Valores humanos

LA VOLUNTAD

La voluntad es la piedra angular del éxito en la vida y uno de los más excelentes rasgos de la personalidad: hace al hombre valioso y le permite lograr sus objetivos.

Enrique Rojas.

Empiezo este artículo con la frase anteriormente citada por estar de pleno acuerdo con ella, recordándonos ese viejo y conocido refrán español “hace más el que quiere que el que puede”. Tal y como lo han expresado diferentes corrientes ideológicas, la Voluntad, junto al Amor y la Sabiduría, forma parte de los atributos del espíritu, es uno de esos tres troncos de los cuales podríamos ir definiendo numerosas virtudes que tienen su raíz en los mismos.

La voluntad es un valor con el cual Dios nos dota desde el inicio de nuestra evolución para que vayamos dando esos primeros pasos y logremos caminar sin dar lugar al estancamiento espiritual. Todos los seres humanos tenemos fuerza de voluntad suficiente para sacar adelante aquellos proyectos y compromisos con los cuales hemos bajado a la Tierra. Dios como nuestro Creador nos dota de fuerza de voluntad para que una vez en la Tierra podamos afrontar nuestros objetivos y resultemos victoriosos de todos ellos.

Sin embargo, son muchas las personas que se ven incapaces para poder solucionar muchos de sus problemas, y no ven más que inconvenientes y dificultades de las que dicen ser incapaces de superar. Esto parece ser una contradicción según lo expuesto anteriormente. Nada más lejos de la realidad. Lo que sí ocurre en muchos casos, y lo diré según un consejo que me ayudó mucho, “tenemos fuerza de voluntad para hacer muchas cosas, lo que ocurre es que nos la guardamos en el bolsillo, y no la sacamos cuando la tenemos que utilizar”.

Estaremos de acuerdo en que es bien distinto el no tener fuerza de voluntad, a no querer sacarla y utilizarla cuando sea conveniente. Un argumento a nuestro favor en esto que decimos, pues para lo que queremos sí que tenemos fuerza de voluntad, para lo que nos interesa, para aquello que nos gusta y que queremos conseguir, etc. Es decir que cuando existe la motivación necesaria, la ambición o cualquier otro resorte, somos capaces de poner en marcha todos nuestros valores y la fuerza de voluntad para conseguirlo, sin embargo, cuando carecemos de esos resortes, de esa palanca poderosa que son nuestros deseos y aspiraciones, no damos un paso adelante.

En potencia tenemos muchas dosis de fuerza de voluntad, porque repito es un don con el que nuestro Creador nos ha dotado para recorrer el camino de la evolución al que estamos llamados, camino que no está exento de asperezas y de circunstancias en las que hemos de poner todo nuestro empeño y grandes dosis de esfuerzo para transitarlo, por lo que nuestro Creador en su Amor y Sabiduría nos dota de esa fuerza de voluntad, y no da a nadie una carga más pesada de la que pueda llevar, porque si fuera de otro modo podríamos decir que Dios es un ser malvado y cruel, que se satisface en nuestro sufrimiento y en ver como fracasamos, y Dios es todo lo contrario, como decimos es Amor y Sabiduría, por encima de todo, de lo cual se desprende ese otro elemento que forma parte de su esencia como lo es la Justicia.

Ahora bien, aunque poseamos esa fuerza de voluntad, que muchos hemos guardado en el bolsillo, y que no sacamos nada más que para lo que nos interesa, es necesario que eduquemos esa voluntad, que no la dejemos en el olvido, dejando que se apodere de nosotros defectos opuestos a esa virtud: la comodidad y la pereza.

Estos defectos empiezan a aparecer en nosotros cuando dejamos de practicar la voluntad, cuando nos abandonamos internamente y en nuestro egoísmo sólo pensamos en nosotros y en vivir la vida de la forma más cómoda y sencilla, sin realizar ningún tipo de trabajo que suponga un esfuerzo. Es entonces cuando nuestra voluntad, esa que tenemos porque Dios no la ha dado, se queda anquilosada.

En esas circunstancias, nuestra voluntad que ya va quedando sumamente debilitada, ante cualquier mínimo esfuerzo que debamos hacer nos supone una gran dificultad, y se nos presenta como un gran obstáculo, como algo que somos incapaces de lograr.

Pero insisto, no es que no podamos hacer muchas de las cosas que la vida en su transcurso nos presenta, es que no queremos realizarlas porque nos incomoda o nos asusta cualquier esfuerzo que debamos hacer.

Quiere esto decir que hemos de reciclarnos interiormente y recuperar el terreno que hemos perdido, puesto que muchas veces, aun existiendo motivaciones y deseos que nos gustaría llevar a cabo, por el debilitamiento de la voluntad somos también incapaces de realizarlas. Tenemos entonces que educar nuestra voluntad, ponerla a punto, lograr que no haya ningún impedimento que nos dificulte dar ese paso adelante, sacando esa energía que tenemos, toda la fuerza y la ilusión para ir de cara al logro de nuestros objetivos y aspiraciones.

Hemos de empezar por despejar nuestra mente de todo tipo de dudas, hemos de sacudirnos todos los fantasmas que en otros momentos nos han dejado derrotados y nos han hecho ver que somos tan poca cosa que no podríamos afrontar nuestra vida con un espíritu de lucha y de ilusión. Voluntad es resolución, determinación, es ser siempre positivos y no dejar cabida al pesimismo y la desilusión. Es ver que dentro de las dificultades o del esfuerzo que requiere todo en esta vida, si lo encaramos con buen humor, con buena disposición de ánimo, con energía, pronto veremos el modo de llegar a resolver nuestros problemas, y con la práctica y el estímulo que constantemente hemos de darnos nos daremos cuenta que basta con un cambio de mentalidad, con la esperanza en nosotros, y la fe en Dios para que dejemos de ver las dificultades y aprendamos a ver las muchas cosas positivas que le podemos sacar a la vida y a todas las experiencias que hemos venido a vivir en este mundo.

Fermín Hernández 

© 1999 Amor, paz y caridad

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