La nueva humanidad

EL ORDEN SOCIAL VI

 
 
   De entre todos y cada uno de los conceptos desarrollados en esta sección, siempre se ha destacado el papel preponderante que tiene en todos ellos el sentido de la evolución. 
 
   La ley de evolución está en la base de todo el desarrollo de las distintas civilizaciones y humanidades que pueblan el Universo, por ello merece especial atención cuando se trata, como en este caso, del cambio de ciclo de un planeta que deja su estado evolutivo de expiación y prueba, para pasar a engrosar la lista de los millones de mundos que pueblan el cosmos y que se encuentran en la etapa evolutiva de la regeneración. 
 
   Este ascenso espiritual que representa un grado evolutivo mayor, supone importantes modificaciones en los modos de vida y costumbres de las humanidades que lo sufren, tal y como hemos venido explicando en anteriores artículos. 
 
   Pero este paso sólo puede darse bajo circunstancias muy concretas y determinadas que ocurren una sóla vez en la evolución de un planeta. Ante este planteamiento es preciso reflexionar acerca de la transcendencia en pleno que tiene el hecho de que nuestro planeta alcance la mayoría de edad sin estar la humanidad que lo habita, debidamente preparada para asimilar este cambio. 
 
   ¿Obedece acaso a una deficiente planificación por parte de la ley de evolución, o por el contrario debemos admitir que esta situación era inevitable desde un principio?. Honestamente creemos que ni lo uno ni lo otro; en primer lugar los ciclos de evolución están determinados por igual para todos los planetas y humanidades que pueblan el Universo, por lo que la máxima expresión de la ley de evolución no permite errores en este caso. A esto hay que añadir que esta importante ley establecida por Dios es justa y perfecta, y por lo tanto cumple con su cometido de forma precisa y sin desviación alguna. 
 
   En cuanto a creer en una consecuencia inevitable que la predestinación ha determinado para este planeta, tampoco nos parece lógico, pues rompe violentamente con los principios más esenciales que Dios otorga al hombre en su esencia espiritual, como son el libre albedrío y la responsabilidad sobre los actos cometidos. Por ello es impensable el creer que nuestra humanidad ha llegado a este estado simplemente porque así estaba escrito, más bien podemos atrevernos a pensar de que en base a la evolución de los habitantes de este planeta, hubiera sido realmente difícil que se hubiesen modificado las condiciones que han llevado a la situación actual. Pero no por ello debemos dejar de admitir que si el hombre hubiera querido cambiar, realmente este cambio se habría producido y ahora esta civilización no recogería las consecuencias de los errores cometidos durante siglos y siglos. 
 
   En este sentido destaca fundamentalmente el concepto de la justicia divina, que no sólo actúa sobre la persona a nivel individual sino también sobre los pueblos, las sociedades y las humanidades a nivel general. Una sucesión de hechos y actitudes de un pueblo o sociedad determinada tiene su repercusión a través de la ley de causa y efecto; este hecho cabe también explicarlo para la humanidad del planeta en general. En base a este planteamiento, todo aquello que ahora pueda acontecernos será una consecuencia precisa, clara y evidente de aquella siembra que en el pasado esta civilización fue realizando. Este examen tan importante que dará acceso a la nueva sociedad del mañana, tendrá como manifestación más evidente el presentar en toda su magnitud y sabiduría la expresión de la justicia divina- Ahora más que nunca, aquéllos que no puedan pasar este examen por falta de méritos espirituales, se darán cuenta de que en este ejercicio no existían recomendaciones, favoritismos o privilegios de ningún tipo, sino que la máxima de justicia por la que se regirá será aquélla que fue dada tiempos atrás: “A cada cual según sus obras”. Y aquellos otros que realmente consigan llegar a la meta de su misión en la Tierra y clasificarse para formar parte de la nueva sociedad, darán gracias a Díos por la expresión de la grandeza de sus leyes justas y perfectas, pues el esfuerzo realizado se verá recompensado con la calificación que les dará acceso a ese importante mundo, a esa nueva era de luz donde los valores del espíritu alcanzarán la mayor dimensión posible. 
 
   Por ello en la nueva humanidad, las leyes que rigen el universo físico y espiritual seguirán siendo las mismas, y actuarán de igual forma para con sus habitantes, lo que ya no será igual y habrá que cambiarlo sustancialmente será la aceptación de sus leyes por parte del hombre; su comprensión total y absoluta y su esfuerzo por ponerlas en práctica para no salirse ni un ápice de ellas. 
 
   Este concepto claro y preciso que dará fuerza a las realizaciones humanas, atraerá hasta nosotros un proceso espiritual más rápido. 
 
   Puesto que la comprensión de las leyes que rigen el Universo nos hará más conscientes de la creación divina, de su porqué y de su funcionamiento, seremos parte integrante y consciente de una planificación espiritual que potencie el desarrollo de humanidades más atrasadas a las que se nos permitirá ayudar de diferentes formas, en base a nuestra preparación y grado de evolución moral.
A.LL.F.
 
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