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EL RESPETO 

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El respeto

El respeto

Uno de los factores más importantes a tener en cuen­ta sobre los valores huma­nos referentes a la relación social y de convivencia fa­miliar, de amistad, etc., es sin lugar a dudas el respeto. El respeto es la considera­ción y el trato educado y correcto que como perso­nas nos debemos dar mu­tuamente. Es también la aceptación de cada persona tal cual es, sin marginarla por sus diferencias de clase, raza, religión, ideología… por tanto se debe tener res­peto hacia todos los aspec­tos que distinguen y definen a cada persona en particu­lar, partiendo de la base de que todos somos libres para pensar, creer y actuar del modo que consideremos más adecuado y que se iden­tifique con nuestros ideales.
 
  Cuando se nos trata con la debida atención, con ama­bilidad, cuando respetan nuestras costumbres, escu­chan nuestros criterios y opi­niones y los tienen en cuen­ta, sentimos que nuestra personalidad crece, nos sen­timos fuertes, apreciados y queridos, estamos en defi­nitiva a gusto con nosotros mismos y con los demás. 
 
  Cuando por el contrario se nos censura o critica, se nos quieren imponer otros criterios a la fuerza, no se nos deja expresarnos ni mo­vernos con libertad, sólo porque los demás no están de acuerdo con nosotros, una fuerza rebelde nos cre­ce por dentro difícil de con­trolar en ocasiones, porque se nos está negando nuestra razón de ser que se mani­fiesta en nuestros pensa­mientos y en el comporta­miento, y nos sentimos hu­millados, rechazados, discri­minados, muchas veces sin tan siquiera haber sido es­cuchados y por tanto sin analizar nuestra forma de ser, sentir y pensar. 
 
  Todos deseamos que se nos respete y que se nos valore, siendo por esta mis­ma razón que hemos de aprender a respetar a nues­tros semejantes, de empe­zar primero a respetar y a tener consideración si que­remos de verdad que se nos respete. Los valores huma­nos están por encima de creencias, modas y costum­bres, son precisamente la base que puede sostener la disparidad de conductas y formas de entender la vida. Valores como el respeto, la comprensión y la libertad, tenemos que asimilarlos y arraigarlos en nuestro inte­rior, si de verdad deseamos vivir en paz, con armonía y llevarnos bien con todo el conglomerado social que nos rodea. 
 
  Es muy fácil criticar y cen­surar, hablar mal de los de­más, ver tan sólo sus erro­res, nada más que porque no piensan como nosotros. Este es un defecto que arras­tramos desde hace milenios y aún hoy con todo lo que se ha avanzado; en especial en la sociedad de las naciones que conviven en democra­cia, se puede observar como estas conductas de respeto y de consideración no están bien asimiladas por la socie­dad en general y que no se suele ver bien a todo aquél que no piense como la ma­yoría, aunque la mayoría esté equivocada y lo sepa. 
 
  Lo grande está en llevar­se bien con todos, pero con el ejemplo por delante, con la moralidad por delante, no importan las ideas de cada cual, la religión a que se pertenezca, si en el fon­do se tiene como principio la tolerancia, el respeto, la caridad, la espiritualidad en una palabra que unifica a los hombres, haciéndolos a todos iguales ante los ojos de Dios, sin crear distincio­nes, sin que haya mejores ni peores, sino sólo seres hu­manos camino de su pro­greso, unos más avanzados y otros menos, pero todos unidos por el afán de hacer­se iguales, de quererse, de ayudarse, sin establecer más diferencias que la autoridad que se alcanza por medio de la sabiduría, del amor y de la paz que los más adelanta­dos nos transmiten a los más rezagados. 
 
  Hay dos cuestiones que son muy importantes y que no debemos olvidar, la pri­mera el respeto hacia uno mismo, sin el cual difícil­mente podremos respetar a los demás, al menos con sinceridad. El respeto hacia uno mismo nos lleva a ser limpios de corazón, a ser nobles y honrados, a la ob­servancia de nuestras reglas de conducta íntima y de prin­cipios espirituales. Esto es una gran ayuda pues nos mantiene la voluntad en ac­ción y nos impide olvidar­nos de nuestros principios, haciendo de los mismos un hábito sano que nos permi­te actuar con naturalidad en todo momento. 
 
  Y la segunda es el respe­to hacia las decisiones aje­nas. En efecto, conforme vamos profundizando se va ampliando la gama de con­sideraciones hacia donde nos lleva el respeto. La im­posición y el querer pensar por los demás es una cons­tante en la tónica de la hu­manidad, y eso conlleva una falta de respeto muy grande hacia los demás, y una gran responsabilidad por añadi­dura, ya que no damos op­ción a los demás a elegir su propio camino, a equivo­carse por ellos mismos, lo cual es un gran impedimen­to para su progreso. La per­sona para su desarrollo ne­cesita aprender a tomar de­cisiones, a pensar por sí misma y, si es preciso, a que  se equivoque por sí misma, la actitud que le lleva a actuar y pensar de forma autónoma le lleva igualmente a hacerse responsable de sus actos y a corregirlos cuando yerra. 

 

  Los errores, cuando se descubren, suponen un gran revulsivo para los espíritus inquietos y con deseos de progresar y les ponen en guardia para que la próxima vez no les ocurra lo mismo. Sin embargo, si no se nos enseña y se nos deja elegir nuestro camino y se nos va limitando en ese sentido, tampoco aprendemos a aceptar las equivocaciones como nuestras, porque en realidad se nos privó de la elección, se nos dio el error hecho, y en ese caso la responsabilidad es compartida; el uno por no dejar elegir al otro, por querer vivir la vida que no le toca, que es la ajena, y el otro por no hacer uso de su razón y aprender a tomar decisiones. 

 

  El respeto hacia las personas, las instituciones, las ideologías, hacia la naturaleza y la vida en general es un signo alto de espiritualidad, que distingue y eleva a aquél que lo practica. 
 
  Sabido es que la evolución no se da a saltos, que es por contra lenta, aunque eso sí es preferible y en eso. hemos de estar, no estancarnos, procurar progresar sin cesar, es por ello que es contraproducente y además inútil forzar a los demás, querer imponen nuestras ideas por la fuerza, o acallar las de los demás por abuso de poder, hay que dejar que todos se desenvuelvan en aquello que crean conveniente. Hay que enseñar al que no sabe, si ese es su deseo, y después dejarle con su libre albedrío que razone y que se desenvuelva para que vaya sacando conclusiones de qué es lo que más le conviene. 

 

El respeto por: Fermín Hernández

Hay hombres que se hacen indignos al piso­tear a los demás.

Bernabé Tierno.

ELÉVATE POR ENCIMA DEL INFORTUNIO

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Elévate por encima del infortunio…
 
Elévate por encima del infortunio…

 

Siempre habrá momentos difíciles y días complicados en nuestra vida.
 

Nos da la impresión de que ciertas cosas simplemente no estaban destinadas a pasar y que algunos proyectos simplemente no estaban destinados a funcionar.

 

 

 

Siempre enfrentaremos decepciones, pero también recibiremos muchas bendiciones especiales.

 

 

 

Todo lo que se nos pide es que nos elevemos por encima de nuestros infortunios.

 

 

 

Deja que la vida te muestre nuevas maneras de encarar viejos problemas.

 

 

 

Deja que te ofrezca nuevos descubrimientos.

 

 

 

Deja que los días desplieguen ante ti nuevas posibilidades que hasta entonces desconocías, nuevos sueños que nunca soñaste, y que te regale las semillas de nuevas ideas que nunca antes sembraste.

 

 

 

Deja que la vida modere tus convicciones y te muestre todo lo que está oculto detrás de cada escena: la profunda paz del cambio de estaciones, la majestad de lo que significa tener y ser un amigo, la alegría que se descubre al comprender que nunca es tarde para volver a empezar.
 
Deja que la vida brinde abundancia a tu alma y a tu corazón.
 
Déjala cantar en ti y mostrarte cómo apuntar a las estrellas.

 

 

 

Deja que te ayude a alcanzar todo lo que deseas para ser todo lo que eres.

 

 

 

Se trata de una regla muy sencilla:

 

 

 

Cuanto más das, más recibes.

 

Y cuanto más lo hagas, más te gustará hacerlo.

 

Eres una persona maravillosa que merece tener una bella vida.

 

 

 

Y si alguna vez sobreviene la dificultad, sé que puedes elevarte por encima de ella.

 

 

 

¿Qué es necesario para el éxito total?

 

 
PASOS CORTOS Y POSITIVOS…
 

LA PRUDENCIA

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  La prudencia es una virtud de la razón, no especulativa, sino práctica: la cual es un juicio, pero ordenado a una acción concreta.
 
  La prudencia nos ayuda a reflexionar y a considerar los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones, teniendo como resultado un actuar correcto en cualquier circunstancia. La prudencia en su forma operativa es un puntal para actuar con mayor conciencia frente a las situaciones ordinarias de la vida.
 
  La prudencia es la virtud que permite abrir la puerta para la realización de las otras virtudes y las encamina hacia el fin del ser humano, hacia su progreso interior.
 
  La prudencia es tan discreta que pasa inadvertida ante nuestros ojos.Nos admiramos de las personas que habitualmente toman decisiones acertadas, dando la impresión de jamás equivocarse; sacan adelante y con éxito todo lo que se proponen; conservan la calma aún en las situaciones más difíciles, percibimos su comprensión hacia todas las personas y jamás ofenden o pierden la compostura. Así es la prudencia, decidida, activa, emprendedora y comprensiva.
 
  El valor de la prudencia no se forja a través de una apariencia, sino por la manera en que nos conducimos ordinariamente. Posiblemente lo que más trabajo nos cuesta es reflexionar y conservar la calma en toda circunstancia, la gran mayoría de nuestros desaciertos en la toma de decisiones, en el trato con las personas o formar opinión, se deriva de la precipitación, la emoción, el mal humor, una percepción equivocada de la realidad o la falta de una completa y adecuada información.
 
  La falta de prudencia siempre tendrá consecuencias a todos los niveles, personal y colectivo, según sea el caso. Es importante tomar en cuenta que todas nuestras acciones estén encaminadas a salvaguardar la integridad de los demás en primera instancia, como símbolo del respeto que debemos a todos los seres humanos.
 
  El ser prudente no significa tener la certeza de no equivocarse, por el contrario, la persona prudente mucha veces ha errado, pero ha tenido la habilidad de reconocer sus fallos y limitaciones aprendiendo de ellos. Sabe rectificar, pedir perdón y solicitar consejo.
 
  La prudencia nos hace tener un trato justo y lleno de generosidad hacia los demás, edifica una personalidad recia, segura, perseverante, capaz de comprometerse en todo y con todos, generando confianza y estabilidad en quienes nos rodean, seguros de tener a un guía que los conduce por un camino seguro.
 
Como alcanzarla:
 
  • El recuerdo de la experiencia pasada: Si una persona no sabe reflexionar sobre lo que le ha sucedido a él y a los demás, no podrá aprender a vivir. De esta manera la historia se transforma en maestra de la vida.

 

  • Inteligencia del estado presente de las cosas: El obrar prudente es el resultado de un “comprender” mirando la comprensión como la total responsabilidad, como el verdadero amor que libera de las pasiones para llegar al final de la vocación humana “el conocimiento”.

 

  • Discernimiento al confrontar un hecho con el otro, una determinación con la otra. Descubrir en cada opción las desventajas y las ventajas que ofrecen para poder llegar a realizar una buena elección.

 

  • Asumir con humildad nuestras limitaciones, recurrir al consejo de todas aquellas personas que puedan aportarnos algo de luz.

 

  • Circunspección para confrontar las circunstancias. Esto sería que alguna acción mirada y tomada independientemente puede llegar a ser muy buena y conveniente, pero viéndola desde dentro de un plan de vida, de un proyecto de progreso personal, se vuelve mala o inoportuna.
 
La experiencia es, sin lugar a dudas, un factor importante para actuar y tomar las mejores decisiones. Aprender o no es nuestra opción.

ESPÍRITISMO

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Para mí el Espíritismo
es un punto de partida,
una lámpara encendida
para buscarme yo mismo,
una fuente de optimismo
donde bebe el desvalido,
donde el hombre arrepentido
tiene la oportunidad,
de ajustarse a la verdad
si práctica lo aprendido.
 
El Espiritismo es ciencia
en un elevado grado,
aunque muchos lo han mezclado
desconociendo su esencia,
cometen la imprudencia
de ajustarlo a su interés
haciendo uso de una fe
que no llena corazones
con falsas innovaciones
a la obra de Kardec.
 
Todo el que lo ha comprendido
en su máxima expresión,
convierte su corazón
en un diamante pulido,
porque nadie ha conocido
a Dios sin plena humildad,
sin practicar la caridad
cómo lo enseñó Jesús
sin encender la luz
que descubre la verdad.
En él se consolida la unión
con los preceptos divinos,
es el único camino
de acceso a la perfección,
mantiene una proyección
lógica y razonable,
nos declara responsables
del pecado y el error,
pero nos brinda su amor
puro, justo e inevitable.
 
Educa el Espíritismo
los más vivos sentimientos,
porque su conocimiento
extirpa el egoísmo
desnuda el materialismo
en cada presentación
la ciencia y la religión
pronto se han de abrazar
para unidas demostrar
que sí hay reencarnación.
 Luis Enrique Bacallao
Sociedad Espírita “En pos de la Verdad”
                                                                                          Buey Arriba; Granma – (Cuba)

NOVEL

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(El Espíritu se dirige al médium, que le había conocido en su vida – El Havre, marzo de 1.863) 
 
«Voy a contarte lo que he sufrido al morir. Mi Espíritu, retenido a mi cuerpo por lazos materiales, tuvo gran trabajo en desprenderse de él, lo cual fue una primera y ruda agonía. La vida que dejé a los veinticuatro años era todavía tan fuerte en mí, que no creía en su pérdida. Buscaba mi cuerpo y estaba admirado y espantado de verme perdido en medio de esa multitud de sombras. En fin, la
conciencia de mi estado y la revelación de las faltas que había cometido en todas mis encarnaciones se me presentaron de repente; una luz implacable iluminó los más secretos pliegues de mi alma, que se sintió desnuda, y después sobrecogida por una vergüenza abrumadora. Trataba de escaparme de ella, interesándome en los objetos nuevos, aunque conocidos, que me rodeaban; los Espíritus radiantes, flotando en el éter, me daban la idea de una dicha a la cual no podía aspirar; formas sombrías y desoladas, las unas sumergidas en una triste desesperación, las otras irónicas o furiosas se deslizaban a mi alrededor, y sobre la tierra a la cual permanecía adherido. Veía agitarse a los humanos, cuya ignorancia envidiaba; un orden de sensaciones desconocidas o vueltas a encontrar me invadieron a la vez; arrastrado como por una fuerza irresistible, procurando huir de este dolor encarnizado, salvaba las distancias, los elementos, los obstáculos materiales, sin que las hermosuras de la naturaleza ni los esplendores celestes pudiesen calmar un instante la amargura de mi conciencia ni el espanto que me causaba la revelación de la eternidad. Un mortal puede presentir los tormentos materiales por los temblores de la carne; pero vuestros frágiles dolores, endulzados por la esperanza, templados por las distracciones, muertos por el olvido, no podrán jamás haceros comprender las angustias de un alma que sufre sin tregua, sin esperanza, sin arrepentimiento. He pasado un tiempo del cual no puedo apreciar la duración, envidiando a los elegidos cuyo esplendor entreveía, detestando a los malos Espíritus que me perseguían con sus burlas, menospreciando a los humanos de quienes veía las torpezas, pasando de un profundo abatimiento a una rebelión insensata. 
 
  En fin, tú me has llamado, y por primera vez un sentimiento dulce y tierno me calmó; he orado; y Dios, oyéndome, se me ha revelado por su clemencia como se me había revelado por su justicia. 
 
NOVEL 
 
 
 
 
 
Extraído del libro «El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina» de Allan Kardec.


REFLEXIONES

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Muchas veces meditamos
el porqué de nuestra vida,
buscando en vano respuesta
a los problemas del día.


Miramos alrededor
y vemos sólo injusticias,
sin encontrar solución
a todas nuestras desdichas.

Pensamos que Dios no existe
que es un mito la  Verdad,
que por más que trabajemos
nada podremos cambiar.

Y entonces nos rebelamos,
nos invade la apatía
no hacemos caso de nadie
y perdemos la alegría.

Luego recapacitando
por encontrar la salida,
achacamos a los otros
que nos complican la vida.

Y seguimos preocupados
con los problemas del día,
sin encontrar solución
a todas nuestras desdichas.

¿Pero acaso es tan díficil
vivir en paz y armonía?
¿O será nuestro egoísmo
que nos confunde y desvía?

¿No serán nuestros defectos,
nuestra manera de obrar
que entorpecen nuestros pasos 
y dificultan nuestro andar?

Es esta una reflexión
que deberíamos hacer
cada vez que la conciencia
repruebe nuestro proceder.

Debemos pues comprender
que esta no es la solución,
pensando siempre en nosotros
aumenta nuestra aflicción.

¿Por qué no probar entonces
a pensar en los demás,
alejando de esta forma
para siempre nuestro mal?

De eso se trata, ¡¡de «AMAR»!!,
sin pensar en uno mismo
limpiaremos el camino
ayudando a los demás.

Y así poder progresar
ya que antes no lo hicimos,
recorriendo en poco tiempo
el camino que elegimos.

No es así de complicado
como nosotros lo hicimos,
hasta que nos propongamos
cumplir con nuestro destino.

Compromiso que hemos hecho
al tener que reencarnar, 
estando ya en los momentos 
de poderlo realizar.

LUIS MARTÍNEZ

EL SECRETO PARA LOGRAR AMOR Y FELICIDAD

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  ¿Cuál es el secreto para que logres el amor y la felicidad?
 
  Si quieres felicidad, dale felicidad a otros; si quieres amor, aprende a amar a los demás; si quieres atención y aprecio, aprende a dar atención y aprecio; si quieres abundancia material, ayuda a otros a tener abundancia.
 
  De hecho, la manera más fácil de obtener lo que quieres es ayudando a otros a obtener lo que quieren. Este principio opera para individuo, corporaciones, sociedades y naciones. 
 
  Si quieres ser bendecido con todas las cosas buenas en la vida, aprende a bendecir silenciosamente a todos con las cosas buenas en la vida.
 
  Hasta pensar en dar, pensar en bendecir, o una simple oración tiene el poder de influir a los demás. El pensamiento tiene el poder de transformación.
 
  Cuando aprendes a dar aquello que buscas, activas y montas la coreografía de la danza con movimientos exquisitos, energéticos y vitales que constituyen el eterno palpitar de la vida.
 
  La mejor manera de poner en operación la Ley del Dar y poner todo el proceso en circulación es tomar la decisión de que en cualquier momento que entres en contacto con otra persona le darás algo.
 
  No tiene que ser algo material; puede ser una flor, un cumplido o una oración, de hecho, las formas más poderosas de dar no son materiales.
 
  Los regalos de cuidados, atención, afecto, aprecio y amor son algunos de los regalos más preciosos que puedes dar, y no cuestan nada.
 
  Cuando conoces a alguien, puedes silenciosamente enviarle una bendición, deseándole felicidad, alegría y dicha. Esta manera de dar silenciosamente es muy poderosa.
 
  Podrías decir «¿Cómo puedo darles a otros en este momento cuando no tengo suficiente para mi»? Puedes llevar una flor. 
 
  Puedes llevar una tarjeta que diga algo sobre los sentimientos que tienes por esa persona a la que estás visitando.
 
  Puedes llevarle un cumplido. 
 
  Puedes llevarle una oración.
 
  Toma la decisión de dar a dondequiera que vayas, a quien sea que visites o veas. Siempre y cuando estés dando, estarás recibiendo. Entre más das, adquirirás más confianza en los efectos milagrosos de esta ley.
 
  Al recibir más, tu habilidad de dar más también aumentará.
Deepak Chopra

MAX, EL MENDIGO 

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  En una aldea de Baviera murió hacia el año 1.850 un viejo casi centenario, conocido bajo el nombre de Tío Max. Nadie conocía con certeza su origen, porque no tenía familia. Hacía medio siglo que, abrumado por enfermedades que le impedían ganarse la vida por el trabajo, no tenía otros recursos que la caridad pública, que
disimulaba yendo a vender a las granjas y castillos, almanaques y objetos insignificantes. Se le había dado el apodo de Conde Max, y los niños no le llamaban nunca sino el señor conde; él sonreía sin disgustarse. ¿Por qué este título? Nadie habría podido decirlo; el caso es que era ya una costumbre. Quizá lo fuese por causa de su fisonomía y maneras, cuya distinción contrastaba con sus harapos. Muchos años después de su muerte apareció en sueños a la hija del propietario de uno de los castillos donde recibía hospitalidad en la cuadra, porque él no tenía domicilio, y le dijo: Gracias os doy de haberos acordado del pobre Max en vuestras oraciones, porque han sido oídas del Señor. Deseáis saber quién soy yo, alma caritativa que os habéis interesado por el desgraciado mendigo; voy a satisfaceros: y será para todos una gran instrucción. 
 
  «Hace cerca de siglo y medio era un rico y poderoso señor de esta comarca; pero vano, orgulloso e infatuado con mi nobleza. Mi inmensa fortuna no servía jamás sino para mis placeres, y apenas bastaba, porque era jugador, disoluto y pasaba mi vida en orgías. Mis vasallos, que creía habían sido creados para mi uso, como los animales de las granjas, eran acosados y maltratados para atender mis prodigalidades. No atendía sus quejas, como tampoco las de todos los desgraciados y, a mi parecer, debían tenerse por muy honrados satisfaciendo mis caprichos. Morí en edad poco avanzada, aniquilado por los excesos pero sin haber experimentando ninguna desgracia verdadera; al contrario, todo parecía sonreirme, de suerte que era a los ojos de los demás uno de los felices de este mundo; mi rango me valió suntuosos funerales. Los amigos de darse buena vida echaron de menos en mí al fastuoso señor, pero ni una lágrima fue derramada en mi tumba, ni una plegaria del corazón se dirigió a Dios por mí, y mi memoria fue maldecida por todos aquellos cuya miseria había aumentado. ¡Ah! ¡Qué terrible es la maldición de aquellos a quienes se ha hecho desgraciados! ¡No ha cesado de resonar en mis oídos durante largos años, que me parecieron una eternidad! ¡Y la muerte de cada una de mis víctimas era una nueva figura amenazadora e irónica que se levantaba ante mí y me perseguía sin descanso, sin poder encontrar un rincón oscuro donde ocultarme a su vista! ¡Ni una mirada de amigo! ¡Mis antiguos compañeros de libertinaje, desgraciados como yo, huían de mí y parecía que me decían con desdén: «Ya no puedes pagar nuestros placeres». ¡Oh! ¡Qué caro habría pagado entonces un instante de reposo, un vaso de agua para extinguir la sed ardiente que me devoraba! Pero nada poseía y todo el oro que había sembrado a manos llenas en la tierra no había producido una sola bendición, ni una sola, ¿oyes, hija mía? 
 
  En fin, abrumado de fatiga, extenuado como un viajero cansado que no ve el término de su ruta, exclamé: «¡Dios mío, tened piedad de mí! ¿Cuándo, pues, acabará esta terrible situación?» Entonces una voz, la primera que oí desde que había dejado la tierra, me dijo: Cuando tú quieras. -¿Qué es preciso hacer, gran Dios?, respondí; decid, me someto a todo. -Es necesario arrepentirte, humillarte ante los que tú has humillado; ruégales que intercedan por tí, porque la oración del ofendido que perdona es siempre agradable al Señor. Me humillé, rogué a mis vasallos, a mis servidores, que estaban allí ante mí, y cuyas figuras, cada vez más benévolas, acabaron por desaparecer. Esto fue entonces para mí como una nueva vida; la esperanza reemplazó a la desesperación y di gracias a Dios con todas las fuerzas de mi alma. La voz me dijo enseguida: «¡Príncipe!» Y yo respondí: «No hay aquí otro príncipe que Dios Todopoderoso, que humilla a los soberbios. Perdóname, Señor, porque he pecado; hacedme el servidor de mis servidores, si tal es vuestra voluntad». 
 
   Algunos años después nací de nuevo; pero esta vez en una familia de pobres aldeanos. Mis padres murieron cuando aún era niño, quedé solo en el mundo y sin apoyo. Gané mi vida como pude, unas veces como obrero, otras como mozo de granja, pero siempre honradamente, porque creía en Dios. A la edad de cuarenta años, una enfermedad me dejó tullido de todos mis miembros y me fue preciso mendigar durante más de cincuenta años en estas mismas tierras de las cuales había sido dueño absoluto; y recibía un pedazo de pan de las granjas que había poseído, y donde por una amarga irrisión se me dio el apodo del señor conde, muchas veces bastante feliz por encontrar un abrigo en la cuadra del castillo que había sido mío. Soñando, me complacía en recorrer este mismo castillo donde había mandado como déspota; ¡cuántas veces en mis ensueños me había visto allí en medio de mi antigua fortuna! Estas visiones me dejaban al despertar un indefinible sentimiento de amargura y pesar; pero jamás una queja salió de mi boca, y cuando quiso Dios llamarme a sí, le he bendecido por haberme dado el valor de sufrir sin murmurar esta larga y penosa prueba, de la cual recibo hoy la recompensa; y a vos, hija mía, os bendigo por haber rogado por mí». 
Extraído de «El Cielo y el Infierno». Allan Kardec.

HONRADEZ

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A lo largo de nuestro progreso evolutivo, nuestro espíritu va asimilando los valores que caracterizan en todo momento la categoría y nivel espiritual en el que se encuentra. No cabe la menor duda de que en ese proceso tenemos infinidad de ocasiones y oportunidades para poder adquirir las cuestiones básicas que hagan que engrosemos los avances oportunos y se anexionen al conjunto de valores que irán conformando el estado en el que se encuentra nuestro espíritu.
Lógicamente las vivencias diarias hacen que nuestro comportamiento conlleve una actitud y unas formas de manifestarnos que en ocasiones serán acertadas y en otras no serán del todo beneficiosas; aún así, todas esas experiencias se asimilan y benefician nuestro progreso, las acciones positivas porque denotan nuestra buena voluntad a la hora de poner en práctica las cualidades propias del espíritu, y las que de momento no son tan buenas, porque si nos damos cuenta de que hemos comentido un error, lo entendemos y hacemos todo lo posible por subsanarlo, estamos comprendiendo que debemos corregir aquellos errores cometidos para dotar a nuestro espíritu de acciones positivas, que son las que le hacen engrandecerse.
Valores espirituales como la comprensión son muy importantes y a su vez difíciles de conseguir, porque nuestro propio egoísmo nos hace en ocasiones ser orgullosos y egoístas y no darnos cuenta de qué es lo que necesita nuestro semejante; para eso necesitamos ponernos en su lugar y tener el suficiente grado de comprensión, como para entender que no todos estamos en las mismas condiciones y que no se comprenden las cosas del mismo modo, y que la persona que está en mejor disposición tiene la responsabilidad de ayudar a aquella otra que por circunstancias no sabe o entiende cómo se ha de proceder.
Necesitamos poner cariño en nuestras acciones, con el fín de que lleguen a las personas con un sentimiento noble, y que a su vez sepamos dar a esas manifestaciones la suficiente fuerza con el fín de que la persona que lo recibe no tenga duda de nuestras intenciones, y vea que el ideal que le anima es de compartir unas vivencias que son necesarias en todo proceso evolutivo y que si se realizan con la idea de progreso no nos estaremos equivocando.
Comentábamos antes que debíamos de actuar con un sentimiento noble; queremos remarcar la importancia de esta cualidad, porque si así actuamos, lo hacemos con honradez, y si el espíritu asimila esta cualidad, no nos imaginamos la ventaja que tenemos a la hora de poder infundir ayuda o ánimo a alguien que esté necesitado, porque , en esta vida podremos ser muchas cosas, pero creo que la que no debe faltar es la de ser honrado.
Tenemos mucho ganado con este atributo y denota seguridad a la persona que la posee, e infunde a los demás confianza a la hora de depositar en ella la esperanza de alcanzar logros que ayuden a desenvolvernos en este mundo, tan complicado en algunas ocasiones y tan falto de valores espirituales, que aporten a la gente las oportunidades necesarias para poder avanzar por un camino que nos lleve a la felicidad.
      Si obramos de esta forma, será fácil que consigamos atesorar cualidades que engrandezcan nuestro espíritu, ya que  con esa finalidad ha sido creado.
      De lo que debemos de estar seguros es de una cosa; que se nos ha brindado una oportunidad por el mero hecho de estar encarnados en este mundo y que a muchos de nosotros nos la han dado para poder eliminar aquellas deudas que tenemos contraídas de existencias anteriores, y tener la ocasión de que en estos últimos momentos saldemos esos errores con la puesta en práctica de la dedicación y realización de obras positivas que den a nuestro espíritu el engrandecimiento necesario para poder tener la satisfacción de haber cumplido su compromiso.
     Para ello, tenemos que aprovechar todas las oportunidades que se nos pongan delante, y poner en práctica esos valores que tenemos atesorados, que aunque en ocasiones no nos creamos capacitados, no nos quepa la menor duda de que los tenemos; y de los que estemos escasos, empezar a asimilarlos para enriquecernos espiritualmente y poder tener más ocasiones de progresar.
    Seamos honrados con nosotros mismos y pensemos que tenemos un compromiso moral.
 
F.M.M.

DECÁLOGO DEL OPTIMISTA 

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1 – Los optimistas se aman, procuran un alto nivel de autoestima, se valoran y aprovechan lo mejor posible sus talentos personales innatos.
 
2 – Los optimistas aceptan a los demás como son, y no malgastan energías queriendo cambiarlos, sólo influyen en ellos con paciencia y tolerancia.
 
3 – Los optimistas son espirituales, cultivan una excelente relación con Dios y tienen en su fe una viva fuente de luz y de esperanza.
 
4 – Los optimistas disfrutan del «aquí» y el «ahora», no viajan al pasado con el sentimiento de culpa ni el rencor, ni al futuro con angustia. Disfrutan con buen humor y con amor.
 
5 – Los optimistas ven oportunidades en las dificultades, cuenta con la lección que nos ofrecen los errores y tienen habilidad para aprender de los fracasos.
 
6 – Los optimistas son entusiastas, dan la vida por sus sueños y están convencidos de que la confianza y el compromiso personal obran milagros.
 
7 – Los optimistas son íntegros y de principios sólidos, por eso disfrutan de paz interior y la irradian y comparten, aún en medio de problemas y crisis.
 
8 – Los optimistas no se desgastan en la crítica destructiva y ven la envidia como un veneno. No son espectadores de las crisis sino protagonistas del cambio.
 
9 – Los optimistas cuidan sus relaciones interpersonales con esmero, saben trabajar en equipo y son animosos sembradores de fe, esperanza y alegrías.
 
10 – Los optimistas también tienen épocas difíciles, pero no se rinden ni se dejan aplastar por su peso, ya que saben que aún la noche más oscura tiene un claro amanecer y que por encima de las nubes más densas sigue brillando el sol; que todo túnel, por más largo y oscuro que sea siempre tendrá otra salida y que todo río siempre tiene dos orillas. 
 
Gonzalo Gallo G.

CRONICA DE UNAS JORNADAS

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El pasado 9 y 10 de Marzo tuvo lugar en Alfaz del Pí (Alicante) las 3ªas Jornadas Espíritas del Mediterráneo, con un notable éxito de participación y desarrollo.
Joaquín Huete
Joaquín Huete

  Aproximadamente unas 80 personas nos dimos cita en un evento que tiene por principal característica la participación libre y voluntaria de todos los asistentes, así como el reforzamiento de los lazos y conocimiento mutuo y personal de los allí presentes, sin importar filiaciones de uno u otro orden. Todos en igualdad de condiciones bajo los principios del ideal kardeciano que nos esclarece y orienta.

  Sin más objetivo que el de compartir experiencias, aprender unos de otros y valorar métodos de trabajo eficaces en el ideal que nos hermana, la unión y confianza entre todos va alcanzando niveles de desarrollo impensables hace tan sólo tres años.
Panoramica de los asistentes
  Así pues, de todos estos encuentros de fin de semana, no sólo se obtiene el reforzamiento del movimiento espírita regional, sino que se contribuye enormemente al fortalecimiento del ideal espírita nacional sin la rigidez de otros eventos como por ejemplo los congresos (con otras funciones importantes) pero cuya  finalidad, las circunstancias y el tiempo disponible no permite la participación de todos, ni por supuesto el intercambio de ideas y métodos de trabajo que nos ayuden al progreso personal, de grupo y del movimiento espírita español.
  En un ambiente distendido y de gran armonía, los grupos y algunas personas a título individual fueron aportando propuestas e ideas francamente interesantes y que a todos nos amplían el horizonte sobre las formas de crecer con seguridad, orden y eficacia dentro de la doctrina espírita.
  Hubo variedad de aportaciones en cuanto a métodos de trabajo, líneas de actuación, experiencias personales y de grupo, actividades lúdicas con mensajes transcendentes inspirados en la doctrina, mesas redondas con intercambio de ideas, etc..
  No nos corresponde a nosotros detallar las conclusiones de este encuentro; ya que hay creada una pequeña comisión encargada de resumir, trasladar y enfocar los resultados del mismo. 
  No obstante, y a fin de otorgar mayor repercusión a este acto fraterno, de experiencias compartidas y de sincera fraternidad es por el motivo que desarrollamos esta pequeña crónica.
  Siendo así que, el único interés es el de la divulgación de todos estos actos, que sin duda contribuyen al engrandecimiento del movimiento espírita español y a dejar patente el esfuerzo personal de aquellos que en ellos participan y colaboran activamente.
  Un movimiento vivo y pujante que esperamos siga creciendo al amparo de iniciativas como esta, que se irán prorrogando en el tiempo con mayores éxitos, si cabe, que la celebrada en esta oportunidad.
¡Enhorabuena a todos!
Grupo Villena
Marzo 2013
 

ASI NOS VIERON: Este fin de semana l’Alfàs acoge las terceras  Jornadas Espíritas del Mediterráneo

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 Unas 100 personas procedentes de diferentes municipios de la Comunidad Valenciana se dan cita este sábado y domingo, 9 y 10 de marzo, en el Hotel Rober Palace de l’Albir, en las III Jornadas

Espíritas del Mediterráneo.El alcalde de l’Alfàs del Pi, Vicente Arques ha agradecido al presidente de la Asociación de Estudios Espíritas de Benidorm, Joaquín Huete, la elección para el encuentro de un complejo hotelero del municipio. La calidad de la planta hotelera y la oferta de ocio convierten a l’Alfàs del Pi en destino ideal para el turismo de congresos. A las 18.00 horas tras la bienvenida oficial a todos los asistentes, cada grupo participante podrá exponer las actividades desarrolladas en su Centro, con la intención explica el presidente de la asociación benidormí, Joaquín Huete, de trabajar en equipo y “transmitir a la sociedad los principios que nos unen”, en definitiva el camino más eficaz para ganarse el respeto y la consideración de la gente ajena al Espiritismo. De hecho, anima a quienes estén interesados en conocer mejor este movimiento, se acerquen este fin de semana al Hotel Rober Palace de l’Albir.
 
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