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A LAS DOCE DEL DÍA

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A las doce del mediodía

La campana de la iglesia
tañe las doce del día,
y a lo lejos, en las eras,
los sencillos jornaleros
invocan ¡Ave María!

Una sencilla oración,
que se reza día a día,
recuerda la Anunciación
a la madre de Jesús…
de todos, Madre María.

Un Espíritu de Luz
que fue elegido por Dios
para albergar en su Seno
a aquel que Dios designó
para ser Su mensajero.

No olvidemos a María
cuando hagamos oración
a Jesús de Nazaret,
a nuestro Ángel Guardián
y al dar las gracias a Dios.

Y en Dios poner nuestra fe;
en Dios poner la esperanza,
así entre Dios y nosotros
no existirá la distancia.

Que en nosotros está Dios
hasta el fin de nuestros días.
Y a la hora de partir,
un Padre Nuestro a Jesús,
y a la Madre, ¡Ave María!

A las doce del día por: María Luisa Escrich
Guardamar, 12 de diciembre de 2023

ELLA BUSCABA

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Ella buscaba
¡Ella buscaba, buscaba…!
Aquello que deseaba
era de Dios el calor,
poner en Él su esperanza
dejar atrás el dolor,

darle nueva vida al alma,
ansiaba encontrar a Dios
pero al cuerpo estaba atada.
Se sintió desfallecer…
Y elevó a Dios su plegaria.

Saca de mi cuerpo el alma,
que libre pueda volar…
Si a mi cuerpo estoy atada
¿cómo te voy a encontrar?
¡Y me siento tan cansada…!
¡Y escuchó Dios su plegaria!

Cerró sus ojos cansados.
Se fue hundiendo poco a poco
en un profundo sopor.
Un velo ocultó su mundo,
todo se desvaneció…

Como molinos de viento
que con sus aspa girando
la elevaban hacia el Cielo,
se sentía liberada  
alejándose del suelo.
 
¡Y volaba, y volaba
sobre un mundo tan hermoso
como nunca imaginara!
Un mundo pleno de Amor,
el mundo que ella buscaba…

¡Dónde está el trono de Dios!
Padre del Cielo y la Tierra,
con denuedo te busqué.
Por fin te he encontrado,
ya no te puedo perder…

Pero si a mi cuerpo vuelvo…
¡no me olvides a volver!

Y escuchó Dios su plegaria.
Y ella oyó la voz de Dios
como fuente de agua clara
dentro de su corazón…
¡pero dolorida el alma!

Vuelve a tu cuerpo, hija mía,
no pierdas en Mí tu fe.
Aquel que me busca y halla
librando dura batalla,
jamás se vuelve a perder.

Vuelve a tu cuerpo, hija mía;
y puesta en Mí tu esperanza,
sin perder en Mí tu fe,
cuando cumplas mis designios
a tu puerta llamaré…

La luz del amanecer
devolvió a su cuerpo el alma…
¡Qué doloroso es volver!
Pero Dios gobierna el mundo,
quién se va y quién se queda
¡solo lo decide Él!         

Ella buscaba por: Mª Luisa Escrich                           

Guardamar, enero de 2024 
2024 © Amor, paz y caridad

UNA FRASE ESCLARECEDORA

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Una frase esclarecedora

          Hagamos una reflexión y hagámonos, una vez más, esas preguntas que tantas veces nos hemos hecho: ¿Qué es la vida?; ¿qué objeto tiene vivir, las más de las veces, penosamente?; ¿para qué luchar tan duramente a lo largo de la existencia para lograr una meta, y una vez lograda, morir?

          Conocemos la respuesta aunque preferimos obviarla; no nos gusta reconocer que somos deudores de muchas obras mal realizadas a lo largo de varias existencias, sumadas a las que realizamos en esta, y que la única manera de reparar las obras mal hechas es derribarlas y volver a erigirlas, y no hay otro modo de hacerlo que afrontando las dificultades que conlleva derruir un edificio y volver a reconstruirlo, esta vez con unos sólidos cimientos. Dios, en su inmensa sabiduría, ha creado los materiales necesarios para la reconstrucción, y se los ha dado a sus hijos generosamente para su aprovechamiento.

          ¡Sus hijos…! ¿Somos realmente conscientes de conocer el auténtico significado de la palabra «hijo»? ¿Quiénes son los hijos de Dios? ¿Aquellos que son afines a nosotros, que piensan como nosotros? ¿Aquellos cuya religión difiere de la nuestra, considerada por cada cual como la única y auténtica? Somos incapaces de entender que Dios ha permitido la diversidad de opiniones, pensamientos, religiones y formas de vida para fomentar en nosotros la comprensión, la tolerancia y el respeto, esas virtudes sin las cuales el ser humano no puede ser considerado como tal.

          Cada individuo, cada pueblo o nación son diferentes, y así debemos aceptarlo porque es creación de dios; ha sido Su voluntad que así sea, y las herramientas que ha creado para que cada uno de sus hijos revitalice su edificio son iguales para todos, aunque le haya dejado en libertad de elegir el camino y la forma de hacerlo. El final de la tarea será igual para todos y solo serán diferentes el «debe» y el «haber», según haya sido el resultado de la obra terminada.

          Como en todas mis reflexiones, me asalta el mismo pensamiento: Puede que esté equivocada. Y como siempre, me animo a investigar posibles elucubraciones similares a las mías, y leyendo El médico, del escritor Noah Gordon, encontré una bonita y esclarecedora frase:

     La separación entre la vida y el Paraíso es semejante a un río. Si hay muchos puentes que lo cruzan, ¿puede importarle mucho a Dios qué puente elige el viajero?

          Pensemos.

Una frase esclarecedora por: Mª Luisa Escrich

Guardamar, 12 de agosto de 2023 

2024 © Amor, paz y caridad

LOS PASTORES CONTARON

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Los pastores contaron

Dicen que hace dos mil años
en un pueblo de Judea
que se llamaba Belén,
pasada la media noche
un niño vino a nacer.


Su madre era María,
su padre era José
y un pesebre era su cuna;
testigos de su nacer
fueron un buey y una mula.

Y los pastores contaron
que en esa noche tan fría,
plenos de extraña alegría,
el aprisco abandonaron
para ver lo que ocurría.

Y en llegándose al portal
al pesebre se asomaron,
y al contemplar aquel niño
por sus fatigados rostros
lágrimas se deslizaron.

Y preguntaron su nombre.
Les respondieron: ¡Jesús!
Y los pastores contaron
que esa oscura y fría noche
se inundó de inmensa luz.

Hace más de dos mil años,
y esa luz no se ha apagado.
Y mil siglos pasarán…
¡ella seguirá brillando!

Los pastores contaron por: Mª Luisa Escrich

Guardamar, 15 de septiembre de 2023                            

TRISTEZA Y MELANCOLÍA

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Tristeza y melancolía

          La tristeza es un estado de ánimo provocado por acontecimientos ligados a nuestra vida cotidiana y asociada a lo material; nos inunda la tristeza cuando, por ejemplo, perdemos la fe en alguien en quien confiábamos y nos decepciona; cuando no podemos alcanzar aquello que deseamos, una meta que nos habíamos propuesto… y aún mucho más cuando perdemos a un ser querido. A esta tristeza se suma la melancolía, pues ésta tiene más que ver con el estado del espíritu, o alma: es el recuerdo consciente o inconsciente de algo que poseíamos y que creemos perdido para siempre. En este sentido, quizá lo más relevante sea la libertad, pero no la libertad tal como la entendemos, la material, sino la del espíritu. Para comprender este concepto de la libertad, debemos hacer una reflexión acerca de quiénes somos y lo que somos.            

          Para los materialistas somos un conjunto de células, nervios, músculos, etc., etc., y que todo desaparece con la muerte; pero esto no es así. Desde que el ser humano tuvo consciencia de sí mismo, comprendió que en él había algo más que un  cuerpo; algo que trasciende más allá de la simple materia y que es causa de nuestros sentimientos, emociones y también de nuestros miedos… así, pues, ese “algo” trascendente es lo que llamamos alma o espíritu, y que es eterno.

          Cuando el espíritu está encarnado conserva en su memoria espiritual reminiscencias de vidas pasadas, y esos recuerdos se manifiestan de mil maneras distintas. Debido a esa pluralidad de existencias, el hombre ha ido evolucionando hasta llegar adonde hoy se encuentra; para ese fin está sometido a la ley de reencarnación, y en este ir y volver a un cuerpo físico, el espíritu pierde su libertad, que solo recobra en parte durante el sueño corporal, para perderla de nuevo cuando despierta; es entonces, al sentirse nuevamente prisionero, otra vez sometido a los avatares de la vida material, cuando se opera en él ese estado de melancolía al que, en general, no le encontramos explicación.

            No es fácil de comprender, para aquellos que desconocen la ley de causa y efecto, este entrar y salir de esta prisión para el espíritu, esta cárcel que es el cuerpo; sin embargo, esto es así. Según sean nuestros débitos morales y por la propia ley de evolución, se nos impone la pena de privación de libertad tantas veces cuanto sea necesario, dejando así patente la inmensa bondad de Dios, que nos ofrece múltiples oportunidades para nuestro adelantamiento moral, material y espiritual.

          Cuando la libertad se demora mucho en el tiempo, el cuerpo se debilita, se va agotando y es cuando nos invade con más fuerza la melancolía: el espíritu prevé el final del cautiverio y siente la necesidad de que todo se acabe; la vida material se torna muy pesada y urge deshacerse de ella, recobrar la libertad. Pero la libertad solo a Dios compete el concederla, pues solo a Él pertenecen nuestras vidas. Todos venimos a este mundo a cumplir una misión o un trabajo, aunque no recordemos haberlos pedido o aceptado, y debemos permanecer aquí hasta haber cumplido nuestra tarea y esperar pacientemente el momento señalado; más pronto o más tarde todos seremos libres, Dios nos espera. Entretanto, seamos felices; en este mundo no todo es tristeza y melancolía.

Tisteza y melancolía por: Mª Luisa Escrich.

LAS DOS PUERTAS

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Las dos puertas

Puerta estrecha, puerta ancha
por donde las almas entran;
una a una por la estrecha,
por la otra en avalancha.

Poder entrar por la estrecha
es difícil, tortuoso;
hasta llegar a esa puerta
el camino es muy angosto.

Hay que hacer grandes esfuerzos
para entrar por esa puerta:
hay que adelgazar el alma;
si la engordas, quedas fuera.

Como dice el Evangelio
es fácil entrar por la ancha,
porque no requiere esfuerzos
ni limpiamos nuestras manchas.

Nos obligan a salir
una vez que estamos dentro,
porque por la puerta ancha
tan solo se entra “muerto”.

Pero hay que seguir viviendo
para seguir en la brecha
hasta limpiarnos del todo…

¡y entraremos por la estrecha!

Las dos puertas por: Mª Luisa Escrich

2023 © Amor, paz y caridad

Las dos puertas. Guardamar, octubre de 2016. 

 

SUEÑOS Y EXPERIENCIAS

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Sueños y experiencias

Sueños y experiencias

 

Cuando estamos en estado de vigilia, ¿realmente estamos despiertos, o por el contrario somos personajes inmersos en un sueño de múltiples acontecimientos, emociones y experiencias? Aquello que vivimos durante el descanso nocturno, y que al despertar, decimos «he tenido un hermoso, o terrible, sueño, ¿ha sido en verdad solo un sueño?».

¿O quizá nuestra ánima aprovecha esas horas de reposo para revivir viejas o vivir nuevas experiencias? ¿Es posible una realidad extra corporal en la que nosotros podamos entrar, aprovechando esa puerta llamada ‘sueño’? responder con un sí o un no sería, cuando menos, aventurado; desconocemos muchísimas de las leyes de la Naturaleza que rigen todo el sistema planetario y que afectan a todos los seres que habitamos en él. Cierro los ojos y pienso en ello… y ¡sí!, todos somos Naturaleza: Seres humanos, flora y fauna, y todos estamos insertos en ella…

Yo he tenido un sueño… ¿o tal vez he vivido una realidad dentro de él? Todo se manifiesta como en un cuadro en el que nada falta; pero nada hay estático, en todo hay movimiento, vida; es como si la mano de un hábil realizador de efectos especiales fuera configurando cada elemento de la naturaleza en escenas que se suceden unas a otras, ante mis ojos… Atónita contemplo cómo ante ellos se eleva majestuosa una agreste montaña, abrupta, descarnada, y casi al instante se reviste de hermosas y variadas especies de árboles y helechos… Pero en la alta montaña nieva, y los árboles dejan su espacio a la nieve que, en su momento, se transforma en agua… Y el hábil realizador la rompe en torrentera que cae; y en el cuadro pinta un río de aguas claras que se deslizan apacibles y a trechos se remansan, donde pequeños pececillos parecen jugar al orí, escondiéndose entre los cantos rodados que revisten el lecho del río…

Debo cruzar a la otra orilla y busco un puente… allí está, tal y como lo podemos contemplar en un cuento de hadas y de gnomos; y al otro lado, mis pasos me conducen por una verde pradera, y a medida que avanzo, todo va cambiando y todo mi entorno se convierte en un paraje arbóreo, denso, profundo, húmedo… es el bosque, la selva…

Pero el realizador, sin abandonar los verdes, toma los azules, y en una extraordinaria mezcla de tonalidades recrea un nuevo elemento: es el mar. Me acerco a la orilla y dejo que sus aguas refresquen mis pies, ya un tanto cansados… Pero debo seguir caminando; es como si alguien invisible me advirtiera que aún tengo algo más que experimentar. Pero mis pasos van siendo menos ágiles; la húmeda y compacta arena de la playa se va tornando cada vez más seca, blanda y caliente; me cuesta caminar; mis pies se hunden más y más a cada paso que doy; a veces me hundo hasta las rodillas. Miro al frente y, ante mis ojos, otro mar; un inmenso mar de arena que el asfixiante aire remueve, formando médanos aquí y allá, en incesante cambio: Es el árido desierto…

Mas el cuadro de la Naturaleza no está completo. De pronto, todo desaparece en las sombras; ha llegado la noche, aunque no cesa la vida: Ruidos, murmullos, ecos, susurros dan testimonio de ella… es toda su fauna. Y en lo alto, las estrellas.

Una dama llamada Alba rasga la cortina de las sombras y, de nuevo, la luz; y en un nuevo amanecer, el realizador muestra a mis ojos un paraje blanco, muy blanco; un vasto territorio de nieve y hielo que ciega la vista; un territorio donde no es aconsejable dormirse; es tan dulce el sueño que provoca, que es fácil no despertar… Debo abandonar tan hermoso y, a la vez, terrible paraje. Empiezo a tener sueño.

Al fin puedo abrir los ojos. ¡Dios mío, qué sueño! Me siento entumecida y algo aturdida, y muy cansada. Con trabajo me pongo en pie y me dirijo al baño; me daré una buena ducha y me sentiré mucho mejor. Estoy molesta, aún tengo arena entre los dedos de mis pies…                                  

Sueños y experiencias por: Mª Luisa Escrich

2023 © Amor, paz y caridad

LA ÚLTIMA PUERTA II

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La última puerta II

La última puerta II

En mi artículo anterior, en el que compartí con vosotros otra de mis experiencias, dejé en el aire una de las muchas preguntas que nos hacemos; pero creo que en la mayoría de ellas debemos buscar la respuesta nosotros mismos, pero atendiendo a la razón, analizando cada detalle de la causa que provocó la pregunta. Sabemos que en mediumnidad puede haber animismo, lo que no quiere decir que sea malo, pues conociendo un poco la relación entre los dos planos, es verosímil que, si en algún momento un hermano espiritual desea comunicarse con nosotros, y no habiendo disponible un médium, la comunicación será de espíritu a espíritu, y entonces será nuestra alma la que reciba y dé el mensaje; de ahí la importancia del análisis. Por supuesto, debe existir una cierta sintonía afín entre encarnado y desencarnado, y que el mensaje que quieran transmitirnos sea importante; sabemos que los espíritus solo se prestan a contestar preguntas o enviar mensajes cuando las primeras son pertinentes y los segundos son necesarios, y siempre para nuestra instrucción.

Después de analizar bien aquella experiencia, me contesté la pregunta que dejé en el aire: Aquella experiencia ¿fue realmente una manifestación mediúmnica? Por supuesto que no. Sin embargo, los hermanos habían considerado oportuno responder a mi pregunta, y lo hicieron a través del pensamiento; pero fue de forma ocasional, sin duda estimaron el estar preparada para ello.

A medida que mi materia se va deteriorando, mi sensibilidad se incrementa un poquito más, y las percepciones se hacen más patentes. Es maravilloso percibir la presencia a nuestro lado de los espíritus protectores, y de ese hermano tan especial comprometido con nosotros desde el mismo instante en que encarnamos, cuyo nombre ignoramos y que yo denomino mi buen ángel… Tal vez sea él quien nos dé las respuestas.

Luego de aquella primera experiencia, cuyo significado me fue parcialmente aclarado por los hermanos, transcurrido un tiempo tuve el mismo ¿sueño?… De nuevo, otra pregunta: ¿Qué significa la «última puerta»? Durante aquel, digamos paseo, comprobé que todo era igual: La pequeña loma, el arco de hojas, ramas secas y verdes, las pequeñas florecillas, la senda que se iba abriendo a mi paso… Sin embargo, sí observé algún cambio; por ejemplo, aquella especie de tubo ya no era tal, era un camino diáfano, aunque persistían a ambos lados las mismas ramas verdes y secas, zarzas y florecillas… tenía la sensación de que estas habían aumentado algo su número, y las ramas y zarzas se mostraban menos intrincadas. Pero había algo más: ¡La puerta! Al fondo de aquella senda por la que caminaba se me permitió ver una puerta; me apresuré hacia ella, pero no llegaba; parecía como si, al avanzar yo, la puerta retrocediera… ¿Cuál es su significado? Se me permitió verla, pero no me fue posible alcanzarla ni pude medir la distancia que me separaba de ella. ¿Podéis darme una respuesta?, pregunté.

«Te complaceremos una vez más; estamos autorizados», respondieron.

»La senda es el camino por el que transitáis. Las ramas secas y verdes son los escollos que entorpecen vuestro caminar. Las pequeñas florecillas, signos que brotan cada vez que matáis un defecto, ganando luz para vuestros espíritus. La puerta… símbolo de las puertas que se van abriendo a vuestro conocimiento a medida que se desarrolla vuestra inteligencia, y que a veces, las más, deseáis atravesar y cuya entrada se os niega por no estar preparados.

»El tránsito por el mundo material tiene su comienzo, como bien sabéis, con el nacimiento, y su final con la muerte física. Tiene un recorrido cuya longitud os es desconocida; la distancia hasta llegar a “Esa Puerta” solo es conocida por Aquel que la midió… Pero ten por seguro que, cuando se agote tu senda, la puerta se abrirá y entrarás por ella, que se cerrará tras de ti… ¡Es tu última puerta! ¡Y al otro lado…!»

Aquí y ahora puedo comprender que solo al pasar al otro lado lograré hallar respuestas claras, si mi espíritu está limpio de una buena cantidad de broza, porque en una nueva encarnación habré de enfrentarme a más nuevas preguntas.

          ¡Gracias, hermanos!

 

La última puerta II por: María Luisa Escrich

© 2022, Amor, Paz y Caridad.

La última puerta II es continuación de: https://amorpazycaridad.es/la-ultima-puerta-i/

CAMINANTE

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Caminante

Caminante que caminas

por caminos retorcidos

y con la mente impregnada

de pensamientos sombríos.

 

Caminante que caminas

en las mañanas de estío,

y aunque el sol luce radiante

en tu alma sientes frío.

 

Caminante que caminas

entre veredas de espinos,

no elegiste bien tus pasos,

equivocaste el camino.

 

La senda del egoísmo,

la falta de Caridad

te mueven a caminar

con el corazón vacío.

 

Porque los males del alma

como el odio y el rencor

nos hacen más vulnerables

y son causa de dolor.

 

Para un corazón vacío

no hay medicina mejor

que la Fe y la Caridad,

y llenarlo con Amor.

 

Caminante que caminas

con pensamientos sombríos,

pon tu pensamiento en Dios

y no sentirás el frío.

 

Caminante que caminas,

ve por veredas derechas,

porque al final del camino

hallarás la Puerta Estrecha.

 

María Luisa Escrich

© 2022, Amor, Paz y Caridad.

LA ÚLTIMA PUERTA I

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La última puerta I

La última puerta I

Todo espiritista sabe que cada uno de nosotros, los seres encarnados, somos médiums en potencia, y que la mediumnidad puede desarrollarse o no; sabemos que se trata de una facultad fisiológica y, por tanto, concerniente a la materia. No voy a insistir en un tema que han estudiado y difundido personas de gran autoridad en la materia, y sobre todo las enseñanzas de los propios espíritus.

Sabemos cuántas clases hay de mediumnidad; sin embargo, hoy quiero compartir con vosotros otra de las experiencias que voy adquiriendo a medida que transcurre mi existencia. Pero antes, una pregunta: Esta experiencia ¿es realmente una manifestación mediúmnica, habida cuenta de que solo se manifiesta hacia el interior y no al exterior, como las demás? Las buenas manifestaciones siempre llevan un mensaje para todos, y todos pueden adquirir esa experiencia; pero la que nos ocupa dicta un mensaje absolutamente personal, si bien, al ser un dictado espiritual, puede ser una buena información para el colectivo si es compartida.

He aquí mi experiencia personal: Hace ya algún tiempo tuve un sueño que se reprodujo en tres ocasiones, aunque no en noches seguidas. En aquel sueño yo me encontraba en una especie de loma no muy alta; el ambiente que me rodeaba era grato, sin más. A mis pies se extendía un valle alfombrado de fresca y verde yerba… Descendí la pequeña pendiente y caminé por una senda que se iba abriendo a medida que yo avanzaba. De pronto, como ocurre en muchos los sueños, me vi ante una especie de puerta. Digo especie porque, en realidad, era un arco de hojas y pequeñas flores, y que a mi llegada se diluyó, dejando al descubierto un paraje, un tanto peculiar porque se trataba de un lugar que, al igual que la senda, se iba abriendo a mi paso. Lo curioso era que aquel paraje no era un espacio abierto, sino más bien un espacioso tubo formado por plantas de todo tipo a un lado y a otro; ramas verdes, ramas secas, flores frescas y marchitas, arbustos de punzantes púas, zarzas… y pequeñas florecillas diseminadas aquí y allá… Seguía caminando por aquel tubo… y, de pronto, una intensa niebla me cortó el paso. Y desperté…, o al menos, eso es lo que yo creí, pues por un momento el sueño aún no se había borrado, porque hice una pregunta que nunca me sería respondida en estado de vigilia… ¿O sí? Mentalmente hice la pregunta y mentalmente recibí la respuesta, pero yo era consciente de cuanto me rodeaba, todo mi entorno familiar. Cerré los ojos y mi pregunta fue:

«¿Por qué me cortó el paso aquella densa niebla?».

Y claramente oí la respuesta:

«Aún no es tiempo de que contemples lo que se esconde tras ella».

Un tiempo después, en uno de nuestros trabajos de grupo, cuando ya formaba parte del Grupo Villena, un hermano nos animó a hacerle alguna pregunta; yo le expliqué a grandes rasgos aquello que yo consideraba como experiencia, y de ser así, qué significaba aquella niebla cortándome el paso:

 ̶ ¿Puedes decirme si tiene algún significado?  ̶ le interrogué.

 –Indudablemente que lo tiene. Mientras transitas por ese camino que describes, que no es otro que la propia existencia en el planeta, a medida que caminas se te van abriendo puertas al conocimiento, acumulando valores, recibiendo enseñanzas, que no siempre son bien asimiladas. Esas señales que se manifiestan en el sueño son los distintos avatares que vas encontrando en tu camino hacia la perfección del espíritu. Luces y sombras, errores y aciertos que son inherentes a la materia y que sirven de aprendizaje, atesorando experiencias a medida que el espíritu progresa en conocimientos e inteligencia. En cuanto a esa niebla que te cortaba el paso, significa que aún no estás preparada para conocer lo que se esconde tras ella; sin embargo, llegará el día es que esa niebla se diluya y podrás seguir avanzando por esa senda de progreso espiritual que te conducirá hacia la perfección.

Esta fue la respuesta que me dio el espíritu amigo, y que coincidía con la que yo había recibido mentalmente. Debo decir que ninguno de mis compañeros conocía mi sueño.

Así pues, creo que este fue un mensaje personal que vino a confirmar, una vez más, la relación que existe entre encarnados y desencarnados, una relación que hace posible la comunicación entre ambos, y de forma íntima y personal. ¿Podríamos considerarlo como una «mediumnidad interna»?

¿Y la última puerta?, os preguntaréis. Os hablaré de ella en un próximo artículo, pues está asociada a una nueva experiencia que tiene mucho que ver con esta que acabo de compartir con vosotros.

La última puerta por: María Luisa Escrich.

© 2022, Amor, Paz y Caridad.

BUSCO A DIOS

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Busco a Dios

Busco a Dios

 

̶ Incansable busco a Dios.

¿Dónde le podré encontrar?

 

Poco tendrás que buscar,

alma en el mundo encarnada;

Dios está en nuestro interior;

las almas son su morada.

 

Si en nuestro interior no está,

no le habremos dado entrada,

porque Dios no puede entrar

en casa contaminada:

Debemos limpiar la casa.

 

No importa cuánto se tarde

en limpiar esa morada

que es nuestra alma inmortal;

no es el tiempo lo que importa,

importa el querer limpiar.

 

Porque Dios no desespera;

infinita es Su paciencia,

y esperará a que nosotros

conquistemos para el alma

su primitiva inocencia.

 

No miremos hacia atrás;

olvidemos el pasado;

por mucho que lo queramos

no podremos alterar

todo lo ya realizado.

 

Pensemos que en el presente

está la oportunidad,

mediante un esfuerzo duro,

de rescatar viejas deudas,

asegurando el futuro.

 

Quedando limpia la casa

será ya de Dios morada,

y en la morada de Dios

tendrán las almas entrada.

 

Busco a Dios por: María Luisa Escrich

© 2022, Amor, Paz y Caridad.

¡YA LLEGÓ OTRA NAVIDAD!

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!Ya llegó otra Navidad¡

¡Ya llegó otra Navidad!

 

¡Ya llegó otra navidad!

Por todo el orbe se elevan

voces de grande alegría;

los amigos se saludan;

todos se desean ¡Paz!,

unas muy felices fiestas.

 

Las familias se reúnen;

preparada está la cena;

todos cantan villancicos,

todos tocan panderetas.

¡Veinticuatro de diciembre!,

¡es día de Noche Buena!

 

¿Quién recuerda la razón

de tan festejado día?

del mensaje de Jesús

¿quién recuerda sus palabras

que en todos los corazones

debieran quedar grabadas?

 

¡Si supiéramos leer

lo que nos dicen sus ojos!

 

-Mi venida a este planeta

en diciembre festejáis,

unos días venturosos

donde todos os amáis…

mas todo queda olvidado

en el día veintiséis…

 

Ese no fue mi mensaje,

que fuera de solo un día;

mi mensaje fue de Amor

y, ¡sí!, También de alegría.

Vine a traeros la Paz…

¡la Paz de todos los días!

 

Brille la luz de Jesús

en cada rincón del orbe;

que no se apague el fulgor

de ese Ser, ¡Divino Niño!,

cuya luz puede albergar

en un corazón sencillo.

 

Y en un corazón sencillo

la luz permanecerá,

y jamás se apagará

cuando el alma se apodere

del mensaje que Jesús

trajo al hombre de la Tierra.

 

¡Cantemos la Navidad!,

y cantemos villancicos;

pero lo que el Niño quiere,

que cada día del año

sea siempre veinticinco.

María Luisa Escrich

                                  © 2021, Amor, Paz y Caridad.