Fraternidad en grupo

PELIGROS: ENDIOSAMIENTO Y FANATISMO

Sin duda ninguna; al igual que acontece con el desarrollo y educación de las personas con facultades mediúmnicas o espirituales, el endiosamiento, como hijo del narcisismo y el orgullo, es una de las grandes taras que afectan la condición humana y le impiden un desarrollo evolutivo ascendente.

Por transferencia, en los grupos e instituciones de objetivos espirituales compuestas evidentemente por personas, esta tara moral suele presentarse en forma individual o grupal.

Cuando ocurre afectando al grupo en general las consecuencias son perniciosas e incontrolables, a veces lleva incluso al desmoronamiento de la institución, o lo que es peor, al abandono de los integrantes del mismo por el ambiente irrespirable de intransigencia, dogmatismo y fundamentalismo que transciende y se deriva al creerse en posesión de la verdad exclusiva.

Estas actitudes reflejan claramente dos cuestiones; por un lado la poca vigilancia de los miembros de la institución en cuanto a su reforma interna; dando cabida a pensamientos de vanidad y orgullo que son trasladados sin el menor recato o prudencia al resto de los miembros, y que poco a poco van calando en la conciencia colectiva de la institución.

Y por otro lado es también un signo evidente de un proceso de obsesión o inducción colectiva por parte del mundo de las sombras; que aprovecha los resquicios que les brindan las taras morales de sus integrantes, para ir instalando y conformando los patrones mentales de los componentes de ese grupo que, por no permanecer vigilantes, caen fácilmente en la adulación, la vanidad y el orgullo de pertenencia insano, al hacerles creerse superiores a los demás.

El término “endiosamiento” es sin duda un concepto extremo que utilizamos para realzar el problema. No obstante, es significativo en los casos de personas con facultades mediúmnicas que, en un concepto equivocado y erróneo de lo que es la mediumnidad, presuponen poseer un don que les hace diferentes de los demás otorgándoles una superioridad que únicamente reside en su mente y que está muy lejos de ser de esa forma.

Esta alucinación personal les lleva a elevar su vanidad y orgullo hasta límites extraordinarios, cerrando desde ese momento cualquier posibilidad a la rectificación de errores o a la crítica constructiva que puedan hacer los demás miembros del grupo acerca de su comportamiento.

Cuando estas actitudes se dan en un médium, el terreno de la parasitosis psíquica está abonado para convertirse en un instrumento desviado de la parte positiva; cayendo en las redes de las fuerzas de las sombras que, con paciencia y estudio profundo efectuarán su trabajo de obsesión pacientemente.

El riesgo es que nadie de la institución sea capaz de darse cuenta de esto y poner sobre aviso a los demás, porque si esto es así, el grupo está en un peligro extremo de desviarse poco a poco, sin apenas darse cuenta, de los principios elevados que conformaron sus intenciones originarias.

Por lo general, cuando estas actitudes se dan en varios médiums dentro de un grupo, el fanatismo comienza a formar parte de las actitudes del grupo, ya que cada componente, reafirmando sus postulados, desea por encima de todo prevalecer en sus aseveraciones, impidiendo el reconocimiento de los errores propios, dando pábulo a la intolerancia y la intransigencia y focalizando sus objetivos únicamente en conseguir imponer sus criterios sin escuchar los de los demás.

Advertimos de estas circunstancias porque la parte negativa actúa con diligencia, estudiando nuestras debilidades, focalizando en nosotros los errores de los demás para realzar nuestro orgullo y vanidad, sin permitirnos que una mínima reflexión nos lleve a un reconocimiento personal de nuestros propios errores.

Pensemos en esto; los errores más graves de las instituciones siempre acontecen cuando pierden su capacidad de autocrítica, cuando se constriñen las ideas y el pensamiento de sus miembros sin el análisis, únicamente desde la imposición o el fanatismo de creer que se está en posesión de la verdad.

A este respecto, estas actitudes anquilosan el progreso de toda institución, pues las rigideces e inmovilismo de los postulados dogmáticos e intransigentes les impiden la adaptación a los cambios que se producen en las sociedades; terminando por convertirse en estructuras muy poco útiles para el progreso de la espiritualidad, llenas de miedos y complejos por la falta de libertad de acción y pensamiento de sus miembros, por el riesgo a no seguir fielmente las directrices intransigentes que les imponen los ritos y los dogmas de la tradición y las jerarquías que las dirigen.(*)

Es muy importante que en un grupo espiritual, se tenga siempre la oportunidad de manifestar todas las opiniones, libremente; esto no quiere decir que todo el mundo haya de estar de acuerdo en su totalidad en todas las decisiones que se tomen; pero para ello está la tolerancia, la humildad, el reconocer los propios errores o la falta de capacidad para analizar las cuestiones cuando no tenemos las condiciones necesarias para ello.

También es preciso recabar que, en un grupo espiritual bien orientado; y ante la falta de consenso general sobre una decisión a tomar, hay que contar siempre con la ayuda del “mundo mayor”; recurriendo a la oración para encontrar la mejor solución al problema, que sin duda, vendrá avalada por el consentimiento de la mayoría o incluso de las personas con mayor autoridad por su elevación moral, no por sus conocimientos mundanos o por sus títulos académicos.

Seamos pues sensatos y tolerantes en nuestras manifestaciones externas, pero rigurosos en nuestro trabajo interno; es la mejor forma de evitar riesgos y colaborar entre todos a un trabajo importante, fraterno, exento de fanatismos, dogmatismos y endiosamientos personales que a nada conducen salvo al retraso evolutivo de aquellos que los mantienen.

Antonio Lledó Flor
© 2014 Amor, paz y caridad

(*) Merece considerar que toda organización rígida sufre las imposiciones penosas del tiempo y toda edificación que pretende preservar la tradición sin la necesaria adaptación al ambiente en que se encuentra y a las nuevas formulaciones de vida, se transforman en descomposiciones carcomidas que el tiempo vence.
 
Arthur L. Vasconcellos 
 
Psicografía de Divaldo P.Franco

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