Valores humanos

LA COMPRENSIÓN

 
 
 
  La comprensión es sin duda, junto a la caridad y el perdón, uno de los valores humanos más elevados, que ensancha nuestro corazón haciéndonos más hermanos de nuestros semejantes y a la vez nos conduce a ser más participes de la realidad social en la que nos
desenvolvemos cada día. 
 
  Es la comprensión la puerta que abre y moviliza nuestros valores internos, ayudándonos a no rebelarnos ante las pruebas, los problemas y todo aquello que afecta no sólo nuestra vida, sino también, la vida de los seres más cercanos a nosotros. 
 
  Sólo mediante la comprensión, cuando empleo mi inteligencia, mis cinco sentidos para entender a las personas, me vuelvo más respetuoso, paciente, tolerante y abro mi corazón para no rebelarme, para desde la calma y el entendimiento, aportar soluciones, admitir las circunstancias, las actitudes, y aceptar que cada persona es de una manera, y por ello, actúa de uno u otro modo, distinto al mió, pero no por esa razón tengo que incomodarme, censurarle, criticarle ‘ o enfadarme. 
 
  Tengo que partir de esta premisa: cada persona en razón de sus existencias pasadas trae consigo unos valores e imperfecciones que se manifiestan en su carácter y en su forma de obrar en general, forma de razonar, forma de sentir, etc., y todo ello es su personalidad que se ha formado durante siglos y siglos. Pero debemos tener muy alar o que nadie es perfecto, que nosotros no le podemos ni debemos cambiar, y que siendo todos necesarios y ninguno imprescindible en nuestra sociedad, nos necesitamos los unos a los otros y debemos ayudarnos a progresar, hemos de. esforzarnos para comprendernos a nosotros mismos, en primer lugar, y desde ahí comprender asimismo a los demás, siendo exigentes sólo con nosotros mismos y tolerantes con todos. 
 
 Desde esta perspectiva, nuestro horizonte se amplia, nuestra mirada cambia y lejos de sentirnos molestos e incómodos llegando a la intransigencia cuando chocamos con carácteres incompatibles al nuestro, haremos cuanto sea posible para comprenderlo y tolerarlo, no quedándonos ahí, sino yendo más lejos, intentaremos ayudarle a conocerse y a corregirse, pero esto sólo lo lograremos si antes le hemos demostrado nuestro cariño, respeto y tolerancia por encima de todo a su forma de ser, y sólo entonces esta persona observará nuestro ejemplo y abrirá su mente y su corazón a todo aquello que nosotros podamos aportarle en su propio provecho personal y espiritual. 
 
  Ser comprensivos y respetuosos es la base de la convivencia de las relaciones humanas. Ser comprensivos en estos dos amplios sentidos: en mi capacidad de ponerme en el lugar de los demás, y en mi capacidad para razonar y analizar bien las vicisitudes diarias para saber actuar en consecuencia acertadamente. 
 
  De la comprensión o la incomprensión, parten las posturas e iniciativas que tomamos cada uno de nosotros, y por ello nuestra valoración de las situaciones será muy distinta si me he parado a interpretar bien los problemas y sucesos, con una mentalidad abierta, en calma, imparcial, estudiando todos los factores humanos particulares que intervienen en cada persona y que son distintos en cada ser. 
 
  Pero lo que es cierto es que yo actuaré y reaccionaré mejor o peor en cada circunstancia, ante cada hecho, si partiendo del conocimiento de mi mismo me pongo en el lugar de los demás, y desde ese prisma procuro comprender con claridad las razones que llevan a cada persona a ser y actuar a su modo, como es él auténticamente. No hay mejor forma, más efectiva y sencilla a la vez, que ponernos en el lugar de los demás para comprenderle y no rebelarnos. 
 
  Es pues en el trato con nuestros semejantes donde ser comprensivo cobra una importancia extrema, máxime en los grupos y reuniones de personas que se asocian para cualquier actividad y que van a verse y relacionarse muy a menudo, pues en estos casos, si entre dichos componentes no existe la comprensión y el respeto necesario hacia el otro, no tardarán en aparecer los problemas que sólo redundarán en menoscabo del conjunto en general. 
 
  Pero tratar de ser comprensivo no es sólo una faceta moral válida para nuestras relaciones humanas, sino que tiene un más amplio campo dé actuación para todo aquél que desee salir de su cascarón y sentir con plenitud el mundo en el que vive, con todas sus contrariedades, sus problemas, sus carencias, etc., etc., porque al hacernos más comprensivos vamos dando paso a que nuestro corazón sienta las necesidades ajenas, tanto individuales como colectivas y entonces nos vamos sensibilizando ante valores comunes que parten de la comprensión como son el altruismo, la compasión y misericordia, la solidaridad, el diálogo, etc., en definitiva cultivemos la comprensión de modo que ésta cale todo nuestro ser y veremos como se amplían nuestras fronteras y sobre todo, nos daremos cuenta del enorme trabajo que nos queda pendiente por hacer en nuestro interior. 
 
F.H.H. 
 
 
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