Transición planetaria

SEÑALES PRECURSORAS III

Entonces, los que estén en Judea huyan a los montes; el que esté en lo alto del tejado, no descienda de allí para llevar cualquier cosa de su casa; y el que esté en el campo no vuelva a tomar sus vestiduras.

En estos pasajes del evangelio de San Mateo, el Maestro nos sigue presentando un paisaje desolador, el lenguaje empleado, las alegorías utilizadas, poder adentrarnos en su significado es algo fascinante, no obstante la realidad que refleja es al mismo tiempo de una gran crudeza y dureza.

¿Qué hechos tan traumáticos pueden esconder estas palabras? ¿A qué eventos pueden responder?  Aquellos que hayan escuchado las diversas conferencias pronunciadas por Divaldo Pereira Franco, con este mismo título Transición Planetaria, tienen ya una idea, en mi humilde opinión coincido con este preclaro apóstol del espiritismo, estos hechos responden  a la guerra nuclear, Jesús ha podido vislumbrar los efectos de la bomba atómica en particular, y en general a la cadena de guerras sucesivas que se dieron durante todo el siglo pasado y que hasta hoy día van aconteciendo.

En Nagasaki e Hiroshima, en cuestión de segundos, murieron miles y miles de personas, fue un hecho que marcó un antes y un después, evidentemente como nunca antes había ocurrido. Las inocentes víctimas no tuvieron tiempo de nada, no pudieron escapar, no se podía ir a ningún sitio, no había salvación.

Mas infelices las mujeres que estén en estado de gravidez o amamantando en aquellos días. Porque no son sólo las muertes provocadas en unos instantes, no son sólo los heridos que se pueden contar por miles también, sino las repercusiones que deja la contaminación nuclear, que provocaron durante décadas otros tantos horrores en los nacimientos de niños que a consecuencia de la contaminación nacerían deformes y con secuelas de por vida.

Orad, pues, a Dios para que vuestra fuga no ocurra durante el invierno o en día de sábado, – porque la tribulación de aquellos tiempos será tan grande, que nunca hubo igual desde el principio del mundo hasta ahora, y como nunca más habrá.

El espectáculo que provocó la bomba atómica fue descomunal, la atmósfera se oscurece, el calor es tal que los cuerpos se derriten, no hay a donde ir, ni en los campos ni en las ciudades, eso fue lo que vio el Maestro, la capacidad destructora del ser humano y su ausencia de amor y compasión. Cuando se pone en marcha la máquina de guerra, cuando se cierne sobre la tierra la sombra del mal, y el corazón del hombre está enloquecido, endurecido y ciego a la razón, todo vale.

Hechos como estos sin duda no podían pasar desapercibidos para la extraordinaria capacidad de visión profética, que poseía nuestro Mentor, y tuvo que expresarlo, hasta ahora no podíamos comprenderlo, pero ahora en vista de los acontecimientos nos podemos hacer una composición de lugar.

La nuestra ha sido una generación, salpicada de guerras y más guerras, no sólo en este siglo, sino durante siglos y siglos, pero ahora la diferencia está en la gran capacidad de destrucción que hemos alcanzado, y junto a esa capacidad la ausencia de valores para ponernos de acuerdo en lo más esencial, que es respetar al prójimo, al contrario, amar y perdonar, e ir más allá tendiéndonos la mano para ayudarnos, para que todos podamos disponer de lo justo y necesario para sustentar nuestra vida al amparo de los derechos humanos.

Las condiciones en las que está la tierra son extraordinarias para desarrollar los valores eternos del bien, de la justicia, de la caridad. Podríamos hacer tantas y tantas cosas en favor de los demás, si todos nos considerásemos hermanos, y espíritus en fase de evolución, dentro de un camino de luchas y de superación, podríamos hacer de este mundo un paraíso. Debido a la gran ignorancia espiritual que padecemos, son siempre los defectos morales, los que nos arrastran a cometer tales desmanes y tropelías, como señala fielmente el Maestro en los versículos citados.

 

Y si esos días no fuesen abreviados, ningún hombre sería salvo, más esos días serán abreviados en favor de los elegidos.

(San Mateo, Cap. XXIV, v. 15 al 22).

 Una sombra de maldad y de negatividad se cierne sobre nosotros, atraemos con nuestro modelo de  ser y de pensar a las entidades organizadas y especializadas en sembrar la maldad, ubicadas  en el umbral y en los más bajos estadios de evolución cercanos a la tierra. Seríamos capaces de provocar una tercera guerra mundial, seríamos capaces de lanzar otra bomba atómica y quizás de mayor envergadura. Hechos terroristas no faltan, continuamente nos vemos salpicados de pequeños brotes de actos en los que mueren de manera trágica muchas víctimas, a priori, inocentes. Son muchas las diferencias por las que estamos divididos, no sólo económicas, también culturales, religiosas, históricas, que motivan un enfrentamiento y una falta de entendimiento continuo en muchos ordenes, esto no conduce a nada bueno, y sobre todo no lleva al espíritu de concordia y de fraternidad universal que debe reinar en un mundo como el nuestro, para que de verdad se pudieran solucionar los problemas de raíz.

Qué responsables somos por todo lo que está pasando, y que aún resta por pasar. La humanidad no cambia, y mientras no cambie el proceso sigue, seguirán  las crisis, la tierra como planeta seguirá reajustándose, seguirán aconteciendo hechos naturales catastróficos, nuevas guerras, nuevos conflictos, hasta que las virtudes del cielo hagan acto de presencia, y se establezca ese nuevo orden, y comience la regeneración de nuestra humanidad.

Sin ánimo de pecar de alarmistas o catastrofistas, hemos de decir que estamos en un proceso de decadencia continuo, son muchas las voces que se levantan alertando de que es necesario un cambio,  es fácil comprobarlo, por todas partes y en todas las naciones hay problemas, escasez de recursos incluso para lo más básico, crece la pobreza con todas sus consecuencias, crecen las diferencias sociales, no somos capaces de erradicar el hambre, no somos capaces de que todas las personas tengan un puesto de trabajo, un hogar, un estímulo.

Ni siquiera hay ya seguridad en los países más avanzados, en los cuales también aparece ya la pobreza, en Estados Unidos son 20.000.000 de personas los que están en el umbral de la pobreza, inaudito,  Europa, el primer mundo también está tocado. El caso es que en una sociedad cada vez más sofisticada, con más tecnología, con más capacidad de producir y producir, sólo unos pocos viven bien, esto es lo importante y lo que nos indica la bajeza moral que nos circunda, nunca hemos sabido gestionar la vida en el planeta, ahora tampoco es más que evidente.

Quisiéramos pensar que esta es una crisis como otra cualquiera, que se superará y que todo volverá a su lugar, sin embargo, a tenor del mensaje de Jesús, no parece que de aquí en adelante las cosas vayan a ir a mejor.Para que las cosas vayan mejor han de serlo para todos, esta es una condición imprescindible, y es una característica que diferencia a nuestra sociedad  en el momento actual, a lo que era el mundo en el pasado, el mundo ahora está globalizado, por tanto las riquezas, la economía, los recursos, la abundancia, tienen también que estar globalizadas, y no lo está ni mucho menos, cómo entonces vamos a salir de la crisis, como vamos a superar el estado de miseria espiritual y material en el que nos encontramos.

El mundo ahora es uno sólo, no hay diferentes esferas, ahora todos los mundos están ya interconectados, el primero, el segundo y el tercero, es como un cuerpo humano, si una parte está mal afecta a todo el conjunto, de esto sí somos conscientes, pero es mejor mirar a otro lado, consideramos que poniendo un parche aquí y allá se soluciona el problema, y no es así. Al no estar dispuestos a solucionar el problema de raíz, es decir a poner en práctica el amor sin condiciones, la fraternidad y la solidaridad universal, caemos una y otra vez en el mismo error, con lo cual los problemas no se solucionan, se agravan.

Por todo ello tiene que intervenir nuestro Padre, ¿De qué forma? A través de la selección espiritual puesta en marcha, en este proceso esperado que llamamos TRANSICION PLANETARIA y que sube a la tierra a la categoría de Mundo de Regeneración.

Fermín Hernández Hernández

 © 2014 Amor, paz y caridad

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