Valores humanos

AUTENTICIDAD 

 
 El conocimiento de uno mismo debe ser la base en la que cimentemos toda nuestra forma de ser: desde los pensamientos hasta las actuaciones. En el sendero del progreso moral, que es la principal estructura del ser humano, es muy importante el desarrollo de la personalidad,
llegar a tener las ideas claras acerca de qué es lo que queremos, hasta dónde necesitamos llegar y conocer los medios y el esfuerzo que vamos a tener que emplear. 
 
 Saber que siempre el mayor obstáculo que vamos a tener que franquear son las propias limitaciones e imperfecciones, es decir aquello que conforma nuestra personalidad. 
 
 En el fondo todos queremos ser y actuar por nosotros mismos, deseamos gozar de plena libertad, no tener trabas, no temer a nada, no tener nadie a quien rendir cuentas (salvo a la propia conciencia), deseamos en una palabra ser auténticos. 
 
 Pero chocamos con los inconvenientes, con el enfrentamiento entre lo que queremos y lo que es necesario en ese momento, con los prejuicios, con el temor de mostrarnos tal como somos, y sobre todo, con el gran esfuerzo y nivel de responsabilidad que supone estar equilibrados y tener la suficiente voluntad para que nuestras actuaciones correspondan con toda la propaganda que muy a menudo vertimos a los demás de nosotros mismos, de nuestra forma de pensar, sobre nuestros lemas e ideales. El tiempo y las propias experiencias se encargan de enseñarnos que es más prudente no alardear ni hablar demasiado de uno mismo, sino más bien trabajar con el ejemplo, ya que en muchas ocasiones la práctica diaria traiciona nuestros propios comentarios. 
 
 Ser auténtico es ser fiel por encima de todo a nuestra verdadera personalidad. Es transmitir una imagen de nuestra forma de ser exacta, que la copia de nuestra vida interior sea el comportamiento, la toma de responsabilidades, las decisiones, etc. 
 
 No encerrar nada bajo nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes, no ocultar intenciones, ser fieles a la verdad, leales a los amigos, respetar para ser respetado. 
 
 Antiguamente un hombre daba su palabra de honor y esto era la mayor garantía y confianza que podíamos obtener de él. En la actualidad, tanto se ha desprestigiado el ser humano a sí mismo que ya no existe esa confianza de unos a otros. La duda, el recelo, la desconfianza son ahora la base de las relaciones humanas. 
 
 No creemos, no confiamos en los demás por la falta de autenticidad que es la nota dominante, ni siquiera confiamos en nosotros, en que vayamos a ser capaces de afrontar los propósitos y compromisos que libremente aceptamos. Cada día son menos los que cumplen sus promesas, que dan su palabra y la mantienen, que en definitiva manifiestan un equilibrio, respeto y seguimiento de los valores humanos y espirituales, que transmiten plena confianza y seguridad de que tal como piensan y hablan, así son sus acciones. 
 
 “Se puede ser sincero, pero no auténtico. La autenticidad va mucho más allá, tiene mayor profundidad y es de rango superior. Sinceridad es la adecuación entre lo que se piensa o se siente y lo que se dice. Autenticidad es la adecuación entre lo que se piensa, se dice y se hace y lo que se debe hacer”. Podemos leer en la obra “Valores Humanos” de Bernabé Tierno. 
 
 Si queremos que el ser humano recupere su dignidad perdida tenemos que empezar por ahí, primero por conocernos interiormente, con nuestros defectos y virtudes, aceptándolos, y después yendo a la búsqueda de ese equilibrio y coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. 
 
 Sentir que somos lo suficientemente capaces y maduros para ir por la vida limpia y claramente, utilizando siempre la vía de la verdad, de la nobleza y la honestidad. No tener miedo a nuestros sentimientos sino estudiarlos, analizarlos y descubrir si responden a nuestros principios e ideales antes de actuar, o por el contrario, provienen de ese lado mezquino y egoísta que aún llevamos dentro y que puede jugarnos una mala pasada. 
 
 Porque la grandeza del ser humano es descubrirse a sí mismo, examinarse cuidadosamente para saber si está desenvolviéndose por unos cauces de espiritualidad enriqueciéndose de valores, o por el contrario son sus instintos y deseos materiales los que le están ganando la partida. Es muy peligroso satisfacer todos nuestros deseos sin antes saber lo que significan, lo que entrañan en realidad. 
 
 La grandeza del ser humano es la satisfacción que comporta tener varias cosas entre las que elegir y comprobar después de los resultados que el esfuerzo, el estudio de la situación, de nuestras necesidades y posibilidades, no fue en valde, que supimos razonar, que no cedimos a los primeros impulsos, y que al fin tomamos una buena decisión, que fue nuestra decisión, después de tener en cuenta un sinfín de aspectos y opiniones, pero que supimos obrar correctamente, con delicadeza, con amor, sin perjudicar a nadie. 
 
 Esto es lo bueno del ser humano, que cuando actúa con esa claridad de ideas, fiel a sus principios e ideales, con respeto hacia todos, le embarga entonces toda la fuerza que lleva consigo la razón, la nobleza y la verdad, a nada teme y es capaz de enfrentarlo todo con plena responsabilidad. 
 
 Es esta una gran virtud, la autenticidad, hoy día un valor moral en extinción para desconsuelo de todos nosotros. 
 
F.H.H. 
 
Anteriores Artículos

A UNA GRAN ESCRITORA

Siguientes Artículos

COMPRENSIÓN

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.