La nueva humanidad

CONSTRUYENDO EL FUTURO 

 
  El mes anterior, explicábamos dentro de esta sección cómo debería ser el hombre si quería tener acceso a formar parte de la Nueva Humanidad que vivirá en la Tierra, después de la transformación de ésta.
Pero si nos paramos a analizar, en cualquier cambio que se ha producido a lo largo de la historia, nada se hace bruscamente sino que todo tiene un origen y un proceso, que con el tiempo da como consecuencia cualquier cambio de mentalidad o de sistema social, político o religioso.
Todo tiene pues su proceso, y en este caso que nos ocupa, más que en ningún otro, pues el cambio a que se verá sometida nuestra humanidad actual será social y político, pero por encima de todo, netamente espiritual. Y en ese proceso de cambio, nosotros, los que actualmente estamos habitando el planeta, formamos parte muy importante, porque depende de nuestra actitud y de cómo nos predispongamos ante este evento que se avecina, el que éste se realice de una forma o de otra, más lenta o rápidamente, y con mayores o menores obstáculos. Por ello, es preciso concienciarse de que si queremos formar parte de un mundo mejor, debemos nosotros crear las bases de ese mundo, en primer lugar en nuestro interior y posteriormente en el trato y desenvolvimiento con los demás.
     Es curioso comprobar como precisamente ahora, que nuestro mundo está en un tiempo crítico y donde las guerras abundan por doquier, proliferan más que nunca las inquietudes de multitud de grupos de personas que se unen para conseguir fines nobles y altruistas. Los movimientos pacifistas son cada vez mayores y con mayor fuerza, los grupos ecologistas y de defensa de la Naturaleza nos están evidenciando ese instinto tan antiguo como el propio hombre, el instinto de la supervivencia. Algo hay en el interior del hombre del siglo XX que le está indicando que nos encontramos ante momentos cruciales de la evolución de este planeta, y que por encima de todo es preciso unirse, formar un frente común que logre suavizar las tensiones y el peligro que se cierne sobre nuestra humanidad.
     Junto a este tipo de inquietudes, podemos comprobar otra serie de detalles que nos están evidenciando que el proceso de cambio lo estamos viviendo ya en toda su intensidad, y que es necesario prepararse convenientemente para afrontarlo. Por ejemplo, tenemos los casos de los niños que actualmente están naciendo en nuestro planeta, que en gran mayoría están preparados espiritualmente, siendo su espíritu plenamente consciente del momento en el que encarna. Por ello, cuantas veces hemos oído exclamar: “este niño está muy despierto”, “parece imposible que a su edad sepa hacer esto o aquello”. Se trata precisamente de la semilla de la Nueva Humanidad. Espíritus preparados que saben a qué vienen y, sobre todo, que con su actitud nos están haciendo reflexionar acerca de la realidad o no de que ese nuevo orden social se esté acercando a nuestro planeta.
    El hecho de que estas inquietudes surjan por doquier, en cualquier grupo que tienda hacia la fraternidad, la concordia y la defensa de nuestro planeta, no es ni más ni menos que la planificación espiritual que desde multitud de frentes y de formas, los planos superiores están trayendo a nuestro planeta. Y se trata en definitiva, de hacer comprender al hombre que debe concienciarse del momento en que se encuentra, puesto que esa concienciación y posterior puesta en práctica de las actitudes que se consideren oportunas, le pueden representar a cada ser humano cientos o miles de años de progreso o de estancamiento espiritual.
      Así pues, hemos de entender que nada va a acaecer por azar o casualidad, que todo tiene su porqué y su para qué, y que si queremos formar parte de la Nueva Humanidad después de la transformación, debemos determinarnos desde ahora mismo, a darnos cuenta de que actualmente somos parte importantísima en ese proceso de cambio; hemos de ser los primeros en realizar ese cambio en nuestro interior, para poder llevarlo a los demás y para hacerles comprender que ese mundo que se avecina es tan real como el nuestro, pero limpio de la maldad y el egoísmo que en éste imperan por doquier. La comprensión de esta realidad, deberá calar hondo en nuestros semejantes, pero para ello es preciso que nosotros lo estemos viviendo plenamente y con anterioridad. No se trata de transmitir nuevos conocimientos o nuevas ideas, se trata de contagiar la ilusión de un mundo más feliz, pero un mundo que nosotros primeramente hemos de llevar en nuestro interior.
     Acercando ese mundo más equilibrado y armónico al corazón de los demás, estaremos construyendo las bases de nuestro futuro y el de nuestro planeta, al mismo tiempo que estaremos firmemente trabajando en la planificación que desde lo Alto está siendo llevada a cabo. Seamos pues fieles instrumentos de esta planificación espiritual, llevando a las conciencias de los hombres la necesidad de unión entre todos, comenzando así a poner la primera piedra de la Nueva Sociedad, cuya base principal será la entrega y el amor al prójimo.
A.LL.F.
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