Editorial

AÑO NUEVO

Un nuevo año comienza y, de forma significativa, la evolución de los acontecimientos sociales en todo el planeta sigue su ritmo trepidante, acelerando exponencialmente los cambios que muchas sociedades en multitud de países están experimentando.

Lejos de ralentizarse, cada vez más los movimientos populares en demanda de libertades y derechos siguen creciendo, y al mismo tiempo la crítica se multiplica hacia los dirigentes políticos y económicos que hacen caso omiso a estas ansias de libertad, enrocándose en todo lo contrario a lo que se demanda; procuran cercenar libertades mediante el control de la información y de la opinión a fin de que la “masa” deje de pensar en lo evidente y se deje llevar sin ejercer sus derechos y libertades.

Estas actitudes represivas tienen su origen en el “miedo” a perder sus privilegios y puestos de poder, y en esto se encuentran unidos en principios similares las élites políticas, financieras e ideológicas del planeta.

No existe ningún país al día de hoy que pueda tener un control absoluto sobre los movimientos sociales que demandan mayor justicia social, mejor reparto de la riqueza y un mayor desarrollo de los derechos y libertades en la totalidad de los paises del globo. Y sobre todo en lo que no tienen ningún control, sino se lo permitimos, es en nuestra conciencia y libertad de pensar y actuar. Algunas potencias creen que controlando la información pueden seguir “teledirigiendo” el pensamiento y las actitudes de la sociedad como antaño ocurría en las sociedades exentas de cultura y educación.

A mayor educación y aprendizaje menor control en los principios y actitudes de la gente; pues la libertad del individuo empieza por su pensamiento y continúa en sus acciones. Si es cierto  y evidente que, a través de las tendencias que potencian el egoísmo, la codicia y el individualismo excluyente de élite (por raza, religión, sexo, posición económica u otras diferenciaciones) logran un éxito importante al imponer como criterio dominante estas actitudes como el objeto principal de la vida.

Pero hasta en esto último están equivocados, pues el hombre libre es aquel capaz de discernir lo bueno de lo malo, lo moral de lo inmoral, lo justo de lo injusto, lo ético de lo indecente, lo honesto de lo deshonesto. Y en esta asunción de principios hay que ser consecuentes.

El hombre libre no sólo lo es por vivir en una sociedad aparentemente libre, sino sobre todo porque el mismo se siente libre al no estar esclavizado por tendencias, modas o deseos que le afectan en su intimidad, y que le permiten sobreponerse a estas circunstancias discerniendo con claridad su camino de realización en la vida; sin estar condicionado por las actitudes que suelen imponer las modas y convencionalismos sociales o su propia debilidad ético-moral.

La “disonancia cognitiva”, mecanismo psicológico que utiliza nuestro cerebro para hacer todo lo contrario de lo que mantienen nuestros principios, (tratando de justificar actuaciones diferentes a lo que sentimos y pensamos), es la vía de escape que tiene el ser humano para seguir esclavizado a aquello que, aunque no le guste o no crea en ello, no tiene intención de cambiar porque le exige movilizar una fuerza de voluntad que no quiere utilizar.

Junto a todo ello, la falta de fe y la descreencia general que propician las actuaciones poco ejemplares de los representantes religiosos, que debieran ser modelo y guía, es otro de los elementos profundos de la gran crisis moral que azota el planeta tierra.

Debemos pues caminar hacia la mayoría de edad; alcanzando la libertad personal mediante el desarrollo de una voluntad férrea que nos permita equivocarnos y volver a levantarnos. Que nos ayude a prescindir de las tutelas intencionadas y poco edificantes de los líderes políticos, religiosos o sociales. Esto último no significa renunciar a nuestros principios éticos, religiosos o políticos; sino atrevernos a pensar por nosotros mismos y seguir lo que  nuestra propia conciencia nos señale como lo justo y lo correcto, a pesar de estar en contra de las directrices que otros puedan marcar como idóneas y obligatorias.

La libertad es un bien preciado; muy difícil de conseguir, muy compleja de mantener en una sociedad que invade de forma continua nuestra intimidad y privacidad. No sólo por las nuevas tecnologías, sino por la “excesiva dependencia” a la que a veces nos sentimos obligados en actitudes sociales, políticas y religiosas contrarias a nuestros criterios de justicia y fraternidad.

Así pues, cuanto antes los individuos de una sociedad alcancen un grado de libertad personal que les permita discernir por sí mismos; elegir por sí mismos y actuar por sí mismos; respetando el orden social y con el ánimo dispuesto en trabajar por una sociedad más justa, estaremos realmente más cerca de conseguir estos objetivos de paz y bienestar.

En ello hay una gran necesidad: la de implicarse. Desde la neutralidad o la ambigüedad no se alcanza absolutamente nada. Es preciso comprometerse, implicarse, activarse y ejercer la buena voluntad trabajando incesantemente en el lado del esfuerzo y el servicio por el bien, por la solidaridad, por la fraternidad, por liberar de la esclavitud mental y emocional a aquellos que todavía se dejan atrapar por esta sociedad corrompida por el egoísmo.

En estos momentos donde la oscuridad, el pesimismo y la negatividad parece reinar en el planeta, es preciso, más que nunca, ofrecer esperanza con mayúsculas; explicarle al ser humano que en el ejercicio de su esfuerzo por alcanzar la libertad se encuentra no sólo su propia realización, también encontrará en su  trabajo hacia el prójimo su mayor acercamiento a su creador, su mayor crecimiento en el amor y la fraternidad, su elevación moral y su felicidad.

Sabemos de los momentos delicados de esta transición planetaria en la que vivimos inmersos; somos conscientes de la realidad del cambio del planeta y coincidimos en que después de este doloroso parto llegará la luz de una nueva sociedad, más fraterna, más justa y equitativa; pero aun no contemplando estos principios, invitamos a todos a ver y observar estas reflexiones como un avance en el crecimiento personal y el desarrollo del propio individuo hacia estados de mayor lucidez y felicidad emocional y psicológica.

Antonio Lledó Flor
© 2014 Amor, paz y caridad

Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?

Arturo Graf (1848-1913) Escritor y poeta italiano.

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