmente, cuando ya no les son útiles, les arrojan a la cuneta como basura inservible.

A pesar de nuestros firmes deseos de cambio antes de volver a la Tierra, los antiguos defectos e imperfecciones pueden volver a aflorar, posibilitando la pérdida del trabajo planificado y malogrando la nueva existencia.

Esa Ley de Afinidad está presente en todo el Universo; nos enseña que el semejante atrae a su igual, tanto a nivel físico, como espiritual. No obstante, cuando encarnamos, se nos ofrece la oportunidad de evolucionar y encarnar junto a espíritus que inspiran con su ejemplo, que nos muestran el camino a seguir en el crecimiento personal.

Todos somos propensos a recibir malas influencias de los hermanos del bajo astral. Nuestros defectos les invitan a interferir. Más no debemos olvidar que disponemos de ayudas inestimables: En primer lugar, nuestro compañero de viaje o Ángel bueno y, en segundo lugar, nuestra propia conciencia.

Su constante respaldo nos ayudará a corregir errores y mantener una sintonía con los planos superiores, de dónde se nos ofrecerán el apoyo necesario para combatir sus perniciosas influencias. Si estos hermanos negativos se encuentran frente a una férrea moral y firmes deseos de progreso, rápidamente se cansarán y saldrán en búsqueda de otros incautos que se dejen dominar fácilmente.

Quienes poseen algún tipo de mediumnidad o pertenecen a grupos de índole espiritual, tienen muchas posibilidades de sufrir el acoso y la persecución por estos hermanos. Son entes espiritualmente muy atrasados que permanecen subyugados al mal y qué, en su fuero interno mantienen un resabio de rebeldía por sus experiencias y creencias, que guardan desde tiempos inmemoriales. Se sienten enemigos del progreso espiritual y de todos aquellos que luchan por su implantación.

Recordemos cómo un diablo (Entidad relevante del bajo astral), tentó al Maestro después de su prolongado ayuno en el desierto:

Si eres el Hijo de Dios, di que esas piedras se conviertan en panes. Pero Jesús le respondió: Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. (Mt 4, 1-11)

Se trata de un ejemplo de las constantes tentaciones que prodigan los planos inferiores. El Nazareno estaba realmente hambriento y los diablos intentaron atacarle: Primero, en su orgullo y vanidad, diciéndole ¡Si eres el Hijo de Dios!, y, en segundo lugar, centrando su atención en las cosas materiales asociadas a sus necesidades inmediatas. Jesús, con su gran elevación, le respondió en términos espirituales “No sólo de pan vive el hombre”.

Siguieron insistiendo y le tentaron dos veces más. Pero Él, firme, respondió:

Apártate de ahí Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás.

Deja clara su convicción y nos ofrece una magnifica lección sobre como rechazar las tentaciones de los espíritus inferiores. Nos indica con total claridad que únicamente debemos escuchar al Plano Superior.

Sí el Maestro tuvo que enfrentarse con el diablo (Moradores del bajo astral) y soportar sus insinuaciones; en mayor medida estamos expuestos los humanos encarnados de este vasto conglomerado social.

En el trabajo, en la familia, en los grupos espirituales, entre amigos, en cualquier actividad puede estar presente el plano espiritual negativo generando conflictos. Desean explotar nuestros defectos y los de todos aquellos con los que convivimos.

Es un problema muy importante que no debe ser infravalorado pues sus consecuencias pueden resultar devastadoras.

No somos realmente conscientes que los habitantes del plano inferior están detrás de muchísimas situaciones problemáticas, intentando romper uniones familiares, amistades y generando desarmonía y malestar. Su pertinaz trabajo termina muchas veces en manías, desencuentros y depresiones. Son influencias qué, por no haber sido detectadas, han imposibilitado la puesta en marcha de mecanismos de defensa.

¿Cuáles son esos mecanismos de defensa? En primer lugar, el rechazo enérgico de cualquier sugestión que pretenda crear enfrentamientos y discusiones estériles. Opondremos siempre: tolerancia, prudencia y respeto. Con esa actitud, el bajo astral se cansará rápidamente al comprobar que no cedemos a su influencia. Buscarán entonces candidatos más dóciles y desprevenidos. Recordemos siempre al Maestro, que no dudó un instante en escoger lo espiritual sobre lo material, eliminó al instante su influencia y continuó adelante con su labor.

Nuestro quehacer diario debería ser: En primer lugar, el rechazo de las sugestiones que nos lanzan en su intento de coartar el trabajo de crecimiento moral, experiencia y autoconocimiento. En contraposición, el astral negativo intentará siempre empujar a la comodidad, a la pereza y a la crítica destructiva.

En segundo lugar, y no menos importante, contamos con el recurso de la oración, que nos pondrá en contacto con hermanos de mayor elevación, quienes a nuestro pedido, retirarán ese tipo de perturbaciones. Sin que seamos conscientes de ello, nos alentarán al trabajo, fortalecerán y ayudarán en la búsqueda de soluciones que nos permitan superar los envites de los planos inferiores.

Es de suma importancia tener esto siempre presente, pues, los colaboradores del Maestro son blanco constante de los ataques del plano inferior, enemigos del progreso y de la luz, que intentarán apartarnos de su Obra.

Es una verdad incuestionable que el bien siempre triunfa. Por eso, debemos caminar con el ánimo alegre, siempre adelante, desenvueltos, a pesar de las dificultades que se presenten, por grandes que sean. El Maestro y sus colaboradores nos acompañan en todo momento, únicamente nos piden que demos el primer paso y saquemos fuerzas de flaqueza en los momentos difíciles.

“Las relaciones de los Espíritus con los hombres son constantes. Los Espíritus buenos nos incitan al bien, sosteniéndonos en las pruebas a que nos somete la vida y nos ayudan a soportarlas con valor y resignación. Por el contrario, los Espíritus malos nos empujan al mal: se regocijan cuando nos ven sucumbir y parecernos a ellos.”

Libro de los espíritus. Allan Kardec, VI.-  Resumen de la doctrina de los espíritus.

Influencias espirituales:  Fermín Hernández

© 2017, Amor, Paz y Caridad