El Amor

AMOR POR LA VIDA

¿Qué es lo más preciado que tenemos? Sin duda alguna, la Vida.

La Vida es el máximo don que recibimos del Padre. Debemos pues sentirnos agradecidos y satisfechos por participar de su Obra, por ser una parte de este mar de Vida que nos rodea y que nos pertenece, de tener todo el Universo a nuestro alcance, creado para todos los que lo habitamos. Somos chispas divinas del Creador, creados a su imagen y semejanza.

Seamos conscientes de ese milagro y agradezcamos el hecho de existir. Somos una parte de Dios Padre, creados a su imagen y semejanza; componentes muy importantes de su Creación. Nos ha dotado de las características y capacidades necesarias para alcanzar las mayores cotas de amor, sabiduría y perfección en nuestro desarrollo evolutivo.

Amemos y agradezcamos la Vida, la nuestra, la de nuestros semejantes, la Naturaleza, la Vida de todo lo creado. Sintamos respeto y admiración por todos los seres vivos con los que compartimos evolución. Comencemos a valorar nuestra vida y así valoraremos la de nuestros semejantes y toda la Naturaleza que nos engloba.

Por muy angustiosas y duras que resulten nuestras experiencias, luchemos para entender el por qué y para qué de nuestras dificultades. La desdicha, el desconsuelo y la desesperación pueden coartar nuestra fe y posiblemente nos lleven al desmoronamiento, a caer en el abandono y la depresión, al deseo de no querer vivir más, de sucumbir e incluso llegar a aceptar el suicidio.

Llegados a este punto, parémonos por un instante y reflexionemos: Somos Seres de Luz, hechos a imagen del Padre Creador, tenemos el potencial suficiente para sobreponernos a la debilidad y al desamparo. Elevemos pues, nuestros pensamientos a lo Alto, pidamos con todas las fuerzas: Luz, amparo y protección. Recibiremos la ayuda que necesitamos para esos difíciles momentos y podremos seguir adelante en nuestro cotidiano quehacer.

Pedid y se os dará; (Jesús de Nazaret). 

En modo alguno quedarán resueltos nuestros problemas pero, repondremos fuerzas y recibiremos la esperanza y energía necesarias para continuar luchando. Quizás tengamos una existencia dura, una prueba difícil, quizá estemos liquidando cuentas del pasado, pagando intereses adelantados pero, como lo desconocemos… Si elevamos nuestra mirada y oración a lo Alto, podremos recibir la intuición sobre la justicia de nuestros sufrimientos.

Todos los seres, todos los acontecimientos de tu vida, están ahí porque tú los has convocado. De ti depende lo que resuelvas hacer con ellos. (Richard Bach; Ilusiones).

Dios PADRE, no comete errores, no juega con sus hijos, los ama a todos por igual y, a cada cual, le pone a sus pies las pruebas y expiaciones necesarias para fortalecerse y crecer espiritualmente. Cuando resulta necesario, por mediación de la Ley de Causa y Efecto nos hace recuperar el equilibrio perdido, quedando esta experiencia guardada en nuestros registros de conciencia para evitar repetir de nuevo los mismos errores.

¿Hemos olvidado, acaso, que somos hijos de Dios?

Probablemente, ignoramos los inmensos recursos que poseemos en nuestro interior y se nos olvida con frecuencia que en el mundo espiritual hay planos de Luz y Amor, en donde residen hermanos mayores siempre dispuestos a ayudarnos. Están esperando nuestras peticiones, para volcarse con nosotros y, con el permiso del Padre, agotar sus recursos para ayudarnos.

Tengamos fe y esperanza, pues… NUNCA ESTAMOS SOLOS. Acojámonos humildemente y mantengamos siempre el espíritu de lucha para afrontar las vicisitudes con la mejor predisposición y ánimo. Nada sucede por azar, la casualidad no existe, todo obedece a un orden pre-establecido y tiene un porqué y un para qué.

Seguramente no entendamos el porqué de cada situación, pero analicemos y estudiemos las circunstancias y, sobre todo, no caigamos en la rebeldía y la ofuscación. Con tales actitudes agravamos nuestra situación y atraemos energías discordantes, espíritus obsesores, que potenciarán nuestro desánimo y debilidades. Levantemos siempre al cielo nuestra sencilla y humilde oración para que los Seres de Luz, nuestros hermanos más aventajados, nos apoyen y consuelen.

Somos espíritus pequeños, en los primeros balbuceos de la formación y, como niños, nos revelamos cuando no conseguimos lo que queremos, o cuando la vida no gira a nuestro gusto. Del mismo modo que nuestros padres en la Tierra saben lo que necesitamos y lo que debemos aprender, de idéntico modo, nuestro padre Creador conoce también nuestras necesidades y el sendero adecuado para crecer conforme a sus Leyes.

Hay que tener siempre muy claro de dónde venimos y hacia dónde vamos, que la Vida tiene un objeto, que toda vida es útil por muy dura que pueda parecer. Cuando la Vida nos sonría, demos gracias a Dios y guardemos la fuerza interior, para cuando sea necesaria.

Es cierto que tenemos que pasar por pruebas de toda índole a lo largo de nuestra experiencia evolutiva, por ello, debemos tener siempre, la humildad y entereza necesarias para esos difíciles trances. Con ese refuerzo superaremos las desgracias y recibiremos el ciento por uno. Adquiramos pues, madurez y responsabilidad, estudiemos todos los días en el Libro de la Vida y aprovechemos los ejemplos que nos aportan infinidad de personas a nuestro alrededor. Es un sano ejercicio, mirar hacia atrás de vez en cuando y, comprobar que hay personas en peores condiciones que nosotros. ¡Aprendamos de su ejemplo!

Tu ignorancia es directamente proporcional a la medida en que crees en la injusticia y la tragedia. Lo que interpreta la oruga como el fin del mundo es lo que su dueño denomina mariposa. (Richard Bach; Ilusiones).

Guardemos siempre Amor por la Vida, comenzando por la nuestra propia, es el don más grande recibido. Una vida es tan sólo un capítulo más de los cientos que componen la evolución del espíritu. Al contrario de lo que ocurre con la materia, la vida del espíritu es una sola, es eterno, no nace y no muere. Reencarnamos una y otra vez, aprendemos de todas y cada una de las experiencias en los cuerpos físicos, hasta alcanzar el grado de elevación que nos permite prescindir de cuerpo y mundos materiales.

Acojamos con agrado nuestras tareas diarias; sin demoras, con cariño, con fe y buena actitud, son nuestro medio de Progreso. Nos permitirán superar, una tras otra, las pruebas que definirán nuestro carácter y así, alcanzar la meta con prontitud.

Amemos siempre al Creador, con humildad y devoción, este es el primer recordatorio de los artículos de esta sección; aprovechemos las experiencias, saquémosles su enseñanza. Vivamos cada capítulo de nuestra vida con buena actitud y predisposición. La fe, esperanza y buena voluntad suavizan la cuesta para ascender. Nada se regala, nada se conquista sin esfuerzo, ningún sufrimiento es estéril si viene de mano de las Leyes de Dios, como rescate y liquidación de las cuentas pendientes con la Ley de Causa y Efecto.

Amor a la vida por: Fermín Hernández Hernández

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