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PADRES DE FAMILIA: “CONVIVIR Y EDUCAR”

En este sencillo artículo nos gustaría hacer una reflexión alrededor del núcleo familiar. La familia es, con certeza, el componente más importante en la vida de las personas. Pero el trabajo, el cansancio, la imprescindible dedicación al trabajo espiritual, a nivel de grupo y personal, los intereses materiales, las comodidades y el ocio, nos impiden prestarle la debida atención. Dedicar a la familia, tiempo, cariño y ternura, es algo tan fundamental que no debe caer en el olvido.

El hogar no es ese lugar donde hacemos o decimos lo que nos place, tiene una relevancia mucho mayor. Es el lugar dónde, por encima de todo, se debe ejercer la responsabilidad paternal, como padres protectores, educadores y amorosos. Padres que deben servir de respaldo, apoyo y ejemplo para sus hijos. No obstante, las figuras paternas tienen un significado todavía más importante y que no figura en diccionario alguno, trasfondo que no es otro que la expresión “Ayuda, ese respaldo que necesitan los hijos para desenvolverse y aplicar las enseñanzas recibidas dentro y fuera del hogar.

Esta dedicación no debe ser postergada, pues la familia tiene unas necesidades concretas que son prioritarias sobre muchas otras y, para los padres resulta imperativo dar la talla,  renunciado, si cabe, a todo lo superfluo para darles la prioridad requerida, dejando de lado inclusive el descanso y cualquiera otro tipo de necesidad. El trabajo en el hogar deberá considerarse siempre como una tarea preferente.

Existe gran cantidad de personas que consiguen triunfar fuera del hogar, pero dentro de él, están apagados, dejando mucho que desear. Es este un error bastante extendido del que en algún momento habrá que rendir cuentas y que exigirá encarnar una o más vidas para corregirlo.

Como afirmamos, existen prioridades, siendo la primera y fundamental, el EJERCICIO DE LA RESPONSABILIDAD PATERNAL, luchando para que nuestra familia tenga sus necesidades cubiertas, materiales y espirituales. Y es en estas últimas, dónde estamos obligados a obtener la máxima calificación.

¡¡Qué otro valor merecerá mayor sacrificio y dedicación!!

¡¡Dónde mejor que en el hogar podemos desarrollar ciertas cualidades que difícilmente podríamos conseguir fuera de él!!

Es una verdadera lástima que esta circunstancia no se valore en toda su magnitud. Simplemente sucede que dentro del ambiente familiar nos relajamos, pues sabemos que seremos juzgados con indulgencia. No debemos olvidar que el hogar es el reflejo de nuestras propias virtudes y defectos y qué, por inercia, el mundo que nos rodea, es nuestro propio reflejo. Y ahí, no solemos salir tan bien parados.

Para convertir nuestra morada en un auténtico hogar se requiere un gran trabajo. Tenemos la obligación de ofrecerlo, debemos conseguir una familia unida y comprometida en el progreso y, reforzar el afecto entre sus componentes. No debemos olvidar que los hijos son esponjas que lo absorben todo, especialmente el comportamiento y el buen trato. Si somos capaces de ofrecérselo, ellos sabrán transmitirlo. Los buenos modos, el cariño, el amor y el deseo de ayuda se deben respirar en el hogar. Estos valores deben ser la consigna para todos los padres. Tampoco debemos olvidar que las opiniones divergentes y las desavenencias deben desaparecer de las relaciones de hogar.

Para muchos padres su prioridad se centra en conseguir para sus hijos los estudios mejor cualificados, una buena carrera universitaria y cualquier apoyo académico que les permita alcanzar una posición social de privilegio y que les facilite abundantes recursos económicos. Ciertamente, es una loable actitud y una gran oportunidad que sin duda mejorará las perspectivas de los buenos estudiantes. Pero, sin duda quienes mejor podrán ayudarles en esas necesidades serán los buenos profesores, la universidad, y el estímulo de los padres. Si esto es así, ¿por qué no aplicamos los mismos esfuerzos para facilitarles una adecuada formación social, moral y espiritual; dedicación que nadie mejor que los padres, por su implicación, pueden ofrecer?

El hogar es primer eslabón en el aprendizaje de la vida, el lugar donde han de fijarse las bases que les permita forjarse como auténticos adalides del mensaje del sublime Jesús de Nazaret. Tristemente, muchos padres apenas conocen a sus hijos, ni ven más allá de sus necesidades materiales. ¿Qué decir de la formación espiritual necesaria desde que nacen hasta que abandonan el hogar?. Esta es una gran responsabilidad de la que tendremos que rendir cuentas.

¿Estamos los padres actuando, realmente, como auténticos profesores en la asignatura de la Vida? ¿Les enseñamos a nuestros hijos a distinguir correctamente entre lo material y lo espiritual? ¿Entre las virtudes y los defectos?. Del mismo modo que exigimos al profesorado, calidad y competencia, también nosotros debemos exigirnos un alto nivel educativo hacia nuestros hijos, para que adapten los resultados de ese esfuerzo a través de la mejora en su conducta y en la progresiva responsabilidad en la toma de decisiones, aprendiendo a aceptar aquello que les conviene y rechazar lo que les perjudica. Los retos diarios son muy numerosos y deben alcanzar la suficiente claridad de ideas a la hora de tomar decisiones. Las experiencias en el hogar les servirán de gran ayuda para conseguir esa capacidad.

Podríamos seguir aportando muchas más ideas, pero lo realmente importante es, y será siempre, que en calidad de padres, reconozcamos nuestras carencias y que nuestros hijos y familia vean nuestros continuos esfuerzos para autocorregirnos. Con ello obtendremos autoridad moral y conquistaremos su aprecio y respeto. Con ese respaldo, nuestras recomendaciones y consejos tendrán mucho más valor.

Para poder señalar los fallos ajenos, previamente debemos predicar con el ejemplo, pues de no hacerlo así, nuestros consejos serán agua en el desierto. Pero como no deseamos que esto llegue a ocurrir, debemos ser los primeros en comandar el barco. No basta con ser padres biológicos, debemos ofrecerles nuestro apoyo y ejemplo, que les otorgará la fuerza moral, el respeto y delicadeza necesarios para corregir sus deficiencias y  errores.

La vida es un compendio de organización personal y los hombres solemos agrupar las diferentes labores mediante esquemas, horarios. No obstante, la paternidad se rige por otros patrones, carece de horarios y exige una dedicación completa; dedicación firme y cariñosa que ayudará a que la vida fluya y se consigan las metas deseadas.

En último lugar conviene destacar que el aprendizaje y los estudios son grandes fuentes de ayuda, pero no llegan a sustituir al placer que brota del alma cuando se realizan las cosas correctamente, cuando los actos surgen de nuestra alma superior. Sólo así podemos convertir nuestro hogar en una reunión de espíritus que cumplen sus compromisos de ayuda mutua, que zanjan rencillas y deudas del pasado, y se elevan unidos gracias a esa compenetración tan única y especial que sólo los lazos de la carne pueden propiciar.

Convivir y educar por: Fermín Hernández Hernández

© 2017, Amor, Paz y Caridad

Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, nosotros, aprender a tener coraje. Sí ¡Así es!. Ser padre o madre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente a la incertidumbre de estar actuando correctamente y al miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo… El más preciado y maravilloso préstamo, ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego, pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos.

JOSÉ SARAMAGO

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