La nueva humanidad

EL ORDEN SOCIAL II

Continuando con esta exposición, que sóla­mente intenta ofrecer algunas ideas sobre la sociedad del mañana, vamos a intentar esbozar algunos aspectos importantes que podrán florecer sin obstáculos en la nueva sociedad que espera a la Tierra a partir de la transición planetaria.

Las organizaciones y asociaciones de todo tipo que se desarrollen en el nuevo orden social, irán encaminadas al mejoramiento social y humano, teniendo como base el desarrollo espiritual en el hombre.

La educación será por encima de todo espi­ritual, comprendiendo en profundidad la realidad de la vida y la necesidad de formar parte activa de una sociedad, que a pesar de basar sus funda­mentos en la convivencia y relación mutua, guarda­rá con absoluto respeto la intimidad y la liber­tad personal. La base de la convivencia será la fraternidad.

Una libertad alejada evidentemente de lo que ahora podemos entender como tal. Desaparecerá el libertinaje, fruto de la responsabilidad que cada cual adquirirá en sus realizaciones. Aparece­rán la búsqueda incesante y el deseo de alcanzar la verdadera libertad, aquélla que es patrimonio del espíritu y que se encuentra en la emancipación de­ nuestro ser espiritual, elevándole hacia mayores estados de perfección y alcanzando con ello mayor sabiduría y Amor.

Materialmente hablando, cada uno desarro­llará la función para la que esté más capacitado; mientras que espiritualmente no existirán barre­ras ni impedimentos de ningún orden que obstruyan el desarrollo del individuo, llegando cada cual, mediante su propio esfuerzo, hacia donde desee llegar.

La libertad individual de cada uno, estará basada en el libre albedrío que cada espíritu posee ante la ley divina y que, indudablemente, aumenta o disminuye en función del grado de responsabilidad que cada uno posee por propia evolución. No existirán, por tanto, barreras so­ciales o políticas que constriñan esta libertad individual.

Al no existir ya el peligro de destrucción del planeta y desaparecer por completo el carác­ter belicoso del hombre de la Tierra, se nos permitirá entrar en contacto con mayor frecuencia con mundos paralelos, es decir, con civilizacio­nes más adelantadas que la nuestra y que podrán ayudarnos tecnológica y materialmente en el de­sarrollo de esta sociedad futura.

Desde este momento, nuestro planeta forma­rá parte de la relación universal de mundos que por su evolución les es permitido el contacto y la ayuda mutua entre sí, conociendo las singulari­dades y la evolución de otros mundos que pueblan el Universo y que se vuelcan a ayudar a aquéllos que, después de un proceso de transformación importante como el de la Tierra, necesitan recons­truir nuevas bases de convivencia y participa­ción social.

Si bien tendremos esta importante ayuda en el terreno material, socialmente nos darán ejemplo de organización, al tiempo que espiritual­mente nos ofrecerán también su experiencia y ayuda.

Otro de los importantes aspectos de los que tendremos mayor información, y a los que hoy apenas tenemos acceso, serán todo lo concerniente al desarrollo de las facultades del espíritu. Debido a la limpieza moral de esta nueva humani­dad, podremos tener un mayor contacto con el plano espiritual. Este hecho facilitará ostensi­blemente nuestra labor en el mundo, y nos capaci­tará para evolucionar de una forma más rápida y progresiva.

Por otra parte, los espíritus que poco a poco, generación tras generación, vayan poblando la nueva Tierra, irán experimentando un progreso gradual y continuo, teniendo menos entorpecimien­tos materiales para corregir todo aquello que todavía quede en nosotros en cuanto a imperfeccio­nes. No creamos tampoco que en este nuevo estado habremos alcanzado la perfección, ni mucho menos, será entonces cuando el trabajo será más arduo, más constante y sobre todo más importante. Pero contaremos con la ventaja de que la maldad habrá desaparecido de nuestro planeta, y que la única lucha que habremos de sostener será con nosotros mismos, con nuestras tendencias imperfectas que todavía llevamos arrastrando desde hace muchas existencias.

Tendremos a nuestro favor un ambiente pro­picio, una ayuda mutua por parte de todos los que nos rodean, espirituales y materiales, y de esta forma la ilusión y el trabajo será cada vez mayor, en base al deseo central de todos por alcanzar las más altas cotas de convivencia armó­nica, fraterna y espiritual.

Antonio Lledó Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

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Mahatma Gandhi 

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