EDUCACIÓN MORAL INVERSA

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Educación moral inversa

¿Podemos aprender y educarnos tomando como referencia la imperfección?

Sin duda, todo aprendizaje tiene como una de sus bases la atención y la concentración. Cuando somos capaces de escuchar y permanecer atentos a los demás, solemos aprender valiosas lecciones que, si somos capaces de extrapolarlas a nuestra personalidad, nos permiten vislumbrar aspectos de nosotros mismos que permanecían ignorados.

La observación atenta y meticulosa, así como la reflexión sobre las debilidades y errores de los demás, deben ser analizadas bajo varios aspectos. El primero de ellos el de la indulgencia. Hemos de comprender que todos cometemos errores y, por lo tanto, nuestra imperfección es evidente, lo que debiera sedimentar en nosotros la comprensión, la tolerancia y la indulgencia con los errores de los demás. Si queremos que se nos perdonen nuestros yerros, debemos comenzar por perdonar los de los demás.

En segundo lugar, cuando nos mostramos especialmente inflexibles para aceptar los errores del prójimo, deberíamos realizar una profunda reflexión, auténtica y sincera de nosotros mismos. Con mucha frecuencia y mediante el fenómeno de la proyección psicológica, vemos en los demás algunos errores que están profundamente arraigados en nuestra alma, y especialmente nos causan enorme desagrado. Esto es así por el hecho de que en nosotros reside la misma deficiencia moral que está fuertemente asentada en nuestro inconsciente y que nos produce rechazo, motivo por el cual reaccionamos violentamente o con repulsión ante determinadas actitudes de los demás que son también parte de nosotros mismos. Es el famoso espejo en los demás de nuestras propias debilidades.

En tercer lugar, mediante un comportamiento moral adecuado y en constante ansia de aprender y mejorar, nos volvemos indulgentes y caritativos con los errores e inmoralidades de los demás al comprender que nosotros estamos también afectados por la imperfección. Y si además nuestro anhelo es el de la transformación moral, podemos permanecer vigilantes y atentos a nuestras debilidades, intentando modificarlas por las conductas opuestas que nos elevan y dignifican moralmente. En esta etapa, cuando observamos las carencias de los demás, estas nos sirven de aprendizaje y educación de aquello que no debemos realizar o que ya superamos tiempo atrás.

Esta educación moral inversa, prestando atención a lo inconveniente, a lo incorrecto, a las actitudes, sentimientos o pensamientos contrarios a las leyes superiores de la vida que están contenidas en la Ley Natural o Ley Moral que Dios ha colocado en la conciencia del hombre, puede ser de gran ayuda en su momento, pues al comprobar las aflicciones, sufrimientos y desdichas que padecen aquellos que atentan contra la Ley Moral, observamos con claridad cómo actúa la Justicia Divina a través de la Ley de Causa y Efecto para corregir el rumbo equivocado del alma humana a través de las experiencias en las distintas reencarnaciones. 

Llegando a esta comprensión, la claridad se abre paso en nuestra mente al comprobar que nada hay que nos ocurra que no sea consecuencia de nuestras acciones o libre albedrío. Las justificaciones de descargar las culpas en la suerte, el azar, la casualidad o Dios, ya no tienen sentido alguno. Somos herederos de nuestros propios actos, lo que hoy recogemos es la cosecha que sembramos ayer.

Existen algunos ejemplos significativos interesantes para aprender a actuar correctamente y evitar caer en los errores que cometimos tiempo atrás o que otros cometen. Una observación rigurosa y atenta nos viene dada en los trabajos de desobsesión que son realizados en las instituciones espíritas en todo el mundo.

Si se ha presenciado esta terapia que se realiza con aquellos espíritus que dejaron el cuerpo físico en perturbación mental y que no saben muchas veces dónde se encuentran, se comprueba cómo son las propias carencias del alma, las debilidades, emociones tóxicas, pensamientos y acciones desviadas o vicios y pasiones desordenadas las que condicionan el estado mental del alma cuando traspasa el umbral de la muerte física y pasa a formar parte del mundo espiritual.

A veces, ese grado de oscuridad mental y obsesión perturbadora que manifiestan esos espíritus desencarnados son experimentados también por aquellos que estamos en la vida física. No es necesario traspasar el umbral de la muerte para vivir en la oscuridad de un estado de conciencia o mental perturbador. Podemos preguntarnos: ¿somos capaces de perdonar a todos? ¿Tenemos celos, envidias, resentimientos, odios exacerbados hacia alguien? Si la respuesta es positiva, deberemos acometer con urgencia nuestra transformación moral; de lo contrario, podemos llegar al final de la vida física en ese estado mental que se prolongará después de la muerte.

Nada cambia con la muerte, la actitud mental y moral sigue siendo la misma. Por ello, aquellas personas que en vida padecían de esas carencias y debilidades, esos vicios o rencores, esos odios o pensamientos negativos, esas rebeldías o egoísmos perturbadores, se los llevan consigo al otro lado. Al ser atendidos con afecto por los adoctrinadores en esas terapias de desobsesión (auténtica caridad del alma), el espíritu puede reconocerse de inmediato y valorar con sorpresa que sigue viviendo y que su estado enfermizo depende de la actitud mental que tiene en ese momento, y que viene condicionada por la forma en que vivió en la Tierra. “Se muere como se vive”, es el famoso dicho.

Al comprobar cómo las perturbaciones de estas almas tienen como origen sus propias debilidades o defectos y realizar una terapia de amor para que aprendan a perdonar, a reconocer, a cambiar, a enfrentar el nuevo desafío que la vida espiritual les presenta, podemos aprender enormemente acerca de la naturaleza humana. Se ven con claridad los estragos que causan el egotismo y el orgullo, la avaricia, la rabia, el resentimiento, los celos, las envidias, etc.  Observamos igualmente cómo las existencias son solidarias entre sí y los defectos e inmoralidades que llevamos desde tiempo atrás exigen un esfuerzo por nuestra parte a la hora de corregirlos y sustituirlos por las virtudes contrarias.

Las lamentables condiciones en las que muchos llegan para recibir el auxilio son exactamente el fruto de sus escasos esfuerzos por corregirse moralmente. Debemos precisar que, no por el hecho de encontrarse “en el otro lado de la vida”, estos hermanos nuestros perturbados dejan de tener su libre albedrío. En muchas ocasiones permanecen en esos estados multitud de años, pues sus sentimientos y pensamientos equivocados son tan fuertes, están tan arraigados en su íntimo, que tienen verdaderas dificultades para salir de esos estados mentales en los que el odio exacerbado, la rabia o el sentimiento de agravio y venganza les impiden verse a sí mismos en las calamitosas condiciones en que se encuentran.

Es toda una escuela de aprendizaje sobre la naturaleza humana y la degradación moral en la que puede caer el alma si no corrige mediante su propia voluntad y esfuerzo aquellas actitudes morales contrarias al amor y al perdón que le conducen al abismo.

Sin embargo, la actitud de aquellos que están ayudando es también muy importante. Además de proveer con sentimiento las oraciones y peticiones de ayuda que se precisan para que sean recogidos y llevados a lugares de restablecimiento por sus familiares desencarnados, es conveniente prestar mucha atención y aprender de esas vidas destrozadas y de los afectos convertidos en odios o resentimientos.

Sin ningún sentimiento de superioridad sino de humildad, es necesario colocarse en el lugar de los que precisan la ayuda, pues sin duda, además de estar “enfermos del alma”, no podemos olvidar que muchos hemos podido pasar por esos estados de perturbación en el pasado, y que la ayuda desinteresada de espíritus nobles y generosos logró reconvertir nuestras actitudes, permitiéndonos salir de esos abismos de tormento y desdicha intima.

Así pues, este aprendizaje que nos deja la actitud humana equivocada y las consecuencias en la vida física y espiritual que produce es un valioso caudal de conocimiento y educación para el alma humana sensible y generosa, capaz de ver antes sus propias carencias que las de los demás. Y con la mayor sencillez y humildad posible puede entresacar de las experiencias de estos hermanitos enfermos y perturbados valiosas lecciones para sí misma que le apartarán de errores groseros y equivocaciones lamentables, al comprobar las infelices consecuencias, aflicciones y sufrimientos que comporta el atentado contra las Leyes supremas de la Vida.

Esta educación moral inversa puede ser el despertador de muchos llamados a corregirse y transformarse moralmente y que se encuentran muy a gusto en la comodidad de sus vicios y el placer de sus propias carencias, sin valorar la necesidad de aprender y rectificar a fin de forjarse un destino más feliz y venturoso el día de mañana.

Educación moral inversa por: Antonio Lledó Flor

© 2019, Amor, Paz y Caridad

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