Valores humanos

ALEGRIA

 

Al comenzar a escribir este artículo siento que se me estaba quedando en el tintero, es decir, que debiera haberlo abordado mucho antes, pues no exagero si digo que sin alegría en una persona al resto de los valores que posea es como si les faltara algo. La alegría es como ese punto de sal que no ha de faltarle a toda buena comida.


Si en nuestra personalidad nos esforzamos en desarrollar una buena base de valores humanos, que nos ayuden a desenvolvernos tal y como nos impulsan nuestros más nobles sentimientos y deseos, no hemos de olvidarnos en ningún momento de sazonar todos ellos con un animoso toque de alegría, que sin duda potenciará los mismos, y nos hará más fácil el camino de la vida. 

En efecto, el camino de la vida es más fácil si lo vivimos con alegría, con un deseo intenso de vivirla, con un deseo intenso de aprovechar cada momento, cada experiencia que nuestro destino paulatinamente nos depara.
 
Todo en este mundo está irradiando vida, armonía. Todo en la Creación es una cadena de acontecimientos que se perpetúan y que dan al género humano la oportunidad de regenerarse, de aprender, de descubrir cada día cosas nuevas y soluciones a los problemas que se plantea.
 
Sólo la maldad del hombre acaba por descomponer temporalmente esa cadena de vida y de alegría que la Naturaleza otorga al ser humano para su bienestar, mantenimiento, adelanto y progreso. Es sólo el hombre, con sus desatinos, por su ignorancia o maldad, quien rompe el equilibrio natural y trae la desgracia a sí mismo; y es por ello, que el propio hombre tiene la solución y el poder dar fin a la tristeza, al sufrimiento…
 
“Una vida sin alegría, no es vida, es señal de que algo no anda bien en nuestro interior, porque la propia vida es una sinfonía de alegría,” expresado así en palabras del popular psicólogo español Bernabé Tierno, y es cierto, la misma armonía de la naturaleza, de todos los seres vivos contagia alegría a la vida y nos llama a ser alegres, a llevar ese aire dinámico, vibrante, de fuerza y entusiasmo en nuestras relaciones, que nos haga disfrutar de nuestro trabajo, de nuestras actividades, etc.
 
La alegría llama a la alegría, y la tristeza atrae sólo tristeza, esto es parte de una ley, es por esta razón que hemos de aprender a vivir con paz interior, esforzándonos por superar los momentos de dificultades sin perder la calma, con fuerza de voluntad, para poder ver después en el tiempo con satisfacción y alegría los frutos de nuestro trabajo.
 
Alegría no es sinónimo de irresponsabilidad, como muchas veces suele decirse en ese tono «qué alegre es». Porque cuando digo alegría hablo de una alegría sana, jovial que proviene de lo más profundo de nuestra alma y que es el premio de los aciertos en nuestras obras, que nuestro espíritu sabe reconocer tranquilizando y fortaleciendo nuestra conciencia superior, por eso la alegría sale de dentro, no hay que buscarla fuera de nosotros, no se halla en ningún lugar, que bien lo expresó Rabindranaz Tagore: «Buscas la alegría en torno a ti y al mundo ¿no sabes que sólo nace en el fondo del corazón?»
 
Buena parte de la juventud pierde la alegría natural que traen desde su más tierna infancia, que después muchos ya no encuentran nunca, ¿por qué? porque buscan la felicidad tan sólo en las cosas materiales y se olvidan del verdadero significado de la alegría, que es un sentimiento natural de nuestro espíritu, que emana de los buenos propósitos, ideales nobles, buenas acciones, etc.
 
Es por eso que las personas de espíritu sano, fuerte y noble, hallan la alegría en las cosas más sencillas, viven la vida con orden, se ganan el respeto de sus amigos y familiares y saben igualmente repartir con generosidad el beneficio de la alegría.
 
En cambio las personas malvadas, son débiles de espíritu, insensibles para captar las maravillas de la naturaleza y sentir los más elevados sentimientos; obsesivos y deprimentes, no contagian más que pavor, miedo, violencia a su alrededor y no encuentran la alegría ni al más alto precio, y cuando creen que la hallan se les va de las manos.
 
Es necesario que aprendamos a vivir sin rencor, sin maldad, sin egoísmo, y la alegría comenzará a brotar de nuestro interior. Hemos de comprender que los defectos morales y las debilidades humanas son un gran impedimento para que nuestro corazón pueda sentir la alegría de vivir, y demos rienda suelta al deseo de compartir nuestra felicidad con los demás y los buenos sentimientos que muchas veces llevamos escondidos y ocultos en nuestro interior y no los dejamos salir.
 
Realicémonos en aquello que nuestro yo superior nos pide a gritos, hagamos un esfuerzo por cumplir los objetivos que como espíritus hemos traído a la Tierra y veremos cómo nuestra vida se transforma en impulsos positivos, en esperanza, veremos como una fuerza nos sale de dentro que nos lleva a dejar a un lado la monotonía, la soledad, la tristeza y nos nace un deseo de unirnos a los demás, sentiremos que la vida está llena de contenido y de metas a nuestro alcance.
 
Fermín Hernández Hernández
© Amor, paz y caridad
 
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1 Comment

  1. Federico
    7 marzo, 2014 at 13:25 —

    ¡Gracias por tan maravilloso artículo!

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