LA ESTRUCTURA DE UN GRUPO

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La estructura del grupo espírita

La estructura de un grupo

Como toda empresa, como toda asociación que se precie, un grupo espírita debe tener una estructura, una organización que vele por la continuidad de los objetivos y las finalidades que persigue. También que preserve las aportaciones de sus componentes, para que estos sigan adelante con sus compromisos, con sus responsabilidades; es decir, que se sientan necesarios, útiles, que aporten su grano de arena al engrandecimiento del grupo y de sus partícipes. Porque, a pesar de todo, en un grupo espírita:

Todos son necesarios y ninguno imprescindible

Esta máxima no debe olvidarse, porque señala que todos sus miembros son iguales y nadie superior. Y aunque cada persona tiene un estadio evolutivo diferente, la premisa común sigue válida, premisa que no es otra que “la igualdad”. Desde esa igualdad no se valoran las diferencias grandes o pequeñas, el único valor reseñable es la comunión de ideas y la hermandad entre los integrantes. Añadiríamos la circunstancia de compartir una meta común, idénticos fines, idéntico destino. También diré que cada individuo aprende de la persona que tiene a su lado.

Un grupo es como un ramo de flores, todas distintas, diferentes; diferentes son su color, su aroma. Cada flor es única, y no obstante, todas en conjunción forman un conjunto armonioso y bello, un prodigio de aroma y color. Sucede igual con las personas, cada cual aporta sus peculiaridades, sus virtudes, sus diferencias. Así, el conjunto muestra la suma de las individualidades, la suma de las peculiaridades, la suma de las esencias.

Cada uno de los componentes está invitado a participar en aquellas actividades que sus atributos y capacidades aconsejan. Unos tendrán un mejor verbo; otros un mejor dominio de la tecnología; otros atenderán mejor a los visitantes, otros colaborarán en el mantenimiento del local del grupo. Así, cada cual aportará sus mejores cualidades. Y haciéndolo, todos habrán cumplido su compromiso.

Esto mismo reza la ley de sociedad, nadie es perfecto. Y un solo individuo, por sí mismo, no puede conseguir logros reseñables. El progreso llega cuando todos colaboran, cuando se suman las cualidades de todos los componentes. Es la vía que garantiza el desarrollo armonioso de la sociedad humana. La fuerza surge de su unidad, y un individuo, solo, poco o nada puede conseguir.

Sabemos que los individuos son, es decir, somos espíritus, participando de una experiencia terrenal con el fin de evolucionar intelectual y moralmente. Por eso, obviar los pactos con el plano superior revertirá, necesariamente, en una próxima existencia. Es decir, habrá de repetirse la prueba, aunque en situación contraria a la actual, resultado de la falta de utilización de los recursos íntimos. Circunstancia que finalmente se producirá forzosamente.

Es por ello que en el grupo espírita debe regir el principio de igualdad; también el respeto y el compañerismo. Igualdad, porque nadie es superior a otro, si acaso igual. Respeto por la idiosincrasia de cada individuo, que le hace respetable. Compañerismo, porque todos están llamados a realizar un trabajo en común, un servicio comprometido antes de encarnar, aunque pueda estar olvidado. Y ese trabajo puede ser divulgativo, asistencial o de cualquier otra índole. Sea cual fuere, se trata de una responsabilidad personal y, por descontado, también grupal, y su fin es la búsqueda del crecimiento espiritual.

Un grupo en el que no existe afinidad, en el que no se valora la idiosincrasia de cada componente, en donde no existe el compañerismo y la preocupación por el dolor del amigo, está condenado al fracaso de antemano. Pues donde no se comparten las penas y alegrías, difícilmente se podrán cumplir los compromisos, las metas previstas. El grupo espírita tiene que ser un conglomerado donde se repartan las tareas y responsabilidades.

El ambiente generado al existir unión sincera y auténtica, cuando todos los miembros comparten familiaridad y compromiso; cuando se vela por la situación del compañero, por sus altibajos, por sus virtudes y defectos, por sus luces y sombras; cuando se comparte casi todo, ese ambiente recibe el respaldo de las esferas superiores. Esa predisposición genera un campo energético donde las fuerzas, la ilusión y las ganas de trabajar se centuplican. Es una sintonía que atrae a los compañeros espirituales de elevado tenor que, por afinidad y deseos de colaboración, participan, se unen, añaden sus esfuerzos al trabajo del equipo. Hablo de la simbiosis entre el equipo encarnado y el espiritual. Y su resultado es atractivo, estimulante, impensable.

Por ello, considero que la estructura de un grupo es muy relevante. No obstante, más importante aún son las piezas de la estructura, elementos como el calor humano, los afectos compartidos, la protección del bienestar general y el hecho de que los componentes del grupo dispongan de todo cuanto necesitan para sentirse miembros de pleno derecho, es decir, partícipes, del primero al último.

Y no deben establecerse diferencias por el simple hecho de que un miembro tenga una mediumnidad ostensiva, que otro presida la reunión, que otro sea orientador, que otro colabore, que otro asuma la presidencia temporal, que otro asuma las funciones de la secretaría, etc. Todo esto carece de relevancia, son circunstancias que obedecen al desenvolvimiento del grupo. No obstante, lo reseñable es que reine la solidaridad, la amistad, la igualdad, el respeto, el compromiso, la colaboración, el estudio, el análisis.

Toda persona nace para aprender. Y observando y escuchando se aprende… y mucho; por ejemplo, a valorar a la persona que se sienta al lado. También diré que nadie piense que, por acumular más formación académica, más habilidades o más conocimientos, se sea una persona mejor, más relevante. En ocasiones, las personas de escasos conocimientos intelectuales son personas enormes en su calidad moral, personas capaces de dar grandes lecciones.

Y, no obstante, existe la necesidad de que los grupos espiritas tengan una organización formal, una organización donde se distribuyan los cargos y funciones; todos y cada uno de los partícipes representan al conjunto cuando toca dar ejemplo, apoyo y colaboración. Todos los componentes de un grupo espírita comparten idénticas responsabilidades y compromisos en ese trabajo en común. Trabajo que debe realizarse con cariño y dedicación, pues sin esa premisa, la estructura está condenada al fracaso. Fracaso que llegará pronto o tarde, pero que llegará indefectiblemente. Creedme, existen turbios intereses por parte de las entidades espirituales negativas, que velan por su fracaso.

Fermín Hernández Hernández

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