LA ÚLTIMA PUERTA I

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La última puerta I

La última puerta I

Todo espiritista sabe que cada uno de nosotros, los seres encarnados, somos médiums en potencia, y que la mediumnidad puede desarrollarse o no; sabemos que se trata de una facultad fisiológica y, por tanto, concerniente a la materia. No voy a insistir en un tema que han estudiado y difundido personas de gran autoridad en la materia, y sobre todo las enseñanzas de los propios espíritus.

Sabemos cuántas clases hay de mediumnidad; sin embargo, hoy quiero compartir con vosotros otra de las experiencias que voy adquiriendo a medida que transcurre mi existencia. Pero antes, una pregunta: Esta experiencia ¿es realmente una manifestación mediúmnica, habida cuenta de que solo se manifiesta hacia el interior y no al exterior, como las demás? Las buenas manifestaciones siempre llevan un mensaje para todos, y todos pueden adquirir esa experiencia; pero la que nos ocupa dicta un mensaje absolutamente personal, si bien, al ser un dictado espiritual, puede ser una buena información para el colectivo si es compartida.

He aquí mi experiencia personal: Hace ya algún tiempo tuve un sueño que se reprodujo en tres ocasiones, aunque no en noches seguidas. En aquel sueño yo me encontraba en una especie de loma no muy alta; el ambiente que me rodeaba era grato, sin más. A mis pies se extendía un valle alfombrado de fresca y verde yerba… Descendí la pequeña pendiente y caminé por una senda que se iba abriendo a medida que yo avanzaba. De pronto, como ocurre en muchos los sueños, me vi ante una especie de puerta. Digo especie porque, en realidad, era un arco de hojas y pequeñas flores, y que a mi llegada se diluyó, dejando al descubierto un paraje, un tanto peculiar porque se trataba de un lugar que, al igual que la senda, se iba abriendo a mi paso. Lo curioso era que aquel paraje no era un espacio abierto, sino más bien un espacioso tubo formado por plantas de todo tipo a un lado y a otro; ramas verdes, ramas secas, flores frescas y marchitas, arbustos de punzantes púas, zarzas… y pequeñas florecillas diseminadas aquí y allá… Seguía caminando por aquel tubo… y, de pronto, una intensa niebla me cortó el paso. Y desperté…, o al menos, eso es lo que yo creí, pues por un momento el sueño aún no se había borrado, porque hice una pregunta que nunca me sería respondida en estado de vigilia… ¿O sí? Mentalmente hice la pregunta y mentalmente recibí la respuesta, pero yo era consciente de cuanto me rodeaba, todo mi entorno familiar. Cerré los ojos y mi pregunta fue:

«¿Por qué me cortó el paso aquella densa niebla?».

Y claramente oí la respuesta:

«Aún no es tiempo de que contemples lo que se esconde tras ella».

Un tiempo después, en uno de nuestros trabajos de grupo, cuando ya formaba parte del Grupo Villena, un hermano nos animó a hacerle alguna pregunta; yo le expliqué a grandes rasgos aquello que yo consideraba como experiencia, y de ser así, qué significaba aquella niebla cortándome el paso:

 ̶ ¿Puedes decirme si tiene algún significado?  ̶ le interrogué.

 –Indudablemente que lo tiene. Mientras transitas por ese camino que describes, que no es otro que la propia existencia en el planeta, a medida que caminas se te van abriendo puertas al conocimiento, acumulando valores, recibiendo enseñanzas, que no siempre son bien asimiladas. Esas señales que se manifiestan en el sueño son los distintos avatares que vas encontrando en tu camino hacia la perfección del espíritu. Luces y sombras, errores y aciertos que son inherentes a la materia y que sirven de aprendizaje, atesorando experiencias a medida que el espíritu progresa en conocimientos e inteligencia. En cuanto a esa niebla que te cortaba el paso, significa que aún no estás preparada para conocer lo que se esconde tras ella; sin embargo, llegará el día es que esa niebla se diluya y podrás seguir avanzando por esa senda de progreso espiritual que te conducirá hacia la perfección.

Esta fue la respuesta que me dio el espíritu amigo, y que coincidía con la que yo había recibido mentalmente. Debo decir que ninguno de mis compañeros conocía mi sueño.

Así pues, creo que este fue un mensaje personal que vino a confirmar, una vez más, la relación que existe entre encarnados y desencarnados, una relación que hace posible la comunicación entre ambos, y de forma íntima y personal. ¿Podríamos considerarlo como una «mediumnidad interna»?

¿Y la última puerta?, os preguntaréis. Os hablaré de ella en un próximo artículo, pues está asociada a una nueva experiencia que tiene mucho que ver con esta que acabo de compartir con vosotros.

La última puerta por: María Luisa Escrich.

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