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REFLEXIÓN SOBRE LA ORACIÓN

 
  Es curioso en muchas ocasiones apreciar las diferentes interpretaciones que se le puede dar a un mismo tema objeto de estudio, a veces tan alejadas una de otra. Esto además contrasta si las personas con las que se debate una cuestión parecen estar
ilustradas en la doctrina espírita, o más bien conocen la doctrina desde hace varios años.

  Esto nos lleva a extraer varias conclusiones de cual puede ser el motivo y la explicación para que existan discrepancias tan grandes, a mi juicio, la fundamental es que en efecto la parte moral, o dicho en otras palabras más rotundas, “el grado de evolución alcanzado” es el que determina que sobre un mismo punto se entiendan cosas diferentes. Y esto que hablamos del tema de la oración, que a priori parece ser un asunto bastante claro.

 La cuestión principal de este artículo estriba en que en un debate entre miembros de distintos grupos se discutía sobre la practica y la eficacia de la oración. Hasta tal punto en que se llegó a decir, pero es que tu crees en los milagros. Es que tu no conoces la ley del karma. Denotando la eficacia de la practica de la oración y los resultados a veces sorprendentes que se pueden producir cuando por parte de un grupo se elevan peticiones al plano espiritual superior en favor de personas que están atravesando dificultades, ya sea en su salud o en cualquier otro tipo de prueba o experiencia difícil que estén soportando.

 Y uno no se lo puede creer, uno piensa que no está en el lugar donde cree estar, o no estudiamos la misma ciencia, o no se tienen los mismos principios, o que estamos llegando a un grado de desvirtuacion de la enseñanza de los espíritus, o no se a que conclusión llegar.

  Explicar que una de las actividades del grupo está encarada a elevar peticiones a los planos superiores para que pueda llegar ayuda espiritual a una serie de personas que así lo han solicitado, o
a otras que se sabe de las vicisitudes que están viviendo y esto suena tan raro y tan imposible, acaso no hay hermanos en el plano espiritual dispuestos a recoger estas peticiones y con el permiso del Padre hacer cuanto esté a su alcance para ayudar en el adelanto espiritual y en el socorro en los momentos difíciles. Donde queda entonces el “Pedid y se os dará”, donde queda la caridad, que lugar ocupa la ley del amor en el esquema de la creación. Qué es de la solidaridad, de la fraternidad en acción.

  Si bien está claro que hay circunstancias y pruebas y todo tipo de vicisitudes que es necesario pasar por un espíritu para que extraiga de ello las lecciones necesarias, y vaya puliéndose en las diferentes virtudes que todos tenemos que atesorar, y que en algunos muchos casos solo alcanzamos a conseguir a través de la terapia del dolor, esto no limita ni le quita ningún valor al Pedid y se os dará, y mucho menos a la intercesión que otras personas y espíritus pueden hacer por nosotros.

  Con el argumento de que una persona se cura de una enfermedad cuando llega su hora, y asimismo para todo tipo de penurias y vicisitudes, que todo llega a su fin según lo previsto por las leyes, se rechaza de plano las virtudes y efectos que tiene la oración, donde queda entonces el libre albedrío, el deseo de ayudar y de favorecer a quienes amamos y para los que deseamos lo mejor, como se puede progresar si esto es la ley del ojo por ojo y diente por diente. Nos hemos olvidado de que Jesús abolió esta ley y la renovó por la ley de “Amar a vuestros enemigos …

  Por encima de todo está la ley del amor, el amor todo lo puede cambiar, por amor se hace lo imposible, el amor, la caridad, el perdón, es lo más sublime y sí puede obrar milagros, puede conceder una segunda oportunidad, puede dar un plazo para pagar la deuda, puede aminorar el sufrimiento, puede iluminar nuestra alma para enderezar nuestros pasos, puede operar lo que no se puede alcanzar de otra manera.

  Por eso me extraña que algo tan claro a nuestro entender causara ese asombro, y lo que es peor se dudara de su eficacia y de que la oración se pudiera practicar con este enfoque: el de ayudar en una situación de necesidad, en una situación de súplica y de ruego. Cuando una persona pide ayuda es como una formula mágica. Es la clave. No todo el mundo está capacitado para pedir ayuda. Cuando se acude así se está empezando a subir la empinada escalera de la humildad, del reconocimiento de que hay algo por encima nuestro, y de que hemos fallado y nos faltan fuerzas para orientarnos y salir del atolladero en el que nos hemos metido.

  Dios nos observa mediante sus espíritus elevados, que son sus intermediarios, estos nos escuchan y no dudan en proveernos de todo aquello que puede ser de utilidad en nuestro progreso que es lo más importante, máxime cuando en este plano otros también se acuerdan de nosotros e interceden mediante la oración. De hecho en nuestro grupo se nos ha enseñado que “antes nos cansamos nosotros de pedir, que los de arriba de ayudar”. Esto nos da una idea de la importancia de la oración y de la misión que ejercen una jerarquía de espíritus de elevación cuyo principal cometido es el de ayudar. Este hecho cobra especial relevancia en los momentos de tránsito hacia un mundo de regeneración como al que estamos abocados.

  A los orgullosos les cuesta mucho pedir ayuda. A estos les falta sufrir mucho más para que sean capaces de ponerse en esa situación humilde y de corazón predispuesto hacia el cambio y el reconocimiento de que apenas estamos en los primeros pasos de la evolución hacia un mundo de regeneración. Por eso no han comprendido el valor de la oración y mucho menos han tenido la experiencia y la satisfacción de comprobar que cuando se pide algo sin esperar nada a cambio para sí, sino que se pide en favor de otros, especialmente en favor de una ayuda espiritual, porque aquí no estamos hablando de ayuda material el mundo espiritual se vuelca 200 por 100 para asistir y contribuir en el bien ajeno.

  Insisto ayuda es una palabra mágica, a nadie se le puede negar ayuda. Concebimos a los espíritus superiores inmóviles, impasibles, sin hacer ningún caso, sin prestar ninguna ayuda a aquellos que la están necesitando. A qué se dedican entonces. Jesús mismo practicaba la oración y enseñó a sus discípulos a practicarla, ¿para qué? Jesús acudía a ayudar a cuantos se lo pedían, recordemos los famosos pasajes del evangelio en los cuales
se relatan curas prodigiosas, si esa misma cura se iba a producir porque había llegado su momento para que se molestaba Jesús. Si todo ocurre de manera natural y espontánea dejemos entonces de ayudarnos y de cuidar los unos de los otros, dejemos que Dios se ocupe de todo, y nosotros ocupémonos sólo de lo nuestro. No es esta una manera de pensar estéril e inútil que no colabora en nada a nuestra evolución, entonces será que la oración, su eficacia y la necesidad de practicarla es lo que debemos hacer al menos durante unos pocos minutos a la semana, o mejor dicho durante unos pocos minutos al día.

  O quizás ayudar no está en nuestros planteamientos y es por eso que se nos ha olvidado uno de los mayores y mejores dones con los que nos ha dotado nuestro creador, la facultad de orar mediante la cual abrimos nuestra alma y nuestro corazón a las alturas, nos acordamos ante Dios de los que sufren, de los necesitados, de los que están confundidos, desorientados, faltos de todo y rogamos e intercedemos por ellos. 
 
F.H.H.
GRUPO VILLENA 2012

  «Sin ninguna duda hay leyes naturales e inmutables que Dios no puede anular a capricho de cada uno; pero de esto a creer que todas las circunstancias de la vida están sometidas a la fatalidad, es grande la distancia. Si así fuese, el hombre sólo sería un instrumento pasivo, sin libre albedrío y sin iniciativa». Allan Kardec, “El Evangelio Según el Espiritismo”, capítulo eficacia de la oración.
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