Perfección Moral

EL CAMINO SE HACE ANDANDO

Venimos repitiendo, constantemente, la necesidad de una transformación moral cómo método más adecuado para el proceso evolutivo de nuestro espíritu. Esta transformación se basa en una limpieza moral y el desarrollo de los valores humanos. Seguiremos insistiremos en ello, una y muchas, muchas veces, de toda forma y condición posible. A pesar de ello, prácticamente nada ha cambiado, y este resultado no es otro que el fruto de nuestra condición de seres instalados en las primeras fases de la evolución espiritual.

No obstante, la mayoría de las personas tienen buena voluntad y sana intención, no suelen desear el mal para sus semejantes y no buscan subterfugios para dañar a quienes les rodean. A pesar de ello, sigue siendo una práctica muy habitual, provocar daño ajeno, perjudicar a los demás de manera directa o indirecta, sin conciencia de la gravedad y la consecuencia de sus actos, pensamientos y sentimientos.

Esto sucede, simplemente, por ignorancia, por falta de previsión, por desconsideración y falta de análisis ante actuaciones y hechos; cualidades que deberían ser la guía constante en nuestras relaciones personales. Una sana costumbre es, detenerse al final de cada jornada y hacer un auto-análisis de los acontecimientos, analizarlos críticamente y corregir aquellos errores que inquietan la conciencia.

Es importante detenerse y hacer un serio estudio de las causas que no permiten el desarrollo de los valores morales; valores que elevarán nuestro nivel de conciencia y desarrollarán el conocimiento personal necesario, para estar en armonía con las Leyes Cósmicas.

La Ley Universal, la Ley de Dios, está grabada a fuego en nuestra conciencia, según nos indican seres de gran elevación espiritual a través del LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. No obstante, nuestra conciencia permanece ofuscada y condicionada por los defectos acumulados a lo largo del tiempo. Es necesaria, por tanto, una ayuda consciente para resaltar los puntos de inflexión, aquellos aspectos perniciosos de nuestra personalidad que nos impiden actuar correctamente y determinar los instrumentos necesarios para resolver cualquier disyuntiva.

Los defectos morales son los principales impedimentos de progreso, nuestro mayor y tenaz enemigo; acecha desde nuestro interior. Pero también debemos agradecerles su ayuda para conocernos mejor y convertirnos así, en instrumentos de progreso. Pero, seamos conscientes y tengamos claro que están enquistados en nuestro interior, anclados por las imperfecciones, vicios y debilidades, verdadera causa de nuestros sufrimientos y del estancamiento moral en el que nos mantenemos desde hace eones.

Desde hace siglos podríamos vivir integrados en otros mundos; mundos de mayor evolución, a los que perteneceríamos, según fuésemos superando debilidades y consolidando los valores del espíritu. Ya habríamos dejado atrás este planeta, de no ser por nuestro atraso espiritual, consecuencia del egoísmo y demás taras de nuestra alma, consolidadas por propia voluntad. Sin embargo, seguimos prisioneros de pruebas y expiaciones, en la rueda kármica en la que nos hemos anclado torpemente y, como deficientes alumnos, seguimos y seguimos repitiendo idénticas lecciones, una, dos y tres veces, siete veces siete. Y es que el hombre, en su empecinamiento, tropieza siempre con la misma roca.

¿Seremos capaces alguna vez de asimilar el hecho de que, como espíritus encarnados en este planeta Tierra, tenemos la misión y el compromiso de trabajar en nuestro perfeccionamiento personal y moral?

La propia Naturaleza y todo aquello que nos rodea, son instrumentos puestos a nuestra disposición por los Espíritus Planificadores, y recibimos esos dones en calidad de usufructuarios, para desarrollar ese trabajo personal y colectivo que es la Evolución Global. Junto con sus beneficios, recibimos también la responsabilidad de su buen o mal uso y, en su momento, habremos de rendir cuentas del préstamo recibido.

Resultaría conveniente llevar a cabo un estudio psicológico sobre las imperfecciones que bloquean nuestro progreso, que nos impiden la libertad de espíritu, la serenidad de conciencia, la alegría de vivir, la comprensión y el entendimiento, el respeto y la tolerancia y el anhelo de alcanzar cada día mayores cotas de humanidad. En suma, el amor y la caridad tan necesarios en este mundo.

Debemos detectar nuestras carencias, conocer cómo se manifiesta el egoísmo en nuestras relaciones sociales y en nosotros mismos; debemos ser conscientes de la máscara que nos cubre, sin apercibirnos de ella, y dar el paso definitivo para arrancarla de raíz, si no queremos permanecer estancados y continuar perjudicando a los demás con esos defectos que nos mantienen sujetos a los mundos inferiores, hasta tanto no soltemos lastre y rompamos los lazos del pasado.

Este es el fin de esta nueva sección, descubrir, poco a poco, como se manifiestan las imperfecciones y también los métodos para superarlas. Cuantos mayores conocimientos, más conscientes seremos de nuestra realidad y limitaciones. Conoceremos, sin duda, las mejores armas para enfrentarnos a esos enemigos ocultos que nos acechan.

Deseamos que todos ustedes, amables lectores, caminen con nosotros en el espinoso sendero del progreso, y en esa confianza, iniciamos la andadura de esta nueva sección mensual.

 

El camino se hace andando por:   Fermín Hernández Hernández

©2017, Amor, Paz y Caridad

 

“Todas las virtudes poseen su mérito, porque todas son indicios de progreso en la senda del bien. Hay virtud, cada vez que existe una resistencia voluntaria a las solicitaciones de las malas tendencias. Pero lo sublime de la virtud, consiste en el sacrificio del interés personal por el bien del prójimo, sin abrigar segundas intenciones. La más meritoria de ellas es la que se basa en la caridad más desinteresada.”  

(Libro de los espíritus, Perfección Moral, Allan Kardec).

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