Valores humanos

ALTERNATIVAS 

 
 
 
    La vida es bella, estas palabras son muy ciertas, pero podemos pensar que esta belleza es algo reservado tan sólo para unos pocos, y no es así, sentir la plenitud de la vida con las grandes alegrías y satisfacciones que a veces nos reporta es algo a lo que todos estamos llamados, para ello basta poner el empeño y el

trabajo necesario, pues no es lo mismo disfrutar de algo que lo hemos logrado por nuestros propios medios, que con aquello que no nos ha costado nada conseguirlo. No obstante, hemos de entender, que cada persona ha de amoldarse a sus posibilidades, salvando todas las comparaciones, pues estar bien uno consigo mismo no depende ni de las posesiones, ni de la situación particular, ni nada por el estilo, sino de la aceptación de sí mismo. 

 
  La alegría de vivir, las ganas de hacer cosas, parten de un sentimiento interno, de la mentalidad con que enfoquemos la resolución de los problemas y situaciones que se nos van presentando, es algo que depende por entero de nuestra predisposición, y no del exterior, de las influencias y experiencias que nos afecten. 
 
  O dominamos las circunstancias y todo lo que llega desde fuera de nosotros, o será eso lo que nos dominará. Esta es la cuestión, algo que tenemos que aprender. Hay muchas personas que viven así, dominadas por todo cuanto sucede a su alrededor, que piensan y actúan movidos por todo eso. No son dueños de su libertad, porque son esclavos de los prejuicios y sobre todo de los problemas y situaciones de los que no saben desembarazarse ni tampoco resolver, no son capaces de buscar otras alternativas y enfocar los problemas de manera que cobren otro sentido, y estos se conviertan en pruebas que solucionar con los cuales podamos crecer espiritualmente, sentirnos moralmente elevados por haber sabido responder positivamente ante los inconvenientes y dificultades que pudieron contrariarnos, sentirnos elevados humanamente por reaccionar con calma, con prudencia, con amor y sentirnos con la conciencia en paz por haber sabido anteponer nuestros valores humanos antes que dar paso al egoísmo y el orgullo que tan malas pasadas nos juegan en cuanto nos descuidamos, y sobre todo, cuando creemos llevar razón en cualquier circunstancia que viene a medir nuestro grado de espiritualidad. 
 
  Las experiencias negativas debemos considerarlas como un mal sueño, como una pesadilla en la noche, que ya pasó, cuando nos levantamos ha nacido un nuevo día, la luz y el sol lo invaden todo y la vida nos da la oportunidad de comenzar de nuevo, de superar los viejos sentimientos y de albergar nuevas esperanzas, no pensemos que los problemas y dificultades no van a tener fin, porque entonces los estamos alimentando, atraemos hacia nosotros la oscuridad y el temor y no salimos de ahí, al contrario, hemos de dar un giro rotundo, razonar, analizar y ver el cambio que nuestra vida necesita, no pequemos de terquedad, de orgullo, porque las experiencias nos están indicando que debemos estar abiertos y encontrar nuevas sendas por las que caminar para no volver á tropezar en la misma piedra. 
 
Esta es la clave, siempre existen alternativas que poder tomar, siempre son posibles los cambios y estos además son necesarios para no estancarnos, para no acomodarnos, para progresar y engrandecernos. 
 
  Podrán repetirse los problemas y las circunstancias, pero para entonces yo ya estaré preparado para recibirlos de otra forma. Sí, porque con cada problema, con cada mal sueño trataré de aprender cuál fue mi actitud ante él, cuál fue mi error, dónde estuvo mi ineficacia mi falta de iniciativa, veré qué carencia en mi carácter moral provocó que fracasara, que me sintiera mal, que me rebelara, etc., e intentaré modificar mi actitud, cambiaré mi mentalidad y adaptaré mi personalidad de modo que la próxima vez que esa prueba llame a mi puerta sepa solucionarla, y desde la calma y la serenidad pueda comprender con claridad los pasos a dar. 
 
  Cada vez que supere una nueva prueba, con cada ocasión que sepa ver qué alternativas tengo para motivarme y no hundirme estaré fortaleciéndome internamente, sabré, cuales son mis posibilidades, aprenderé a medir mis fuerzas, a elegir bien mis actividades y realizaciones y ganaré en ilusión, renovaré mi espíritu día a día y mi fe se incentivará haciendo mi vida más completa y más hermosa. 
 
  La mayoría de nosotros no cambiamos porque nos resistimos a ello, oponemos una barrera que nos impide reconocer los errores que cometemos y éste es el mayor error que podemos cometer ¿acaso somos perfectos? Mientras no destruyamos estas barreras, mientras no minemos nuestro orgullo y sepamos como nos está engañando, no podremos ver las cosas como son en realidad, sino como queremos verlas, depende del cristal con que miremos, y por tanto no hallaremos la solución adecuada. 
 
  ¿Qué nos ocurre entonces? Que nuestra conciencia va acumulando conflictos, confusión, rebeldía, resentimientos, etc., etc., y llega un momento en el que está tan enmarañada que le cuesta mucho razonar y comprenderse a sí misma. No debemos dejar que esto se produzca, es mejor estar al día, nuestra conciencia debe ser como una contabilidad que no puede permitirse que haya un saldo negativo, cuando más limpia esté mejor. 
 
  Si las cosas no nos van bien no es buena señal, probablemente ello quiere decir que debemos valorar otras alternativas, porque sino ¿a quién vamos a echar la culpa, al destino, a los demás, a la suerte? No nos engañemos, somos nosotros los forjadores de nuestro destino y las circunstancias tampoco son casuales, por lo tanto/ repito, nuestro éxito está supeditado en muchas ocasiones a saber hallar las alternativas estando abiertos y con un espíritu positivo, sin ser remisos a la hora de reflexionar para mejorar nuestra vida porque la posibilidad está a nuestro alcance. 
 
 
F.H.H.
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