¿Crisis que crisis?

LA AUTORIDAD MORAL

 
 
 
  Gracias a Dios la sociedad va evolucionando, muy lentamente pero las costumbres, las tradiciones, las ideas se van renovando y con ellas las leyes también van mejorando y creando las bases de una sociedad más justa y más equitativa para todos.
 
 
  Lo peor son los escollos que hay que salvar, la resistencia de los sectores más poderosos y más interesados, que se aferran a buscar su propio beneficio y no al de toda la comunidad, pero todo tiene su recorrido y tarde o temprano nada puede parar el progresivo avance de la sociedad. Se puede estorbar al progreso y hacerlo más difícil o doloroso si cabe, pero no se le puede poner freno. 
 
  Los cambios en realidad se ven venir poco a poco, no se efectúan de la noche a la mañana, en nosotros está el ser inteligentes para preverlos y ponernos a la altura de las circunstancias para ayudar a que se produzcan de manera pausada y providencial como ya hemos mencionado en beneficio de todos. 
 
  Las sociedades, cuanto más primitivas son, en ellas los cambios van produciéndose por la fuerza y la violencia, se impone la ley del más fuerte, pero en las sociedades más avanzadas se imponen la razón, la coherencia, el sentido común y todos aquellos valores que determinan lo que es correcto y justo de aquello que no lo es. Ya no vale el hecho de obligar las cosas por la fuerza, ni por imposición. Las sociedades cuando alcanzan cierto grado de civilización, cuando sus ciudadanos ya no son niños, saben lo que les conviene y el rumbo que hay que escoger, ya no se dejan doblegar ni manipular por los sectores dominantes, sino que van aunando sus criterios, van viendo lo que es más conveniente para el conjunto y van adaptando sus leyes y principios para el beneficio del conjunto y el bienestar general. 
 
  Las naciones como es normal también alcanzan su mayoría de edad, y dejan de ser como ese niño al que hay que dirigir, llega un momento en que tienen voz y voto, llega un momento en el que son capaces de criticar, de censurar, de corregir los desvíos y errores de la clase dirigente, o la caducidad de sus leyes, y se hacen oír cada día más. Sin duda creo que estamos llegando a ese momento de transición en el que los grupos, las asociaciones, etc., dejan de ser minoritarios, para convertirse en una voz viva y fuerte, capaz de hacer reflexionar a las clases políticas dominantes o círculos de influencia. Ahora el círculo de influencia va a ser la propia base de la humanidad, que poco a poco está demostrando tener una sensibilidad mayor que la que denotan los dirigentes, esclavos todavía de fórmulas y de modos de dirigir impropios para el momento en que vivimos, no están en consonancia con la realidad de la sociedad en su conjunto, y parecen no darse cuenta de nada. 
 
  Se está viendo por todos los rincones del planeta, que el mundo ya no es lo que era, la población ha crecido interiormente, está más preparada que nunca, la humanidad necesita un cambio, no un cambio cualquiera, un cambio importante en la forma de establecer nuevos principios, nuevas preferencias, el orden de los valores está cambiando, tiene que cambiar por propia necesidad, porque está visto y demostrado que todos los sistemas no han podido establecer los principios que quedaron establecidos tanto en la declaración de los derechos humanos como en el fondo de todas las democracias y constituciones que en su base priman por la igualdad, la fraternidad y la libertad para todas las personas sin distinción. 
 
  Por lógica si nuestro mundo ya no es lo que era, si los ciudadanos somos ya mayores de edad, capaces de pensar por sí mismos, capaces de sentir que no vamos bien, sensibles en el sentido de que todos hemos de disfrutar de las mismas garantías y oportunidades para poder desarrollarnos plenamente como personas, hemos de llegar a conclusiones que encaminen el rumbo y el destino del planeta por la vía de la paz y el concierto, hacia la estabilidad, el orden, la fraternidad y solidaridad, que es lo que más falta hace ahora precisamente. 
 
  Hasta ahora los movimientos se han ido imponiendo por la fuerza, por el predominio de los poderosos sobre los más débiles y especialmente por el predominio del poder económico, éste es quizás el mayor obstáculo que hemos de vencer, y el que todavía tiene más preponderancia en nuestra humanidad actualmente. Los que manejan el poder desde la economía se dice que son los que dirigen los destinos del mundo, pero a este gran poder también le está llegando su fin. Precisamente este poder ha sido tan inmenso, y se han cometido y se cometen a diario tantos abusos y tantos perjuicios a millones de personas, que el propio sistema se ha engangrenado, por decirlo de alguna manera, es ya tan visible el mal que produce, los desajustes que provoca, las injusticias de toda índole que es ya inadmisible para una gran mayoría de ciudadanos que esta “forma de gobernar” pueda seguir manteniéndose en las nuevas generaciones. 
 
  El poder económico no podrá por siempre comprar las voluntades de los gobernantes, corromperlos, manipularlos, y de muchos otros sectores de la sociedad como el industrial, etc., caerá por su propia avaricia y egoísmo. Estamos viendo, cada día cómo salen a la luz las barbaridades que se cometen por esta vía, los desajustes que produce, el desequilibrio que crea. La mala distribución de la riqueza y la pobreza generan un malestar y tal indignación que hace que los pueblos se rebelen ante estas circunstancias y se propicien las reflexiones y las condiciones necesarias para poner remedio a estos desatinos. 
 
  La solución es indudablemente dar un  giro de 180 grados a esta situación, hay millones de conciencias que ya no conciben un mundo así, que sostienen por la pura lógica de los acontecimientos que nuestro sistema de organización y de gobierno está caduco, aparte de estar en las manos menos adecuadas en muchas ocasiones, la autoridad ademas de por la democracia deberia de ser como decia Abraham Linconl: “El poder del  pueblo, para el pueblo  y por el pueblo”; siendo así que la autoridad se ganaría por la fuerza moral, la razón y el sentido común y no por el ejercicio del poder o por la imposición de la fuerza y el dinero.
 
  Por todos los adelantos que estamos alcanzando en las últimas décadas decimos que nos hayamos en una sociedad muy avanzada, dicho de otro modo que nuestro mundo ha alcanzado un grado de civilización muy desarrollado, pero sin embargo esto no es del todo cierto, puesto que siguen produciéndose infinidad de guerras y de desajustes por doquier, nos falta pues comprender que la civilización le aporta el grado moral y la práctica de la fe y la caridad cristiana y es hacia ese nuevo avance al que ya definitivamente nos estamos encaminando, aunque muchos todavía no se quieran percatar, unas veces por sus imperfecciones y otras por sus propios intereses. 
 
 
 F. H. H.
 
© Grupo Villena 2013
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