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PALABRAS DE UN GENIO

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Homenaje a CHARLES SPENCER CHAPLIN
 
¡Hey, hey, sonríe!
más no te escondas detrás de esa sonrisa…
Muestra aquello que eres, sin miedo.
Existen personas que sueñan con tu sonrisa,  así como yo.
¡Vive! ¡Intenta!
La vida no pasa de una tentativa.
¡Ama!
Ama por encima de todo, ama a todo y a todos.
No cierres los ojos a la suciedad del mundo, no ignores el hambre!
Olvida la bomba, pero antes haz algo para combatirla, aunque no te sientas capaz.
¡Busca!
Busca lo que hay de bueno en todo y todos.
No hagas de los defectos una distancia, y si, una aproximación.
¡Acepta!
La vida, las personas,
haz de ellas tu razón de vivir.
¡Entiende!
Entiende a las personas que piensan diferente a ti, no las repruebes.
¡Eh! Mira…
Mira a tu espalda, cuantos amigos…
¿Ya hiciste a alguien feliz hoy?
¿O hiciste sufrir a alguien con tu egoísmo?
¡Eh! No corras…
¿Para que tanta prisa? Corre apenas dentro tuyo.
  
¡Sueña!
Pero no perjudiques a nadie y no transformes tu sueño en fuga.
  
¡Cree! ¡Espera!
Siempre habrá una salida, siempre brillará una estrella.
  
¡Llora! ¡Lucha!
Haz aquello que te gusta, siente lo que hay dentro de ti.
Oye…
Escucha lo que las otras personas tienen que decir,
es importante.
Sube…
Haz de los obstáculos escalones para aquello que quieres alcanzar.
Mas no te olvides de aquellos que no consiguieron subir en la escalera de la vida.
¡Descubre!
Descubre aquello que es bueno dentro tuyo.
Procura por encima de todo ser gente,
yo también voy a intentar.
¡Hey! Tú…
ahora ve en paz.
 Yo preciso decirte que… TE ADORO,
simplemente porque existes.
 Charles Chaplin

MARCELO, EL NIÑO DEL NUMERO 4

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  En un hospicio de provincias había un niño de unos ocho a diez años, en un estado difícil de describir; no estaba allí designado sino bajo el número 4. Enteramente contrahecho, ya fuese por deformidad natural, ya a consecuencia de la enfermedad, sus piernas contorneadas tocaban a su cuello; era tan delgado, que
los huesos le agujereaban la piel; su cuerpo no era más que una llaga y sus sufrimientos, atroces. Pertenecía a una pobre familia israelita, y esta triste posición duraba hacía cuatro años. Su inteligencia era notable para su edad; su dulzura, su paciencia y resignación eran edificantes. El médico que le visitaba, movido a compasión por este pobre ser en cierto modo abandonado, pues no parecía que sus padres fuesen a verle muy a menudo, tomó interés por él y se complacía en hablarle, encantado de su razón precoz. No solamente le trataba con bondad, sino que, cuando sus ocupaciones se lo permitían, iba a darle lecciones y se admiraba de la rectitud de su juicio sobre cosas que parecían superiores a su edad.
 
  Un día le dijo el niño: Doctor, tened la bondad de darme todavía píldoras como las últimas que me habéis prescrito. -¿Por qué, hijo mío?, contestó el médico; te he dado las suficientes y temo que mayor cantidad te haga mal. -Es que, replicó el niño, sufro de tal modo, que por mas esfuerzos que hago para no gritar rogando a Dios me dé fuerza para no quejarme a fin de no molestar a los otros enfermos que están a mi lado, tengo mucho trabajo en conseguirlo; las píldoras me duermen, y entretanto, no incomodo a nadie.
 
  Estas palabras bastan para demostrar la elevación del alma que encerraba aquel cuerpo deforme. ¿Dónde había adquirido este niño semejantes sentimientos? No podía ser en el centro en que había sido educado y, por otra parte, a la edad en que empezó a sufrir no podia aún comprender ningún razonamiento; eran, pues, innatos en él; pero entonces, con tan nobles instintos, ¿por qué Dios le condenaba a una vida tan miserable y dolorosa, admitiendo que hubiera sido creada esta alma al mismo tiempo que ese cuerpo, instrumento de tan crueles sufrimientos? ¡Oh, es preciso negar la bondad de Dios o admitir una causa anterior; esto es, la preexistencia del alma y la pluralidad de existencias! El niño murió y sus últimos pensamientos fueron para Dios y para el médico caritativo que había tenido piedad de él.
 
  Después de algún tiempo fue evocado en la Sociedad de Paris, donde dio la comunicación siguiente (1863):
 
«Me habéis llamado; he venido para que mi voz se oiga más allá de este recinto impresionando a todos los corazones; que el eco que ella haga vibrar se oiga hasta en la soledad; les recordará que la agonía de la tierra prepara las alegrías del cielo y que el sufrimiento no es más que la corteza amarga de un fruto deleitable que da valor y resignación. Les dirá que sobre el pobre lecho donde yace la miseria están los enviados de Dios, cuya misión es enseñar a la humanidad que no hay dolor que no pueda sufrirse con la ayuda del Todopoderoso y de los buenos Espíritus. Les dirá también que escuchen los lamentos mezclándose con las plegarias y que comprendan la piadosa armonía de éstas, tan diferente de los acentos culpables del lamento mezclado con la blasfemia.
 
«Uno de vuestros buenos Espíritus, gran apóstol del espiritismo, ha tenido a bien dejarme este sitio esta noche; asimismo debo deciros a mi vez algunas palabras del progreso de vuestra doctrina. Debe ayudar en su misión a aquellos que se encarnen entre vosotros para aprender a sufrir. El espiritismo será la mira indicadora; tendrán el ejemplo y la voz; entonces se cambiarán los lamentos en gritos de alegría y lágrimas de gozo».
 
¿Parece, según «lo que acabáis de decimos, que vuestros sufrimientos no eran expiaciones de faltas anteriores?
 
«No eran una expiación directa, pero estad seguros de que todo dolor tiene su causa justa. El que habéis conocido tan miserable fue hermoso, grande, rico y lisonjeado; tuvo aduladores y cortesanos, fue vano y orgulloso. En otro tiempo fui muy culpable; he renegado de Dios y hacía mal a mi prójimo; pero lo he expiado cruelmente, primero en el mundo de los Espíritus, después en la tierra. Lo que he sufrido durante algunos años solamente, en esta última y corta existencia, lo he sufrido ya durante otra existencia hasta la extrema vejez. Por mi arrepentimiento he encontrado gracia ante el Señor, que se ha dignado confiarme muchas misiones, la última de las cuales os es conocida. La he solicitado para acabar mi depuración.
 
«Adiós, amigos míos; volveré algunas veces entre vosotros. Mi misión es consolar, no instruir; hay muchos aquí cuyas heridas están ocultas, que se regocijarán con mi venida».-Marcelo.
Extraído de «EL CIELO Y EL INFIERNO 0 LA JUSTICIA DIVINA», de ALLAN KARDEC.

REFLEXIONES

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Se debate en mi interior
la duda vacilante:
¿acaso el cementerio
es el fin del ser pensante?


El porqué de la vida,

sus luchas incesantes, 
preguntas que muestran 
la inquietud reinante.

A tan grave cuestión 
existen alternativas, 
respuestas a la vacilación 
y mayores perspectivas.

Las experiencias vividas 
enseñan a ser fuertes, 
a creer en algo más 
que el azar o la suerte.

Resolvamos esas cuestiones 
que nos mantienen en vilo,
 sí existen soluciones 
al problema del ser y el destino.

Para encontrarlas, busquemos, 
con tesón, fe y humildad, 
y a todos respetemos 
valorando su Verdad. 

Verdad que es sólo una 
e infinitas sus manifestaciones, 
no hagamos de esas diferencias 
motivo de disensiones.

De la vida lo importante 
es querernos de verdad, 
sin fingimientos aparentes, 
en convivencia fraternal.

Renunciemos a los gustos 
por amor a los demás, 
ofreciendo nuestras manos 
a quien las pueda necesitar.

Es la limpieza de intenciones, 
es la sencillez de corazón, 
no busquemos más razones 
para dar paso al Amor. F.M.B.

UNA SONRISA TRAS LA TAPIA

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  Visitando una leprosería en una isla del Pacífico, me sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que siempre decía «gracias» cuando le ofrecían algo.
Entre tantos «cadáveres» ambulantes, solo aquel hombre se conservaba humano.
 
Cuando pregunté qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, me dijeron, lo observara por las mañanas.

Y vi que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba.

 Y allí esperaba… esperaba… hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una bella mujer que se paraba al frente y le sonreía con una hermosa y amplia sonrisa.

Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego la mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que, al día siguiente, regresara el rostro sonriente. Era su mujer.

Cuando lo arrancaron de su pueblo y lo trasladaron a la leprosería, la mujer lo siguió, y se instaló a vivir en el pueblo más cercano a la leprosería. Y todos los días acudía para continuar expresándole su amor.

«Al verla cada día – me dijo el enfermo – sé que todavía vivo.»
 Muchos viven gracias a tu sonrisa, a tus palabras, a tu esperanza, a las migas de cariño que les puedas dar. No bajes los brazos. No dejes de sonreír y de tratar bien a los demás.

 

 

UN SABIO AMBICIOSO 

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   Madame B…, de Burdeos, no experimen­tó las agudas angustias de la miseria; pero fue toda su vida mártir de dolores físicos por haber sido atacada de innumerables enfermedades graves durante sesenta años, desde la edad de cinco meses, y que casi cada año la ponían a las puertas de la muerte. Tres veces fue envenenada por
los ensayos que la ciencia incierta hizo sobre ella, y su temperamento, viciado por los remedios tanto como por las enfermedades, la hizo víctima hasta el fin de sus días de intolerables sufrimientos que nada podía calmar. Su hija, espírita cristiana y médium, pedía a Dios en sus oraciones que endulzase sus crueles pruebas; pero su guía espiritual le dijo que pidiese simplemente para ella la fuerza para soportarlos con paciencia y resignación, y le dictó las instrucciones siguientes: 
 
  «Todo tiene su razón de ser en la existencia humana; no hay uno de los sufrimientos que habéis causado, que no encuentre eco en los dolores que sufrís; no hay uno de vuestros excesos que no encuentre un contrapeso en una de vuestras privaciones; no cae una lágrima de vuestros ojos sin tener que lavar una falta, o un crimen algunas veces. Sufrid, pues, con paciencia y resigna­ción vuestros dolores físicos y morales, por crueles que os parezcan, y pensad en el labrador cuya fatiga le quebranta los miembros, pero que continúa su obra sin detenerse, porque tiene siempre ante él las espigas doradas que serán el fruto de su perseverancia. Tal es la suerte del desgra­ciado que sufre en vuestra tierra; la aspira­ción hacia la dicha que debe ser el fruto de su paciencia le hará fuerte contra los dolores pasajeros de la humanidad. 
 
  Así es en cuanto a tu madre; cada dolor que acepta como expiación es una mancha borrada de su pasado. Y cuanto más pronto se borren todas las manchas, tanto más pronto será feliz. Sólo la falta de resignación hace estéril el sufrimiento, porque entonces las pruebas se han de volver a empezar. Lo que es, pues, más útil para ella son el ánimo y la sumisión; esto es necesario pedir a Dios y a los buenos Espíritus para que se le conceda. 
 
  Tu madre fue en otro tiempo un buen médico, acreditado entre una clase en que no cuesta nada asegurarse un bienestar y donde fue colmado de dones y honores. Ambicioso de gloria y de riquezas, queriendo alcanzar al apogeo de la ciencia, no con la idea de aliviar a sus hermanos, porque no era filántropo, sino en vista de aumentar su reputación y por lo tanto su clientela, nada le importaba con tal que sus estudios tuviesen el fin que apetecía. La madre era martirizada sobre su lecho de sufrimiento, porque preveía un estudio en las convulsiones que provocaba; el niño era sometido a los experimentos que debían darle la clave de ciertos fenómenos; el anciano veía apresurar su fin; el hombre vigoroso se sentía debilitado por los ensayos que debían acreditar la acción de tal o cual brebaje, y todos estos experimentos se practicaban sobre el desgraciado sin desconfianza. La satisfac­ción de la concupiscencia y del orgullo, la sed de oro y de renombre, tales fueron los móviles de su conducta. Han sido necesarios siglos y terribles pruebas para domar este Espíritu orgulloso y ambicioso; después empe­zó el arrepentimiento su obra de regenera­ción, y la reparación se acaba; porque las pruebas de esta última existencia son dulces al lado de las que ha sufrido. Animo, pues; si la pena ha sido larga y cruel, la recompensa concedida a la paciencia, a la resignación y a la humildad será grande. 
 
  Animo, vosotros todos los que sufrís; pensad en el poco tiempo que dura vuestra existencia material; pensad en las alegrías de la eternidad; acudid a la esperanza, amiga íntima de todo corazón que sufre; acudid a la fe, hermana de la esperanza; la fe que os muestra el cielo donde la esperanza os hace penetrar antes de tiempo. Llamad también a esos amigos que el Señor os da, que os rodean, os sostienen, os aman, y cuya constante solicitud os conduce a aquél a quien habéis ofendido y cuyas leyes habéis violado». 
 
  Después de su muerte, madame B… ha dado, ya a su hija, ya a la Sociedad Espírita de París, comunicaciones donde se reflejan las más eminentes cualidades, y donde confir­ma lo que había sido dicho de sus antece­dentes. 
 
Extraído de «EL CIELO Y EL INFIERNO 0 LA JUSTICIA DIVINA», de ALLAN KARDEC.

DEL PERIÓDICO “THE SPIRITUALIST” DEL 29 DE MAYO DE 1874

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  Desde el principio de la mediumnidad de madeimoselle Cook, el Espíritu de Katie King o Annie Morgan, que era el que más manifestaciones psíquicas había producido, había anunciado que no tenía el poder de permanecer más de tres años al lado de su médium, y que pasado este tiempo se despediría de ella para siempre. El jueves último llegó el
término de este periodo; mas antes de dejar a su médium, concedió todavía a sus amigos tres sesiones de despedida.
  La última tuvo lugar el jueves 21 de marzo de 1874; Katie había hecho observar expresamente que aquella sesión la daba únicamente a los contados amigos convencidos, probados, que se hallaban presentes todavía en Londres, los cuales, durante largo tiempo habían combatido en pro de su médium contra el público; y a pesar de numerosas y apremiantes instancias, sólo por excepción invitó a M.M. Florence, Marryet y Ross Church. Entre los espectadores se hallaban míster William Crookes, la sirvienta Mary…
 
  A las 7 y 23 minutos de la noche, MrCrookes condujo a MlleCook al gabinete oscuro, donde ésta se tendió en el suelo, con la cabeza apoyada en una almohada. A las 7 y 28 minutos Katie habló por primera vez y a las 7 y 30 se dejó ver fuera de la cortina y en toda su forma. Iba vestida de blanco, con las mangas cortas y el cuello desnudo. Tenía una cabellera de un color castaño claro, dorado, que le caía en bucles por los dos lados de la cara y a lo largo de la espalda hasta la cintura. Llevaba un largo velo blanco que durante la sesión, únicamente una o dos veces cubrió su rostro.
 
  La médium llevaba un vestido de merino azul claro. Durante casi toda la sesión Katie estuvo de pie delante de nosotros; la cortina del gabinete estaba descorrida y todos podían ver distintamente a la médium dormida, cubierta la cara con un chal encarnado, para substraerla a la luz. No había dejado su posición desde el principio de la sesión, durante la cual la luz esparcía una viva claridad. Katie habló de su próxima partida y aceptó un ramo que MrTapp le había traído, lo propio que algunos lirios atados juntos y ofrecidos por MrCrookesKatie invitó a míster Tapp a que desatase el ramo y colocase las flores en el suelo delante de ella; sentóse entonces a la usanza turca y nos pidió que hiciésemos todos lo mismo a su alrededor. Entonces distribuyó las flores y dio a cada uno un pequeño ramo que rodeó de una cinta azul.
 
  Escribió también cartas de despedida a algunos de sus amigos firmándolas “Annie Owen Morgan” y diciendo que éste era su verdadero nombre durante su vida terrestre. Escribió igualmente una carta a su médium, y escogió para esta última un botón de rosa como regalo de despedida. Katie tomó entonces unas tijeras, cortó un mechón de su cabello y nos dio a cada uno una buena parte. Cogió luego el brazo de MrCrookes, dio la vuelta a la habitación y dio a cada uno un apretón de manos. Katie se volvió a sentar, cortó varios pedazos de su vestido y de su velo, que regaló. Viendo en su vestido tan grandes agujeros y mientras estaba sentada entre MrCrookes y MrTapp, se le preguntó si podría reparar el desperfecto cual en otras ocasiones lo había hecho, y entonces presentó la parte cortada a la claridad de la luz, dio un golpe encima y al instante aquella parte quedó tan completa y lisa como antes. Los que se encontraban cerca de ella examinaron y tocaron la tela previo su permiso; y afirmaron que no había ni agujero, ni costura, ni parte algunas añadida en el lugar donde momentos antes habían visto agujeros de muchas pulgadas de diámetro. 
 
  Ella dio luego sus últimas instrucciones a míster Crookes y a los demás amigos sobre la conducta que debían observar tocante a las manifestaciones ulteriores prometidas por ella por medio de su médium. Estas instrucciones fueron cuidadosamente anotadas y entregadas a MrCrookes. Parecía entonces estar cansada y decía tristemente que deseaba irse, que su fuerza desaparecía, y volvió a despedirse de todos de la manera más afectuosa. Los concurrentes le dieron las gracias por las maravillosas manifestaciones que les había concedido.
 
  Mientras dirigía hacia sus amigos una postrera mirada grave y pensativa, dejó caer la cortina y se hizo invisible. Óyesela despertar a la médium, la cual le suplicó, vertiendo lágrimas, que se quedase todavía un poco; pero Katie le dijo: “Querida mía, no puedo. Mi misión está cumplida; ¡que Dios te bendiga!” Y oímos el sonido de un beso de despedida. Entonces la médium se nos presentó completamente rendida y profundamente consternada. 
 

 

  Katie decía que en lo sucesivo no podría ni hablar ni dejar ver su rostro. Que realizando durante tres años aquellas manifestaciones psíquicas, había pasado una vida harto penosa para expiar sus faltas. Que estaba decidida a elevarse a un grado superior de la vida espiritual; que solamente a largos intervalos podría corresponder por escrito con su médium, pero que esta médium podría verla siempre por medio de la lucidez magnética.
 
 

 

Extraído del libro «Nuevos experimentos sobre la Fuerza Psíquica» de William Crookes.
 
 
 

LA DIFERENCIA ENTRE ESPIRITUALIDAD Y RELIGIÓN

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La religión no es solo una, sino cientos.
La espiritualidad es una.
La religión es para los que quieren seguir los rituales y la formalidad.
La espiritualidad es para los que quieren alcanzar la Ascensión Espiritual sin dogmas.
La religión es para los dormidos.
La espiritualidad es para los despiertos.
La religión es para aquellos que necesitan que alguien más les diga que hacer, quieren ser guiados.
La espiritualidad es para los que prestan oídos a su voz interior.
La religión tiene un conjunto de reglas dogmáticas e incuestionables que has de seguirse sin chistar.
La espiritualidad te invita a razonarlo todo, cuestionarlo todo y decidir tus acciones asumiendo las consecuencias.
La religión amenaza y amedrenta.
La espiritualidad te da paz interior.
La religión habla de pecado y de culpa.
La espiritualidad te dice ya paso, no te remuerdas por lo que ya paso, más bien levántate y aprende del error.
La religión lo reprime todo, te vuelve falso.
La espiritualidad lo trasciende todo, te hace verdadero.
 
La religión se te inculca desde niño, como la sopa que no quieres tomar.
La espiritualidad es el alimento que tú mismo buscas, que te satisface y es gustoso a los sentidos.
La religión no es Dios.
La espiritualidad es el TODO y por lo tanto es Dios.
La religión inventa.
La espiritualidad descubre.
La religión no indaga ni cuestiona.
La espiritualidad lo cuestiona todo.
La religión es humana, es una organización con reglas.
La espiritualidad es divina, sin reglas.
La religión es causa de división.
La espiritualidad es causa de unión.
La religión te busca para que creas.
La espiritualidad la tienes que buscar tú.
La religión sigue los preceptos de un libro sagrado.
La espiritualidad busca lo sagrado en todos los libros.
La religión se alimenta del miedo.
La espiritualidad se alimenta de la confianza.
La religión te hace vivir en el pensamiento.
La espiritualidad te hace vivir en la conciencia.
La religión se ocupa del hacer.
La espiritualidad se ocupa del SER.
 
La religión es lógica.
La espiritualidad es dialéctica
La religión te alimenta el ego.
La espiritualidad te hace trascenderlo.
La religión te hace renunciar al mundo.
La espiritualidad te hace vivir en Dios, no renunciar a El.
La religión es seguir formando parte de la psicología de las masas.
La espiritualidad es individualidad.
La religión suena con la gloria y el paraíso.
La espiritualidad te hace vivirlo aquí y ahora.
La religión vive en el pasado y en el futuro.
La espiritualidad vive en el presente, en el aquí y ahora.
La religión es un encierro en tu memoria.
La espiritualidad es LIBERTAD en CONSCIENCIA.
La religión cree en la vida eterna.
La espiritualidad te hace consciente de ella.
La religión te da (promesas) para después de la muerte.
La espiritualidad te da (la iluminación) es encontrar a Dios en tu interior en esta vida en el presente en el aquí y el ahora.
 
Anónimo

NAVIDAD

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  Navidad es el sentimiento profundo de la gran fraternidad que un día un espíritu de alto grado de elevación, tomó la decisión de mostrarnos. Su infinito amor a los espíritus ignorantes e insensibles que desconocían esta cualidad capaz de transformarnos con el tiempo.

 

  Plantó en todos nosotros esa semilla que guardaba un gran potencial, y llegado el momento, se abriría para exhalar lo mejor de su perfume. Pues el amor es ese rico perfume del cual, jamás te cansas de oler, de sentir, y por si fuera poco, se puede dar a los demás, y vuelve a nosotros multiplicada su esencia.
 
  La semilla del amor, es lo que plantó el querido Maestro Jesús. Para que cierto día, pudiéramos percibir que algo en nosotros comenzaba a cambiar. Que la semilla crecía, se hacía más fuerte y era capaz de darse a los demás. Se nos había entregado un rico y delicado tesoro que cada uno de nosotros tendría con el tiempo que descubrir en lo más profundo de su corazón, y justo entonces, llegó el momento de su maduración, y lo que antes fue semilla, ahora tiene que comenzar a dar sus frutos.
 
  Por eso, la Navidad es ese regalo entregado por un ser delicado, amoroso, dispuesto  a ayudarnos a despertar de un gran letargo de inconsciencia e ignorancia, para convertirnos con el tiempo, en seres capaces de dar, aquello que ÉL entonces nos dio, el verdadero Amor.
 
  Y ahora, en esta preciosa Navidad, podemos ofrecer a nuestro nivel, lo aprendido de su ejemplo. Seamos como el Maestro, no nos olvidemos nunca de su regalo y el mensaje que encierra; porque es a través de Él, como podemos ayudarnos y ayudar a los demás. Al poseer esa pequeña luz de entendimiento, conocimiento y libertad espiritual que nos hace libres para seguir aprendiendo y enseñar a otros si así lo desean.
 
  Navidad es quitar todo lo superfluo y descubrir ese mensaje tan extraordinario y, ¿porque no? Divino. De grandes espíritus que nos ayudan en el día a día a superarnos y a darnos cuenta, de que sin su ayuda, nada somos.
 
  Navidad es un sentimiento fraterno, fraguado a lo largo de los milenios para que ahora, en este despertar de la conciencia humana, podamos brillar y ser luceros, para que otros puedan ver.
 
  Navidad para solucionar diferencias con nuestros seres queridos. Navidad para sanar nuestras almas, con todo el amor que se dispensa desde los infinitos mundos. Navidad para ser más y más humildes, más y más personas delicadas, bondadosas y pacientes. 
 
Navidad queridos hermanos para compartir.
¡Compartamos entonces lo mejor que existe en nosotros!
¡¡Feliz Navidad!!

Y LA VIDA CONTINUA… 

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Conferencia, impartida por Divaldo Pereira Franco, en el Auditorio de «La Lonja» Orihuela, el dia 5 de diciembre de 2012. Organizado por: Grupo espírita «La luz del Camino».

ÚLTIMA   APARICIÓN   DE   KATIE   KING Y SU FOTOGRAFÍA CON EL AUXILIO   DE LA  LUZ   ELÉCTRICA

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Habiendo tomado una parte muy activa en las sesiones Mlle. Cook y habiéndome salido muy bien el tomar numerosas fotografías de Katie King con auxilio de la luz eléctrica, he pensado que tendría interés para los espiritistas la publicación de algunos detalles.


William Crookes

Durante la semana que ha precedido a la partida de Katie, ésta ha dado sesiones en mi casa, casi todas las noches,  a fin de que yo la pudiera fotografiar a la luz artificial. Preparándome, pues, a este efecto cinco aparatos fotográficos completos. Consistían éstos en cinco cámaras oscuras, una del tamaño de placa entera, otra de media placa, otra de cuarto y dos cámaras estereoscópicas binoculares, todas las cuales debían estar dirigidas a un tiempo sobre Katie, cada vez que ésta se colocase para obtener un retrato. Empleáronse cinco baños sensibilizadores y fijadores, y se limpiaron de antemano gran número de cristales, dispuestos a servir, para que no hubiese ni vacilación ni retardo durante las operaciones fotográficas que ejecuté yo mismo, asistido de un ayudante.

Mi biblioteca sirvió de gabinete negro: tenía una puerta con dos hojas que comunicaba con el laboratorio; quitóse de sus goznes una de estas hojas y en su lugar se colocó una gran cortina para permitir a Katie entrar y salir con facilidad. Aquellos de mis amigos que se hallaban presentes, estaban sentados en el laboratorio, frente a la cortina, y las cámaras oscuras estaban colocadas un poco más atrás de ellos, dispuestas a fotografiar a Katie cuando saliese, y a reproducir igualmente el interior del gabinete, cada vez había tres o cuatro exposiciones de cristales en las cinco cámaras oscuras, lo que daba a los menos quince pruebas por sesión. Algunos se rompieron al desenvolverlos, otros al regular la luz. A pesar de todo, tengo cuarenta y cuatro negativos, algunos regulares, algunos ni buenos ni malos y otros excelentes.

Katie encomendó a los concurrentes que permaneciesen sentados y se atuviesen a esta condición: únicamente a mí no se me compelió en esta medida, porque desde hacía algún tiempo ella me había dado permiso para hacer lo que quisiera, tocarla, entrar y salir del gabinete casi siempre que me acomodase. Muchas veces las he seguido al gabinete y las he visto a veces, a ella y a su médium  al mismo tiempo; pero lo más general era no encontrar más que a la médium aletargada, y descansando en el suelo:  Katie y su vestido blanco habían desaparecido instantáneamente.

Durante estos seis últimos meses, Mlle. Cook ha hecho numerosas visitas a mi casa, y algunas veces  ha permanecido en ella una semana entera. No traía consigo más que un pequeño saco de noche, que no se cerraba con llave; durante el día estaba constantemente con madame Crookes, conmigo o con algún otro miembro de mi familia, y como no dormía sola, no ha tenido ocasión alguna de preparar nada, ni siquiera de un carácter incompleto, que la pusiera en disposición de poder hacer el papel de Katie King. Yo mismo preparé y arreglé mi biblioteca como igualmente el gabinete oscuro, y habitualmente Mlle. Cook, después de haber comido y conversado con nosotros, se encaminaba derecha al gabinete y, a petición suya, cerraba yo con la llave la segunda puerta, guardando en mi poder la llave durante toda la sesión; entonces se bajaba el gas y se dejaba a Mlle. Cook a oscuras.

Al entrar en el gabinete Mlle. Cook se tendía en el suelo, apoyada la cabeza en una almohada y no tardaba en aletargarse. Durante las sesiones fotográficas, Katie envolvía con un chal la cabeza de su médium, para impedir que la luz diese en su rostro. A menudo he levantado una punta de la cortina cuando Katie estaba de pie junto a ella, y no era raro entonces que las siete u ocho personas que se encontraban en el laboratorio pudiesen ver a un mismo tiempo a madame Cook y a Katie, bajo el vivo resplandor de la luz eléctrica. Entonces no podíamos ver la cara de la médium por impedirlo el chal, pero divisábamos sus manos y sus pies; la veíamos moverse penosamente bajo la influencia de aquella luz intensa, y por momentos oíamos sus quejas. Tengo una prueba de Katie y su médium fotografiadas juntas, pero Katie está colocada delante de la cabeza de Mlle. Cook.

Katie king, William Crookes
y Florence Cook

 

Mientras yo tomaba una parte activa en estas sesiones, la confianza que Katie tenía en mí crecía gradualmente, hasta el punto de que no quería dar ya sesión si no me encargaba yo de disponerlo todo, diciendo que quería tenerme siempre cerca de ella y cerca del gabinete. En cuanto se hubo establecido esta confianza, y cuando ella estuvo segura de que yo cumpliría las promesas que le podía hacer, los fenómenos aumentaron mucho en poder, y se me dieron pruebas que me habría sido imposible obtener si me hubiese aproximado al objeto de una manera diferente.

Ella me interrogaba a menudo sobre las personas presentes a las sesiones, y sobre la manera como estarían colocadas, porque en los últimos tiempos se había  vuelto muy nerviosa a consecuencia de ciertas sugestiones aviesas que aconsejaban el empleo de la fuerza para ayudar a unos modos de investigación más científicos.

 

Una de la fotografías más interesante es en la que yo estoy de pie al lado de Katie; ella tiene su pie desnudo sobre un punto especial del pavimento. Luego después vestí a Mlle. Cook como Katie; ella y yo nos colocamos exactamente en la misma posición y fuimos fotografiados por los mismos objetivos situados absolutamente como en el otro experimento, iluminados por  la misma luz. Cuando estos dos dibujos están uno encima de otro, las dos fotografías mías coinciden perfectamente en la estatura y demás, pero Katie es media cabeza más alta que Mlle. Cook, y junto a ella parece toda una mujer. En muchas pruebas la amplitud de su cara y el grueso de su cuerpo difieren escandalosamente de su médium, y las fotografías ofrecen otros muchos puntos de semejanza.

Pero es tan importante la fotografía para pintar la perfecta belleza del rostro de Katie como las palabras lo son para describir el encanto de sus maneras. La fotografía puede, es cierto, dar un diseño de su postura, pero nunca podría reproducir la brillante pureza de su cutis o la expresión sin cesar mudable de sus tan movibles facciones, ora veladas de tristeza, cuando refería algún amargo acontecimiento de su vida, ora sonriente con toda la inocencia de una jovencita, cuando había reunido a mis niños en torno de ella, y les divertía contándoles episodios de sus aventuras en la India.

Recientemente he visto tan bien a Katie, cuando estaba iluminada por la luz eléctrica, que puedo agregar algunos rasgos a la diferencias que en el artículo precedente he anotado entre ella y su médium. Tengo la certeza más absoluta de que Mlle. Cook y Katie son dos individualidades distintas, a lo menos en lo concerniente a sus cuerpos. Varias pequeñas señales que hay en la cara de Mlle. Cook , faltan en la de Katie. La cabeza de Mlle. Cook es de un color oscuro que parece casi negra; un bucle de la de Katie, que tengo a la vista, y que ella me había permitido cortar de entre sus incitantes trenzas, después de haberlo recorrido hasta su fin y haberme asegurado de que realmente había brotado de su cabeza, es de un rico color castaño dorado.

  Una noche conté las pulsaciones de Katie: su pulso latía  con regularidad 75 veces, mientras que el de Mlle. Cook pocos instantes después alcanzaba 90 pulsaciones, que era su cifra habitual. Apoyando mi oído sobre el pecho de Katie, podía oír latir un corazón en su interior, y sus pulsaciones eran todavía más regulares que las del corazón de Mlle. Cook, cuando ella, después de la sesión, me permitía el mismo experimento. Probados de igual manera los pulmones de Katie, mostráronse más sanos que los de su médium, porque en el momento en que hice el experimento Mlle. Cook seguía un tratamiento médico para un fuerte reuma. 

Vuestros lectores encontrarán sin duda interesante que, a vuestros relatos y a los de Mr. Ross-Church, referentes a la última aparición de Katie, vengan a agregarse los míos, a lo menos los que puedo publicar. Cuando llegó para Katie el momento de despedirnos, le pedí el favor de ser el último que la viera. En su consecuencia, cuando hubo llamado a sí a todos los de la sociedad y les hubo dicho algo en particular, dio instrucciones generales sobre el modo como en adelante debíamos dirigirnos y sobre la protección que había que dar a Mlle. Cook. De estas instrucciones, que fueron estenografiadas, mencionó la siguiente: “Mr. Crookes ha obrado constantemente muy bien, y con la mayor confianza dejo a Florencia en sus manos, porque estoy perfectamente segura de que no me faltará la fe que tengo en él. En todas las circunstancias imprevistas podrá obrar mejor que yo misma, porque tiene más fuerza”.

Una vez terminadas las instrucciones, Katie me invitó a entrar con ella en el gabinete, y me permitió que estuviera allí hasta el fin. Después de haber cerrado la cortina habló algunos instantes conmigo, luego cruzó el aposento para acercarse a Mlle. Cook que yacía inanimada en el suelo. Inclinándose sobre ella Katie la tocó y le dijo: “¡Despertaos, Florencia despertaos! Ahora es preciso que os deje”.

Mlle Cook se despertó, y anegada en llanto suplicó a Katie que se quedase todavía algún tiempo más. “Querida, no puedo: mi misión está cumplida. ¡Que Dios os bendiga!”, contestó Katie y siguió hablando a Mlle. Cook. Durante algunos minutos conversaron juntas, hasta que al fin a Mlle. Cook las lágrimas la privaron de hablar. Siguiendo las instrucciones de Katie, me lancé a sostener a Mlle. Cook que iba a caerse al suelo y que sollozaba convulsivamente. Miré a mi alrededor, pero Katie y su vestido blanco habían desaparecido. En cuanto a Mlle. Cook se hubo tranquilizado lo suficiente, trájose una luz y la conduje fuera del gabinete.

Las sesiones casi diarias con que Mlle. Cook me ha favorecido últimamente han probado mucho sus fuerzas, y deseo dar a conocer todo lo posible las atenciones que le debo por su prisa en asistirme en mis experimentos. Sea cual sea la prueba que le haya pedido, ella ha consentido en someterse a ella con las más buena voluntad del mundo; su palabra es franca y va derecha al objeto, y jamás he visto cosa que ni remotamente pudiera parecerse a la más ligera apariencia de ganas de engañar. Verdaderamente, no creo que pudiese llevar un fraude a buen fin, si llegase a intentarlo, y si lo intentase, se le descubriría en seguida, porque tal manera de obrar es completamente ajena a su naturaleza. Y en cuanto a imaginar que una inocente colegiala de quince años haya sido capaz de concebir y sostener durante tres años con éxito completo una impostura tan colosal como ésta, y que durante este tiempo se haya sometido a todas la condiciones que se le han exigido, que haya soportado las más minuciosas investigaciones, que haya consentido en que se la inspeccionase a cualquier momento, ya antes, ya después de las sesiones; que haya obtenido todavía más éxito en mi propia casa que en la de sus padres, sabiendo que venía a ella expresamente para someterse a rigurosos ensayos científicos; en cuanto a imaginar, digo, que la Katie King de los tres últimos años sea el resultado de una impostura, esto violenta más a la razón y al buen sentido que el creer que es los que ella misma afirma.

No estaría bien en mí el cerrar este artículo sin dar también las gracias a Mr. y Mlle. Cook, por las grandes facilidades que me han dado para la prosecución de mis observaciones y experimentos.

Mi agradecimiento y el de todos los espiritistas deben hacerse extensivos a Mr. Charles Blanckburn por su generosidad que ha permitido a Mlle. Cook consagrar todo su tiempo al desarrollo de estas manifestaciones, y en último lugar a su examen científico.

WILLIAM CROOKES
 
 
Extraído del libro «Nuevos experimentos sobre la Fuerza Psíquica» de William Crookes.
 
 
 

LA SILLA

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La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo.
 
Cuando el sacerdote llego a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de
almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verlo ;
 
«Supongo que me estaba esperando», le dijo.
 
«No, quien es usted?», dijo el hombre.
 
«Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted; cuando ví la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo vendría a visitarlo».
 
«Ah si, la Silla», dijo el hombre enfermo, le importa cerrar la puerta?» .
 
El sacerdote sorprendido la cerró.
 
«Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando he estado en la Iglesia he escuchado siempre al respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que trae, …, pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y me salió por el otro, pues no tengo idea de cómo hacerlo. -Entonces hace mucho tiempo abandoné por completo la oración.» Esto ha sido así en mí hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo: José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. así es como te sugiero que lo hagas:
 
Te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente tuyo, luego con fe miras a Jesús sentado delante de tí. No es algo alocado el hacerlo pues El nos dijo: «Yo estaré siempre con vosotros». –
 
Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora».-
 
«Es así que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces». Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija…. pues me internaría de inmediato en el manicomio.»
 
El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que había estado haciendo, y que no dejara de hacerlo.
 
Luego hizo una oración con él, le extendió una bendición y se fue a su parroquia.
 
Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido.
 
El sacerdote le preguntó: «Falleció en Paz ? «
 
«Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su cama, me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso.»
 
«Cuando regresé de hacer compras una hora más tarde ya lo encontré muerto.»
 
«Pero hay algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré. -Qué cree usted que pueda significar esto?»
 
El sacerdote se secó las lagrimas de emoción y le respondió: «Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera…»
 

 FORMAS DE LOS ESPÍRITUS

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Katie King y William Crookes
En una carta que escribí a este periódico a principios de febrero último, hablaba de los fenómenos de formas de espíritus que se habían manifestado por la mediumnidad de Mlle. Cook, y decía:
“Que los que se inclinan a juzgar con dureza a Mlle. Cook suspendan su juicio hasta que yo presente una prueba cierta que creo será suficiente para resolver la cuestión. En este momento Mlle. Cook se consagra exclusivamente a una serie de sesiones a las cuales no asisten más que uno o dos amigos míos y yo. He visto lo bastante para convencerme plenamente de la sinceridad y honradez perfectas de Mlle. Cook, y para darme entera lugar a creer que me serán cumplidas las promesas que Katie me ha hecho tan libremente”.
Katie y Dr. Gully
En aquella carta describía un incidente que,a mi entender, era muy propio para convencerme de que Katie y Mlle. Cook eran dos seres materiales distintos. Cuando Katie estaba fuera del gabinete, de pie delante de mí, oí un sonido plañidero que venía de Mlle. Cook que estaba en el gabinete. Tengo la satisfacción de decir que al fin he obtenido la prueba absoluta de que hablaba en la carta antes mencionada.
Por de pronto, no hablaré de la mayor parte de las pruebas que Katie me ha dado en las numerosas ocasiones en que Mlle. Cook me ha favorecido con sesiones en mi casa, y no describiré más que una o dos de las que recientemente han tenido lugar. De algún tiempo a esta parte hacia yo experimentos con una lámpara fosfórica consistente en una botella de 6 u 8 onzas, que contenía un poco de aceite fosfórico y que estaba sólidamente tapada. Tenía motivos para esperar que, a la luz de esta lámpara, algunos de los misteriosos fenómenos del gabinete podrían hacerse visibles, y Katie también por su parte esperaba el mismo resultado.
El 12 de marzo, durante una sesión en mi casa y después que Katie hubo andado por en medio de nosotros y nos hubo hablado por algún rato, retiróse detrás de la cortina que separaba mi laboratorio, donde estaban sentados los concurrentes, de mi biblioteca que temporalmente hacia las veces de gabinete. Al cabo de un instante volvió a la cortina y me llamó así diciendo: “Entrad en el cuarto y levantad la cabeza de mi médium, que se ha caído al suelo”.
William Crookes
Katie estaba entonces delante de mí, vestida con su traje blanco habitual y con su turbante en la cabeza. Dirigéme inmediatamente a la biblioteca para levantar a Mlle. Cook, y Katie dio algunos pasos hacia un lado para dejarme pasar. En efecto, Mlle. Cook se había deslizado en parte del canapé y su cabeza colgaba en una posición penosa. Volví a colocarla en el canapé y al hacer esto tuve la viva satisfacción de convencerme, a pesar de la oscuridad, de que Mlle. Cook no iba vestida como Katie, sino que llevaba su traje habitual de terciopelo negro, y se encontraba en un profundo letargo. No habían transcurrido más de tres segundos entre el momento en que vi a Katie delante de mí vestida de blanco, y en el que levanté a Mlle. Cook sobre el canapé sacándola de la posición en que se encontraba.
Volviendo a mi punto de observación, Katie apareció de nuevo, y dijo que pensaba podérseme mostrar al mismo tiempo que su médium. Bajóse el gas, y ella me pidió mi lámpara fosfórica. Después de haberse mostrado a su luz durante algunos segundos, volvióla a poner en mis manos diciendo: “Ahora entrad y venid a ver a mi médium”. La seguí de cerca a mi biblioteca y, a la luz de mi lámpara, vi a Mlle. Cook descansando encima del sofá exactamente como yo la había dejado. Miré a mi alrededor para ver a Katie, pero ésta había desaparecido. La llamé y no recibí contestación.
Volví a mi sitio y Katie reapareció en breve, y me dijo que todo aquel tiempo había estado de pie junto a Mlle. Cook. Preguntó entonces si podría ella ensayar un experimento, y tomando en mis manos la lámpara fosfórica, pasó detrás de la cortina, suplicándome que por el momento no mirase al interior del gabinete. A los pocos minutos me devolvió la lámpara, diciéndome que no lo había podido lograr, que había agotado todo el lívido del médium, pero que lo volvería a probar. Mi hijo mayor, un muchacho de 14 años, que estaba sentado enfrente de mí, en una posición tal que podía ver lo que pasaba detrás de la cortina, me dijo que había visto distintivamente la lámpara fosfórica flotar por el espacio por encima de Mlle. Cook e iluminándola mientras estaba tendida inmóvil en el sofá, poro que no había podido ver quién sostenía la lámpara.
Paso ahora a la sesión verificada ayer noche en Hackney. Jamás Katie se había aparecido con tanta perfección; durante cerca de dos horas se paseó por la habitación, hablando familiarmente con los circunstantes. Varias veces cogió mi brazo mientras andaba, y la impresión producida en mi espíritu de ser una mujer viva la que estaba a mi lado, y no un visitante del otro mundo, esta impresión, digo, fue tan fuerte, que se hizo casi irresistible, la tentación de repetir un experimento reciente y curioso.
Pensando, pues, que, si no era un espíritu el que tenía a mi lado, era cuando menos una señora, le pedí permiso para cogerla en mis brazos, para permitirme comprobar las interesante observaciones que un experimentador atrevido había dado a conocer recientemente de un modo algo prolijo. Otorgóseme graciosamente este permiso, y de consiguiente me serví de él convenientemente, como todo hombre bien educado lo habría hecho en parecidas circunstancias. De fijo que Mr. Volchman se alegrará de saber que puedo corroborar su aserción de que el “fantasma” (que, por lo demás, no opuso resistencia alguna) era un ser tan material como la misma Mlle. Cook.
Pero lo que sigue demostrará cuán mal hace un experimentador, por cuidadosamente hechas que puedan ser sus observaciones, en aventurarse a formular una conclusión importante cuando las pruebas no estén en cantidad suficiente. Katie dijo entonces que aquella vez se creía capaz de dejarse ver al mismo tiempo que mademoiselle Cook. Yo bajé el gas, y luego con mi lámpara fosfórica penetré en la pieza que servía de gabinete. Mas antes había suplicado a un amigo que es hábil taquígrafo, que anotase todas las observaciones que pudiese yo hacer mientras permanecía en aquel gabinete, porque conozco la importancia que se da a las primeras impresiones, y no quería fiar en mi memoria más de lo necesario. En este momento tengo sus notas a la vista.
Entré con precaución en el aposento, estaba oscuro y busqué a tientas a Mlle. Cook, a quien encontré agachada en el suelo. Arrodillándome, dejé entrar el aire en mi lámpara, y a su claridad, vi a aquella joven vestida de terciopelo negro, cual lo estaba al principiar la sesión y con todas las apariencias de una completa insensibilidad. No se movió cuando cogí su mano y puse la lámpara tocando casi con su rostro, continuando su respiración tranquila.
Levantando la lámpara miré a mi alrededor y vi a Katie de pie junto a Mlle. Cook y detrás de ella. Iba vestida con un ropaje blanco y flotante cual la habíamos ya visto durante la sesión. Teniendo una de las manos de Mlle. Cook en la mía, y arrodillándome todavía mejor, levanté y bajé la lámpara, tanto para iluminar la figura toda de Katie, como para convencerme plenamente de que veía realmente a la verdadera Katie, a la que algunos minutos antes había estrechado en mis brazos, y no el fantasma producido por un cerebro enfermo. Ella no habló, pero movió la cabeza en señal de conformidad. Por tres veces distintas examiné cuidadosamente a mademoiselle Cook agachada delante de mí, para asegurarme de que la mano que tenía cogida era realmente la de una mujer viva, y por tres veces consecutivas dirigí mi lámpara hacia Katie para examinarla detenidamente, hasta que no me cupo ya la menor duda de que era a ella a quien tenía delante. Al fin Mlle. Cook hizo un ligero movimiento y en seguida Katie me hizo seña de que me fuera. Me retiré a otro punto del gabinete y entonces dejé de ver a Katie, pero no abandoné la habitación hasta que Mlle. Cook se hubo despertado y dos de los asistentes hubieron penetrado allí con luz.
Antes de terminar este artículo deseo dar a conocer algunas de las diferencias que he observado entre Mlle. Cook y Katie. La estatura de Katie es variable: en mi casa la he visto seis pulgadas más alta que Mlle. Cook. Anoche, yendo descalza y sosteniéndose no mas que en la punta de los pies, tenía cuatro pulgadas y media más que Mlle. Cook. Anoche Katie tenía el cuello descubierto, y su piel era perfectamente suave al tacto y a la vista, mientras que Mlle. Cook tiene en el cuello una cicatriz que, en tales circunstancias se ve distintamente y es rudo al tacto. Las orejas de Katie no están agujeradas, mientras que Mlle. Cook suele llevar pendientes. El cutis de Katie es muy blanco, mientras el de Mlle. Cook es muy moreno. Los dedos de Katie son mucho más largos que los de Mlle. Cook, y su rostro es también mayor. Hay igualmente diferencias muy marcadas en las maneras y modo de expresarse de una y otra. La salud de Mlle. Cook no es lo bastante buena para permitirle dar, antes de algunas semanas, otras sesiones experimentales como éstas, y en su consecuencia la hemos invitado expresivamente a tomar un descanso completo antes de volver a empezar la campaña de experimentos de que, por causa de ella, he dado un resumen y de que, en época no lejana, espero poder dar a conocer los resultados.
WILLIAM CROOKES